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La primavera en que te conocí

Summary:

Geto y Gojo son dos de los jóvenes superhéroes con el mayor potencial de su generación, han realizado misiones que muchos considerarían imposibles para su edad.

Para Geto fue la primavera en que conoció a Amanai que iniciaría un gran cambio en su vida de la manera en que menos creía posible.

Work Text:

Aquel año fue el mejor y el peor de nuestras vidas.

Los crímenes cometidos por supervillanos y los desastres de mutantes habían disminuido considerablemente en comparación con el año anterior. Por eso mismo pasábamos la mayor parte del tiempo tratando con delincuentes de poca monta. Obtuvimos nuestra licencia de héroes a los dos años de habernos graduado de la preparatoria, creíamos que éramos los más fuertes...

Fue aquella primavera la más feliz, la estación en que la conocí.

No es necesario que alguien te diga que algo está mal después de que una bomba explotara a unos metros de donde te encontrabas desayunando. Geto apenas tuvo tiempo para reaccionar, activar su traje para ocultar su identidad y rescatar a la mayoría de los civiles mientras Gojo se apresuraba a atrapar a quienes sea que interrumpieron tan temprano. 

Solo tomó un par de segundos para que Geto pusiera a salvo a los civiles. Sin perder más tiempo se unió a Gojo a la pelea. Saltó hacia el edificio destruido más cercano y se concentró en volverse más fuerte y resistente, aparte de superfuerza y sentidos agudizados tenía el poder de replicar los poderes de otros temporalmente e incluso absorberlos si el usuario es muy débil o el poder no es muy complejo. 

No le tomó más de un segundo llegar al escenario de la pelea, la cual había terminado.

—¿No podrían haber aplazado el ataque un par de horas? No he comido desde anoche —dijo Satoru, no estaba molesto por la interrupción, sino fastidiado. Con un movimiento de mano movió a los criminales y los dejó caer por la ventana.

Conociendo muy bien a su amigo, Geto no hizo nada por evitarlo y al llegar con la policía comprobó que los criminales se encontraban medianamente bien. Después de explicar lo sucedido y tener una charla con el oficial a cargo Geto se apresuró para buscar a Satoru, el cual estaba en la azotea de uno de los edificios más altos de la ciudad. Geto podía sentir la presión alrededor de Gojo, el poder de su amigo era algo demasiado complejo y único como para que pudiera tan siquiera replicarlo.

—Te dije que debimos ir al restaurante al otro lado de la ciudad. 

—Gané la apuesta, me tocaba a mí elegir —respondió Geto. El día anterior Gojo había perdido al calcular erradamente la cantidad de minutos necesarios para que un equipo de héroes de clase B derrotaran a Estruendemonio, un villano con poderes de tierra—. Además, si no hubiéramos estado en ese local pudo haber muchas más víctimas y daños a la infraestructura de la ciudad.

Gojo hizo una mueca, antes habían tenido esa conversación. Pero ambos tenían hambre como para tenerla en ese momento.

—Siempre con esa idea de nuestro deber sobre proteger al débil... Te veo en la base, tengo que retirarme antes de que el director llegue y nos moleste por no haber tenido cuidado al pelear.

Sin darle tiempo a su amigo para que respondiera Gojo desapareció en un instante, lo único que quedaba de él eran las marcas de su zapato en el suelo. Hambriento y sin mucho que hacer Geto se cambió de ropa con una de las habilidades que absorbió meses antes, era inútil en una pelea, pero no en momentos en que quería pasar desapercibido o confundir a otros cuando camina entre las multitudes.

Se alejó de la escena del enfrentamiento anterior y a 500 metros de uno de sus lugares favoritos para comer decidió caminar. Nadie lo reconoció, sonrió por ello, prefería no llamar la atención, solo cumplía con su deber, no necesitaba la adoración y popularidad. No estaba poniendo atención que muy tarde se dio cuenta de que estaba a punto de chocar con alguien. 

El impacto apenas lo afectó, no fue así con la otra persona. Geto no perdió tiempo en ayudar, mas, se quedó quieto al ver a la desconocida. Era joven, no debía llevarle más de dos años de diferencia, los ojos azules eran hechizantes, su cabello oscuro trenzado le quedaba muy bien y al ver su rostro se quedó asombrado por la belleza de la mujer. El corazón de Geto se aceleró, tuvo una sensación desconocida en el estómago y se quedó sin aliento. Además, evitó verla a la cara, algo en ella lo provocaba "¿Qué es esto? ¿Acaso tendrá algún poder?". Sin embargo, Geto no podía sentir ninguna influencia externa. Aunque detectó que ella tenía dones, no eran algo que estuvieran activos. Se apresuró a recoger las pertenencias de la mujer.

—Gracias —dijo ella cuando Geto le dio los objetos que se cayeron—. Y lo siento.

—No hay problema. No fue nada serio. 

—Oh, no solo por chocar contigo, sino por ensuciar tu camisa.

Geto bajó la mirada y notó la mancha de café. Le daba lo mismo, después de todo podría arreglarlo en menos de un segundo. 

—Oh, esto, no hay problema. No me tomará mucho arreglarlo. —La desconocida se quedó en silencio. Geto no necesitaba sus agudizados sentidos para saber que algo le sucedía. Ambos estuvieron quietos, ella no desvió la mirada del rostro de él "¿Qué está pensando? ¿Acaso tengo algo en la cara?". Por un momento se arrepintió de la ropa que llevaba, no era la que más lo favorecía, podría haberla impresionado.

»Suguru Geto —dijo al final.

—Amanai Riko. Un gusto conocerte, Suguru. 

—Igualmente. —Y eso habría sido la despedida de ambos, sino es porque Geto quería conocerla y en una decisión impulsiva la detuvo—. Amanai, espera. 

Ella se dio media vuelta y en el momento Geto no se dio cuenta de que los sentidos agudizados que poseía no le decían mucho de lo que sentía Amanai. Geto le comentó que ocurrió un enfrentamiento horas antes y que tuviera en cuenta el tráfico y los cierres de una avenida. Ella le agradeció por la información y se dio media vuelta. Geto se sintió decaído al pensar en que era muy probable que fuera la única vez que la vería, se quedó parado pensando en lo que ella provocó en él. Nunca había experimentado nada similar, nada más allá de atracción. ¿Era eso amor?

—Tal vez no puedo comprar tu camisa, pero parece que no has desayunado, ¿qué tal si comemos juntos?

—Claro. —Geto trató de ocultar la emoción que tenía por la propuesta, aun si no la conocía. No era propio de él actuar así. 

Ambos fueron al local al que Geto planeaba ir. Se sorprendió al escuchar lo que Amanai pidió para comer, era uno de los mejores platillos del establecimiento, aunque era algo casi secreto que solo conocían los clientes frecuentes.

—¿Vienes aquí seguido?

Amanai no respondió de inmediato, miró alrededor y Geto supo que la estaba asustando. El encuentro con ella, el que en la dirección en que ella iba hubiera un problema que hiciera que hubiera mucho tráfico y el preguntar por sus hábitos alzarían las alarmas de cualquiera.

—Es que pediste el platillo secreto. Casi nadie sabe sobre él —añadió Geto para tratar de calmarla.

—¿Entonces tú vienes con frecuencia?

—Por supuesto, desde hace años. La comida no es muy cara y sabe bien. —Geto sonrió, en ocasiones Satoru lo invitaba a establecimientos de lujo, no obstante, desde niño Geto siempre ha preferido los lugares más reservados—. Aquí entre nos, a mi mejor amigo no le gusta como cocinan, por lo que casi siempre vengo solo.

—No te había visto antes —dijo Amanai y sonrió, a pesar de que Geto supo de inmediato que el gesto no era sincero, le gustó la manera en que se veía. "¿Cómo se verá si se ríe de verdad?". El imaginarlo aceleró su corazón, el tiempo se ralentizo y notó una luz que emanaba de ella, era un aura reconfortante. Sacudió la cabeza al darse cuenta de que estaba entrando en trance. "¿Qué fue eso?".

—Yo tampoco, aunque hace meses que vengo solo una vez cada jueves o viernes.

—¿Entonces hoy no pensabas venir?

—De hecho, sí. —Geto consideró sus palabras, no quería que ella pensara mal de él—. Ocurrió un incidente con mi amigo y nuestro plan se canceló, por lo que aproveché que andaba cerca para venir.

—Hasta que choqué contigo y arruiné tu camisa. —Geto no estaba seguro si ella lo lamentaba o simplemente fingía que lo hacía. "Hay algo raro en ti", pensó y trató de sentir un poder o habilidad, no obstante, fue incapaz de percibir alguna rareza en ella—. Aunque, ¿nos conocemos de algún lugar?

—No —contestó sin pensar. Hasta esa mañana Geto no tenía idea de la existencia de Amanai. ¿Se habían visto en la calle? Descartó esa idea rápidamente y asumió que tal vez lo reconoció por la transmisión televisiva o por los videos en internet de varios de los actos heroicos que realizaba.

—Sí, eso imaginé.

Una mesera llegó con los pedidos y pasaron el resto del desayuno en silencio. Geto disfrutó cada bocado, el sabor era increíble, más de lo normal, todo su cuerpo estaba sensible, los olores eran más potentes y los sabores eran como si se adaptaran a su paladar. Recordó muchos momentos con Shoko y Satoru, así como varias de las misiones en qué participó y las personas que salvó. Con todo eso, lo que más disfrutó fue la presencia de Amanai, ella comía sin ponerle atención a Geto, y para él fue reconfortante su tiempo con ella. Por eso al terminar y antes de despedirse Geto le pidió el número de teléfono.

—¿En serio?

—Sí. Quisiera poder volver a salir contigo. Lo compensaré por retrasarte.

Amanai se tomó su tiempo para inspeccionar a Geto y este no mostró preocupación, era un super héroe que no tenía mucho que ocultar. Tras una extensa espera ella aceptó y le dio su número, él la llamó y guardó el contacto. Debía verse como un adolescente después de confesarse y ser aceptado, se rio de sí mismo por el comportamiento atontado que tuvo, pero no podía dejar de pensar en Amanai. ¿Acaso existía mujer más linda que ella? La manera en que los ojos le brillaban, el cómo sonreía, sin olvidar la voz encantadora que poseía.

Entonces Geto se dio cuenta de que algo estaba mal "¿He sido influido por un psíquico?". La conclusión a la que llegó es que no fue así "Solo fue un momento de locura" Gojo se burlaría si se enteraba de lo sucedido, mejor lo ocultaría de su amigo. Geto miró la hora en su teléfono, eran las tres de la tarde. Se sorprendió al ver que pasó una hora desde que se despidió de Amanai. Retornó a la base lo más rápido que pudo, tal vez no tenía misiones para ese día, pero no iba a perder más tiempo o si no tendría que limpiar todo el lugar de arriba a abajo. No debía seguir como un adolescente enamorado pensando en una joven a la que llevaba de conocer poco más de un par de horas.


Amanai no sabía en dónde había visto al desconocido con el que chocó. Se le hacía conocido de algún lado, aunque no podía definir de dónde. No era un acosador, estaba segura de ello, no sintió nada que le recordara esa sensación de opresión cuando alguien así estaba cerca. Tampoco era un carterista, aún conservaba todas las pertenencias con las que salió de casa. Lo único que sintió fue confianza, Suguru la calmó y la hizo sentirse serena. Aunado a eso, tuvo cosquilleos en el pecho y en la parte inferior del vientre. También la conocía, pero era imposible que alguien a quien apenas había conocido tuviera sentimientos tan fuertes por ella. 

—Suguru Geto... —repitió muchas veces hasta que Kuroi entró a la habitación.

—¿Es ese el nombre de su novio, señorita Riko?

—¡No! —dijo y la ordenó retirarse. No negaría que Suguru era atractivo, mas, para Amanai lo que más llamaba su atención era el por qué se le hacía conocido. No le restaba mucho tiempo, al menos se divertiría.

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