Work Text:
Es tarde, salimos. El viento te mueve el pelo, pero no te das cuenta. Reímos. Por ser invierno, está casi todo oscuro, apenas unos rayitos del sol se ven por el horizonte, así que es mejor si volvemos juntas, porque somos mujeres, porque incluso si fingimos ser valientes, tenemos miedo. Mucho miedo.
Nos paramos en frente de ese poste con el número de nuestro bondi, el 95. Honestamente, hasta se me hace divertido que tengamos esa rutina, porque así fue como primero nos hicimos amigas. Yo, estudiando Economía, vos, Enfermería. Jamás nos hubiéramos conocido entre clases, pero nos conocimos en el primer cuatri, en ese mismo lugar, en la misma baldosa, irónicamente. Ya pasaron más de dos años desde esa vez y, sin embargo, para mí fue hace tan poquito que se me hace tan raro...
El colectivo viene y nos subimos. Pagamos y, por suerte, nos sentamos. Seguimos hablando y te escucho como si fuera la primera vez, completamente absorta en vos. Evoco recuerdos, me concentro en tu voz y al mismo tiempo no, porque te estoy viendo, entera, por completo. Veo tu pelo rubio que hace rato no te cortás, mientras me decís que planeás hacerlo como antes, aunque al pelotudo de tu novio no le guste. Yo te incito a hacerlo, porque me gusta ayudar (o boicotear) al enemigo, diciendo que te tiene que querer como sos y no por cómo te ves. Me sonreís porque te gusta cómo te lo que digo, así como a mí me gustás y me muero por saber si te pasa lo mismo que a mí, porque la seguridad la tengo y lo único que hacés todo el tiempo es intentar convencerte de que todos ellos pueden quererte así como yo, o incluso más.
Seguimos hablando y viajando, riendo y disfrutando. Me concentro en vos y me siento morir porque sos tan hermosa y podríamos hacer una pareja radiactivamente bella si me dieras la oportunidad. Te sigo viendo y ahora sí te oigo. Me contás tus cosas, me mencionás otras… Yo sé que en el fondo hay más, no obstante también sé que todo eso no me lo dirías jamás en un lugar público, sino que, por el contrario, me lo dirías en la intimidad de las noches que nos detenemos a escribirnos hasta las 3 de la mañana. Y mientras nosotras hablamos, me voy dando cuenta que afuera ya no queda ni siquiera un solo rastro de sol.
No sé cuánto tiempo llevamos hablando, mucho menos sobre qué, pero el breve segundo en que miro por la ventana, las luces de la calle me muestran lugares familiares. Es decir, todos lo son, porque llevo dos años en esta facultad y la mayoría de los colectivos que estoy acostumbrada a tomar van por exactamente las mismas calles, pero a lo que quiero llegar es que en un rato voy a bajarme y eso significaba tener que dejar de verte, de oírte, de sentirte al lado mío... Y eso se siente terrible, no sabés cuánto…
No quiero tener que separarme, no quiero tener que dejarte, no quiero simplemente tener que decirte "chau" otra vez, otra semana, sin hacértelo saber. Capaz estoy siendo egoísta, no sé. Me muero de comerte la boca y pienso en eso mientras más me acerco a mi parada, viendo que ya no hablás más, porque te das cuenta que estoy distraída. Me preguntás qué me pasa y yo, con una sonrisa boluda, te miro y te digo:
—Nada, estoy pensando qué me voy a poner a estudiar cuando llegue a casa.
Vos te reís y otra vez te quiero comer la boca. Entonces me levanto del asiento y te digo lo que siempre te digo, que me escribas cuando llegues, que comas algo, que tengas cuidado, que le avises a tu mamá para que te pase a buscar. Vos me decís que sí y me sonreís y me acerco para darte un beso en el cachete, pero, en realidad, no podía dejar de mirarte los labios y, ¡ay!, te lo doy en la boca. Las dos nos quedamos un rato viendo y te pido perdón, para después bajarme y morirme de vergüenza. Pero no me arrepentía cuando te dije perdón, en realidad, nunca me arrepentí. No me arrepiento de haberlo hecho porque es algo que hace mucho tenía ganas de hacer, nada más que no me animaba a hacerlo.
Me quedé parada en la parada un buen rato, para después sacar las llaves y entrar en mi casa, todavía pensando en lo que pasó. Siento cosquillas en los labios y dejo la mochila casi sin pensar en nada, mientras mi hermano y mis viejos me saludan. Estoy callada un buen rato hasta que entró en mi pieza y miro el teléfono. Ahí es donde veo tu mensaje, el que me paró el corazón ese 29 de Septiembre, a las 18:36.
Mi Chiqui♥: A mí también me gustás, Martina. Te estabas tardando un p oco en decirlo.
