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PARTE ÚNICA
−No entiendo por qué siguen haciendo al Capitán América tan heterosexual cuando está claro que está torcido. –Comento Sirius, su mano jugueteando con la tira del pantalón de su alfa y marido.
−Representa a Estados Unidos, por supuesto que tiene que ser blanco y hetero, Canuto. –Respondió Remus, poniendo en blanco los ojos e intentando ignorar el jugueteo de Sirius, aunque le estaba empezando a costar- Además, pensaba que te gustaba la pareja que hacía con Peggy.
−En la primera película sí, pero después de ver cómo le pone ojos a Tony Stark y a Bucky, está claro que es bisexual. –Dijo con total seguridad Canuto, insistiendo con los pantalones para que Remus se acercara lo máximo posible a él.
−Canuto, tú piensas que todos los personajes son queers. –Río suavemente, y por fin cedió y dejo que Sirius le manejara hasta poder darle un beso.
Era estúpido intentar mantenerlo inocente. Sirius estaba emocionado por la película que acababan de ver y Remus nunca había podido decirle que no cuando hacía esa cosa con la lengua, y eso que llevaban casi cuarenta años juntos.
Sus manos se cerraron en el trasero de Sirius y apretaron a la vez que se acercaban lo máximo posible. La necesidad de aire les hizo separarse, pero al momento, Remus aprovecho para apartar suavemente los largos mechones negros y dejar pequeños besos por el largo cuello de su omega, prestando especial atención a la marca de mordisco que Sirius tenía sobre su glándula y que les convertía en un par unido.
−¿Crees que Teddy estará dormido? –Murmuro Sirius, su voz ligeramente tambaleante por los besos de Remus.
Remus no quería separarse para mirar el reloj en su muñeca, pero Sirius estaba siendo razonable (seguramente por primera vez en su vida) y no podían continuar con esos besos si llegaban a su casa y su hijo seguía despierto jugando videojuegos o viendo una película. Por lo que, con un poco de reticencia y tras un pequeño mordisco cerca de la nuez de Sirius, se separa un poco para mirar su reloj. Efectivamente, todavía era pronto, y Teddy, más animal nocturno que diurno (como ellos), estaría despierto.
−¿Crees que podrás aguantar hasta que se acueste? –Sirius soltó una carcajada burlona ante su pregunta y no dudo en apretar la ligera erección de Remus por encima de sus pantalones, lo cual hizo que se le atascará el aliento en la garganta.
−La pregunta es si tú podrás aguantarlo, Lunático. –Canuto siguió con su burla, dejando un tierno beso en sus labios, seguido por un guiño seductor de ojos.
−¿Eso es un reto? –Una ceja se arqueó a la vez que sonreía de manera traviesa, no iba a ocultárselo a Sirius, quien hizo un ruido de falsa indignación.
−Lobo pervertido. –Le dio un suave golpe en el hombro de manera juguetona.
−Te encanta que sea así. –Sirius no necesitó contestar para confirmarlo, el siguiente beso lo hizo por él.
Lo malo de ese beso es que les costó mucho más separarse de lo que tenían previsto, y no fue hasta casi quince minutos después que por fin se separaron y se aparecieron en la puerta de Moonlight Cottage.
Remus podía recordar fácilmente la primera vez que habían llevado a un Harry de catorce años por primera vez a la casa y este había dicho que le recordaba a un faro en medio del mar. Un lugar seguro al que volver y donde su pequeña familia había crecido llena de amor y muchas risas.
Teddy había dado sus primeros pasos en esa casa, había cumplido años, había aprendido a montar en escoba en el patio y, para preocupación de Remus, en la moto de Sirius cuando tenía dieciséis años.
Aunque la casa estaba llena de recuerdos de Remus y Sirius con Teddy, esa también era la casa de Harry, donde el chico había aprendido lo que era una familia, y aunque ninguno de los dos podría estar nunca a la altura de James y Lily, habían intentado darle el hogar que el chico necesitaba. Y cuando Harry apareció un día con un Draco Malfoy asustado y un pequeño bebé que hacía ruidos de patito, también se convirtió en su lugar seguro.
Y a las risas de Teddy se unieron las de Ducky, Altair, Scorpius y Lina.
Su cabaña era su faro, su lugar seguro cuando afuera había una tormenta, la luz que guiaba a donde estaba su familia, por la que Remus daría su vida una y mil veces.
−¿Qué piensas? –Pregunto Sirius, abrazándole por la espalda y poniéndose de puntillas para poder apoyar suavemente la barbilla en su hombro.
−Puede que Teddy esté dormido… −Sirius sabía perfectamente lo que pensaba Remus, pero no insistió en el tema mientras las miradas de ambos se dirigían a las ventanas sin luz.
−Nuestra noche de suerte. –Sirius dejo un beso en su nuca que hizo que se le pusieran los pelos de punta.
Efectivamente, Teddy no estaba en el salón, aunque en la cocina había una caja vacía de pizza y la clara forma de un cuerpo desordenando los cojines del sofá. Cuando subieron a la planta de arriba, la puerta de su hijo estaba ligeramente entreabierta, pero ninguno de los dos se asomó, no queriéndole molestar si estaba durmiendo.
Además, como Sirius bien había dicho, este era su momento de suerte, así que fueron directamente a su habitación compartida. No les había dado casi tiempo a llegar cuando los dos fueron atraídos con la fuerza de un imán y continuaron con la racha de besos que habían empezado a la salida del cine. Pero esta vez, sus manos se volvieron más traviesas, las de Remus peleándose con el cinturón de Sirius, las de Sirius colándose por debajo de la camisa de Remus sin importarle los botones.
La combinación de los ágiles dedos de Canuto jugando con sus pezones y los besos en su cuello, alternando la picazón de la barba de su pareja con la suavidad de sus labios, hizo que Remus inclinara ligeramente la cabeza mientras soltaba un suave gruñido.
Iba a sacar su varita para cerrar de manera efectiva la puerta y silenciar la habitación cuando, por el rabillo del ojo, vio algo que no debería estar como estaba.
Se alejó de los labios de Sirius, haciendo que este se quejara.
−Lunático… −Pero Remus estaba mirando fijamente el cajón ligeramente abierto de su mesilla de noche.
−Espera un segundo. –Por el ruido de Canuto, este no quería esperar, pero Remus consiguió dar unos pasos (con Sirius aún abrazado a él, por supuesto) hacia el mueble, viendo que, efectivamente, el cajón no estaba bien cerrado.
−¿Eso estaba así? –Sirius por fin se había dado cuenta de lo que había hecho que Remus se detuviera, siendo incluso él quien se separó para encender la lámpara de noche.
Ninguno de los dos tuvo que abrir del todo el cajón para saber lo que no estaba en su lugar.
La caja de condones estaba abierta y uno asomaba de manera inocente.
El silencio entre ellos se hizo un poco incómodo mientras miraban los preservativos. No era ningún misterio que estaban ahí. Sirius y Remus tenían una vida sexual activa, y aunque Sirius ya había pasado los celos fértiles, ambos habían continuado comprándolos para evitar sustos a esas edades. Con Teddy era suficiente, como bien se recordaban cada vez que su hijo les sacaba una cana.
Y, obviamente, Teddy sabía que estaban ahí. Pese a la vergüenza del chico, a los catorce años Sirius y Remus le habían enseñado como colocar uno en un plátano y siempre le recordaban que podía coger uno si lo necesitaba. Pero la sorpresa es que Teddy nunca había cogido uno, posiblemente comprándolos el mismo, pues no eran tontos: su hijo tenía diecinueve años y claramente no era virgen de acuerdo a las chicas con las que los profesores le habían pillado en los corredores.
Pero si Teddy había cogido uno… Remus miro a Sirius, descubriendo como este estaba igualmente sorprendido, aunque había una sonrisa increíblemente traviesa en su cara que le dio la sensación de déjà vu y de estar de nuevo en Hogwarts a punto de hacer una travesura.
Pese a eso, no fue lo suficientemente rápido en detener a Sirius, quien fue directo a la puerta de la habitación de Teddy. Menos mal que fue lo suficientemente decente para no entrar y simplemente golpeo la puerta con sus nudillos.
−¿Teddy? –La pregunta de Sirius fue seguida por un pequeño jadeo y una fuerte maldición en gales que Remus sabía su hijo había aprendido de él.
−¡No entréis!
Una parte de Remus quería unirse a la diversión que claramente su omega estaba sintiendo, pues Sirius se estaba mordiendo el labio inferior para no reírse. Pero otro lado, otra parte de él, que siempre se había encargado de que Canuto y Cornamenta no la liaran mucho, se ponía del lado de su hijo y le hacía ser lo más comprensible posible.
−¿Estás con alguien? –Pregunto, tirando de la camiseta de Sirius hacia atrás para que no estuviera tan cerca de la puerta.
Los ruidos en el interior de la habitación de Teddy de alguien vistiéndose se detuvieron momentáneamente antes de que una cabeza de pelo rizado castaño, ojos dorados y un piercing en la nariz se asomara por la pequeña rendija.
−No entréis, por favor. –Teddy estaba increíblemente rojo, y aunque Sirius y Remus lo intentaron, no pudieron evitar la diversión.
−Pregúntala si quiere un té. –Sirius soltó una carcajada ante la propuesta de Remus y Teddy se sonrojó aún más, mientras que en el interior volvían a escucharse los ruidos frenéticos.
−Papá… −Se lamentó Teddy- ¿Podéis iros a vuestra habitación y no salir? Necesita utilizar la chimenea.
−Ha utilizado nuestros condones, creo que a esta podemos conocerla. –Añadió Sirius ignorando a su cachorro.
−No. –Teddy estaba recuperándose de la vergüenza inicial y ahora les miraba con la nariz arrugada a ambos- No vais a conocerle.
No sabe si Teddy lo hizo aposta o no, pero tanto Sirius y Remus captaron la utilización del género masculino y, por segunda vez en la noche, se quedaron sorprendidos.
−¿Es un chico? –Esta vez fue Remus el primero en salir de su sorpresa, murmurando la pregunta mientras miraba a su hijo.
−¿Eres bisexual? –Pregunto Sirius con clara emoción en su voz y sin preocuparse por susurrar.
Sirius se había sorprendido muchísimo la primera vez que les llamaron para decirles que Teddy había sido atrapado saltándose el toque de queda con una compañera de su casa. Si Sirius pensaba que Steve Rogers era bisexual, por supuesto que había pensado que su hijo sería parte de la comunidad. Que de repente Teddy tuviera un chico en su habitación, sin duda iba a poner contento a Sirius. Seguramente ese fue el motivo por el que segundos después la puerta se cerró con un ligero portazo y Remus capto un hechizo silenciador para que no pudieran escuchar lo que pasaba en la habitación.
−¡Theodorus! –Pese a no estar viéndole, Remus sabía que seguramente su hijo haría una mueca ante el uso de su nombre completo por su padre omega- ¡Oye! No os enceréis otra vez, ¿necesitáis más condones? –Sirius no pudo aguantar la risa y Remus tampoco, aunque arrastro a Sirius lo máximo que pudo hasta su propia habitación.
−No seas malo, Canuto. Vas a asustarle. –Remus tuvo que convencer a Sirius los últimos pasos con unos pequeños besos situados estratégicamente en su sonrisa.
−¡Es un chico, Lunático! Yo pensando que lo habíamos perdido en la heterosexualidad. –Sirius no podía evitar ser dramático.
−Y seguramente ese chico ahora este asustado por ti. –Le recordó cerrando la puerta, pero no del todo, dejando, al igual que Teddy, una pequeña rendija.
−¿No sientes curiosidad? –Pregunto Sirius mientras se asomaba por la pequeña apertura, mirando hacia el pasillo.
−Mucha. –Reconoció, y no solo porque al parecer Teddy era bisexual, sino porque nunca antes había llevado a nadie a casa y, mucho menos, se los había presentado a sus padres- Pero creo que necesitan esa intimidad.
−Intimidad han tenido. –Sirius soltó un resoplido burlón, señalando hacia la mesilla aún abierta- Les ha faltado hacerlo en nuestra cama.
Remus hizo una mueca por esa imagen, porque vale que él y Sirius lo hubiesen hecho en la habitación de Hope y Lyall cuando tenían dieciséis años, pero no quería imaginarse a su hijo haciendo lo que sea que le gustara a Teddy y a su misterioso chico en su cama, muchas gracias.
−Le dijimos que podía coger condones y lo ha hecho, deberíamos agradecer que no tiene intenciones de hacernos abuelos. –Sirius hizo la misma expresión de pánico ante la palabra “abuelo” que hacía cuando los mellizos le llamaban así de broma.
−Está bien que se cuiden… ¿Crees que será omega?
Remus quería decirle a Sirius que daba igual si el chico misterioso era omega o no, los condones no solo se utilizaban para prevenir embarazos, pero entonces la puerta de la habitación de Teddy se abrió de golpe y alguien bajo corriendo las escaleras.
Esta vez, Remus sí que fue más rápido y evito que Sirius se asomara y persiguiera al chico (Merlín sabía que Sirius lo haría, incluso en su forma animaga si era necesario) y peleo ligeramente con él hasta que escucharon el suave chisporroteo de las llamas a la lejanía.
En cuanto le soltó, Sirius salió de la habitación para encontrarse a Teddy, quien estaba con expresión de no haber roto un plato en su vida, vestido con su pijama y apoyado casualmente en la pared del pasillo.
−¿Qué tal la película?
−Oh, no, no. Hablemos de tu noche, lobito ¿Eres bisexual? ¿Estás saliendo con ese chico? ¿Lo conocemos? –Teddy se sonrojó por las preguntas de su padre.
−¿Podemos hacer el interrogatorio por la mañana? –Casi suplico su hijo, mirando a Remus, sabiendo que este sería un poco más comprensible con su vergüenza.
−Podemos mantenerlo hasta mañana. –Sirius se giró para mirarle con una mala mirada- Así preparamos bien las preguntas. –Sirius volvió a sonreír mientras Teddy soltaba un lamento.
* * * * *
Hacía ya mucho tiempo que Draco había asumido que la mejor manera de definir su vida era el ruido continuo que había en su casa, tan diferente a como había sido en su infancia. Y aunque le había costado aceptarlo, ahora era algo que amaba. Porque ruido era igual a Harry y a sus hijos. Era igual a familia.
Pero había momentos como este, en los que solo estaba él, la taza de té caliente en sus manos y la tostada terminándose de hacer, en los que agradecía el silencio. Pensaba que su mañana no podía mejorar hasta que sintió un cálido cuerpo presionándose en su espalda y unos labios tiernos dejando un beso en su hombro descubierto.
Draco se acomodó sin dudar contra ese cuerpo fuerte, dejando su taza en la encimera para poder poner sus manos contra las morenas que se posaron sobre su estómago en un abrazo.
−Buenos días. –Murmuro Harry. Su aliento olía a pasta de dientes y Draco podía notar el olor para la loción después del afeitado que tanto le gustaba.
−Buenos días. –Respondió antes de girarse y poder besar a Harry como era debido.
−¿Has dormido bien? –Pregunto Harry mientras acariciaba de manera ascendente la columna de Draco, haciendo que este luchara contra el estremecimiento mientras clavaba sus ojos grises en los verdes de Harry.
Un día, Pansy había bromeado sobre como Harry se había convertido en uno de esos maduritos interesantes que cuanto más crecían mejor aspecto lucían, envejeciendo como un buen vino. Y aunque Draco se había burlado y le había dicho que prestara atención a su propio esposo, tenía que darle la razón a su amiga.
Por no hablar de que, si Harry había sido bueno en la cama en sus primeras veces, siempre un alumno dispuesto a aprender, la experiencia y la práctica de tener cuatro hijos y casi dos décadas juntos había hecho que supiera afinar a Draco como si se tratara de un experto violinista.
Su mañana podía mejorar increíblemente si no fuera por el ligero carraspeo en la puerta de la cocina que les hizo separarse como si fueran dos adolescentes pillados con las manos en la masa.
−No podéis hacer esas cosas donde comemos. –Dijo James, aprovechando que sus padres se habían separado para ir hacia la nevera y sacar el cartón de leche.
−Buenos días, Ducky. –Dijo Harry, ignorando a su hijo mayor, y volviendo a colar su mano por debajo de la camiseta del pijama de Draco y haciendo círculos con su pulgar en la cadera del rubio.
−¿No es muy pronto para que estés despierto? –En otra situación, Draco no echaría a su hijo de la habitación, pero seguía siendo un Slytherin, y si podía salirse con la suya y tener una sesión de besos mientras James desayunaba en otro lado, la tendría. Además, Ducky era más fácil de convencer que sus otros hijos, los fundadores no quisieran que los mellizos les encontraran en esa posición o nunca escucharían el final.
−Es domingo, puedo levantarme a la hora que quiera. –Dijo James acercándose sin hacer contacto visual con ninguno de los dos mientras iba hacia el armario de los cereales y sacaba sus favoritos.
Harry y Draco lo vieron a la vez.
El pelo lleno de rastas (que casi hizo que a Narcissa y a Molly Weasley les diera un infarto) se movió de la coleta floja que Ducky llevaba para dejar al descubierto parte de la clavícula, y justo debajo del pequeño lirio tatuado (el del infarto casi había sido Draco en esa ocasión) destacaba una marca de un furioso tono rojo pese a lo pequeña que era.
−¿Qué te ha pasado ahí? –Pregunto Harry, en su tono se notaba el ceño fruncido que tenía.
Dos cosas pasaron a la vez: James se sonrojó de un furioso tono rojo y dejo caer la caja de cereales, que fue salvada en el último segundo por los reflejos de buscador de Draco, y él y Harry se separaron, de nuevo, para mirar a su hijo.
James había presionado una mano contra la marca, pero ya era tarde.
−¿Eso es un chupetón? –Pregunto Draco, apartando la mano de su hijo y las rastas que James intentaba colocar estratégicamente para ocultarla. Harry y Ducky hicieron el mismo sonido, pero mientras que el del joven era de vergüenza, el del alfa era de ligera indignación.
Harry no era del tipo celoso, nunca lo había sido, y las pocas veces que se ponía en su modo de alfa dominante era en la cama y solo cuando Draco le picaba lo suficiente. Pero eso no quitaba que Harry era increíblemente protector, sobre todo con sus hijos, y que se pusiera pálido cada vez que se planteaba la posibilidad de que James volviera a salir con un imbécil después de la experiencia con el, por ahora, único exnovio de James.
James les había presentado a Anton Rosenberg como un amigo. Draco supo lo que veía Ducky en él en cuanto quedo claro que eran un poco más que amigos. Rosenberg era un año mayor, jugaba al Quidditch en el equipo de Ravenclaw, tocaba la guitarra española y era increíblemente guapo con su cabello cobrizo y sus ojos marrones enmarcados por pestañas extralargas. Y pese a todo esto, y todas las cosas buenas que James contaba de él, Harry dijo que el chico le producía malas vibraciones.
Fue esta reticencia de Harry con el “novio” (James nunca le había llamado de ese modo) de su hijo, lo que les llevo a ambos a tener su primera pelea, pues los dos nunca habían peleado en los catorce años de vida que tenía Ducky en ese momento. Draco era el que solía discutir con Ducky, ambos demasiado similares, lo que les hacía chocar, y le costó entender por qué Harry tenía esas reticencias con el novio de su hijo cuando él sentía que el chico era bastante decente, pese a que nunca nadie sería lo suficientemente bueno para su pequeño patito, pero se había dicho que sería capaz de acostumbrarse a este chico.
Las sospechas de Harry sobre Rosenberg fueron confirmadas cuando unos meses después Teddy Lupin, ahijado de Harry y sobrino no oficial de Draco, fue castigado por tirar al lago al Ravenclaw y con él Ducky, quien antes de que el chico cayera al agua se partió un dedo de la mano izquierda por darle un puñetazo que le rompió la nariz.
Fue difícil castigar a James después de que dijo que lo había hecho porque el imbécil (Draco se había negado a decir su nombre después de eso) se había acostado con otras chicas cuando supuestamente tenía una relación con James y encima presumiera de que se había follado al hijo de Harry Potter.
Había sido un milagro que no fueran él y Harry quien le mostraran al chico lo que pasaba cuando se atrevían a dañar a sus hijos. Porque pese a todo, James había estado increíblemente triste y decepcionado tras su primer mal de amores… Aunque Draco sabía que el primer mal de amores de James había sucedido cuando Teddy había empezado a salir con una chica casi un año antes que pasara el suceso de Rosenberg.
Después de eso, James no había vuelto a mostrar, o al menos no tan claramente, que le gustara alguien, para alegría de su padre alfa.
Quizás era por eso que Draco podía notar como el temperamento de Harry burbujeaba ligeramente mientras miraba de la cara de su hijo a la marca que James pudo esconder finalmente con sus rastas.
−Es un golpe. –La mentira de James hubiese tenido efecto si no hubiese estado tan rojo y si Draco y Harry fueran de esos padres que pensaban que sus hijos eran increíblemente inocentes y no sabían lo que era un pene o una vagina.
−Eso es un chupetón. –Dijo Harry con un resoplido antes de que sus ojos verdes se entrecerraran ligeramente detrás de las gafas- ¿Ha sido Nicolas?
−¡Papá! ¡Nick es mi amigo! Y antes de que digas algo más, Benji está saliendo con Susan.
–¿Entonces quién?
−No te lo voy a decir. –James agarro firmemente los cereales y la leche y se retiró de la cocina dignamente, lo cual no hubiese sido posible sino fuera porque Draco abrazo por el cuello al alfa.
−Tiene un chupetón. –Le dijo Harry cuando quedo claro que Draco no le iba a soltar.
−Lo sé. Yo también los tengo a veces. –Bromeo.
−Draco.
−Harry, cállate.
−¿Y si es un imbécil? –Ducky volvió a asomar su cabeza por la puerta de la cocina, sus ojos grises entrecerrados.
−Todos los hombres somos imbéciles, principalmente los alfas. Pero tranquilos, no me voy a quedar embarazada como vosotros a los diecisiete.
Las palabras de su hijo fueron lo suficientemente efectivas para hacer callar a Harry, quien lucio hasta un poco regañado pese a que era el padre en la situación. En otra ocasión, Draco le hubiese dejado comiéndose la cabeza, pero hoy estaba de buen humor y quería recuperar la sesión de besos a la que todavía no había dado por perdida pese a la novedad de que Ducky podía o no tener una nueva “amistad”.
−Ya lo ves. Puede que todos sean imbéciles, pero Ducky no lo es, Potter. Además, ¿qué podría pasar? ¿Qué fuera un Gryffindor como tú? –Se burló, sus labios vibrando cuando beso el resoplido que Harry soltó ante su broma.
−Muy gracioso…
−Siempre lo soy. –Draco repaso tentadoramente con sus dedos la constelación del dragón que Harry tenía tatuada en el omoplato, sabiendo que eso distraería al alfa lo suficiente.
−Hay que repasar con él la charla del sexo seguro. –Draco rodó los ojos sin poder evitarlo.
−Lo que tú digas.
−Y no quiero conocerlo hasta que sea muy serio.
−Lo conocerás el mismo día que lleves a James al altar. –Harry hizo un ruido de estar ahogándose con la saliva que hizo que Draco soltara una carcajada.
−Te gusta hacerme sufrir. –Harry se “vengó” de él dando un pequeño azote a su trasero, lo cual le hizo reír aún más.
−Te haces sufrir tú solo, ensoleillement. –Si no tenía a Harry con las caricias en el omoplato desnudo, lo tuvo cuando utilizo el apelativo cariñoso que Draco solo utilizaba cuando estaban en privado (véase a punto de tener sexo o teniéndolo).
−Voy a hablar con Ducky. –La firmeza de Harry ya no sonaba tan real, y mucho menos cuando estaba levantando ligeramente la camiseta del pijama para dejar al descubierto su bajo vientre.
−Después… −Con suerte, Draco distraería a Harry de darle una charla incómoda a James… Ese honor era suyo.
Pues si su hijo pensaba que solo tenía que enfrentarse a su protector padre alfa, es que no confiaba en los instintos protectores de Draco. Lo único que su padre omega era más sutil que el Gryffindor, pero le recordaría a James que quien le había dado a luz en el rincón más oscuro y le había sacado de la mansión con solo unos meses, todo frente a la cara de Bellatrix Lestrange era él, y no había hecho todo eso para que otro imbécil como Rosenberg fuera a romper el corazón de James.
−Cierra la puerta.
−No creo que tengamos mucho tiempo… Y James sigue en el salón.
La “expresión de alfa” en el rostro de Harry se transformó en una sonrisa ladeada y una ceja perfectamente arqueada antes de acercarse a su oído para poder murmurar.
−Creo que puedo sacarte en poco tiempo. De los ruidos te encargas tú.
La futura charla que Draco planeaba con su hijo desapareció de su cabeza en cuanto Harry dijo esas palabras, la puerta cerrándose lentamente, mientras su alfa se ponía de rodillas delante de él y le bajaba los pantalones.
* * * * *
Remus y Teddy podían pensar que a Sirius se le había ido de la cabeza la existencia del “chico misterioso”, pero no había sido así, por supuesto que no. Lo que había pasado es que Sirius había dejado de insistir con el tema.
Teddy se parecía a Remus tanto físicamente como en personalidad, por lo que confiaba en que su hijo hablaría de su “enamoramiento” cuando se sintiera preparado. El problema es que Sirius no era la persona más paciente pese a saber esto. Por no hablar de que Teddy no había presentado a nadie a sus padres, y eso que sabían que había estado con diferentes chicas a lo largo de sus años en Hogwarts. Había días que incluso pensaban que era un milagro que Teddy les hubiera presentado a sus dos mejores amigos, Jasper y Lana, a los cuales había conocido el primer día de Hogwarts.
Es por eso que, de vez en cuando, Sirius le hacía recordar a Teddy que no se había olvidado del tema.
A veces eran comentarios inocentes como, por ejemplo, “¿tu chico misterioso prefiere el café o el té?”, y a veces no eran para nada sutiles, como “he comprado más condones, por si tú y tu chico misterioso queréis coger alguno”.
Por lo general, cuando hacía alguno de esos comentarios, Teddy se ponía rojo y salía de la habitación lo más rápido posible, aunque con el comentario de los condones su pequeño lobito le había mandado a la mierda en perfecto gales (se parecía tanto a Lunático; Sirius lo amaba). Por otro lado, Remus rodaba los ojos, ocultaba su risa o bien regañaba suavemente a Sirius por hacer sufrir a su hijo. Como si Lunático no sintiera la misma curiosidad. La diferencia es que era mejor ocultándola.
Pero, como había dicho, dejo que el tema pasara suavemente para que fuera Teddy el que empezara a dar datos de este desconocido. Y su estrategia tuvo resultados maravillosos casi dos meses después, cuando Teddy se quedó en casa un viernes por la tarde y el chico no paraba de decir que se aburría.
−¿Por qué no has salido si te aburrías? –Sirius aparto el pie de Teddy que no dejaba de golpearle rítmicamente la pierna. Entendía por qué Remus había preferido el sillón en vez de su lugar al lado de Sirius en el sofá. A veces se le olvidaba que su hijo también se parecía a él.
−Nadie podía quedar.
−¿Y Jasper y Lana? –Pregunto Remus, levantando muy brevemente la mirada del libro que estaba leyendo.
−Están en una cita. –Resoplo Teddy- Y, obviamente, no iba a ir de sujeta velas.
Un día, Sirius había escuchado brevemente como Teddy le preguntaba a Harry como había soportado que Ron y Hermione salieran. No había escuchado la respuesta completa de su ahijado, pero sí había captado como mencionaba el nombre de Draco y la risa de Teddy.
−Podrías haberle pedido una cita a tu chico misterioso. –De nuevo, Remus levanto la mirada para mirar a Sirius, el cual sonría ante su “sutil” comentario.
−No podía, está con el celo.
Claramente, Teddy no quería decir lo que dijo, porque un segundo después escondió su cara en un cojín y se lamentó.
−¡Aja! Así que es un omega. –Ahora el que estaba golpeando rítmicamente con su pie el muslo de Teddy era Sirius. Incluso capto por el rabillo del ojo que Lunático dejaba de lado su libro para escuchar atentamente a su hijo.
−Sí, es un omega. –La voz del joven salió entrecortada por el cojín, confirmándolo, ya que ahora no tenía otro remedio después de haber metido la pata.
Y aunque Sirius tenía muchas preguntas, no estaba muy seguro que decir ante eso. Por suerte para él, Lunático siempre sabía qué decir.
−Me alegro de que seáis responsables. –Otro lamento de parte de Teddy, pero esta vez se quitó el cojín de la cara.
−Claro que sí. –Teddy miro primero a Sirius y luego a Remus antes de decidirse a seguir hablando- Voy en serio con él.
−Cuando te refieres en serio… −Sirius movió su mano de manera circular para que Teddy completara la frase, animándole con una pequeña sonrisa.
−No somos novios, pero no es un chico sin más. –Un pequeño rubor estaba surgiendo en las mejillas de Teddy, pero no se lo oculto a sus padres.
−Eso está bien. Hay que ser responsables tanto en el sexo como empáticamente. –No le hacía falta mirar a Remus para saber que este seguramente estaría con una ceja alzada y una sonrisa al reconocer que Sirius le había robado una de sus frases. Teddy asintió con seguridad.
−Aun así, no os lo voy a presentar. No hasta que sea oficialmente serio. –Dijo.
−Perfecto. –Una parte de Sirius quería preguntar cuando exactamente sería eso, pero sabía que Teddy no daría más datos y seguramente Remus le regañara por no ser empático como bien le había dicho a su hijo que debía ser.
−Genial. –Añadió Remus antes de volver a su libro.
El silencio volvió a la pequeña sala, la mirada de Teddy ligeramente perdida mientras miraba por la ventana.
Sirius miro desde su cachorro hasta Remus. Sabía que su marido no estaba leyendo, seguramente notando que Sirius estaba vibrando ante el misterio que la pareja de Teddy generaba. Cuando iba a proponer poner una película para que no hubiera este silencio que se empezaba a sentir asfixiante, Teddy se movió, dándose la vuelta hasta que su cabeza se apoyó en el regazo de Sirius.
Fue un gesto prácticamente instintivo, sus dedos enredándose en los rizos castaños y su cuerpo inclinándose ligeramente para hacer una especie de capullo con su cuerpo para que Teddy se acomodara en él.
Era una pose que le recordaba a cuando Teddy era increíblemente pequeño y había necesitado el consuelo de su padre omega para dormir, calmarse o simplemente porque quería pasar tiempo con él. Cuanto más crecía el chico, este abrazo empezó a no ser tan necesario, básicamente porque Teddy había insistido en que ya era mayor para abrazarse de ese modo a Sirius. Pero en cuanto se puso así, fue como una segunda naturaleza para ambos acomodarse.
Sirius noto, más que vio, a Remus moverse para acercarse y hacerse un hueco con ellos en el sofá. Una mano se posó en la espalda de Teddy y la otra se apoyó en el pecho de Sirius en un abrazo. Y aunque seguía habiendo silencio, este silencio le gustaba.
Siempre había deseado algo así, soñando despierto, muchas veces con Regulus, sobre los alfas que encontrarían y serían felices. Y después vino la guerra. Dorcas, Marlene, Fabian, Gideon… James y Lily. Sirius no tenía esperanzas. No era eso lo que le había mantenido medianamente cuerdo en Azkaban, sino las ganas de venganza. Los sueños infantiles enterrados junto a sus amigos.
Y entonces, Remus estaba allí, pensaba que lo había perdido hace mucho, pero Lunático no se fue, le acepto con sus bordes más afilados que de costumbre y le dio el mayor regalo en forma de Teddy.
En el momento en el que supo que él y Remus esperaban un bebé, se prometió que nunca daría estos momentos por asentado, y si tenía que morir para conservarlo, que así sea.
Estuvieron así un buen rato, al punto que pensó que el más joven se había dormido ante la tranquila respiración, pero Teddy hablo de nuevo, y si no hubiesen estado así de juntos, ni Remus ni Sirius le hubiesen escuchado.
−Me gusta de verdad. No es como las otras chicas. –Murmuro. No podían verle la expresión porque había escondido su cara contra el jersey de Sirius, pero podían notar la ligera tensión en la voz de Teddy- ¿Sabes eso que dices de papá, pa? –Remus tarareo afirmativamente, abrazando un poco más fuerte a Sirius mientras este notaba como si de repente una bola de luz se hubiese instalado en su cuerpo y le estuviera haciendo brillar.
−Tu padre es mi día y mi noche. Mi estrella guía. –Murmuro Lunático en el mismo tono bajo que había utilizado Teddy. La mano de Sirius inmediatamente busco la de Remus y la apretó. No era necesario decir palabras, Remus conocía su cuerpo, su corazón y su alma, eran suyos.
−Quiero eso con él. –Teddy confesó, posiblemente sonrojado, pero Sirius no le culpaba.
Él también se había sonrojado cuando se dio cuenta de que había estado profundamente enamorado de Lunático.
De repente, el chico misterioso de Teddy tenía otra luz. Ya no era un ente con forma de persona, sino que este parecía más real, un chico con el que Teddy quería pasar su vida, posiblemente formar una familia como en la que había crecido y a la que admiraba. Sirius tenía un nudo en la garganta. ¿Cuándo su pequeño lobito se había convertido en un hombre?
−Los Lupin tenéis la habilidad de emocionarme. –Se quejó en broma, haciendo que Remus riera suavemente y besara por encima del jersey su marca, y que Teddy descubriera su cara de donde la tenía escondida para sonreírle.
−Eres un blando, Canuto. –Sirius dio un suave pellizco a Teddy, haciendo que este riese.
−Normal serlo cuando dices esas cosas. Me siento tan viejo, Lunático.
−Somos viejos. –Dijo Remus, y aunque no le estaba viendo, sabía que estaba sonriendo- Y nuestro hijo está creciendo demasiado rápido. –Teddy resoplo ante esto.
−Si os vais a poner sentimentales, ya no quiero abrazos. –Y pese a sus palabras, Teddy no movió ni un pelo para salir el abrazo.
−Ni se te ocurra. Deja que tus viejos te abracen y se lamenten de la juventud perdida. –Dijo de manera dramática para diversión de los dos alfas.
Teddy miro de uno a otro antes de que una sonrisa traviesa, que Sirius no sabía si había heredado de él o de Lunático, se extendiera por su rostro, haciendo que el hoyuelo en su mejilla derecha se marcara.
−También te puedes lamentar de que, si todo está bien, empezaré a salir con un Slytherin.
Hubo unos segundos de silencio antes de que Sirius soltara un quejido y Remus una carcajada.
* * * * *
Aún recuerda perfectamente tener once años y estar escuchando a Hagrid decir que Fluffy adoraba la música y que al instante la calmaba.
Ahora tiene treinta y cuatro años y ni de broma tiene un perro de tres cabezas, pero sí tres fieras de diez y ocho años que acaba de conseguir calmar gracias a una película de la cual no se está enterando mucho, a decir verdad.
Harry amaba a sus hijos. Amaba la pasión de Altair por el futbol, el interés de Scorpius por los dinosaurios o cualquier tipo de criatura y la emoción de Lina por el baile; pero a veces era demasiado. Podía enfrentarse a ellos por separado, pero en tardes como esta, donde los tres decidían que nada estaba conforme a como se sentían, Harry bromeaba mentalmente consigo mismo, diciéndose que tendría que haber conseguido la vasectomía mucho antes.
Y es que hoy era de esos días en los que había solucionado la tarde llevándoles al parque o simplemente dejándoles que salieran a los campos cercanos a su casa para que corrieran y desfogaran la energía que sin duda habían heredado de la vena Merodeadora, como bien decía su omega. Pero Harry no quería dejar el interior de la casa, no mientras Draco no estuviera, pues no quería dejar solo a James.
Hoy era el último día del celo de su hijo mayor, y aunque Ducky ya había superado la parte difícil del celo y les había asegurado que se sentía mejor la última vez que revisaron, Harry no se sentía tranquilo dejándole solo.
Y es que, desde que James había tenido el primer celo a los catorce (a la misma edad que Draco y curiosamente también que Sirius y que su tocayo Regulus), ni Harry ni Draco recordaban que su hijo hubiese tenido uno tan malo, ni siquiera James. Al punto de que, al segundo día, tuvieron que mandar a los mellizos y a Lina a la Madriguera, donde Arthur y Molly Weasley estaban encantados de recibir a sus nietos adoptivos.
Harry tenía la sospecha de porque se debía, pero no lo había compartido con nadie, ni siquiera con Draco.
Era claro para todos, incluso para sus hermanos pequeños, que James estaba conociendo a alguien. Ya no solo por el chupetón que Draco y él le habían descubierto, sino por los continuos mensajes que recibía al móvil, el cual miraba con una sonrisa; las horas que pasaba arreglándose para quedar con sus amigos (o al menos eso es lo que decía James que hacía) o el comentario de Lina de “Ducky está enamorado, no deja de escuchar a Taylor Swift”.
Y bien se sabía, y no era algo que decía él, sino los medimagos y científicos, que la necesidad de un alfa en específico podía hacer los celos de los omegas más difíciles. No quería decir en alto que podía ser esto a riesgo de que Draco le regañara por ser una mamá osa, pero creía que el rubio también había podido llegar a la misma conclusión, al fin y al cabo, Draco solía ser más rápido que él en esas cosas.
Lina soltó una risita ante uno de los personajes animados haciendo algo tontería en la pantalla y eso le saco de su cabeza. Quito la pierna que Scorpius había puesto sobre él y le paso el cuenco de palomitas a Al, levantándose suavemente del sofá. Parecía que en vez de estar con sus hijos estaba a cargo de tres colacuernos húngaros, pero no quería perturbar la calma que tanto había costado.
−Voy a ver a James por si necesita algo. –Tres asentimientos de cabeza- Si necesitáis algo…
−Damos un grito. –Completó Altair antes de llevarse un puñado de palomitas a la boca.
−Y…
−No la lieis. –Dijo Scorpius en lo que suponía era una imitación de su voz, haciendo que su mellizo sonriera divertido y su hermana se riera.
−Pues ya lo sabéis.
Sabía que era muy posible que cuando volviera a entrar en el salón los tres hubiesen perdido la atención por la película y estarían saltando o a saber qué, pero confiaba que lo mantuvieran tranquilo mientras chequeaba a Ducky.
Subió a la primera planta y directamente a la habitación del más mayor de los niños. Pese a que la puerta estaba abierta, Harry cumplió la petición que rezaba el cartel que James había colgado con trece años y llamo suavemente en esta antes de entrar a la habitación.
James aún tenía la toalla enredada en el pelo tras la ducha que se había dado y se había cambiado de pijama. Aún tenía las mejillas algo rojas y los ojos ligeramente húmedos de la fiebre que provocaba el celo, pero parecía sentirse cómodo, pues había cogido uno de sus libros y parecía estar estudiando.
Siempre animaría a sus hijos a estudiar y a seguir con sus sueños, pero reconocía que le costaba seguir a James cuando este se ponía hablar de pociones. Remus había dicho una vez que James era tan bueno en pociones como Lily lo había sido, y que su hijo hubiese heredado eso de su madre le llenaba de amor y orgullo. Puede que James y Lily Potter ya no estuvieran, pero seguían viviendo en el recuerdo de sus amigos y en su hijo y nietos.
−¿Ya se han calmado? –Pregunto Ducky con una pequeña sonrisa en su cara mientras Harry se sentaba en la cama.
−Por ahora. –Mientras se reía, el chico giro en la silla del escritorio para estar frente a su padre- ¿Cómo te encuentras?
Ducky alzo casi de manera imperceptible una ceja, un signo que Harry sabía reflejaba que el joven estaba pensando en la pregunta y su respectiva respuesta.
−Mejor… −Se decidió al final- No esperaba que fuera tan malo.
Aunque Ducky lo estaba intentando al mantener su rostro neutral, un sonrojo que nada tenía que ver con la ligera fiebre se asentó en lo alto de sus mejillas.
−Sé que prefieres hablar de estas cosas con papá. –Empezó Harry- Al fin y al cabo, los dos sois omegas, pero ya sabes que puedes hablar conmigo también.
−Lo sé. –Ducky sonrió suavemente y se levantó de la silla y se dejó caer de manera algo brusca a la cama, haciendo que el moño de mantas en la cabeza se tambaleara peligrosamente, pero no se cayera. Harry supuso que Ducky habría utilizado algún hechizo- Creo que sé por qué ha sido tan difícil.
−¿Sí? –Ciertamente, tenía curiosidad por saber que es lo que pensaba Ducky sobre su propio celo.
−Los omegas inician su pico de fertilidad a los veinte, y aunque a mí me quedan tres años aún, es normal que algunos celos previos se sientan más difíciles o incluso más largos debido a que la biología insiste en que es necesario un alfa para criarnos.
Harry tuvo la sensación de que las palabras de su hijo habían sido memorizadas de algún lado, posiblemente de alguno de esos folletos explicativos que daban en las salas médicas.
−¿Crees que este va a ser más largo? –Es lo único que parecía más preocupante de lo que había dicho James, por eso quería asegurarse con su pregunta.
−Aún siento un poco de fiebre… −James aporto la mirada con un sonrojo ahora bastante visible- Y aún estoy manchando. –No necesitaba ser más explicativo para que Harry supiera que se trataba del lubricante natural que los omegas producían- Pero no creo que dure más. Eso espero, al menos.
−Si dura más no pasa nada. –Intento tranquilizar, aunque más que a James, se tranquilizó a sí mismo- Yo también tengo una teoría de porque ha sido así.
−¿Sí? –Harry asintió a la pregunta.
No tenía planeado decirle esto a James, pero le parecía hipócrita que les pidiera a sus hijos expresar lo que sentían cuando él lo ocultaba. Además, conocía a Ducky y sabía que si vigilaba la forma en la que lo decía, estaba seguro de que no haría enfadar al adolescente.
−Cuando un omega empieza una relación con un alfa, por lo general, quiere que ese alfa esté con él en los celos.
Y pese a que había tenido cuidado con sus palabras, James le miro con los ojos muy abiertos, con sorpresa o con vergüenza, Harry no estaba muy seguro, pero sospechaba que era una mezcla de ambas.
−¡Pa-papá! –Harry alzo sus manos en un gesto inocente.
−No es algo que me esté inventando. Lo dice la ciencia.
−¡Sé que lo dice la ciencia! Pero no quiero hablar con eso contigo.
−¿Por qué? –Pregunto con el ceño ligeramente fruncido.
−¡No te voy a decir lo que pienso en mi celo! –Ahora sabía que él también estaba sonrojado y compitiendo contra el de Ducky.
−Sí, mejor no hablar de eso… Pero es una posibilidad.
−Sé que es una posibilidad. –Reconoció James mientras se quitaba la toalla de la cabeza y se aseguraba que sus rastas estuvieran lo suficientemente secas, sin mirar a su padre alfa.
−Bueno… −Harry tamborileo sus dedos nerviosamente en sus propios muslos antes de ponerse en pie- Voy a asegurarme de que tus hermanos no estén quemando la casa o molestando al gato.
−Vale. Ahora a lo mejor bajo. –Parecía que James estaba controlando su sonrojo, pero seguía sin mirar a su padre.
−Bien… −Harry se inclinó y dejo un beso en la frente del chico, viendo por el rabillo del ojo como James sonreía- ¿Te cuento un secreto? –Pregunto, haciendo que James riera muy suavemente.
Sin duda su hijo recordaba la frase que Harry le había empezado a decir desde muy pequeño, como un juego entre ambos a espaldas de Draco, aunque sin duda su pareja lo había sabido desde el primer momento.
−¿Qué secreto? –Y pese a la pregunta, no se trataba de ningún secreto.
−Te quiero. –Le dijo a Ducky.
−Y yo a ti, papá.
Harry iba a salir contento de la habitación cuando escucho que James le llamaba de nuevo.
−No estoy preparado para pasar mis celos con nadie. Ni siquiera con él, pese a que me gusta mucho. –Harry asintió suavemente a las palabras de Ducky.
−Me gusta que me cuentes esto.
−Pero sin detalles. –Dijo James con una pequeña sonrisa ladea.
−Sin detalles. –Reconoció. Y se habría ido de la habitación, pero la parte que había aprendido de Sirius y Remus sobre “molestar a los hijos” salió a la luz- Pero utiliza condones.
Ducky soltó un ruido de indignación y tiro la toalla en su dirección, la cual le hubiese dado en toda la cara si no hubiese sido rápido con el hechizo que lo evito.
−¡Papá! –Se fue riendo de la habitación, toalla en mano, mientras escuchaba a James quejarse.
Suponía que era cosa del karma que tanto les gustaba a los muggles cuando llego al salón y ninguno de los tres pequeños estaba donde los había dejado, pero había risas en la cocina. Merlín, esperaba que el gato estuviera bien y no lleno de harina como la última vez.
* * * * *
James estaba empezando a considerar que no era tan sutil como se esperaba ser. Y eso que se estaba obligando a no mirar fijamente a Teddy.
Pero difícil apartar la mirada del chico dos años mayor cuando llevaba ese bañador rojo, el cual nunca había considerado corto hasta ahora, cuando encima estaba mojado y sus rizos se pegaban a sus mejillas y frente mientras jugaba con sus hermanos menores. Nunca había tenido envidia de Al y Scorp, pero podían empezar a notarla ahora.
−James Regulus. –Su mirada se alejó de Teddy para centrarla en su hermana, quien le miraba con el ceño fruncido y las manos en sus caderas en una pose que había aprendido de la Nana Andy.
−Lily Narcissa. –Su pelirroja hermana frunció aún más el ceño.
−Ducky, tienes que hacerme caso, eres el dragón. –Señalo el castillo de arena que ambos habían construido.
−Perdón. Me he distraído. –Lina puso una cara de estar impresionada por sus palabras. A veces sospechaba que sus hermanos, pese a lo pequeños que eran, podían ver a través de sus mentiras piadosas. Y agradecía a Merlín que (por ahora) no se pusieran pesados.
Fue un esfuerzo no mirar hacia la orilla e interpretar al dragón que su hermana quería, lo cual creía haber conseguido por la sonrisa feliz de la niña de ocho años.
Lina estaba en su monólogo de princesa que se convierte en dragón para estar con el dragón que le gusta cuando un silbido surco el viento. Los cinco sabían perfectamente lo que eso significaba, así que tuvo cuidado en apartar los cubos de plástico para que Altair y Scorpius no tropezaran en su carrera hacia Moonlight, donde sin duda ya estaría preparada la comida.
Lina fue poco después detrás de ellos, cogiendo sus juguetes en forma de princesa y dragón y siguiendo a sus hermanos mayores, dejando a James con la misión de recoger el resto, incluidas las toallas. A veces se quejaba con sus padres de que tenían demasiado mimados a sus hermanos, pero sabía que él también era parte del problema.
Así que no se quejó mientras recogía las palas, rastrillos y cubos e iba hacia las toallas. Se acababa de agachar para coger su varita, escondida debajo de las camisetas, cuando noto la presencia de Teddy en su espalda. Y no solo por la sombra que se reflejó junto a la suya en el suelo, sino también por olor cálido que asociaba con Teddy.
La primera vez que en su amortentia apareció ese olor junto al característico olor del café y el olor al cuero que asociaba con los uniformes de Quidditch le había costado definirlo. La mejor manera de describirlo era como algo caliente, lo cual le había costado que sus amigos se burlaran diciendo que cuando James decía eso, pensaban en el sudor. Pero no era sudor, era un olor agradable, algo que le hacía sentir increíblemente cómodo, como estar sentado cerca de una chimenea en invierno, pero no era olor a chimenea, ni siquiera a fuego. Y entonces, Teddy le había besado debajo de aquel árbol en los jardines de Hogwarts, un día antes de que el chico mayor se graduara. Seguía sin poder describir adecuadamente ese olor, pero ahora sabía que era como pasar unas horas tomando el sol, pero no solo, sino siempre con Teddy.
Le daba vergüenza admitir que había puesto el emoticono del sol al lado del nombre de Teddy en su teléfono, o que, cuando Teddy y él conseguían un rato a solas, era mucho más fácil llamarle “sol” que “amor”, “cariño” o “cielo”, es más, con esos motes cariñosos, una parte increíblemente Slytherin de él se retorcía al considerarse un poco cursi.
Se puso en pie, varita en mano, para enfrentarse a su novio… Bueno, nadie había hecho la pregunta, pero Ducky sabía que iban por el camino adecuado.
Teddy le miraba con una amplia sonrisa y los ojos ámbares brillantes. A James le temblaban las rodillas y no era precisamente por los nervios.
−¿Hay alguien? –Teddy se estiró un poco para mirar por encima de su hombro (lo cual no debería ser muy difícil, pues Lupin era más alto que él) y negó- Bien…
James dio el último paso que les separaba, sosteniendo las mejillas de Teddy mientras se ponía de puntillas para poder juntar sus labios con los del otro chico. Inmediatamente, sus lenguas se enredaron y una mano de Teddy fue a su espalda baja, mientras que la otra le sujeta con firmeza y cariño la nuca.
Sabían que no podían perderse en el beso, pues si alguien salía de la cabaña, les vería, y Ducky no estaba seguro de si, a esa distancia, podrían fingir que era un abrazo juguetón.
Ninguno de los dos había abordado el tema de cómo decírselo a sus padres. Y aunque creían que no habría problema, es más, seguramente estarían encantados, ninguno estaba dispuesto a pasar por el proceso de esa conversación. Por no hablar de que llevaban relativamente poco, cuatro meses no era tiempo para conocer a los suegros, aunque teóricamente ya los conociesen.
Teddy fue el primero en separarse, dejando un pequeño roce de dientes en su labio inferior que le hizo querer más.
Saliendo de su pequeña ensoñación producto del beso, ambos recogieron las toallas y la ropa para volver juntos a la cabaña, la mano de Teddy rozando el trasero de James antes de cruzar la puerta, lo cual le hizo temer estar rojo cuando estuvo frente a su familia.
La comida estuvo realmente bien. Tampoco era algo complicado, al fin y al cabo, solo era un día normal de verano de playa, así que había ensalada de pasta, nachos y demás snacks y, la joya de la corona (o de la mesa): el pastel de carne de Lunático, el cual era uno de los platos favoritos de James. Incluso le dejaron beber cerveza de mantequilla, pese a que teóricamente le quedaban casi cinco meses para convertirse en mayor de edad. Aunque una mirada a su padre omega le dijo que tendría una y se pasaría a los refrescos como sus hermanos menores.
Realmente estaba yendo muy bien y James solo había mirado una docena de veces a Teddy y estaba seguro de que no habían sido miradas de deseo o amor, hasta que Canuto saco el tema.
−Le has contado a tu padrino que estás conociendo a alguien. –Le dijo Sirius a su padre, quien miro a Teddy con una ceja ligeramente alzada y una pequeña sonrisa.
−¿En serio?
−El chico no va a ir a uno de esos monasterios muggles. –Ironizo su otro padre, Draco, mientras se encargaba de retocar el moño que le había hecho a Lina.
−¿Tienes novia? –Preguntaron a la vez los mellizos mientras James centraba toda su atención en echarse más refresco en su vaso para no mirar a nadie.
−Novio. –Contesto Teddy.
Y si no hubiese sido por Lunático sosteniendo su vaso, James les hubiese dado a todos un baño pegajoso de refresco. Le murmuro un suave gracias a Remus, quien le miro con lo que en casa llamaban “la mirada del profesor Lupin” y que significaba que Remus sabía o sospechaba algo que el resto no. Teddy solía quejarse de esa habilidad de su padre alfa.
−Estamos esperando a que nos lo presente en condiciones. –Sirius soltó una risita que sin duda era increíblemente traviesa, mientras que Teddy y James se sonrojaban.
Era muy difícil olvidar que por poco habían sido pillados en la cama de Teddy por sus padres y James había tenido que huir a la carrera a la casa de su amigo Nicolas, quien le estaba cubriendo, por la red flu. Ducky había temido la combustión instantánea por vergüenza cuando Teddy le contó que el condón que habían utilizado era de Canuto y Lunático y que estos le habían realizado el tercer grado con preguntas y la posterior charla sobre el sexo seguro y responsable.
−James también está conociendo a nadie. –Dijo Harry, haciendo que su hijo le mirara con los ojos muy abiertos.
−¡Papá! –Se quejó, pero su padre le ignoro principalmente y siguió con la conversación con Sirius.
−Vino con un chupetón el otro día. –Teddy casi se ahoga con su propia saliva, empezando a toser y que Altair le diera palmaditas en la espalda, divertido cuando su mellizo hizo lo mismo.
Pero James, más preocupado por lo que sus hermanos mellizos planeaban, estaba más atento a las miradas que Draco y Remus les estaban dando a ambos adolescentes.
Draco movía sus ojos grises (los cuales había heredado) de Ducky a Teddy y viceversa, mientras que Remus seguía con esa mirada, pero en vez de dirigirla a James, la estaba dirigiendo a su hijo, quien se estaba empezando a sonrojar e intentaba no hacer contacto visual con su padre alfa.
−Al menos no os roban los preservativos. –Dijo Sirius, ignorante de lo que estaba pasando, haciendo que Harry soltara una carcajada.
−¿Qué es un preservativo? –Pregunto Lina, mirando a sus padres.
−Un condón, boba.
−Scorpius. –Regaño suavemente Draco sin apartar la mirada de James- Ducky, estás rojo.
James quería que se lo tragara la tierra en este mismo momento, porque ahora toda la mesa (menos Teddy) le estaba mirando. Una breve a sus hermanos le dijo que, si no decía algo en este mismo momento, Al y Scorp empezarían a burlarse o harían un comentario que le obligaría a conseguir el modo de abrir la tierra él mismo y esconderse ahí por los siglos de los siglos.
−Teddy y yo estamos saliendo.
Obviamente, hubo silencio tras su revelación.
Mierda, claramente no lo habían planeado así.
James no quería mirar a sus padres, y mucho menos a Sirius y Remus, así que centro su mirada en Teddy, quien también le estaba mirando, y aunque se veía sonrojado y un poco sorprendido, la comisura de su boca se alzó suavemente en una suave sonrisa.
−Papás, os presento a James. Él es el chico misterioso. –James soltó una pequeña risa que sonó algo histérica. Confía en un Hufflepuff para que de noticias de este tipo…- Utilizamos condón porque obviamente somos inteligentes.
Por fin miro a sus dos padres. Draco parecía sorprendido, pero tras las últimas palabras de Teddy, parecía estar aguantando la risa. Harry, por otro lado, miraba de su ahijado a su hijo como si se tratara de un partido de tenis, como si tampoco estuviera entendiendo el idioma que de repente estaban hablando. James no sabía si eso era bueno o malo.
−¡¿Estáis saliendo?! –Gritaron los mellizos a la vez, prácticamente rebotando en sus sillas al lado de Teddy- ¡Eso es genial!
−¡Por eso escuchabas a Taylor Swift! –Se unió a los gritos Lina, haciendo que James se sonrojara aún más (si eso era posible).
−¿Eres el chico misterioso? –Pregunto Canuto entre el griterío que habían formado los niños. James asintió suavemente. No sabía que les había contado Teddy a sus padres sobre él, sin saber que era él, claro, pero la sonrisa de Canuto le dijo que era algo bueno- Merlín, Cornamenta, por fin somos familia. –Dijo mirando al cuadro donde sus abuelos bailaban en su boda, haciendo que Remus riera y pasara un brazo por los hombres de Teddy.
−¿Estáis molestos? –Pregunto James, centrándose en sus padres.
Sus padres hicieron esa cosa incómoda que hacían de hablar entre ellos telepáticamente, mirándose fijamente. Harry había salido de su sorpresa y ahora sonreía ligeramente, mientras que Draco seguía teniendo una ceja alzada. Lo que se debieron decir les hizo estar de acuerdo y, prácticamente a la vez, ambos miraban a Teddy, quien se puso ligeramente tenso y se estiró en su silla.
−Tiene que terminar sus estudios. –James gimió ante las palabras de su padre omega, pero una mirada de Harry le dijo que por ahora no dijera nada- Y efectivamente sois chicos inteligentes que no tendrán bebés hasta que no estén apropiadamente asentados y casados.
Teddy asintió firmemente mientras Sirius se reía.
−¡Como si vosotros lo hubierais hecho!
−Intento darles buena educación a mis hijos, Black. –Dijo Draco volviendo al peinado de Lina.
−Ya sabéis, ninguno está preparado para ser abuelo. –Dijo Remus con una sonrisa traviesa, haciendo que tanto Harry como Sirius soltaran un ruido de queja ante la palabra.
−¿Eso significa que puedo quedarme aquí algunas noches o Teddy venir a casa? –Pregunto James, intentando lucir inocente ahora que la tensión parecía haber desaparecido y sabiendo que sus familias estaban felices por ellos (aunque sospechaba que le esperaba una charla sobre la sinceridad y el sexo en cuanto llegara a casa y sus hermanos se acostaran).
−Con la puerta abierta. –Dijo Draco, lanzándole una mirada de aviso.
−Podemos trabajar en ello. –Sonrió Teddy, mirando a James.
Si no pensara que podía romper la calma que se había sentado, se inclinaría sobre la mesa para poder besar apropiadamente a Teddy, pero estaba seguro de que los adultos, pese a estar de acuerdo, aún debían de acostumbrarse.
−Y con condones que tienen que ser vuestros. No voy a compartir mis condones, ¿verdad, Lunático? –Añadió finalmente Sirius.
THE END
