Actions

Work Header

One fine life

Summary:

Laura Hollis es un desastre. Lo único que le da estabilidad en su vida es su trabajo como periodista y su familia.

Carmilla Karnstein tiene toda su vida en orden; es una exitosa publicista y tiene una familia que adora.

Definitivamente no necesitan nada más, o eso creían hasta aquél encuentro que les cambiará la vida para siempre.

Notes:

No me gusta comenzar un FF sin haber terminado otro; pero esta idea de repente me asaltó y después de un par de horas terminé por completo este capítulo que disfruté mucho escribir, ojalá les guste a ustedes también.

:)

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Un día muy especial

Chapter Text

Has tenido un día del infierno en la oficina. Sabes que los clientes en general siempre son unos idiotas, pero estás segura que en especial este día se están empeñando en arruinártelo por completo.

¡Karstein! ¿Pudiste ver la cara del CEO de la automotriz? Estaba a dos de matarte cuando sugeriste que debían contratar a otra agencia de publicidad para su campaña. Juro que no sé cómo lo haces, pero en definitiva quieren quedarse con nosotros.

Es un idiota. No sabe lo que es bueno para su empresa, si hubiera pasado más tiempo viendo la propuesta del que invirtió viendo las piernas de Elsie hubiera entendido la idea desde el primer segundo.

Tu jefe te mira de lo más divertido. Desde que llegaste a la agencia como trainee no deja de pelear contigo pero no te deja ir porque sabe lo valiosas que son tus propuestas y lo bien que haces tu trabajo. Por más que jure que su cabello se ha vuelto cada vez más blanco con tu presencia en la oficina, sabe que no puede reprocharte nada porque desde que comenzaste a ascender puestos, su negocio ha ido creciendo. Ahora que eres Directora Creativa, la agencia es la número uno del país.

Oye linda… Carmilla, tienes varias llamadas del colegio.

Elsie lleva trabajando varios años contigo como tu asistente, por una estúpida vez que perdiste la compostura en una fiesta de año nuevo de la agencia y estuviste a punto de acostarte con ella, piensa que puede coquetear contigo todo el tiempo. Afortunadamente intenta no cruzar los límites, cuando hay gente alrededor de ustedes en la oficina se vuelve profesional e intenta ser sutil con lo que cree que pasa entre ustedes. Para ti, obviamente no pasa nada, para ella al parecer, pasa todo.

Gracias, Elsie. En un momento más regreso las llamadas; puedes irte.

¿Linda, eh? ¿Ahora eres como ese tipo voyerista de la película para adolescentes que se acuesta con su asistente?

Es bondage – Tu jefe te mira sorprendido de tu corrección – Ian por favor, cualquiera lo suficientemente informado puede distinguir entre el voyerismo y el  BSMD – Intentas aclarar para que no crea que has leído ninguna de esas porquerías literarias. Si es que se puede llamar literatura a eso.

¡Cómo digas Karnstein!  Yo sólo quería felicitarte por conseguir la cuenta, te dejo hacer tus llamadas… Linda.

Tu jefe sale de tu oficina riendo y tú tomas el teléfono para regresar las llamadas del colegio.

Una hora después te encuentras caminando por los pasillos del instituto siguiendo a una de las secretarias que te dirige al salón correspondiente.

Cuando entras, logras ver a tres pequeñas personitas sentadas en diferentes lugares específicos del salón.

En la parte trasera del salón, hay un niño con un ojo morado. Definitivamente es más grande de lo que esperas ver. Mocos salen de su nariz mientras una mujer intenta limpiarlos de su rostro y un hombre con los brazos cruzados los mira apático.

En medio de la habitación al fondo, se encuentra una personita totalmente escondida en su sudadera hoodie negra, lo que te impide en realidad ver de quién se trata.

Cerca del escritorio principal junto a la puerta logras encontrar a la razón de tu presencia. Una pequeña de rizos rubios como la miel. Su cabello no está tan impecable como lo dejaste esta mañana, ni su ropa tan limpia como la seleccionaste. Te paras frente a su pequeño escritorio de manera imponente, ella siente tu presencia pero no levanta su mirada pues sabe lo que le espera. Después de observarla con los brazos cruzados por unos minutos te inclinas para verla a los ojos.

Cupcake ¿Me quieres explicar?

La pequeña te da una leve mirada sin levantar por completo el rostro y puedes observar que hay arrepentimiento en ella.

Lo siento, mami – Cuando sigues en silencio comienza a hablar de nuevo – pero no es mi culpa, te juro que él empezó. No tenía por qué ser tan malo. Dijo cosas muy feas. Eso no se dice. Hay que ser amables con los demás. De verdad que no fue mi culpa.

Hayley, no puedes darle un puñetazo a un niño sólo porque dice cosas feas de ti – No puedes reconocerte a ti misma. ¿Tú hablando contra la violencia?

No dijo nada de mí. Dijo cosas feas. Le pedí que dejara de decirlas pero no paró.

Respiras profundamente antes de entender por completo el argumento de tu hija.

Espera, si no te dijo nada malo ¿Entonces por qué le pegaste?

Porque estaba molestando a Sloan – Dijo la rubia mirando hacia la otra personita que no habías podido ver del todo.

Cuando volteas en la dirección correcta conectas con los ojos de una pequeña que había levantado un poco el gorro de su sudadera y las veía apenada. El cabello de la criatura es de un negro casi tan intenso como el tuyo y su piel blanca lo hacía parecer aún más obscuro. Le das a la niña una mirada tierna, hay algo en ella que llama tu atención. Regresas tu mirada a la rubia.

Entiendo, pero Hayley no puedes ir por el mundo defendiendo a todos. Ella debe aprender a defenderse por sí misma, no siempre estarás con ella para cuidarla.

¡Dijo cosas feas! Se estaba burlando de Sloan, le dijo que era fea y yo le dije que Sloan no es fea y que no tenía por qué molestarla. Pero él no se detuvo, dijo que nadie quería a Sloan. Que su ropa estaba sucia y era espantosa. Le dije que se fuera pero no paró y siguió diciendo cosas malas. Luego la empujó. Siempre me has dicho que ningún niño debe ponerle la mano encima a una niña y fue entonces que le pegué.

Ese era uno de los hábitos que más te desesperaban de la rubia, podría hablar por horas. La vez que a Will se le ocurrió llevarla a la feria tuviste que aguantar toda una semana de relatos relacionados a su aventura. Y sí, te desesperaba, pero también habías aprendido a amarlo.

Hayley, eso no se hace. Ya sé que quisiste defender a la niña pero en verdad no puedes ir pegándole a todos los que ataquen a alguien.

¡No es justo! Él estaba molestando a mi amiga.

Hayley, hoy es el primer día de escuela. Ni siquiera la conoces.

¡Eso no importa! Sloan es mi amiga.

Sientes la mirada de la pelinegra y giras hacia ella para notar como su expresión facial ha cambiado. No estás segura pero casi notas que su boca está tan abierta como puede, en respuesta a la aseveración de Hayley.

Buttercup…

No es justo.

Dice tu hija entre un suspiro mientras levanta un su labio inferior y baja su mirada nuevamente. No tienes escapatoria, sabes que perdiste rotundamente. Respiras profundamente como lo has venido haciendo desde que la rubia llegó a tu vida.

Te levantas por completo y comienzas a caminar hacia la pareja y el niño cuando algo interrumpe tu andar.

La puerta del salón se abre repentinamente para dejar ver a una rubia entrar torpemente a la habitación. La mujer se queda congelada por un minuto enganchando su mirada con la tuya y logras registrar un leve sonrojo en su cara cuando alzas una de tus cejas en señal de cuestionamiento. Su cabello pudiera imitar el de tu hija si no estuviera tan desordenado pero sus ojos eran igual de penetrantes que los de Hayley.

La rubia corta la mirada contigo y se dirige corriendo a la niña pelinegra, no sin antes volver a tropezar con otro par de escritorios antes de llegar a ella.

Tu mente se queda en blanco desde que la viste pero logras recomponerte y sigues tu camino.

Logras convencer al papá del niño de no hacer el problema más grande, aunque la verdadera dificultad es la mamá que no quiere aceptar que su hijo también tiene culpa de lo que pasó.

Creo que su hijo le debe una disculpa a mi hija.

La voz que interrumpe tu discusión con la madre del niño te hace temblar por un momento. Giras un poco para encontrar a la rubia parada junto a ti con una mirada de los mil demonios.

Rudolph no le debe nada a nadie, a él le deben una disculpa por haberle pegado.

Intentas hablar pero la rubia corta tus palabras.

Hayley sólo estaba defendiendo a mi hija del maleducado de su hijo.

Vuelves a levantar una ceja mirando a la rubia. Está defendiendo a tu hija y se sabe su nombre como si fuera lo más natural del mundo. También parece que el rojo de sus mejillas vuelve a hacer su aparición en cuanto te ve. No es que la hayas estado mirando lo suficiente como para notarlo.

Mi hijo no es ningún maleducado, por qué no mejor cuidas lo rara que es tu hija.

Definitivamente ahora puedes ver rojo en la rubia, solamente que esta vez llena por completo su iracundo rostro.

Eso sí no lo voy a permitir…

La rubia salta fúrica contra mujer que parece aterrada por su acción, pero la rubia interrumpe sus palabras cuando siente tu mano tomarla por la muñeca para detener su arranque. Te parece realmente chistoso ver como esta pequeña mujer se vuelve un torbellino de violencia por defender a su hija. Chistoso y tierno.

La rubia pasea su mirada entre tu rostro y tu mano tomando su muñeca para regresar nuevamente a tu rostro. Piensas que quizás ahora eres tú la que tiene algo de rojo en tus pómulos y la sueltas lentamente para ahora dirigirte a la madre del muchacho.

Señora, no hay necesidad de hacer esto más grande. Hayley se va a disculpar con su hijo, con la única condición de que él se disculpe con…

Sloan – Dice la rubia al ver que no sabes cómo se llama su hija.

Con Sloan – Terminas tu argumento.

La mujer asiente intimidada por la mirada de la rubia mientras su esposo, que ahora está sentado sobre otro de los escritorios, parece disfrutar de toda la escena. La rubia regresa al lugar dónde se encuentra su hija y tú caminas hacia Hayley.

Cupcake, debes pedir disculpas por el golpe.

No es justo.

Nuevamente un largo respiro sale de tu boca cuando te inclinas a la altura de la mirada de tu hija.

No lo es, el mundo no siempre lo es. Pero es lo que debes hacer.

Tu hija te mira nada convencida de tu argumento. Pero conoces a tu hija, sabes cómo persuadirla.

Si tú le pides disculpas al niño, él le pedirá disculpas a Sloan. ¿No te gustaría que Sloan se sienta mejor?

Los ojos de tu hija brillan de alguna manera, intenta abrir la boca para refutar pero se convence a sí misma de que lo que dijiste es cierto.

Está bien.

Tu hija camina al fondo del salón para pedirle disculpas al niño. Percibes que el muchacho da un salto al ver acercase a tu hija, pero cuando abre la boca para disculparse se tranquiliza y asiente aceptando las palabras de tu hija.

Hayley camina de regreso hacia ti girando los ojos al niño y con los brazos cruzados. Tú tratas de no reírte frente a todos porque sabes lo que ese gesto significa. Tu hija no soporta que le digan que está equivocada en sus creencias. Sabes que no hizo nada malo pero tampoco puedes dejar que vaya por la vida resolviendo las cosas de la manera en la que tú lo hiciste toda tu vida. Ser madre para ti significa hacer de esa niña una persona mejor.

El niño se levanta y se disculpa con Sloan de manera obligada y nada arrepentida, mientras que la pequeña pelinegra que no lo mira y sólo asiente ante sus palabras.

La madre de la niña está junto a ella con los brazos cruzados y puedes jurar que la ves girarle los ojos al niño de la misma manera que tu hija lo hizo unos minutos antes. Esta mujer es algo inexplicable.

El niño abandona el salón junto con sus padres cuando percibes a la rubia venir hacia ustedes dos con su hija de la mano. La cabeza de Sloan siempre hacia el suelo y su hoodie nuevamente cubriendo su rostro por completo. Casi puedes sentir la tristeza que la niña transpira. Reconoces algo en ella que te llama.

Miras a la rubia y aunque su rostro se deja ver algo de preocupación en cuanto te ve a los ojos una sonrisa surge en ella. Esa sonrisa.

Sientes que una gran sonrisa está naciendo de tu boca pero la detienes. La única que ha logrado en muchos años hacerte sonreír así es tu hija y el que esta mujer lo consiga ahora, te desconcierta.

Muchas gracias por defender a Sloan – Dice la rubia mientras se inclina a Hayley que le contesta con la más sinceras de sus sonrisas.

Está bien, mamá de Sloan. Ella es mi amiga y yo voy a defenderla toda mi vida.

Ves los ojos de la mujer abrirse todo lo que pueden para después dejar escapar una pequeña lágrima que rápidamente limpia y su sonrisa es aún más grande. No sabes cómo eso puede ser posible, pero lo es.

Soy Laura.

La rubia extiende su mano para ofrecerla a tu hija y Hayley la toma agitándola fuertemente.

Muchos gusto, Laura. Ella es mi mamá, se llama Carmilla.

Sientes la mirada de tu hija cuando te presenta y tú sigues en silencio viendo a la rubia, a Laura.

Es publicista. No, es la MEJOR publicista del mundo. Es Directora Creativa de la agencia. Su agencia es la mejor. Me gusta ir con ella a la agencia porque tienen una cancha de basquetball. Yo soy muy pequeña para alcanzar la canasta pero me gusta ver cómo juegan los amigos de mi mamá. A veces me dejan jugar con ellos y me cargan para que  haga canastas. Sloan es más alta que yo, seguro ella sí podría meter canastas por sí sola.

Sientes que tu hija está respondiendo por ti, al ver que sigues sin moverte. Y sigues sin hacerlo.

Laura escucha embelesada a tu hija, la mira como si quiera comérsela a besos de lo tierna que es. Y lo gracioso de la situación es que tú estás ahí en modo estatua mirando a Laura de la misma manera.

¡Wow! Eso suena emocionante, Hay.

El apodo cariñoso que Laura le da a Hayley te hace reaccionar. Es el mismo que tú utilizas cuando tu hija está enferma y necesitas demostrarle todo el amor que le tienes. Laura sigue.

Yo tampoco soy muy buena en el basquetball. Mira, soy casi tan pequeña como tú pero me gusta correr y soy muy rápida. Seguro a Sloan le encantaría jugar basquetball porque tiene muy buen tino, hay veces que le pido que tire la basura en el bote y lo avienta desde muchos metros lejos y logra que entre sin que toque el borde.

Esto no puede estar pasando. Debes cortar la conversación de estás dos o seguramente jamás saldrás de ahí.

Tocas el hombro de tu hija para hacerle saber que deben irse y esta suelta por fin la mano de Laura a la que seguía sujeta.

Laura se reincorpora y ahora extiende su mano hacía ti.

Laura – Dice.

Carmilla – Contestas – Debemos irnos – Indicas secamente para intentar dejar de mirar a Laura.

Hayley camina hacia Sloan y le da un abrazo. El que la pelinegra sólo recibe tensa al sentirse dentro de los brazos de tu hija.

Laura y tú son espectadoras de la escena y la rubia vuelve a sonreír por el gesto de tu hija.

Vuelve a mirarte para luego mirar sus manos que siguen estrechadas entre ustedes dos.  Tú retiras la tuya inmediatamente. Qué calor está haciendo en ese maldito salón. No se supone que habían comprado climas nuevos, te dijeron eso cuando te dieron el recorrido por el colegio.

¿Mami, antes de irnos puedo mostrarle Bagheera a Sloan?

Tú sólo asientes ante los deseos de tu hija. Como todas las veces anteriores y le das tu teléfono para que busque las fotos del gato negro que tienen como mascota.

Hay un breve silencio mientras las niñas se sientan en un escritorio lejos de ustedes para observar el animal. Hayley como siempre comenzando a contar cómo lo fueron a adoptar hace un año a un refugio de animales y que le había puesto Bagheera por el libro que fue su favorito durante mucho tiempo.

En verdad gracias.

Laura rompe el silencio mientras se recarga en el escritorio frente a ti y prosigue.

A Sloan siempre le ha costado mucho hacer amigos. Es muy tímida y eso hace que no pueda hablar con los demás. Así que los niños piensan que es rara porque siempre está leyendo o escuchando su música. Nunca ha tenido una amiga de verdad.

Tú ves de reojo a Laura pero sigues observando al par de niñas y cómo interactúan. Tu hija ya está contando el primer día que intentaron bañar a Bagheera, cómo te dio miles de arañazos mientras pretendías meterlo a la bañera, terminando tiradas ambas en el piso más mojadas que el gato. Hayley se moría de risa siempre que contaba esa historia, ésta no era la excepción. Sloan la miraba atenta mientras veía las fotos y a todo asentía sin soltar una sola palabra hasta que la risa contagiable de tu hija la hizo sonreír tímidamente. Eso siempre pasaba contigo, no importaba lo cansada, enojada, frustrada que estuvieras, cuando escuchabas la risa de Hayley, sonreías por instinto.

¿Sabes? Sloan me dijo que Hayley había dicho que era su amiga. Tu hija es un ángel.

Lo es, piensas.

Me encantaría que le permitieras estar cerca de Sloan y amaría que algún día viniera a casa a jugar con ella.

Ahora Hayley tiene su brazo sobre los hombros de Sloan que se ve algo incómoda por la situación mientras sostiene tu teléfono y siguen viendo más fotos. Tu hija le ha quitado el gorro de la hoodie para que puedan verse mientras platican, la pelinegra la deja hacerlo sin chistar. Distingues algo de ti en Sloan.

Está bien por mí.

Miras a Laura que sigue sonriendo derretida por las acciones de tu hija y por tu aprobación a la amistad.

Cuando quieras que lo hagamos, llámame.

Escupes las palabras que para cuando comprendes lo mal que se escuchan ya están fuera de tu boca.

Es decir, cuando quieras que Hayley y Sloan se vean, llámame y haremos una cita de juegos.

Estúpido colegio, es claro que te mintió, no hay clima en ese salón; es más caluroso que el maldito infierno. Es tan claro como que ves a Laura abanicarse con las manos y dar un fuerte trago de saliva.

Gracias. No sabes lo que significaría para mí… para Sloan y para mí.

Contesta Laura como si nada y le agradeces que haya ignorado tu insensato comentario.

Tú asientes nuevamente y llamas a Hayley para que recoja sus cosas y puedan irse. Laura llama a Sloan que también va a preparar sus cosas para irse.

Nuevamente mil gracias por defender a Sloan. Ese niño es un malcriado.

Bueno no puedes culparlo con esos padres. Además ¿Quién puede llamar a su hijo Rudolph?

De alguna manera Laura te hace sentir lo suficientemente cómoda como para soltar uno de tus clásicos comentarios sarcásticos.

Laura suelta una ruidosa risa. Ruidosa y melodiosa risa, como cantos de ángeles. Esa risa.

Unos minutos después las cuatro se encuentran frente a la puerta principal del colegio.

Hayley vuelve a abrazar a Sloan que parece cada vez más cómoda con cada acción y se acerca a Laura para abrazarla a ella también mientras se despide.

¿Así que The Clash, eh? Tienes muy buen gusto. Nos vemos pronto, kiddo.

Le dices a Sloan mientras apuntas el dibujo de su hoodie. La niña te mira y sonríe tímidamente. Tú le revoloteas el cabello, le devuelves la sonrisa y te despides de ella.

Laura te extiende la mano y tú la estrechas nuevamente.

Ha sido un verdadero placer – Dice Laura alegremente.

Un verdadero placer.

Caminas sonriendo con tu hija de la mano rumbo a tu auto. Después de todo, ha sido un día muy especial.