Actions

Work Header

Al Ver que Dormías

Summary:

Han pasado 6 años de los juicios. Draco Malfoy vive tranquilo, trabaja dura y honestamente y se ha reconciliado con su pasado, pero definitivamente, está muy solo en su día a día en el Londres Muggle.
Cada mañana en los últimos tres meses, Draco prepara el café para Bill Weasley mientras le mira con admiración pero este ni le reconoce cuando toma su orden y se va a su trabajo; cada mañana Draco se permite fantasear un poco sobre ellos dos juntos.
Hasta que un día, Bill tiene un accidente y Draco le salva la vida, pero por una confusión, termina junto al inconsciente mago siendo tomado por los médicos como su prometido.
Esta historia está inspirada en una de mis comedias románticas favoritas de los 90's "Mientras Dormías", pero no es una copia fiel de la misma.

Notes:

Cuando empecé esta historia mi intención era que fuera un Drarry (Harco), pero a medida que fui avanzando, me fui enamorando de Charlie como personaje y le tuve que dejar ser el protagonista de la misma.
No creo que Draco y Charlie sea una pareja muy común y tal vez no le atraiga a nadie más que a mí. Pero disfruté demasiado escribiéndola así que aquí se las dejo.
Mi intención no es parodiar ni hacer una copia de Mientras Dormías. Esa película fue perfecta en su época, la amé y aunque hoy la veo con otros ojos, sigue siendo una historia encantadora, divertida y linda.
Todos los personajes le pertenecen a J. K. Rowling. Yo solo disfruto verlos vivir otras realidades y sin ninguna intención de lucro.

Esta historia esta dedicada a todos lo que aman a Draco como yo y quieren verlo feliz en todo universo posible.

NOTA: No autorizo a publicar esta historia en Wattpad ni en ningún otra página sin mi permiso. Tengo usuario en Wattpad y yo misma la publico allí cuando y cómo deseo.

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

Draco es una persona solitaria. Hace años que no tiene familia, y en cuanto a sus amigos, se podría decir que más bien son conocidos.

Luego de la guerra mágica, los Malfoy lo perdieron todo: su Mansión, su prestigio, su dinero y sus bienes. Sobra decir que el que una vez fue el joven heredero perdió hasta su gran orgullo.

Su padre falleció en Ázkaban luego de poco tiempo en la prisión, donde estaba condenado a cadena perpetua. Todos sus bienes fueron requisados por el Ministerio de Magia Inglés para pagar indemnizaciones y multas, o por ser considerados bienes provenientes de magia ilícita, por su uso en delitos mayores, y un gran etcétera, etcétera, etcétera.

Cuando estás en el bando perdedor, aunque quedes en libertad – por la conmiseración de tus enemigos – no solo pierdes tu dinero y bienes, también te abandonan todos los que consideraste tus amigos – más rápido los aduladores. Draco Malfoy pasó de ser un niño mimado y rodeado de halagos, seguidores, simpatizantes, admiradores y bravucones que le obedecían, a un hombre joven despreciado por todos.

Sus supuestos amigos que no participaron en la guerra directamente, como Zabini y Greengrass, le dieron la espalda sin ningún tipo de consideración para que no les asociaran con él y sus creencias. Los amigos cuyas familias sí participaron en la guerra y lograron quedar fuera de la prisión mágica, como Parkinson o Nott, lo que menos querían era que les asociaran con un ex-Mortífago luego de la guerra, así que también le dieron la espalda, y los que jamás fueron sus simpatizantes, escupían el piso por donde pasaba, y si por ellos fuera, le enviarían directo a Ázkaban junto a su padre y su madre.

Todos consideraban que había sido una locura de Harry Potter, demasiada compasión, demasiado buen corazón, el que le defendiera tan denodadamente a él y su madre en los juicios.

Harry logró su propósito cuando quedó libre de prisión, pero eso no le dio lo que Draco Malfoy conocía como vida. Era simplemente sobrevivencia.

Cuando Draco y su madre se encontraron sin hogar y una pequeña suma de dinero cortesía del Ministerio de Magia, se tuvieron que mudar al Londres Muggle, a un sector que jamás hubieran sabido ni que existía, lleno de pobreza, inmigrantes en las peores condiciones, con la peor higiene que hubieran observado en sus vidas, lleno de gente que muchas veces ni hablaba inglés, y que rápidamente captaban su mirada asqueada o sus narices respingadas y les hacían burla o les ignoraban como si fueran un chiste malo.

A las malas, Draco tuvo que empezar a darse cuenta que su sangre pura, sus ideales, su desprecio por los Muggles, la magia, no valían nada si no tenías dinero con que llevar pan a la mesa, pagar la renta y cubrir tus costosos hábitos. A nadie le importaba si eras guapo, si tu árbol genealógico era único y estabas relacionado con las familias mágicas de sangre más pura de Inglaterra, Francia y toda Europa; si no tenías dinero para pagar los servicios, no siempre la magia te iba a salvar de morir de frío en el invierno, de enfermarte de virus gripales y por la mala alimentación, iba a cubrirte de la nieve y proveerte para tener medicinas para tus males; nada de eso servía si eras un proscrito en tu mundo y tenías que vivir entre los Muggles menos afortunados, y tú eras, definitivamente, una parte de ese mundo de gente en desgracia.

Afortunadamente, Draco Malfoy era un chico inteligente, cuando se dio cuenta que los berrinches, la mala actitud, la nariz respingada y la falta de cordialidad solo le iba a llevar a una golpiza, a no conseguir un empleo, a no tener ni leche para ponerle al té y no poder pagar el cuartucho donde vivía con su madre, tuvo que adaptarse a la nueva realidad.

Al darse cuenta que en el mundo Muggle donde tendría que desenvolverse era un adulto joven sin certificado de educación básica, empezó a estudiar de noche y a trabajar de día. Al principio, pretendía tener trabajos muy bien pagados porque sabía francés, tenía muy buena caligrafía, era muy bueno con los números y sabía mucho de otras culturas, pero eso no lo era útil para nada sin algo que probara su educación, así que tuvo que empezar a barrer pisos, a lavar inodoros y platos, a hacer entregas a domicilio pero a pie o en bicicleta, aún no sabía manejar un auto, y si lo hubiera intentado, no tenía los documentos necesarios; el joven se fue adaptando a su presente y el futuro que él mismo se tendría que forjar.

-*-

Su madre, al contrario, no se resignó jamás a su nueva vida. No aprendió ni siquiera a hacer magia doméstica, se sentía perdida sin sus elfos domésticos y fuera de su Mansión. Draco habló con ella seriamente, le suplicó que pusiera de su parte, que necesitaba su apoyo por lo menos con la comida y aseo mientras él trabajaba todas las horas que podía soportar en el día y en la noche, pero su madre se entregó a la depresión.

En menos de un año, un Draco Malfoy solitario y vestido de negro, con ropa oscura de segunda mano y más triste que nunca, estaba diciendo adiós a su madre en el entierro más pequeño y miserable que jamás hubiera pensado asistir, con un par de flores blancas, narcisos, sobre el ataúd del único ser amado que le había quedado, esas dos flores fue lo único que se pudo permitir, sin más ceremonia que el solitario entierro, sin compañía o consuelo, y endeudado por sus gastos médicos y funerarios.

Draco ya sospechaba que su madre no sobreviviría mucho tiempo a la ausencia de su padre, y que jamás se recuperaría de los debacles de su vida, pero sin embargo, esto no lo hizo sentirse listo para perder a la única persona que le amo tanto para arriesgarse a mentirle a un monstruo en la cara con tal de volver a verle.

Pareciera que su madre agotó ese día todo el valor que le quedaba, y ni por el amor a su hijo pudo aguantar la miseria de vida que llevaban.

Draco lloró hasta el agotamiento esa noche en su fría cama en su cuartito, y al día siguiente, se mudó a un lugar aún más pequeño donde apenas tendría espacio para sus pocas pertenencias, pero con el tiempo que estaba ausente trabajando, solo necesitaba una cama pequeña, una tetera y una tostadora, un fregadero para lavar su poca ropa y donde poner algunas frutas, pan y lo que pudiera conformar sus sencillas comidas.

Curiosamente, el corazón de Draco no se llenó de odio por lo que le pasó a su madre, sentía que Narcissa había descansado, y aunque la extrañaría mucho, en especial su silencioso afecto, no quería que su madre sufriera más, y si su muerte le había traído el descanso, su ausencia era el precio que tendría que pagar porque ella alcanzara la paz.

Draco se dijo a sí mismo una y miles de veces que lo que estaba viviendo no era culpa del Ministerio, de la Orden del Fénix, de Harry Potter y ni siquiera del propio Voldemort. Su familia había escogido unirse a un bando y lo había hecho gustosa, había apostado todo al triunfo del monstruoso mago, y la guerra le había demostrado lo errado de sus actos, el horror tras sus acciones, y la muerte que arrastraba con él.

¿Cómo iba a esperar él que alguien perdonara a su familia por las acciones que cometieron, por tener a ese monstruo en su casa, brindarle apoyo y esparcir tanta miseria por el mundo mágico?

Era imposible, no creía que ni Potter con todo su honor y caballerosidad sería capaz de pensar que él se merecía una vida diferente a la que tenía. Mucho había hecho ya en asegurarse que no terminara en prisión como su padre. En retribuirle a su madre lo que hizo. No se podía esperar más.

Draco guardó con afecto las palabras de Potter frente al Wizengamot, las que le dijo torpemente cuando le devolvió su varita, y las atesoró como si fueran las joyas de que disponía antes, a candado seguro y resguardadas en su corazón.

Draco se prometió que para honrar esa acción, aprendería a ser una mejor persona. Lucharía por aprender de esos Muggles que tanto despreció, se podría en sus zapatos en lugar de sentirse asqueado y deprimido por vivir rodeado de ellos, descubriría cómo podían vivir, sin magia, sin pociones, con sus centros de salud tan rudimentarios, sus medios de transportes sucios y ruidosos, sus trabajo manuales fastidiosos y agotadores.

Draco iba a honrar la oportunidad de cambiar que logró gracias a Potter... San Potter, como le decía en su infancia, sonrió recordando el mote que le puso en Hogwarts sin saber lo acertado que iba a llegar a ser, aprendería de San Potter a ser un mejor hombre.

Con esa promesa hecha a sí mismo, Draco Malfoy se empeñó, se graduó de la Secundaria aprovechando los papeles que le dio el Ministerio a regañadientes para usar de Acta de Nacimiento, los que le facilitó McGonagal sobre sus estudios básicos, y poco a poco, fue logrando conseguir mejores empleos, adaptándose al mundo Muggle que nunca conoció, pudiendo mudarse a una pieza un poquito más grande, y luego a un mini apartamento de un solo ambiente, y así siguió llevando una vida humilde, la de un hombre joven sin educación universitaria de clase baja o media baja, pero que vivía honradamente de su empleo en las mañanas como Barista en una franquicia conocida de cafeterías, y los fines de semana y en las noches, dando lecciones de piano a domicilio, inglés en una academia muy sencilla y humilde cuyos clientes eran inmigrantes y estudiantes de intercambio, francés, ruso y rumano en una academia de idiomas más sofisticada cuando había una oportunidad de dar un curso sabatino.

Contrario a lo que cualquiera hubiera pensado, Draco disfrutaba más su trabajo de Barista que el de profesor de idiomas. Le hacía sentir vivo ver gente a diario, observar sus atuendos y adivinar dónde trabajaban, aprenderse de memoria cuál era su preferencia para cada día con el café y o el té, sonreír cuando alguna (o algún) joven le coqueteaba impresionado por su hermoso rostro, un poco apagado y con señales de vejez prematura por los sufrimientos tempranos de su vida, pero sin lugar a dudas, aún muy bien parecido y fuera de lo ordinario.

Así los días de Draco transcurrían tranquilos en su nueva rutina. Conocía varias personas entre sus distintas ocupaciones, pero no tenía familia, amigos cercanos – excepto la manager del Café donde laboraba que era amable y siempre le escuchaba con respeto – tampoco tenía una relación amorosa o amantes ocasionales.

Draco no confiaba en nadie. Varias veces, se había encontrado que magos o brujas que le habían descubierto en su trabajo, se habían metido con él directamente, le habían tendido trampas incluso con profesionales sexuales, chicos o chicas, que lo intentaban enamorar para luego humillarlo, le trataban de invitar bebidas con pociones de todo tipo: desde venenosas hasta con amortentia, el rango de venganza en el mundo mágico para los Malfoy era bastante amplio.

Afortunadamente, con el pasar de los años, muchos le habían dejado en el olvido, y poco a poco, su apariencia, asociada al lujo más que todo, había sido olvidada entre sus iguales. Draco usaba glamours para ocultar su peculiar cabello – lo usaba negro cuando estaba en la calle - pero jamás cambiaba sus ojos, sentía que si los cambiaba, se perdería y desvanecería como una sombra frente a la luz del día;  se vestía como jamás nadie que le hubiera conocido se imaginaría que vestía el que fue el heredero de los Malfoy, como Muggle, ropa sencilla pero de calidad, un vestuario espartano, útil y resistente, fresco en verano y abrigado en los meses fríos, sin ser a la moda ni demasiado costoso, nada que dijera la marca, ni que reflejara que sabía de buena ropa y buenos zapatos. Draco Malfoy no quería llamar la atención, no necesitaba distinguirse ni entre los Muggles, quería vivir una vida tranquila, su único y secreto gran sueño, era volver al Continente y visitar de nuevo la ciudad de París.

Draco había amado París. Los Malfoy habían venido de Francia. Los Black tenían fuertes raíces también en ese país.

Draco había ido cada verano a su viña en ese país, comido lo mejor, compraba ropa nueva, visitaba los museos, la Torre, los restaurantes, las boutiques... pero no era eso lo que extrañaba.

Draco soñaba con los cielos rosados de París, con las playas soleadas, con los mal humorados pero chics franceses. En París siempre todo le parecía más bonito, el Sena, la comida, la ropa, el sol, los turistas, el tráfico. Draco solo tenía recuerdos bonitos de Francia, y añoraba volver a sentirse feliz sin razón, solo por el hecho de vivir y estar sano, por poder ir al lugar que te gusta sin preguntarte si puedes hacerlo, si puedes permitírtelo, si te darían permiso de estar, sin miradas de odio y resentimiento. Solo ser y hacer lo que quieras rodeado del melodioso idioma que es inentendible y a la vez tan hermoso. A él se le daba tan bien el francés.

Draco suspiraba cada mañana mientras caminaba el trayecto hacía su Café mientras recordaba la Vie in Rose y fantaseaba con pasar al menos un día más de su vida en el hermoso París.