Actions

Work Header

Little Ducky

Summary:

El bebé hace un ruido que hace reír a Draco entre las lagrimas, pues suena extrañamente como el de un patito enfadado.

Y Draco lo ama, lo ama con cada pedazo de su ser, con todo su corazón y toda su alma.

–Hola, Ducky.

 

//Omegaverse Drarry (Harry Alfa x Draco Omega)//

Notes:

Hola hola hola

Si estáis aquí buscando el típico omegaverse con sus celos, olores, nidos y nudos, esto es posible que no sea vuestro fic. Yo solo quería escribir un mpreg con Draco teniendo al hijo de Harry en la clandestinidad y sobreviviendo a la guerra, para eso necesitaba un contexto, y el universo omegaverse era lo más fácil.

Así que esto es un mpreg, por eso hay aviso de sangre, nacimiento y una pequeña mención al aborto.

Cronológicamente la historia sucede durante HP y las reliquias de la muerte, pero hay cosas cambiadas con respecto al canon: Draco nunca sufrió el sectumsempra, Sirius no esta muerto, Remus no esta casado con Tonks (viva el Wolfstar) y Harry nunca salió con Ginny.

Tras explicar esto... ¡Espero que disfrutéis de la historia!

Este trabajo también ha sido publicado en Wattpad por mi misma (VernicaCalvete). No copiar.
No apoyo a JKR y sus puntos de vista transfóbicos.

Chapter 1: PARTE I

Chapter Text

 

 

 

Las primeras veces hay más rencor y furia pasional que cualquier otra cosa.

Ambos desesperados. Draco cabreado porque su plan no está saliendo como quiere, haciendo que las espadas que el Señor Tenebroso ha puesto sobre las cabezas de sus padres se tambaleen peligrosamente. Potter… Bueno, Potter siempre le ha odiado, así que entiende por qué hay desesperación por su parte a la hora de dominar el beso.

Un beso que, si es sincero, tampoco es tan bueno, lo cual es un poco decepcionante, pues se esperaba más de Potter (Draco sabe que besa bien, así que es la culpa de Potter, obvio).

Y aunque se separan dedicándose insultos, dos días después vuelven a caer uno contra el otro. ¿No quería Dumbledore que hubiese integración entre las casas? Pues aquí está el príncipe de Slytherin haciéndole la mejor paja al Niño Dorado de Gryffindor.

−Esto no volverá a pasar. –Dice Potter mientras esconde su miembro ya flácido en sus calzoncillos.

−Nunca más.

El “nunca más” dura otro día, y esta vez el beso es mucho mejor y es Potter quien le devuelve el favor, demostrando que puede ser bastante buen estudiante cuando le interesa. Después de eso, se vuelve rutina.

Potter siempre se encarga de buscarle, aunque tampoco es que Draco se lo ponga muy difícil, ya que siempre es él quien les lleva a algún rincón del enorme castillo. Porque Potter puede tener la capacidad de escabullirse (todos lo podrían hacer si tuvieran capas de invisibilidad), pero es bastante virgen e inocente con respecto a los lugares donde van las parejitas.

−Pensé que la chica Weasley te tenía bastante saciado. –Dice una noche mientras Potter se engancha a su cuello como si fuera un maldito vampiro. Hará el trabajo del Señor Tenebroso como le deje alguna marca.

Potter se separa para mirarle con el ceño fruncido.

−Ginny y yo nunca hemos estado juntos. –Dice, y aunque a Draco le gustaría burlarse, lleva años observando a Potter y sabe cuándo miente y cuando no- ¿Con quién te has acostado tú?

Esta vez, Draco sí que se burla.

−¿Y a ti que te importa?

−Cuéntamelo. –Y hay algo en el tono de Potter que le dice a Draco que no solo se refiere a sus ex amantes (mejor dicho, ex amante, solo se ha acostado con Theo) si no a lo que hace en la Sala Que Viene y Va, porque Potter sabe que trama algo.

−No. –Dice con firmeza.

Verde y gris se miran por unos largos segundos hasta que es Potter quien se vuelve a inclinar para besarse con la misma ira con la que acostumbran. Entre líneas se queda el que nunca hablaran de eso.

Pero, como había dicho al principio, el rencor y la furia se van marchando dando paso a otros sentimientos.

Draco se dice que es culpa del celo que es detenido abruptamente por los supresores, pues Merlín no quiera que algo tan biológico como el celo interrumpa su misión, misión la cual cada vez empieza a ir peor, haciendo que no duerma, que no coma y que sus lágrimas sean detenidas por una presa mental de pura fuerza de voluntad.

Todo eso tiene la culpa de que, cuando una noche los besos y las manos de Potter se vuelven más insistentes, pero a la vez dulces, porque Potter puede ser un alfa, pero no de esos dominantes, Draco ceda en que se acuesten.

Y es maravilloso. Ninguno de los dos tiene idea de cómo se hace, terroríficamente vírgenes, pero consiguen encajar y acomodarse uno al cuerpo del otro. Así que, cuando Potter (Harry, piensa) le lleva al orgasmo no puede evitar llorar. El chico de cabello desordenado (quien diría que se podría desordenar más, y todo gracias a las manitas de Draco) le besa las mejillas tiernamente y limpia sus lágrimas, sin comentar en ningún segundo porque Draco llora o porque no se ha quitado la camisa.

Los dos saben que es lo que está ocultando.

 

* * * * *

 

Draco no puede hacerlo, no puede matar al viejo. Y no porque no quiera, pues es Dumbledore o sus padres, sino porque cuando levanta la varita no puede evitar pensar en los ojos verdes de Harry, ligeramente acuosos y llenos de placer mientras Draco le montaba.

Es Snape quien lo hace y quien se encarga de sacarle de ahí, las risas de su tía Bellatrix resonando en sus oídos al igual que los hechizos y maldiciones que evitan en su camino para salir del castillo.

−¡Cobarde! –El bramido alfa le detiene casi como si hubieran utilizado la Voz en él, haciendo que su padrino casi choque contra su espalda mientras los dos se giran para mirar a Potter.

El corazón de Draco se agrieta al pensar que se lo está gritando a él.

−¡Snape, eres un cobarde de mierda! –Harry esta con la varita levantada, y aunque es un alivio que no se lo esté gritando a Draco, la preocupación estalla en él cuando Potter cae por un hechizo y empieza a gritar de dolor.

−¡No! –Brama Severus, y es entonces cuando se da cuenta de que había sido otro mortifago (uno de los Carrow cree) el que había lanzado el crucio a Potter- ¿Has olvidado las ordenes que te dieron? ¡Potter es del Señor Tenebroso! ¡Tenemos que dejarlo! ¡Vete! ¡Largo de aquí! –Las últimas ordenes son para él, y aunque quiere quedarse, disculparse con Potter, no tiene más remedio, por lo que se marcha, una retahíla de “lo siento” dirigidas a Harry sonando en su mente.

 

* * * * *

 

Pueden ser los nervios, se dice a si mismo después de estar casi una semana entera levantándose con nauseas.

Tiene un psicópata en su casa acompañado por una serpiente mortal, sus padres parecen fantasmas de lo que alguna vez fueron y hay numerosos alfas diciéndole soeces proposiciones cada vez que pasea por su propia casa. Su casa que ya no se siente su casa. O, mejor dicho, su casa que se ha reducido a las cuatro paredes de su habitación.

Su “casa” mejora la noche que su madre aparece a altas horas para consolarle. Nunca había asistido a las clases de la profesora Burbage, tampoco cree que alguna vez haya hablado con ella, pero ser testigo de su muerte y después de como Nagini… como… Draco va a estar de nuevo enfermo, y eso no le va a ayudar, suficiente tiene por las mañanas.

−Au clair de la lune on n’y voit qu’un peu… -Su madre está cantando con su tranquilizadora y suave voz la canción de cuna que le cantaba cuando era pequeño, haciendo maravillas con sus nervios- Sur chercha la pulme, sur la chercha du feu… -Narcissa aparta cariñosamente su cabello, el cual está empezando a crecer demasiado, cuando se detiene abruptamente.

Al principio, Draco no entiende porque se ha callado, no puede escuchar nada más allá de su puerta gracias a los hechizos que ambos han puesto para conseguir privacidad. Pero entonces su madre toca un punto en su cuello y se nota arder, alejándose de ella con un grito entrecortado de dolor y asombro.

−¡¿Qué ha pasado?! –Mira a su madre con el ceño fruncido para encontrarse que esta le está mirando con los ojos muy abiertos y una expresión de absoluto horror en su cara- ¿Madre? –Dice sin entender, la ansiedad creciendo.

−Tu glándula… -Murmura su madre, aun con la misma expresión. Draco aparta lentamente la mano que había posado en su cuello, como si eso le pudiera evitar el dolor que había sentido en el primer momento.

Ahora que se da cuenta, donde había rozado su madre estaba la glándula de apareamiento, la cual sabe que no duele, o por lo menos a él nunca le ha dolido, por eso no entiende la desesperación de su madre, mucho menos cuando le obliga a seguirla al laboratorio de Snape.

Si fuera por él, estaría quejándose todo el camino, pero la preocupación de su madre por recorrer los pasillos en máximo secreto mientras van hacia donde se ha asentado su padrino (un ocupa más, pero este un poco más bienvenido que el resto de mortifagos) le hace mantenerse en silencio.

−Narcissa, Draco. –Si Severus se ve sorprendido al verlos entrar a esas horas de la noche no lo demuestra- ¿Puedo ayudaros?

−La glándula de Draco esta inflamada. –Es la primera vez que su madre dice algo desde que salieron de su habitación, y aunque quiere quitarle importancia, la mirada fija que le dedica el ex profesor de pociones le cierra la boca.

−¿Desde cuándo? –En un principio no sabe si la pregunta es para él o para su madre, pero cuando ambos le miran, se encoje de hombros.

−Es la primera vez que me duele. –Snape y Narcissa se miran como si estuvieran teniendo una conversación silenciosa y telepática entre ellos- ¿Qué pasa? –Empieza a notar como su carácter empieza a crecer- Seguro que es el estrés…

−Las gandulas no se inflaman por el estrés. –Dice Snape antes de girarse, haciendo que su capa ondule (dramático), hacia sus estanterías llenas de pociones- Solo se inflaman por dos motivos.

−Celo o embarazo. –Dice su madre en voz tan baja que le cuesta escuchar.

−Tomo supresores. –Resopla, pero… No- Imposible. Tiene que haber otro motivo.

−Los supresores si pueden fallar por el estrés. –Dice Snape sin darse aún la vuelta, y Draco se siente palidecer.

Pero él no ha estado con ningún alfa en un celo, su último celo fue detenido abruptamente, es imposible que este embarazada.

−¿Has compartido lecho con algún alfa, Draco? –Pregunta su padrino, por fin girándose para mirarle, una poción en su mano.

Nota como la vergüenza sube a su rostro en forma de sonrojo.

−¡No! No he estado con ningún alfa…

Pero sabe que es mentira. Sí que ha estado con un alfa. Uno en específico. Pero eso no significa nada, esto es un error.

−Draco… -Dice su madre, quien esta tan pálida como él o incluso más- ¿Has estado con un alfa? –Repite.

Y Draco es muy buen mentiroso, siempre lo ha sido, pero no puede mentir a su madre. Y pese a que lo intenta abriendo la boca, nada sale de esta.

Aun con la mirada de pavor y su palidez, Narcissa saca su varita de entre sus túnicas y la dirige hacia Draco, quien tiene el momentáneo miedo de que su madre vaya a hechizarle. Pero las palabras en latín que pronuncia no le hacen daño, solo hace que sienta un peso extraño en su estómago, como si un globo se hubiera inflado de golpe y luego explotado, haciendo que desde su ombligo aparezca una pequeña filigrana de oro que rodea sus caderas.

Su madre se lleva la mano a la boca y deja salir un jadeo al mismo tiempo que Snape (¡Snape!) maldice sonoramente.

No puede ser.

 

* * * * *

 

−¿De quién es? –Pregunta Snape, los tres sentados en la mesa del laboratorio, Draco aun en shock.

No puede estar embarazada. Es imposible. Potter y él se acostaron, eso sí que es cierto, y es la única persona con la quien lo ha hecho, pero nunca en su celo. Él toma supresores, Potter también, y todo el mundo sabe que las posibilidades de que un omega se quede preñado sin pasar por un celo son mínimas.

A no ser que alfa y omega sean almas gemelas.

Joder, no, suficiente tiene.

No se supone que esto fuera así.

Es un omega de una importante familia sangre pura que se casará con un alfa de otra familia sangre pura importante, llevando a sus hijos después del matrimonio. No se suponía que se quedara embarazado a los 17 años, en plena guerra y del hijo del mismísimo indeseable número uno: Harry Potter.

Mira a su madre, a la cual nunca había visto tan afectada, y eso que pensaba que el día que tomo la Marca Tenebrosa su madre estaba a punto del desmayo. No puede decirle quien es el padre. Su madre, ante todo, es una Slytherin, y si ve una oportunidad en el feto de salvarse a ella y a su familia, utilizando la maldita valentía Gryffindor de Potter para salvar a su bebé, lo hará, aunque eso conlleve sacrificar a un niño… O a Draco.

Porque si su madre piensa que el Señor Tenebroso le dejara vivir pese a que entregue al bebé y a Potter… Eso no va a pasar.

Así que, intentando poner su mejor expresión en blanco y alzar las paredes de Oclumancia que el propio Severus le enseño, mira a la cara de su padrino y responde.

−No lo sé.

Su madre suelta un ruido extraño que no sabría cómo definir, sosteniendo su antebrazo libre de Marca con tanta fuerza que Draco tiene que resistir el impulso de retorcerse. No le gusta que su madre le trate así.

−Draco…

−No lo sé, madre. –Esta vez, la mentira sale más fácilmente- No sé quién es el otro padre. –Le da igual lo que piense su madre de él, no entregara a Potter, él no llevara esa culpa sobre sus hombros- Pero es sangre pura. –Otra mentira, esta vez más complicada de decir, pero no cree que su madre se dé cuenta, pues le suelta para llevar todo el poder de sus ojos azules a Snape.

−Sácaselo. –Snape alza una ceja- No puede tener a un bastardo.

Antes de que Draco pueda discutir, Severus habla.

−Esa es decisión de Draco.

En ese momento, Draco sabe que es Snape sabe, o al menos sospecha quien puede ser el padre. Pero del mismo modo que Snape sabe quién es el otro padre del bebé que lleva Draco, ahora Draco sabe que Severus no es del todo fiel al Señor Tenebroso, las sospechas de que era un espía para la Orden confirmadas.

Ambos se miran en silencio durante unos segundos, como si se retaran a hablar, pero su madre vuelve a intervenir.

−¡Draco es un niño! ¡No puede tener un…! –Su madre no puede ni decir la palabra, atragantándose con ella.

−Draco es mayor de edad. –Discute Snape- Es su decisión si quiere cargar con un bastardo que ensuciara todo su futuro o no.

La idea de dejar que Snape le haga un aborto es tentativa. Draco no tenía muchas oportunidades de sobrevivir a la guerra antes, si era totalmente honesto, ¿pero ahora? ¿teniendo al hijo de Potter? Las posibilidades han bajado a menos cero drásticamente. Y, aun así, Draco no quiere que se lo quiten.

Porque si Draco piensa en los ojos verdes, en como estuvieron los dos juntos ignorando que afuera había dos bandos enfrentados, solo ellos, no puede hacerlo. Y piensa también en las historias que ha escuchado de como los padres de Potter murieron, defendiendo a su hijo hasta su última respiración. Y puede que esa pequeña cosa no tenga ni dedos ahora mismo, pero Draco moriría y mataría por él, incluso contra sus padres.

−Voy a tenerlo. –Dice con toda la seriedad que es capaz de reunir.

Su madre rompe en lágrimas a la vez que Snape empieza a explicar cómo van a esconderlo.  

 

* * * * *

 

Un embarazo en un omega masculino es difícil, pero si ese omega no tiene a su alfa con él y encima esta en medio de una guerra lo difícil se vuelve muy difícil.

Snape le había avisado, pero nada le iba a quitar la idea de tener a su bebé. Da igual las miradas extrañadas de su padre, quien no sabe nada, o las de su madre, que se debaten entre la pena y la decepción. Hay veces que piensa que el único que de verdad le apoya es el elfo de Hogwarts que Severus manda para que ayude a ocultar el embarazo de Draco con su magia.

Dicho elfo no es otro que Dobby, el antiguo elfo de su familia el cual fue liberado por un motivo que Draco no conoce. Lo bueno del elfo es que conoce todos los secretos de la Mansión Malfoy gracias a los años de servidumbre; lo malo es que es fan de Potter, porque resulta que Draco tenía razón cuando se burlaba de Harry y sus supuestos fans.

Dobby es capaz de lazar un fuerte hechizo de glamour para que su pequeña hinchazón de estómago no se note, y aún más importante, que nadie pueda captar su olor. Esto último no está muy seguro de como lo hace el elfo, pero lo agradece, sobre todo cuando Rabastan Lestrange (algo así como su tío político o algo así) le dice que ha perdido su agradable olor a omega para ahora apestar a donde quiera que vaya.

No es agradable cuando le dicen que apesta, pero eso evita que se acerquen, sobre todo la serpiente, que al parecer también es afectada por la magia del elfo. Y si la serpiente no se acerca, el Señor Tenebroso tampoco, aunque esto no quita que Draco no siga teniendo funciones como mortifago.

Y, pese a que Draco odia ahora mismo lo que significa ser un mortifago, casi lo prefiere antes de enfrentarse a sus funciones como hijo.

−Volverás a Hogwarts. –Dice su padre, el tono severo clásico de los alfas en su voz.

−No creo que el pequeño dragón lo necesite. El Señor Tenebroso tiene planes para él.

Nunca pensó que diría esto, pero gracias tía Bella.

−Draco necesita sus ÉXTASIS. –Discute su padre, dando vueltas a la copa de vino, su madre callada, sin mirar a ninguno de los dos hombres de su familia.

−¿Desde cuando un omega ha necesitado estudios para abrir las piernas? –Rodolphus se burla, haciendo que su esposa se ría como la maniática que es, su padre cierre la boca con un chasquido y Draco se sienta palidecer al igual que su madre.

−El heredero Malfoy no abre las piernas para nadie.

Si su padre supiera…

A veces tiene la loca idea de decírselo. Decirle que lleva al futuro heredero de la casa Malfoy en sus entrañas. Pero no solo de la casa Malfoy, sino también de la casa Potter, y si los rumores son ciertos y Sirius Black (ahora Lupin) ha adoptado a Harry, también de la más Noble y Ancestral Casa de los Black. Luego escucha como los mortifagos torturan y asesinan a familias enteras, sin importar la edad de sus miembros inocentes, y la idea desaparece de su mente.

 

* * * * *

 

La noticia de que Potter y sus compinches han entrado en el Ministerio de Magia y conseguido salir sanos y salvos corre como la pólvora. Internamente, Draco agradece de que están bien, externamente no intenta mostrar lo perturbado que esta cuando el Señor Tenebroso le obliga a torturar a los mortifagos que no consiguieron atrapar al Niño Dorado.

−El estrés no ayuda. –Dice cuando Snape comenta que su bebé no es tan grande como se esperaría.

−A este paso nacerá antes de tiempo. –Responde su padrino como si nada.

Lo cual hace que se preocupe de sobre manera, ya no solo porque le esté haciendo daño al bebe que ahora puede notar “bailotear” por su vientre, sino en cómo va a darle a luz en una casa donde el mismo Señor Tenebroso vive.

 

* * * * *

 

La noche del uno de septiembre, después de que se despidiera de sus amigos en el andén, sueña que vuelve a estar en frente de la locomotora roja, una pequeña mano sujeta a la suya.

Cuando mira hacia abajo, una cara redonda y pecosa con ojos grises como los suyos y el pelo tan negro como el del hombre a su otro lado le sonríe.

Desde entonces, piensa que su bebé es un él.

 

* * * * *

 

Draco empieza a investigar sobre el parto a escondidas, lo cual no hace nada para ayudar a su salud mental. En momentos como estos le gustaría poder preguntarle a su madre como fue su propia llegada al mundo, pero su madre se niega incluso a mirarle más de dos segundos, y mucho menos a mencionar que hay un bebé pese a que es ella quien le da las pociones nutritivas (las cuales saben horribles) que prepara Snape.

Pese a ello aprende varias cosas: va a necesitar ayuda y necesita un lugar seguro.

Lugar seguro y su casa ya no van en la misma línea. Ni siquiera su habitación es un lugar en el que se sienta seguro para hacer algo tan íntimo y peligroso como es dar a luz.

Pero tampoco es que tenga muchas opciones.

−¿El bebé está siendo saltimbanqui? –Pregunta Dobby cuando le observa fruncir el ceño al último libro sobre anatomía omega que estaba leyendo.

−Solo hace esas cosas por la noche.

No es que Dobby sea su amigo, nunca lo pondría en la misma cesta que Pansy o Greg, por ejemplo, pero cuando es el único que no mira a Draco como si se hubiera vuelto loco y no ignora la presencia del bebé, se le toma cariño.

−Los elfos de las cocinas de Hogwarts dicen que el té de jengibre es bueno. –Dice con su voz chillona el elfo.

−Odio el jengibre. –Hace una mueca solo de imaginar el sabor. Aunque teniendo en cuenta que también odiaba el zumo de tomate y no puede dejar de tomarlo, le hace pensar que la cosita en su estómago a lo mejor también prefiere el té de jengibre ¿O son los genes de Potter? Merlín, espera que no, suficiente tiene con saber que tendrá que mentir cuando el bebé nazca con el cabello negro (no puede luchar contra la genética).

−¿Manzanilla? ¿Tila? ¿Poleo menta?

−No necesito infusiones. –Resopla girándose para mirar al elfo- Simplemente necesito poner todo en orden para cuando llegue el momento.

−El maestro Snape dice que aún quedan meses.  

−Si se parece en algo a su otro padre, seguro que piensa que es gracioso llegar antes de tiempo y de sorpresa. –Se queja apretándose el puente de la nariz con los dedos- No sé a quién engaño, no es como si aquí hubiera un lugar seguro.

−¿Eso es lo que necesita el maestro? –Las orejas del elfo tiemblan como las de un animal excitado- ¿Un lugar seguro?

−Sí, pero… −Dobby no le deja terminar de hablar cuando ya ha desaparecido con un chasquido.

Puede que el elfo le ayude a esconder el embarazo como tal, pero no cree que pueda ayudarle a buscar un sitio seguro dentro de la Mansión (descartado queda el que pueda salir de ella e ir a la seguridad y a los sanadores de San Mungo).

Pero Dobby le demuestra que puede estar completamente equivocado, cuando cuatro días después le lleva a escondidas hasta la zona más profunda de las cocinas y allí aparece una pequeña puerta que les lleva a un pequeño hueco que debería servir como despensa para la bodega.

Aún hay barriles sin pudrir, y aunque el lugar es asqueroso, frío y húmedo, está escondido y es imposible que lleguen a él visitas indeseadas, sobre todo si se protege bien con hechizos.

No es San Mungo, pero le tiene que servir.

 

* * * * *

 

Es a finales de noviembre cuando su madre parece aceptar que Draco tendrá a su hijo (ahora está casi al 80% seguro de que es un niño pese a que no quiere que Snape averigüe el género).

Draco ya no puede ir a ningún lado sin los fuertes hechizos de Dobby, su vientre que salta con los movimientos de su bebé no se puede ocultar sin la ayuda de la magia. Y del mismo modo que ha crecido su cuerpo, también lo hace el miedo de que lo descubran, por no hablar de las ganas de vomitar que siente cada vez que piensa en el parto y en que hará después.

Le gustaría decir que eso en comparación con el miedo que siente a la guerra y al Señor Tenebroso es un juego de niños, pero no engaña a nadie.

Por eso cuando su madre se acerca a él en la biblioteca, en una extraña situación en la que están relativamente solos en la Mansión, Draco siente que puede respirar mejor, lo cual el bebé agradece con sus peculiares volteretas. Digno hijo de Potter.

−Severus dice que estas convencido de que es un niño. –Murmura Narcissa sin levantar la vista de su libro, como si hablara del tiempo.

−No puedo dejar de soñar con un niño. –Confiesa, y es que el niño pecoso con rizos negros y ojos grises sigue apareciendo en sus sueños, haciendo que crezca un gran anhelo en él.

−¿Has pensado en un nombre?

No, no lo ha hecho. Es un poco estúpido, si lo piensa, pues lleva semanas aprendiendo sobre el parto y una cosa debería ir de la mano con otra. Pero sabe que ponerle un nombre al bebé es aceptar que ha llegado a este mundo y corre un grave peligro. Además, está seguro de que el nombre vendrá a él del mismo modo que el niño viene a sus sueños.

−Seguiré la tradición de los Black.

No sabe si eso tranquiliza a su madre, o acaso la alegra, pero al día siguiente en su cama hay un pequeño conjunto blanco tan pequeño que Draco no puede hacer otra cosa que llorar abrazado a él.

 

* * * * *

 

La nieve llega, así como la caza a los nacidos de muggles y mestizos.

La fecha de parto prevista de Draco (más o menos, no sabe cuándo exactamente se quedó embarazado en sus encuentros con Harry) también, como un reloj de arena al que poco a poco se le acaban los granitos.

Sigue sin tener un nombre, aunque el lugar que encontró Dobby para él está limpio y armado con mantas y pociones que poco a poco han ido llevando.

Hay días que siente que puede hacerlo, pero hay otros en los que cree que fallara en el intento.

 

* * * * *

 

Es en la noche de Navidad cuando la Marca Tenebrosa en sus antebrazos arde. Y eso solo puede significar una cosa: Lord Voldemort ha encontrado a Harry Potter.

Todo es un desastre, pues nadie sabe exactamente qué pasa, pues el Señor Tenebroso no llama a sus mortifagos a luchar. Para Draco es un alivio por dos motivos: no sabe cómo reaccionaría si tuviera a Potter delante en una batalla cuando esta tan preocupado por él (no va a analizarlo los sentimientos detrás de eso) y encima hoy se siente mucho más cansado de lo normal.

Habían ocultado su incomodidad con un resfriado, pero él sabe perfectamente que es culpa del bebé. Si no tuviera tanto miedo al parto estaría deseando que saliera ya para tener su cuerpo para él solo.

No debería haber deseado.

Potter no es atrapado por el Señor Tenebroso y, aun así, este parece emocionado por un motivo que todo el mundo desconoce, pero que hace que mande a todos los mortifagos en la búsqueda de Harry, o por lo menos a cazar a algún miembro de la Orden.

−Si encontráis a muggles entre medias, ya sabéis lo que hacer. –Se burla Rabastan antes de salir.

−Mi primo y su perro son míos. –Escucha que dice Bellatrix antes de salir por la puerta, seguida por su madre que le dedica un beso en la mejilla y un pequeño apretón de manos.

La mentira del resfriado cuela lo suficientemente bien para que se pueda quedar en casa, aunque sea con su padre, pero teniendo en cuenta que este lleva borracho desde primera hora de la mañana, o ayer, es como si estuviera solo. Así que, aprovechando la relativa soledad elige bajar hacía el rincón.

Acaba de entrar en la pequeña habitación cuando la incomodidad de antes se vuelve dolor, una mueca en su rostro, pero Dobby, que estaba ahí haciendo a saber qué, no se da cuenta, demasiado hiperactivo, aunque eso no es nuevo.

−¡Dobby escucho el rumor de que el Señor Tenebroso atrapó a Harry Potter!

−Solo es un rumor. –Habla a través del dolor- Solo ha sido… un encuentro. –Quizás llamarlo “encuentro” no es lo más correcto, pero se le está complicando pensar, así como escuchar la siguiente diatriba aliviada de la criatura.

−¿Se encuentra bien, maestro Draco?

Quiere asentir, quitarle importancia, pero el pinchazo en su bajo vientre se repite y, para su vergüenza, sus pantalones se humedecen de repente, notando como un líquido baja por todo el largo de sus piernas hasta el suelo. Cierra los ojos, como si de algún modo eso le evitara la situación de que se acaba de mear encima. Maldito embarazo y su vejiga delicada por culpa de este.

Dobby chilla y eso le hace abrir los ojos de nuevo. No va a castigarle (ya no hará eso, se lo ha prometido a su bebé), pero no dejara que le ayude a cambiarse como si fuera un inútil, es perfectamente capaz de hacerlo él solito.

−¡Maestro Draco! ¡Ha roto aguas! ¡El bebé viene!

¿Ha roto aguas? Mira hacia abajo, hacia el charco que poco a poco se empieza a formar en sus pies y que no tiene el aspecto de los orines, ni siquiera el olor.

¿El bebé viene? Imposible, calcularon que sería aproximadamente la última quincena de enero y es Navidad. No puede ser, se dice, pero el dolor se repite y esta vez un jadeo escapa de su boca.

Merlin, Morgana y los Fundadores, ¿está de parto?

Su cerebro no está haciendo las conexiones adecuadas, y que Dobby este chillando no está ayudando.

−¡Cállate! –Y puede que el elfo ya no obedezca a ningún mago, pero se calla y se detiene frente a él con sus grandes ojos llenos de nerviosismo, lo cual no necesita porque está empezando a notar los suyos propios- Dobby, ve a buscar al profesor Snape, cuéntale lo que está pasando. Me quedare aquí. -No sabe cómo es capaz de sonar tan tranquilo.

−Sí, señor. –Dobby se estira como si fuera un pequeño soldado y un segundo después desaparece con un chasquido de sus dedos.

Draco se queda dónde está, aun asimilando lo que está pasando. Lentamente, una de sus manos baja a su vientre, notándolo duro y más bajo que de costumbre.

−¿Puedo convencerte para que te quedes dentro un poco más? –Murmura. Siempre que ha hablado en alto con su vientre, es decir, con su bebé, se ha sentido un poco estúpido, sabiendo que de alguna manera retorcida estaba hablando solo y a la vez no.

Hay un ligerísimo movimiento, similar al de las primeras veces que le noto moverse, y entiende que eso significa que no, que no puede esperar por mucho que sea antes de lo esperado y Draco no este lo suficientemente preparado.

Por lo que, como si su cuerpo no fuera el suyo, se mueve para sacar del baúl que habían dejado unos días atrás unos pantalones, otros calzoncillos y una toalla, queriéndose limpiar lo máximo posible antes de que Snape venga.

Mientras se lava no se atreve a mover los dedos mucho por la zona trasera de sus pequeños testículos, sabiendo que si ha roto agua y ha entrado en labor de parto allí debería estar la apertura que los omegas macho crean naturalmente para que nazcan sus hijos.

Da igual lo que dijeran los autores de los libros que leyó: esto no es un milagro, es dantesco.

Pero sin querer pensar en escenarios muy sangrientos, empieza a dar vueltas por el pequeño rincón seguro, agradeciendo su previsión de ir bajando toallas y mantas y haber limpiado el lugar, porque si esto llega a pasar cuando el lugar daba asco, Draco iba a desmayarse antes de que empezara la acción real.

Lanza un aguamenti a uno de los baldes de porcelana que Dobby le había ayudado a traer y acomoda lo mejor que puede unas mantas, aunque su labor es interrumpida cuando vuelve el dolor (ahora ya sabe que son contracciones). Sabe que debería calcular el tiempo que hay entre una y otra y cuanto duran, pero la sensación hace que la respiración se le corte y que su cuerpo se doble incómodamente.

Eso debería hacerlo el alfa, piensa un poco furioso, pero el alfa en cuestión está a saber dónde, escondiéndose para que un maniaco no lo mate. Aun así, ¿no debería haber vuelto ya Dobby con Snape? Están tardando mucho, y la siguiente contracción hace que se tenga que sentar en el suelo, con la espalda apoyada en la pared.

−Mantén la calma. –Se dice a sí mismo; pero cuando las contracciones se repiten y él sigue solo en ese pequeño rincón escondido, el miedo empieza a atenazarle el cuerpo.

¿Dónde está Snape? ¿Por qué su madre se tuvo que ir? Él no puede hacerlo solo, no sabe cómo.

De repente está en el andén nueve y tres cuartos, y pese a que mira hacia el lado correcto, sabiendo que ahí encontrara al niño, este no está. Draco está solo y un grito sale de su boca. Esta gritando un nombre, y aunque su boca se mueve, no puede escuchar, su cerebro desconectado no está ayudando, pero el sigue llamando al niño, la angustia de no saber dónde está llenándole los ojos de lágrimas cuando no aparece por ningún lado.

Entonces, de entre sus gritos, alguien dice su propio nombre, pero no en el andén, sino en el mundo real y abre los ojos ¿Se ha quedado dormido o se ha desmayado? No lo sabe, pero quien está llamándole por su nombre es Dobby, quien parece angustiado.

−Dobby… −Dice aliviado, pero cuando mira a su alrededor en busca de la figura de su padrino, no lo ve- ¿Dónde está Severus? –Su voz suena rara hasta para sus propios oídos.

−¡Lo he intentado traer! –Grita Dobby, tirándose de las orejas con fuerza- ¡Pero no puede! ¡El maestro Draco tiene que esperar!

Esto no puede estar pasando, porque él no puede esperar. Sus ojos se humedecen, su temor aumentando.

−No. –Se queja con un pequeño sollozo entre sus labios- Tienes que traerle, Dobby… -Tiene que apretar los dientes cuando otra contracción lo alcanza- ¡Por favor, tráelo! –Gruñe.

Escucha el chasquido de la desaparición, pero está más concentrado en la nueva humedad que mancha los pantalones que se había puesto limpios.

Retorciéndose con incomodidad se los quita (aunque seguramente debería haber hecho esto antes) para observar que la ropa interior, antes de color gris, está empezándose a manchar de sangre. Su boca se abre en un grito silencioso de completo terror.

−Merlín… −Dice tan bajo que casi no se escucha ni él mismo.

Lleva la mano a través de sus calzoncillos, siendo fácil saber de dónde sale la sangre, pues esta es más cálida cuando se acerca a la apertura. No puede recordar si la sangre es normal o no, pero si recuerda las partes que hablaban del instinto y las cuales ignoro principalmente al creer que eran ilógicas, aunque sabe que ahora es el instinto quien le hace quitarse también los calzoncillos y apretar una toalla contra la “herida” para limpiar la sangre lo máximo posible y, haciendo un gran esfuerzo para incorporarse, intenta mirarse. Sería mejor con un espejo, pero no está seguro de si su varita sigue donde la dejo a su lado o no. La vista no le dice mucho, y por mucho que toque tentativamente con sus dedos, no es capaz de arriesgarse a adivinar si todo está bien o no.

−No vas a nacer hasta que haya alguien con nosotros. –Ordena a su vientre, pero su hijo tiene otros planes, porque la siguiente contracción le hace ver borroso.

Esta vez, cuando grita, el niño aparece. Esta solo y llorando, y Draco cree que va a llorar con él, porque esa imagen le está partiendo el corazón. Se pone de rodillas frente al pequeño, sus manos temblorosas intentando apartar las lágrimas que salen de los ojos grises y corren por las mejillas pecosas.

−No llores. Por favor, no llores. Estoy aquí. –Intenta tranquilizar al niño- No va a pasar nada. –Promete, mirando hacia todos los lados, buscando a lo que sea que haga llorar al niño.

Pero no hay ninguna amenaza, solo están ellos en la desierta estación, así que vuelve a centrarse en el pequeño, no estando muy seguro de como calmarle, pero lo único que se le ocurre es empezar a canta la nana que su madre le canta a él.

−Au clair de la lune, mon ami Pierrot, prête-moi ta plume pour écrire un mot…

Su francés al principio es tembloroso, pero cuanto más avanza en la canción y el niño poco a poco deja de llorar, su voz se vuelve más firme, más segura, su corazón reparándose ante esos ojos que le miran con algo cercano a la adoración.

Cuando termina hay unos segundos de silencio antes de que el niño pose una de sus pequeñas manos en sus mejillas y sonría.

−Papá… −Murmura.

−James…

Oh…

James. James. James.

Ese es, ese es su nombre. Siempre lo fue, desde el momento en el que supo que, contra todo pronóstico, esperaba al hijo de Harry.

Y ante la mención de su nombre, la sonrisa de su hijo se amplia y brilla tanto que Draco cree que podría competir contra el patronus que su alfa puede hacer.

Pero su bonita ensoñación es rota de golpe por el más crudo de los dolores, haciendo que Draco vuelva a la realidad abruptamente.

Sigue solo, el pelo pegándose a la frente por el sudor y la sangre acumulándose entre sus piernas. Y aunque sigue teniendo miedo, este no le paraliza, siendo capaz de llevar su mano al canal del parto, no solo notándola abierta, sino algo duro presionado contra ella.

Es James, está aquí, y Draco tiene que ayudarle.

Con un quejido se acomoda mejor contra la dura pared, sus dos pies apoyados firmemente en el suelo y sus piernas abiertas. Puede hacerlo, puede hacerlo, se repite como una oración en su cabeza.

La siguiente contracción le hace gritar tan fuerte que le pitan los oídos. Pero no va a detenerse pese a que tema que le puedan oír, o que ahora mismo lo único que quiere es que su alfa entre y le vea. “Mírame, soy fuerte, estoy pariendo a tu hijo” piensa su lado más omega e instintivamente primitivo.

Sigue gritando, aunque más bien parecen rugidos de un maldito león, hasta que la cabeza del bebé sale de su cuerpo.

El resto de James es igual de doloroso y sabe que se ha destrozado ahí abajo en su intento, pero el dolor no evita que sea consciente de sostener a James cuando este sale completamente con un chapoteo asqueroso y más sangre.

Es pequeño, delgado y está sucio, pero sus ojos están abiertos y sus brazos y piernas tiemblan tanto como las extremidades de su padre omega. Y su grito es lo más hermoso que ha escuchado Draco.

−James, James… −Repite apretando al bebé contra su pecho, limpiándole lo mejor que puede la pequeña cara con su camisa ahora inservible.

Su respiración y el latido del corazón calman lo suficiente a su bebé para que este deje de gritar y ambos se miren por primera vez a los ojos. No hay un color claro en los desenfocados ojos del recién nacido, pero Draco puede adivinar los tonos grises, así como el pelo negro indomable en la pequeña pelusa de su cabeza.

−Te pareces a tu padre. –Llora con una sonrisa, aunque cree que la nariz respingona es suya- Hola, James. –Repite, y el bebé hace un ruido que le hace reír de nuevo, pues suena extrañamente como el de un patito enfadado. Y Draco lo ama, lo ama con cada pedazo de su ser, con todo su corazón y toda su alma.

 

* * * * *

 

Está seguro de que esta vez sí perdió el conocimiento, porque le cuesta despertar pese a que está escuchando como intentan entrar en su lugar seguro.

Mira brevemente a su bebé, confirmando que aún sigue ahí, dormido, sucio y aun con el cordón umbilical uniéndolos. Sabe que tendría que hacer algo con esa información, pero estaba demasiado agotado y emocionado para pensar en eso. Y más ahora, cuando su única preocupación es alzar su varita (¿siempre la tuvo en la mano o es que acaba de invocarla sin palabras?) pese a que su mano tiemble increíblemente. Pero eso no le atemoriza. Lo que le atemoriza es lo que le puede pasar a James, y si va a morir para salvarle a él, se llevara a algunos malnacidos con él.

Cuando la puerta se abre, Draco lanza el primer hechizo cortante que se le ocurre, el cual es evitado por muy poco por el escudo que crea la varita de su madre. Su madre, que le mira con completa sorpresa entre su padrino y su padre, el cual acaba de descubrir que su hijo estaba embarazado y ahora tiene un nieto. Sorpresa.

−¿Cómo se llamaba mi peluche favorito de cuando era pequeño? –Su voz, al igual que sus manos, tiembla.

−Draco… −Dice su madre, bajando la varita, pero Draco no imita el gesto.

−¿Cómo se llamaba mi peluche favorito? –Insiste. Tiene que asegurarse.

−Maug. –La voz de su padre suena ronca, posiblemente de todo el alcohol que ha consumido- Era un dragón azul, aunque tu querías que fuera rojo como los bola de fuego chinos.

Y aunque ahora sabe que son quienes dicen ser y baja por fin su varita, la preocupación no desaparece de él.

−No me lo vais a quitar.

−No lo haremos. –Dice Severus, siendo el primero que avanza hacia él y se arrodilla a su lado- Necesitamos toallas.

La siguiente en moverse es su madre, pese a que aún le mira con sorpresa o como si no reconociera en el chico frente a ella a su hijo. El único que no se mueve es Lucius, quien le sigue observando sin asimilar lo que hay delante de él. Quizás siga borracho.

−¿Cuánto llevas sangrando? –Mira a Severus, desconcertado por la pregunta y mirando a sus piernas completamente manchadas y entumecidas- Draco, ¿Cuánto? –Insiste.

−N-no lo sé… −Su madre hace un ruido bajo que es devuelto casi a su vez por uno de James, quien está empezando a despertarse- Es un niño. –Puede notar en su propia voz el orgullo- Está bien… −Duda ligeramente, mirando entre su madre y el pocionista- ¿Está bien? –Él no sabe sobre bebés, quizás James no este del todo bien como Draco pensaba, lo cual le hace gemir de angustia- ¿Esta bien?

−Hay que cortar el cordón. –Dice Severus, y se giró para mirar al otro hombre- ¿Lucius?

Es tradición que el alfa sea quien corte el cordón umbilical, y está claro que Draco no tiene el suyo, así que eso solo deja a su padre con ese honor, lo cual también será un acto simbólico de reconocer al niño como parte de su familia.

Padre e hijo se vuelven a mirar, y Draco es testigo de cómo la expresión de su padre se cierra, lo que le hace volver a soltar un ruido de angustia y que James se agite contra él.

−Padre… Lo siento.

Siento no haber sido el hijo que esperabas de mí, siento decepcionarte, siento haber manchado tu línea de sangre (aunque eso, ahora mismo, es la última preocupación de Draco).

Su padre no contesta, pero su silencio y su posterior salida del lugar hablan por sí solas, haciendo que Draco vuelva a llorar, contagiando su llanto a James.

−No llores, mi Draco, no llores. –Le consuela su madre, apartando su flequillo húmedo de su frente para poder dejar un beso en ella- Yo lo hare, no pasa nada.

Esta agradecido por su madre, pero las lágrimas le impiden hablar, abrazándose completamente a su bebé.

 

* * * * *

 

−¿Ya has decidido su nombre?

Han pasado cinco días desde que James vino al mundo, y Draco está mayoritariamente recuperado, aun un poco dolorido, pero según Snape eso es normal. Y aunque deberían estar celebrando la llegada del año 1998, él y su madre se encuentran en el lugar seguro en el que Draco dio a luz y se ha convertido en la guardería improvisada del bebé.

No es la primera vez que su madre pregunta por un nombre, pero Draco se niega a decirle que se llama James. En realidad, el único que sabe su nombre es él, y planea que siga así. Decir su nombre en alto es como si encendiera un neón gigante sobre el niño: “ey, aquí está el hijo de Potter”. Draco ya tuvo un pequeño infarto cuando dejo que su madre cogiera a su nieto por primera vez y paso sus dedos por la pelusa negra de su cabeza. Su madre es una Slytherin, no va a creerse que hubo un salto atrás y los genes Black han salido en su hijo, y pese a que seguramente tenga sus sospechas, no dice nada.

Cuanto su madre menos sepa, mejor. Draco no olvida que unos pisos por encima de sus cabezas esta su tía la loca, así como otros seguidores del Señor Tenebroso. También agradece que su padre, pese a que no le hable y mucho menos le mire, mantiene en secreto la existencia del hijo de Draco.

−Creo que Hyperion sería un buen nombre. –Aporta su madre pese a que él se mantenga en silencio, sosteniendo el biberón contra la boca del bebé glotón.

−No le voy a llamar Hyperion. –Para empezar porque ya tiene un nombre, y en segundo lugar: James Hyperion suena fatal.

−Dijiste que le pondrías un nombre de estrella. –Regaña suavemente su madre.

−Y lo hare, pero no Hyperion.

Le ha cedido a Potter el primer nombre de su bebé, además, James tampoco está mal, pero el segundo será un nombre de estrella como la tradición Black indica.

Por unos instantes, pensó en darle el segundo nombre de su propio padre, así llevaría el nombre de sus dos abuelos, pero cuando Lucius empezó a tratarle como si fuera invisible lo descarto. Por no hablar de que Lucius Malfoy había hecho cosas horribles que un bebé puro e inocente no tenía por qué llevar asociadas.

Otro nombre descartado era Sirius. Potter solo se había corrido dentro y ya tenía el primer nombre, no le daría ese otro.

James Severus sonaba horrible y Potter y el propio Snape lo odiarían. Tampoco sonaban del todo bien James Orion o James Cygnus, tío y padre de Narcissa. Había otros nombres de estrellas que no le disgustaban, pero no llegaban a convencerle como sonaban detrás del James, como Scorpius o Altair.

−¿Y Arcturus? –Draco controlo su mueca a tiempo.

−¿Te gusta Arcturus?

−Muchos herederos Black han llevado ese nombre, por no hablar de que era el segundo nombre de mi primo.

−¿De Sirius? –Sonríe brevemente ante la mueca que se forma en los labios de su madre.

−No. De Regulus.

Ah, sí, Regulus Black.

Pese a que no era un nombre tachado del árbol genealógico de los Black, Draco no sabía mucho de él. Había sido Slytherin, jugo como buscador y había tomado la Marca Tenebrosa a la misma edad que Draco, pero luego había fallecido misteriosamente en extrañas circunstancias y nadie le había dicho nunca el motivo exacto a Draco. Aunque una vez había escuchado decir al marido de su tía que Regulus había seguido sus instintos omegas y había traicionado a la causa por un alfa, haciendo que el propio Señor Oscuro lo matara.

Había tantas similitudes entre Regulus y el propio Draco que se le arizaban los pelos de la nuca si lo pensaba detenidamente, haciendo que el nombre de James Regulus sonara a una especie de chiste de humor negro que pocas personas iban a entender.

Como si James supiera que estaban hablando de él, y ya terminado su biberón, hizo sus característicos sonidos de pato. Obviamente, Draco sabía que los patos no hacían esos sonidos, pero los ruidos que hacia su bebé le recordaban a los graznidos de los patos, por no hablar de que sacaba morritos cada vez que estaba molesto con algo.

−¿Qué opinas de Ducky?

El resoplido muy poco elegante de su madre le dijo que no encontraba para nada gracioso a Draco y que lo odiaba, pero a Draco le hacía sonreír.