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Bugambilia

Summary:

Astrid nunca fue la mejor amiga del "orgullo de Berk", pero con el encuentro imprevisto con ese Night Fury hizo que toda su perspectiva del mundo cambiara en un romántico vuelo. Desde entonces, una pequeña chispa empezó a crecer en su corazón cada vez que veía el rostro del jinete pionero en todas partes.

Con el tiempo, un inesperado compromiso arreglado entre sus padres y el jefe de tribu, Stoick The Vast, llegó a su vida. Tras acordar que ambos muchachos se unirían en santo matrimonio por el bien de Berk, Astrid acepta su destino a la espera de que con esto su amor fuera correspondido al paso del tiempo.

Sin embargo, nunca imaginó que el descubrimiento de un barco de atrapadores de dragones desencadenara una serie de eventos catastróficos para su vida amorosa, así dándole un giro de tuerca a lo que creía sería una vida perfecta junto al amor de su vida tras la llegada de un extraño albino.

Notes:

| Inspirado en Bumgambilia - Nasa Histoires |

Work Text:

Crecer siendo visto como el eslabón más débil de la tribu tenía sus desventajas entorno a lo social. Tener amigos podía llegar a ser algo imposible y ni hablar el ganar el respeto de los demás. Ser tan menospreciado que ni tu mismo padre parecía tenerte algo de respeto se veía deprimente.

 

Esa era la terrible vida de Hiccup Haddock, el heredero a jefe. Y Astrid Hofferson era una de los miles espectadores que en silencio observaban los malos ratos que soportaba el castaño día tras día.

 

Hacer de menos al resto no parecía estar en su comportamiento como los chicos de su edad. Le daba lastima ver a ese enclenque y torpe muchacho escarbar con uñas y dientes un lugar entre su gente.

 

¿Pero qué podía hacer ella? Nada a decir verdad. Su relación con aquel muchacho nunca había sido lo suficiente cercana como para defenderlo de corazón y, aunque su lastima era genuina, algo dentro suyo le decía que por algo ese chico seguía siendo rechazado. Quizás solo era una justificación de su inconsciente para no cargarse con culpa.

 

Sus padres le habían enseñado a ponerse primero que nadie cuando se tratara de costumbres vikingas. Demostrar lo buena guerrera que sería para su gente era su prioridad. Mucho más si cada que escuchaba a los adultos murmurar, distinguía comentarios subestimandola solo por ser mujer, tener una cara bonita y – sobre todo – cargar con el deshonor brindado por un familiar.

 

"Tu hija podrá tener potencial, pero su clan está completamente arruinado desde la derrota de tu hermano. Como mujer que es solo podría aspirar a ser una esposa ejemplar para arreglar los errores de su tío usando su belleza." – Esas palabras se habían grabado como fuego en su pecho al escuchar lo que verdaderamente pensaban de ella tras esos agradables elogios por su destreza en el ring.

 

Ella no solo era una cara bonita, era una guerrera, ¡Una vikinga!, ¡La mejor de su generación! Y si tenía que decapitar un dragón con sus dientes para dejar en alto al clan Hofferson lo haría sin dudar. Haría que todos esos que la subestimaban se tragen sus palabras con magma de Gronkle.

 

Pero hay veces que la vida dan giros inesperados. En este caso fueron más piruetas que un tranquilo giro de tuerca.

 

Aquel chico que vio ser hostigado y discriminado, ahora se había vuelto amigo de la bestia más peligrosa en la historia de los vikingos. Un Night Fury y el heredero a jefe se habían vuelto amigos.

 

Fue más que difícil cambiar su pensamiento respecto a la cría del trueno y la muerte misma, pero esa extraña dupla logró cambiar su perspectiva en un abrir y cerrar de ojos; mostrándole lo equivocada que estaba con respecto a esas increíbles criaturas.

 

Odiaba admitirlo, pero desde ese momento algo dentro suyo empezó a crecer hacía Hiccup.

 

De ser un completo don nadie, su figura empezó a aparecer en todos los lugares junto a su fiel dragón y podía verlo hasta de decoración en los cuencos para tomar sopa en el gran salón.

 

Año tras año, cada vez parecía ser más que imposible negar su atracción al cumplir los 19. Ella no era la mejor coqueteando, pero era clara cuando intentaba darle señales al muchacho que quizás aquel compañerismo podría evolucionar a algo más.

 

Lo que la desilucionaba y entristecia era ver como todos sus esfuerzos eran hábilmente ignorados por aquel del que estaba enamorada.

 

Poco a poco los esfuerzos fueron disminuyendo hasta desaparecer casi por completo. Si no hubiera sido por esa inesperada noticia, todo habría quedado en el olvido.

 

– Serán los próximos jefes de Berk. Tendrán que comprometerse — Había dicho el robusto e imponente jefe, sentado al lado de sus padres con una sonrisa y con el muchacho que aún le gustaba viéndola fijamente.

 

— ¿Futura jefa?... 

 

— Así es, Astrid. Eres la mejor candidata para ese puesto y me gustaría que fueras mi nuera. Ya hablé con tus padres y están de acuerdo — Decía con total felicidad mientras se ponía de pie para felicitar a sus padres y abrazarla fraternalmente. — Bienvenida a la familia, hija.

 

Una lluvia de elogios por parte de sus padres vinieron después y mucho después los de la aldea al enterarse del compromiso. No podía sentirse más satisfecha que escuchar a sus padres decirle que estaban orgullosos de ella.

 

¿Los dioses la habían bendecido dándole la oportunidad de tener el mejor status social junto a su primer amor para tener una vida de ensueño? Pues lo estaba dudando, después de todo, Freyja era la diosa del amor y eso era lo que más faltaban en los verdes ojos del Haddock.

 

Los seis meses después del anuncio del compromiso pasaron y el regalo ceremonial debía intercambiarse entre los prometidos. Seis meses habian sido, pero Astrid nunca logró encontrar un regalo perfecto para aquel chico.

 

Desde una espada de fuego hasta una increíble armadura ya lo poseía su prometido, ¿Qué más podía darle a alguien que ya lo tenía todo?

 

Así pues, con las manos vacías fue como llegó al lugar establecido para el intercambio y llena de vergüenza e impotencia por no haber logrado algo tan importante.

 

— Está bien, Astrid. Es solo una tradición, nada de vida o muerte — Fue el consuelo de Hiccup mientras en su mano era depositada una figurilla de Nadder tallada a mano junto a un par de palmadas en su hombro.

 

Aquel obsequio tan simple le había enternecido el corazón, tanto como para inclinarse lo suficiente y besar la mejilla ajena con una ligera sonrisa. Él también sonrió, pero su perspicaz mirada no pasó por desapercibido que detrás de esa sonrisa había algo más que el muchacho no le estaba diciendo.

 

A los 20 todo parecía ir viento en popa. La boda estaba siendo lentamente organizada y con el apoyo del mismo jefe no podía ser más feliz a pesar de ese desgano continuo en Hiccup cada vez que discutían el tema.

 

Su espíritu ansioso por aventuras parecía crecer día tras día mientras más agrandaba ese mapa del archipiélago plegado entre sus libretas. Mientras más lugares parecía encontrar el pecoso, las molestias del jefe por la falta de compromiso de su primogénito por ser su sucesor incrementaban. Por ello, se encargó de arreglar como fuera posible esa situación a favor de Stoick.

 

Pero un giro en su vida estaba a nada de suceder nuevamente. Esta vez donde su vida soñada caería en picada.

 

— Hiccup, no... Hazle caso a tu padre — Intentó convencerlo de no cometer una locura. Quedarse y proteger a los suyos era lo que debía hacer, convencer a un maníaco despiadado no solucionaría nada.

 

— Tengo que hacerlo — Un seco beso en la mejilla fue su despedida antes de verlo escapar apresuradamente de los establos de dragones junto a Toothless.

 

Esa vez no lo pudo seguir a orden del jefe. Cada minuto se volvían años y las horas una eternidad.

 

Cuando por fin Stoick planeó seguirlo con ayuda de ella y el resto de jinetes, el tan buscado Hiccup volvía a toda velocidad a la aldea con alguien malherido en brazos.

 

— ¡Ayuda, por favor!, ¡Hay un herido aquí! 

 

Por si no fuera poca impresión ese inesperado regreso junto a alguien nuevo, una dragona de escamas blancas y muy similar a Toothless los seguía atentamente en un comportamiento hostil, cuidando de ese extraño muchacho siendo atendido por los mejores del lugar.

 

El tema de un enemigo y la guerra se detuvo por un par de días en lo que ese chico recobraba conciencia. Lo extraño para ella fue que Hiccup nunca se despegó de su lado hasta que abrió los ojos.

 

Tez pálida muy bien cuidada, cabello blanco como la nieve, ojos de un azul hermoso y facciones delicadas eran las cosas más llamativas de ese nuevo individuo, ¿Era humano o un elfo de luz? Era tan bello que parecía irreal.

 

— Muchas gracias — Dijo él con una sonrisa cuando fue a dejarle en la cabaña de Gothi un poco de sopa para cenar.

 

— No hay de qué...ehm — Dudó ella. No sabía su nombre y extrañamente nunca lo escuchó por un tercero.

 

— Jack...Me llamo Jack.

 

— Oh...No hay de qué, Jack.

 

Un agradable intercambio de palabras fue suficiente para saber que no era un enemigo, pero algo en su sonrisa le decía que podía ser bastante enervante si no tenías paciencia.

 

Habia sido un agradable intercambio de palabras con aquel que empezaría el lamentable desenlace de ese doloroso amor unilateral al que estaba comprometida.

 

____________

 

Pedir explicaciones sobre el peculiar comportamiento del castaño quizá podía dejar muy en evidencia sus sentimientos, pero era su prometido por amor a Thor. Tenía todo el derecho en mostrarse celosa si un completo desconocido tenía más cercanía con su prometido en tan solo unos días, logrando lo que ella no pudo en años.

 

Quién diría que encontrar un momento ideal iba a ser casi imposible. Antes podía encontrar solo al castaño un par de veces al día, ¡Pero ahora no había ni un momento dónde pudieran hablar!

 

Desde el umbral de la cabaña Haddock, Astrid miraba con leve fastidio al joven que salía sonriente del lugar. Tanto mirar a otro lado que no fuera su camino casi le hace pasar un mal rato con la dragona del albino.

 

El gruñido hostil la hizo no dar ni un paso más hasta que ella hubiera salido del recinto viendola fijamente. Si chocaban accidentalmente, hubiera muerto por un ataque de ella.

 

— ¡Astrid!, ¿Sucedió algo? — Preguntó Hiccup con una suave sonrisa, invitandola a pasar con la cabeza. Se veía extrañamente feliz.

 

— No realmente...¿Es nieve lo que tienes en el cabello?

 

— ¿Nieve? Estamos en pleno solsticio de verano — Respondió minimizando esos extraños granos blancos decorando su pelambrera castaña. Quitándolos de un movimiento. — ¿Y bien...? —

 

Cual ráfaga helada, su mente volvió a centrarse en lo que quería saber. Lo que había en el cabello de Hiccup podía tener una explicación y no venía al caso.

 

— ¿Conocías de antes a Jack? — Inició, ansiosa de escuchar un "No" claro y conciso. — Parece que se conocen de antes.

 

— ¿Qué? No, claro que no — Respondió entre risas y dándole una ojeada a sus apuntes de siempre. — No lo conozco demasiado, pero me salvó la vida. Si te asusta que sea un enemigo, quedate tranquila. Jack es bueno.

 

Con esa información sus alertas disminuyeron levemente. Al parecer, camino a encontrar a Drago, un barco distinto al que vieron esa mañana casi los derriba. Fue en el momento más crítico de esos dos que un desconocido junto a un dragón aparecieron para salvarlos de la muerte a cambio de salir mal heridos.

 

Haberle salvado la vida al heredero es tener la gratitud del pueblo entero y sobre todo la del jefe. Un gran banquete se llevó a cabo en gratitud a quien se hacía llamar Jack por haber salvado al primogénito de Stoick The Vast.

 

— ¡Por Jack! — Brindaba el amado jefe, sonriendo en grande con su hijo a la derecha y abrazando por los hombros al albino a su izquierda.

 

— ¡POR JACK! 

 

Sin duda también tenía la suya por salvar la vida de su futuro esposo. Aún así...con explicación y todo, algo seguía removiendose en su pecho. Un sexto sentido podía ser. Algo inexplicable que parecía de mal auguro.

 

Cuando el baile en el banquete inició, volvió a sentir esa extraña sensación retorciendose cual gusano agonizante. Tan profundo que empezaba a angustiarla y chispasos de electricidad aparecian en sus palmas, apretadas contra su vaso de fría hidromiel que no hacía más que quemar.

 

— ¡Vamos, Astrid!, ¡Hay que unirnos! — Le dijo Ruffnut mientras la jalaba a la pista de baile para divertirse un rato.

 

Todo fue diversión y risas hasta que por el rabillo del ojo divisó a una pareja llevarse casi que toda la atención del lugar.

 

— Pues ese guapo no baila muy bien que digamos — Dijo la rubia deteniendo sus pasos un rato para observar juntas como Hiccup tomaba las pálidas y delgadas manos del chico, guiandolo paso a paso enseñándole una de las danzas tradicionales.

 

— No lo necesita... Hiccup tiene mucha paciencia — Aquello salió tan amargo como el trago que le dio a su vaso. La hidromiel no se caracterizaba por ser amarga, pero el malestar parecía haber afectado sus pupilas gustativas.

 

Al ser ella una persona más de "Ver para creer" hizo oídos sordos a todos esos murmuros en la aldea sobre lo bien que esos dos estaban congeniando para haberse conocido hace poco. Podían ser amigos, ¿Y eso qué?, ¿Por qué tanto escándalo por llevarse bien?

 

— Por favor, Ruff, ¿Por qué todos dicen eso? — Intentó tomarse con humor como su amiga hacía hincapié en el tiempo que pasaban juntos.

 

— Como futura Sra de Haddock, yo digo que deberíamos alarmarnos, ¡Hasta el jefe parece aceptarlos o algo!

 

Ella solo sonrió mientras hacía una mueca y asentía para darle tranquilidad a su amiga. Nada de lo que decían podía ser cierto.

 

Sin embargo, cuando sus padres empezaron a advertirle que cuidara de su compromiso fue donde empezó a tener un leve temor. Mas el verdadero miedo y enojo apareció cuando, en esos ojos que tan vacíos la veían a diario, parecían brillar más que nunca cada que Hiccup miraba a Jack.

 

No puede ser... — Se dijo a si misma en su cuarto, tomando aire para calmar ese torbellino en su pecho. Tan iracundo y con ganas de arrasar pueblos enteros como lo haría Thor si alguien le robaba su martillo.

 

Risas y palabras de ánimo se escuchaban cerca de su cabaña. Carcajadas provenientes de esos dos entrenando para una carrera de dragones y llevándose mejor que nunca estaban resonando por todo Berk.

 

El amor se sentía en sus miradas, ambas tan acarameladas como si se hubieran estado conociendo por años y fueran recién comprometidos. Un sentimiento único que nunca sintió recíproco hacía su persona.

 

¡HICCUP! — Gritó desde su ventana al par a unos metros de ella.

 

Tantas emociones habían escapado en ese potente llamado que había atraído la atención de la aldea entera. Arrepentida de tanto escándalo, tapó su boca con una mano mientras que con la otra hacía ademanes para que el muchacho fuera donde ella.

 

Una tensa conversación se armó en la sala de su casa mientras escuchaba a Hiccup mentir sobre sus sentimientos hacía el muchacho. Se le notaba confundido, pero eso no lo eximia de respetarla como su prometida.

 

— ¡Solo acéptalo, Hiccup! Te gusta Jack, ¿No es así? 

 

— Por amor a... ¡Eso es ridículo!

 

— ¡Por Freyja, Hiccup!, ¡Tus ojos se iluminan cuando lo ves pasar! ¡Solo quiero oírlo de ti y no de murmuros de los demás! — Pedía incansablemente con las mano en el pecho y buscando los ojos que la evitaban. — ¡Quiero que seas honesto conmigo!, ¡¿Es mucho pedir la verdad?!

 

— ¡Muy bien!, ¡Sí, estoy enamorado de Jack, Astrid! — Estalló en un tono mezclado entre el enojo y el temor. — ¡Han sido las mejores semanas de mi vida no teniendo que fingir amar a alguien no correspondido! —

 

Derepente escuchar la verdad parecía estar en otro idioma que no era nórdico antiguo. Aquel sentimiento que inició en ese primer vuelo se volvió en nada más que un vago sentir que nunca imaginó experimentar.

 

Ese lado de ella que creía en el amor verdadero al ver a sus padres sonreírse con tanto amor se sentía tan vergonzoso y doloroso de admitir como lo era escuchar decir a su primer amor que todos esos años fingió sentir algo por ella.

 

Lo había hecho decir la verdad llevándolo al borde y ahora no le gustaba para nada saber que las sospechas eran ciertas.

 

— Lo siento, Astrid... Tu nunca me gustaste realmente. Nunca pude amarte de verdad — Sus palabras eran honestas, el énfasis en ese "pude" lo demostraba. — Eres alguien muy importante para mí...Pero no puedo seguir fingiendo cuando lo que siento por Jack es real —

 

Con los rumores finalmente confirmados, las dulces palabras de consuelo de su madre se escuchaban como una suave melodía dentro de su cabeza. Suave como una canción de cuna, pero igual de dolorosa que ese punzante dolor palpitando en su pecho incrementando con cada latido.

 

Y por más que ese dolor la sofocara hasta casi dejarla sin cómo respirar, llorar frente a otros no era de su agrado. Le dolía el pecho, sus ojos picaban y las piernas le estaban fallando, aún así, tomo aire antes de volver a levantar la cabeza e inflar un poco el pecho.

 

— No te pido que me ames, solo que me respetes por lo que soy. Yo soy tu prometida, Hiccup... y no me voy a entrometer en tu querer, pero tenemos que seguir el acuerdo de nuestros padres. Respetalo. 

 

El Haddock simplemente asintió en silencio soltando un suspiro al verla darse la vuelta de regreso a su habitación.

 

— Astrid ... 

 

— No... — La voz le temblaba. Debía ser deprimente escucharla por más que este de espaldas. — No ahora.

 

Minutos después de haber cerrado la puerta, la principal también lo hizo y en ese momento pudo desmoronarse en la privacidad de su habitación.

 

Esto era lo más doloroso de tener una imagen que mantener basada en un carácter fuerte. Demostrar demasiada vulnerabilidad a aquellos que esperaban ser protegidos podía ser contraproducente a la visión que tenían de tanto ella como la de su clan. Dejarse ir en el dolor estaba prohibido frente a los demás. Inclusive con sus padres.

 

Un leve crujido se escuchó desde su ventana. Asustada al pensar que podría ser alguien en su dragón casi corría a esconderse donde pudiera, pero solo se trataba de su amada dragona viéndola desde su posadero favorito.

 

Stormfly...mi niña — Logró llamarla en un tono lastimero, así atrayendo toda la atención de la Nadder. 

 

Rápidamente Stormfly entró al lugar para verificar la integridad de su jinete. Picando su cabello con delicadeza y acomodandose a un lado, ella hizo lo posible para caber en ese pequeño lugar para ella con tal de consolar a su mejor amiga.

 

— Estoy bien...estoy bien — Repetía dolorosamente por cada movimiento que hacía Stormfly para verla mejor. — Estoy bien... 

 

Así, cubierta en lágrimas y buscando consuelo en su compañera, Astrid la abrazó como pudo con ese dolor calandose por su sistema nervioso y causándole un orrido dolor en el corazón.

 

___________

 

Los días siguientes fueron más que doloroso el levantarse de la cama para verle la cara a aquel que estaba enamorado de otra persona que no era ella.

 

¿Odiaba a Jack? No lo sabía en realidad. Odiar era demasiado para ella, pero sí se sentía completamente incómoda conviviendo en el mismo espacio que él.

 

Con las cosas más calmas, el tema de Drago y una posible guerra a la vuelta de la esquina se volvió a retomar en esas reuniones con los líderes de Berk para formar una estrategia de guerra. Reuniones en las que – inesperadamente – ahora contaban con la presencia de Jack.

 

— Hijo, ¿Por qué él está aquí? 

 

Era tranquilizante para ella saber que no era la única extrañada e incómoda por alguien ajeno a Berk en esa mesa. Varios ya estaban quejándose entre dientes por el albino al lado del castaño, quien jugaba con ese extraño cayado como si esa reunión no fuera importante.

 

— Tengo una buena razón — Inició Hiccup y por un momento tuvo miedo que le propusiera cancelar el matrimonio a Stoick. — Jack nos ayudará a derrotar a Drago.

 

Una pequeña risa escapó de los labios del jefe y sin pena el resto se carcajeo por tener a un muchacho con 0 pinta de guerrero como arma secreta. Todos se rieron menos ella al ver como ese chico sonreía ladino, ¿Entonces no se equivocaba?, ¿Su presentimiento era correcto al pensar que Jack ocultaba algo?

 

¿Qué tenía él para que Hiccup lo considere una arma secreta? Su belleza era innegable, pero eso no les iban a traer la victoria. A menos que tuviera una clase de ayuda divina de los dioses para manipular a las personas entonces...

 

Esos dos se vieron con una mirada cómplice y entre risitas Hiccup le pidió suavemente al muchacho que despejara sus dudas.

 

— Prometan no asustarse — Dijo con gracia aquel albino antes de ser casi arrastrados por una fría y espantosa corriente de viento que abrió las pesadas puertas del gran salón de par en par y apagó todas las fuentes de calor dentro.

 

Una vez esa gélida ventisca acabó, todos los presentes dejaron de cubrir sus rostros para mirar asombrados y asustados como ese muchacho se mantenía flotando más arriba del Haddock como si fuera lo más normal del mundo.

 

Viendo a su alrededor, todo estaba cubierto de nieve ¡Nieve en verano!, ¡Totalmente imposible!

 

— Algo limita esto — Se quejó él mientras parecía examinar la madera en su mano. — En fin...por lo menos salió mejor que la vez que llegué.

 

Esa sonrisa socarrona no iba a juego con los rostros impresionados de los guerreros, pero sí con la amplia sonrisa de Hiccup.

 

— Te salió mejor que la otra vez — Alagó el castaño recibiendo un agradecimiento un tanto exagerado del chico. Ambos se reían y el corazón de Astrid se quebraba.

 

— Gracias, ¡Gran amo de dragones! — Quejándose por la burla, Hiccup le dio un suave golpe en el hombro y este soltó un congelado soplo que llenó de nieve toda su cara. — Cuidado, Haddock.

 

— U-Un...¿Un brujo? Magia negra de seguro — Balbuceaba Spitelout. El robusto hombre estaba temblando para ser un bruto peleador.

 

Justo antes que todos agarraran algo con lo que defenderse y darle muerte al ser frente a ellos, el mismo Stoick pareció mostrar respetos al chiquillo quitándose el casco. Ordenando de inmediato que nadie atacara o habría consecuencias.

 

— Por los dioses...¿Será el hijo de Skaði y Njörd mismo? 

 

— Jökul Frosti, jefe. A su servicio — Inclinándose como uno debería hacerlo con la realeza, impresionó aún más al boquiabierto jefe. Quién se veía atónito por tener a la representación de un dios frente suyo.

 

— ¡Inclinense y muestren respeto! — Ordenó el Vikingo levantándose de su asiento a trompicones para lograr reverenciar como era debido a lo que ellos veían como un dios.

 

Sin poder desobedecer a las ordenes del jefe, todos — incluso Astrid – tuvieron que arrodillarse frente a nada menos que Jökul Frosti en persona, ¡Jökul Frosti!, ¡¿Hiccup se había enamorado de un dios?!

 

Oh...E-Eso no... 

 

Hey... — Escuchó susurrar al castaño.

 

Por mera curiosidad, Astrid fue la única que se arriesgó a cualquier tipo de castigo divino al levantar ligeramente la cabeza para observarlos.

 

Hiccup parecía calmarlo y Jack poco a poco pareció acostumbrarse a la muestra de respeto brindada.

 

Esta bien...Es parte de nuestras creencias, tranquilo.

 

Se siente raro.

 

Después te acostumbrarás. Tampoco es algo que se deba hacer todo el tiempo. 

 

Y lo que sucedió después la dejó petrificada con un horrible sabor de boca e incrementando su malestar. 

 

Sin miedo alguno y aprovechando que "todos" estaban ocupados reverenciandolo, Hiccup fue quien se inclinó para besarlo en los labios por unos cuantos segundos.

 

El efímero momento quedó atrás para ellos una vez todos empezaron a levantarse para demostrar su agradecimiento hacía él por ayudarlos en esa misión.

 

Ella también debió hacerlo, pero ese malestar persistía y simplemente no pudo hacer más que volver a dar un reverencia junto a una sonrisa fingida.

 

 

__________

 

 

Los dioses la habian abandonado, de eso no tenía duda. Aquella muestra de afecto que había visto ahora era la culpable de interminables pesadillas que no la dejaban pegar el ojo por la noche.

 

Poco tomó para que fueran traídas de sus sueños a la realidad, porque ahora todo el mundo estaba encantado con la presencia de Jack. Mostraban respeto a esa albina dragona — que también parecía haber enamorado al fiel compañero de su prometido — y Freyja ya no parecía compadecerse de ella cuando ambos empezaron a besarse en público sin miedo alguno.

 

Ya no dolía tanto verlos amarse sin necesidad de palabras. Dolía más ver como todos parecieron alegrarse cuando el heredero empezó a cortejar al albino, se alegraron mucho más que cuando su compromiso fue declarado.

 

Él le traía flores, poemas e incluso le confeccionó ropa para dejar de lado esa extraña camisa con la que había llegado.

 

— Lo siento mucho, Astrid... Hay veces que el amor no se puede forzar — Intentó animarla Goober, a quien había visitado en su cabaña para un consejo y algo de su tan solicitado chocolate caliente. — También deberías entender a Hiccup. El chico intentó sentir un "click" todo este tiempo y no fue hasta después de 5 años que lo logra.

 

— Lo entiendo...en serio que lo hago, pero...Duele

 

Con una fraternal sonrisa, él le entregó un tarro de ese manjar que siempre le animaba la existencia cuando todo su grupo eran niños. Que terrible debía ser para un buen cocinero y herrero no tener a nadie con quién compartir sus recetas a diario.

 

— ¿Crees que cancelen el compromiso, Goober?, ¿Volveré a deshonrar a mi clan si este compromiso se cancela? 

 

— Lo que creo es que le darás más honor pase lo que pase. Aunque no te fueras a convertir en jefa, tu honor como guerrera ya es suficiente para mantener en alto al clan Hofferson — Dándole un gran sorbo a su tarro, el rubio dejó ir una especie de sonido de júbilo por el buen sabor de su obra maestra. — ¡WU! ¡Este sí que es uno de mis mejores bebidas! Pruébalo, anda.

 

Riendo suavemente, tomó un sorbo del líquido sintiendo como sus ánimos se recuperaban en una inmediata ola de energía cubriendo su cuerpo.

 

Con sus ojos ya le dejaba en claro a Goober que estaba muy de acuerdo sobre el sabor del chocolate, así haciéndolo sentirse orgulloso de sus habilidades culinarias.

 

— ¿Viste? Ahora tienes mejor cara.

 

— Gracias, Gobber.

 

— "Goober el talentoso", No sería un mal nombre, ¿No? 

 

— Es un grandioso nombre... 

 

Riendo juntos, ambos pasaron el mejor momento que se podría dar a un corazón roto y en proceso de sanación.

 

Puede que nunca haya sido la dueña del corazón de Hiccup, pero pase lo que pase...Si él necesitaba su ayuda...estaba dispuesta a ayudarlo sin rencores, como esa amiga que fue la primera en creer en él. Así estaba mejor.

 

_________

 

Los patrullajes liderados por Hiccup se hicieron concurrentes con tal de vigilar que, quien se llamaba Drago Buldvist, se mantuviera alejado de Berk.

 

En realidad Stoick nunca hubiera permitido que el grupo de jinetes pioneros hiciera algo tan arriesgado, pero con la ayuda de un dios el miedo se redujo considerablemente.

 

— Si puedes volar, ¿Por qué tienes un dragon? — Preguntó Ruffnut al muchacho encima de esa hermosa Light Fury. 

 

— Hey, es mi amiga. A veces es divertido ir aquí arriba.

 

— ¿Puedes volar?, ¿Cómo nunca lo he visto? — Preguntó Fishlegs bastante emocionado de ver aquello. Después de todo, no es muy común convivir con un dios.

 

— ¿Quieres ver? — Antes que pudiera responder, Jack ya se había levantado de su lugar para lanzarse en picada hacía el mar. 

 

La escena daba demasiada impresión, inclusive a alguien no tan impresionable como Astrid casi le hacía gritar a Hiccup que lo fuera a salvar.

 

— ¡¿Está loco?! — Gritó ella mientras el resto de jinetes parecía entrar en pánico. 

 

— Demasiado loco — Refuto Hiccup con una sonrisa. — Sino pregúntenle a Luna.

 

Al ser mencionada, la dragona simplemente bufo siguiendo con su patrullaje como si su compañero no se hubiera lanzado al vacío.

 

— Podré estar loco, pero eso es bueno, ¿No? Drago no se lo espera. 

 

Astrid se quería mantener firme, pero si ese muchacho aparecía de la nada atrás suyo, claramente no iba a reírse. El repentino regreso del albino la hizo gritar desde el fondo de su alma. Aunque el único que salió herido fue el mismo Jack, porque si asustabas a Astrid debías atenerte a las consecuencias.

 

Un codazo lo suficiente fuerte como para tumbar a un dragón fue directo al abdomen del albino. Ahora Astrid no era la única que gritaba, absolutamente todos lo estaban al ver como Jack se retorcía de dolor en su lugar y parecía estar desvaneciendose.

 

— ¡No puede ser!, ¡Lo siento tanto!, ¡No fue personal, lo juro! — Decía la muchacha intentando ver desde su asiento si ese chico seguía consciente.

 

— ¡Jefe, Astrid acaba de matar a Jack! — Alertó Tuffnut, así recibiendo la orden de aterrizar en tierra cercana.

 

Rápidamente, Hiccup se acercó a Stormfly y Astrid le ayudó a bajar el cuerpo contraído del chico a tierra para examinarlo. Él se veía tan asustado como ella, ¿Y si en serio lo había herido gravemente? Habían veces que no media del todo su fuerza.

 

Cuando todos ya estaban dándolo por muerto mientras Hiccup intentaba ver la zona golpeada para tratarlo, Jack empezó a reír a carcajada tendida como si algo demoníaco lo hubiera poseído a su parecer. Como si la risa de un villano y un psicópata hubieran tenido un hijo, pero sin la malicia en ella.

 

— ¡Lo siento mucho, Astrid! — Decía entre jadeos por lo difícil que era hablar y reír al mismo tiempo. — ¡Me esperaba de todo menos eso, de verdad! —

 

Claramente Hiccup fue el primero en regañar esa reacción tan extraña de...¿su chico?. Los había asustado de muerte y eso en tiempos de guerra no era lo mejor.

 

— Aunque de verdad me desmaye por unos segundos, pero todo bien — Contó con tanta ligereza como si un desmayo no fuera la gran cosa.

 

Unas cuantas curas después para ese próximo moretón en su abdomen, Jack se puso de pie con esa típica sonrisa que decoraba su rostro. A paso tranquilo y sin dejar de verse contento, se acercó a aquella rubia sentada cerca de su Nadder a la espera de próximas indicaciones o noticias sobre él.

 

Ni bien Astrid divisó al albino acercarse se puso de pie dispuesta a disculparse por haber reaccionado de esa manera, mas un inesperado abrazo la sacó de onda al esperar que se mostrara molesto con ella. Pensaba que debería estar a la defensiva por si se armaba un problema por ese incidente.

 

— Tienes demasiada fuerza, ya veo por qué eres la guerra №1 por aquí.

 

...¿Cómo?

 

— Todo bien, Ast.

 

El abrazo terminó y sin razón aparente el chico chasqueo los dedos frente a ella. Una extraña escarcha pareció chocar frente a sus narices y por alguna razón una descarga de alegría llenó su cuerpo.

 

Ese mismo fenómeno sucedió con el resto de los jinetes e inclusive con los dragones. Todos de un momento a otro tenían una sonrisa de oreja a oreja y energía para seguir patrullando.

 

— Hiccy, ¡piensa rápido!

 

Una bola de nieve impactó en la espalda del castaño cuando estuvo de espaldas y entre risas él vio como Jack subía a su Light Fury para salir volando.

 

— Debemos alcanzarlo antes de que se pierda. Andando — Tras la orden, todos subieron a sus dragones para seguir al castaño junto a Toothless, quien rastreaba a la dragona de Jack.

 

Desde su lugar, teniendo al horizonte de fondo y a esos dos interactuando cual pareja de enamorados al igual que sus dragones, recordando lo que había sucedido hace unos minutos atrás y entendiendo que quizás Jack no era tan malo como en algún momento pudo pensar...

 

Que verlos ya no incomodaba tanto

 

__________

 

Lo extraño parecía perseguirlos a donde fueran. Una extraña balsa a la deriva del océano fue encontrada por el equipo de patrullaje en medio de una carrera iniciada por Jack.

 

— Creo que hay una persona ahí, chicos — Comentó Fishlegs usando un catalejo. Podían estar varios metros arriba, pero aún así todos estaban de acuerdo que una figura humanoide estaba ahí tendida.

 

— Iré... 

 

— ¡Voy yo! — Jack adelantó rápidamente al castaño, así yendo en picada junto a Luna para ver bien de qué se trataba.

 

Un dragón mal herido, una embarcación abandonada, un cadaver. Podían ser muchas cosas y a la vez nada.

 

Bastante inquieto, pero controlandose de maravilla, Hiccup miraba fijamente como Jackson se iba acercando a la cosa para verificar su estado.

 

No fue hasta que esa persona pegó un grito asustado y se abalanzó al chico que todos intervinieron para su rescate.

 

— ¡Ayudame por favor! — Logró escuchar Astrid mientras más se acercaba. Una voz bastante cansada y desesperada. 

 

No podían ver su rostro por esa extraña mascara, pero era una mujer por su tono. Estaba bien cubierta con una especie de armadura. También un escudo y un cayado más extraño que el de Jack descansaban en lados distintos del lugar.

 

Hiccup fue el primero en aterrizar para sacar a Inferno con tal de mantener la distancia entre ellos dos, posicionandose frente al albino como escudo. El resto se mantuvo en el aire por la falta de espacio y para vigilar a la desconocida.

 

— ¡Hey, hey, hey! ¡Espera un rato, dragón! — Usando su cayado, él le dio un leve golpe en la cabeza antes de hacerlo retroceder con la curvatura del objeto. — No es mala, necesita ayuda.

 

— Tienen dragones... — Balbuceaba ella. Su voz reflejaba alivio y esperanza, algo bastante extraño viniendo de un extraño en el archipiélago. — Ustedes...

 

Toothless y Luna estaban protegiendo a sus jinetes, ambos con la mirada aguda y casi que mostrando los dientes por cada movimiento de la señora.

 

Pero algo inexplicable sucedió, tanto Light como Night Fury cayeron cuales felinos ante el catnip. Un roce y ambos estaban relajados sobre la madera de la balsa.

 

— ¡No disparen! — Advirtió Jack viendo como Hookfang parecía lanzar humo de su hocico.

 

Su orden podía ser fácilmente ignorada al no tener un título tan fuerte como lo era el de Hiccup o incluso el de Astrid, pero por respeto hacía lo que era Jack — No como un dios, sino como un amigo — la mayoría de ellos obedeció.

 

— Escuchenlo — Dijo finalmente Hiccup y finalmente los que faltaban bajaron la guardia.

 

La mujer parecía encantada por esos dos cerca a sus pies que se retorcían cual dragon mimoso. No obstante, aquello no duró mucho hasta que la atención de la mujer se dirigió al chico que empuñaba la espada de fuego.

 

Al igual que con sus dragones, lentamente se fue acercando a él extendiendo una de sus manos a su rostro. Hiccup intentó alejarse como pudo y Jack vaciló un momento en si darle un empujón para que se aleje del pecoso.

 

Mas la interacción no fue de temer, la mujer parecía querer ver con más cercanía esa pequeña cicatriz que descansaba en la barbilla del muchacho. Una vez lo logró divisar, un jadeo melancólico se escuchó de inmediato.

 

...¿Hiccup?

 

Todos y cada uno de los presentes se asustaron porque alguien extraño dijera su nombre. Podía ser un espía trabajador de Drago.

 

— Sabes mi...¿T-te...te conozco? — Con más desconfianza que antes dio un paso hacia atrás cubriendo más a Jack.

 

— ¡No!...Soy buena, lo juro — Intentó convencerlo deshaciéndose de su mascara. Su cabello castaño y con algunos mechones blancos decoraban sus finos rasgos y ojos verdes. — Tampoco me recordarías... Eras solo un bebé. — No bastó más para dejar a todos sin habla y al mismo Hiccup petrificado.

 

La madre de Hiccup había regresado

 

 

El regreso de la amada de Stoick The Vast fue la noticia menos esperada y que más alegró a los habitantes. No iban a negar que aquel reencuentro fue uno de los más emotivos que se pudieron presenciar en Berk.

 

Una peculiar danza que todos los berkianos parecían saber – a excepción de las nuevas generaciones – aplaudía al compás de los vocales de esa pareja enamorada mientras ellos se divertían en una letra que parecía ser sus votos matrimoniales.

 

Prometiendo un banquete de celebración cuando todo acabe, las estrategias siguieron y todo volvió a la normalidad.

 

Sin embargo, las noticias con las que vino su regreso fueron todo lo contrario.

 

— Drago encontró el nido que estuve protegiendo por tantos años...Debió triangular mi ubicación a través de mis ataques y bajé la guardia en el peor momento. Se llevó a todos y derrotó a mi Bewilderbeast...Su flota es temible, si no hubiera sido por Cloudjumper yo hubiera muerto 

 

La angustia llenaba la sala junto a las palabras de Valka al relatar los hechos más atroces que tuvo que pasar al no ser capaz de detener a ese desquiciado.

 

— No te preocupes, Val...Contamos con la ayuda de Jökul Frosti para esto. Todo saldrá bien — Le dijo su esposo, así presentándole formalmente al muchacho que Hiccup le gustaría fuera su yerno.

 

— Jökul Frosti... 

 

— Hola... — Sabiendo que ella se arrodillaría así como lo hicieron alguna vez el resto, fue rápidamente a buscar el apoyo de Hiccup para soportar ese extraño sentimiento que surcaba su pecho cada que lo veía hacer eso.

 

Una veneración después, las presentaciones siguieron de uno en uno para poner al día a la madre de su heredero.

 

— Y ella es Astrid, pro... 

 

— Astrid Hofferson, Señora Valka. Protectora de Hiccup — Fue Astrid quien interrumpió al mismo jefe de decir ese titulo que ya muchos empezaban a dudar de si se haría o no.

 

Un "secreto" a voces que ni el mismo Stoick sabía si enojarse y regañar a su hijo o felicitarlo y bendecirlo. Aquel quien parecía ser la última vértice del triángulo amoroso no era nada más ni nada menos que un dios. Si él quería desposar a su hijo, ¿Quién era él para decirle que no?

 

Los matrimonios del mismo genero no estaban penados para ellos. Mientras dejaran descendientes cualquiera se podía casar con quien quisiera.

 

Si Hiccup se casaba con aquel dios, entonces Astrid igual podría ser la elegida para llevar al próximo heredero si así lo dijera. Aunque en el fondo le dolía como estaba yendo todo y que Astrid más que seguro estaba destruida, si su amado hijo se había enamorado...Bueno...todo sea por su felicidad.

 

— Ya conociéndonos entre todos, será mejor que empecemos a pensar bien esto

 

Todos asistieron sin titubear. Esto era una guerra avisada y si era necesario no dormir para mantener seguro a su gente, entonces nadie dormiría hasta acabar con el enemigo.

 

 

______________

 

 

La guerra siempre llegaba de la peor manera posible y cuando menos era esperada.

 

En la madrugada fue cuando el cuerno de guerra empezó a sonar junto a una melodía de un grupo de Death Songs entrenados para alertar sobre enemigos en la costa.

 

Así como habían entrenado, Astrid y Tuffnut se encargaron de movilizar a todos los inocentes al establo de los dragones mientras una flota enorme de barcos se aproximaban a la costa junto a un extraño terremoto.

 

— ¡Muevanse rápido! ¡Ya, ya, ya, ya! — Ordenaba Astrid mientras un par de hombres empezaban a cerrar todas las posibles entradas del lugar.

 

— ¡Ancianos y dragones dientes pequeños adelante! — Decía Tuffnut mientras llevaba en brazos a varios niños para dejarlos junto a sus padres en la zona segura. — ¡Son los últimos, A! 

 

Habiéndo puesto a todos los vulnerables en la zona indicada, ambos muchachos se asintieron ya listos para ir al campo de batalla.

 

— ¡CIERREN LAS PUERTAS! ¡TODOS ESTÁN DENTRO! — 

 

Con la orden de la Hofferson, aquellos hombres cerraron definitivamente la gran puerta que recibía a todos los dragones en esos túneles que se volvieron su hogar o lugar de descanso con el tiempo

 

Espadas siendo afiladas y un sin fin de pasos se escuchaban por todo el terreno con los guerreros listos para la llegada de todos esos enemigos.

 

El jefe se mantenía al frente sin ser intimidado por ese viejo enemigo que volvía por venganza. En ese momento se arrepintió por no haber hecho algo quizás un poco antes, pero agradeció profundamente que su hijo hubiera cambiado tanto su mentalidad.

 

Todos los dragones presentes llevaban consigo unas telas que cubrían su visión y oídos a consejo de Valka para evitar la misma catástrofe en la que ella había terminado.

 

— Un jefe protege a los suyos, Drago Buldvist habrá vuelto por venganza y nosotros nos encargaremos de detenerlo — Habló el jefe dando esas palabras de ánimo que todos necesitaban. — ¡Berk no será derrotada! Si hoy es nuestro momento moriremos como lo que somos, ¡Vikingos! 

 

Todos los presentes gritaron festejando las palabras de su líder mientras blandian sus espadas y sujetaban firmemente sus escudos.

 

Astrid llegó justo a mitad del discurso mientras amarraba bien la venda para Stormfly. Hoy sus amigos tendrían que confiar plenamente en ellos y gracias a Hiccup los habían entrenado por seguir ciertos comandos en forma de toques sin necesidad de palabras.

 

Ahora que veía bien el panorama desde ahí arriba, ni Hiccup ni Jack estaban cerca.

 

— ¡Defendamos a nuestras familias esta vez! ¡Por Berk!

 

¡POR BERK!

 

Finalizado el discurso, aquel movimiento sísmico incrementó de sobre manera casi desestabilizando a los guerreros. Una enorme bestia de dimensiones gigantes emergió del agua con aquel desquiciado en uno de sus colmillos.

 

Se veía intimidante. Una criatura gigantesca en manos de un loco era lo más temible que podías tener en el campo de batalla.

 

— ¡Al fin nos volvemos a ver!...Stoick 

 

— No es un grato reencuentro, Drago

 

— Eso lo sé muy bien, gran jefe...Eres el último de mi lista y ahora podrás sentir lo que tus amigos sintieron al momento de subestimarme, ¡Saldaremos cuentas tú y yo!

 

Cual loco de remate, el hombre empezó a gritar como una bestia salvaje mientras movía en círculos un extraño cayado parecido al de Valka y muy ajeno al de Jack. Parecía más una lanza.

 

Aquel inmenso dragón alfa empezó a hacer un extraño sonido muy agudo que hizo removerse a todos los dragones en sus dominios, aparentemente adoloridos.

 

— Tranquila, mi niña...Todo está bien, estoy aquí contigo — Le decía Astrid a su amiga al ver como empezaba a mover la cabeza al no querer escuchar esas frecuencias.

 

De esas embarcaciones salieron varios dragones acorazados que llevaban consigo a los enemigos de la flota enemiga. Cual explosivos sorpresa, ellos iban aterrizando en el campo de batalla conforme más de esos dragones también lo hacían.

 

Una vez todos los enemigos estuvieron reunidos, Drago fue el último en llegar pero el primero en lanzarse al ataque con un grito de guerra y directo al jefe.

 

Sin más tiempo que perder, aquellos en tierra empezaron a chocar las afiladas hojas de sus hachas o espadas en contra del enemigo. La tierra se manchó tanto de sangre enemiga como local en tiempo récord.

 

Mientras, otro desastre se armaba con aquellos que estaban encima de dragones.

 

— ¡No lastimen a ninguno! — Recordaba Valka, encima de un Mounstrous Nightmare del que se había hecho amiga, así logrando ser parte de esa batalla.

 

Aquel alfa no se pudo quedar mucho tiempo en silencio antes de tener ordenes claras de cubrir a esa civilización en hielo. E intimidado por ese hombre, no pudo hacer más que obedecer temeroso a algún otro tipo de tortura.

 

Una enorme ráfaga de hielo cubriendo uno que otro techo del pueblo fue señal suficiente para que aquel dúo entrara en escena antes de que fuera demasiado tarde.

 

El clásico sonido de un Night Fury acercándose a toda velocidad alertó al enemigo, llevándose una gran sorpresa cuando varios de sus dragones acorazados empezaban a caer inconscientes en la tierra y varias de sus flotas volaban en mil pedazos.

 

— Tu hijo es el gran amo de dragones del que todo mundo andaba hablando, ¿Verdad? — Mencionó burlesco el pelinegro al ver como ese Night Fury surcaba el cielo.

 

— ¡No te atrevas a mencionarlo!

 

Cual batalla de titanes, ambos recibían y daban golpes que, de no ser por su experiencia en batalla, ambos acabarían en estado crítico.

 

Un golpe que lo mandó al suelo fue tiempo suficiente para darle una nueva orden al Bewilderbeast.

 

— ¡OYE, TÚ! ¿QUÉ ESPERAS? ¡AL NIÑO CON EL NIGHT FURY! 

 

Teniendo esa nueva tarea, el alfa por poco le daba un golpe crítico al par que intentaba rescatar a todos los dragones de las embarcaciones como de lugar.

 

— Oh, no...no otra vez — Dijo nervioso el Haddock al ver como ese gélido aliento intentaba darle y por poco dañaba el equipo de vuelo de Toothless.

 

Antes que el dragón pudiera atacar, un repentino ataque de plasma impactó cerca a su rostro del lado opuesto al que estaba Hiccup y con eso Jack y Luna habían logrado captar su atención.

 

— ¡SIGUE CON LO TUYO! ¡NOSOTROS NOS ENCARGAMOS DE ESTE! — Sin queja alguna, Hiccup obedeció y el trabajo de enfrentarse al alfa quedó en manos del albino. — Muy bien, grandulón, ¿Sabes bailar? 

 

Interminables ataques de plasma magenta y hielo empezaron a llenar los oídos de todos los presentes. El suelo retumbaba con cada paso atrás que daba el inmeso dragón y era un trabajo difícil dejarlo fuera de batalla sin hacerle daño.

 

— ¡Vamos, escúchame por favor! — La idea era poner de su bando a aquel alfa, pero parecía tener la cabeza tan lavada que no escucharía razones.

 

Cuando todo parecía favorable para los buenos, un giro de tuerca inesperado los dejó en desventaja.

 

Astrid lo vio bien, pues fue la primera en ser atacada de esa forma. Una especie de francotiradores en zonas estratégicas empezaron a disparar dardos a todos los dragones presentes.

 

— ¡¿Stormfly?! — Fue muy repentino. De estar jugando con los enemigos cual juguetes alzandolos y dejándolos caer, ahora su preciada Nadder se desplomó después de recibir un dardo en el cuello. — ¡Noooo!

 

Estaba cayendo de una altura mortal, tanto ella como Stormfly iban a salir mal heridas si caían mal. Daba vueltas en el aire y el viento golpeaba con tanta fuerza su rostro que ya no podía respirar.

 

— ¡Aaah! — Aunque se pudo estabilizar, no había manera de acabar bien por su cuenta. — ¡AAAH!, ¡HICCUUUP! 

 

No era su intención desconcentrar al pecoso en una misión tan crucial como lo era el rescate de dragones, pero su primer instinto fue pedirle ayuda. 

 

Afortunadamente, su pedido llegó a los oídos del muchacho y rápidamente Toothless logró atraparla antes de caer. No fue necesario recordarle al castaño que su dragona también estaba en riesgo, puesto que en una maniobra terminó en el lomo del Night Fury y así él pudo atrapar a su amiga; dejándola con sumo cuidado en tierra.

 

— ¡No, no, no, no!

 

De un salto bajó de Toothless para verificar la integridad de su Nadder. Esto era una guerra, era sumamente peligroso que se alejara de ella o la podrían herir.

 

— Quedate con ella. Iremos a detener esto.

 

Afirmando con la cabeza dejó que el duo pionero volviera en vuelo para deshacerse de los francotiradores lo antes posible antes que hubieran más bajas.

 

— Ay, mi dulce niña...

 

La tristeza en su pecho meciendose cual olas empezaron a agitarse y a burbujear por el calor de su ira creciente. Habían dañado a su amiga, ahora iban a pagar.

 

Un grito de guerra se escuchó a lo lejos acercándose en su dirección. Frunciendo el ceño, tomó su hacha en la silla de Stormfly y giró hacía el inoportuno que se atrevía a retarla.

 

— ¡AAAAAAAARGH! 

 

Ese grito de guerra iracundo fue suficiente para escarapelar la piel del enemigo pero aunque este se hubiera arrepentino a último segundo – girando 90° para huir —, Astrid lo agarró de la armadura para arremeter contra él.

 

En definitiva, si se metían con Stormfly era muerte segura.

 

Mientras tanto en el lugar más turbulento de la pelea, Jack seguía intentando convencer al alfa que podían llegar a un acuerdo.

 

— ¡Eres una especie superior!, ¡No tienes por qué hacerle caso a ese tipo!

 

Nada parecía funcionar. Ni siquiera la similitudes en sus poderes parecían interesarle realmente.

 

— Así no llegaremos a nada.

 

Luna se mantenía esquivando cualquier ataque sin poder contraatacar. Intentó decirle a Hiccup y a Jack que ese plan pacifista no iba a funcionar, pero la barrera del idioma era masivo en su caso.

 

— Deberíamos intentar otra cosa, bonita.

 

Darse un tiempo para pensar un plan les terminó costando casi la vida. Un dardo extraño fue disparado a la Light Fury y en menos de nada ambos estaban cayendo. Tan sorpresivo fue que Jack olvidó por completo su habilidad para volar.

 

— ¡LUNA, LUNA!, ¡DESPIERTA, POR FAVOR! 

 

Estaba totalmente inconsciente. Esto era de todo menos bueno.

 

Pedir auxilio tampoco fue necesario para él. Al igual que Astrid, Hiccup y Toothless aparecieron junto a tiempo para evitar esa estrepitosa caída. Aunque este rescate no tuvo un buen final como el de hace unos segundos atrás.

 

— ¡¿Qué sucedió?!

 

— ¡Hay francotiradores! Debemos detenerlos — Logró escuchar parcialmente el albino debido al casco que utilizaba Hiccup.

 

— ¡¿Francotiradores?!

 

Una de las catapultas enemigas disparó directo a ellos cuatro con la mejor puntería que en todo ese rato no habían tenido. A falta de vista y audición, aquella gran roca impactó contra el Night Fury; cayendo en picada de inmediato.

 

— ¡TOOTHLESS!

 

Sin importar su malestar Toothless intentó proteger a los 3 de la caída. Un golpe en seco contra la tierra se escuchó junto a los quejidos adoloridos de ambos muchachos.

 

La risa maniaca de Drago llenó los oídos de todos mientras agitaba con fuerza esa extraña arma. El jefe se encontraba nuevamente en el suelo, esta vez no por un golpe, sino por el mismo veneno que le estaban disparando a los dragones desde la lejanía.

 

— ¡Excelente! ¡Ahora acaba con él! 

 

Toothless estaba en pésimas condiciones después de ese abrupto golpe. Todo giraba y no podía mantenerse de pie en su totalidad.

 

Aun así, con todo casi cerca del desmayo, soltó un gemido adolorido mientras lanzaba lejos a Jack junto a Luna para lanzarse encima de Hiccup y protegerlo de ese inminente ataque del Bewilderbeast.

 

Un silencio sepulcral inundó la arena cuando varios de los guerreros vieron como el hijo de su líder era cubierto por una gruesa capa de hielo capaz de compararse con la cuarta parte de un iceberg pequeño.

 

— ¡HIJOOO! 

 

Aún con temblores por esa extraña munición, Stoick intentó levantarse e ir corriendo a ese pedazo de hielo que mantenía a su hijo dentro.

 

El jefe no fue el único en querer romper esa jaula congelada con sus propias manos. Valka había corrido de inmediato dando de golpes a la estructura en un intento desesperado de salvarlo pero eso no iba a funcionar.

 

Sin perder el tiempo, Drago cometió su objetivo antes que cualquier cosa cosa pudiera intervenir en su victoria. Un agonizante grito y el sonido del metal atravesando un trozo de carne fue como alertó a los guerreros cercanos sobre la tragedia.

 

Entre la niebla de polvo se vio a la silueta del azabache clavando por segunda vez su arma en el cuerpo del jefe. Aún en sus últimos momentos aquel dedicado guerrero luchó como pudo para evitar su muerte, mas no pasó de uno que otra herida cercana al crítico.

 

Antes que ellos pudieran siquiera pronunciar victoria, el cielo pareció romperse en dos y una extraña luz azul empezaba a deslumbrar a unos centímetros de la inconsciente Light Fury con un dardo extraño clavado en el cuello.

 

Como un rayo, Jackson se lanzó al cuello del vikingo; congelando su torso entero y transmitiendo un frio infernal con el simple contacto de su cayado en la piel del enemigo. 

 

— Te doy un consejo, mocoso. Si vas a matar a alguien es mejor hacerlo sin pensar.

 

— Oh...Eso tiene mucho sentido. Lo tendré en cuenta.

 

Lenta y tortuosamente, el hielo que inmovilizaba a Drago en el suelo empezaba a expandirse poco a poco en el resto de su cuerpo. Bajo la atenta mirada azul del muchacho, aquel hombre estaba siendo congelado vivo sin piedad alguna.

 

— Tienes 30 minutos antes de desarrollar hipotermia. En el minuto 5 deberías entrar en estado de shock.

 

Sin entender ni una sola palabra, Drago maldijo internamente que haya detenido la tortura casi al límite de matarlo. Prefería morir.

 

Dejando solo su cabeza sin congelar, el albino posó su pie sobre la cabeza del hombre con tal de forzarlo a ver en una dirección en concreto: el lugar donde habían sido congelados Hiccup y Toothless 

 

— ¿Qué? ¿Quieres que me disculpe por matar a tu noviecito?

 

— ¿Cuándo dije que lo mataste?

 

Como si el mismo Odín lo hubiera decretado, una peculiar luz azul empezaba a emerger dentro del hielo hasta hacerlo volar en pedazos. Toothless estaba intacto, protegiendo a Hiccup con dientes y garras del Bewilderbeast a unos metros de ellos. Su espina dorsal ahora brillaba en un azul eléctrico y su rugido se escuchaba más intimidante de lo usual.

 

— Supongo que puedes quedarte aquí solo 

 

Terminando por congelar parcialmente su cabeza con tal de que se mantuviera en ese lugar, Jack corrió de inmediato hacía el vikingo siendo atendido por miles de personas.

 

— ¡Jefe! — Dijo, asustado de ver tanta sangre salir del cuerpo ajeno. Aquel que había ganado su respeto tras días de convivencia y le ofreció una cálida bienvenida en su tribu estaba al borde de la muerte sin oportunidad de salvarlo.

 

Dime, Jack... ¿Estás dispuesto a amar a Hiccup con tu corazón?

 

— ¿Qué?...

 

Las pisadas apresuradas de Valka y Astrid se aproximaron mientras una batalla campal entre Toothless y el Bewilderbeast llegaba a su final.

 

Ambas mujeres se acomodaron enfrente suyo intentando ver el estado del hombre agonizante, así acompañandolo en lo que restaba de tiempo.

 

Se honesto... ¿Eres capaz de amar a mi hijo así como él te ama? 

 

Un revoltijo de emociones empezaron a crearse en su corazón mientras el agarre en su mano parecía incrementar. Stoick estaba esperando ansioso una respuesta y Jack no sabía que decir.

 

El instinto de Astrid se activó de inmediato cuando vio al albino dudar. Había algo extraño, de verdad les ocultaba algo. Si en serio amaba a Hiccup, ¿Por qué simplemente no se lo decía?

 

— Sí, señor... — Sentenció él con una peculiar angustia en su mirar.

 

Entonces espero que lo hagas feliz por la eternidad.

 

Ahora soltando su mano izquierda de las de su esposa, el pelirrojo buscó débilmente la mano a quien pensó sería su nuera; apretándola sutilmente.

 

Lo siento tanto, hija... Ya hice pasar por mucho a ustedes dos... De verdad lo siento por todo.

 

Con lágrimas en los ojos, ella asintió decisiva aceptando gratamente las disculpas de esa segunda figura paternal en su vida.

 

— Lo entiendo... No hay nada que perdonar, jefe.

 

Abrazandola tan debilmente como pudo, Stoick volvió a sonreír a todos los presentes. Le hubiera gustado disculparse con su hijo y poderle ver una última vez pero el tiempo estaba en contra y las valkirias parecían reclamarle que se apresurase.

 

Díganle a Hiccup que lo quiero... Espero verlo felizmente casado contigo, hijo. Tienen mi bendición.

 

Riendo al unísono, poco a poco empezó a cerrar los ojos y en un instante el agarre desapareció hasta esfumarse con el último respiro.

 

Aún quizás en negación, Valka acercó su oreja al pecho de su amado, mas su expresión de melancolia les dio la noticia a todos que Stoick The Vast, un fiero guerro y gran jefe, había muerto.

 

Pero lo peor estaba por llegar en ese instante. 

 

— ¡PAPÁ!

 

A tropezones y siendo seguido por Toothless y una aturdida Luna, Hiccup se acercaba a toda velocidad al grupo de personas rodeando a su progenitor.

 

No hubo necesidad de abrirse paso como lo hubiera hecho cinco años atrás, pero quedarse congelado con la escena frente a él tampoco fue para mejor.

 

Ay, Hiccup...

 

En total silencio, el castaño se acercó al lado de Jack con la mirada vacía clavada en el cuerpo de su padre. 

 

Al igual que su madre, él se acercó lentamente al pecho de su padre en busca de escuchar algún tipo de latido. Tan solo uno. Uno y nada más.

 

Pero la mano de Jack sobre su hombro más un suave "Ya no está, Hiccup", terminó rompiendolo más de lo imaginado.

 

Así pues, en total silencio, Jackson se aferró a la cintura ajena con tal de confortarlo mientras el dolido heredero lloraba desconsoladamente sobre el frío cuerpo de su amado padre.

 

____________

 

 

Como parte de sus creencias, las cosas del jefe fueron puestos en un elegante drakkar junto a su cuerpo y fue llevado a alta mar para incendiarlo con flechas de fuego lanzadas por aquellos que más importancia tuvieron en su vida.

 

En todo eso estuvo Jack, inclusive fue uno de los que lanzó la flecha en llamas para despedir a Stoick y así que llegara a lo que ellos creían el más allá: Vallhala.

 

Desde el funeral de su padre hasta la ceremonia para ser nombrado jefe estuvo al lado del muchacho que prometió amar por la eternidad frente a su difunto padre.

 

En total silencio, Hiccup empezó a quitarse esa capa de pelaje de yack que marcaba su nuevo titulo con total desgano mientras se dejaba caer en el borde de su cama. Detrás de él entró Jack, el cual suspiró al verlo tan deprimido. 

 

Dejándo su amado cayado a un lado, el albino tomó asiento al lado de su próximo prometido, abrazándose a su cintura y soltando un desganado suspiro al igual que él.

 

Complacido por el afecto brindado, Hiccup acercó más el cuerpo ajeno al suyo en busca de confort por el luto que estaba pasando.

 

— Tú también te iras, ¿Verdad?

 

— Hiccup... — Le regaño débilmente el muchacho al no querer escuchar su realidad.

 

— Es la verdad...En algún momento tendrás que volver a tu tiempo, ¿No es así?

 

Jack no respondió. Prefirió mil veces guardar silencio antes de romperse más el corazón y con ello el de Hiccup. No sabía cómo ni por qué había regresado al pasado, pero sí sabía que lo que no haría sería volver.

Lo sentía mucho por Jamie y los guardianes, pero no dejaría a Hiccup.

 

— Claro que no — Convencido de sus palabras, Jackson tomó entre sus manos el rostro del pecoso con tal de plantarle un inesperado beso que subió su energía por unos cuantos segundos. — Hasta que no estemos casados y me prometas ante el altar quedarte conmigo por la eternidad yo no me iré.

 

Esa seguridad que transmitía era lo único que necesitaba Hiccup en un momento tan espantoso como ese. No quería ser jefe y menos la aprobación de su pueblo, solo los ánimos del que ya había elegido como su esposo por la eternidad.

 

— Gracias...

 

Bajo la atenta mirada de sus compañeros alados y la presencia omnipotente de un dios iluminandolos, ambos sellaron esa promesa antes de tiempo con un suave beso.

 

《 Está mal lo que haces, ¿Lo sabes, verdad? Estás destinado a regresar 》

 

 

En medio del momento, Jack frunció el ceño al escuchar en un punto a la mitad de su cabeza a esa imponente voz que solo un par de veces le habló cuando recién emergia de las profundidades de un lago.

 

Ni siquiera cuando fue nombrado guardián dijo algo.

 

《Hijo...》

 

 

"Callate, ¿Han pasado 300 años y solo me hablas para arruinar el momento?" Pensó para si queriendo cubrirse los oídos con tal de no oírlo más.

 

《Te vas a lastimar. A él, a ti y a todos. Solo te estoy protegiendo, hijo》

 

Separándose del pecoso abruptamente, volteó hacía el astro con la mirada totalmente iracunda y apretando los dientes en molestia.

 

— ¡LLÁMAME HIJO UNA VEZ MÁS Y...!

 

Como un balde de agua fría, esos tres pares de ojos expectantes cayeron encima suyo. No era mucho de miradas desde que llegó y empezó a ser visto pero se terminó acostumbrando...aunque esas miradas tan confundidas y extrañadas por ese repentino grito lo hacían sentir enfermo. Tal como las expectantes miradas de los guardianes la primera vez que se conocieron, quienes lo miraban a la espera de que demostrara si en serio era digno del título de guardián.

 

— Lo siento... — Intentó arreglar el momento incómodo y poco a poco parecía encogerse en su lugar como una flor marchita. — Je...Peleas con..."papá". Ya saben.

 

La mano de Hiccup se posó delicadamente sobre su hombro y con extremo cuidado terminó siendo rodeado por esos brazos cubiertos de cuero.

 

— Todo bien, ¿No es así?...¿Quieres hablar de eso?

 

Claro que no. Todo estaba mal. De un día otro había encontrado al amor de su vida, el cual estaba comprometido, pero terminó consiguiendo la aprobación de su pueblo y su padre – EL jefe de tribu – solo por el hecho de ser visto como dios, ¡El cuál ni siquiera lo era! 

 

Todavía no le pedía perdón a Astrid por haberle hecho una jugada tan sucia como entrometerse en un com-pro-mi-so y ahora su padre creador le había afirmado lo que tanto temía: Tendría que volver a su tiempo tarde o temprano.

 

Nada estaba bien, extrañaría a Jamie y sus amigos, pero tampoco quería dejar todo lo que había conseguido, ¡No quería alejarse de Luna ni de Hiccup!

 

¡No!

 

¡No!

 

¡Definitivamente no!

 

— Todo bien, Hiccy... — Sonriendo en contra de la maraña dentro de su corazón, el albino dejó otro fugaz beso sobre los labios del castaño antes de acomodarse sobre él, cual dragón mimoso, en busca de afecto que necesitaba en un momento como ese. — Si me sueltas tendré que llenar tu habitación con nieve.

 

— Oye...sabes que a Toothless no le gusta el frío.

 

Viendo de reojo al Night Fury, este le sonrió amablemente mientras se acurrucaba al lado de Luna casi de la misma forma en la que ellos lo estaban. 

 

"De tal jinete tal dragón, ¿Eh?...Por lo menos no estará sola cuando me vaya"

 

— Bueno...Entonces solo será tu cama para que no puedas dormir y tengas que limpiar.

 

Asintiendo en broma, Hiccup arrastró consigo al albino hasta quedar acostados en la cama y empezar a hacerle cosquillas en un intento de persuadirlo de no congelar su habitación entera.

 

— ¡Si me...si me sigues haciendo reír empezará una tormenta! — Intentaba detener esa tortura entre risas. — ¡Tenemos que ir al banquete conmemorativo de tu padre! 

 

— ¡El banquete!

 

Habiendo acordado súbitamente los planes del día. Hiccup se levantó de un salto de la cama para recapitular mentalmente todo lo que estaba en su itinerario.

 

— Le prometí a Goober y a Valka que presentaríamos el baile — Explicó mientras iba moviendo todas las cosas en su cuarto, lo suficiente para tener espacio y practicar esa coreografía.

 

— ¿El baile? — Preguntó él viendo desde su lugar, ya más tranquilo, como Hiccup parecía repasar en su memoria los pasos e intentando recrearlos ligeramente. — ¿El de tus padres?

 

— Ese mismo

 

Extendiendo su mano, el castaño vio sonriente a ese muchacho frente suyo; esperando con total paciencia que tomara su mano, así aceptando esa clásica manera de invitar a bailar.

 

— ¿Me permites enseñarte?... De todas maneras pienso bailarla en nuestra fiesta después de nuestra boda.

 

Jack podría estar estático en ese momento sin romper el contacto visual y completamente indiferente del suave viento moviendo su cabellera, pero sus ojos brillando con la luz de la luna ya era respuesta suficiente para saber que sí quería.

 

— Hey... — Logró decir después de un rato conectando su cerebro con su lengua. — Esa es una buena idea.

 

Saliendo del trance, Jack tomó su mano y ambos se colocaron en la improvisada pista de baile siendo vistos con alegría por sus dragones a unos centímetros de ellos.

 

Con mucha paciencia, Hiccup empezaba a coordinar tanto sus pasos como los de Jack y lentamente aquella coreografía que vieron en un cálido momento familiar empezaba a parecerse demasiado a la original.

 

— Se supone que debes dar la vuelta caminando y saltar sobre mi pierna — Explicaba entre pequeñas risas el pecoso. 

 

— ¡Como estas arrodillado pensé que sería más fácil si solo me ayudo con el viento!...Hey, no te rías 

 

Para el décimo intento los pasos eran idénticos y la estabilidad vocal de ambos era mejor. Ni Hiccup ni Jack eran los mejores cantantes de todo el archipiélago, pero afortunamente esa melodía no necesitaba voces profesionales. Con solo transmitir ese momento de diversión y el amor que se tenían era suficiente.

 

I'll swim and sail a savage seas. With never a fear of drowning!

 

Curiosamente la parte final resultaba ser la más divertida para ambos. Hiccup no era capaz de levantar ni a un niño de 8 años, por lo que levantar a Jack iba a ser misión imposible. O eso pensaban hasta que con ayuda del viento el albino consiguió hacer la ilusión de estar siendo levantado.

 

— ¡Voy a detenerlo!

 

— ¡Espera, espera! ¡Aún no me acostum...¡ ¡Aaaaah!

 

Derepente sentir el peso del chico entre sus brazos fue equivalente a que le hayan tirado un saco de papas encima sin previo aviso. Como pudo, el castaño intentó mantenerse de pie aunque sus piernas temblaran, pero ambos terminaron estrellándose contra el piso sin lograr sostenerse a algo.

 

Entre carcajadas ambos supieron que estaban más que listos para esa presentación en honor al ex jefe de Berk. Y en el fondo de su corazón, Jack pedía a los dioses en los que ellos creían que le permitieran ver a Stoick desde el Valhalla lo bien que presentarían esa pieza por él.

 

 


 

 

No pasó demasiado tiempo del esperado. Tres años después del mayor cambio en la vida de Hiccup, la tragedia volvió a tocar su puerta cuando más contento se encontraba preparando todo para su boda.

 

Un hombre extremadamente alto – posiblemente más que su padre –, de vestimenta blanca pulcra y elegante tocó a su puerta en una noche de invierno para reclamar a aquel que tanto amaba.

 

Nadie entendió muy bien la historia porque Hiccup nunca se explayo demasiado al respecto. Ni siquiera la misma Astrid logró saber lo que había sucedido esa fría noche. 

 

El anillo de compromiso que Hiccup le había enseñado para Jack simplemente desapareció al igual que con las prendas del muchacho y lo único que quedó de él fueron sus momentos compartidos guardados en la memoria de cada habitante y los retratos que decoraban cada libreta del joven jefe.

 

"Volvió a Asgard... Dónde pertenece"  Fue lo único dicho por el jefe y lo que todos debieron aceptar por orden.

 

Ese compromiso que pensó olvidado volvió a retomarse tras un acuerdo entre el clan Hofferson en respeto al deseo inicial del ex jefe antes de morir.

 

Una nueva amenaza mucho más peligrosa apareció y con ella muchas más decisiones difíciles que tomar. Luna era el último recuerdo de Jack que le quedaba a Hiccup y dejarla ir junto a su mejor amigo fue la cosa más dolorosa que pudo presenciar.

 

— Sé que nos volveremos a ver, chicos...Lamento que esto tenga que ser así — Hablaba con un nudo en la garganta mientras acariciaba las cabezas de ambos furies. — Nuestro mundo no los merece... Aún 

 

Dándole un fuerte abrazo a ambos dragones, Hiccup le pidio a Toothless que llevara a todos los dragones residentes en Berk al mundo donde pertenecían: al mundo oculto.

 

Un fuerte rugido del Night Fury ordenó a todos los demás que volvieran al lugar que los mantendría seguros. 

 

Hiccup no dijo nada más. Con una suave sonrisa y viéndolos titubear sobre si irse o no, ambos furies volaron tan hermosamente como siempre hasta "el fin del mundo".

 

Suavemente, Astrid se aproximó al pecoso para ayudarlo a mantener el equilibrio cuando lo vio tambaleante en medio del llanto silencioso. En algo ya cotidiano, posó el brazo del muchacho sobre sus hombros mientras ambos observaban el camino que sus amigos habían tomado.

 

— Ellos también volvieron a casa... Siempre supe que algo así sucedería — Su tono y semblante la entristeció más que aquel último abrazo con Stormfly hasta (posiblemente) nunca más. — Yo también quiero volver...Lo siento por todo.

 

Ella simplemente no respondió, dejó que Hiccup llorara todo lo que quisiera y cuando estuvo listo lo ayudó a regresar a casa para empezar a fabricar una nueva prótesis metálica.

 

Los años pasaron sin pena ni gloria. Tras esa experiencia contra la muerte, la tan polémica boda se llevó acabo aunque no con el mejor ánimo del mundo.

 

Astrid sabía muy bien que el corazón de su esposo pertenecía a alguien más. Todos sabían a quién veía Hiccup en los ojos celestes de Astrid. Todos estaban tristes que esa historia de amor no fuera más que un trágico romance.

 

Ambas manos fueron unidas por el mismo listón que había pasado por muchas generaciones de jefes y tras un ligero movimiento con el cayado de la anciana, aquello acabó con un fugaz beso que solo cumplía la tradición.

 

Hubieron aplausos, pero no tantos como se esperaría y el baile después de la boda fue bastante mediocre a excepción de la hidromiel que lograba animar un poco el lúgubre ambiente. No hubo baile en conmemoración a los Haddock y mucho menos una declaración de votos en forma de poesía.

 

Aún con el ánimo por los suelos, Hiccup intentó no arruinar todavía más aquel día que debería ser alegre siquiera para una de las partes. Animado por si mismo, el muchacho se levantó para invitar a bailar a su ahora esposa y el ambiente mejoró cuando la triste expresión de Astrid mejoró.

 

Mucho no se podía hacer con Hiccup, pero por lo menos estaba intentando llevar las cosas bien.

 

Como era esperado, el matrimonio se consumió y 9 meses después nació una hermosa niña llamada Zephyr. La primogénita Haddock. 

 

Lo único malo eran las normas vikingas, puesto que 5 años después tuvo que nacer el próximo heredero a jefe, el segundo Haddock: Nuffkin.

 

Los más tradicionales aún creían que un matrimonio sin verdadero amor no iba a acabar bien para los niños, mas Hiccup les mostró todo lo contrario amando y protegiendo a sus hijos con todo su corazón.

 

— ¡Papá, papá, mira lo que encontramos! — Llegó una vez a la mesa Nuffkin, cubierto de polvo hasta la nariz y con un libro en manos que Zephyr le retó sacar del ático.

 

— Es uno de tus cuadernos antiguos, ¿Verdad? 

 

Dándose cuenta de las palabras de su hija, el pecoso casi se atraganta con su vaso de agua al procesar que su tesoro más preciado estaba en manos de sus hijos.

 

Intento una y mil maneras de tomarlo una vez más antes que las preguntas aumentaran, pero todo fue en vano porque ellos ya lo habían leído entero.

 

— ¿Quién es este chico? Eres muy importante para ti, ¿No es así? — Decía Zephyr a su izquierda mientras sostenía la libreta entre sus pequeñas manos; examinando cada detalle de los dibujos.

 

— ¿Mamá no fue tu primer amor? No puede ser... — Decía Nuffkin a su derecha.

 

En un movimiento rápido, Hiccup consiguió hacerse con la libreta y soltó una carcajada de victoria. Volver a mirar esos retratos lo llenaron de tantas buenas memorias que en su mente se reprodujo algo muy importante para ese albino de ojos azules: "Creer para ver".

 

"Si los niños no creen en mi, entonces soy prácticamente invisible en mi línea de tiempo"  Recordaba decir a Jack un día que preparaban la cena para los dragones. Habían pasado 10 años y aún recordaba perfectamente su voz.

 

Soltando un melancólico suspiro, Hiccup cerró la libreta bajo la atenta mirada de su hijo y la analítica mirada de su hija. Definitivamente Zephyr era el clon de Astrid.

 

— Muy bien... ¿Qué les parece si les cuento una historia?

 

— Ya estamos mu...

 

— ¡Sííííí! ¡Historia, historia, historia!

 

— Todavía tienen edad, pequeña. Acomodense como mejor les parezca porque esto será largo...

 

___________

 

Astrid nunca entendió como Hiccup pudo ser tan fuerte todo este tiempo, sonriendo como si nada cuando todas las noches estaba sumido en la melancolía y en las mañanas era una rutina tener que ayudarlo a despegarse de la cama.

 

Cual flor sin agua, el Haddock parecía marchitarse poco a poco hasta que un día así sin más — semanas después de nombrar a Nuffkin jefe — partió sin previo aviso para encontrarse con su padre.

 

Aunque la mayoría lo tomó como una llamada temprana del muchacho a los campos de Fólkvangr para apoyar a los guerreros con su ingenio, pero Astrid sabia muy bien que, en el fondo, había sido esa melancolia la que había escarbado hasta lo más profundo de su corazón y terminó por acabar con él.

 

El funeral fue realizado con los debidos respetos y Nuffkin fue el primero en lanzar aquella flecha de fuego para despedir a su amado padre.

 

— Espero pueda verse con el abuelo — Había dicho Zephyr en medio de aquella primera cena sin él.

 

— Claro que lo verá. No deberías dudar — Dijo Nuffkin bastante alicaído para la personalidad que tenía.

 

— Ahora está con más gente que lo ama... No tienen que dudar que está con ellos, ¿De acuerdo? — Las palabras de su madre fueron el comentario final de esa conversación.

 

 

 


 

 

Lo que había sido una vida entera para algunos, era cosa del pasado para aquellos que se encontraban en el futuro. Através de un portal parecido a los de North, Jack había vuelto justo en media reunión de los cuatro guardianes.

 

Lo que ellos pensaron sería un reencuentro cálido y feliz, se transformó en uno deprimente y desconcertante al ver como Jack estaba llorando desconsoladamente con una extraña vestimenta y con un bolso de cuero en el hombro.

 

Toothiana fue la primera en acercarse seguida de North y Sandy al triste muchacho que parecía estar llorando su corazón sin parar.

 

Varías dudas vinieron con su regreso, pero ninguna fue planteada y mucho menos respondida por el estado anímico del albino. Como la familia que se consideraban, todos hicieron lo posible para reconfortar al muchacho.

 

"Díganle a Mim que me regrese... Necesito volver. Mim me lo prometió" Era lo único que balbuceaba el pobre sin poder calmarse. Tanto fue su dolor que Sandy decidió usar su arena para hacerlo descansar un poco cuando vio que hasta respirar le era imposible.

 

Figuras casi distinguibles volaban sobre su cabeza lentamente; pintando una sonrisa en su rostro que consoló a todos.

 

— ¿Qué serán esos? — Preguntó Toothiana viendo a dos figuras aladas volar – que sentía haber visto antes – en una preciosa coreografía al rededor de una pareja haciendo un baile bastante peculiar. 

 

— No deberíamos indagar en eso, Thiana — Le dijo North en un tono bastante simpático. Parece que a él también le agradaba ver a Jack sonreír nuevamente aunque fuera en sueños.

 

Llevándolo a ese cuarto de invitados en la guarida de North, Bunny accidentalmente dejó caer una libreta de esa rudimentaria bolsa con la que había llegado.

 

No había mucho en ella; un par de apuntes, dibujos y una peculiar nota que parecía estar escrita en un idioma antiguo. En lugar de letras como las conocidas, estas parecían jeroglíficos.

 

Sin pensarlo mucho, Bunny volvió a guardar esa nota entre las demás hojas y lo dejó encima del escritorio, justo donde abajo habían puesto la bolsa.

 

Toothiana ayudó a quitarle esa peculiar capa, las botas, los brazales y ese extraño collar que llevaba, para que North lo dejara en la cama.

 

Una última vez, Sandy volvió a echar un poco de arena dorada sobre los ojos del albino y Bunny se encargó de acomodar bien la sabana sobre el gélido muchacho.

 

De esa forma, todos los presentes se retiraron de la habitación en completo silencio y acordando no decir palabra alguna de lo acontecido hasta que el mismo Jackson lo haga.

 

__________

 

Cuando el tiempo pasó y el tema no volvió a ser nombrado, eso picó en la curiosidad del hada de los dientes. La exótica ropa de Jack había sido guardada bajo protección de los yetis en un cuarto a petición de él mismo y North le dio como regalo del día del niño un sweater del mismo color de su clásica polera para que variara de estilo.

 

"¡Es lo que está de moda!, ¡Pruébalo!"  Le dijo con mucho entusiasmo al guardián de la diversión que no parecía muy alegre desde el incidente.

 

El cambio de vestimenta si fue algo sorprendente de ver para ella. Jack había añadido un par de brazales con pelaje blanco adentro y hombreras con una capucha integrada (también forrada por dentro). Si lo veías a simple vista tranquilamente podías confundirlo con un guerrero de los antiguos.

 

— ¿Puedo saber el por qué del cambio? — Preguntó gentilmente Tooth mientras veía desde lo lejos como sus haditas hacían su trabajo de siempre y de vez en cuando una que otra nueva se acercaba para recibir órdenes.

 

Jack no era mucho de visitar a los guardianes en fechas que no fueran para festejar algo. Que últimamente hubiera estado pasando por sus oficinas era llamativo.

 

— Solo...Me recuerda al lugar dónde estuve todo este tiempo.

 

— Debió ser muy agradable, ¿No es así? — Un asentimiento leve fue lo que recibió.

 

Para ellos no habían sido más que dos tediosas semanas en las que intentaron traer de regreso a Jack, siendo para la tercera en la que Mim les dejó descansar diciendo que él lo regresaría.

 

— Tu collar... — Antes que la chica pudiera terminar el cumplido, su ágil vista se posó en el dedo anular que sostenía el cayado.

 

Un anillo de plata en el dedo anular...¿Debería suponer lo evidente o mejor preguntar y quitarse las dudas?

 

— Es muy bonito...Me gusta el gravado que tiene — Dijo ni bien se dio cuenta lo evidente que podría llegar a ser sobre donde estaba su atención.

 

Jack agradeció en silencio mientras juntaba sus rodillas contra su pecho y las abrazaba queriendo hacerse chiquito. Tooth seguro ya debía intuir el por qué de su visita (muy aparte del no querer sentirse solo nuevamente).

 

— Tooth...Tu tienes los dientes de todo el mundo aquí, ¿Verdad?

 

— Mmmh...Sí, de todos 

 

— Si te digo el nombre de alguien...¿Podría verlos un rato?

 

Más curiosidad pareció pegar en su pecho, pero hizo lo posible para resistirse y no preguntar.

 

— Nadie puede ver memorias ajenas, Jack — Eso pareció desilucionarlo. — Pero puedo mostrártelas, ¿Quieres eso?

 

La mirada apagada del chico se iluminó mágicamente y después de un efusivo asentimiento con la cabeza, Toothiana se acercó a una hadita veterana para que se acercara al muchacho y este le dijera el nombre.

 

Hiccup Haddock Horrendous III — Escuchó murmurar con leves nervios.

 

Un nombre bastante peculiar que daba gracia al oírlo por primera vez, pero útil si querías encontrar algo específico sobre esa persona.

 

Al igual que el hada original, la hadita pareció tentarse por el peculiar nombre antes de empezar a guiarlos hacía la memoria que querían ver. Jack no se enojo, mas bien rio suavemente al ver como ambas intentaban contener la risa.

 

Volando rápidamente de varios contenedores a otros, ella terminó apuntando una fila en especifico. Después de un suave toque sobre una de ellas; un tubo de oro con un retrato al lado se le fue entregado.

 

Este es... — Su voz parecía tan melancólica que Toothiana pudo sentir por unos segundos esa tristeza en el corazón ajeno. 

 

Jackson examinó detalladamente ese pequeño retrato del portador de las memorias. Un chico de cabello marrón, ojos verdes y pecas era el Hiccup Haddock que mencionó. Por su expresión en el dibujo se podía saber que era alguien amable.

 

— No te las puedes quedar — Añadió ella ni bien percibió la pregunta querer salir de su boca. — Por algo tengo la tarea de resguardar esas memorias...Si algunas son útiles, Mim me ordena guardarlas. De lo contrario, desaparecen por su cuenta.

 

Eso pareció darle un brillo de esperanza a los tristes ojos azules que no hace mucho desbordaban alegría. Ahora se preguntaba cuál era esa promesa que Mim le había hecho al chico, la cual se mantuvo repitiendo por horas el día de su llegada.

 

— Si son útiles... — Habiéndo aceptado que no podría tener las memorias del muchacho, Jackson volvió a entregarle a la hadita las memorias y soltando un suspiro vio como eran guardadas nuevamente. Ahora necesitaba un abrazo.

 

Toothiana iba a cambiar de tema cuando un repentino temblor que sacudió todo el mundo e incluso el palacio de los dientes asustó a las pequeñas haditas presentes.

 

— ¡¿Qué es eso?! 

 

Solo fue un movimiento telúrico no más duradero que dos minutos, mas lo suficientemente fuerte como para destruir pueblos enteros si así quisiera.

 

Jamie... — Fue lo primero que vino a su cabeza. Había pasado tiempo desde que lo fue a visitar después de su viaje en el tiempo y claramente no iba a dejar a su niño favorito solo en un momento como ese. — Tengo que ir a ver a los niños.

 

Tooth ni siquiera se opuso, puesto que ella pensó en lo mismo. Deseándole suerte, vio como Jackson se alejaba a toda velocidad  con ayuda del viento.

 

Ni bien se fue acercando cada vez más a Burgess todo lucía sumamente normal. Una que otra tienda removida por dentro, pero ningún poste de luz caído o casas destruidas. La gente estaba asustada y eso se sentía en la atmósfera.

 

Arreglaría esto cuando viera que Jamie, Sophie y sus amigos estuvieran bien.

 

— ¡Jamie! — Llegó casi que gritando al cuarto del niño; asustandolo casi de muerte junto a su hermanita pequeña. Ambos estaban resguardandose en su habitación tras ese repentino terremoto. — ¡Lo siento mucho!

 

¡Jaack! — Lloriquearon ambos antes de abalanzarse al albino cual hermanos menores a su hermano mayor.

 

Ahora con 13 y 6 años, los hermanos Bennett seguían viendo al guardián como ese hermano mayor que necesitaban en momentos importantes. Ambos habían sido los primeros creyentes de Jack Frost y eso los había vuelto sus protegidos.

 

— Está bien...Todo está bien. Ya no volverá a temblar

 

Siendo las 10 a.m. en el solsticio de Invierno, los padres de ambos se encontraban trabajando en distintos lugares bastante alejados de casa. Jamie le contó que, minutos después del incidente, ambos progenitores habían llamado preocupados para saber sobre la integridad de ellos dos.

 

Que suerte tenían sus padres de tener a un guardián cuidando de sus hijos sin saberlo.

 

— Todo está bien...

 

Le llevó un tiempo calmar a los dos por completo, secando sus lágrimas torpemente con los brazales que usaba. 

 

— ¿Qué les parece si les preparo un chocolate caliente para el susto? — Tres años de convivencia en esa peculiar aldea le sirvió de mucho a recordar lo que era estar vivo. 

 

Como espíritu comer no era necesario, pero al llegar a ese tiempo había vuelto a ser mortal en cierta parte. Cuando encontró a Lauwine se limitó a comer cuanta fruta encontrara y los pescados que ella conseguía.

 

Ya podrán imaginar el desastre que fue aprender a hacer una fogata con la ayuda de un dragón y los dolores de estomago hasta saber cuál era el termino correcto de un pescado.

 

Si no fuera por Goober, nunca hubiera aprendido a hacer ni un café. "Si te vas a casar con el jefe, entonces deberás prepararte para la cocina, ¿Cómo crees que el jefe y los herederos van a estar saludables?"  Le dijo el rubio mientras lo arrastraba con toda la alegría del mundo a una cocina rudimentaria para unas clases privadas.

 

Los niños se sorprendieron por esa propuesta, no tenían ni la menor idea de que un guardián pudiera cocinar. Aun así, aceptaron sin dudarlo porque un chocolate caliente nunca se negaba.

 

— ¿Sabes cocinar? — Fue Jamie el que preguntó mientras se subía a la mesada de la cocina para ver bien lo que hacía Jack.

 

— Algo así... Puedo presumir que soy el único de los guardianes que lo hace — Dijo con una sonrisa mientras Sophie le ayudaba a buscar los ingredientes entre pequeños saltitos.

 

— Es verdad, los yetis de Santa cocinan las galletas — Recordó el pequeño haciendo memoria de la última visita del famoso personaje. 

 

— Exacto. Y la mayor parte de las galletas son lamidas por los elfos.

 

Un sonoro "Agh" fue hecho por ambos niños mientras la estufa era encendida y los ingredientes vertidos en el recipiente. Cual niños que todavía eran, ambos empezaron a jugar con su imaginación y las creaciones escarchadas de Jack mientras él terminaba de servir el contenido en sus respectivos vasos.

 

— Me lo enseñaron de otra forma, pero traté de ser fiel a la receta con la modernidad — Explicó él, esparciendo un poco de cacao sobre los malvabiscos flotando en el espeso chocolate. — Ya está.

 

Después de un suave "provecho" ambos niños se lanzaron a las tazas para degustar si ese dulce aroma que desprendía sabia igual de bien como olía.

 

Las pequeñas pupilas de ambos niños parecieron dilatarse con el primer sorbo y entre soplos empezaron a acabar con el contenido disfrutando de cada trago.

 

— ¡Quiero repetir porfavor! — Dijo Sophie con un gracioso bigote de chocolate y extendiendo su taza hacía el albino. Jamie le siguió después pidiendo lo mismo y claramente Jack no se iba a negar.

 

Las últimas tazas de chocolate fueron servidas y con eso los niños quedaron satisfechos. Listos para ayudar a Jack con su trabajo como guardián: Animar a todos los niños posibles en Burgess.

 

Había pasado una tragedia que los dejó muy asustados, todos necesitaban algo de diversión a menos que quieran a Pitch de regreso.

 

Tomando sus trineos y ropa necesaria para salir afuera en un día nevado, Jamie y Sophie empezaron a deslizarse en una pista de hielo creada a tiempo real por Jack. Niño que pasaba y los veía se unía a las risas junto a una repentina pelea de bolas de viene con cualquier niño cercano.

 

Así fue como la alegría de Burgess volvió a su estado natural en tiempo récord. Dejando que los Bennett regresaran a casa temprano después de haber reparado la alegría.

 

— ¡Cierto Jack! — Jamie corrió rápidamente a su habitación para sacar un libro algo pesado y con portada aburrida. — ¡Aquí está lo que me pediste! Dejame decirte que tu vestimenta se parece extrañamente a la de ellos. 

 

Entregándolo con una sonrisa, Jack sonrió en grande al ver que Jamie le había conseguido ese libro sobre vikingos en América que le causó curiosidad cuando lo vio regresarlo a la biblioteca.

 

— Muchas gracias, pequeño. Esa es la idea — Revolviendo su cabello con suavidad, tomo el libro y decidió darles otro momento de diversión donde pudieran seguir conviviendo.

 

Después en un lugar más tranquilo podría echarle un ojo.

 

__________ 

 

A media noche y en un lugar bastante tranquilo del bosque, la lectura comenzó lenta y tortuosamente. Hace mucho tiempo Jack había dejado de leer y ahora la comprensión lectora se veía más compleja que nunca.

 

Saber qué había sucedido con Hiccup nunca fue tan dificil como ahora. 1908 años en el futuro tenía mucha historia de por medio. Cosas podían no ser registradas y quedarse en el olvido.

 

Eso parecía haber pasado con este libro. Los dragones eran retratados como mitos que solo los vikingos usaban para intimidar y la presencia del apellido Haddock parecía inexistente mientras pasaba las páginas.

 

《 En la 540 está lo que buscas

 

Rápidamente el muchacho volteó para ver a su única fuente de iluminación con el ceño levemente fruncido. 

 

— ¿Por qué miras mis cosas? — Y como era de esperarse. No hubo respuesta.

 

En un movimiento rápido de páginas casi llegando al final encontró la dichosa página 540. "Los primeros vikingos americanos" se titulaba el capítulo. Se tardó un tiempo en pasar tantas letras lo más rápido posible hasta poder dar con el apellido que tanto extrañaba leer.

 

"Einar Haddock fue el primer vikingo en nacer en pueblo americano tras la intensa travesía de sus padres Leif Haddock y Engla Bjöndóttir (nombre de soltera)"

 

"El árbol genealógico de Einar se ve incompleto por el paso del tiempo, puesto que los investigadores no reunieron pruebas arqueológicas suficientes para determinar toda la línea Haddock."

 

"Varios historiadores afirman que el bisabuelo de Einar se trataría de Nuffkin Haddock. Una figura bastante emblemática gracias a la fama que tuvo su padre por estar estrechamente relacionado con los dragones. Esa podría ser la prueba clara de que estas fantásticas criaturas existieron al igual que lo dinosaurios."

 

"Diversos restos arqueológicos de barcos fúnebres encontrados en distintas partes de europa demuestran la relación del tatarabuelo de Einar con lo dragones, pero su nombre no pudo ser descifrado"

 

Imágenes de esos platos donde tenían la figura tallada de Toothless estaban adjuntos al libro. El problema es que el fuego, la humedad y el tiempo había arremetido tanto con esas piezas que con las justas eran visibles.

 

— Esto es tan confuso... — Murmuró para si el albino mientras se rascaba la cabeza intentando comprender lo leído.

 

De un momento a otro, su cerebro pareció juntar todas las piezas y viendo una vez más los retratos de reconstrucción sobre el linaje Haddock al fin pudo comprender lo que había sucedido.

 

Oh...Entonces sí se casaron — Balbuceo viendo a los que serían los retratos de los hijos de Hiccup. ¿Cómo había sido tan ciego? Si la niña era la viva imagen de su madre y el niño del amor de su vida.

 

Recordando esa alegre melodía que habían practicado una noche entera, Jack no pudo evitar tararearla al imaginarse una vida dónde quizás esos dos hubieran sido sus hijos adoptivos.

 

Si se hubiera puesto más firme cuando Mim apareció esa noche o hubiera ignorado las palabras de Hiccup cuando le dijo que lo mejor era volver, ¿Algo habría cambiado?

 

— Puede que sí... — Se respondió a si mismo en forma de consuelo. 

 

Una extraña sombra pareció pasar a toda velocidad por el rabillo de su ojo. Todo estaba oscuro a su alrededor, había sido demasiado arriesgado leer en un lugar como ese cuando pudo ir al polo.

 

— ¿Quién anda ahí?

 

No hubo respuesta. Podría ser cualquier cosa.

 

— ¿Conejo?...¿Tooth? 

 

Como si de un sueño lucido se tratara, una figura humanoide salió de entre las sombras, pero esa figura no se trataba nada más y nada menos que el mismo Hiccup.

 

— ¿Jack?

 

¿Qué...?

 

En lugar de alegrarse, Jackson empezó a retroceder lentamente por cada paso que eso daba. Su corazón y cerebro le decían con claridad que ese ahí llamándolo no era Hiccup. Lo presentía.

 

Se veía terrible; ojeroso, con la armadura hecha trizas y caminando casi que como un zombie. Mientras más se acercaba parecía que su piel se pudria y un fuerte olor a quemado lo acompañaba.

 

— T-tú...Tú no eres Hiccup...Tú

 

— ¿No me reconoces, cariño? Claro que lo soy.

 

El entrenamiento básico que Astrid le había dado pasaba en su memoria cual tutorial ante esa situacion. "Levántate y corre. Disparale y huye" escuchaba en su cabeza, mas sus extremidades empezaban a temblar, ¿De aquí a cuando había sentido un miedo parecido?

 

— No...no, claro que no

 

Justo cuando sus manos dejaron de temblar y una ola de valentía pareció inundar su cuerpo. Un túnel abajo suyo se abrió y empezó a caer por él. 

 

Lo último que logró escuchar fue el quejido de Pitch y como un flecha parecía ser disparada desde la lejanía.

 

En un aterrado grito fue que llegó a la cabaña de North casi hiperventilandose por esa escena sacada de sus pesadillas mismas. Saber que Hiccup era capaz de morir siempre lo aterró previo a la guerra, pensar en él cerrando los ojos como lo hizo su padre era aterrador.

 

— ¡Es Pitch!, ¡Pitch ha– !... ¡¿Y el libro de Jamie?!

 

Desperado, empezó a buscar en el piso a ver si por algún milagro estaba ahí, cosa que no sucedió y por poco enloquece si no hubiera sentido miradas encima suyo.

 

Las miradas sorprendidas de los yetis le hicieron saber que quizás lo mejor era calmarse un poco, mas bien ¿Por qué estaba aquí?

 

Poniéndose de pie con cayado en mano, Jack aclaró la garganta mientras intentaba verse más presentable y menos como alguien que solo le quedaba un cuarto de tornillo en el cerebro.

 

Rescataría ese libro después.

 

— ¿Dónde están los guardianes?

 

Phil señaló amablemente el lugar de reuniones y en menos de nada Jack ya se había encaminado a la habitación donde estaba ese enorme globo terráqueo.

 

— ¡Oigan chicos! Parece que Pitch se ha manifestado otra vez. El terremoto parece haberlo alimentado bien — Dijo en su camino lo suficiente fuerte como para ser oído. — ¿También lo vieron?, ¿Por eso me trajeron?

 

Risas fue lo primero que escucho y ni bien North lo divisó se acercó felizmente para integrarlo a esa conversación.

 

— Tú lo dijiste, Jack. Pitch ha vuelto.

 

Era extraño ver a todos tan felices por una noticia como esa. Se encontraban reunidos cerca al aparato mágico que les avisó que él llegaría y conversaban como si nada.

 

— ¿Sucedió algo, Sandy? — Lo único que entendió de tantas figuras fue la luna y a ellos. — De acuerdo... Así que...

 

— Llegaron más guardianes — Dijo Bunny igual de serio que siempre.

 

— Wow, se ve que han cambiado. Conmigo no fue así — Les reprochó el albino recordándoles los inicios de su amistad.

 

— Porque ellos no van a ser parte del equipo. Son más apoyo según Mim.

 

— Les vamos a saludar y conocer. Así como con el duende de los treboles o la marmota — Dijo rápidamente Tooth mientras seguía ordenando a sus hadas para seguir recogiendo dientes.

 

Como odio a ese sujeto — Susurró Bunny sintiendo un escalofrío recorrer por su espalda.

 

— Sí... Eso no pasó conmigo — Dijo esta vez con el ceño fruncido y recordando todas las penurias que pasó. — Solo Sandy me fue a saludar.

 

— Estábamos ocupados — Dijo Bunnymund mientras seguía pintando uno de los miles de huevos que estarían listos para la siguiente primavera.

 

North fue el primero en decir "Dejemos el pasado en el pasado" antes de ordenar a sus yetis a traer galletas para los próximos invitados, ¿Cuándo iban a llegar? No lo sabían bien, pero seguro dentro de poco.

 

Como el tiempo había vuelto a ser imperceptible para él, se dispuso a molestar un par de elfos congelandolos y creando diminutas guerras de bolas de nieve entre ellos con tal de no aburrirse.

 

Todo hubiera ido de maravilla si un característico ruido que conocía muy bien pareció pasar por arriba de ellos. 

 

— ¿Escucharon eso...? — Quizás se estaba volviendo loco.

 

Lastimosamente ni siquiera Easter le pudo dar una respuesta sarcástica, ya que una repentina flecha se clavó en una pared cerca a Toothiana y desapareció echando un casi imperceptible brillo azul. Todas las miradas se habían quedado enganchadas en ese repentino ataque hasta que alguien ajeno a ellos habló.

 

— Jökul Frosti, me alegra verte otra vez.

 

Era curioso, en su cuerpo ya no existía algo tal como la sangre sino que en su remplazo había un extraño líquido azul que podía asemejarse a ella mas no era lo mismo. Aun así, se podría decir que sintió como si la sangre hubiera bajado a sus  pies y su corazón dio un vuelco hasta llegar a su estómago.

 

Dando la vuelta como si fuera una pelicula de terror, Jack logró ver a la dueña de esa inesperada flecha y del saludo.

 

Ahí estaba, sujetando su hacha favorita sobre su hombro y dejando su otro brazo caer a un lado de su cuerpo. Vestía un conjunto totalmente distinto al que la vio el día de su despedida. Ahora portaba una especie de blusa celeste con fucsia, su característica falda y esos típicos accesorios que solo una guerrera llevaría.

 

— ¡¿Astrid?!

 

— Siempre supe que ocultabas algo, pero no esto.

 

A comparación de su reacción, ella rio suavemente acercándose para saludarlo de dos besos y al resto de los presentes de la mano. 

 

— Astrid Lofnyr, guardiana de la valentía. Enviada para ayudarles. 

 

Derepente en el cuerpo de todos apareció una discreta sensación de confianza tanto en ellos mismo como en la muchacha frente suyo. 

 

Esa descarga de valentía que había sentido no hace mucho tiempo atrás, ¿Había sido ella?

 

— Cierto, aquí tienes. — El libro que había dado por perdido fue entregado en sus manos y con eso aclaró sus dudas.

 

— ¿Conoces a Jack? — Fue North quién preguntó amistosamente, así continuando con una presentación parecida a la que Jack tuvo cuando fue llevado a esa guarida por lo yetis.

 

— Mucho gusto a todos... Jack y yo nos hemos visto en otro tiempo, ¿Sigue siendo un busca problemas?

 

— En la lista de malos, él tiene el récord.

 

Astrid volvió a reír mientras seguía hablando con los demás guardianes como si nada hubiera sucedido.

 

Mientras tanto, la confusión junto a la sorpresa seguían en la expresión del albino. Por ello, Sandy fue a ayudarlo al tocar gentilmente su barbilla para cerrar su boca.

 

"Pueden entrar moscas" Podía identificar tan solo por su gesto sonriente mientras seguía tomando su taza de ponche.

 

Tuvo que esperar un poco para que los demás guardianes no les prestaran atención. Cuando ellos volvieron a hablar entre ellos con fugaces participaciones de Astrid, ahí fue el momento perfecto para apartarla un ratito hacía un lugar más privado.

 

Dejando a un lado su libro, se aproximó a ella y con solo señas lograron alejarse del grupo.

 

— ¿Cómo? — Fue lo primero que pudo modular entre tanto que procesar.

 

— No lo sé, ¿Tú como llegaste aquí? Ni siquiera sé si Hiccup murió sabiéndolo.

 

— Me sacrifique por mi hermanita que iba a caer en un lago congelado... No sé cuanto tiempo pasó desde eso, pero Mim me sacó del agua siendo Jack Frost y no Jackson Overland.

 

— ¿El hombre de la luna? — Él asintió.

 

Astrid hizo lo mismo en silencio analizando su mirada para buscar verdad en sus ojos. Lo bueno es que lo encontró en menos de nada.

 

— Hiccup lo sabía... ¿Verdad? Sabía que te irías y que no eras un dios.

 

Triste de recordar la expresión resignada de Hiccup cuando tuvo que irse le arrugó el corazón. El pobre estaba al borde de las lágrimas y aún así le seguía sonriendo hermosamente.

 

— Sí... Lo sabía — Confirmó las sospechas que Astrid había tenido desde el momento en que dijo su nombre real. — Ustedes creían que era una de las formas de Odín y yo... solo era un espíritu invernal atrapado en el pasado.

 

La chica asintió uniendo todos los hilos en su mente rápidamente. Con todo aquello seguía sin poder odiarlo verdaderamente. En su anterior vida logró perdonarlo aunque tenía sospechas de lo que decía sobre si mismo.

 

Ella había muerto sin rencores y recordando con una pequeña sonrisa las cosas que había hecho Jack por Berk en esos cortos 3 años.

 

— Ambos mintieron sobre quien eras realmente...y salvaron a un pueblo entero — Dijo ella viendo al alicaído muchacho enfrente suyo. Él había entrado de imprevisto a un compromiso arreglado, pero tampoco tenía la culpa en las decisiones que otros tomaron.

 

En su tiempo, el mismo Jack le pidió disculpas de rodillas e incluso le dijo que estaba dispuesto a romper cualquier relación con Hiccup para que aquel compromiso siguiera si era necesario. Sin embargo, había sido ella la que lo ánimo a seguir amando verdaderamente al Haddock y que lo hiciera feliz de esa manera que ella nunca podría hacerlo aunque lo deseara.

 

Apoyando suavemente su mano sobre el hombro ajeno; Jack levantó la vista sorprendiendose de verla sonreírle.

 

— Oye...Sabes que ya no importa nada de lo que pasó antes, ¿Verdad? Hay que volver a empezar — Una sensación gratificante llenó el corazón de Astrid cuando el muchacho le devolvió la sonrisa enormemente y en un parpadeo ya la estaba abrazando. — ¡Hey! — Dijo ella entre pequeñas risas, aceptando la muestra de afecto.

 

Minutos después, ambos jóvenes se separaron dándose las sonrisas mutuas más honestas del mundo entero.

 

— Astrid Lofnyr, guardiana de la valentía...Mucho gusto, Jack Frost — Empezó la chica mientras extendía su mano a la espera de ser aceptada.

 

— Jack Frost, guardián de la diversión y parte de los 5 grandes — Dijo él estrechando su mano con la de ella. — Mucho gusto.

 

Ese era un nuevo inicio para una buena amistad que antes no se pudo dar. La promesa de Mim parecía haberse cumplido de una manera totalmente distinta a la que había imaginado.

 

Si hubiera sido Hiccup aquel nuevo guardián hubiera sido enormemente feliz.

 

— Oye, ¿Entonces tú te llevaste toda tu ropa? Siempre me gustó tu capa  

 

— La tengo en el cuarto de invitados, ¿Te la presto?

 

Antes que esos dos se escaparan de sus rangos, Sandy usó sus látigos para volver a integrarlos en el círculo haciendo un par de gestos regañandolos.

 

— ¡Hey! ¿Por qué no nos podemos ir?

 

— Aún falta uno

 

Astrid levantó una ceja e inclusive se preocupó cuando Jack pareció tener una especie de mental breakdown. Si de por si era pálido, ahora era un fantasma.

 

— ¿U-Uno...? — Preguntó con un pequeño temblor en la voz.

 

De repente, ese sonido que escuchó al principio volvió a pasar cerca al gigantesco balcón que daba una buena vista del polo. Lo malo es que era de noche y nada se podía apreciar aparte de oscuridad.

 

O por lo menos eso pensó hasta que una extraña silueta pasó por enfrente.

 

— El reencuentro del siglo — Comentó Astrid con un poco de burla al fin siendo liberada. Entonces ella también sabía de quien se trataba ese ruido.

 

Unas cuantas maniobras más le tomó al desconocido aterrizar entre las sombras sobre una criatura alada de brillantes ojos verdes. Se veía extremadamente intimidante con esa peculiar armadura que asemejaba a las escamas del dragon que montaba.

 

Una vez en la cálida luz, el sujeto bajó del animal para hablar en una lengua que no parecía tener sentido. Los ojos de la criatura se dilataron y con eso parecía haberle ordenado calmarse para no asustar a nadie.

 

Un dragón, pero no el que pensó que era. Se parecía a Toothless en anatomía, mas esas partes blancas en su torso decían otra cosa.

 

Blanco y negro...El híbrido de un Night y Light fury. Aquel inmenso dragón a unos metros de ellos era nada más ni menos que uno de los descendientes de su amada dragona y Toothless.

 

— Hola... Soy Hiccup Haddock, guardian de los dragones. Enviado para apoyarlos. 

 

Fue sorprendente ver como Toothiana fue la primera en acercarse con una memoria en manos. Así como la hadita lo ayudó a él, Tooth posó la mano ajena sobre la memoria y ambos estuvieron ahí por unos segundos hasta que volvió en si.

 

Lo primero que hizo el muchacho fue agradecer a Toothiana antes de guardar sus memorias en una mochila al lado de la montura del dragón y deshacerse de su casco.

 

— ¿Jack? — Preguntó él cuando sus ojos por fin encontraron de nuevo al amor de su vida entre todos los presentes.

 

Era el mismo que se presentaba en sus sueños y el que parecía materializarse cuando tocaba la arena dorada de Sandy. Estaba tal y como lo había visto la última vez, tan hermoso y radiante que esto sí parecía obra de los poderes de Sandman y no una pesadilla como la manifestación de Pitch.

 

Y recordando lo que no hace mucho había hecho The Boogeyman, Jack no pudo evitar apuntarle sin dudar con su cayado.

 

El Night Light fury se encorbó y sacó los dientes mientras se ponía en una posición protectiva con el muchacho. 

 

Esa acción provocó la sorpresa de los guardianes que intentaron detener al muchacho de hacer una locura, pero el inesperado hielo aferrándolos al suelo se los impidió.

 

— ¡Jack! ¿Qué crees que haces? ¡Es Hiccup! — Dijo Astrid intentando removerse de esa gélida prisión.

 

— Que lo demuestre

 

— ¡¿De qué hablas?!

 

— Pitch intentó atacarme tomando la forma de Hiccup ¡Qué demuestre que es el verdadero!

 

— ¡Pero tiene un puto dragón al lado, idiota!

 

— ¡No subestimes a Pitch!

 

El Haddock tenía una expresión de confusión en su rostro, manteniendo al dragón lejos de atacarlo al ponerse de barrera.

 

— ¿Jack?... Baja el cayado, por favor.

 

— Lo bajaré cuando pruebes que eres inofensivo.

 

El castaño pensó demasiado para lograr calmar todo. Había perdido todo lo material tras su muerte, incluso el regalo de compromiso que le había dado Jack.

 

Por lo menos él si seguía conservando el regalo que le dio. Una reliquia familiar con alto valor emocional.

 

¡Eso era! ¡El collar!

 

— Tu collar

 

— ¿Qué tiene?

 

— ¿Recuerdas lo que te dije el día que pedí tu mano después de ganar una carrera de dragones? — Por su cambio repentino de expresión ya sabía que lo había convencido, pero aún así seguiría. — Es el regalo de compromiso que le dio mi padre a mi madre y me lo dio para dártelo. Significa que estaremos junto por...

 

— La eternidad... ¿Hiccup?

 

No hubo necesidad de seguir hablando, Hiccup sonrió alegre y los ojos de Jack se cristalizaron cuando bajó definitivamente el cayado. El hielo atrapando al resto se derritio conforme las lágrimas del muchacho empezaban a caer y fueron libres finalmente.

 

Ahora una suave nevada empezaba a caer arriba de sus cabezas mientras el muchacho empezaba a llorar.

 

— Lo siento... Yo debí...

 

— ¡Ay ya callate, Frost! — Sin darle tiempo a reaccionar, el muchacho se abalanzó al albino con tal de alzarlo y empezar a dar vueltas en su lugar; sacándole gritos por miedo a caer.

 

— ¡Me dejas caer y te congelo!

 

— ¡Nunca!

 

Ya bastante cansado, Hiccup dejó otra vez en el suelo al muchacho solo para aferrarse a él mientras ambos jalaban aire a sus pulmones entre risas. Para haber renacido como guardián, tenía un poco más de fuerza que en su vida pasada pero no era la gran cosa.

 

— No pesas...nada — Decía mientras intentaba mantenerse en pie. Tener una pierna metálica era sumamente útil en esos casos.

 

— ¿Sabes qué?... Ya mejor bésame 

 

Cumpliendo con el deseo de su futuro esposo, Hiccup dejó que Jack lo tomara del cuello de su armadura hasta plantarle un beso en los labios. El mejor beso que había tenido en su vida sin duda alguna.

 

Con aquel hermoso reencuentro concretado, Sandy fue el primero en sugerirle a North que hiciera algo al respecto para seguir con el propósito de la reunión. Pero Santa no quería interrumpir el momento de los jóvenes así que se lo pasó a Toothiana. Ella estaba inmersa en la hermosa escena que brindaban esos dos, sería demasiado cruel si los separaba, entonces se lo dijo a Bunny. Él simplemente se negó y le relevo la tarea a Astrid quien, cumpliendo con lo que era guardiana, suspiró un poco antes de mandarle señales al Night Light Fury. Él ya se veía harto de tanta miel que desbordaba esos dos, así que sin miedo a un regaño golpeó sin piedad a Hiccup en la cabeza con su cola.

 

— Perdonen por interrumpir el momento, par de tortolitos. Pero hay una misión la cual cumplir, ¿Recuerdan? ¿El coco?

 

Jack rio mientras Hiccup solo se quejaba en una lengua extraña y sobaba su cabeza sin soltarlo ni un poco. Astrid tenía razón, era momento de centrarse en lo importante.

 

— Por ahora tenemos que hacer nuestro trabajo, pero después nos pondremos al día, ¿Trato?

 

Dejando un beso en la mejilla ajena fue como Jack se soltó del agarre para tomar la mano del Haddock e integrarlo al grupo para empezar a discutir sobre lo que harían para detener a Pitch una vez más.

 

 

____________

 

 

 

Aquella batalla sirvió para conocer más los nuevos poderes de aquellos enviados por la luna para ayudarlos en el proceso. Astrid teniendo un arma que podía cambiar en lo que quisiera y una agilidad sobrehumana fue lo más increíble de presenciar. Hiccup seguía peleando como bien conocía e inclusive llegó a tener un 1vs1 con Pitch hasta que llegó Sandy. 

 

Después de ver a una pesadilla del tamaño de un titan intentando aprovecharse de los miedos de cada uno, ya entendía por qué Mim decidió enviar apoyo, aunque también eso era parte de su promesa.

 

《 Ya no tengo ninguna deuda contigo. Ahora sigue sonriendo 》

 

 

Cual niño maleducado, Jackson le sacó la lengua burlón mientras miraba hacia la brillante luna que los iluminaba. Lo bueno fue escuchar a esa voz imponente reírse tras su pequeña mueca, entonces todo estaba en orden.

 

Un repentino abrazo de dos seres más pequeños llamó toda su atención, así sonriendo en grande al ver a sus dos protegidos. Con la llegada de Astrid e Hiccup los niños al fin pudieron mantenerse en un lugar seguro y alejarse del campo de batalla.

 

Por lo menos lo suficiente hasta que a Jamie se le ocurrió lanzarse a una pesadilla que estaba a nada de atacar a Jack por la espalda.

 

Desde ese momento Jamie parecía ser el único entre sus amigos capaz de ver la presencia de Astrid.

 

— Eso quiere decir que eres un niño muy valiente, pequeño. Felicidades — Dijo ella mientras apretaba cariñosamente la punta de su nariz.

 

Como cualquier hermano que presentaría a su pareja a su hermanito, Jack le contó al pequeño sobre la existencia de un nuevo guardián para seres que no muchos creían reales.

 

— ¡SABÍA QUE ERAN REALES! ¡¿SI LEÍSTE EL LIBRO, JACK?! ¡AHÍ MISMO LO DECÍA Y ADJUNTABA PRUEBAS! 

 

Habiendo despertado la nueva obsesión del castaño, Jamie empezó a contar las mil y un razones que tenía para creer en los dragones, a lo que Hiccup – igual de emocionado – empezó a hablar con él sobre todas las especies que se encontraban ahora mismo en el mundo oculto.

 

Una pequeña fiesta se llevó a cabo como la última vez que Pitch fue derrotado y entre todos pasaron un momento bastante agradable jugando juegos clásicos que Jamie había enseñado a Jack.

 

Además, estaban en el taller de santa. Cualquier juego que se les ocurriera era cuestión de 2 minutos para que los yetis lograran recrearlo.

 

Con la fiesta llegando a su fin, cada guardián volvió a su estación de trabajo y Jack después de mucho tiempo sacó ese antiguo bolso con todas sus pertenencias de ese empolvado baúl.

 

— Espero les vaya bien, chicos. Navidad está a la vuelta de la esquina y espero la presencia de los tres en esto.

 

— Como todos los años, North

 

Así pues, el tatuado hombre regresó a su oficina principal mientras ese trío dorado empacaba sus cosas para partir.

 

— ¿A dónde vas a ir, Astrid? — Preguntó él al imaginar que ella, al igual que él, tampoco tenía un lugar de descanso establecido.

 

— Ah, no te preocupes. Yo también tengo mi lugar, hay más personas valientes de las que crees, ¿Sabes?

 

Despidiéndose de ella, ambos jovenes vieron como esa hacha en sus manos fue convertida en un arco y, en un pestañeo, Astrid ya se había ido tras lanzar la flecha.

 

— Deberías darle un Nadder. Ya sabes... para no perder las costumbres — Recomendó él en pleno vuelo hacía lo que había escuchado como "el fin del mundo". Hiccup solo rió mientras asentía.

 

— Hay muchos Nadder, quizás encontremos uno similar a Stormfly por ahí.

 

— ¡Oh! Podríamos prestarle algunos a los niños y volver a hacer las carreras.

 

— Sí... No te emociones mucho, Snowman. Los dragones deben estar alejados de los humanos hasta que los merezcan.

 

— Pero los niños sí los merecen...

 

Percibiendo ese desánimo en su voz, el mismo dragón empezó a dar piruetas casi que mortales. Hiccup lo regañaba mientras se aferraba a su silla y Jack reía como desquiciado; complaciendo al reptil.

 

— ¡Ya está decidido! Las carreras de dragones volverán al ruedo — Sentenció Jack una vez esa montaña rusa al fin se detuvo.

 

— ¿Qué voy a hacer contigo?...

 

Riendo por la actitud animada de Jack tras haber tomado una decisión sin tener en cuenta nada de lo mencionado, Hiccup simplemente siguió el camino hacía su guarida.

 

— Aquí es, Jack. Bienvenido al mundo oculto.

 

Tras haber escuchado esa bienvenida, los ojos azules se posaron en ese enorme hueco a la mitad del mar que parecía tragarse el agua formando estruendosas cataratas. 

 

Hogar dulce hogar.

 

Y los ojos de Jack se iluminaron.

 

 

________

 

 

 

 

La boda tan deseada fue llevada tiempo después y después de mucho tiempo al fin ambos amantes fueron unidos en matrimonio con la bendición de la luna incluida.

 

El evento había sido pensado para ser solo en compañía de los dragones, pero la inesperada llegada de los guardianes y Astrid los tomó desprevenidos. Al parecer Mim optó por avisarles a todos para que fuera un momento más memorable.

 

Tras años de espera, aquel baile por fin pudo ser presentado con la compañía de los yetis como banda sonora. Nadie esperaba que Phil fuera un increíble violinista, pero fue un alivio para los recién casados.

 

— ¡Vamos, Jamie! ¡Mantén el equilibrio!

 

— ¡Eso hago, Hiccup! 

 

Tras tanta insistencia del albino, Hiccup no pudo negarle su tan amada carreras de dragones con motivo de cumpleaños (y no cumpleaños).

 

Las clases privadas al grupito de Jamie empezaron y cada uno con sus respectivos dragones parecían mejorar su vínculo y destreza en la competencia.

 

— ¡Esto es mejor que andar en bicicleta! — Gritó emocionada Pippa mientras Astrid le ayudaba con el equilibrio de su Nadder.

 

— ¡Van muy lento! — Pasándo a toda velocidad al lado de Cupcake con su Mounstrous Nightmare, Jack fue el primero en encestar un punto en su canasta ganadora con Night Light pintado.

 

— ¡8 PUNTOS PARA, JACK! ¡ÉL TOMA LA la DELANTERA! — Bocifero através de un megafono North desde el lugar más alto del juego en compañía de los demás guardianes. Se supone que ellos también iban a participar, pero todavía estaban perdiendole el miedo a esas increíbles criaturas.

 

Algo similar al cuerno de batalla que usaban antes, Sandy sopló con todas sus fuerzas para dar la señal a Toothiana de activar el lanza ovejas (de peluche) mientras Bunny cambiaba el marcador a favor de Jack.

 

Antes que Jack pudiera atraparla, Astrid fue la primera en hacerlo y empezó la carrera de relevos. De tenerla ella se la pasó a Pippa, la cual fue robada por Cupcake y al final el mismo Hiccup se la arrebató para encestar de un salto en su canasta.

 

— ¡LA OVEJA NEGRA FUE ENCESTADA! ¡HICCUP GANA! 

 

Gritando de emoción por su victoria, tanto jinete como dragón fueron al risco cercano de la plataforma para tomar un descanso. El resto hizo lo mismo, entre risas dejaron de volar en la plataforma de inicio antes de otra ronda.

 

— ¡Eso fue trampa, Haddock! — Dijo el albino mientras lanzaba una bola de nieve al muchacho viendo el horizonte solo para molestarlo.

 

Aquella broma fue fácilmente esquivada y hubo una pequeña persecución entre los dos; cayendo rendidos sobre el pasto y mirando como el sol poco a poco se ocultaba para darle paso a la luna.

 

— Este es un nuevo inicio...Aunque hay veces que extraño a Toothless — Confesó el castaño viendo las hermosas nubes formar la silueta de su querido amigo.

 

Aw~ ...No te preocupes, Hiccy. Algo me dice que Mim nos puede hacer el favor.

 

《 A mi no me metas 》

 

 

Tras una pequeña suplica interna y hacer ojos de cachorro abandonado, la luna soltó un suave suspiro. Eso era suficiente, Toothless y Luna podrían estar de regreso en cualquier momento.

 

La suave risa de Hiccup lo hizo voltear y ambos se sonrieron mutuamente por el momento.

 

— Eres el niño engreido de la luna, ¿Lo sabías?

 

— Estas casado con el niño engreído de la luna.

 

Asintiendo entre risas, Hiccup rodó un par de veces hasta cortar totalmente la distancia entre ambos. Ahora lo único que quería era agradecerle al hombre de la luna por haberlo escogido como guardián y darle una segunda oportunidad para estar al lado del amor de su vida.

 

— Te amo — Dijo él mientras contemplaba esos azules ojos en los que amaba perderse.

 

— Gracias, yo también me amo

 

— ¡No, no, no! ¡Dilo de vuelta!

 

Atrapandolo antes que escapara volando, Jack empezó a ser atacado cruelmente con cosquillas y aunque pataleara no tendría escapatoria.

 

— ¡Dilo de vuelta! ¡Dilo!

 

— ¡Está bien, está bien! ¡Lo diré pero... suéltame! — Dudando de sus palabras, Hiccup lo dejó abruptamente; permitiéndole tomar aire y calmar el dolor en su estómago.

 

— Yo también te amo, Hiccup.

 

— Bien, así esta mejor.

 

Un suave golpe fue dejado en el pecho ajeno antes de que Jack volviera a agarrar el cuello de su armadura con tal de darle un beso tan lleno de amor que ninguno dudaría sobre el amor que confesaban tenerse.

 

— ¡Jaaack! — El lejano llamado de Jamie fue lo único que logró romper la burbuja de esos dos, llamando su atención en cero y coma. — ¿Vienen? ¡Vamos a tener otra ronda y esta será en serio!

 

Mirándolo de soslayo, Jack sonrió ladino al pecoso que sostenía su mano y también lo miraba con una sonrisa pequeña.

 

— ¿Qué dices?, ¿Quieres ser derrotado una vez más?

 

— ¿Derrotado?, ¿Cuándo he sido derrotado?

 

— ¡Justo ahora!

 

Jack fue el primero en subir en su Night Light, dejando a Hiccup atrás entre risas y retandolo sin miedo ni duda alguna. Soltando una risa, el chico también subió a su dragón; acercándose a la estructura de carreras siguiendo a su amado.

 

Si en algún momento Hiccup llegó a pensar que la luna era cruel, viendo a todos sus nuevos conocidos divertirse y disfrutar la compañía de los dragones lo hacían darse cuenta de lo equivocado que estaba.

 

Sí, quizás ellos dos no estaban destinados a encontrarse de esa manera, pero a pesar de todo habían logrado lo imposible para cumplir su promesa y estar juntos hasta la eternidad.

 

Gracias...

 

Fue lo último que le dijo Hiccup a aquel hermoso astro que empezaba a hacerse más presente conforme el cielo se volvía rosado.

 

Tras escuchar la suave risa de aquel que lo regresó a la vida, el muchacho volvió a integrarse en el juego siendo sin darse cuenta uno más bajo su ala. 

 

Grandes cosas le esperaban a esos dos y aquello recién estaba por empezar.