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El Flex conoce a Ugly mejor que nadie en éste mundo. Lo conoce más que su propia madre, y seguramente, más de lo que se conoce él mismo. De hecho, si hay algo que Flex puede alardear, es que con el pasar de los años ha desarrollado la habilidad de saber con fina precisión los pensamientos que le atraviesan la cabeza a su amigo con tan sólo darle una mirada cuando está con otras personas que no son tan cercanas como lo es él; qué es capaz de reconocer cuando algo le parece o no, quién le caga y quién le parece soportable, cuando está mintiendo y cuando está ocultando algo.
Y, aunque "leerle" la mente a Ugly es un superpoder inútil que nunca iba a salvarle la vida a nadie—a menos de que éste hiciera una pendejada—, a Flex le resultaba encantador saber que ésta habilidad la desarrollo con, básicamente, su alma gemela en la música y de toda la vida. La única persona con la que vibraba en la misma sintonía y con quién a veces se entendía a la perfección sin la necesidad de decir una sola palabra de cómo se sentía.
O al menos, así lo creyó hasta que otro viernes en la madrugada de empedarse en el Speedy Mart—cuando sabían que ya no iba a llegar nadie—, Ugly estaba evidentemente inquieto acerca de algo que Flex no pudo entender en ese momento cómo acostumbraba. Lo único que tenía para darse cuenta que traía algo en la cabeza era su mirada nerviosa, su necesidad de estar bebiendo deprisa y que le estaba dando el avión con lo que le estaba contando.
—Me quieres decir algo—Sentenció directamente en una afirmación y no en una pregunta.
Cualquier otra persona no hubiera asociado su actitud directamente consigo mismo. Primero habría cuestionado si tenía algún problema personal o familiar, pero Flex lo conocía y sabía que era porqué quería decirle algo específicamente a él. Ya había sucedido antes y sabía cómo lo miraba cuando ocurría algo que tenía que ver con su persona.
Era esa habilidad suya haciéndose presente de nuevo.
Ugly ni siquiera trató de fingir confusión por la acusación ni refutó. Sabía que nunca podría ocultarle nada a su amigo por más que se inventara la mejor mentira pensada por el hombre. Él jamás pudo contraer la misma capacidad para descifrar a Flex así de bien por más que quisiera.
—¿Te puedo preguntar algo?—dijo directamente.
Flex no tuvo que decir absolutamente nada para que supiera que por supuesto que podía. Sólo lo volteó a ver y mostró su típico rostro antipático esperando a que lo hiciera y que no resultara ser una pendejada. Ugly se tomó su tiempo pero al final lo hizo sin mucho rodeo.
—¿Cómo supiste que también te gustaban los vatos?
El cuestionamiento fue, sin mentir, sorpresivo. Cuando Ugly se enteró hace muchos años atrás que Flex "bateaba" para ambos lados, nunca le cuestionó tanto al respecto ni se entrometió en sus amoríos más que para decirle que se cuidara bien. Él tampoco iba por ahí contando las cosas que hacía, y por eso ese tema no se debatió entre ellos nunca, de ninguna manera, hasta ahora.
—No sé, lo supe desde morrillo—Contestó con total sinceridad, pues ni siquiera él sabía esa respuesta. Era algo que se había dado y ya.
Ugly nunca había mostrado interés en ningún hombre, o por lo menos Flex nunca lo noto con nadie en particular. Supuso que la pregunta vino más porque su amigo estaba en medio de una crisis de sexualidad a porque realmente le interesaba saber sobre la historia de su bisexualidad.
—Ah—Respondió con simpleza, pero de nuevo, podía verse en su rostro que había algo más que todavía quería discutir.
—¿Por qué? ¿Quién te gusta?
Ugly resopló y dejó caer la cabeza hacía atrás mientras se reía, incrédulo de lo rápido y sencillo que había sacado esa conclusión.
—Nadie, nada más que la otra vez, estaba pensando que de todas las mamadas que he hecho, besar a un wey no ha estado ni cerca.
Flex le cedió toda la razón. Desde que el Vgly Crew había comenzado a dar sus primeros pasos como un proyecto serio, habían sucedido demasiadas cosas que ninguno de los dos se hubiera imaginado vivir cuando habían llevado toda una vida conformista dónde grabar en la bodega de éste mismo mini mercado les parecía suficiente. No hubieran creído que el atreverse a salir de ahí los llevaría a terminar metiéndose hongos en un bosque en busca de inspiración lírica y también a aliarse con personas importantes de la industria a los que habían admirado por años desde lejos por una pantalla.
Pero, la repentina "curiosidad" de Ugly por besar a un hombre era extraña. Extraña y específica. Seguramente vio en algún lado que un artista trató de romper estereotipos besando a otro wey y a él también se le dio por hacerlo. Y una vez que algo que entraba en su cabeza y se sentía capaz, lo haría con tal de no sentirse ordinario.
—¿Quieres besar a un vato?
Ugly se la pensó antes de responder, pero terminando diciendo sí con la cabeza sin despegarle la mirada de encima a Flex; quién no sabía si era cosa suya, o su amigo le estaba lanzando una indirecta demasiado directa de que no quería besar a "un simple vato" y ya. El largo silencio de los dos mirándose entre sí no ayudó a despejar esas dudas y en su lugar, sólo dieron respuesta certera a lo que Ugly estaba buscando realmente.
A la verga. Pensó Flex.
Aunque hubiera tratado de hacer como que no lo capto, Ugly hubiera sabido que se estaba haciendo pendejo. Los dos se conocían demasiado para su propio bien.
—No mames, Ugly.
—¿Qué, wey?—Exclamó resignado cuando supo que su objetivo captó la indirecta—No te estoy pidiendo que cojamos.
—¿Y por qué chingados tengo que ser yo?—Refutó.
Ugly no sabía cómo contestar que de repente un día cuando andaba sumergido en su propia mente le dio por enlistar las cosas que nunca había hecho, y entre ellas surgió la de besar a otro vato. Nunca lo hizo ni en su época de puberto hormonal y tampoco tenía planes de hacerlo hasta ese mismo día que no pudo evitar preguntarse cómo sería. Al final terminó con la conclusión de que quizás no era tan hetero como pensaba, pues, indago tanto en la duda que al final pudo contar con los dedos de ambas manos a los hombres a los que sí o sí dejaría que lo besaran, y entre ellos, de los primeros era el Flex.
No confiaba en nadie más a quién podría consultarle, pero pues, su amigo resultó difícil de convencer.
—¿Estás pedo?—Flex habló de nuevo luego de que se quedaron en silencio.
Ugly negó.
—¿Entonces?
—Lo quería intentar y ya—Respondió alzando los hombros, sonando derrotado.
Ambos siguieron tomando en silencio, cada uno en sus pensamientos; Ugly pensando en que era deprimente que ni los vatos le hicieran caso cuando se aventaba, y Flex recordando que la gente solía llamarlos novios por la cantidad de horas que pasaban juntos. Incluso la madre de Ugly los trataba así pensando que seguramente si eran. Ninguno de los dos se molestaba en contradecirlo jamás a pesar de que en realidad sólo se trataba de dos vatos en su mundo formando un sueño que para entonces era lejano.
¿Era raro qué en tantos años de estar juntos nunca se hubieran besado? Algunos "mejores amigos" suelen hacerlo de vez en cuando excusando que no tienen ninguna intención de por medio y es mera confianza. Pero, sinceramente, Flex jamás había pensado en hacerlo con Ugly. Nunca le gustó de esa forma y no lo veía con esos ojos.
Aunque tampoco iba a actuar cómo que no se llegó a preguntar una que otra vez cómo sería besarlo.
Algo tenía el cabrón a veces que daban ganas de hacerlo. Y no era porque hubiese una tensión sexual sin resolver entre los dos, simplemente le causaba ternura o parecía que le hacía falta. Flex nunca se atrevió a hacerlo porque sabía que el contrario era cien porciento heterosexual y no iba a acabar así su amistad con algo que al final de cuentas no era más que un pensamiento que a veces recurría a su mente y no se iba a morir por no hacerlo.
Pero ahora, tener a Ugly aquí pidiéndoselo era imposible de creer. Demasiado hiperrealista. Muy cercano a un sueño raro.
Ambos se dieron cuenta que estaban pensando en el otro y se volvieron a conectar. Ugly miró a Flex y Flex miró a Ugly. Fue un contacto visual tan efímero que culminó en algo fácilmente predecible en un drama de la televisión; se terminaron besando de la nada.
Los dos siempre eran así. Si Ugly tenía algo en la cabeza por hacer, iba y lo conseguía sin medir consecuencias. Aventarse a besar a su mejor amigo no fue la excepción, así como tampoco lo fue que Flex le siguiera el plan para todo, incluso para esto.
¿Cómo chingados se iban a ver después? Les valió madre. No estaban pensando en eso ahorita mismo. Estaban más concentrados agasajándose en el mostrador del Speedy Mart como si todavía tuvieran quince años. El Flex aunque se negó al principio, decidió que mejor no iba a perder una oportunidad que ni de pedo iba volver a caerle en su vida.
La idea de besar a su mejor amigo por primera y—quizás no—última vez era emocionante. Fue directo a ello y lo beso como besaría a cualquier otro hombre que le hubiese gustado. Ugly no era un mocoso de secundaria y también sabía besar muy bien. Aunque su práctica del momento fue lamentable porque acaba de aprender ahorita mismo que besar a un hombre es muy diferente de besar a una mujer. Sumado a eso, era más difícil cuando sabes que es tu mejor amigo quién está besándote tan bien y seguro te va a echar cague por siempre por esto.
Cuando por fin terminaron de "aclarar sus dudas", ninguno de los dos se vio incómodo. Se tomaron su tiempo en silencio para recomponerse de lo que fuese que acaba de pasar y pensar en que chingados decir.
—Me traías ganas, ¿eh, cabrón?—Ugly dijo riéndose.
—Nada más para quitarte la espinita, pinche Ugly.
Ninguno de los dos se sintió arrepentido en realidad. Pueden saber con solo verse que quizás eso les gusto más de lo que creyeron y no sería raro que lo repitieran otra vez. La verdad ninguno de los dos quiere comenzar algo formal ni nada. Cada uno tiene sus cosas y Flex sabe que Ugly tiene cierta creencia sobre cómo las relaciones en un crew siempre terminan mal. Lo que menos quisieran sería perderse los dos.
Esto debería quedarse como una historia entre ambos.
