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La lluvia cayendo y haciendo ruido contra la ventana de la habitación fue lo que te despertó. Veías a través del vidrio como el viento movía las hojas de algunos árboles y automáticamente trataste de cerrar tus ojos, dar media vuelta, acurrucarte junto a tu novio y volver a dormir pero, fue imposible. No era novedad para Lionel que las tormentas de noche no eran de tus favoritas y odiabas aún más que sean así de fuertes porque te daban terror, generaban que no puedas dormir o, en caso de que lograras hacerlo, que no lo disfrutes en lo absoluto.
—¿Te desperté? —susurraste al ver como Lionel abría sus ojos y buscaba tu mirada. Las manos de él rodearon tu cintura y te abrazó.
—No amor, no me despertaste. Fue la lluvia —pegaron sus cuerpos un poco más y Lionel besó tu frente—. ¿Estás bien?
—Ponele.
—Ya está eh, en unos minutos para y vamos a poder dormir otra vez, tranqui —paseaste tus manos por el torso del dt y terminaste por dejarlas en la espalda de él, acariciando aquella parte del cuerpo. Acurrucaste tu cabeza en el pecho de él y rodeaste su cintura con una de tus piernas, cómo si fueses un koala.
—¿Decís? —le preguntaste, preocupada porque si seguía lloviendo así de fuerte, no ibas a poder descansar por lo que restaba de la noche. Lionel asintió con su cabeza en respuesta y acarició tu cintura—. Perdón, qué vergüenza , no puede ser que me de miedo la lluvia de noche.
—Tampoco estás hablando con el menos miedoso del planeta —sumó él, en referencia a su miedo por volar en aviones.
—Pero lo tuyo es más común, cómo voy a tenerle miedo a la lluvia, roza lo infantil —Lionel te calló con un beso que más allá de impedir que sigas hablando, impidió que sigas pensando sobre la lluvia y el miedo que le tenías cuando ocurría de noche. Te volviste a acurrucar en el pecho de Lionel y, en compañía de los mimos que te hacía, cerraste tus ojos y pudiste volver a conciliar el sueño a pesar de que seguía lloviendo y a pesar de que, el cielo parecía estar a punto de caerse con cada gota que caía.
