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Cuando llegó a la sala para buscar a su novio, encontró a Anzu aún tomándole las medidas. Un paso en falso, y ella tocó un sitio que no debía, consiguiendo que una risilla brotara de los labios de HiMERU.
—Señorita Productora, HiMERU es cosquilloso, así que no lo toque de esa forma.
Anzu lucía alarmada.
—¡Pido perdón, HiMERU-san! ¡Fue sin querer!
—No pasa nada —replicó él de manera gentil—. ¿Cuánto más falta para poder acabar?
La expresión sobresaltada de Anzu se relajó y, tras ubicar un par de pines más y otro pequeño ajuste (esta vez, sin accidente), Anzu juntó las manos.
—Todo listo. Le avisaré cuando su traje esté listo por el medio de siempre.
HiMERU se colocó el abrigo, lo ajustó sobre los ojos y le dedicó una última sonrisa gentil.
—HiMERU se lo agradece. Mucha suerte con su trabajo, señorita Productora.
—No, no. Gracias a usted~
Anzu le dedicó una reverencia y HiMERU se encaminó a la puerta, donde Rinne lo aguardaba pacientemente como un cachorro a su dueño; si uno lo miraba el tiempo suficiente, hasta podría ver su cola imaginaria agitarse de un lado a otro con alegría.
Pero, he aquí el problema: apenas traspasó el umbral y ya no necesitó llevar puesta su fachada de idol, la expresión gentil cambió por otra de completa neutralidad.
—Amagi, no es necesario que siempre vengas a buscar a HiMERU como un perro guardián, ¿Sabes?
Ahora, las orejas imaginarias de Rinne bajaron como las de un cachorro regañado.
—P-pero quería verte, MeruMeru. ¿Acaso tú no?
—Por supuesto, por eso HiMERU siempre lleva un espejo consigo. Es completamente entendible que desees ver a HiMERU.
—¡Pero tampoco es necesario ser tan narciso!
Desde que HiMERU aceptó salir con él, los días se volvieron un sueño hecho realidad. Eso, hasta darse cuenta que su novio era prácticamente la personificación de un gato, con todo y garras. Su espalda era el claro testigo silencioso de ello.
No obstante, algo que lo frustraba, es que eran raras las ocasiones que HiMERU abandonaba su cara de póquer y ofrecía una sonrisa genuina, no una de esas sarcásticas o las que dedicaba a portadas de revistas. Su HiMERU-ó-metro incluso había captado que la sonrisa que le dio a Anzu más temprano no era una verdadera.
Aunque...
¿Sería verdad lo de las cosquillas?
Mientras HiMERU caminaba rumbo a la cafetería, con Rinne siguiéndolo fielmente atrás, éste entrecerró los ojos y elevó el brazo lo suficiente para clavar el índice entre sus costillas.
...Hasta recibir un doloroso golpe kárate justo a tiempo.
—¡Owch! ¡¿Pero qué...?!
En algún momento, HiMERU había girado y le propinó el golpe al descubrir sus intenciones. Ahora, con el ceño fruncido, lo miró.
—¿Podría saber qué se supone que estás haciendo, Amagi?
—Uhh... —Rinne se frotó el brazo golpeado y adolorido—. Escuché que le dijiste a Anzu que eres cosquilloso y quise comprobarlo.
HiMERU suspiró.
—Existen mejores formas de descubrirlo que jugar a ser el detective —replicó con calma—. Eres un pésimo villano, Amagi.
—Ay, sí, señor Sherlock. —entonces, la mente de Rinne se iluminó—. ¡Un momento! Si tú eres Sherlock, y yo soy el villano, ¿No significa eso que yo soy Moriarty? —y, tras lanzar su característica risa de hiena, situó la mano diestra sobre el mentón y la mano zurda sobre la cintura derecha—. CuCh Mee if Yuu CAn MisTAh HoMmsss
HiMERU lanzó un largo y pesado suspiro.
—Para nada. William James Moriarty rivalizaba con Sherlock en inteligencia —replicó frunciendo el ceño, como si no creyera que Rinne fuese incapaz de reconocer algo de cultura general básica—. Además, la frase es: Catch me if you can, Mr. Holmes.
Hubo una breve pausa.
—¡Kyu~n!
...
— . . . Amagi, ¿Realmente acabas de decir «Kyun» en voz alta?
—¡No pude evitarlo! MeruMeru, realmente te luciste diciendo la frase. ¡Dila otra vez!
—De ninguna manera.
—¡Oh, vamos! Hazlo por mí, ¿Sí? ¿Por tu amado Rinne-kyun~?
Juntando las manos y haciéndole ojitos, Rinne le dedicó una mirada implorante, a lo que HiMERU no tuvo más remedio más que suspirar, frotarse las sienes y acceder a regañadientes.
—...De acuerdo —entonces, situó la mano derecha sobre el mentón y la izquierda sobre la cintura derecha, tal como su novio lo había hecho antes. Sus labios de curvaron en una sonrisa maquiavélica, similares a las que William realizaba cuando estaba a punto de poner en marcha alguno de sus planes, y sus ojos dorados relucieron con una mirada determinada—. Catch me if you can, Mr. Holmes~
Rinne se llevó una mano al pecho, cayendo de espaldas.
—¡GAAAAAH! ¡Auxilio! ¡Policía! ¡Que alguien llame a los bomberos! ¡Creo que voy a morir de exceso de sexidad!
—¿...Esa palabra siquiera existe?
—¡Pues existirá a partir de hoy en el diccionario de Amagi Rinne! Y para definirla, ¿Qué otra cosa más perfecta que una foto tuya?
HiMERU le dio un golpecito en la cabeza a modo de reproche.
—Deja de jugar y continuemos.
—P-pero... —Rinne hizo un pequeño mohín— ¡Es solo que te amo, MeruMeru! Te amo tanto que me gustaría volver a pedirte que salgamos juntos, pero luego recuerdo que ya lo hice y que ya aceptas--- —se detuvo abruptamente hasta que su rostro fue iluminado por una nueva idea—. ¡Ya sé! Todos los días te pediré que salgas conmigo. Así, cuando quieras romper conmigo, serás incapaz de librarte de mí, porque para entonces tendrías que romper unas diez mil veces más, ¡Hyahaha!
—¿Por qué HiMERU querría romper contigo?
—¿Eh?
—Honestamente, HiMERU no tiene razones para hacerlo —dijo con una sonrisa suave, situando una mano sobre la mejilla de un perplejo Rinne que fue tomado con la guardia baja—. Así que, por favor sigue cuidando de mí, y de mi corazón, Amagi~
—¿Eh? ¿Eh...? —Rinne quedó sin palabras mientras observaba, completamente atónito, el bello rostro de su novio enmarcado por la sonrisa más hermosa que jamás había visto en su vida, una sonrisa genuina que iba dirigida a él, solo a él.
—Ahora —con la expresión vuelta a la normalidad, HiMERU se cruzó de brazos—, ¿Vas a venir o no, Amagi?
Rinne aún estaba recuperándose del ataque que recibió de parte de su novio sin pena ni gloria. Había estado esforzándose tanto por hacerlo sonreír ¿Para que éste llegara y lo hiciera así, sin más, sin ningún aviso ni advertencia? Cada día estaba más convencido de que estaba saliendo con un gato hecho humano.
—¡Y-ya voy...! —tras unos momentos, finalmente fue capaz de articular palabra y mover los pies para acercarse a HiMERU—. Come todo lo que quieras, MeruMeru, ¡Hoy invito yo!
—¿Siquiera tienes el dinero para pagar por la comida, Amagi?
—¡Iiiigh! ¿...Me prestas algo de dinero? Quizás tenga algo de suerte en el pachinko hoy, y tal vez pued--
—De ninguna manera.
—¡Pero podría invitarte a un buffet con el dinero que podría ganar!
—¿Y arriesgar a perderlo todo? No, gracias. Esta vez, el almuerzo lo pagará HiMERU.
