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Gabriel y Beelzebub son compañeros de clase. Gabriel es el niño listo, el que siempre obtiene 10, el que tiene sus apuntes bonitos escritos y decorados en cuadernos pulcros, él es quien siempre participa en clase y sus opiniones son siempre apreciadas por el profesor, Gabriel también es la persona que recuerda al profesor que no ha revisado la tarea. Beelzebub es la chica problemática, la que copia durante los exámenes, y que nunca presta atención en clase, y es también el tipo de estudiante que siempre está a punto de repetir el curso.
Así que, es fácil notar que estos dos no tienen nada en común, nada por lo que hablarse, nada por lo que mirarse siquiera, pero eso podría cambiar un poco si alguien usara sus problemas con matemáticas para tratar de acercarse al nerd que le encanta.
"Disculpe, profesor, pero aún no revisa la tarea que dejó", se escuchó, seguido de un grupo grande de adolescentes que se quejaba e insultaba, a Gabriel no le importaba lo que ellos dijeran, no se había pasado horas haciendo ese trabajo para nada.
—Cállense —les gritó Beelzebub —no es culpa de Gabriel que ustedes no hayan hecho la tarea.
—Cállate, Beelzebub, tú tampoco la hiciste.
—Pero eso no es culpa de Gabriel, además, ¿qué te importa?
El profesor Michael los mandó a callar a todos, y como si quisiera empeorar el enojo contra Gabriel, lo felicitó por haber recordado algo tan importante como revisar la tarea; de cualquier forma, todos sabían que Gabriel era el favorito de todos los profesores. Michael comenzó a llamarlos uno a uno, algunos habían hecho la tarea, muchos no.
—Beelzebub —llamó.
—Olvidé la tarea en casa, ¿puedo traerla mañana?
—Me sorprende que esta vez no se la haya comido tu gato —le dijo, una burla bastante clara. —No, no puedes. Y de una vez te aviso que necesitas un 10 en el próximo examen si es que quieres pasar mi curso.
—¿Un 10? —gritó, más preocupada que molesta —¿cómo cree que voy a obtener un 10?
—Eso debiste pensarlo antes. —le dijo, y luego tomó sus cosas y dejó el salón libre.
"Dale las gracias a Gabriel", gritó Dagon desde el otro lado del salón, Beelzebub se molestó, aunque no sabía si con su amiga, por meterse con él o con él por ser el lamebotas del profesor; en todo caso, no pudo evitar mirar a Gabriel muy molesta. Y él solo había levantado sus hombros, y luego tomó sus cosas para irse; porque, justo como ella lo dijo antes, Gabriel no tenía culpa de que decidieran no hacer sus tareas, Gabriel tampoco era culpable de que Beelzebub prefiriera hablar con Dagon o Hastur antes de prestar atención a la clase, y por supuesto que él no tenía nada que ver con que ella nunca se quisiera poner a estudiar, así que ese no era asunto suyo, Beelzebub se había ganado ese problema sin su ayuda.
—Gabriel, espera —Beelzebub corrió detrás de él en cuanto terminó de recoger sus cosas. Gabriel se detuvo en cuanto la escuchó.
—¿Qué pasa, abeja?
—Deja de llamarme así —peleó, ese no era un buen apodo si quería cuidar la imagen de chica mala, él no evitó reírse. —Al menos me ayudarás, ¿no?
—¿Ayudarte a qué?
—No lo sé, a estudiar.
Gabriel la miró raro: —¿Estudiar?, ¿tú?
—Por favor, Gabe, sabes que no puedo perder el curso, papá me mataría.
Él se cruzó de brazos y respiró profundo antes de responder: —Te ayudaré solo porque el señor Lucifer da miedo, pero tienes que esforzarte más, abeja, y no solo en matemáticas.
—Sí, gracias, Gabe —le dijo, y seguido se fue corriendo detrás de Dagon que pasaba tomada de la mano de Uriel; Gabriel negó, Beelzebub no iba a cambiar nunca.
Ellos se habían conocido en la escuela primaria, el segundo año, y habían sido buenos amigos hasta que a Beelzebub se le había ocurrido liberar un enjambre de abejas que resguardaban en el laboratorio, Gabriel le había puesto ese apodo desde que la vio toda picada, pero feliz por su maldad; después, la señora Geova, la madre de Gabriel, se había enterado de lo que Beelzebub hizo y le había prohibido hablarle más, dijo que era una niña problema y sería mala influencia; Gabriel no dudó un momento en obedecer a su mamá. Por supuesto que a Beelzebub le había afectado mucho, Gabriel era su mejor amigo, y de pronto él ya no quería hablarle, y aunque él trató de explicarle que era una orden de su mamá, en esa ocasión, ella solo lo empujó y se fue llorando. Una vez que ingresaron a la secundaria, y siendo ambos adolescentes con ganas de tomar decisiones propias, Beelzebub se convirtió en una chica problema, y Gabriel decidió que ella no era tan mala y volvió a hablarle, "a tu madre ya no le parezco tan mala", le habían preguntado, y él admitió que estaba desobedeciendo.
Beelzebub se fue caminando hasta su casa, siendo el mal tercio de su amiga y su novia, y aprovechó para contarles que Gabriel le ayudaría a estudiar, aunque tendría que ser en los recesos, porque la madre de Gabriel sería capaz de darle un castigo enorme si sabía que le hablaba; Dagon la miró con lástima, tendría que pasar semanas metida dentro la biblioteca con el nerd de Gabriel, qué tortura tan terrible iba a ser eso.
Durante los días siguientes Beelzebub tiene que olvidarse de ser problemática, pues Gabriel ya no le deja tiempo libre, todos los recesos los está pasando dentro de la biblioteca, junto a él y un montón de libros.
—El examen será sobre geometría, dime exactamente qué cosas no entiendes —preguntó en su primera sesión, y se enojó cuando ella respondió que nada. —¿Cómo que nada?
—Es que es muy difícil.
—No lo sería si pusieras atención a la clase.
—Gabriel, te pedí que me ayudaras, no que me regañes.
Gabriel la había mirado mal y luego volteado los ojos antes de tomar un libro y ponerse a explicarle desde el inicio; a ella no le estaban saliendo bien las cosas.
—Pon de tu parte, Beelzebub.
—Estoy poniendo de mi parte, Gabriel.
—No parece, ¿cómo no puedes hacer este ejercicio?, es muy simple —dijo, golpeando la hoja con un lápiz.
—cállate y enséñame.
—Ya te he enseñado muchas veces, eres una burra. —peleó, él era definitivamente el peor aspirante a profesor del mundo, Beelzebub lo había golpeado con un libro en la cabeza, y él tuvo que respirar profundo para calmarse.
—No soy burra, solo es difícil para mí.
—Lo siento, abeja, empecemos de nuevo. —dijo, tomando el libro, y volviendo a explicar lo que ya había enseñado al menos cuatro veces.
Ellos volvieron al salón para las demás clases, y Beelzebub no pudo hablar demasiado con Dagon, porque la mirada pesada de Gabriel no la dejaba actuar con comodidad; luego, cuando tocaron el segundo y último receso de la jornada, Beelzebub pensó que podría escapar.
—Beelzebub —llamó Gabriel con voz fuerte cuando la vio casi corriendo junto a Dagon —vamos a la biblioteca.
—¿En ambos recesos?
—Sí, y apresúrate.
Ambas chicas se miraron tristes, como si Beelzebub fuera directo al peor castigo del mundo, y ella caminó detrás de Gabriel arrastrando los pies.
—¿En dónde quedamos?
—No sé.
—Escucha, abeja, si prefieres podemos dejar esto, y luego enfrenta a tu padre cuando pierdas el curso.
—No, Gabe —dijo preocupada —quedamos en la página 5.
—Eso pensé —dijo él, abriendo el libro para continuar explicándole las cosas.
La rutina se repite el segundo día, y el tercero, el cuarto, todos, hasta que se encuentran en la última semana antes del periodo de exámenes.
—Beelzebub —llamó —cállate y presta atención.
Ella se sonrojo violentamente cuando todos en la clase comenzaron a burlarse, incluso el profesor Fell de Historia se había reído; Gabriel pensaba que por estarle ayudando en Matemáticas tenía el derecho a regañarla de esa forma; sin embargo, funcionó, por el resto de la clase Beelzebub prestó atención.
—Vamos —Gabriel dijo apenas tocaron el timbre de receso, y Beelzebub lo siguió no sin antes dedicarle una mirada de enojo que él ignoró.
—No puedes hablarme así delante de todos, Gabriel —le dijo, mientras él preparaba los libros.
—Como es la última semana, vas a practicar mucho, ¿de acuerdo?
—No ignores lo que te digo.
—Abeja, quieres mi ayuda, pero no pones de tu parte.
—Cálmate, Gabriel —peleó —pedí tu ayuda en Matemáticas, solo eso.
—Sí, como sea —dijo, sin darle importancia —empecemos con estos ejercicios.
Beelzebub suspiró resignada y comenzó a realizar los ejercicios que Gabriel había dicho, a veces dudaba, así que miraba a Gabriel para saber si iba bien, si él estaba sonriendo significaba que lo estaba logrando, pero si él tenía cara de estar decepcionado entonces definitivamente no.
Durante ese receso había sido capaz de resolver diez ejercicios, y estaba orgullosa de sí misma hasta que Gabriel le dijo que era muy poco.
—¿Poco? —preguntó ofendida —para ti nada es suficiente.
—¿Crees estar lista para obtener un diez, abeja? —preguntó, y ella no pudo responder, solo miró al suelo. —Solo intento ayudarte.
Y durante el segundo receso que era considerablemente más corto, ella apenas pudo realizar tres ejercicios; Gabriel había negado, y luego los había llevado de vuelta a clase, en donde Beelzebub pudo relajarse un poco, hasta que tocaron el timbre de salida y Gabriel sacó un puñado de hojas y se las dio, habían treinta ejercicios allí y él pretendía que los resolviera en casa.
—¿Estás loco? —casi gritó —no sueñes, Gabriel, olvídate de esto.
—Si no haces lo que te digo, entonces no seguiré ayudándote.
—No serías capaz.
—Pruébame.
Ella se sintió irritada, pero no podía hacer nada, sabía que Gabriel era el único capaz de ayudarle de gratis, porque podía pagar un tutor que no le exigiera tanto, pero cuando pidiera dinero a su padre y tuviera que decirle para qué y porqué, iba a ser muchísimo peor que aguantar a Gabriel. Ya qué, tomó las hojas con cólera y las guardó en su bolso antes de irse junto a Dagon, y ni siquiera se despidió de él.
Beelzebub tardó unas cuantas horas en resolver todos los ejercicios, con Gabriel era más fácil, porque solo tenía que mirarlo a la cara para saber si lo estaba haciendo bien o no, pero esta vez solo eran ella y el libro de Matemáticas. Las cosas no cambiaron los siguientes días, Gabriel la obligaba a resolver ejercicios durante ambos recesos y luego la enviaba con tarea para la casa, ella nunca había hecho la tarea, y ahora tenía que hacerla por Gabriel.
—Por fin viernes —dijo ella bastante feliz.
—Dejé los ejercicios más difíciles para hoy —dijo, y comenzó a reír cuando Beelzebub puso cara de pánico; ella ya había resuelto ejercicios difíciles, ¿cómo era posible que él pudiera ponerlo peor?
—¿Más?
—Cálmate, abeja, tú puedes.
Y pudo, aunque no tan rápido como a Gabriel le hubiera gustado, al final del día ella logró resolver todos los ejercicios. Esta vez no tiene tarea, Gabriel ha decidido que debe estar relajada para poder realizar el examen el lunes. Por esta vez ella quiere irse caminando junto a él, después de todo viven cerca, pero entonces recuerda que Gabriel no tiene que caminar, porque su madre paga transporte privado para él; no queda de otra que estorbar de nuevo entre Dagon y Uriel.
El fin de semana es bastante tranquilo, ella practica un poco, aunque Gabriel haya dicho que no lo hiciera, pero, es que se sentía más segura así; luego puede telefonear un rato a Dagon y hablar de muchas cosas, principalmente de su relación con Uriel y de que Beelzebub todavía no tenga un novio, entonces, Dagon se burla diciéndole que acabará con Gabriel, hasta que ella la manda a callar y le dice que Gabriel es una gran persona. Y por la noche tiene que recitar sobre la guerra fría para su papá, y cruzar los dedos para responder bien las tablas de multiplicar.
Cuando el lunes llega Gabriel es la persona más tranquila en el salón, él sabe que ya ganó el curso, y que ese examen solo lo ayudará a aumentar su calificación, está seguro que tendrá un diez, no solo en el examen, sino en el curso. Beelzebub por otro lado, está demasiado nerviosa, ella necesita un diez para no perder Matemáticas, Gabriel la mira caminar de un lado a otro, y va hasta ella para tomarla de los hombros y detenerla.
—Respira, abeja, lo harás bien.
—¿Y si no?
—Abeja, has trabajado muy duro, por supuesto que lo harás bien.
—¿Realmente lo crees, Gabe?
—Estoy seguro —le afirma, y después la lleva a que beba un poco de agua antes de que el profesor llegue.
El examen tiene apenas dos horas y lo que a Beelzebub le parece, una infinidad de problemas. El primero en acabar es, por supuesto, Gabriel, y unos cuantos no pueden evitar mirarlo mal, él no sabe si es enojo o envidia. Beelzebub ni siquiera se da cuenta de que él ha acabado, sino hasta que pasa por su lado y le revuelve un poco el cabello, ella no puede evitar sonreír, pero continúa tan centrada como es posible.
Y cuando finalmente acaba, ni siquiera le queda un minuto completo de tiempo, pero Gabriel es el único esperándola afuera del salón.
—¿Cómo te fue?
—Pude resolver todo —dice feliz —espero que sea suficiente.
—Lo será —sonríe, y solo les queda esperar una semana a que el profesor Michael entregue los resultados.
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Una semana después Michael ingresa a la clase cargando una pila enorme de papeles, Beelzebub no puede evitar ponerse nerviosa en cuanto lo ha visto, y solo se calma cuando siente una mano de Gabriel sobre su hombro. Michael va directo al grano, llama a cada estudiante, entrega el examen y le dice si ha pasado el curso o no; quienes no, deben presentar un examen especial, Beelzebub no puede presentar ese examen, su padre estaría furioso si eso ocurriera.
—Gabriel —el profesor llama a su estudiante favorito —perfecto, como siempre, tienes diez en el curso.
Gabriel regresa a su asiento con su diez y una sonrisa, y Beelzebub lo felicita antes de preocuparse porque está viendo muchas caras tristes, parecía que medio grupo había perdido el curso.
Michael continúa llamando uno a uno, y deja a Beelzebub para el final, ella está muy ansiosa, sea lo que sea, quiere saberlo ya.
—Beelzebub —llama, y en cuanto llega con él, la mira fijamente sin entregarle el examen todavía.
Beelzebub se siente muy nerviosa, por qué la miraba el profesor de esa forma, ¿acaso había salido mal?, ¿tanto esfuerzo durante las semanas anteriores para nada?, se estaba sintiendo muy incómoda, quería ver su resultado ya mismo.
—Puedes tener una buena calificación si quieres, intenta hacerlo desde el inicio el próximo año —Michael dice, y Beelzebub respira profundo antes de atreverse a mirar su resultado.
Gabriel está pendiente de cada movimiento, y comienza a sentirse ansioso cuando ve que Michael está tardando para entregarle el examen, él necesita saber que todo el trabajo que hizo con Beelzebub valió la pena. Todo se relaja de pronto cuando escucha a Beelzebub gritar con felicidad mientras hace algo que parece una celebración.
—Mira, Gabe, obtuve un diez —dice, yendo con él, porque lo primero en lo que ha pensado luego de celebrar su calificación perfecta, es que quiere que Gabriel la mire.
Gabriel le sonríe bonito y sin que ella se lo esperara, la abraza fuerte. —Sabía que lo harías.
—Gracias, Gabe, te quiero.
—Y yo te quiero muchísimo, abejita —responde, no es una competencia, solo quiere que ella lo sepa, y luego la ha sacado del salón, cuando Michael ha dicho que los que ganaron el curso pueden salir y estar libres.
Beelzebub no dice nada cuando Gabriel ha pasado un brazo sobre sus hombros para caminar más cerca, pero definitivamente sí quiere matar a Dagon y a Uriel cuando ambas comienzan a hacer gestos extraños.
