Actions

Work Header

Confesión

Summary:

Solo un par de tontos confesando su amor.

Notes:

Holis, publico esto aquí en ao3 porque me borraron la cuenta de wattpad:(

Aclaración! Esto está basado en el stream donde Quackity y Roier construyen el Cristo Redentor.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Son las personas más sociables de la isla, a donde quieran que vayan siempre son el alma de la fiesta, sembrando las risas o el estrés provocado por sus ocurrencias y su forma de ser tan cómica, probablemente se llevan bien con la mayoría de la isla y es que sus personalidades extrovertidas los convierten en personas muy fáciles de querer.

Y todo es mucho mejor cuando están solos, porque es donde más sale a relucir lo conectados que están, lo bien que se complementan y lo bien que se lo pasan cuando están a solas.

Quackity se había quedado sin aire de la emoción cuando Roier completó su idea de construir al Cristo Redentor en la favela como regalo para los brasileños, como si el castaño le hubiera leído la mente. Su pequeño juego interno de "los chalanes" le había caído como anillo al dedo a la situación, porque Roier aceptó ayudarlo sin siquiera pensarlo dos veces y sin que el pelinegro se lo haya tenido que pedir, poniéndose manos a la obra al instante.

Ya llevaban la mitad de la estatua construida y a Quackity ya le dolía el estómago de tanto reír y gritar, había olvidado la última vez que había tenido tantos ataques de risa seguidos y de cuándo había hablado tantas estupideces juntas, pero mientras ayudaba a Roier a volver a subir luego de caerse de donde estaban construyendo, recordó que la última vez de todo eso también fue estando con Roier a solas. Por supuesto que tuvo que ser con el castaño, si solo con él comparte ese humor tan ácido y cuestionable que tanto disfrutan.

Roier por otro lado ya le dolía la garganta por lo mismo, tantas risas, tantas imitaciones de voces y cantos tenían exhaustas a sus cuerdas vocales, él afortunadamente no se sentía cansado aún a pesar de ser el único construyendo, ya que con Quackity jamás se cansa de ser él mismo. Al parecer solo el híbrido de pato entiende la mayoría de sus referencias a memes y le sigue las canciones cuando las comienza a cantar, algo que aprecia demasiado al estar en una isla con gente que no comprende su humor.

Decidieron dejar de "trabajar" un rato para reponer energías y comer, se sentaron sobre la construcción a medias, con una vista directa al muro que divide la isla, ya que por ahí se veía un bonito atardecer. El par de chalanes se sentaron al borde del cristo, con sus pies colgando al vacío, los cuales movían de forma juguetona de vez en cuando.

Honestamente los dos se veían en un estado terrible, ambos cubiertos de polvo y tierra, con la cara sucia, despeinados, con las manos heridas, las piernas llenas de moretones y las rodillas sangrando de tantas veces que se resbalaron y cayeron por estar distraídos. Sin embargo, a pesar de su estado, ambos estaban muertos de la risa mientras comían, con Quackity golpeando la espalda de Roier porque este se había atragantado con un pan por estarse burlando de que al más bajo se le había caído su pan al vacío.

Al final Roier terminó compartiendo su pan a Quackity sin hacerse muchos problemas y al terminar de comer se quedaron ahí mismo sentados, ya que sus mamás siempre les advirtieron de que hay que reposar después de comer antes de seguir trabajando.

Luego de hablar sobre temas tontos y otros temas serios, Roier sacó su cámara para capturar el momento exacto en el que el sol se escondiera detrás del muro. Quackity lo miró con atención, pensando en moverlo al momento de que éste sacara la foto para que saliera borrosa, pero Roier, como si nuevamente le hubiera leído la mente, le dijo que ni se atreviera a arruinar la foto. Quackity sólo rodó los ojos, pero con una sonrisa contenta al haber sido pillado tan fácil.

— Oye Roier, ¿y si nos sacamos una foto pal recuerdo, cómo la ves? — Propuso el pato después de que el castaño sacara las fotos que quería, los ojos cafés hicieron contacto con los ojos cafés del pelinegro y este se acercó a Roier para seguir planteando su idea. — Es para inmortalizar el momento de cuando construimos el Jesús.

— ¿Cuál "construimos" Quackity si nomás te la pasaste bailando? — Preguntó Roier con un tono divertido antes de soltar una leve carcajada por lo aprovechado que podía llegar a ser el pato. Sin embargo, no se opuso a la idea de tomarse una foto. — Okey va, pero para que sea más épico préstame tu gorro y yo te presto mi bandana.

Fue un poco difícil de conseguir, pero con un poquito de insistencia y con unos chistes de por medio Quackity finalmente aceptó el intercambio, es que Roier tiene un algo, normalmente es él el niño caprichoso, pero cuando se le mete una idea a Roier realmente es difícil sacárselo de la cabeza.

Ambos se hicieron burla mutua después del intercambio ya que tanto el gorro como la bandana no olían especialmente a flores, puesto que de todos en la isla, ellos no son los más cuidadosos con la higiene y menos después de horas construyendo.

Y ya con Roier con el gorro puesto y Quackity con la bandana, el castaño imitó la forma de hablar del pato y este se paró para sacar el trasero haciendo alusión a su gran culo, terminando otra vez en unas carcajadas que simplemente fueron una caricia en el corazón para ambos.

Luego de un rato se sacaron una selfie abrazados, se podría decir que la foto que se tomaron era igual a cualquier selfie tercermundista de mala calidad, con ellos dos en esas condiciones y sobre una obra a medio terminar, pero a ellos le encantó la foto y acordaron de que Roier sacaría una copia para el pelinegro.

En este punto ya se habían olvidado de seguir trabajando y simplemente se quedaron en silencio, mirando el paisaje y tratando de recomponerse de tanta risa. A pesar de que los dos son muy ruidosos y viven a base del bullicio, no les incomodaba para nada el silencio y menos si es entre ellos, es más, se les hace muy especial.

Quackity le echó una mirada a Roier, apreciando lo bien que le quedaba su gorro y cómo el viento movía los mechones castaños que quedaron fuera del gorro. Nunca lo negó ni lo haría ahora, Roier siempre se le hizo muy atractivo y más ahora que Jaiden le enseñó a delinearse, con esa barba en crecimiento y con su nuevo estilo más "gótico" (llegó a esa conclusión solo porque usa ropa negra).

— Oiga, qué ojos compa lindos tienes, Roier… — Quackity quiso llamar la atención del castaño con sus coqueteos amistosos, pero como suele pasarle, se le fue la onda y su habla tuvo un cortocircuito, cambiando el orden de las palabras. — ¡Ahg, así no era! ¡Ya no te burles mamón!

Quackity desvió la mirada, molesto y avergonzado por su estupidez, pero esa expresión molesta se convirtió en una risueña al escuchar a Roier riéndose sin aire y sin sonido. Lo volteó a ver y en efecto, el castaño estaba luchando por su vida en su ataque de risa, lo que le terminó contagiando la risa al pato también.

— Oye, tu si que estás bien menso… — Logró articular Roier mientras terminaba de reírse, jadeando para recuperar el aire en sus pulmones. En eso, vio a Quackity reírse, cubriendo su boca y golpeando el suelo de concreto con su otra mano, era quizás la risa menos sofisticada que Roier había escuchado, pero esa risa hizo palpitar su corazón con fuerza. — Ay, me gustas un chingo, Quackity…

El ambiente quedó en silencio, las risas de Quackity pararon como por arte de magia y lo único que se escuchaba era la suave brisa del anochecer que pasaba entre ellos. Los dos amigos se miraron por unos segundos, hasta que el pato decidió responder.

— ¿¡Cómo!? ¿Cómo dijiste? ¿Que te gusto? — El pelinegro trató de no sonar tan exaltado, pero pronunciar esas últimas palabras lo habían puesto muy nervioso por alguna extraña razón, pensando en que quizás había escuchado mal. Pero cuando Roier asintió con la cabeza, se rió con aún más nervios. — Pero… En plan de compas, ¿no?

A pesar de que Roier se veía calmado y seguro, probablemente estaba igual o más nervioso que Quackity en ese momento. No tenía planeado confesarse tan pronto ni de forma tan directa, pero ya las había cagado, por lo que quiso terminar de cagarlas pronunciando un "en plan serio" mientras miraba hacia abajo al vacío, con la cara roja como un tomate por la vergüenza. Podría aceptar el rechazo, siempre podía recurrir a que estaba de chill o que estaba bromeando, cualquier cosa mientras pueda seguir siendo amigo del pato y teniendo momentos íntimos entre ellos dos como amigos.

Por otro lado, los colores se le subieron a la cara a Quackity con intensidad de sólo escuchar a Roier hablar en serio y verlo tímido y sonrojado. Jamás creyó que él sería un día la razón por la que Roier, el rey del coqueteo, se pusiera rojito. Y es que con solo ver el expediente amoroso de Roier, nunca pensó que tendría alguna oportunidad con el castaño desde que se dio cuenta de sus sentimientos, esa era la misma razón por la que últimamente pasaba tan poco tiempo a solas con Roier, no quería seguir enamorándose sabiendo que no sería mutuo.

Pero Roier acababa de confesarle su amor.

Y Quackity por supuesto le iba a corresponder.

— Tú también me gustas Roier, así un chingo igual que tú… — Dijo Quackity con una sonrisa torcida por los nervios que le provocaba el confesar su amor, las mariposas le estaban taladrando la panza según él. También las palmas de sus manos estaban sudadas a más no poder, pero así mismo se armó de valor y colocó una sobre la mano de Roier. — Bueno, hay también una señorita por ahí que me gusta, no sé si la conozcas, es nueva en la isla, se llama Melissa…

Y ahí estaba de nuevo, los dos estallando en risas, en parte por los nervios y por la felicidad de saber que su amor es mutuo. Quackity es el alivio cómico de Roier y Roier es el alivio cómico de Quackity y en conjunto son una suave caricia en el corazón del otro.

Al terminar de reír, volvieron a quedar en silencio, seguían nerviosos y sonrojados pero nunca sería un silencio incómodo, menos cuándo los dos se estaban tocando las manos con cariño.

Quackity miraba la favela a lo lejos y al devolver la mirada fue recibido por un pequeño y suave besito en los labios. El pato no supo explicarlo bien, en el pasado ya se había besado varias veces con Roier y hasta con lengua incluida pero todo era entre compas, sin embargo, este pequeño beso de ahora, tenía un toque distinto.

Sentir los labios de Roier presionar contra los suyos y su mano un poco más grande acariciando la suya con la punta de sus dedos provocó algo en Quackity que nunca había sentido y que ni el mismo Roier había experimentado antes. Amor sano, amor divertido, amor del bueno.

Al separarse, ambos soltaron una risita avergonzada como si fueran un par de adolescentes con las maripositas en el estómago a flor de piel.

— Bueno, sigamos dándole al Jesucristo o no vamos a acabar nunca… — Dijo Roier mientras se paraba y tiraba de la mano del pelinegro para que se pusiera de pie también. El castaño seguía levemente ruborizado, pero actuando con tanta naturalidad que contagió al contrario. — Pero ahora si me vas a ayudar, eh culero.

— Ahuevo mi rey. — Respondió Quackity dándole un último apretón a la mano del castaño antes de soltarlo. Se había olvidado por completo de la construcción y esta vez sí iba a ayudarle a Roier, porque definitivamente quería darle este regalo a los recién llegados.

Siguieron durante la noche construyendo al Cristo Redentor y ambos tenían el temor de que su forma de relacionarse cambiaría después de lo ocurrido, pero para su agradable sorpresa, no había cambiado en lo más mínimo. Seguían burlándose del otro, cantando, insultandose, haciendo bromas e imitaciones y muchas cosas más, esta vez con el pequeño pero importante toque del amor.

Para cuando ya empezaba a salir el sol por el otro lado de la isla, el Cristo Redentor ya estaba listo. Ambos chalanes tenían unas ojeras enormes por no haber dormido en toda la noche y se veían más acabados que antes, pero estaban enormemente felices por terminar con el preciado regalo.

Con ambos sentados en el hombro de Jesús, se sacaron una nueva foto, Roier seguía con el gorro y Quackity seguía con la bandana, ambos habían salido con el mismo entusiasmo que en la primera foto.

Finalmente, antes de irse a dormir, se dieron su segundo beso sobre la gran estatua. Su segundo beso de amigos, enamorados, novios, pareja, no importaba el nombre que le pusieran a su relación, ellos se aman tal cual.

Notes:

Gracias por leer:]