Work Text:
Lo primero que Mizuki ve al iniciar el día es a Ena durmiendo en sus brazos un domingo en la mañana.
Es una escena extraña y familiar, porque usualmente es su novia quien la envuelve en un abrazo protector mientras duermen.
No es que se esté quejando.
El ritmo relajante de su respiración la adormece de nuevo, sintiendo la necesidad de dormir de nuevo, pero encontrándose incapaz de hacerlo.
Por mucho que desee quedarse ahí, no quiere despertar a Ena con sus movimientos nerviosos. Costó demasiado trabajo arrancarle la tableta de las manos el día anterior y hacerla dormir como para perturbar su sueño.
En su lugar, se desenreda del abrazo y camina hasta el baño para lavarse, extrañando el olor del petricor y la menta que su novia emana.
No toma demasiado tiempo, su skincare es bastante básico pero efectivo.
Luego de ello, va a la segunda tarea del día, que es limpiar el polvo de la casa antes de que Ena despierte, porque generalmente es difícil limpiar cuando lo hace.
El poco polvo del lugar se va con bastante facilidad, y el piso queda fresco luego de que pase una cantidad saludable de limpiapisos.
Limpieza, hecha.
Su siguiente actividad sería salir a correr, porque necesita un mínimo de actividad física por recomendación de su terapeuta, sin embargo, prefiere no hacerlo ese día una vez que el cielo cerrado y negruzco se ilumina con un relámpago que trae consigo poco después un trueno que la hace estremecerse.
Bien, hace frío, podría preparar un poco de té mientras espera que Ena se despierte...
Así que se mueve a la cocina, donde el agua es puesta en el fuego y la mezcla favorita de té de Mizuki es sacada de la alacena.
Respirar el olor del agua caliente es agradable.
Le trae cierta paz que, admite, le ha costado tener.
Desde su adolescencia accidentada y depresiva hasta su adultez joven y desequilibrada, puede sentir un poco de paz ahora que todo parece más estable.
Su trabajo como diseñadora de moda rinde sus frutos con los contactos de los ex-miembros de WxS y el grupo Ootori. Ena trabaja como freelancer y le va bien, su arte se vende luego de la promoción que tuvo en su juventud cuando por fin salieron del anonimato con su grupo musical, y aún trabajan en canciones ocasionales con Kanade y Mafuyu, quienes se han dedicado a la música desde hace tiempo.
El Sekai sigue ahí, aún cambiando, aún ayudándolas con sus problemas de vez en cuando.
Sigue siendo un lugar especial a dónde acudir cuando las cosas se ponen mal o si algunos fantasmas del pasado resurgen.
Su vida ha ido mejor, y no puede agradecer lo suficiente a la gente que la rodea por ello.
–Estás pensando tan fuerte que me despertaste– una voz somnolienta murmura a su oído mientras que un par de brazos la sostienen por la cintura. Siente la sonrisa de Ena cuando le da un beso suave en la nuca, erizando su piel.
–Puedes dormir en un huracán, dudo que la linda y tierna yo pueda hacer mella en tu hibernación– se burla antes de notar el agua hirviendo y apagarla.
–Tú fuiste quien me hizo dejar de trabajar anoche para dormir, y no te quieres acurrucar más tiempo conmigo cuando hace frío– se queja antes de que Mizuki eche la cucharadita de té en su linda tetera.
–¿Quieres un poco de té antes del desayuno?– Siente a su novia asentir en su hombro antes de que eche otra cucharada y lo deje reposar.
Los movimientos familiares alcanzados a través de los años son cómodos, tanto que puede realizarlos aún con su alfa actuando como un koala.
El olor del petricor de Ena es agradable, la menta casi no se siente en el ambiente, lo cual agradece. El olor frío no le habría sido agradable.
El cronómetro interno de Mizuki la hace vertir el agua caliente en la tetera y dejarla reposar, solo para desenredarse de su alfa y recibirla en sus brazos en lugar de tenerla en su espalda.
Ena está a punto de dormirse de pie, con su manta enredada en su cuerpo. ¿Quién diría que esa chica linda y pegajosa era el alfa más protector y agresivo que alguna vez había conocido?
Era algo solo de las mañanas, de los únicos momentos en que su alfa parece vulnerable.
Le gusta el contraste de la criatura pegajosa contra la artista fiera y malhumorada.
El gap-moe sigue siendo una cosa en su vida, al parecer.
Las tazas de té son servidas mientras la mayor refunfuña por la pérdida del abrazo que la estaba adormeciendo más, pero agradece la taza de té mientras la bebe aún demasiado caliente.
Mizuki deja enfriar su taza mientras limpia la tetera y guarda todo de regreso en su lugar, poniendo las cucharas en el fregadero.
Afuera las ráfagas de viento azotan contra los edificios, el sonido pausado de las gotas pesadas de la lluvia recién iniciada degenera rápidamente en golpes húmedos y contundentes contra la ventana.
El granizo cae, pintando la calle y su pequeño patio de blanco, enfriando aún más el aire.
Mizuki bebe su té tibio, disfrutando de la calidez agradable mientras esta dura.
Tiene trabajo que hacer más tarde. Terminar algunos diseños para las ropas de una obra de teatro que se estrenará pronto, tiene que editar un poco el vídeo que Mafuyu le envió hace unos días y tiene que empezar a trabajar en los diseños que Tsukasa le encomendó para su próxima aparición en televisión.
Pero por ahora, prefiere empezar a hacer el desayuno mientras bebe té y escucha a su alfa ser un pequeño cachorro malcriado.
Afuera está helando, el aire frío se cuela un poco en la casa, pero el calor del fuego hace su trabajo mientras la mantequilla se derrite en el sartén antes de ponerla en la mezcla que está preparando.
Ena se asoma sobre su hombro, festejando en silencio por la elección de desayuno.
Emocionándose como si Mizuki no hiciera lo mismo para desayunar cada domingo en la mañana.
Las tazas son dejadas en el fregadero antes de que Ena encienda la cafetera y empiece a preparar el café que tanta falta parece hacerle.
Es como un lindo fantasma, y Mizuki tiene que desviar la mirada para no quemar el primer hot cake que está preparando. No sale tan lindo y dorado como habría querido, pero el segundo es mejor.
El olor dulce se mezcla con el aroma ácido del café, el olor residual del té, el petricor y su propio olor levemente ácido.
Se siente en paz, sabiendo que luego de tantos bajones emocionales, de tantos baches y tropiezos en la vida, puede vivir momentos tranquilos como ese.
Ena pone la mesa y pronto están desayunando, el café está a la temperatura ideal para no quemar su lengua y el sabor del sirope se mezcla con la mermelada de fresa y la mantequilla en los esponjosos discos de su plato.
Ena come con la ferocidad educada de siempre, hablando de todo y nada mientras su desayuno dulce desaparece de su plato, haciendo esa expresión totalmente desamparada y tonta que hace cada vez que realiza que terminó con su porción.
Mizuki suelta una risita dulce antes de ir a la cocina y regresar con los hot cakes extra que hizo. El ánimo de su novia se levanta de forma casi inmediata, mirándola con una adoración empalagosa que forma una sonrisa que le hace doler la cara por lo enorme e inevitable que es.
–Eres la mejor– sus palabras son tan habituales pero tan sinceras que sabe que no está hablando tan solo del desayuno o su rutina mundana.
No responde a ello. Solo continúa su desayuno, pensando en lo que hará cuando acabe el trabajo pendiente.
El granizo golpetea aún, el aire frío sigue haciendo un ruido imposible de ignorar, pero todo aquello se pierde como un ruido de fondo en su pequeño y cálido lugar seguro.
Más tarde, la calidez del sol acuoso asomándose entre las nubes derrite el hielo del suelo, y Mizuki sabe que de ahí en adelante todo irá bien.
