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Beelzebub sabía cómo mentir a cualquier otro, pero no podía engañarse a sí mismo, y es que lo había intentado muchas veces, porque pensar en que le había gustado el arcángel supremo era bastante ofensivo; él maneja el infierno, y siendo el gran duque no puede permitirse siquiera pensar en que un ángel es lindo, principalmente si ese ángel es un príncipe del cielo. Así que pasa día tras día tratando de mentirse y hacerse creer que no está pensando en él todo el tiempo, hasta que se da cuenta de que está siendo bastante ridículo al tratar de mentirse a sí mismo; entonces, decide que puede divertirse un rato con él, porque claramente Beelzebub no quiere tomar en serio a nadie, mucho menos a un ángel, él solo quiere gozar un poco de ese cuerpo ardiente.
El único problema que tenía era encontrar una buena excusa para poder verse con él, porque no puede decirle sus intenciones verdaderas, Gabriel se alejaría de inmediato en cuanto lo escuchara, o tal vez intentaría fastidiarle enviando el chisme al infierno, ¿qué se supone que hará con todos esos demonios detrás de él?, todos tratando de especular y tirarlo de su trono, o Satanás creyendo que ya no es bueno para el cargo, y dándole su puesto a un duque que no llega a sus talones.
—¿Hola? —Gabriel se sorprendió, nadie lo llamaba a ese número. —¿Quién es?
—Beelzebub.
Gabriel se quedó sin habla un momento, para qué lo llamaría ese demonio, además, cómo fue que obtuvo ese número privado.
—¿Disculpa?
—Beelzebub, señor de las moscas, gran duque del...
—¿Por qué me llamas? —interrumpió, a Beelzebub no le había gustado nada.
—Tenemos que hablar —dijo — esta noche a las siete, te enviaré la dirección. Y no me hagas esperar.
—¿Quién te crees para darme órdenes?, recuerda tu lugar, eres un caído y yo soy...
—Yo soy el gran duque del infierno, conoce tú tu lugar —interrumpió, no había querido hacerlo, pero la arrogancia del arcángel podía ser muy irritante; y como si a él no le hubiera bastado, escuchó a Gabriel reírse al otro lado. —Tenemos asuntos importantes que tratar.
—Envía la dirección, más vale que sí sean asuntos importantes. —dijo, y sin esperar respuesta, colgó.
Beelzebub sintió unas ganas terribles de romper el teléfono contra el suelo, cómo se atrevía ese arcángel a colgarle la llamada, a él nadie le faltaba el respeto de esa forma, él es el señor de las moscas, sus demonios le llaman Lord y besarían sus pies si se los ordenara, y entonces uno de esos ángeles llega y lo trata como si no fuera el jefe del maldito infierno. Se obligó a calmarse, tenía que enviar una dirección pronto, porque sentía que Gabriel era capaz de declinar solo por creer que lo había hecho esperar mucho; entonces, decidió invitarlo a un bar, no era un buen lugar para un ángel, pero sí lo es para un ángel que pretende no ser visto.
Una vez que Gabriel ha confirmado, Beelzebub puede comenzar a pensar en su excusa, ¿qué tema importante tenía que hablar con él?, y su ropa, Beelzebub necesitaba verse bien. Revisó un poco de los archivos de Dagon para ver qué podía usar, había estado tan ocupado pensando en ese arcángel que no había visto que la respuesta era demasiado obvia.
Al ser las cinco en punto, Beelzebub puede salir del infierno, tan sucio como siempre, y preocuparse por verse bien cuando estuviera en la tierra, porque no puede salir del infierno con ropa limpia y oliendo a perfume caro, él tiene una imagen que debe cuidar. Así que, una vez en la tierra puede alquilar una habitación en un hotel barato; lo primero que hace es ir a darse un baño, no sin antes hacer un milagro y conseguir un buen shampoo y un gel de baño que no oliera a jabón chiquito de hotel para escasos recursos, se queja un poco de su cabello, se suponía que tenía un mullet, pero más parecía que uno de sus demonios le había picado el pelo, en todo caso, no era nada que un buen tratamiento capilar no pudiera arreglar, y ya que Beelzebub no tiene que dar explicaciones ni hacer papeleos por los milagros que usa, entonces podía desperdiciarlos en cosas como esa; se sorprendió cuando vio toda la tierra que caía de él, debía estar alucinando, porque no creía posible que seis mil años sin bañarse fueran capaces de acumular tanta suciedad.
Una vez fuera del baño, y viendo que se había tardado más de una hora en asearse, Beelzebub puede comenzar a pensar en su vestimenta, no quiere llevar su uniforme, en primera estaba sucio y polvoso, y además, no era sexy, no puede conquistar al arcángel usando algo que le esté recordando todo el tiempo que está con el señor de las moscas, piensa entonces en un vestido, pero eso es demasiado, aunque Beelzebub tiene un cuerpo femenino, él no es de ese tipo de ropas; finalmente se decide por un traje, un pantalón ajustado y un saco a la medida sin llevar nada por debajo, invoca un sombrero de mosca nuevo, y unos zapatos altos y rojos.
Son las siete con diez minutos de la noche cuando llega al bar, puede ver a Gabriel con cara de pocos amigos.
—Hola —saluda, tomando asiento. Y Gabriel ha visto perfectamente su vestimenta, pero ni siquiera le ha prestado atención a eso.
—Llegas tarde —es todo lo que dice, y no de una forma bonita, a él tampoco le gusta que lo hagan esperar. —¿Qué tenemos que discutir?
—Sobre el armagedón. —responde, y Gabriel voltea los ojos fastidiado.
—Si pretenden declarar la guerra dilo ya, o manden un email, no tengo tiempo para esto.
Las alarmas se activaron para Beelzebub cuando lo vio levantarse como si estuviera dispuesto a irse, su cita, la cual Gabriel no tenía ni idea de que lo era, iba a acabar demasiado pronto, él pensó que esa era una buena excusa.
—No, espera —pidió —no pensamos declarar la guerra, pero las cosas han estado muy problemáticas allá abajo, y pensé que tal vez tendrías algo bueno para calmar las cosas.
—No cuentes conmigo para eso, desde que los traidores arruinaron el armagedón, el cielo es un caos. Yo no te acabo de decir esto.
Beelzebub sonrió: —y de alguna forma se salvaron del castigo, ¿tienes idea de lo humillante que fue dejar que Crowley saliera del infierno como si nada?
—Aziraphale trató de alcanzarnos con el fuego infernal, no solo arruinó todo por lo que trabajamos, sino que trató de matarnos.
—Pero ya qué, ahora necesitamos pensar en algo que calme a nuestros bandos —dijo, tomando un respiro profundo. —Pero, ¿tú sabes qué es lo que más me molesta? —preguntó, dándole un golpe a la mesa, el respiro profundo no había servido de nada.
—¿Qué?
—Que soy el demonio más fuerte en el infierno, y aún así, cada día un montón de idiotas cree que puede sacarme de mi trono.
—Pero eres un demonio, ¿no puedes solo torturarlos y ya?, si tomaras a uno de ejemplo, seguro que los demás aprenderían.
—No soy capaz de contar a cuántos demonios he torturado —respondió con una sonrisa, Gabriel no era un ángel como se suponía que los ángeles debían ser. —y tú, ¿no has tenido problemas?
—Con otros ángeles no, soy un príncipe celestial —aclaró con arrogancia —pero con los arcángeles, necesito recordarles todo el tiempo que soy el único arcángel supremo.
—¿Quieres ir a la playa? —soltó de pronto, Gabriel lo miró de forma extraña —escuché que el mar te ayuda a alejar las preocupaciones y a pensar con claridad.
—Nunca he ido a la playa, espero que tengas razón.
—La tendré —dijo, tomando las manos de Gabriel para desaparecer, y el arcángel no se quejó ni un momento.
Una vez que estuvieron frente al mar, era muy tarde para que hubieran humanos alrededor, o tal vez, Beelzebub había hecho un milagro para deshacerse de cualquiera que haya estado allí. Gabriel se quedó muy admirado, su trabajo había estado arriba, y habían sido pocas las veces que bajó a la tierra, todas esas por trabajo, él no había tenido tiempo para descubrir la tierra; el mar estaba quieto, y aún así imponente, a Gabriel le gustó mucho.
—Parece que tuve razón —dijo Beelzebub con una sonrisa, y luego le había tomado la mano para hacerlo sentarse —siéntate conmigo, Gabriel.
Gabriel no puso peros: —Tuviste, es hermoso.
—¿Realmente es la primera vez que vienes? —le preguntó, y Gabriel decidió no decir nada respecto a que él todavía tomaba su mano.
—Lo es, también fue la primera vez dentro de un bar.
Era también la primera vez que alguien tomaba su mano, pero él decidió no mencionar eso. Luego, solo se quedaron en silencio, uno junto al otro, tomados de la mano mientras miraban el mar, y Gabriel sonrió bonito cuando Beelzebub se recostó sobre su brazo.
