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—Licha, ¿qué te pasa?
Silencio.
—Licha.
Nada.
—Lisandro, por favor. Aunque sea dame bola y ponete mi campera, que hace frío.
—No tengo frío —Respondió con aspereza. Se enfocó en mirar a cualquier lado menos a Cristian mientras esperaba que Polito terminara de hacer sus necesidades en el árbol de la vereda.
—Tenés el cierre subido hasta la nariz poco más, y estás temblando. No me boludees, esa campera es re finita y no te abriga nada. Dale, amor.
—Dásela a tu hermanito, que seguro también tiene frío —Escuchó que Cristian resoplaba, lo que lo hizo sentir que su enojo era estúpido, y en consecuencia se irritó aún más.
Sabía que, en parte, su molestia con Cuti era infundada. Pero Lisandro no había tenido un buen día, y se estaba desquitando con quien no debía. Empezó el viernes con el pie izquierdo cuando se quedó dormido, perdió el tren y llegó tarde al trabajo; además se mojó hasta la médula por no ver el pronóstico y, en consecuencia, no llevar paraguas. Ya en el trabajo, nada ni nadie conspiró a su favor; y de la caótica vuelta a casa mejor ni hablaba. Todo empeoró cuando llegó agotado al departamento que compartía con su novio y se encontró con que Cristian estaba en el sillón con un hombre.
Bueno, dicho así sonaba horrible. Solo estaban sentados hombro con hombro, riendo y tomando mate. Pero Lisandro se había olvidado de que hoy venía de visita el famoso amigo de Cristian desde Córdoba, y no había visto fotos suyas como para reconocer su cara. Por un segundo que se sintió interminable no entendió nada, y se le cayó el alma a los pies. Sin embargo, Cuti se dio vuelta al escuchar la puerta, y le dedicó esa sonrisa hermosa que tenía cuando vió que era él. Y Lisandro volvió a respirar, porque cuando Cristian le sonreía, sabía que las cosas estaban bien.
—¡Amor, llegaste! —Cristian se levantó y se acercó a recibirlo con un beso corto y un abrazo—. Eu, ¿pasó algo? —Le preguntó cuando vió su cara.
—Nada, no te preocupes —Lisandro ya tendría tiempo para explicarle; por el momento se contentó con meterse nuevamente de lleno en ese abrazo que lo llenaba de energía. Si abrazó a Cristian con un poco más de fuerza de la habitual, el otro lo notó, porque se lo devolvió con la misma intensidad.
Se separaron y Cristian le presentó a Nahuel, que lo saludó con una sonrisa y una palmada en la espalda. Hablaron un poco antes de que Lisandro se fuera a bañar, y comprobó que era un buen pibe, como le había asegurado Cuti. Pero esa primera impresión que tuvo de Nahuel tan pegado a su novio había marcado el tono para el resto de la noche.
Nahuel se quedó a cenar, así que se instalaron en la cocina-comedor; en donde Cristian se puso a hacer unas pizzas, y a medida que pasaba el tiempo Lisandro comenzó a sentirse fuera de lugar. Los cordobeses tenían una química que no le había visto a Cristian con ninguno de sus otros amigos; su humor era parecido y tenían una cantidad de chistes internos envidiable.
Cualquier otro día, Lisandro lo habría destacado de manera positiva. Pero, recalcaba, había tenido un día de mierda, así que sentía todo como una ofensa personal. Y no sabía si así era la forma de ser de Nahuel, pero lo cerca que estaba de Cristian todo el tiempo lo estaba poniendo nervioso. Constantemente le pasaba las manos por los hombros simulando masajearlo, o le pegaba una palmada en el pecho cuando Cristian lo jodía con algo.
Sentado a la mesa, Lisandro alternaba entre observar la escena en silencio y mirar la tele. Después de un rato, subió a Polito a su regazo y se puso a hacerle mimos para intentar ignorar el malestar que se había instalado en su pecho. Era consciente de que tal vez estaba quedando como un ortiva al no aportar nada a la conversación, pero tenía un nudo en la garganta y no estaba seguro de poder disimularlo si intentaba hablar.
No aguantó más cuando Nahuel abrazó a Cristian por detrás, rodeando sus hombros y riendo demasiado cerca de su cara. El espacio personal parecía ser inexistente para ese tipo.
—Llevo a Polo afuera, tiene ganas de ir al baño —Dijo como pudo. Se levantó con el perro en sus brazos y salió apurado de la cocina sin esperar a que alguno de los dos le respondiera.
En un intento por alejarse lo más rápido posible de la angustia que sentía que lo desbordaba, solo alcanzó a manotear la correa de Polito y las llaves antes de salir por la puerta. Bajó con lo puesto, y se dio cuenta de que la campera de jogging y el pantalón deportivo eran poco abrigo cuando salió a la vereda y lo recibió el frío intenso de finales de agosto.
Bueno, qué me va a hacer una más hoy.
Se dejó llevar por Polo hasta el árbol más cercano y mientras hacía sus cosas, se puso a mirar el celular. Fue en Instagram donde vió la historia que había subido Cristian un rato antes de que él llegara a casa. "Hermanito mío ❤️❤️❤️" decía la captura de la foto en la que estaba abrazado con Nahuel y mirando a la cámara.
Era una foto normal, de dos amigos que no se veían hace mucho tiempo. Pero Lisandro rió con amargura y se quedó mirando la foto un largo tiempo, sintiendo un caudal de emociones que no sabía bien cómo procesar.
El ruido de la puerta del edificio abriéndose lo trajo de nuevo a la tierra. Vió de reojo que era Cristian con una campera de abrigo en la mano, y le dio la espalda para ignorarlo, lo que los había llevado a la conversación actual.
—¿Te molestó la historia? —Lisandro se mantuvo en silencio—. Licha, Nahu es como mi hermano en serio, nada más, no entiendo por qué te enojás.
—Un hermano no necesita toquetearte tanto —Los celos y la bronca que había ido acumulando durante todo el día se mezclaron en su voz, que sonó más acusadora de lo que hubiera querido.
Esperaba una respuesta defensiva y ya se estaba preparando para una pelea verbal, pero solo sintió que Cuti lo rodeaba con la campera y lo abrazaba por la espalda. Lisandro se tensó y sus ojos se humedecieron, al borde de las lágrimas. Se sentía muy vulnerable, y la ternura que le generó Cristian escondiendo su nariz en su cuello contrastó fuertemente con las emociones negativas que lo manejaban.
—Es verdad, Nahuel es una persona muy táctil; no me di cuenta que podía afectarte; perdón por eso —Le susurró, su cercanía resguardándolo del frío—. Encima me pareció que no te acordabas que venía, ¿no? —Lisandro le dio la razón con un Mhm apenas sonoro—. Pusiste una cara cuando llegaste… No quisiera que pienses cualquier cosa, porfa. Te amo muchísimo, Licha, siempre. No quiero que lo dudes nunca, y tampoco quisiera hacer algo para poner eso en duda.
Aquellas palabras susurradas suavemente contra su piel fueron suficientes para que se derrumbaran las paredes que había intentado construir en ese breve tiempo. Se dio vuelta con la campera todavía sobre sus hombros y le devolvió el abrazo a Cristian, buscando consolarse en sus brazos.
—Perdón, también. Hoy estuve medio boludo —Murmuró contra su pecho. Sintió a Cuti sacudirse con una risa, y posar sus labios sobre su sien.
—Está bien, amor, no estuviste boludo. Un poco chinchudo nomás —Volvió a reír y Lisandro rió con él; sabía que eso también era verdad—. ¿Pasó algo en el trabajo?
—La pregunta es en dónde no me pasó algo hoy. Llegué harto y quería tus mimos nomás —Cristian respondió acariciándole la espalda y apretándolo más contra él—. Y bueno, no sé, tuve un día de mierda, y lo vi a tu amigo tan cerca y me la agarré con vos.
—Bueno, amor, está bien. Ya dejamos las cosas claras, le pido a Nahuel que se rescate un poco y todos felices. Vamos adentro ahora, que Polito ya terminó y hace mucho frío —Cristian besó con delicadeza su nariz, colorada por el frío, y lo guió para que volvieran abrazados adentro.
Lisandro volvió al departamento mejor predispuesto; con solo un poco de aquello que necesitaba desde que llegó a su casa, ya se sentía mejor, y fue capaz de pasar la velada sin preocuparse por inseguridades pasadas.
