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Alyn alguna vez lo tuvo casi todo, heredero de un gran y antiguo señorío, una esposa, varios amantes, era casi un príncipe. Pero no tenía un hermano. Y una molesta voz le decía que ni si quisiera era bien visto por su abuelo, Lord Corlys. Padre.
Todo cambio un día, el Lord de Marcaderiva como nunca partió en la Serpiente Marina, el viejo lord desgastado por la guerra y las perdidas, ese Lord que nunca le dio una segunda mirada a Alyn y a Baela, se levantó de su solar y corrió. Su esposa estaba preocupada, pero ni las preocupaciones de su esposa, como las de otros lores le importo. Ni si quiera le importo que la ultima engendro verde haya muerto recientemente.
La Serpiente Marina abandonó el puerto con Lord Corlys. Su ultimo viaje. Y el cual tenia la mejor recompensa de todos.
Locura. Decían los de desembarco del rey. Solamente la locura haría que Corlys Velaryon dejara poniente con tan buenas noticias, con una oportunidad más de poner su sangre en el trono.
Su hija nació perfecta, cabello blanco y piel morena. Quizás sea la única mujer que Alyn le promete su total fidelidad. Lord Colys no volvió al nacimiento de su bisnieta. Como tampoco lo estaba Alyn. Pero al menos el pueblo la celebro. O eso quiere creer a Alyn.
El joven rey Aegon, ahora de trece onomásticos anuncio a la corte que estaría en luto por un año por la perdida de su querida esposa. El joven rey se encerró totalmente solo cuando se presentó como alfa.
Un buen augurio, decía el consejo pequeño.
Tres lunas después el huevo de su pequeña Laena eclosiono. Su esposa Baela lo había mandado a ver a su pequeña mientras ella trataba de mantener a flote los comercios y alianzas a falta de lord Corlys. Alyn fue a ver su pequeña estrella, pero rápidamente perdió su camino entre las piernas de una criada. Estaba enterrado en ella, pensando en encajar su nudo, cuando un pequeño grito de terror y dolor se escuchó de la habitación de su hija. Sin importarle desgarrar el coño de la sirvienta, arranca su polla a medio nudo de ella. Sin impórtale la sangre y los gritos de dolor de la mujer, corrió a la habitación de su única hija.
Allí estaba ella, totalmente estrangulada por el cuerpo blanquecino de aquello que no parecía dragón. La sangre estaba esparcida por toda la cuna.
Alyn arranca al monstruo de su hija y lo despedazo con su espada.
Su pequeña Laena seguía llorando aterrorizada y cubierta de sangre. Con mucho cuidado Alyn la carga y la mira, desde su cabeza a sus pies.
El horror y la rabia lleva mismo lleno a Alyn, al ver que a su pequeña le faltaban tres dedos de la mano derecha.
Si la sirvienta puta no se hubiera ofrecido, el hubiera salvado a su hija.
Ahora por culpa de Alyn su hija era una lisiada.
Corriendo la llevo al maestre, se subió los pantalones y fue en busca de Baela.
Ya habían pasado cuatro lunas desde la mutilación de su hija por parte del gusano de fuego. Baela no lo podía mirar. Como el tampoco a ella.
Se auto exilio buscando alguna madera suave para futuras prótesis. En Dorne lo encontró. Así como encontró una cama caliente con la princesa Aliandra Mantell.
Volvió a desembarco del rey cuando le llego una carta por parte de Rhaena. El rey buscaría una nueva reina. Y los Velaryon podrían ofrecerle una.
Alyn estaba junto a su pequeña hija. Ninguna mujer, ya sea beta, alfa u omega podía apagar su fuego. Excepto su pequeña Laena.
Estuvieron todo el día viendo como pasaban las y los pretendientes a la nueva reina consorte. Su esposa y prima esperaron hasta el final para presentar a Daenaera Velaryon. Alyn estaba en contra, su hija era mejor que esa niña. Quizás la mocosa sea una de las niñas más hermosas que había visto Alyn, pero su pequeña lo era más y no tenía la cabeza vacía.
Su esposa presento a Daenaera al rey y este la miro como a las otras, pero al ver que sus hermanas habían traído a un buen partido, con una mirada ya había estado de acuerdo con ellas, para disgusto de Alyn.
Pero todo cambio esa noche. Cuando el joven rey iba a decir su elección de su próxima reina, las puertas fueron abiertas de par en par.
–¡Se presenta Lord Corlys Velaryon junto a… él príncipe Viserys de la casa Targaryen! –grita el anunciador, tanto Baela como Rhaena jadean y el joven rey muestra una cara que nunca había visto a Alyn, quizás sea esperanza. Pero es la belleza que iba tomada del brazo de su abuelo, padre, la que se lleva la completa atención de Alyn, una belleza de cabello, una piel bronceada y suave, ojos oscuros y parecidos a amatistas, labios llenos y rojizos, delgado, pero sus caderas resaltaban, completamente vestido de azul Velaryon y negro, la persona y omega más hermoso que Alyn ha visto y no descansara hasta llevarlo a su cama –¡Acompañados por su verdadero heredero, el príncipe Lucerys Velaryon!
Y el mundo de Alyn se destruye.
Y el rey corre a los brazos de sus hermanos. Sin impórtale los protocolos y con una gran sonrisa en sus labios. La belleza lo atrapa en el aire y otra cabeza plateada se une a ellos.
Alyn pudo ver como su esposa y prima se apresuraron a llegar al omega.
Solo el quedo parado con su hija en sus brazos viendo como todos le era arrebatado por unas palabras.
Verdadero heredero.
