Chapter Text
-Por favor, Peter, nunca nos dejas ir a una, déjanos ir a esta te lo suplicamos – La voz insistente de Miles le hizo dejar de cocinar un momento para verle haciéndole suspirar un poco.
Peter B. Parker era un hombre de unos 43 años, viudo y con tres hijos: May, Miles y Milo. Los últimos dos terminaron siendo adoptados por Peter cuando ellos tenían 12 años. Ahora ellos tenían 15 y se habían vuelto unos torbellinos andantes.
La pequeña May tenía tan solo dos años y le encantaba hacer travesuras al lado de sus hermanos mayores.
Después de que Mary Jane falleciera al dar a luz a la pequeña, Peter tuvo que mudarse de la ciudad en la que vivían al pequeño pueblo donde antes vivía con sus tíos Ben y May. Ellos le habían heredado la pequeña hacienda que tenían junto con unas pequeñas tierras, lo cual le fue de mucha ayuda pues así podía trabajar para poder mantener a sus niños sin ningún problema. Además, Peter necesitaba alejarse todo el ajetreo de ese lugar para tener su duelo en paz, y en donde mejor que el pueblo que le vio crecer.
-¿Y por qué tanta necesidad de ir? – Peter contestó mirando como el joven se sentaba en la silla que estaba ahí. Había tomado la costumbre de observar a su padre cocinar desde que habían llegado a la hacienda así que Peter solo colocó una silla en la cocina para que el menor pudiese verle sin que se cansara.
-¿Y por qué no querría ir? Todos en el pueblo dicen que somos una familia amargada por no ir a las ferias que organizan en honor al santo patrono del lugar. – Miles reprochó levantándose de la silla para caminar de un lado a otro. -Además Hobie, Gwen y Pavitr irán y ¡dijeron que esta vez habrá juego mecánicos!
-Miles…
-Peter por favor… Milo y yo siempre hacemos las labores de la casa y trabajamos después de clases cuidando de los animales y nunca te hemos pedido nada
“Oh no..” Miles estaba usando su último recurso, mirarle con tristeza y poniendo sus ojos de cachorro desamparado que sabía muy bien que el adulto no podía resistirse.
-Bien.. pero solo un rato y luego nos regresamos a casa – Peter dijo suspirando pesado retomando su trabajo de hacer la comida para su familia.
-Alto, alto, alto, ¿como que “nos”? – Miles dijo cruzándose de brazos un momento – ¿También irás?
Peter dejó de cocinar una vez más para mirar a Miles.
-¿Que acaso creíste les iba a dejar ir solos a una feria en donde puede haber gente peligrosa?
-Pero...
-¿Quieres ir, o no? – Peter entrecerró sus ojos aún manteniendo su vista en el quinceañero.
Miles suspiró y accedió a las condiciones que Peter le daba para el permiso. El hombre sonrió y le despeinó cariñosamente para terminar su labor en la cocina.
La hora de la comida estuvo relativamente tranquila como todas las tardes. Milo y Miles platicaban acerca de lo que harían en la feria con ilusión y May al ver a sus hermanos igual de felices no pudo evitar reír y balbucear algunas palabras que los gemelos decían.
A Peter le hacía feliz ver a sus niños estar tan felices… Y se aseguraría que esa felicidad perdurara en sus rostros.
Cuando la noche llegó, la familia Parker llegó a la feria.
Había juegos mecánicos y puestos de comida por toda la plaza central del pueblo. Todo estaba adornado con papel de colores y había confeti, en el aire se podía apreciar el olor a algodón de azúcar y también a la carne de algunos puestos que servían tacos de suadero o incluso elotes y chicharrones preparados. Todo era un deleite y el ambiente era bastante ameno.
Miles y Milo miraban alrededor bastante fascinados. Después de todo era la primera vez que asistían a una feria y más una de pueblo, en donde todo se hacía a lo grande.
A lo lejos, los gemelos lograron ver a Gwen, quien vestía unos jeans, botas y camisa a cuadros junto con un sombrero que fuera a juego con su vestimenta, Pavitr quien llevaba pantalones holgados y una camisa a juego color beige y por último Hobie quien iba con una vestimenta mixta que increíblemente se le veía bien. Los tres les hicieron señas para que fuesen con ellos y los gemelos voltearon a mirar a Peter para luego salir corriendo a dónde se encontraban sus amigos.
-Nos vemos a la media noche en el quiosco niños! ¡Ni un minuto tarde me oyen! – Peter gritó a los gemelos quienes asentían y llegaban a donde estaban sus amigos para luego perderse entre la multitud. El castaño suspiró y volteó a mirar a la pequeña May que se encontraba en sus brazos mirando alrededor asombrada y entretenida por tanto colores que le rodeaban. – Vamos a divertirnos nosotros mi niña.
Y por un rato así fue.
Estuvo de puesto en puesto comiendo alegremente cada cosa que estos ofrecían y le invitaba un poco a su hija quien aceptaba gustosa cada bocado que le invitaba su papá. Fueron a los puestos donde vendían dulces, comprando un poco de más para sus gemelos cuando volvieran a casa. También compraron aguas frescas para saciar la sed que toda esa comida les había causado.
Todo era divertido y Peter realmente se la estaba pasando bien al lado de su hija.
Sin embargo, mientras estaban comiéndose su quinta orden de tacos, llegó un momento en el que, mientras Peter estaba guardando un par de cosas en la pañalera que cargaba, no se dio cuenta cuando May se bajó de la silla en donde estaba sentada queriendo perseguir un globo de colores que le había llamado la atención.
Y para cuando Peter volvió a alzar la mirada, casi le da un infarto al no ver a u hija sentada a su lado.
-¡¿Mayday?! – Peter exclamó asustado y buscó con la mirada a su hija por todos lados. Había demasiada gente, sobre todo en el área de puestos de comida que no podía ver a la pequeña por ningún lado. Sentía como la desesperación llenaba su cuerpo y la sangre se drenaba de él, estando completamente pálido y en pánico.
Caminó y caminó por toda la feria, llamando el nombre de su hija no pudiendo evitar imaginar lo peores escenarios. Tenía un nudo en la garganta, pero se aguantó el sentimiento enfocándose solamente en encontrar a May. Y a pesar de haber recorrido por todos los rincones, no podía encontrar a su hija.
Estaba a punto de ir en busca de las autoridades para que detuvieran toda actividad en la feria cuando logró ver una pequeña melena rojiza dentro de la cantina que estaba a un costado de la feria. Extrañado, se acercó con gran rapidez entrando al local y al ver que su hija estaba ahí, sana y salva, jugando con una niña de unos 12 años con un globo de colores, sintió que el alma le regresaba al cuerpo.
Peter se acercó ya más calmado y cargó a la pequeña quien al ver a su padre comenzó a reír feliz.
-No te vuelvas a ir así Mayday Parker… casi matas a tu padre de un susto… – Peter reprendió suavemente a la pequeña quien le miraba con esos ojos grandes llenos de curiosidad y alegría, haciendo que el castaño sonriera de regreso. Un hombre de cabello azabache y gafas redondas se acercó a la mesa en donde estaban logrando que Peter levantara la mirada al escucharle hablar.
-Chamaca, ¿otra vez causando problemas? Una disculpa, eeh…
-Peter Parker– se presentó extendiendo su mano para estrecharla con el contrario.
-Señor Parker – El hombre sonrió de manera amable estrechando la mano ofrecida – Soy Benjamin.
-Dígame Peter nada más, cuando me hablan por mi apellido pienso que hablan de mi difunto tío – Peter dijo riendo suavemente contagiando de esa risa a la pequeña May.
-Ella me siguió. Creo que le llamó la atención mi globo – La niña, quien estaba sentada en la silla aún, dijo sonriendo y mostrándole a Peter su globo colorido en forma de robot, haciendo que ambos adultos voltearan a mirarla. – Me llamo Peni y este es el local de papá.
Peter tomó asiento un momento en la misma mesa donde estaba sentada Peni quien continuaba hablando de como se había dado cuenta de que la pequeña le seguía. Aparentemente May había jalado de la falda de la niña para llamar su atención y Peni queriendo hacerse amiga de la pequeña la llevó a su local para que pudieran jugar juntas y no chocar con la gente que iba y venía en la feria y que pudiesen lastimar a la menor.
-Aún así debiste buscar primero a su padre chamaca…- Benjamin reprendió a su hija haciendo que Peni se encogiera un poco en su silla.
-Oh, está bien, al menos ella se encontró contigo y no con alguien que pudiese lastimarla… Gracias Peni – Peter dijo rápidamente al ver la culpa que la niña sentía después de ser regañada por sus acciones. Aquellas palabras hicieron sonreír a la pelinegra y levantó sus ánimos de nuevo.
-Debes estar cansado de tanto buscar a la pequeña, deja te traigo algo para beber, corre por cuenta de la casa después de todo lo que pasaste por culpa de mi chamaca – Benjamin dice para ir por un vaso con un poco de agua mineral, entregándosela a Peter, quien le agradeció el gesto bebiendo del contenido del vaso ofrecido.
Por un rato, estuvo platicando con Benjamin y de como era relativamente nuevo en el pueblo. Este por su parte le contó que llevaba ya varios años residiendo en ese lugar logrando con mucho esfuerzo levantar su pequeño negocio que el día era una tienda de abarrotes y por la noche servía de cantina para aquellos que quisiesen beber un poco después de una larga jornada de trabajo. También le platicó que solo eran él y Peni pues su madre los había abandonado apenas se consiguió a un hombre con más dinero que él.
Las dos pequeñas estaban entretenidas jugando con el globo colorido mientras sus respectivos padres hablaban entre ellos, totalmente ajenas a la plática de los adultos.
-¿Cómo es que llevas dos años aquí y nunca te he visto por el pueblo? - Benjamin preguntó mientras servía otro poco de agua mineral en el vaso de Peter.
-Bueno… suelo mandar a mis hijos por el mandado después de que salen de clases. Yo no soy mucho de salir de la hacienda y bueno, tiendo a quedarme a trabajar un poco la siembra – Peter dijo dando otro trago de su bebida. Benjamin asintió comprendiendo lo que Peter decía.
-¡Ah! Los gemelos ¿cierto? Si, si, a ellos si los he visto por acá. Se juntan mucho con esos chamacos, los revoltosos Brown y Stacy. Se ve que son buenos niños, aprendieron de su padre.
Peter y Benjamin rieron suavemente. Ambos se estaban llevando bien y Peter sentía que había hecho una nueva amistad dentro del pueblo, lo cual agradecía infinitamente.
Un grito de fiesta estridente llamó la atención de todos los presentes en el local a la par que música llenaba las paredes del establecimiento.
-Vaya, ya me preguntaba cuanto más tardaría en aparecer este muchacho – Benjamin dijo sonriendo y cruzándose de brazos. Peter algo confundido iba a preguntar, pero una voz melodiosa le hizo voltear en esa dirección.
Deja que salga la luna
Deja que se meta el sol
Deja que caiga la noche
Pa’ que empiece nuestro amor
Peter logró divisar al dueño de aquella suave voz que cantaba al compás de la canción acompañada por los músicos ahí presentes. Era un hombre alto de tez morena que portaba un traje típico de Mariachi color azul marino con detalles rojos. Su cabello semi largo le hacían tener mechones de cabello rozando la base de su cuello y aún así, este estaba muy bien peinado y arreglado. ¡Y que hablar de su físico! Peter podía notar que ese hombre hacía bastante ejercicio o demasiado trabajo de campo con tan solo ver sus brazos.
Deja que las estrellitas
Me llenen de inspiración
Para decirte cositas
Muy bonitas corazón
Peter se sentía hipnotizado en la manera que ese hombre cantaba… los ademanes que hacía al moverse entre las mesas mientras interpretaba la canción pareciendo que lo hacía desde el fondo de su corazón. O eso es lo que pensaba el castaño con tan solo escucharle.
Yo sé que no hay en el mundo
Amor como el que me das
Y se que noche tras noche
Va creciendo más y más
De un momento a otro, ambas miradas se conectaron haciendo que Peter sintiera que le faltaba el aire. El cantante se acercó lentamente mientras este seguía interpretando la letra de la canción. El castaño sentía que de pronto se perdía en los ojos acaramelados del moreno mientras esa voz y melodía derretían sus oídos y la letra de la canción quedaba grabada en su mente.
No se dio cuenta que la canción había terminado hasta que el sonido de los aplausos se hizo presente, haciendo que Peter parpadeara y se diera cuenta que el cantante ya había regresado a un lado de los músicos.
-Ahora si que te chapeaste chato – Benjamin dijo riendo suavemente a la par que Peter solo se coloraba de nuevo, pero intentaba disimularlo bebiendo de su vaso.
No sabía que le estaba pasando o por que de repente tenía tanto calor o sed. O por qué ahora tenía grabada esa canción en su cabeza siendo interpretada por aquella voz angelical.
Quizá solo había tenido indigestión de tanto comer en los puestos de la feria, si, debe ser eso…
Feria…
¡Los gemelos!
Peter volteó a ver el reloj de pared y al ver la hora casi le da el segundo infarto en la noche.
1 a.m.
Como pudo, Peter se despidió rápidamente de Benjamin y Peni, prometiendo volver a verse uno de estos días para seguir platicando y tomando a May en brazos corrió a dónde se supone que debía haberse encontrado con sus hijos.
En el quiosco, Miles y Milo bostezaban cansados esperando a que su padre se dignara a aparecer y en cuanto lo vieron ambos se cruzaron de brazos.
-Te estábamos esperando hace una hora! ¿Dónde estabas? – Milo dijo en forma de reproche mientras Miles solo bostezó por quinceava vez.
-Lo siento, lo siento, no me fijé en la hora lo siento, anden vamos a casa – Peter se disculpó con ellos y empezaron a caminar de regreso a casa.
A pesar del interrogatorio que Milo le estaba dando, Peter solo le decía que estaba conversando con el papá de la nueva amiga de Mayday. Omitiendo por supuesto la parte en la que casi le da un infarto por haberla perdido de vista.
Al llegar a casa, cada uno fue a sus respectivas habitaciones, no sin antes recibir un beso en la frente por parte de Peter como ya era costumbre cada noche.
Una vez que Peter acostó a May en su cuna se recostó en la cama y cerró sus ojos esperando quedarse dormido. Sin embargo, una canción resonaba en su cabeza y la vista del rostro de aquel hombre sonriendo mientras cantaba era lo único que abarcaba su mente.
Peter no sabía que le estaba pasando.
