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Cuando Chifuyu conoció a Ryusei solo tenía una palabra para definirlo: irritante. O, de hecho, dos: terriblemente irritante.
Cree, no, sabe que jamás podrá olvidar la derrota aplastante contra el chico. El primer partido que pierde, y contra un idiota.
Sí, tal vez debería escuchar a Yoshida y aceptar que no fue tan malo, solo fue un partido amistoso, nada serio, pero eso no cambia que dañó su orgullo. Y no iba a permitir que las cosas se quedaran así.
Esas vacaciones de verano se las pasó entrenando, tanto así que apenas sentía los músculos. Pero valdría la pena cuando derrotara a Ryusei, tendría que arrodillarse y admitir que él, el gran Chifuyu Matsuno, era el mejor futbolista del mundo. Valdría totalmente la pena.
Lamentablemente, no se vuelve a topar con él en todas las vacaciones.
Cuando empieza la secundaria está casi dispuesto a hacerle caso a Sasaki y olvidarse de Ryusei. Pero entonces se une al equipo de fútbol.
Y ahí está él, Ryusei Sato, el chico que ha estado rondando su mente desde que lo conoció. Cómo lo odia.
Cuando los ojos de Ryusei se posan en Chifuyu una sonrisa engreída crece en su rostro. Y cuando sus miradas se cruzan le guiña un ojo. El maldito descarado.
Chifuyu suelta un gruñido por lo bajo, realmente no soporta a ese idiota.
Baji, el capitán del equipo, parece percibir su odio, mirando de reojo a Ryusei. Tal parece que no es el único al que no le agrada. Aun así, no comenta nada.
El entrenador les dice que vayan a los vestuarios a cambiarse para empezar el entrenamiento. Su primer entrenamiento en el equipo, la oportunidad perfecta para mostrar que es mucho mejor que Ryusei.
—Es bueno verte de nuevo, chico lindo —suelta Ryusei cuando se quedan solos. Chifuyu se había tardado con la esperanza de que él se fuera antes, para evitar ese tipo de situación, pero claramente no funcionó.
No importa. Chifuyu no es un cobarde, no tiene miedo de confrontarlo.
—Te derrotaré esta vez, he mejorado mucho —sonríe triunfante, esperando intimidarlo.
Todo lo que gana es una risa de parte del otro.
—Estamos en el mismo equipo ahora, Chifuyu. No te esfuerces tanto.
Ryusei sale de los vestuarios, dejando a Chifuyu atrás, con la mirada fija en el camino por el que salió.
No se estaba esforzando, no necesitaba hacerlo, iba a demostrarlo.
Su rendimiento en el entrenamiento de ese día solo podía definirse como reluciente, como era de esperarse.
Incluso mientras el entrenador lo felicitaba solo podía pensar en Ryusei, no le quitaba la mirada, quería regodearse de su victoria.
Pero aparentemente Ryusei tenía cosas más importantes en las que pensar, ni siquiera le dirigió una pequeña mirada. Nada.
Como sea, no es como que necesite su atención.
Los demás entrenamientos fueron iguales, Chifuyu mostró ser uno de los mejores del equipo a pesar de su reciente integración.
Y aun con todo eso Ryusei jamás lo miró, ni siquiera cuando fallaba.
¿Tan insignificante era que ni siquiera valía la pena burlarse de él?
—No entiendo, ¿qué no querías que deje de molestarte? —Chifuyu levanta la cabeza del escritorio al escuchar a Takeuchi.
—¿Qué?
—Ryusei. Ya no te molesta, ¿no deberías estar feliz por eso?
—Lo estoy, pero es aburrido no poder presumir.
—¿Por qué no puedes? —pregunta Sasaki—. Si quieres presumir solo hazlo, no es como que pudiera detenerte.
—No lo hace porque no está feliz, es obvio —interviene Yoshida.
—¿Qué te hace pensar que no estoy feliz? ¡Claro que estoy feliz! ¡Soy mejor que él!
—Oh, vamos, Chifuyu, ¿estás bromeando? Solo te esforzabas tanto porque querías su atención, y ahora que no le importas estás todo deprimido.
—No es cierto, ¿tú qué demonios sabes? No quiero su atención, solo quiero que vea que soy mejor que él.
—Estuviste entrenando todas las vacaciones porque no podías dejar de pensar en él.
—¡Solo quiero demostrar que soy bueno en algo! ¡Déjame en paz!
—Ya déjalo, Yoshida —dice Sasaki—. No vale la pena pelear por esto.
—Sí, chicos, somos amigos. Está bien —Takeuchi apoya una mano en el hombro de Chifuyu, quien la aparta de un golpe.
Chifuyu sale del salón sin mirar atrás. Es una tontería, él no quiere la atención de Ryusei, esa no puede ser la razón por la que se siente tan triste últimamente.
Aunque sí le gustaría que al menos aceptará lo buen jugador que es Chifuyu. En este punto, es evidente que no pasará.
Cuando llega su primer partido no se siente preparado. Debería estarlo, ha entrenado muy duro, sabe que es uno de los mejores, puede hacerlo.
Son solo palabras que se dice en la cabeza, intentando convencerse de ello.
No lo logra.
El equipo sale a la cancha. Sus ojos vuelan hacia las gradas, esos tres están ahí. Se ha negado a volver a hablarles desde esa última discusión que tuvieron, aun así fueron a apoyarlo.
Es un mal amigo.
Y un mal futbolista, no debería estar ahí, otros jugadores con más experiencia están en las bancas porque el entrenador cree que él puede hacerlo, que los hará ganar.
No lo hará. Van a perder y será su culpa.
—Acabemos con estos imbéciles —escucha decir a Baji cuando el partido está por empezar.
Entonces el partido empieza.
El otro equipo es bueno, demasiado bueno. Pero por más que odie admitirlo no son rivales para Ryusei.
El primer tiempo acaba con dos goles, uno de Ryusei y el otro de Baji. Un casi gol de Chifuyu, que arruinó, como era obvio que pasaría. Y un gol y una falta del otro equipo.
Al menos van ganando.
Pero las cosas cambian en el segundo tiempo, cuando el otro equipo logra empatarlos.
El partido está por terminar, necesitan un gol, uno solo, para ganar.
Ryusei tiene la pelota, lo hará, ganarán por él.
Chifuyu corre hacia el arco, tal vez no tenga la pelota, pero no ha hecho nada importante en todo el partido más que fallar un jodido gol. Estará preparado por si hace falta.
—¡Chifuyu! —Ryusei le hace un pase. Se congela al oír su voz, la pelota yendo hacia él.
¿Qué está haciendo? ¿No se dijo a sí mismo que estaría preparado? ¿Por qué no se mueve?
Escucha a su equipo gritar su nombre, los del otro equipo corriendo para interceptar la pelota.
Cuando la pelota llega a sus pies la voz de Ryusei resuena por sobre todo otro sonido en la cancha.
—¡Destrúyelos, chico bonito!
Eso es todo lo que necesita.
Un gol. Un gol más. Su gol. El gol que le concedió Ryusei. Esta vez no iba a fallar. Él ganaría ese partido.
El partido termina. Tres a dos. Su gol les concedió la victoria. Lo hizo.
Los gritos de celebración de su equipo se escuchan lejanos, todo lo que puede escuchar son las palabras de Ryusei repitiéndose en su cabeza.
Chico bonito.
¿Esas palabras siempre lo hicieron sentir así?
—Chifuyu —la voz de Ryusei suena a sus espaldas, de la misma forma que cuando le pasó la pelota.
Chifuyu gira en su dirección, viendo al chico al que supuestamente odiaba tanto.
Ryusei apoya la mano en la cabeza de Chifuyu, despeinándolo más de lo que ya lo estaba. Chifuyu se queja.
—Sabía que podías hacerlo, buen trabajo.
—¡Claro que podía! —siente su cara calentarse, espera que sea por el calor del partido y no por el idiota de Ryusei.
Cuando Chifuyu sale de los vestuarios se encuentra a sus amigos esperándolo.
—¡Lo hiciste genial, Chifuyu! —dice Takeuchi pasándole un brazo sobre los hombros.
—Te luciste con ese gol, presumido —se burla Sasaki.
—Sí, fue un buen partido —dice Yoshida evitando su mirada.
—Chicos, yo... lamento lo del otro día —dice Chifuyu, llamando la atención de los tres—. No debí reaccionar así.
—¡No! —se apresura a decir Yoshida—. No fue tu culpa. Dije muchas estupideces, es normal que te hayas enojado.
—Aun así, lo siento —Chifuyu agacha la mirada—. Además, puede que tal vez hayas tenido razón.
—¡¿Entonces sí te gusta Ryusei?! —grita Takeuchi.
—¡Yo no dije eso! —se defiende Yoshida.
—¡No lo grites! —Chifuyu le da un manotazo a Takeuchi como reprimenda.
—¿Eso es un sí? —pregunta Sasaki.
—No sé, no estoy seguro.
—¿Bien? ¿Qué esperas? Ve con él y descúbrelo —lo insta Yoshida.
—No lo sé.
—¡Solo hazlo! —grita Takeuchi.
—Puedes hacerlo, no te preocupes —anima Sasaki—. Además, estoy seguro que le gustas.
Chifuyu sonríe, extrañó a esos idiotas.
Si pudo ganar el partido podrá con esto, no es tan difícil.
Encuentra a Ryusei en la azotea, sabía que lo encontraría ahí. Lo ha visto algunas veces por ahí, no es como que lo esté acosando o algo así.
Bien, ahora algunas de sus acciones inconscientes tienen sentido.
—Hola.
—Vaya, Chifuyu, ¿querías verme? —se burla.
Ciertamente, empezaba a extrañar sus burlas.
—Sí —esa no era la respuesta que esperaba, lo ve en su rostro—. ¿Sabes? Has estado un poco... distante conmigo, quiero saber qué te pasa.
—¿En serio?
—Muy en serio.
—Solo dejé de molestarte, creí que te incomodaba.
—Yo también lo creía. Pero ahora creo que no es tan molesto.
—¿Ni siquiera cuando te llamo lindo o bonito?
Se está sonrojando, puede sentirlo.
—Me gusta que me llames así —murmura.
Ryusei se queda en silencio un momento, luego vuelve a soltar una de sus bonitas risas.
—Está bien, chico bonito.
Definitivamente le gusta que lo llame así.
—Tú también eres un chico bonito —suelta sin pensar.
Ryusei se sonroja pero igual ríe, ahora se da cuenta de lo mucho que le gusta su risa.
El viento allá arriba es refrescante, puede entender que a Ryusei le guste tanto.
—Espero que estés más preparado el próximo partido.
—¿Disculpa? Lo hice genial, ¿viste ese gol?
—¿Oh? ¿Te refieres al gol que te regalé?
—¡Cállate!
Ryusei vuelve a reír, esta vez Chifuyu se une a él.
—Quiero seguir jugando fútbol contigo, sabía que tenías talento desde la primera vez que jugamos.
—La vez que me humillaste.
—¿Humillarte? Bromeas, ¿no? Ese ha sido el partido más difícil que he jugado alguna vez en mi vida.
—¿En serio?
—¿Crees que miento, chico lindo?
—Por mi ego diré que no.
Chifuyu se apoyó en la pared junto a Ryusei, alzó la mirada al cielo.
—Yo también quiero seguir jugando contigo.
