Work Text:
Danny se encontraba tumbado en su cama, absorto en la contemplación de las estrellas pintadas en el techo de su habitación. Eran las 1:00 AM y no veía la posibilidad de conciliar el sueño.
La discusión con sus padres aún resonaba en su cabeza. Siempre era lo mismo, ellos pensaban que estaba malgastando su vida en lo que sea que estuviera haciendo, que era una decepción para ellos... una letanía interminable. Después de cuatro años, aunque se sentía afectado, Danny había aprendido a no darle demasiada importancia.
Cerró los ojos con la esperanza de encontrar alivio y escapar del dolor emocional. Sin embargo, los tres encuentros con fantasmas que había tenido ese día lo habían dejado completamente exhausto. La paranoia y la incomodidad al llegar a casa eran las que impedían que pudiera descansar. Apenas habían pasado cinco minutos cuando el sonido del teléfono rompió el silencio de la habitación. Danny gruñó ligeramente, pero aun así estiró su brazo hacia la mesita de noche para alcanzarlo.
Desbloqueó el teléfono y se dio cuenta de que no era su teléfono habitual el que estaba sonando. No sabía qué esperaba, pues casi nadie solía llamarlo. Su amistad con Sam y Tucker se había desvanecido desde que todo comenzó, sus padres no le hablarían en un tiempo y Jazz, quien ya estaba en la universidad (porque, por supuesto, ella no era una decepción para la familia), no lo llamaría a esas horas de la noche.
Con pereza, Danny se levantó de la cama y se dirigió hacia su escritorio. Abrió el cajón superior izquierdo y sacó un teléfono desechable. Sin prestar atención al número entrante, contestó la llamada, modificando ligeramente su voz para ocultar su identidad. Sabía perfectamente por qué alguien usaría ese número en particular para contactarlo.
"¿Buenas? ¿Cuál es su problema?" preguntó de forma educada, aunque ya intuía el motivo de la llamada.
La voz del interlocutor sonaba desesperada y comenzó a explicar su situación.
"Lo entiendo, lo entiendo. Manténgase alejada de ella", respondió Danny tras escuchar con atención. Hubo un breve silencio mientras la otra persona hablaba. "Tranquila, me lo explicas cuando llegue. ¿Dónde vive?"
Tomó nota del número y aseguró a la señora que estaría allí en veinte minutos antes de finalizar la llamada.
Esa noche, definitivamente no iba a poder dormir. Daniel tenía un trabajo que hacer.
