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Summary:

Carlos acaba de regresar de su servicio en el HMS Minerva. Andrew Parker Bowles invita al Príncipe Carlos a cenar en la nueva casa que comparten Camilla y él, como recién casados. Será la primera vez que Carlos y Camilla se encuentren después de la boda de Camilla con Andrew...

Notes:

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Chapter Text

La invitación había sido idea de Andrew. Camilla no sabía si lo había hecho para marcar territorio o si verdaderamente le halagaba que su mujer hubiera sido la amante del Príncipe de Gales.

Lo había sugerido poco después del regreso de su luna miel.

Andrew: Creo que deberíamos invitar al Príncipe de Gales a cenar a casa. Sería una muestra de respeto y una forma de demostrarle que puede contar con nosotros para lo que sea en el futuro.

Camilla se había quedado atónita al oír a su marido pronunciar esas palabras. Por un momento, había pensado que Andrew estaba tratando de gastarle una broma, pero su posado serio y su tono la habían convencido de lo contrario. Para ser justos, no creía que Andrew hubiera hecho esa proposición con ninguna malicia. Al fin y al cabo, Camilla no estaba segura de que su marido conociera la profundidad de los sentimientos que el Príncipe había desarrollado hacia ella.

Camilla: Quizá es demasiado pronto. Quizá deberíamos esperar a instalarnos del todo en la nueva casa…

Andrew: Tonterías. El Príncipe de Gales va a volver en pocas semanas y es necesario que le mostremos nuestro apoyo y le demostremos que su amistad es importante para nosotros.

En la mirada de Andrew no había ni un ápice de duda. Parecía que ya había tomado la decisión y Camilla no se sintió con fuerzas para rebatírsela.

Pensar en el reencuentro con Carlos le producía una sensación de nostalgia y de nervios. Recordaba cada palabra de su última conversación telefónica. ¿Lo amas? Le había preguntado. Ella le había respondido que sí, sin titubeos ni medias tintas. El silencio que había percibido al otro lado de la línea le había roto el corazón a Camilla.

Dos meses después había recibido una carta de él. La había enviado en el mes de mayo, pero había llegado apenas unos días antes de la boda. El Príncipe había decidido aprovechar la última oportunidad que tenía para convencer a Camilla de que no se casara. En esa carta Carlos le había abierto el corazón y había descrito sus sentimientos hacia ella sin reservas. Camilla había llorado al leerla, pero había decidido no contestarla. Era demasiado tarde para dar marcha atrás.

Y allí estaba ella. En la entrada de su nueva casa esperándolo a él de nuevo. Con una mezcla de nervios y expectación. Sintiéndose la peor persona del mundo por haber traicionado el amor que Carlos sentía por ella. Era un amor imposible, se había dicho tantas veces. Era una historia que tarde o temprano debía acabar. Mi decisión de casarme con Andrew solo ha precipitado lo inevitable, se repetía internamente. Tarde o temprano, más temprano que tarde…

Sonó el timbre. Camilla se frotó las manos contra la falda de su vestido. Su marido fue el encargado de abrir la puerta. Andrew sonreía, estaba pletórico de recibir al Príncipe en su nueva casa.

Una figura delgada cruzó el umbral de la puerta. Entre sus manos llevaba una botella de vino. Andrew la cogió y se lo agradeció mientras lo invitaba a pasar. En esos primeros segundos Camilla buscó la mirada de Carlos, pero parecía que él la rehuía mirando a Andrew, mirando al suelo y volviendo a mirar a Andrew.

Mírame, dime que estás bien. Camilla ansiaba que sus miradas se cruzaran. Carlos dejó su abrigo en el perchero de la entrada y avanzó hacia el frente, dirigiéndose inevitablemente hacia ella. Ya no la podía ignorar más tiempo.

Cuando sus ojos se encontraron, el tiempo pareció retroceder. Ya no eran el Príncipe de Gales y la señora Parker Bowles. Eran simplemente Carlos y Camilla, los dos jóvenes que se habían enamorado dos años atrás.

Carlos la contemplaba exactamente con la misma carita de hacía nueve meses mientras Camilla se derretía con esa mirada.

Hacía días que el Príncipe se había estado preparando para ese momento. Había tratado de mantener la calma antes de entrar en la casa, pero, sin embargo, no había podido quitarse los nervios de encima hasta ese preciso instante. Hasta que había visto a Camilla delante de él, con su hermosa sonrisa de siempre, invitándolo a formar parte de su vida otra vez. Pero esta vez de manera diferente, pensó. Una punzada travesó su corazón y esos nervios iniciales se convirtieron en angustia. La misma angustia vital que había sentido a bordo del HMS Minerva al enterarse de que Camilla se iba a casar con Andrew. Esos meses, encerrado en su camarote, habían sido los peores de su vida.

Carlos desvió la mirada de los ojos de Camilla y se aclaró la garganta. Le extendió la mano de la forma que había estado ensayando tantas veces en esos últimos días.

Carlos: Señora Parker Bowles.

Camilla sonrió. No sabía cómo debía saludarle. Él parecía estar sugiriendo un apretón de manos, pero a Camilla le parecía demasiado frío. En su mente se había imaginado un beso en la mejilla. O quizás, incluso, un abrazo.

Tras unos segundos de duda, finalmente alargó la mano y estrechó la del Príncipe mientras se acercaba a él para besarlo en la mejilla al mismo tiempo. Carlos se retiró. No esperaba esa cercanía con Camilla. De hecho, no estaba preparado para esa cercanía con ella.

Camilla dio un paso atrás para no incomodar al Príncipe e intentó disimular su decepción sonriendo. Demasiado pronto para Carlos, pensó. Ahora lo he incomodado. Como se temía, la invitación de Andrew no había sido una buena idea.

Andrew rompió esa incomodidad inicial sugiriendo que fueran hacia el comedor. El servicio doméstico había puesto la mesa, había dejado preparada la cena y se había retirado. Para que la velada fuera más informal, Andrew y Camilla habían acordado servir ellos mismos la cena.

Así, mientras el señor Parker Bowles rellenaba las copas con el vino obsequio del Príncipe, Camilla empezó a servir el primer plato. Primero, al invitado. Se hallaba de pie junto a Carlos. Tener a Camilla tan cerca hacía que el Príncipe pudiera percibir su olor. Ese olor que tanto había añorado y que ahora lo transportaba al pasado, un lugar sin duda más feliz que aquél, donde Camilla podía estar entre sus brazos.

Mientras servía el primer plato a Carlos, la señora Parker Bowles no pudo evitar fijarse en su clavícula y en su pecho atlético, provocando que su mente se inundara de decenas de recuerdos con el Príncipe. En ocasiones disfrutaba deleitándose con ellos, pero esta vez Camilla hizo un esfuerzo para detenerlos. Definitivamente no era un buen momento para instalarse en la nostalgia.

Carlos: Gracias.

Camilla se retiró y empezó a servirse la comida a ella misma y a Andrew. Notaba la mirada de Carlos clavada en ella mientras lo hacía y temía devolvérsela.

Andrew: ¿Te sirvo un poco de agua también?

Carlos: Sí, muchas gracias.

Andrew acabó de servir la bebida mientras Camilla seguía evitando la mirada de Carlos. El matrimonio se sentó finalmente en la mesa.

La velada discurrió tranquila, sin sobresaltos. La conversación fue saltando de un tema a otro principalmente impulsada por Andrew, quien parecía tener un sinfín de preguntas por hacerle al Príncipe sobre la Marina. Al fin y al cabo, Andrew era oficial del Ejército británico.

El Príncipe respondía a las preguntas de Andrew con respuestas cortas, lo que obligaba al anfitrión a pensar nuevos temas para distraer al invitado. El señor Parker Bowles acabó contando anécdotas sobre sus viajes europeos.

Camilla no podía dejar de mirar a Carlos.

Andrew: Cariño, estás muy callada. ¿Estás bien?

Camilla: Sí, sí… Os veo tan enfrascados en vuestros temas del Ejército que no quiero interrumpir…

Andrew: Y en todos estos meses viajando por el mundo, supongo que habrás podido conocer a unas cuantas chicas…

A la señora Parker Bowles se le resbaló el tenedor al oír el comentario de Andrew. Qué haces, Andrew, por favor. Carlos no contestaba. Camilla miraba fijamente lo que le quedaba en el plato mientras notaba que se ruborizaba de los nervios.

Andrew rompió el silencio.

Andrew: Disculpa, no quería ser indiscreto, quizás ha sido una pregunta demasiado personal…

Carlos: No, no te preocupes. He conocido mucha gente durante estos meses sí, pero…

El Príncipe hizo una pausa para mirar brevemente a Camilla, que seguía sin levantar sus ojos del plato.

Carlos: No. No he conocido ninguna chica en el plan que me preguntas, Andrew. Piensa que, como te he contado, la formación en navegación es muy dura y teníamos poco tiempo libre, entre otras cosas…

Carlos había dejado de mirar a Camilla y ahora dirigía la mirada a Andrew. Jamás habría traicionado a la mujer que amo.

Andrew: Si yo hubiera sido tú, estando soltero, siendo el Príncipe de Gales, madre mía, podrías tener a la chica que quisieras, ¿sabes? Eres un hombre afortunado, Carlos. Todas las chicas del mundo querrían estar contigo.

Todas menos la única que yo deseo en el mundo. El Príncipe sonrió, tratando de disimular lo poco que compartía la opinión de Andrew. ¿Qué le importaba a él que pudiera tener a casi cualquier chica del mundo si la única que le importaba se había casado con otro? ¿De qué servía su título, su dinero, su popularidad si no podía estar con la mujer que amaba?

La señora Parker Bowles no sabía qué hacer para que Andrew dejara el tema de Carlos y las mujeres. ¿Acaso no se daba cuenta de lo que estaba pasando en esa mesa? A veces, le daba la sensación que su marido carecía de toda sensibilidad. Claro que sí. A Andrew le hubiera encantado estar en la posición de Carlos y poder tener a su alcance millones de chicas, pero su marido no se daba cuenta de que el Príncipe no era así. El Príncipe no era como él, de hecho, era totalmente distinto a él.

Andrew: Si fuera tú, no tendría prisa en casarme…

Carlos: Eso dice mi tío Mountbatten también, que soy muy joven.

Andrew: Te quedan muchas cosas por vivir. Muchos años de soltería por disfrutar…

Finalmente, la señora Parker Bowles se hartó.

Camilla: Andrew, por favor. No hables así, me hace sentir incómoda.

Andrew la miró, extrañado. Normalmente a Camilla no le importaba hablar de esos temas con total naturalidad, incluso, al contrario, disfrutaba haciéndolo.

La señora Parker Bowles se levantó de la mesa y empezó a recoger en silencio. Andrew la siguió hasta la cocina.

Andrew: ¿Qué mosca te ha picado? Ya sabes como soy…

Camilla: Creo que estamos incomodando a Carlos.

Andrew: Yo no lo creo…

La señora Parker Bowles se giró para observar a Carlos y se dio cuenta de que ya no estaba sentado en su silla.