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La danza del ciervo y el dragón.

Summary:

Las coronas de flores pueden marchitarse, pero su amor puede trascender más allá de la muerte.

O

Escritor local intenta escribir menos de 15k de palabras y muere en el intento.

Notes:

Okay, está es la tercera vez que escribo esto, porque las dos anteriores iban a tomar mucho tiempo en desarrollarse porque perdí mi habilidad de escribir de forma corta.

En fin, esto es un Dragón Ena x Hada Mizuki, para el Mizuena week, día 1: almas gemelas.

Feliz semana del prid- de Mizuena!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La marca rosa de un cervatillo danzando en su costado se siente cálida cuando conoce por primera vez a su alma gemela.

 

El dragón está lejos de su hogar luego de una pelea mala con su padre, es joven y su molestia la lleva constantemente a huir de casa, extendiendo las alas mientras su vuelo la lleva a un prado florido.

 

El prado es hermoso, se extiende por el horizonte con su color verde salpicado de demasiadas flores, es cálido y se siente bien. Es el lugar perfecto para descansar y despejarse.

 

Confía en que la imagen de un dragón negro sea suficiente para alejar compañía no deseada. Después de todo, a nadie le agradan los dragones. ¿Por qué debería ser diferente en esta ocasión? 

 

Su figura desciende hasta el pasto caliente en el sol de la tarde, aplastando la hierba mientras se recuesta contra ella, respirando profundamente el olor del pasto quebrado bajo su peso y las flores que crecen frente a su nariz.

 

Es calmado y se siente a gusto.

 

Respira una bocanada de aire tras otra, su cola golpetea ociosamente contra el piso mientras se relaja. 

 

Muchos dragones preferirían quemar cosas mientras sueltan chillidos de molestia, mientras rugen y destruyen todo a su paso.

 

Ella también lo prefiere, pero en este momento, dejar que el estrés se desdibuje mientras se acurruca en el pasto es mejor. Es más satisfactorio.

 

La brisa suave hace murmurar el pasto, sin embargo, ese no es el único ruido que capta mientras dormita.

 

Suaves pasos curiosos están girando a su alrededor.

 

Puede adivinar que se trata de algún animal joven, husmeando en donde no le llaman. Probablemente se irá cuando su curiosidad sea saciada.

 

Eso no sucede en la siguiente hora.

 

Puede escuchar el murmullo del pasto mientras las patas del animal van de un lugar a otro. 

 

No es demasiado molesto, es un buen ruido de fondo, pero no puede evitar preguntarse que animal desprecia tanto su vida para merodear a un dragón tanto tiempo. 

 

Sabe que su cuerpo aún no es tan grande y majestuoso como debería, pero un dragón es un dragón, sin importar si tiene apenas 13 años o incluso si no es más grande que una choza pequeña.

 

Trata de ignorarlo, esperando que las bocanadas de aire caliente y humo que echa de vez en cuando por la boca sean suficientes para disuadir al joven animal de seguir perturbando su silencio.

 

Sin embargo, todo tiene un límite.

 

Y el pequeño animal lo cruza cuando pone algo en la nariz del dragón que la obliga a abrir los ojos para encarar al pequeño malcriado que sigue perturbando su paz.

 

Su hocico está adornado con una corona de flores, es realmente bonita, pero no es lo que llama su atención.

 

Frente a ella hay un animal, una pequeña cervatilla rosa.

 

Las manchas de color rosa claro cubren su espalda, sus ojos oscuros brillan mientras salta juguetonamente frente suyo.

 

Su costado se siente cálido.

 

La imagen familiar está grabada en sus costillas, no tiene que verla pasa saber que la marca simplemente ha cambiado. 

 

Bien, no esperaba que fuera esa la manera de descubrir a su alma gemela.

 

El momento más especial de su vida se estaba sintiendo tan mundano y a la vez tan especial, que no evitó que su cola golpeara contra el piso.

 

Le gustaba.

 

Pensó en tomar su forma antropomorfa, en simplemente reducir su tamaño para poder hablar con la cervatilla, pero al parecer su alma gemela tenía otros planes, porque simplemente empezó a correr, alejándose de ella.

 

Por un segundo, sus instintos de caza casi la hicieron iniciar una persecución, tuvo la sensación constante de querer ir tras ella.

 

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que razonara que ver un dragón persiguiéndola probablemente no sería su mejor carta de presentación, y por ello simplemente se quedó ahí, viendo como el punto rosa desaparecía en la distancia.

 

Encogerse a su forma antropomorfa fue un poco molesto, disfrutando más de la comodidad de poder extender sus alas que del extraño sentimiento de claustrofobia que le daba esta forma, sin embargo, valió la pena cuando pudo tomar la corona de flores en sus manos.

 

Respiró el aire dulce, disfrutando de la fragancia de las flores.

 

La marca en su costado se sintió cálida, extendiendo la comodidad que empezaba a sentir hasta su pecho.

 

Su ira y molestia fueron olvidados, incluso el motivo tonto de la pelea.

 

Así que cuidando de maltratar lo menos posible la corona de flores, volvió a las montañas, poniendo la corona de flores en sus tesoros personales.

 

El dragón no duerme esa noche, admirando la corona y su marca, trazando con sus dedos los contornos rosas que se desvanecen en un color marrón cálido.

 

No puede esperar a que sea el día siguiente.

 

Espera volver a verla.

 

...

 

La rápida comprensión de que su alma gemela ama molestarla es algo que la irrita.

 

La cervatilla rosa ama corretear a su alrededor, jalar suavemente sus escamas o simplemente poner coronas de flores en su nariz mientras finge dormitar en los prados.

 

El dragón no se queja demasiado al respecto, pero cree que su comportamiento es infantil. ¿Acaso su alma gemela era demasiado joven?

 

La cervatilla parece joven, y no puede determinar su especie por mucho que intente adivinar.

 

Es claro que su alma gemela no es verdaderamente una cierva, su pelaje rosa es demasiado incriminatorio y lo hace muy simple: no hay ciervos de color rosa.

 

Sin embargo, aún cuando los días pasan y el dragón ha mostrado siempre su verdadera forma, la cervatilla no lo hace, y huye al minimo intento de tomar una forma antropomorfa.

 

Es frustrante, pero no hay nada que pueda hacer al respecto...

 

Bueno, en realidad la hay.

 

Ella simplemente deja de presentarse como un dragón en su punto de encuentro.

 

En su lugar, su forma antropomorfa se sienta ahí, mostrando sus cuernos y cola mientras espera a la curiosa criatura.

 

El primer día no aparece en lo absoluto.

 

El segundo día puede verla de reojo mientras observa las flores.

 

El tercer día, para su alegría, puede sentir una presencia atrás suyo mientras juega con un insecto que subió accidentalmente en su mano.

 

La ignora como lo ha hecho otros días, fingiendo que el insecto es mucho más interesante, y pronto el pelaje rosa se asoma por el rabillo del ojo antes de presentarse frente a ella, con la cola alerta y las patas temblando como si fuera a correr en cualquier momento.

 

El dragón se divierte con eso un poco antes de que la cervatilla se aleje, echándose a una distancia considerable.

 

Sabe que eso significa que no piensa acercarse en el corto plazo, así que disfruta su día, tarareando sin realmente dirigirle la palabra como usualmente haría en su forma dracónica.

 

El día siguiente transcurre igual, y el día después de ese también.

 

Las únicas diferencias son la manera en que la cervatilla pasa de un leve temor a simplemente acostumbrarse a la nueva rutina. 

 

Después de una semana, la cervatilla recupera la confianza y vuelve a molestarla, tirando de su ropa, empujándola o simplemente correteando a su alrededor como si su energía fuera ilimitada, con el dragón respondiendo con algunos resoplidos llenos de humo o algunos empujones juguetones.

 

Es cómodo, su pecho se siente cálido mientras caen en una rutina, cuando el prado se convierte en su lugar seguro. Cuando los días en que aparece con su forma dracónica o antropomorfa se vuelven aleatorios, y sus presencias son tan familiares que el dragón habla de sus preocupaciones, frustraciones o miedos, que pueden dormir al lado del otro sin temor a que algo les pase 

 

Los años pasan en esa rutina, ella ve cada cambio de la cervatilla, y la cervatilla ve sus cambios también.

 

El dragón se vuelve capaz de usar magia cuando llega a su cumpleaños número 14, su cuerpo crece y sus colmillos de adulto empiezan a salir conforme el tiempo pasa.

 

Se siente feliz con el cambio.

 

También ha notado cambios en la cervatilla. Las manchas infantiles de su pelaje empiezan a volverse de un color uniformemente rosa oscuro.

 

Desearía ver sus cambios físicos, ¿Cómo sería ella? 

 

¿Cuál sería su especie?

 

Indagar nunca lleva a ninguna respuesta, y puede agriar el cómodo ambiente, así que deja de preguntarlo.

 

Solo deja una declaración al respecto antes de nunca volver a mencionarlo.

 

–No sé tus motivos para no mostrarte– las orejas de la cierva se crispan mientras le devuelve la mirada con recelo, el dragón mira al cielo mientras extiende su mano hacia el azul brillante –pero puedo apostar a que eres un ser maravilloso– la suave sonrisa que pone es suficiente para calmar relajar a su acompañante, para poder acercarse de nuevo –no tienes que hacer nada que no quieras, te esperaré toda mi vida si es necesario– la cervatilla se acerca lo suficiente como para que el familiar acto de rascar suavemente entre sus orejas sea fácil de hacer.

 

Así que el dragón espera, mientras sigue con su rutina en los prados, con sus encuentros que parece que van a durar para siempre.

 

Y su felicidad se rompe un día, cerca de su cumpleaños número 15, porque la cervatilla no aparece ese día.

 

El resto de días tampoco.

 

...

 

Decide dejar de ir al prado el día de su cumpleaños número 17.

 

La corona marchita y seca sigue siendo uno de sus objetos más preciados, al igual que todas las coronas que le dió después de esa.

 

El alivio de su presencia es algo que se ha resignado a nunca recuperar, y por ende, tener las coronas ahí simplemente hará más doloroso lidiar con el rechazo de su alma gemela.

 

Así que con el dolor llenando su corazón, hace el viaje que espera sea el último hasta el prado en dónde ha esperado dos años a que vuelva a aparecer.

 

Su cuerpo enorme aterriza al atardecer en el agujero que su peso ha hecho en la tierra al pasar de los años. En sus enormes garras las coronas son protegidas gentilmente. Se siente insegura cuando deja las coronas en el pasto lleno de flores, en un lugar al que no planea volver.

 

Donde no podrá protegerlas.

 

–Aún las tienes– El dragón soltó un grito patético de sorpresa, mientras que la suave voz que había hablado se burlaba de ella con una risita que hizo que un suave escalofrío recorriera su cuerpo.

 

–Dioses, cálmate, todo está bien– la burla subyacente es familiar, jamás ha oído esa voz, y tampoco le han hablado de esa forma nunca, pero el aire de familiaridad está ahí –ya ya, el gran dragón no está en peligro~– 

 

El chillido indignado está en la punta de su lengua al igual que el sabor del fuego gestándose en su garganta, pero todo muere cuando el rosa llena su visión.

 

Ese tono específico de rosa.

 

Un tirón gentil y juguetón en sus escamas confirmó sus pensamientos, los ojos rosas y juguetones fueron amables, sus manos acariciaron sus escamas con algo que fue una ternura que hizo palpitar la marca en su costado.

 

Su alma gemela, aquella que creía que la había abandonado y dejado.

 

Se inclinó en su toque, empujándola con un poco de fuerza hacia atrás, haciendo que la risa sin aliento brotara de su garganta, el tintineo tan suave y tierno hizo que tuviera ganas de tomarla entre sus garras para nunca dejarla ir.

 

–Ya no eres tan pequeña, ¿Sabes?, Eso dolió– se quejó, sin embargo no se alejó, recargando su frente en el hocico del dragón. Su cola golpeó contra el piso, haciendo vibrar la tierra bajo sus pies.

 

El dragón bebió de la vista. Sus alas traslúcidas y brillantes, su cabello rosa atado en una coleta ladeada y sus pestañas rosas.

 

Era tan rosa que era cómico, tan rosa que era adorable, tan rosa que hacía que su corazón se sintiera desgarrado y desbocado a la vez.

 

–Te extrañé tanto– suspiró, el aire triste de su voz volvió a generar demasiadas emociones en su cuerpo, tantas que era imposible tratar de silenciar el martilleo de su enorme corazón contra su pecho –gracias por esperarme– 

 

El dragón no lo aguantó más, su forma se encogió. El dragón del tamaño de una montaña pasó a su forma antropomorfa, correspondiendo el abrazo del hada que tocaba su cuerpo con tanta ligereza que parecía que podía alejarse en cualquier momento.

 

El agarre fuerte en la cintura del hada impidió que la sola posibilidad existiera. 

 

–¿Por qué te fuiste?– la pregunta ahogada que el dragón hizo al borde de las lágrimas no exige respuesta, así que el hada no ofrece ninguna. En cambio sube sus manos hacia el cabello corto y oscuro, acariciando su cuero cabelludo mientras siente las respiraciones erráticas y dolorosas en su cuello.

 

La cola del dragón empieza a enredarse, y el hada suelta el abrazo antes de que eso suceda, prefiriendo recoger la corona familiar que hizo hace tanto tiempo.

 

El dragón ve ante sus ojos como las flores recuperan su vida, volviendo a los colores vivos que tuvieron hace tantos años.

 

Manos gentiles colocan la corona en su cabeza, teniendo cuidado con sus cuernos. La sonrisa que el hada tiene al verla es totalmente deslumbrante, y no puede hacer nada más que adorar cada segundo de ella.

 

–Nunca vuelvas a irte– no exige, sino suplica. La joven de melena rosa niega, entrelazando sus manos.

 

–No lo haré– 

 

–Nunca jamás, jura que estarás siempre a mi lado– exige.

 

–Lo juro–

 

El cumpleaños número 17 del dragón llega a su fin mientras disfruta con una cierva rosa correteando a su alrededor, con un hada burlona tirando de sus escamas y correteando como si su energía no tuviera límite. 

 

Y el resto de su vida también.

 

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–¡Oi! ¡Ena!– la voz molesta de su hermano está acompañada de una almohada arrojada en su cara.

 

Que lindo despertar.

 

–¡Agh!– su sonido de indignación suena extrañamente acuoso, y la mirada satisfecha de su hermano se torna preocupada cuando se levanta de golpe.

 

–¿Estás bien?– las palabras suenan arrepentidas y Ena no puede indicar por qué hasta que las gotas tibias caen en sus manos.

 

Está llorando.

 

¿Por qué rayos está llorando?

 

La falta de respuesta hace que su hermano entre en la habitación, preocupado.

 

–No es nada, creo que fue un sueño– niega para detener al menor, quien retrocede ante el tono acuoso y ligeramente hosco.

 

–Eh... Como sea...– dice parado incómodo en la puerta –Yo... Um... Feliz cumpleaños y eso– y así como llegó, el joven Akito se fue.

 

Cierto, es su cumpleaños. 

 

Los sueños sobre dragones y hadas se olvidan mientras corre hacia el espejo de cuerpo completo de su habitación, alzando varias partes de su pijama para buscar la marca de alma gemela.

 

La encuentra en sus costillas, un cervatillo rosa danzando en su piel.

 

Le parece lindo, y no espera mucho antes de correr con Akito para presumir su descubrimiento de la forma más fanfarrona y ruidosa posible.

 

Un año después, en agosto, una joven se despierta llorando el día de su cumpleaños luego de tener un sueño sobre un hada que se desvanece de su mente conforme su cerebro se despierta.

 

Su hermana la consuela con ternura y la anima a tomar una ducha para que vayan a comprar ese manga que tanto ha deseado.

 

En la ducha puede observar algo más que el cuerpo que la llena de inseguridades; sus dedos trazan un dragón negro que parece danzar en el aire, localizado en sus costillas.

 

Lo menciona antes de ir a comprar con su hermana solo para nunca más volverlo a mencionar.

 

Tres años después, en una dimensión de bolsillo, Mizuki Akiyama conoce a un dragón negro que hace que su mundo se ponga de cabeza.

 

 

Notes:

Bien, publicaré esto y lo editaré mañana, así que bueno, me disculpo por la mala escritura y los errores que puedan encontrar. Nos vemos!

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