Work Text:
- ¡Appa!
Ese grito, con ese tono y esa voz a esa hora de la mañana significaba una sola cosa.
Venía el “ataque”.
Desperezándose apenas, Song MinGi se movió un tanto, su mano empezando a palpar de forma perezosa su cuerpo de arriba abajo. Era un habito que había formado después de un incómodo accidente en el pasado, en el que no había previsto la llegada de pequeños polizones a su habitación. Hasta hoy en día, MinGi no tenía recuerdo de la excusa que habían creado junto con YunHo para explicarse. Solo sabía que después de ese vergonzoso hecho, es que palpaba su cuerpo para asegurarse de que estaba medianamente vestido y no completamente desnudo.
Al tocar sus abdominales, MinGi abrió un ojo alerta y estuvo a punto de agachar la mirada cuando en eso siguió más abajo y tocó el elástico del pantalón de su pijama. El alivio lo recorrió. Estaba salvado y justo a tiempo, porque en ese instante llegó el ataque directo, la cama hundiéndose ante el peso del primer polizón, seguido a los segundos después por el siguiente.
Cerrando su ojo, MinGi se hizo el dormido hasta que unas infantiles manos sujetaron su hombro e intentaron sacudirlo, el alfa sonriendo por inercia.
- ¡Appa! ¡Despierta! – fue la risueña voz de su hijo mayor, MinJae, mientras seguía intentando sacudirlo, MinGi moviéndose por inercia para seguirle el juego a su pequeño cachorro. – MinHo, usa el arma secreta
¿Arma secreta?
De repente, MinGi sintió que alguien se movía a su costado hasta colocarse a la altura de su cabeza. Por un segundo, temió que le lanzaran un vaso de agua en la cara; pero en cambio, sintió unos labios suaves y pequeños posarse en su mejilla.
MinGi abrió los ojos de forma dramática al darse cuenta que su pequeño hijo MinHo le había dado un beso en la mejilla.
- ¡Oh! ¿Qué fue eso? ¿El beso de un príncipe, acaso? – preguntó exageradamente mientras se movía con cuidado y atrapaba entre sus brazos a MinHo, quien rio en respuesta – Y veo que viene acompañado de un caballero. ¡Los dos han despertado al monstruo de los besos!
Chillando y riendo a la vez, los niños dejaron que su padre los atrapara entre sus brazos y les diera una descarga de besos. Entre medio intentaban escapar, MinGi dejándolos ir antes de volver atraparlos y darle un nuevo ataque donde llenaba su rostro de besos.
- ¡Yo te venceré, monstruo! – dijo MinJae – No dejaré que des más besos – y acompañado con sus palabras puso sus manos sobre la boca de su padre.
MinGi lo miró, gruñó suave al mismo tiempo que movía su cabeza y aparentaba querer soltarse de tal poderoso ataque, hasta que finalmente le dio un beso a las palmas de su pequeño, quien rio en respuesta, sus oscuros ojos siendo dos alegres medialunas.
En eso, un ligero carraspeo a lo lejos los sacó de su mundo de fantasía para traerlos de nuevo a la realidad, los tres volteando el rostro al unísono hacia la puerta. Apoyado en el marco y usando solo la parte de arriba de un pijama a cuadros, YunHo miró a su compañero y a sus dos hijos que lo miraban inocentes desde el desastre que era ahora la cama.
- Noble caballero y príncipe, el desayuno está listo – les dijo sonriéndoles a los dos niños, estos gritando alegres antes de bajar de la cama como torbellinos y pasar corriendo por su lado. Tan pronto estos desaparecieron por el pasillo, YunHo volvió la vista a su compañero, su ceja alzándose – Por otro lado, tu monstruo de los besos, estas castigado
- ¿Lo estoy? – preguntó con una sonrisa desafiante que demostraba que le preocupaba muy poco el estar castigado, sus ojos perdiéndose por esas largas piernas que el pijama dejaba al descubierto, este con suerte cubriendo la mitad de los muslos.
Su lobo se lamió los bigotes con antelación.
- Si, lo estas – continuó YunHo comenzando acercarse, muy consciente de la mirada que recibía de su compañero, sobre todo cuando posó su rodilla sobre el borde la cama y MinGi se lamió los labios en respuesta.
- ¿Y porque lo estaría? - preguntó a medias y con la boca seca, sus ojos alzándose para recaer en los de YunHo.
- Por no darme mi beso de buenos días – le respondió, ya a escasos centímetros de sus labios.
- Hum…pensé que anoche te había dado suficientes…
- Eso fue anoche. Hoy es un nuevo día – respondió YunHo rodeando su cuello con sus brazos, MinGi haciendo lo suyo al rodearlo por la cintura.
- Mi culpa – admitió y sin decir nada más, atrapó los labios de YunHo, sus brazos estrechándolo contra su cuerpo antes de moverse y recostar a su omega totalmente sobre la cama.
Entregándose al beso, YunHo paseó sus dedos por las hebras rubias de MinGi, tal como ahora el alfa paseaba sus dedos por debajo de la camisa del pijama…
- ¡Omma!
Separándose del beso, ambos adultos alzaron la mirada en dirección a su hijo MinHo de cuatro años que los miraba desde la puerta con un frasco de mermelada en mano. Con sus grandes ojos marrones y expresivos, su cabello de mismo color y rasgos similares a YunHo, el niño se veía todo inocente ahí en medio de la entrada.
- ¡Mermelada! – expresó extendiendo el frasco, más interesado en su exigencia que darle una interpretación a lo que había visto.
YunHo carraspeó un tanto. Agradeciendo de haberse puesto ropa interior antes, se sentó de nueva cuenta en la cama mientras su hijo se acercaba ingenuamente hasta él.
- ¿Necesitas que te abra el frasco?
MinHo asintió de buena gana.
- Ven, lo abriremos en la cocina – se unió MinGi tomando el susodicho frasco.
- En ese caso, yo iré por MinYun – anunció YunHo y dándole un rápido beso en la mejilla a su compañero se puso de pie y partió en dirección a la habitación de los niños; MinGi suspirando mientras se daba un último gusto antes de ver a su omega desaparecer del todo.
- Bien pequeño príncipe, vamos por ese desayuno – soltó al final y haciéndose de ánimo, se levantó, MinHo tomándolo de la mano para guiarlo y apresurarlo hacia la cocina.
Ese día Lunes recién comenzando; el resto del día viéndose igual de agitado.
Después de todo, solo una vez al año se celebra Navidad.
Por ese día, la paz reinaba en la manada y en todas en general. Por acuerdo, se tenía como día de descanso y nadie parecía tener la intención de cambiarlo en algún modo. Todos podían disfrutar de un merecido relajo con sus familias, la mayor actividad siendo el reunirse a cenar para celebrar la Navidad.
Y mientras MinGi se dedicaba a esas horas de la mañana a disfrutar de un desayuno familiar con su compañero, sus dos inquietos torbellinos y el pequeño MinYun de solo un año de edad que estaba sentado sobre su pierna para no perderse de la dinámica familiar; otros se encontraban ya en mayor actividad, habiendo comenzado su jornada antes.
Con una hija de cinco años y un par de gemelas con solo seis meses de nacidas, la vida familiar de los Choi se había visto alterada, sus actividades comenzando ahora casi al alba, cuando las gemelas despertaban exigiendo a todo pulmón su desayuno. Es así que San y WooYoung debían levantarse para hacer biberones y de paso cambiar pañales sucios.
Y ese día no fue diferente a los demás.
Navidad o no, las niñas igual habían alterado la tranquila paz mañanera con sus llantos, ambos teniendo que hacerse de ánimos para iniciar esa rutina que se había implantado desde que las gemelas habían nacido. Ahora con las niñas tomando su primera siesta de la mañana, WooYoung se veía libre para comenzar a preparar las cosas de Navidad.
Sin detenerse, se movía de un lado para otro.
Ese año, se había propuesto a preparar tres tipos de dulces y postres para la cena de Navidad que tenían ese día, o mejor dicho, almuerzo. Desde hace unos años atrás habían comenzado con sus amigos la tradición de juntarse todas las navidades y celebrarla como una gran familia. De esa forma los niños podían compartir y era más divertido, también entre todos ayudaban al anfitrión para que no se volviera demasiado pesado.
Cada año se rotaban y la familia anfitriona era diferente. Primero fue donde YunHo, luego él, al siguiente fue YeoSang y este último le tocaba a SeongHwa.
Como los niños aun eran pequeños, habían decidido que un almuerzo era mejor opción para reunirse ya que no se veían apremiados por el tiempo y los niños podían jugar y disfrutar toda la celebración sin la sombra del sueño que la noche generaba en ellos.
Así que ahí estaba, cocinando sin parar ya que le había prometido a SeongHwa que él aportaría con el postre y Jung WooYoung no haría solo uno, sino que un buen surtido de postres tradicionales para acompañar la celebración. Por lo mismo, se movía de un lado a otro, cortando patatas dulces para hacer Matang, cortando dátiles secos para luego rellenarlos con nuez y tener de esa forma Gotgamssam, y finalmente preparando la masa de arroz para el Chapssaltteok y rellenarlo con la pasta de judías rojas que había dejado lista la noche anterior.
En general, había elegido postres sencillos que no tenían mucha elaboración y eran rápidos de hacer, el único problema es que hacer los tres a la vez requería tiempo y él no disponía de mucho.
- ¿Necesitas ayuda? – consultó San llegando a la cocina con su primogénita HaeYoung sobre los hombros. Con un pijama celeste y ojitos aún adormilados, HaeYoung era la viva imagen de su padre.
WooYoung se detuvo un instante y miró a su alrededor, sus ojos perdiéndose en el caos organizado que era su cocina. No era un desastre, pero si habían muchos ingredientes en un lado y otro que hacían un poco difícil que el lugar no se viera sobrepasado.
- Las judías – respondió finalmente – Puedes hacer bolas con la pasta de judías rojas
- ¿De qué tamaño?
- Más o menos este – le indicó haciendo la forma y tamaño con su dedo pulgar e índice – Hola princesa – saludó a su hija cuando San la bajaba de sus hombros para sostenerla en brazos, la niña quedando a la altura perfecta para que WooYoung rozara juguetonamente su nariz con la de ella. - ¿Dormiste bien?
HaeYoung riendo, asintió.
- Soñé con un unicornio y tenía alas, así de enormes – comentó con su infantil voz, sus bracitos extendiéndose todo lo ancho que podían – Y también habían sirenas y un barco pirata
- ¡Wow! – exclamó WooYoung sorprendido, una ceja alzándose en dirección a su compañero quien se encogió de hombros, haciéndose el desentendido. - ¿Y que más soñaste?
- Que yo era la princesa pirata y…- sus labios se fruncieron en un mohín – y…no recuerdo más – negó con su pequeña cabeza.
- Es normal, yo también olvido lo que sueño – le respondió San, besando cariñosamente su cabeza - ¿Qué vas a querer de desayuno Hae? ¿Leche y cereales? – le consultó cambiando de tema, el gesto de su hija cambiando también mientras veía el contenido del refrigerador, su padre manteniendo la puerta abierta para que inspeccionara con sus oscuros ojos.
HaeYoung negó y apuntó en cambio con su dedo hacia un pocillo que llamó su atención.
- ¿Natto? – consultó San viendo como su hija asentía enérgicamente.
La verdad sea dicha, San nunca entendería porque su hija había adquirido un gusto por algo que personalmente encontraba tan desagradable. Los frijoles de soya fermentados nunca serían de su agrado, como tampoco lo eran algunas verduras. Sin embargo HaeYoung, contrario a él, le gustaban todas esas cosas.
De hecho, ella se comía las verduras que San dejaba en su plato y no le gustaban, su pequeña terminándose las zanahorias o espinacas por él.
Para San era un misterio los gustos de su hija, pero tampoco es que importara. Definitivamente, sin importar lo que fuera, le gustaba verla comer toda sonriente.
Aunque fuera degustando el muy oloroso Natto.
Sentada en un taburete y en un espacio que le habían dispuesto en medio de la encimera, HaeYoung se dedicó a tomar su desayuno mientras San se colocó al otro lado para hacer bolitas con la pasta de judías, tal como WooYoung le había pedido.
- ¿Con que princesa pirata? – comentó WooYoung al llegar a su lado para rellenar los dátiles, HaeYoung más interesada en desayunar que prestarle atención a lo que sus padres hablaban - ¿Unicornios que vuelan? Me pregunto de dónde saca todas esas ideas…
- ¿Quién sabe? El abuelo de repente se pone muy creativo con sus historias…
- San no le eches la culpa a tu abuelo – le increpó WooYoung riendo y dándole un codazo – El que le cuenta historias a Hae todas las noches antes de dormir, eres tú
- En mi defensa, HaeYoung es muy creativa y es difícil sorprenderla con cuentos normales. Siempre tengo que inventar algo nuevo…
- El problema no es ese, sino que le das ideas – señaló - ¿O tengo que recordarte lo que pasó en su última aventura?
- ¿Cuál? ¿Cuándo robaron los chocolates de YeoSang junto con Emma o la competencia de niños contra niñas de quien escalaba más arriba el estante y tus libros de cocina quedaron por el piso?
- Ambos. Seguro que hoy juegan a los piratas…
- Te preocupas demasiado – respondió San quitándole importancia – Son niños, con suerte transformarán la cama de NiNa en un barco pirata y HaeYoung le pedirá alguno de los chicos de JongHo que la lleve en su espalda como si fuera un Unicornio volador…
- O terminan en un enfrentamiento de piratas y alguno hasta saltando por una rampa imaginaria – terminó WooYoung frunciendo el ceño, su tono sin ser ligero, sino más bien preocupado. Casi, molesto.
San alzó una ceja.
- Suenas estresado – comentó lo más casual que pudo, al captar el ánimo del otro. Pero con eso, solo logró que WooYoung frunciera más su ceño al igual que su genio.
- No estoy estresado, es solo que me preocupa HaeYoung y que termine lastimada o con un diente suelto como NiNa – corrigió- Además, tengo que terminar estos postres antes de las doce y no llevo ni la mitad. Ni siquiera he pensado en lo que voy hacer para mañana, cuando vengan tus abuelos de visita – continuó, su voz volviéndose cada vez más rápida – Y todavía no me ducho y las niñas…
San detuvo lo que estaba haciendo y pasó a mirar a WooYoung que enrollaba dátiles sin parar a medida que le ponía las nueces y los iba colocando en un plato, al mismo tiempo que hablaba. Si antes no había estado estresado, ahora si lo estaba.
Tomando una hoja de papel absorbente se limpió los dedos con pasta de judías y pasó a abrazar a su compañero, interrumpiendo de esa forma lo que estaba haciendo.
- ¿San que haces? No voy a poder terminar con…
- No importa – le susurró contra la oreja – Es Navidad. No pasa nada si llevas la mitad o un cuarto de lo que prometiste en comida. Y en cuanto a mis abuelos, sabes que ellos son felices con solo vernos y cualquier cosa sencilla servirá. Necesitas relajarte
- Estoy relajado
- ¿Seguro? – preguntó San, WooYoung volteando su cara para hacerle frente, sus ojos encontrándose por largos segundos.
- No - admitió al final en un suspiro – Creo que me dejé llevar por…todo esto – finalizó haciendo un movimiento con la mano que circundaba su alrededor. – Supongo que aún no acepto del todo la nueva rutina. A la sensación de no poder hacer tanto como antes, sobre todo ahora que las gemelas nacieron…
- Haces suficiente WooYoung – aseguró San abrazándolo más – Antes o después de las niñas, siempre das lo mejor de ti y eso es lo que importa. Pero hoy vas a descansar. Avanzaremos hasta lo que se pueda y después iras a darte un relajante baño…
- ¿Y las niñas?
- ¿Crees que no me puedo hacer cargo de mis hijas por veinte minutos? - inquirió San alzando una ceja, presuntuoso – Te recuerdo que trabajo todos los días en los Barracones, poniendo orden a un montón de lobeznos. Tres niñas no serán problema
- ¿Acaso acabas de subestimar a nuestras hijas? – consultó dejando ya los dátiles de lado para abrazar a su compañero del todo y entregarse a esa armoniosa tranquilidad que San le transmitía. – Te aseguro que vas a cambiar de parecer a los tres minutos. No, menos. Dos minutos.
- Muy posible – aceptó robándole un corto beso – Si las cosas se ponen muy difíciles iré por tu ayuda – tarareó ahora bajando por su cuello con nuevos besos que WooYoung aceptó encantado.- Hasta podría acompañarte unos minutos…
- Suena bien
- ¿Puedo acompañarlos también?
Tanto San como WooYoung pestañearon y voltearon a ver a HaeYoung quien masticaba su Natto con aparente inocencia. Al parecer su hija no había ignorado su conversación tanto como ellos hubieran deseado y San se sintió un poquito avergonzado de que su pequeña tomara sus palabras de forma tan inocente cuando su propuesta era todo lo contrario.
- Tal vez en otra ocasión – respondió San intentando salir del entuerto – Además, todavía tienes que elegir que vas a ponerte para la celebración de Navidad, ¿o ya lo decidiste?
HaeYoung negó.
- Ven, vamos a ver tus vestidos y también busquemos algo para tus hermanas – respondió al tiempo que se separaba de WooYoung y ayudaba a su hija a bajar del taburete - ¿Estarás bien sin mí por unos minutos?
WooYoung sonrió y asintió.
- Me las puedo arreglar – fue su respuesta al ver que San no lo veía muy convencido.
- Ya regreso
Suspirando y negando con una sonrisa, WooYoung los vio encaminarse por el pasillo en dirección a la habitación de las niñas.
Miró a su alrededor. Aún tenía bastante por hacer, pero como le había dicho San, no tenía por qué estresarse por ello. Haría lo que podía, disfrutaría de una velada con sus amigos y sus pequeñas princesitas piratas y luego regresaría a casa a descansar.
- O recibir un regalo extra de Navidad – pensó mordiéndose el labio, la propuesta de San aun danzando en su mente, la idea de agregar un baño de burbujas al final del día junto con su compañero pareciéndole excelente.
Y mientras WooYoung se dedicaba a pensar en su noche y también que haría al día siguiente para sus visitas al tiempo que sus agiles manos se dedicaban a rellenar los pastelitos de arroz con las bolitas que San había dejado listas; otros tenían sus propias vicisitudes mañaneras.
En este caso, YeoSang.
Sin alejarse mucho de su hogar y enfundado en un grueso abrigo negro con una bufanda y gorro de color rojo, YeoSang se internaba por entremedio de los árboles nevados que daban a su jardín, el bosque siendo su patio trasero.
Caminó por la nieve, hasta llegar a su objetivo.
Rodeado de herramientas y trozos de madera, vio a su compañero JongHo martillando e intentando armar lo que parecía ser un “trineo para nieve”.
- ¿Todavía intentado hacer el trineo? – consultó cuando JongHo alzó su cabeza al escucharlo llegar.
- Mas bien terminando – respondió volviendo a su tarea, sus manos tratando de encajar un trozo de madera en lo que parecía ser la base del trineo.
YeoSang inclinó la cabeza hacia un lado. JongHo podía ser muy bueno en varias cosas, pero hacer trineos de nieve…ese definitivamente no era su fuerte.
Desde hace un tiempo que a su compañero se le había metido entre ceja y ceja hacer un trineo de nieve para los niños como regalo de navidad y desde entonces se había puesto manos a la obra.
YeoSang había perdido la cuenta del número de “intentos de trineos” que había hecho JongHo en las últimas semanas. Solo sabía que cada vez que tenía un espacio, su compañero se internaba en el bosque para intentarlo de nuevo.
Debía decir que admiraba su paciencia y fuerza de voluntad pese a los múltiples fracasos; pero también debía admitir que no estaba muy seguro que ese nuevo trineo en sus manos fuera un “éxito”.
- ¡Listo! – pronunció triunfante al terminar de encajar la pieza – ¡Este es el definitivo! – concluyó orgulloso mientras se ponía de pie y cargaba consigo el supuesto trineo y lo alzaba para mostrárselo a YeoSang - ¿Qué te parece?
YeoSang abrió ligeramente la boca para describir esa tabla de madera con patas que deberían ser las clavijas que permitirían que el trineo se deslizara por la nieve.
Se veía rustico, por decir algo.
- Es el mejor hasta ahora – fue su honesto comentario, sin tener más palabras para describir aquello.
Para su suerte, JongHo lo tomó como un halago y pareció aumentar su orgullo.
- Lo sé, le hice unas mejoras al diseño original
- Oh…se nota. Se ve más práctico – comentó tratando de darle algún buen adjetivo - ¿Crees que sea seguro para los niños?
- ¿Por qué no tendría que serlo?
- Bueno…como recién lo terminaste…- YeoSang divagó sus ojos por el trineo una vez más - ¿No sería bueno hacer primero una prueba? Para ver como…funciona – dijo finalmente tratando de ser lo más amable posible, que JongHo posara sus ojos en dirección a su creación pareciendo una buena señal.
- Supongo que no estaría demás hacer una prueba – admitió pensativo. – ¿Te gustaría intentarlo?
Oh. No. ¿Y ahora que decía?
Que JongHo volteara a verlo con esa honesta mirada, no lo estaba ayudando, sino que lo hacía sentir culpable y terriblemente nervioso.
- ¿Yo? - preguntó apuntándose a sí mismo, tratando de parecer tranquilo cuando en realidad estaba sudando a mares – Tengo que regresar a ver a los niños, ya llevan mucho tiempo solos – se excusó en un brillante intento de evitar probar el trineo. Su mayor temor era que este se rompiera con solo sentarse en él, lo peor, ver la cara de desilusión de JongHo al ver su trabajo destruido. - ¿Por qué mejor no intentas con muñecos de nieve? o también…
- ¡Yeo! ¡Appa!
YeoSang casi da gracias al cielo por la inesperada interrupción que lo salvó de ese incomodo momento, sus ojos pasando ahora hacía su pequeña Emma. Con su chaqueta roja y gorro a juego, Emma venía hacia ellos, sus pequeñas piernitas apenas avanzando por la densa nieve.
- ¡Emma! ¿Qué haces aquí? – soltó YeoSang acercándose con rapidez hacia su hija para tomarla en brazos y evitar que se siguiera congelando.
Con la nariz ligeramente roja al igual que sus mejillas, Emma parecía una pequeña princesita de las nieves, más aún cuando sus bonitos ojos castaños se abrieron con sorpresa y su dedo apuntó hacia su padre.
- ¿Un trineo? – preguntó con su infantil voz, YeoSang ahora siendo sorprendido de que su hija de cuatro años hubiera podido reconocer lo que JongHo tenía en manos. - ¿Appa…eso un trineo?
- Si, es un trineo – contestó JongHo, intentando recomponerse de que su regalo haya sido descubierto antes de tiempo. Tragándose la desilusión, se acercó a su hija, quien lo miró con ojos tan brillantes que hizo que el amargor de la decepción se borrara - ¿Te gusta?
Emma asintió enérgicamente.
- Me gusta. ¿Por qué está aquí?
- Amm…
Ambos adultos se miraron, sin saber muy bien que responder.
- Lo encontró aquí
- Un duende me lo dio
YeoSang y JongHo se volvieron a mirar. Claramente, después de todo ese tiempo juntos, aún no compartían la misma neurona, sus excusas simplemente estrellándose la una contra la otra. Por suerte, sus mentiras habían sido frente una niña pequeña y no un adulto, Emma mirándolos confundida.
- Lo que importa es que ahora es tuyo – finalizó JongHo tratando de arreglar la situación – Y también de tus hermanos, ¿Dónde están ellos?
- En casa. Están peleando…
- ¿Otra vez? – exclamó YeoSang mirando con aprensión en dirección a la casa. - ¿Por eso viniste a buscarnos?
Emma asintió.
- ¿Puedo subirme al trineo?
- Después, primero tenemos que ir por tus hermanos – sentenció YeoSang comenzando a caminar de regreso a casa, su paso siendo más bien rápido.
¡Era increíble! Solo los había dejado un par de minutos solos y sus hijos ya estaban peleando.
Casi trotando al final, YeoSang deslizó la ventana corredera para entrar al cálido hogar, sus ojos barriendo el lugar en busca de sus cachorros.
- ¡JongHyun! ¡DaeSang! – los llamó, mientras caminaba en dirección a la sala en donde se escuchaban unos pequeños gruñidos.
No había alcanzado a llegar a la sala cuando vio dos bolas de pelos de color cobrizo rodar por el suelo, enmarañados y gruñendo, mientras sostenían el cuello del otro con sus pequeños colmillos. Parecían en una fiera disputa y Emma llegó a cubrirse los ojos al verlos así. YeoSang casi la imita.
Era la primera vez que los veía de esa forma. Sus hijos en general siempre se habían mostrado hermanables los unos con los otros, hacían travesuras, pero se cuidaban entre ellos. Sin embargo, en el último tiempo eso había cambiado. Sus dos varones habían comenzado hacer competencias de fuerza y hasta intentar romper una manzana en dos al igual que su padre, discutiendo siempre al final.
Pero, nunca habían llegado a algo como eso.
- ¡Niños! – exclamó JongHo desde atrás.
Dejando el trineo en alguna parte, JongHo se adelantó con velocidad a atrapar y separar a sus dos pequeños. Agachándose, se las ingenió para tomarlos con sus manos y al menos así evitar que siguieran rodando, aunque mantenían sus colmillos firmemente afirmados en el otro.
- JongHyun suelta a tu hermano, DaeSang tú también – ordenó JongHo, sin alzar la voz, pero con un tono firme que no admitía replica.
Ambos lloriquearon un tanto, pero obedecieron las palabras de su padre.
A su lado llegó YeoSang junto con Emma quien se bajó de sus brazos para ir donde sus hermanos.
- Eso duele – les habló tocando con sus manos la cabecita de cada uno de sus hermanos. Parecía triste y preocupada a la vez de ver a sus hermanos luchar.
- ¿Niños que sucedió? – consultó YeoSang mientras veía que JongHo los colocaba nuevamente en el piso para permitirles transformarse. - ¿Por qué peleaban?
Pasando a su forma humana, ambos niños les hicieron frente a sus padres. JongHyun mantenía sus labios fuertemente apretados, mientras que DaeSang, el menor de los trillizos, tenía sus labios en un pequeño mohín. Uno que fue aumentando junto con sus ojitos que ya se anegaban de lágrimas.
- ¡No quiero morir! – lloriqueó finalmente DaeSang, rompiendo totalmente en llanto, JongHo y YeoSang quedando más descolocados que nunca.
¿Acaso su expresión era tan severa?
Ambos trataron de suavizar sus gestos, YeoSang pasando a tomar ahora a su lloroso hijo en brazos.
- No vas a morir DaeSang. Solo estamos preocupados, eso es todo. Jamás los lastimaríamos – habló YeoSang acunándolo contra su pecho mientras veía a sus otros dos hijos - ¿De dónde sacaste esa idea?
- La abuela
- ¿Su abuela les dijo que los mataríamos? – preguntó JongHo mirando a JongHyun, entre sorprendido, contrariado y francamente confundido.
JongHyun negó enérgicamente con su cabeza.
- Dijo que los betas… los betas morían en los Barracones – respondió, su labio comenzando a temblar – Solo los…peleadores viven y…¡yo no quiero que Dae muera! – sollozo al final.
- ¿Dae va a morir?
Estupefactos, JongHo y YeoSang vieron como en menos de cinco segundos tenían a sus tres lobeznos llorando a todo pulmón.
YeoSang tenía el corazón comprimido con la escena a la vez que quería asesinar a su madre, porque solo ella se le podía ocurrir decirles tal cosa a sus hijos; niños impresionables de cuatro años que toman en serio todo lo que uno les diga.
Los había asustado y ahora los pobres lloraban sin consuelo.
Miró a JongHo quien tenía una expresión inescrutable, pero estuvo bastante seguro que estaba molesto. Enojado de ver a sus cachorros llorar así.
- Niños, nadie va a morir- pronunció YeoSang en un intento de tranquilizarlos, sus brazos llenos con DaeSang y Emma, mientras que JongHo ya tenía a JongHyun contra su pecho.
- Pero…
- Lo que su abuela les haya dicho, no es verdad – aseguró JongHo, apoyando a su compañero. – Yo estuve en los Barracones y no solo los peleadores viven. ¿Es por eso que estaban luchando? ¿Para que DaeSang fuera un buen peleador?
Ambos niños asintieron al unísono, acongojados.
- Era… entrenamiento – respondió bajito JongHyun contra su pecho.
JongHo contuvo el aire y luego intentó soltarlo de a poco; un gesto que parecía buscar liberar el enojo que le agarrotaba los músculos al saber las preocupaciones que embargaban a sus cachorros siendo tan pequeños. Sus hijos deberían estar riendo, jugando y disfrutando de la Navidad, no llorando por un futuro aún muy lejano.
No mentiría, los Barracones eran duros y era cierto que algunos niños no lo habían resistido, pero…
Se negaba a que sus hijos tuvieran tal destino. Menos que DaeSang, por ser beta y no alfa como su mellizo, estuviera sentenciado a ello.
- Si quieren ser fuertes – comenzó atacando el punto principal - Luchar no es el mejor entrenamiento para lograrlo y sobrevivir en los Barracones
- JongHo… - lo llamó YeoSang con aprensión, pero al ver que este le dedicaba una mirada de soslayo, lo dejó continuar. Se dio cuenta que algo se traía entre manos.
- ¿No? – preguntó DaeSang, sus ojos temblando.
- No, Dae. Sobrevivir en los Barracones no es cosa de fuerza, o si eres alfa o beta, sino de ingenio
- Pero tú eres fuerte – dijo Emma alzando su mirada – Rompes manzanas
JongHo sonrió.
- Lo soy. Pero cuando era niño no era fuerte. Era igual que ustedes – les reveló, viendo al instante como el asombro llegaba a los tres pares de ojos.
- ¿No partías manzanas?
- No JongHyun, no partía manzanas. Pero tenía mi ingenio y lo que mi padre me enseñó. Gracias a él, sabía cazar. – recordó con cierta nostalgia – Verán, en los Barracones, la lucha no lo es todo. La mayor parte del tiempo entrenamos nuestra resistencia haciendo ejercicio y corriendo, también cazando para alimentarnos. Si eres inteligente puedes aprender más rápido que otros o si eres tenaz y te esfuerzas más, también puedes llegar a ser mejor. Lo importante es que saquen provecho en lo que son buenos, como por ejemplo…- JongHo lo pensó un poco, y continuó- El tío San. Él es un beta como DaeSang, pero llegó al tercer puesto en la Competencia de Luna Nueva. Luchó contra alfas, pero le ganó a la mayoría porque siempre entrenó muy duro y mejoró su habilidad secreta… ¿Saben cuáles es?
Los tres niños negaron, absortos.
- Su agilidad. Es muy veloz y ligero…
- ¿Rápido como un rayo?
- Tan rápido como un rayo – concordó JongHo ante la pregunta de JongHyun – Y estoy seguro que ustedes también descubrirán sus habilidades secretas. Cada uno es distinto, pero eso no quiere decir que sea más o menos fuerte y mucho menos que vaya a morir por eso
Los tres lobeznos miraron con ojos resplandecientes a su padre y YeoSang también. El omega tenía una sonrisa en su rostro y unas ganas enorme de besar a JongHo ahí mismo por tranquilizar a sus hijos. De entregarles confianza.
- Pero… - la temblorosa vocecita de DaeSang captó de nuevo su atención - ¿Qué pasa si no lo logro?
- Lo primero hijo, antes de pensar si lo vas a lograr o no, es intentarlo – respondió JongHo acariciando su cabecita - ¿Te gustaría empezar a entrenar conmigo? Mañana podemos partir corriendo unas vueltas por el bosque…
- ¿Puedo? – preguntó ilusionado.
- Por supuesto
- ¿Y yo? – consultó JongHyun alzando su cabeza.
- Tu también puedes entrenar con nosotros Jong
- ¡Emma también! – soltó la niña alzando su bracito invitándose directamente al entrenamiento, JongHo sonriendo en respuesta a su actitud. No hubiera esperado menos de su fuerte angelito.
- En ese caso, me apunto también – agregó YeoSang, obteniendo en respuesta vítores de sus hijos y sendos aplausos de alegría – Ahora, vayan por su ropa. Tienen que vestirse si quieren ver la sorpresa que les tiene su padre
Con gesto cómplice, YeoSang le guiñó un ojo a JongHo quien entendió al vuelo a lo que se refería.
El trineo.
Tal vez no tuviera la mejor de las apariencias y pudiera verse hasta un poco dudoso, pero en ese momento YeoSang confió plenamente en las habilidades manuales de su compañero. Un ligero paseo en trineo por el bosque no debería ser problema y sus hijos lo disfrutarían de todas formas. Haría que su rostro marcado por la pena se llenara de sonrisas y las preocupaciones que los embargaron en el último tiempo, fuera cosa del pasado.
Con sus hijos vestidos y corriendo a la habitación por sus abrigos, Emma siguiéndolos, YeoSang se dio la oportunidad de darle un beso en la mejilla a su compañero.
- ¿Y eso? – consultó JongHo girándose hacia él, sus brazos ya atrapándolo para acercarlo.
- Eso es por ser un increíble padre – respondió YeoSang encontrándose con su profunda mirada, sus brazos rodeándolo. – Gracias por calmarlos
- No tienes por qué agradecer – respondió meloso acercándose más hasta estar a la altura de sus labios. - Gracias por confiar en el trineo que hice
YeoSang sonrió a medias, el gesto quedando incompleto al ser besado por JongHo, sus labios ahora adaptándose a los suyos para encerrarse en ese cálido y suave beso con toques de Navidad.
- ¡Yeo! ¡Appa!
Separándose ante el llamado en conjunto de sus hiperactivos hijos que saltaban a su alrededor en un intento de captar su atención, YeoSang y JongHo pasaron a mostrarles a sus inquietos y ansiosos cachorros su sorpresa. Con rostros rebosantes de sonrisas y entusiasmo, pasaron a probar el trineo en el exterior, JongHo amarrando una cuerda en la punta para poder tirarlo mientras sus tres niños iban sentados en él.
Rustico y todo, la construcción hecha por sus manos resistió el peso de los tres niños durante todo el trayecto ida y vuelta. Aunque eso no fue todo.
Al final del paseo no pudieron evitar tentarse e iniciar una guerra de bolas de nieve.
Seguramente llegarían tarde a la Celebración de Navidad donde SeongHwa y HongJoong, pero ya se disculparían. YeoSang estaba seguro que los entenderían.
Y mientras YeoSang se unía a un ataque conjunto con sus hijos para derrotar a JongHo con bolas de nieve, SeongHwa se encontraba en su casa preparando ya los últimos detalles para recibir a sus visitas.
Entre él, HongJoong y NiNa se habían encargado de decorar el lugar con guirnaldas navideñas, hojas de muérdago y hasta habían conseguido flores de Navidad reales que habían puesto en maseteros en una esquina, el color rojo de las hojas entregando calidez al ambiente junto con la chimenea ya encendida. La vajilla y cubiertos ya estaba puesta sobre la mesa y lo único que faltaba era colocar un par de velas de color rojo, aunque SeongHwa aún no se decidía si las dejaría como decoración o las encendería al final.
En cuanto a la comida en general, también estaba bastante avanzada. Optando por hacer algo distinto al conocido Bulgogi y Japchae para estas festividades, SeongHwa había incursionado en el pavo asado y el puré de patatas con vegetales asados. Hasta había preparado unas galletas de jengibre junto con NiNa, su hija disfrutando el cortar la masa con moldes de diferentes formas y después, ya cocinadas, se divirtió decorándolas. Había valido totalmente la pena hacerlas.
Si era sincero, al principio estaba un poco ansioso ya que era la primera vez que intentaba cocinar todo eso. Había visto un libro de cocina en la librería, “Recetas Navideñas y un poco más”, que captó su atención de inmediato. Eso, junto con la imagen del pavo asado en la portada terminó de tentarse y comprarlo.
Con el libro en mano y junto a los consejos de su madre, se embarcó en esa odisea, la primera prueba siendo las galletas de jengibre. Y ya que estas quedaron bastante decentes, se sintió con la confianza en seguir con su plan.
Estaba bastante seguro que el pavo y el resto saldrían igual de bien. Debía salir bien después de que pasó los últimos dos días marinando el pavo y luego colocándolo en adobo, sin contar que ese día se levantó a las seis de la mañana para terminar de prepararlo y colocarlo a asar.
Había sido un gran esfuerzo y por como olía, estaba bastante seguro que iba muy bien.
- HongJoong, ¿puedes ir a buscar a NiNa? – le preguntó cuando lo vio aparecer por la cocina, él terminando de limpiar todo – Pronto van a llegar nuestras visitas…
- Seguro, ¿Dónde está?
SeongHwa hizo un gesto con la cabeza hacia la ventana, HongJoong acercándose para ver mejor el exterior.
Ahí, suspendida de cabeza de la rama de un árbol, estaba su cachorra de seis años. Se balanceaba de adelante hacia atrás y parecía estar disfrutando el gélido viento sobre su piel, su bonito cabello negro meciéndose con ella.
HongJoong suspiró, sin importar el clima o la temperatura, su hija siempre se las arreglaba para disfrutar del exterior, la energía siempre emanando de ella. Su pequeña amazona.
Negando con la cabeza, se dispuso a salir a la intemperie por ella.
Moviéndose, SeongHwa pasó ahora él a mirar por la ventana como su hija seguía balanceándose en la rama, su cabeza colgando hacia el suelo, sus piernas lo único que la sujetaban de aquella delgada rama. Escuchando el característico “¡NiNa!” de HongJoong, pasó a ver como su hija, en vez de detenerse ante el llamado de su padre, tomó mayor impulso soltándose al final totalmente de la rama.
En otro tiempo, SeongHwa habría tenido un micro infarto.
Habría corrido por su hija para salvarla de una caída o golpe fatal. De hecho, eso hizo la primera vez que la vio hacer esa pirueta. O mejor dicho, eso es lo que hacía cada vez que la veía hacer por primera vez cualquier malabar.
Admitía que pese a los años, todavía no se acostumbraba mucho a ello, pero al final NiNa siempre se las ingeniaba para caer de pie o en este caso, en cuatro patas.
SeongHwa observó con cierto conocimiento, pero aún así con el corazón inquieto, como su hija se transformaba durante la caída hasta ser una lobezna plateada, sus cuatros patas apoyándose sobre la nieve con cierta gracia mientras su ropa se desperdigaba a su alrededor.
Suspiró aliviado al ver que había caído bien, aunque se lamentó un tanto por la ropa. Se había esmerado en arreglar a su hija y ponerle un bonito vestido; pero estaba claro que esas cosas nunca funcionarían con su inquieta cachorra. No es que importara en realidad, amaba a su resuelta y libre NiNa, pero a veces deseaba verla arreglada por más que solo un minuto.
Con una media sonrisa, SeongHwa vio a HongJoong correr por el jardín, persiguiendo a su hija, esta moviéndose ágilmente para no ser alcanzada.
Un segundo “¡NiNa!” se volvió a escuchar, pero esta vez con un tonito que dejaba en claro que HongJoong estaba comenzando a perder su paciencia. Eso con su “ven aquí” y “no podemos jugar ahora”.
SeongHwa negó.
En eso unos golpecitos se escucharon en la puerta alertándolo, por lo que dejando de ver el espectáculo de como ahora HongJoong se transformaba en lobo para darle caza a su hija, SeongHwa se apartó de la ventana para pasar a recibir a sus visitas.
Dándole un último vistazo al pavo, SeongHwa salió del área de la cocina para encaminarse a la puerta. Tan pronto la abrió se encontró con amplias y bullentes sonrisas. Era la familia Song.
- YunHo, MinGi – los recibió cálido mientras se hacía a un lado – Pasen
- ¿Llegamos muy temprano?
- No, está bien – respondió ante la duda de YunHo – Aunque son los primeros.
- ¿Dónde está NiNa? – preguntó MinJae terminando de sacarse los zapatos, pasando ya al interior de la casa.
- Afuera en el patio. Le avisaré que llegaste – le dijo al tiempo que tomaba una pequeña chaqueta que estaba ahí colgada y pasaba a encaminarse hacia la puerta trasera de la cocina. MinJae lo siguió con curiosidad, MinHo uniéndose también en la búsqueda de NiNa.
Abriendo un tanto la puerta para que el frío no entrara de lleno, SeongHwa asomó su cabeza justo para ver como HongJoong terminaba con el hocico metido en la nieve luego de que NiNa se escapara de su agarre.
SeongHwa contuvo una risotada.
HongJoong podría haber sido el primero en la Competencia en el pasado, pero definitivamente contra su hija tenía todas de perder.
- NiNa, llegó MinJae y MinHo – le avisó, viendo con cierta gracia como su hija se detenía y paraba ambas orejas para escucharlo, atenta – Pronto va a llegar HaeYoung y Emma…
Como si esas palabras fueran mágicas, su hija empezó a brincar en la nieve en su dirección, corriendo hacia la puerta mientras que HongJoong la veía pasar un tanto indignado.
Sonriendo con el efecto logrado, SeongHwa se hizo a un lado justo en el momento en que su hija saltó al cálido interior del hogar, su cuerpo volviendo a su forma humana. Estaba terminando de transformarse cuando SeongHwa pasó a cubrirla con la chaquetita que había tomado en el recibidor, abrigándola de esa forma.
- ¡MinJae! ¡MinHo! – saludó NiNa tan pronto estuvo transformada. Con la chaqueta a medio poner y solo algunos botones bien abrochados, pasó a correr en dirección a sus amigos, sus pequeños brazos rodeando a MinJae y a MinHo por igual.
SeongHwa la miró, al mismo tiempo que HongJoong llegaba a su lado cargando la ropa de NiNa con el hocico, la nieve cubriendo parte de su plateado pelaje.
- Parece que tu cachorra te sigue poniendo a prueba – bromeó MinGi al verlo entrar, HongJoong sacudiéndose la nieve como toda respuesta. – Por suerte los nuestros son más tranquilos…
- No diría que los nuestros son precisamente tranquilos – lo corrigió YunHo divertido, al tiempo que acomodaba mejor en sus brazos al pequeño MinYun.
- Pero no creo que lleguen al nivel de NiNa – respondió HongJoong. Mientras nadie lo veía se había transformado y tomado una chaqueta en el recibidor para cubrirse. Ahora terminaba de abrocharse los últimos botones mientras se acercaba – Lo juro, nadie tiene tanta energía como NiNa
- Eso es porque no has visto a MinJae con exceso de azúcar
- ¿No que nuestros hijos eran tranquilos? – replicó YunHo riendo al ver como MinGi se encogía de hombros, ligeramente avergonzado. Lo había atrapado.
Típico orgullo alfa de competir por todo, aunque causara una contradicción con sus anteriores palabras. YunHo negó con la cabeza.
En eso la puerta volvió a sonar, esta vez la familia de San y WooYoung haciendo acto de presencia. HaeYoung traía puesto un vestidito azul de invierno y su pelo suelto, solo un pasador con forma de estrella de mar en el lado derecho sujetaba algunos mechones de pelo hacia atrás dándole un toque encantador. Por su parte, San cargaba a las gemelas SunHee y SunHye, cada una en un brazo, mientras que WooYoung llevaba una torre de táper plásticos donde portaba los dulces que había preparado.
SeongHwa se apresuró a ayudarlos. Luego de dejar todo en la cocina y que NiNa saludara a HaeYoung, se disculpó un momento con sus visitas y pasó a llevar a su hija a la habitación para vestirla con ropa nueva y seca, la otra quedando desechada. Se había humedecido por la nieve.
Por suerte, en todos esos años había aprendido que con NiNa siempre se debe comprar doble en cuanto a ropa se refiere, por lo que tenía otro vestidito de repuesto. Aunque el otro le gustaba más, este igual le quedaba bien y NiNa parecía más a gusto ya que no tenía una falda de tul, sino que el vestido era todo de la misma tela; un azul marino decorado con pequeñas estrellas blancas.
Ya vestida y notando su impaciencia, SeongHwa la dejó salir a toda velocidad para juntarse con sus amigos a jugar, sin siquiera molestarse en peinarla. Aunque tenía el pelo un tanto revuelto, ese era parte del encanto de NiNa y ya vería más tarde si podía arreglárselo. Por ahora, que disfrutara.
Regresando con el resto, pasaron a conversar, SeongHwa sorprendiéndose de todo lo que WooYoung había preparado.
- Creí que solo harías un postre – comentó aun sorprendido, todos los dulces teniendo una pinta estupenda.
- Es Navidad, uno solo habría sido poco – respondió orgulloso – Además San me ayudó, así que no fue tanto trabajo…
Desde lejos, San arqueó una ceja al escucharlo. Notándolo, WooYoung contuvo una sonrisa y pasó a buscar un plato en donde colocar los pasteles de arroz.
Estaban terminando de colocar la comida en la mesa, SeongHwa mirando de tanto en tanto a la puerta esperando por la llegada de la última familia invitada a la celebración, tratando de distender lo más posible el sacar el pavo, cuando en eso un toque en la puerta lo hizo suspirar de alivio.
Habían llegado.
- ¡Emma! – soltó NiNa cuando la puerta se abrió y la única niña de los Choi hizo acto de aparición, con su abrigo rojo y su largo pelo negro trenzado dejando entrever al final las puntas más bien rojizas, como el cabello de su padre.
Abrazándola, NiNa pasó a tomarla de la mano para llevarla donde el resto, JongHyun y DaeSang siguiéndolas, estos últimos siendo recibidos a mitad de trayecto por un alegre MinHo.
- Lamento la tardanza – se disculpó YeoSang al entrar mientras desabotonaba su chaqueta. – Tuvimos algunos eventos inesperados…
- ¿Todo bien? – consultó SeongHwa al ver su gesto.
YeoSang suspiró.
- Digamos que mi madre recibirá esta Navidad un carbón del tamaño de su cabeza – fue su enfurruñado comentario, al tiempo que llegaba al lugar donde estaban todos, WooYoung ya escuchándolo a esa distancia.
- ¿Qué hizo ahora? – consultó uniéndose a la conversación con naturalidad - ¿Se transformó en el Grinch?
- Casi. Asustó a los niños hablándoles sobre los Barracones. Les dijo que…- YeoSang miró en dirección a sus hijos y viendo que ya se encontraban jugando con el resto, continuó – Lo peligroso que era. – finalizó sin atreverse a decir la verdadera palabra, la garganta estrechándosele con solo pensar en “muerte”.
WooYoung frunció su ceño, sin entender por completo.
- ¿No habían hablado antes con ellos sobre los Barracones?
- No al punto de decirles que podían llegar a perder a uno de sus hermanos – respondió con acritud, los otros tres omegas colocando expresiones impactadas e indignadas, YunHo ya habiéndose unido a la conversación escuchando todo.
- ¿Les dijo que…? – SeongHwa no terminó su pregunta, demasiado estupefacto para poder terminarla, el resto compartiendo su actitud.
- Sin ofender, pero, ¿cómo lograste salir normal YeoSang? – soltó WooYoung, YeoSang conteniendo una sonrisa ante su pregunta. – La próxima vez que necesites que alguien cuide a los niños solo dímelo, no se los dejes a esa… - SeongHwa carraspeó y le dio una miradita para que se controlara - Señora otra vez – terminó a regañadientes.
- Lo mismo digo – apoyó SeongHwa uniéndose al ofrecimiento. – A NiNa le encantaría pasar una tarde con ellos y yo no tengo problemas en cuidarlos
YeoSang los miró agradecido y estaba por decirlo cuando una vocecita los interrumpió.
- Omma ¿Y la comida?
Los cuatro omegas bajaron la mirada para ver a la pequeña HaeYoung tironeando el pantalón de WooYoung.
- ¡Cierto! ¡El pavo! – exclamó SeongHwa, saliendo como una exhalación hacia la cocina.
- Supongo que eso quiere decir pronto – fue la respuesta de WooYoung hacia su hija. – Ven, vamos a ubicarte a la mesa de los niños
En un efervescente bullicio, sillas moviéndose por aquí y por allá, todos se ubicaron en sus puestos. Los niños terminaron en la mesa que estaba en la sala, mucho más baja y cómoda donde podían comer y luego salir a jugar sin problemas. Los adultos en cambio se ubicaron en la mesa dispuesta en el comedor, San y WooYoung cada uno con una bebé, mientras que MinYun se encontraba entre YunHo y MinGi sentado en la antigua sillita de bebé de NiNa.
La velada transcurrió entre conversaciones y risas, SeongHwa medio disculpándose por el pavo que había quedado un poco quemado, nadie importándole mucho ese detalle ya que estaba increíble. Entre medio conversaron de los cambios que se venían para la manada, entre ellos que se había atrasado la entrada a los Barracones en un año. Ahora los niños ingresaban a los nueve años y con eso les daba la posibilidad de entrar a la escuela y compartir un año con omegas y betas. Compartir con niñas y niños de su generación que más adelante, en el futuro, podría convertirse en su compañera o compañero.
- Además que agregaron clases de supervivencia, para que cuando entren a los Barracones estén más preparados para sobrevivir y conseguir comida por sí mismos – comentó San entre medio de la conversación – Están viendo cómo funciona. Si todo sale bien, podrían hasta subir la edad a diez años, aunque eso último solo son rumores…
Una nueva ola de comentarios se elevó después de eso, YunHo con MinGi siendo los más interesados ya que eso significaba que aumentaban los años que podían continuar viendo crecer a su hijo mayor MinJae y también a MinYun. MinHo al ser un omega estaría con ellos toda su infancia y adolescencia, pero los otros dos sería hasta lo que la ley dictara; lo mismo ocurriéndole a YeoSang y JongHo, estos también interesados en el tema, sobre todo después de lo ocurrido en la mañana.
Mientras tanto, en la mesa de los niños las cosas eran también bastante activas, pero mucho más ligeras. HaeYoung ya habiendo terminado su plato se encontraba comiendo del de Emma, cuando en eso NiNa la vio.
- Eso es de Emma – se quejó, su ceño frunciéndose en dirección a HaeYoung que solo le dedicó una mirada antes de voltear a Emma, quien masticaba su pavo tranquilamente.
- ¿Vas a comer eso? – preguntó apuntando a sus verduras.
Emma negó con la cabeza y HaeYoung pasó a comérselo bajo la enfurruñada mirada de NiNa.
MinHo que estaba al lado de HaeYoung, al verla distraída, aprovechó de dejar sus zanahorias en su plato y MinJae al verlo, pasó a ser lo mismo con la excepción que dejaba sus verduras en el plato de MinHo cuando este se volteaba. De esa forma hicieron una cadena. Inocente, MinHo no se daba cuenta de lo que su hermano mayor hacía y solo se dedicaba a pasar verduras de su plato al de HaeYoung. Su cabeza se inclinó un poco en confusión al ver que no parecía disminuir la cantidad de zanahorias en su plato, pero al final terminó de mover todo.
Cuando HaeYoung volvió a poner atención en su plato y vio los vegetales, en vez de preguntar algo, pasó de buena voluntad a comérselo, aunque al final dejó un poco, su estómago ya no dando más.
- Hae, ¿Quieres mis verduras? – preguntó tardíamente JongHyun al otro lado de la mesa, la niña negando en respuesta.
Suspirando y resignado al ver que el resto se “había comido” los vegetales, JongHyun pasó a comérselos sin muchas ganas; DaeSang imitándolo.
- ¿Hae no te gustaron las zanahorias? – comentó extrañado WooYoung cuando pasó a retirar los platos y a dejarles en cambio una pequeña fuente con los diferentes dulces tradicionales en el centro de la mesa.
HaeYoung alzó su mirada inocente y negó con la cabeza.
- Comí mucho – respondió con sencillez, su mano ahora extendiéndose por un pastel de arroz.
WooYoung medio le extrañó y divirtió a la vez la respuesta, sobre todo porque su hija decía no tener más espacio para las verduras, pero si para un postre.
Bueno, era una niña, sería raro que fuera lo contrario.
Acariciando su cabeza, WooYoung se agachó y le dio un pequeño beso en el mismo lugar antes de dejarla degustar su postre tranquila, él llevándose los platos sucios.
Ávidos, los niños comieron los pasteles de arroz que ahí había junto con las papas dulces caramelizadas, JongHyun y DaeSang siendo los más felices al poder quitarse el sabor de las zanahorias por el dulce de la pasta de judías rojas o el caramelo del Matang.
En eso Emma sacó el último Matang, HaeYoung mirándolo con interés. Ni lenta ni perezosa, tomó un pastel de arroz y se lo cambió directamente por la papa caramelizada que le interesaba, NiNa descubriéndola nuevamente en el acto.
- ¡Hae, eso es de Emma! Deja de quitarle la comida – le ordenó al ver cómo le sacaba de la mano el dulce a Emma y le ponía en cambio el pastel.
- Pero yo lo quiero
- Pero ese es de Emma. Los adultos tienen más – y dicho esto, NiNa se acercó e intercambió los dulces una vez más, regresándole a Emma el suyo, HaeYoung mirando el pastel de arroz que le habían entregado de vuelta.
Frunció ligeramente el ceño.
Sin embargo, no se rindió.
Alzando su cabeza y dejando de lado el pastel, se levantó y encaminó en dirección a la mesa donde estaban los adultos, el más cercano a su trayectoria siendo el tío JongHo, lo que en su perspectiva era perfecto. Él siempre le daba comida cuando se la pedía y esta vez no fue la excepción.
Reaccionando al tirón en su chaqueta, JongHo miró hacia abajo para encontrarse con HaeYoung.
- ¿Se acabaron los dulces? – consultó, aunque estaba bastante seguro que así era, HaeYoung siempre acercándose a él cuando se trataba de comida.
HaeYoung asintió.
- ¿Y cuál quieres?
- Matang
- ¿Matang? – JongHo pasó a mirar la mesa, descubriendo que quedaban aún algunos. Tomando un par pasó a entregárselos a HaeYoung quien los recibió con una sonrisa – Disfrútalos
- Komawo – agradeció al tiempo que hacia una ligera venia y regresaba donde sus amigos.
JongHo contuvo una sonrisa ante el agradecimiento tan casual e informal que la pequeña había utilizado, como si él fuera un amigo de su edad y no un adulto a quien debiera respeto. Más que molestarle, le causaba gracia.
- ¿Sucede algo?
- No, nada – respondió ante la pregunta de YeoSang a su lado - ¿Quieres Matang?
Continuando con el resto de la tarde, los niños terminaron efectivamente jugando en la pieza de NiNa al barco pirata, NiNa y MinJae siendo los capitanes que batallaban mientras que el resto de la tripulación se dividía en niños contra niñas. En un último giro inesperado, MinHo se pasó al bando de las niñas y él junto a Emma, lucharon con almohadas contra JongHyun y DaeSang.
HaeYoung paseaba por la habitación en el caballito de madera con ruedas de NiNa, aparentando que volaba en un Unicornio, mientras que NiNa y MinJae se habían enfrascado en una batalla en donde se lanzaban peluches de un lado a otro de la cama.
Era un caos y cuando HongJoong se acercó a ver que sucedía, se encontró exactamente eso.
Algunas plumas volando de las almohadas, los niños riendo y peluches voladores por todas partes.
Suspirando, HongJoong se alejó de la habitación.
Los niños estaban bien y asumió que esa noche le tocaría un largo turno de orden. No es que eso fuera muy diferente al resto de sus noches, con huracán NiNa siempre era necesario dedicar unos minutos en la noche a ordenar y volver a poner cada cosa en su lugar, o por lo menos que no pareciera un campo minado.
Para cuando llegó el anochecer, los niños estaban sonrientes, pero exhaustos.
MinHo se restregaba sus ojos de tanto en tanto y al final dio a parar a los fuertes brazos de su padre cuando ya era hora de irse, el pequeño cerrando sus ojitos tan pronto apoyó su cabeza sobre el hombro de MinGi. DaeSang y JongHyun lo imitaron un tanto, ambos con miradas somnolientas mientras se ponían los abrigos y se despedían de sus amigos, antes de terminar siendo alzados, cada uno quedando en un brazo de JongHo.
SeongHwa por su parte se dedicó a repartir mantas para abrigar a los niños y no se resfriaran en el trayecto de vuelta a casa. La mayoría al estar en brazos de sus padres, terminaron cubiertos por completo y calientitos.
Mientras se despedían, NiNa vio a cada uno de sus amigos partir desde la puerta, su pequeña mano moviéndose a la vez que una cierta sensación de silencio se instauraba a su alrededor.
No le gustó.
A ella le gustaba el movimiento y el quedarse ahí sola, sin nadie con quien seguir jugando, le incomodó.
Una incomodidad que se mantuvo nadando en el fondo de su cabeza mientras ayudaba a sus padres a ordenar su cuarto y rehacer su cama.
Aún con los dientes lavados y su ropa de dormir puesta, NiNa seguía dándole vueltas al asunto.
- ¿Lista para pedir tu deseo?
- ¿Qué deseo? – consultó cuando vio a SeongHwa entrar junto con HongJoong.
- El que pides cada año a las estrellas en Navidad. ¿Recuerdas que constelación se ve en esta fecha?
Los ojos de NiNa brillaron en reconocimiento ante la pregunta de su padre.
- ¡Aries! – chilló entusiasmada.
La constelación de su signo zodiacal se alzaba en el cielo claramente en esa época y todas las Navidades apagaban las luces de su habitación para ver desde la ventana “su” constelación.
Era su tradición y a ella le encantaba.
Saltando de su cama se acercó donde sus padres, HongJoong atrapándola al vilo para cargarla en brazos, SeongHwa encargándose de apagar la luz para acercarse de vuelta con ellos a ver la noche estrellada.
- Muy bien NiNa, ¿crees poder encontrar la constelación por ti misma? – consultó HongJoong, su hija asintiendo efusivamente.
Enfocando sus ojos en el exterior, NiNa estrechó la mirada, su gesto pareciendo concentrado. Se estaba esforzando y sus padres la esperaron con paciencia hasta que su gesto cambió.
- ¡Ahí está! – exclamó apoyando su dedo contra el frío vidrio de la ventana- Ahí está, Hamal
- ¡Muy bien! – celebró HongJoong verificando que su hija apuntaba a la estrella más brillante de la constelación de Aries, SeongHwa uniéndose a felicitar a su hija.
De ahí, el resto fue fácil. NiNa terminó de apuntar las otras estrellas y formar la figura del carnero. Entre medio agregó algunas estrellas más que no estaban en la constelación original, pero así ella le daba mayor forma a esa pobre constelación que siendo sinceros, parecía una simple unión de tres líneas sin gracia, mientras que la visión de NiNa le agregaba muchas más líneas, formando así las patas, un cuerpo más robusto y dos definidos cuernos.
- ¿Ya sabes cuál va a ser tu deseo? – le preguntó SeongHwa, NiNa colocando una expresión pensativa.
En esos sus ojos centellearon, como si una brillante idea hubiera aparecido en su mente.
Asintiendo, pasó a cerrar sus ojos, HongJoong y SeongHwa dándose una mirada de complicidad antes de cerrar sus ojos también.
La primera vez que habían visto juntos la constelación de Aries, fue cuando SeongHwa estaba embarazado de NiNa. En ese entonces, HongJoong se la había mostrado recordando su antigua promesa en el río, esa siendo su sorpresa para esa primera Navidad juntos. Ahí, sentados en la mecedora de madera con tazas de chocolate caliente en manos, habían visto las estrellas envueltos en nostálgicas memorias. Fue ahí también que HongJoong le propuso pedir un deseo a las estrellas como evento final de Navidad. A SeongHwa le pareció bien y desde entonces se había vuelto parte de su tradición familiar; un ingenuo trato en el río terminando con ellos ahora ahí, viendo esa constelación junto a su hija.
Al menos para SeongHwa, con solo estar ahí juntos, sentía que su deseo de Navidad ya había sido cumplido.
Una velada estupenda con amigos estupendos y una cálida familia. No podría pedir más.
- ¿Pediste tu deseo? – consultó HongJoong cuando volvió abrir los ojos, NiNa abriendo por inercia los suyos. Sonriente, asintió - ¿Qué pediste?
- Es un secreto
Y sonriendo traviesa, dejó con la incógnita a sus padres, que sin querer presionarla pasaron a llevarla a su cama.
- Duerme bien – le deseó HongJoong besando su cabecita.
- Descansa NiNa -apoyó SeongHwa dándole también un beso de buenas noches.
- ¡Omma! Espera
Curioso, SeongHwa se detuvo para ver como NiNa salía entre las mantas hasta aproximarse a él. Intrigado, SeongHwa vio a su hija apoyar sus manitas alrededor de su abdomen y acercarse como si le fuera contar un secreto a su estómago.
- Nace pronto hermanito – murmuró, pero de forma suficientemente audible para que los adultos la escucharan y se miraran con cierto asombro.
Uno que rápidamente tuvieron que ocultar cuando, muy satisfecha, NiNa se separó de su abdomen y regresó a su cama como si nada.
- ¿Qué fue eso? – consultó HongJoong cuando llegaron a la seguridad de su habitación - ¿Acaso estas…?
- ¡No! – aclaró SeongHwa, carraspeando al final por haber alzado la voz – No que yo sepa al menos
- Entonces, ¿Por qué NiNa dijo eso? – preguntó aún más confundido, HongJoong rascándose la cabeza sin encontrarle sentido.
- Será tal vez…- murmuró SeongHwa, pensativo – …su deseo – concluyó.
- Deseó un hermanito. Tiene sentido – aceptó HongJoong, apoyando la teoría de su compañero.- Siendo hija única, es lógico que se compare con el resto
- Supongo que por mucho que haya crecido cerca de MinJae, al final un amigo no es igual a un hermano con el que puedes estar todo el tiempo
Ambos se miraron y terminaron sentados en el borde de la cama.
- ¿Crees que se sientas sola?
- Es probable- respondió SeongHwa pensando además en sus hermanas, todas con más de un hijo. La hija de su hermana SoJin tenía casi la misma edad que NiNa, ambas primas llevándose muy bien, pero al final ella tenía a sus hermanos mayores omegas, mientras que NiNa volvía a quedarse sin un compañero de juegos al final del día.- Supongo que podemos…intentarlo – cedió aún pensativo, sus manos apoyadas sobre su regazo y él observándolas detenidamente hasta que una nueva mano se unió a las suyas.
Alzando la mirada, SeongHwa se encontró con la de HongJoong.
- ¿Estás seguro? – consultó arrimándose más cerca de él, su mano ya entrelazándose con las suyas – Un nuevo bebé puede ser mucho trabajo. No digo que no me entusiasme, y por supuesto te voy ayudar, estamos juntos en esto. Pero…
SeongHwa suspiró.
- Lo sé. NiNa aún es una inquieta lobezna – admitió, sonrisas de complicidad emergiendo entre ellos dos – Pero ya es grande también. No necesita que la vigile la mayor parte del tiempo y pienso que si le entusiasma tanto la idea de un hermanito, me puede ayudar. Ya has visto lo protectora que es con sus amigos…pienso que será igual como hermana mayor
- Pienso igual – coincidió HongJoong- Aunque si llega a ser tan travieso o traviesa como NiNa, creo que mi pelo pasará de plateado a blanco
SeongHwa rio, aunque un dejo de nerviosismo se dejó entrever en su tono. El solo imaginar el dinámico dúo y lo que le vaticinaba el futuro, parecía un tanto temerario. NiNa ya lo había preparado con muchas de sus locuras, tenía mayor experiencia y sabía que un moretón, un raspón o hasta un diente suelto, no eran el fin del mundo. Pero también, estaba bastante seguro que por mucha experiencia que tuviera con su hija, igual iba a terminar preocupándose de todos modos y asustándose con las intrépidas aventuras de esos dos.
Aún así, valía la pena.
- Asumiré el riesgo- soltó a continuación de sus pensamientos.
- ¿A mi pelo blanco?
SeongHwa sonrió.
- Si y también al desafío de tener dos torbellinos en casa
HongJoong lo miró con entendimiento y complicidad, pero también con un brillo característico en el fondo que SeongHwa bien reconocía. Como un depredador acechante, HongJoong acercó su rostro.
- En ese caso, ¿comenzamos?
- ¿Comenzar?
- NiNa ya está dormida y la noche es larga. Creo que podemos hacer el primer intento hoy…
- ¿Tú crees? – consultó SeongHwa siguiéndole el juego. Bien sabía que primero debía ir con su médico, suspender el uso de supresores y otra serie de medidas y preparaciones previo a embarazarse, pero no por eso iba a descartar lo que su compañero proponía.
Como él decía, la noche era larga y podían darse el lujo de aprovecharla.
Y con esa pregunta flotando en el aire, SeongHwa terminó de cerrar la distancia que los separaba, de ceder al cadente sabor de HongJoong y disfrutar de ese beso tierno, pero deseoso a la vez.
Deseoso de experiencia y de amarse una vez más, como tantas otras noches.
Y mientras ellos se besaban, manos expertas comenzado a recorrer el cuerpo ajeno bajo la ropa, otros terminaban su noche de Navidad de forma distinta.
MinGi y YunHo bebiendo sendas tazas de chocolate caliente frente al árbol de Navidad, abrazados en el sillón mientras sus hijos, arropados, ya dormían.
WooYoung y San disfrutando de unos merecidos minutos de descanso en un relajante baño de burbujas y caricias sin más.
JongHo y YeoSang metiéndose entre las mantas de su cama, uno en cada extremo, mientras al centro reposaban sus hijos dormidos junto con “Copito”, el peluche de conejo que Emma abrazaba ahora contra su pecho. Con movimientos pausados, ambos terminaron por recostarse, sus ojos encontrándose al igual que sus manos, que entrelazadas terminaban por abrazar a sus cachorros antes de quedarse también dormidos.
Por su parte, SeongHwa y HongJoong continuaban con sus caricias. Con su cuerpo contra el mullido colchón, su piel rozando contra la contraria, SeongHwa se separó del beso para ver a su compañero una vez más. Una mirada antes de zambullirse en el amor que le entregaba, junto al futuro que creaban.
Todos abrigados bajo la paz de la noche de Navidad.
