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Si hay algo que Cellbit odiaba de ser un vampiro desde que se transformó, fue el consumo de sangre humana. Pero bueno, no tuvo elección cuando era un mocoso de seis años ya hace mucho tiempo. Y ahora se estaba exponiendo a algo un tanto peligroso.
No lo malentiendan, él sabe que debe tomar sangre, pero para su sorpresa, la sangre animal tenía un sabor pasable y era más digerible, así como sus derivados resultaron ser un buen reemplazo. Era de los pocos de su especie que podía integrarse en la sociedad y no volverse loco entre una multitud gracias a eso. Sin embargo, y algo que pocos saben, es que cada vampiro debe consumir un tipo de sangre humana para recuperarse mucho más rápido y acceder fácilmente a sus otras habilidades, si dejaba de beberlo por un periodo de tiempo, se hacía más notorio el agotamiento.
Y, lastimosamente, Cellbit llevaba cerca de tres meses sin encontrar un usuario con la sangre que necesitaba ¡Ni siquiera pudo infiltrarse en los bancos de sangre! Forever tampoco había tenido mucho éxito con eso, a pesar de que prometió guardarle una reserva si encontraba algo.
Los vampiros tenían un sexto sentido que les permitía ubicar a las personas con la sangre que debían consumir, es por eso que ahora se encontraba en frente de un bar luego de olfatear lo que tanto estaba buscando. El ataque sería su último recurso si la otra persona no cooperaba, sino, bueno, no sería su primera víctima luego de pasar muchos años recorriendo el mundo.
El humano resultó ser un chico. Tenía el cabello de color castaño oscuro y los ojos del mismo tono, estaba en la barra con un vaso en la mano, lucía cansado, pero aún le sonreía al bartender. Podría ser su oportunidad si se sentaba a su lado e iniciaba una charla.
Roier, de alguna manera, sentía que ese nombre encajaba bien con su rostro. Se estaba distrayendo. Hablaron un poco y Cellbit se sorprendió así mismo al encontrarse un poco entretenido con lo que Roier decía. Para él, era decir mucho, no tenía tanta experiencia en las relaciones sociales, eso o el otro chico estaba muy desesperado. Habían estado conversando por una hora cuando Cellbit decidió que ya era el momento.
Lo invitó a salir del var por la parte de atrás para ir a un sitio “más privado”. Quizás pudo ser un poco más considerado, pero estar cerca de su fuente de energía y no hacer nada le estaba fastidiando. Lo aprisionó contra la pared y estaba dispuesto a ir por su cuello, pero algo le sorprendió. Roier no había gritado ni parecía asustado. Es más, Cellbit se separó solo un poco para ver que él no dejaba de ver sus colmillos.
Entonces, solo sucedió.
– No mames ¿Eres un vampiro? – Vaya pregunta. Pensó Cellbit.
– ¿Eres humano? Se supone que deberías tener miedo, gritar o algo así. –
– Mira entre perder el alquiler de la renta este mes a encontrarme con un chupasangre…bueno… – Roier no pareció dudar mucho entre sus opciones cuando dijo aquello y se encogió de hombros.
– Tú…espera ¿Acabas de llamarme chupasangre? –
– ¿Lo eres? –
– ¿Qué? ¡No!...Ugh, eres muy extraño. –
– Me lo han dicho y, de nuevo, tú eres el vampiro. – Comentó. – A la verga, eres un vampiro, Mariana no se va a creer esto. –
– ¿Por qué salí esta noche? – Antes de que Cellbit siguiera cuestionando sus decisiones de esa noche, Roier lo miró.
– ¿Hay algún motivo para elegirme como víctima? Digo, estoy seguro que hay muchas otras personas más fáciles de…¿comer? –
Cellbit tuvo que reprimir su bufido, aunque solo duró unos segundos ya que era su complemento cada vez que ponía los ojos en blanco. De todas las personas que pudo encontrarse esa noche, tuvo que ser uno con poco sentido de conservación personal.
Buen trabajo ahí Cellbo.
Estando más enfocado en sus pensamientos, no notó que el chico había empezado a murmurar ¿Era normal que una persona pudiera hablar tan rápido en poco tiempo? Ya estaba dudando seriamente si seguir ahí, pero cielos, necesitaba demasiado recuperar sus fuerzas.
– ¡La sangre! Missa me contó una vez sobre eso. – Sonrió. – Necesitan un tipo de sangre específica ¿No es cierto? –
– Podemos consumir cualquier tipo de sangre, solo que hay una para cada especie. Esto nos permite aumentar nuestra energía y… ¿por qué me estás mirando así? –
Ahora, Roier había comenzado su día como suele hacerlo, deseando no haber despertado. Sin embargo, tuvo el enfoque suficiente para recordar que aún debía pagar su alquiler y alimentar a su gato Bobby, su chamaco desmadroso, es por eso que decidió ir a su trabajo mal pagado.
Luego de eso, el día fue casi bueno. Envío dos de sus portafolios en la mañana, logró tener un almuerzo completo gracias a uno de sus amigos, en serio apreciaba bastante a Maximus, le tocó lidiar solo con un cliente molesto en la tienda y pudo irse a casa temprano. Además, le alcanzó dinero suficiente para entrar a ese bar y, quien sabe, quizás encontrar algo.
Rompió con su última pareja hace un tiempo, culpenlo por sentirse atraído cuando el chico de ojos bonitos se acercó a él. Era su oportunidad luego estar solo por casi veinte largos meses.
Y vaya su sorpresa, no solo eran ojos bonitos. Su propia mirada era encantadora, con un brillo azulado en las pupilas que podría hipnotizar a cualquiera (Ahora que sabe que es un vampiro, Roier sospecha de eso), y su voz, era tan profunda y fuerte que solo bastó una pequeña charla para querer escucharla…en otras situaciones.
Fue algo bastante arriesgado si se ponía a pensar y Jaiden posiblemente le gritaría por irse a un callejón con el primer hombre que veía. Pero, de nuevo, fueron meses muy largos en soledad.
Además ¿cómo iba a sospechar? La sonrisa de Cellbit era linda, como una timidez oculta en una falsa confianza. Era del tipo de Roier, así de simple. Cuando sugirió salir por la parte trasera, no dudó. Si Cellbit no decía nada, él lo iba a invitar a su casa y pasar la noche. A esas alturas solo quería seguir con el de cabellos oscuros. Lo no esperó era que el otro lo acorralara de una manera brusca y rápida.
Roier pensó dos cosas en ese momento: este chico era bastante intenso o que si le sacaban un riñón y lo vendían en el mercado negro, al menos debería pedir un 50% de la ganancia.
Sin embargo, no estaba lidiando con un traficante de órganos o un asaltante. Era un vampiro. Y sí, tal vez su cerebro debió ser más rápido para decirle “¡Es un vampiro, pendejo, eso es peor!”, en lugar de quedarse quieto mirando los colmillos de Cellbit. No dijo nada, no gritó, es más, se preocupó cuando el más alto se detuvo y lo miró, confundido. Roier, lúcido como siempre, hizo una pregunta tan obvia que le daría más motivos a Spreen para burlarse de él la próxima vez que se encontraran.
Mientras Cellbit tenía un debate mental por la reacción obtenida y el hecho de que “este chico es demasiado extraño”, Roier aprovechó en recordar todo lo que sabía sobre los vampiros. Lo cual era mucho al ser tan curioso como siempre y teniendo como amigo a Missa, otro conspiranoico sobre los vampiros y su hermano de teorías. Recordó entonces algo sobre el consumo específico y selectivo, pero no recordaba el motivo.
Sabía que los vampiros podían identificar el tipo de sangre solo por el aroma ( Cosas vampirescas, pensó), pero no la razón. Hasta que Cellbit se lo dijo, mala idea, y el cerebro de Roier le generó un plan que podría hacerlo ganar un poco más de dinero o bien, dejarlo muerto en ese callejón en los próximos cinco minutos.
– Con que “un tipo de sangre” ¿eh? –
– De nuevo, deja de mirarme así. –
El otro lo ignoró.
– ¡Te propongo un trato wey! Medio litro por 80 dólares. – Exclamó.
En ese momento, cualquier transeúnte que pasara por ahí pensaría que la víctima en la situación era Cellbit y no Roier.
– ¿Disculpa? – Preguntó. – ¿Me estás cobrando por tu sangre? ¿Sí sabes que solo podría asesinarte y ya? –
– A poco sí tilín. Tú también sabes que eso no te conviene. – Roier trató de no estremecerse bajo la amenaza en los ojos de Cellbit. – Dime ¿Cuánto tiempo te tardó encontrar a un usuario con mi sangre? Por como te ves, diría que soy el primero en varias semanas ¿O me equivoco? – Al solo escuchar un gruñido, continuó. – Y además, tampoco te conviene matarme ya que mi sangre te sería inútil al estar coagulada. No es apta para su consumo. –
– ¿Cómo demonios sabes eso? –
– Leo mucho. –
Realmente no estaba equivocado, Cellbit había pasado un tiempo rastreando el olor familiar de la sangre. Y con sus heridas sin sanar, el trabajo se volvía más complicado. Fue una suerte encontrar a Roier. Pensó que sería una presa rápida, pero ahora ese mismo chico de sonrisa tonta le estaba cobrando por su sangre ¿Así funcionaba eso del capitalismo? En ese punto realmente no tenía muchas opciones hasta que encontrara a otra persona con el mismo tipo de sangre.
Culpa de su bocota por hablar demás.
Joder, debía estar pagando algo realmente malo que hizo en su otra vida para considerar esta oferta. Roier pareció notar su debate y el muy descarado no tuvo mejor idea que raspar su dedo contra un ladrillo saliente de la pared para hacer un pequeño corte sangrante. Mierda.
– Eres bastante arriesgado. –
– También me lo han dicho. – Sonrió. – ¿Y bien? –
– Ugh ¡Bien! Tenemos un trato. –
Cellbit era el ser inmortal en esa situación, pero por un momento, temió bastante por su vida cuando estrechó la mano de Roier.
~*~
– ¿Realmente vienes aquí por mi sangre o mi gato? –
– No lo escuches Bobby, mereces un mejor padre. –
– Fuera de mi departamento, culero. –
Habían pasado cerca de cuatro meses desde que se conocieron y Roier podía tener un poco más de confianza en decir que eran “amigos”. Honestamente, a pesar de lo que decía Jaiden, sí habían mejorado bastante en su relación.
Al inicio se reunían en algún lugar oculto para que Cellbit pudiera extraer un poco de su sangre, y vaya que las primeras veces fue muy extraño para Roier si tener al otro chico cerca de su cuello era decir mucho.
– A ver cabrón ¿Y no puede ser desde otro lugar? ¡Mira! Mis venas son fáciles de ver en mis muñecas. -
– Eso es para las agujas, nuestros colmillos aún no se adaptan lo suficiente para ser tan precisos y podría extraer más de lo debido. -
– ¡Te estás aprovechando! –
– Ya te dije que no. –
Sin embargo, la peor parte no era la succión como tal, sino que el otro debía lamer las pequeñas heridas para cicatrizarlas rápidamente y el muy descarado no parecía avergonzado en absoluto. Roier casi lo evitó luego de esa primera experiencia. Casi.
De todas maneras, para no tener que preocuparse porque alguien los descubriera, le dio la dirección de su hogar, le mostró la ventana que daba con la escalera contra incendios y así les resultaría más sencillo. Solo tenía que avisarle cuando estuviera yendo, pero, con el pasar de los días, estas visitas comenzaron a volverse más regulares.
Luego del primer mes, Cellbit iba solo para pasar el rato, incluso si decía que iba solo para ver al pequeño minino . Roier no lo culpaba, Bobby era adorable. Aun así, hubo veces que regresaba tarde del trabajo y encontraba al más alto dormido en su sofá. Si Cellbit despertaba con una manta y una almohada que no estaban ahí la noche anterior, ninguno hacía comentarios al respecto.
- ¿Se supone que esto es una película de terror? -
– Eso dicen, yo las veo para ver qué tan predecibles pueden ser. – Era una de esas noches donde se quedaban viendo una películas en compañía del otro. – Te apuesto a que ahora el rubio irá solo al ático.
– Nadie es tan tonto…y está yendo solo al ático. -
– Te lo dije. -
Empezaron a conocerse, descubrir los gustos y disgustos del otro, planes, pasatiempos; aunque a veces era más Cellbit escuchando sobre todo lo que Roier tuviera que contarle del trabajo o sus amigos, pero eso al castaño no le molestaba. Le gustaba escucharlo, era como un murmullo relajante antes de dormir.
Cellbit no comentaba cosas de su vida personal, y Roier no quería hacerlo sentir incómodo, no podía imaginarse todo lo que ha vivido el otro como un vampiro. Y a veces solo conversaban de cómo estuvo su día, alguno que otro problema o solo conviven en un silencio tranquilo. Era una rutina a la cual ambos se estaban acostumbrando.
Durante ese tiempo no quiso admitirlo, pero tener la compañía de Cellbit era tranquilizador para Roier. Sí, era muy probable que también empezara a desarrollar sentimientos más allá de la amistad, pero trataba de disimularlos lo mejor que podía.
Al menos así fue hasta el accidente.
Un mes. Un mes desde que no supo nada de Cellbit. Al inició pensó que quizás solo estaba ocupado, pero incluso si fuera eso, él le mandaba un mensaje para no preocuparse. Siempre le escribía al menos una vez al día. Pasó la primera semana y su ansiedad aumentó un poco más.
- ¿No crees que tal vez solo tuvo que irse? Tú me dijiste una vez que los vampiros se establecen en un sitio solo por un tiempo. – Fue lo que le dijo su mejor amiga luego de la segunda semana sin tener noticias.
- Era solo una teoría, y si fuera eso me lo hubiera dicho. –
- Roier…–
- Me lo hubiera dicho, Jai. Estoy seguro. –
No quería pensar que se hubiera lastimado…o que de verdad se había ido así sin más.
La respuesta llegó como un golpe contra su ventana, literalmente, a las dos de la mañana. Roier se asomó solo para ver al amor de su vida ensangrentado y con varias heridas en los brazos.
– ¡Cellbo! –
Recibió un gruñido como respuesta, pero eso no le impidió salir y ayudar al otro a sostenerse para que pudieran entrar. Bajo la luz de la única habitación, estaba muy lastimado.
– ¿Qué te pasó? – Roier lo llevó hasta el único sofá que tenía para que pudiera recostarse. Lo dejó solo un momento mientras iba a buscar un botiquín con vendas y alcohol.
– ¿Guapito? – Era un apodo que el otro usaba para llamarle.
– Estoy enojado, Cellbit. – A pesar de eso, no dudó en quitarle aquel saco que siempre llevaba y ver su estado. – ¡Pendejo! ¡Te fuiste más de un mes y no dijiste nada! Pensé que te habían secuestrado o matado. –
– Caí en una trampa, los cazadores ilegales aún siguen siendo un problema para nosotros. – Suspiró. – Me costó recuperarme un poco más para volver, pero-
– ¿Entonces por qué no regresaste de inmediato? Estas heridas se ven muy recientes, si lo que necesitabas era más sangres sabes que para mí no hay problema. –
Cellbit murmuró algo y Roier se detuvo ya que quería escucharlo. – ¿Qué? –
– No quería lastimarte. – Confesó en voz alta. – Roier, te has vuelto alguien muy importante para mí. Cambiaste por completo mi mundo desde que hablamos en ese bar y yo…
Roier solo pudo tomar su mano, sin querer interrumpirlo, pero animándolo a continuar.
– Era muy difícil controlarme en las últimas semanas que estábamos juntos, no solo por tu sangre, sino por la necesidad de…transformarte. – Cellbit sintió el ligero temblor en las manos del otro, por eso no quería decirle. – Te quiero, y quiero que estés a mi lado, pero que un humano esté con un vampiro es muy peligroso y tampoco puedo obligarte a pasar por todo esto, por eso quise irme. –
– ¿Sin decir nada? ¿Sin pensar en lo que yo quería? – Exclamó. – ¡Estaba muy preocupado, hijo de puta! Te creí muerto. –
Dejando a un lado el botiquín y olvidándose por completo la posición en la que estaban, Roier lo abrazó. – También te quiero Cellbit y hubiera preferido que hablemos sobre esto en lugar de que desaparecieras. Aprecio cada momento contigo, pero no creo estar listo para tomar un cambio como este… –
Cellbit se tensó levemente, sabiendo bien la decisión del más bajo. Aunque quiso alejarse, el otro no se lo permitió.
– No ahora. – Confesó. – Tengo miedo, no de ti, sino de estos sentimientos y sé muy bien que este querer que sentimos los dos se puede transformar en amor, pero aún necesitamos tiempo. –
Roier lo miró a los ojos, porque quería transmitir su sinceridad y cariño hacia Cellbit y sentía que esa era la única manera de hacerlo. Cosa que estaba logrando, ya que Cellbit se preguntaba cómo tuvo tanta suerte de encontrarse con una persona como lo era aquel chico frente suyo.
– No tienes que preocuparte por mi wey ¿A poco y no me conoces? – Rió, aún con lágrimas en sus ojos. – Apoyate en mí, quiéreme y déjame amarte en cada momento que el tiempo me permita mientras esté a tu lado, eso es suficiente. –
– ¡Roier! –
Esta vez fue Roier quien tuvo que sujetarse luego de que Cellbit lo abrazara con más fuerza. Lo escuchó murmurar contra su pecho, pero debido a sus propios sollozos, no pudo comprenderlo por completo. Se quedaron así por un buen rato; Roier, recibiendo la calidez que tanto extrañó y Cellbit, sintiéndose nuevamente como en casa. No querían separarse, pero Roier sabía que tenían que resolver algo más importante.
– Sigues herido. –
– Me recuperaré. –
– Gatinho, sabes a lo que me refiero. – Acarició los cabellos de su enamorado para calmarlo. – Estaré bien, hemos hecho esto por casi un año, por favor. –
– …¿Estás seguro? –
Asintió, sabiendo que Cellbit nunca le haría daño de esa manera. Una parte de Roier tenía que admitir que también extrañó la sensación de aquellos colmillos presionando contra su cuello. Era algo de lo que tendría que hablar con Cellbit, pero ese no era el momento. También tuvo que darse cuenta que, debido a las heridas del más alto, era posible que extrajera sangre de más. Lo notó por el repentino cansancio que empezó a sentir luego de solo un par de minutos.
Cellbit, por su parte, no pudo describir el alivio que sintió luego de eso. Más allá de sentir que su recuperación se aceleraba, de verdad había extrañado a Roier.
– ¿Guapito? – el otro tarareó en respuesta. – Te llevaré a tu habitación.
Lo cargó y lo llevó al único cuarto que había dentro de ese departamento. Se alegró de ver de nuevo al felino naranja recostado a los pies de la cama. Mientras lo recostaba sobre el colchón, también se acostó a su lado.
– Quédate. – Murmuró Roier. - Por favor. –
– Aquí estoy y no iré a ningún lado. –
Roier, con la energía que aún le quedaba, aprovechó para abrazarlo. – Sé que no tardaré en amarte por completo, Cellbit, por eso…cuando esté listo, te lo diré, es una promesa. –
Luego de eso, no tardó en quedarse dormido, pero Cellbit aún seguía un poco sorprendido por sus palabras. – Yo creo que ya te amo, Roier, pero estaré esperando. –
Sonrió, dejando un beso en la frente del más bajo.
– Te lo prometo. –
