Chapter Text
— Regresaré al espacio.
Fue lo único que dijo aquel peli-blanco de baja estatura. El coleccionista, aquel niño estrella, había tomado la de regresar al espacio con la total intención de aprender de los mortales, y quizás quizás reflexione todo lo ocurrido durante los últimos meses, más lo que ocurrió recientemente con lo de Belos.
El lugar estaba en total silencio, todos los presentes que se encontraron en La Casa Búho se intercambiaron miradas, nadie tenía de qué decir o que hacer por aquel pequeño niño. ¿Estaba bien si lo dejaban ir?, después de todo es su decisión, ¿no?
Sin esperar una respuesta, el de ojos ruby camino a paso lento hacia la puerta de aquella peculiar casa. Por más que no quisiera irse e quedar totalmente solo tenía que hacer tal acción. Era lo mejor, después de meses de total caos en las Islas Hirvientes.
¿Quien lo extrañaría?
Por supuesto que nadie, esa era su respuesta.
¿Alguien quisiera volver a verte?
Es obvio que no.
Una vez afuera de la residencia, de su bolsillo sacó una pequeña estrella, con aquella misma que usaba para ir a cualquier parte de la isla junto a King.
Cuando la plataforma estaba lista para ser usada rápidamente se subió a está, estando de pie claro, y justo cuando ya estaba por tomar vuelo, no contaba que lo tomarán de la mano deteniendolo al instante.
Confundido, dirigió su mirada hacia el responsable de tal acto, y rápidamente todo rastro de confusión fue remplazada por sorpresa.
Justo ahora a quien estaba mirando era nada más y nada menos que la humana Luz, aquella mortal que había jurado odiar, pero fue la única mortal que entendió cual era su problema. Sin mencionar que se sacrifico con tal de salvarlo.
Antes de que pudiera preguntar del porqué tan repentino acto, fue interrumpido por la chica.
—No tienes que irte.
Con esas simples palabras, nuevamente el coleccionista volvió a sorprenderse cada vez más. ¿Había escuchado bien?, ¿ella quería que se quedara?
—¿C-como dijiste?.—preguntó aun incrédulo.
—No tienes que irte Coleccionista, puedes quedarte aquí en la Casa Búho.
—P-pero..., ¿que hay de los demás mortales?, ellos no quieren volver a verme.
—No debes preocuparte por ellos, deben entender que si decidimos que te quedaras fue por una razón.
—¿Y cu-cual sería esa razón?, si lo único que ocasión durante los últimos meses fue la destrucción, es obvio que me tendrán miedo.—dijo el niño con unas pequeñas lágrimas en sus ojos.—Na-nadie va ser mi amigo por ser un monstruo.
Antes de que empezará a sollozar fue sorprendido con un abrazo de la morena, su pequeño cuerpo empezó a sentirse cálido de alguna manera que no podía darle explicación.
—Comprendo que tengas miedo de pensar en que es lo que piensa la gente de ti, pero eso no significa que tienes que enfrentarlo tu solo.—dijo Luz, mientras se ponía de la estatura del más pequeño.—No tienes que volver al espacio solo con tal de aprender de los mortales, Coleccionista, yo podría cuidar de ti.
—¿Cui-cuidar?, ¿de mi?.—tartamudeo el niño con la intención de no empezar a llorar.
—Por supuesto que si, confía en mí Coleccionista, te enseñaré muchas cosas, haremos que las brujas de las Islas Hirvientes te den una oportunidad de conocerte, y verán el niño bueno que eres.—dijo la morena mientras se alejaba del niño.—¿Que dices?, ¿quieres quedarte en las Islas Hirvientes, para que yo cuide de ti?
Desviando la mirada, el peli-blanco quedó aún más sorprendido de lo que ya estaba, no estaba seguro si permanecer más tiempo en las Islas, pues el mismo se creía una amenaza para los mortales.
Pero por otra parte, la humana lo estaba acogiendo con tal de que no se vaya y se quede totalmente solo en el espacio. Le estaba dando una oportunidad de poder tener el perdón del que ahora más que nada anhelaba.
Con la decisión tomada, suspiro pesadamente para volver a observar a la morena a los ojos.
—Me quedare, solo si me prometes una cosa.—habló firmemente mientras se retiraba las lágrimas.
—Claro, dime ¿cuál es la promesa?.—preguntó curiosa la chica.
—Yo me quedaré en las Islas Hirvientes, solo si me prometes que no me abandonaras y me dejarás solo. —dijo el Coleccionista, levantó su mando derecha para estirar su dedo meñique.
Sorprendida y conmovida, Luz Noceda asintió levemente mientras mostraba una pequeña dulce sonrisa. Imitó la misma acción del de menor estatura, engancho su dedo con el de él.
—Lo prometo Coleccionista, no te dejaré solo y mucho menos te llegaré a abandonar.—dijo Luz, con una cálida sonrisa.
—Gracias.—dijo el pequeño, mientras se ponía a jugar con las mangas de su ropa un tanto nervioso.—¿Y ahora que?.
— Bueno, creo que sería buena idea darles la noticia a los demás de lo que piensas quedarte. —dijo Luz.— Apuesto a qué King le alegra escuchar eso.
— N-no estoy seguro de eso. —dijo nervioso.
— No tienes porque preocuparte Coleccionista, estoy seguro que le encantará la idea ya lo verás .—Luz fue poniéndose de pie, después dañará su brazo derecho hacia el peli-blanco.— ¿Vienes?
Aun dudoso, no tuvo más opción que enfrentarse a las reacciones de los demás amigos de Luz y King. Estiró su mano y tomó la mano contraria de la morena mientras empezaban a dirigirse hacia la Casa Búho.
— No te asustes Coleccionista, yo estaré aquí para ti.
