Chapter Text
"En la eternidad vivieron juntos, persiguiéndose el uno al otro. La luna corría a través del cielo, el lobo lo hacía sobre la tierra. Y su amor fue tan fuerte, que dejó un rastro de estrellas sobre el universo"
Stiles seguía inmerso en los mitos que iba encontrando según se iba topando con más enlaces, y aunque el inicio de esa búsqueda había sido “Hombre lobo transformado en adolescente de 16 años por culpa de una lunática desequilibrada, yahoo respuestas”, seguía sin encontrar nada que le sirviera de ayuda.
Y es que las cosas estaban así: Después de haber superado la etapa “Soy el Nogitsune, la oscuridad vive en mí, voy a mataros a todos”, Stiles había pensado (ingenuo él), que sus vidas volverían a ser las mismas. No normales, porque seamos sinceros, era Beacon Hills, sólo… una continuación de lo que para él era lo que viene a ser, ehm, ir al instituto, que Scott le oliera sin su permiso de vez en cuando y preocuparse por la dieta de su padre.
Pero obviamente nada volvería a ser como antes, porque todo había caído en picado desde la muerte de Allison, y la de Aiden, y de que se fuera Isaac y… bueno, desde toda aquella etapa oscura. Y parecía que desde entonces las cosas no paraban de retorcerse todavía más, porque en esos momentos y desde hacía menos de 24h, habían vuelto de México con un Derek, digamos un tanto… modificado.
Y ahí es cuando volvía a entrar el tema Kate Psicópata Argent. Stiles estaba harto de ella y su obsesión por destruir la vida de los Hale. Primero: era evidentemente que esa mujer era despreciable. Segundo: era la causante de que ahora tuviera que lidiar con un problema que rompía todo tipo de escalas que pudieran existir. Porque del uno al diez, ¿qué tan grave era que Derek no sólo hubiese dejado de ser el Derek que Stiles conocía, sino que estuviera en esos momentos, en el piso de arriba de su casa?
Sí, porque después de que Scott encontrara al hombre lobo emparedado a un muro de vaya usted a saber qué iglesia , Stiles había llegado en compañía de Malia y había visto a Derek. Y después de haber superado el shock de “¿Quién es este? ¿Cómo que es Derek? ¿Qué demonios? Oh dios mío”, y antes de que pudiera darse cuenta, el Derek joven (por llamarlo de alguna manera), estaba en el suelo completamente desmayado.
Stiles se acercó, y aún sin creerse que todo aquello pudiera estar pasando se arrodilló junto al lobo y le observó más de cerca.
Era imposible no mirarle.
Era… Dios, no sabía qué demonios era pero ahí estaba él, incapaz de quitarle los ojos de encima por miedo a que se esfumara.
Hasta que escuchó la voz de Scott pidiéndole que lo ayudara a meterlo en el coche Stiles no reaccionó. Y cuando llegaron a Beacon Hills fueron directamente a la veterinaria, Lydia había llamado a Deaton durante el viaje y lo había puesto al corriente de todo.
–¿Pero cómo es posible que él sea… Derek? –habló la pelirroja, que durante todo el trayecto había estado pendiente de que el hombre lobo se encontrara cómodo.
–Es algo difícil de explicar, creo que estamos delante de una maldición, por así decirlo. –Contestó el druida, que miraba el cuerpo de Derek tendido sobre la camilla.
–¿Una maldición? –Stiles que se había quedado sin palabras desde que todo aquello había comenzado, habló con la voz algo ronca. –¿Como la maldición de una bruja o un ritual satánico de esos?
–Se podría decir que sí, pero hasta que no despierte no podemos estar seguros.
–¿Pero cómo es posible que algo así pueda pasar? –Scott se había mantenido todo el rato a una esquina de la habitación –Quiero decir, ¿habías visto algo como esto antes?
–Si he de ser sincero… no, nunca. –Deaton bajó la cabeza, examinando más de cerca al lobo.
–Genial. Entonces, ¿Derek sigue siendo Derek? –Stiles no supo de dónde vino ese temblor en su voz cuando lo preguntó.
–Seguramente. Aunque también cabe la posibilidad de que tenga alterada la memoria.
–¿En qué sentido? Quiero decir, vale que no sea físicamente como el Derek que conocemos pero… pero sigue siendo él, ¿no? No es como si fuera una persona completamente diferente, ¿verdad? Sigue… sigue siendo nuestro Derek.
¿Nuestro?
Definición de nuestro: Relación de pertenencia entre lo poseído y dos (o más) poseedores.
¿Pertenencia? ¿Había llamado mío a Derek? Sí, lo había hecho.
El emisor se tomó un tiempo en responder a su pregunta. Había visto el pánico en los ojos de Stiles y sabía que debía elegir bien sus palabras. –Eso solo lo sabremos cuando despierte. Hacer conjeturas ahora no servirá de nada hasta que no esté consciente y sepamos a lo que nos enfrentamos.
Stiles suspiró y Scott se acercó poniéndole una mano en el hombro. –Hey, ¿estás bien?
–Sí, es sólo que… -sacudió la cabeza. No comprendía cómo había llegado Derek a ese punto, ni lo que le habían hecho. ¡Y nadie podía explicarle el motivo! –Es que es joven. ¿Por qué es joven? ¿Cómo es posible que sea joven? ¡¿ES QUE NO VÉIS QUE ES JOVEN?!
–Stiles, tranquilízate. Respira.
–Lo mejor será que os vayáis a casa y descanséis un poco. Ha sido un viaje duro. –Deaton se giró de camino a la puerta.
–¿Y qué pasa con él? –Lydia que se había mantenido en silencio habló mirando a Derek y después a los demás. –No puede quedarse aquí, necesitará dormir en una cama.
–Me quedaré con él.
–Stiles estás agotado.
–No importa. Alguien tendrá que vigilarlo, ¿no? Además, ese sofá tiene buena pinta. –Señaló el banco de metal anclado a una de las paredes.
–Eso ni siquiera es un sofá. –Replicó Scott enfadado. –Ya me quedaré yo vigilándolo esta noche. Vosotros iros a casa.
–No, Scott. ¿Qué pasa con tu madre?
–¿Y qué me dices de tu padre? –preguntó Lydia.
–Bueno… -Stiles titubeó- lo llamaré y lo entenderá.
–Pero…
–No.
Y mientras los tres se enfrascaban en una discusión por quién se iba y quién se quedaba Deaton, la voz de la razón, habló. –Tengo una idea. Por qué no mejor volvéis a subirlo al coche y una vez dentro, que cada quien decida quién se lo quiere quedar.
Los tres lo miraron y el emisario se dio la vuelta deseando que se fueran para volver a casa y dormir.
–Parece un buen plan –dijo Stiles mientras por dentro se reía al imaginarse la cara que pondría Derek si pudiera oírlos hablar de con quién se quedaba, como si fuera una mascota.
Scott puso los ojos en blanco porque sabía que ese “volvéis a subirlo al coche” era más bien un “yo soy el que tengo que cargarlo y subirlo mientras estos dos me miran hacerlo.”
–Ventajas de ser tener superfuerza. –Había dicho Stiles mientras abría la puerta y encendía el motor. Primero pasaron dejando a Lydia y después decidieron que era mejor que Derek se quedara con Stiles, porque esa noche su padre tenía doble turno y no llegaría hasta pasada la madrugada y no querían despertar a Melissa con sus ruidos.
–¿Estás seguro de esto? –le preguntó Scott una vez habían puesto el cuerpo del hombre lobo encima de la cama de su habitación.
–¿Es que quieres volver a bajarlo por las escaleras?
–¿Bromeas?
Stiles le sonrió y Scott decidió no insistir. Una vez estuvieron en la puerta Stiles le dijo que se llevara el jeep para que no fuera andando y Scott le hizo prometer que lo llamaría si ocurría algo. De vuelta en la casa, cogió el portátil y se sentó en la mesa de la cocina decidido a encontrar respuestas mientras que la cafetera se iba llenando, puesto que, aunque no le gustara, necesitaría dosis en grandes cantidades si no quería quedarse dormido.
