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Category:
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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Sutekh
Stats:
Published:
2023-07-15
Words:
1,589
Chapters:
1/1
Kudos:
12
Hits:
341

Cenizas del desierto

Summary:

Aplastas mi cuello con uno de tus pies.
Tu boca dibuja una sonrisa de satisfacción al verme a tu merced porque para ti soy un sucio bicho, un sucio hijo de ese que carcomió tu orgullo y se cree con derecho de disponer de tu desierto a voluntad.
Seth es tu nombre, el nombre que para mis labios es tan dulce como la miel.
El dios despreciado que un día espero confíe en mi...
Los personajes de Ennead no me pertenecen, Mojito es su creadora.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Digo a duras penas tu nombre, el cual me has prohibido pronunciar como si fuese el nombre secreto de Ra. De tus ojos escarlatas, cual cataratas teñidas de sangre enemiga, salen sinfonías de maldiciones hacia mi sólo porque en mis venas divinas, la sangre de tu ofensor me reclama como hijo.
Ese ofensor que te trató como una vil ramera, pero qué digo si aquellas también son seres de carne y hueso, que en algún momento de sus vidas llegaron amar a otros. Aquel agresor que ante la Enéada es el mejor dios tanto que Isis mi sagrada madre y Neftis callan para que tú sigas como el villano de todo esto; no lo eres, eres más que un dios hermoso, terco e inalcanzable, eres más que mi tío, eres un dios herido que nunca fue comprendido...
¡ Pero tu propia naturaleza te impide ser blando a menos que sea Anubis!
¡Ah ese perro que mordió tu mano y aceptó el hueso que otro le dio con tal de poseerte de nuevo!
— ¡Por favor! — ruego, tus pies tal blancos como la espuma de ese mar lejano que baña las costas de tierras fértiles, me quitan la respiración — ¡ Tío, no soy tu enemigo!
No respondes, mi resuello es música para tus oídos. Después blandes tu khopesh hacia mi rostro y su filo sobrecogedor corta suavemente la piel de mi mejilla izquierda hasta que la sangre brota de ella y cae como una impertinente lágrima al territorio de Geb, tu padre, mi abuelo.
— Un sucio hijo de Osiris, mi aliado ¡ Ja!
Cuánto deseo no ser su vástago, cuánto deseo que mi madre abandone su tozudez y orgullo por el bien de todos, por el bien incluso de Egipto.
Sé bien que tu corazón versado en las artes de la guerra, aún ama a la diosa de la armonía y puedo decir que yo gocé de ese amor por un breve tiempo. Fue la más hermosa caricia que mi corazón de niño sintió y para no perderlo te mantenía ebrio y drogado hasta que me vi obligado a apartarme de tu lado y regresar al regazo de mi madre. Sin embargo, no dejé de admirarte y quererte como realmente lo merecías.
Mi mano trata de alcanzar tu tobillo, notas mis intenciones y aplicas más fuerza en mi cuello a tal punto de que me parece oír el crujido de sus huesos, mi tocado se mantiene como un fiel soldado en mi cabeza negándose a revelar mi rostro a la furia tuya.
— ¿ Qué sucede niño halcón? ¡ Ser semidiós sale barato, pero caro a la vez porque eres vulnerable!
— Tienes miedo, lo sé — alcanzo a replicar en tanto quito tu pie de mi cuello en un rápido movimiento para arrastrarme y huir de otro intento tuyo de romperme el cuello — sientes rabia y lo entiendo.
Tu respuesta es el silencio y desconcierto.
Como si revivieras el horrendo episodio de tu vida, tu cuerpo comienza a temblar, bajas la mirada y yo aprovecho para acercarme. No debo confiarme, si lo quieres puedes ordenar a la arena que absorba mi vida.
No me permites más, te desvaneces en una estela de arena, más dejas a mi alrededor tu energía belicosa la cual golpea mi espalda.
Oigo la risa burlona de Sekhmet, quién se apersona luego de mi encuentro accidentado contigo; en su boca dibuja una mueca cruel de sonrisa, ella disfruta de su caos que como un agujero negro lentamente devora a quienes caen en su juego, aunque ella haya revelado la realidad, sus garras pueden destruirme en segundos.
— ¡Pobre halcón inocente! — la burla y antipatía en sus palabras azota como la indiferencia tuya, noto que se inclina hacia mi, su vestimenta levanta pequeños remolinos — despierta niño, eres iluso tanto como lo fue tu padre en el pasado...
No respondo a su cuestionamiento. Un puño cerrado golpea mi shenti, muerdo mis labios con tamaña fuerza y en segundos el sabor metálico de mi propia sangre alimenta mi derrota, la diosa sanguinaria se marcha igual que como llegó... Con su cruel risa de fuego, con su acerva risa de ocre.
— ¡Tío! — recito bajito hacia la nada y luego me retiro desmoralizado.
𓅃𓅃𓅃𓅃
El papiro sufre los embates de mi desconcentración, los asuntos de gobierno son tediosos y no ayudan las pretensiones de la divina Hathor por cuya belleza, los humanos organizarían guerras. La tinta se corre por un empujón de mi codo, apenas logré trazar dos líneas con órdenes para los sacerdotes de los templos de Seth quienes debían guardar sus tesoros y no dárselos a nadie hasta que el dios lo permitiera.
No sé nada de su paradero, mi madre está en el templo de Maat y sin premuras opto por salir y buscarlo.
Sigiloso como una serpiente, salgo de mi alcoba. Camino despacio, las antorchas dispuestas cada metro chisporroteaban y los jeroglíficos e imágenes en paredes y pilares danzan como si me dijeran un mensaje oculto.
Tomo una antorcha para iluminar mi camino, nadie advertiría la falta de una y supondrían que yo estaría descansando de mis labores. La noche es calurosa por lo que opto por quitarme mi tocado, no sería visto por ojos indiscretos, especialmente los de Ra.
— Cuando era un niño famélico — comienzo a hablar consigo mismo mientras la luz amarilla me muestra por donde voy — temía y odiaba al dios que perseguía a mi madre, pero al verlo por primera vez, entendí la verdad de los dioses y humanos... Unos eternos, pero efímeros en sus cultos; los otros breves en sus vidas, pero inmortales en sus acciones.
Me detengo abruptamente y me cuestiono.
¿ En qué punto me encuentro?
La cuerda en la que me balanceo, me lleva a dos rutas: convertirme en dios completo y olvidar cosas o proteger a Seth del dios de la vida y su obsesión.
Retomo mi camino ya no tan confuso que segundos antes, hasta ahora nadie me ha visto y eso me tranquiliza.
Mi nuca siente el soplo de la frescura, a escasos metros, la imponente estructura del templo de Seth con su estatua alegró mis ojos por lo que me coloco mi tocado y acelero el paso hasta que me hallo frente a la efigie cuyos ojos de piedra me aplastan como un insecto en el limo del Nilo, es él no hay dudas, hasta en imágenes de piedra, él no pierde su magnetismo.
Entro, dejo la antorcha en un sitio seguro y estudio el interior del mismo, seguramente mi tío estaba en la estancia más privada, rodeado de comodidad y disfrutando su soledad; al fin luego de investigar lo visualizo en una amplia habitación decorada con dibujos, jeroglíficos y frescas telas que semejaban al vaporoso vestido de Nut.
Está sentado en una silla sencilla con su cabellera granate cayendo perezosa, sus ojos están cerrados y decido detenerme para contemplar tal como un fascinado adorador, su físico perpetuo, digno de su importancia entre las divinidades.
— Confórtalo — pronuncio bajito en tanto en mi mano aparece una pluma de halcón la cual envío hacia él.
Seth abrió los ojos y frunció el entrecejo al percibir que lo miraba, de un manotazo aparta la pluma la cual se posa sobre varios brazaletes que descansaban sobre una caja ricamente decorada. Parece un felino a punto de saltar sobre su presa, al parecer sabe que estoy aquí.
— ¿ Alguien quiere jugar rudo? — dicho esto estalla en ruidosas carcajadas — ¡ Ven pequeño pajarillo de mamá!
Dar la cara y enfrentarme nuevamente a su limpia lucha o regresar por donde vine sin darle opción a nada.
Una vocecilla susurra a mi cerebro, debo irme, debo salir de este templo a pesar que mi propio interés peligroso me indique permanecer como un soldado esperando la embestida.
Una vez más quisiera ver tu rostro de mármol y tus ojos cual rubíes traspasar los míos.
Doy la razón a mi conciencia y salgo del templo desplegando mis alas, quizá para llegar a ti, debo ser más cuidadoso y asertivo.
Culmina esa noche, viene la mañana siguiente y no hay rastros de ti ni siquiera un alboroto, ¿ Te has ido o sólo guardas silencio oportuno?
Isis, mi madre llega excitada, su vestido cobra vida propia cuando se detiene a mi lado para anunciarme que tu templo principal está deshabitado, planea que tu culto sea olvidado y que el color rojo sea símbolo del mal frente al negro que es la representación de Osiris.
— Aunque se haya ido, los humanos no olvidarán su figura y lo que representa, madre — ella me mira seria, sostengo la mirada mientras prosigo — y también es tu hermano...
Y así transcurren los días.
Hathor en cada uno de ellos intenta granjearse mi atención, ocupado con mis obligaciones reales respondo con respeto a cada cosa que ella dice más solo aspiro saber algo de él.
Tampoco transcurre algo extraordinario en las horas siguientes, Seth se ha esfumado como el aliento de vida. Ra a cuyos ojos nada escapa, se niega a decirme si acaso está en su séquito.
Hasta que un día, llegan a mis oídos los rumores de que está en un país extranjero en el que es asociado con otra deidad, ir hasta ese país levantaría sospechas entre la Enéada por lo que aspiro a que en un futuro cercano, regrese y retome su lugar entre los dioses de Egipto.
Por ahora, me queda añorarlo.
Por ahora, me conformo con oír las historias que protagoniza en aquellas tierras mientras mis sentimientos seguirán frescos y prestos para acogerlo nuevamente.
Para unos, el desierto es muerte, para mi una belleza en la que resurges siempre...

Notes:

Esta historia forma parte de una mini serie llamada " Sutekh"

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