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Durante la noche, Cheong Myeong se recostó sobre el tejado de los dormitorios, bebiendo perezosamente de la botella de alcohol en su mano.
Alzó la botella al cielo, dejando escapar un aliento con aroma a ciruelo mientras murmuraba.
—Ahora las cosas están un poco más tranquilas, sahyeong...
Contra el fondo oscuro salpicado de estrellas, creyó ver la silueta de su sahyeong, sonriéndole con calma.
—No es que me moleste la calma, pero ahora se siente un poco...
Las palabras flotaron en el aire por un momento. Cheong Myeong frunció el ceño.
—... Solo.
El borde de la botella llegó a sus labios en un instante, bebiendo ávidamente el contenido hasta que no quedó ni una gota.
En ese momento, el cuello de Cheong Myeong se sacudió. El pelaje blanco le hizo cosquillas en la nuca, acariciando suavemente su piel. Y una pequeña garra rascó su hombro.
—¡Kiiik!
El chillido sonó junto a al oído de Cheong Myeong, atrayendo su atención y también un poco de irritación.
—¿Ahora te estás quejando porque te uso como almohada? —Cheong Myeong señaló a Baek-ah, empujando un dedo contra la mejilla redonda—. Las almohadas no hablan, bribón.
Baek-ah entrecerró los ojos, como si presenciara una injusticia indescriptible.
—¡Kiiik! ¡Kiii! ¡Kiii!
Cheong Myeong acalló a la marta, dejando caer su cabeza contra el cuerpo regordete que ciertamente había sido bien alimentado, y entonces dejó escapar un suspiro ruidoso.
—Ahora las bestias tampoco me respetan, ¿en qué se ha convertido el Monte Hua?
Su corazón era un poco más ligero que antes.
Pero había alguien que no estaba tan satisfecho con el resultado.
Pasaron cuatro días, quizás.
No fue hasta que Tang Soso señaló directamente el espacio vacío sobre el hombro de Cheong Myeong, que todos se dieron cuenta de la persona que faltaba entre sus filas. O más bien la bestia que había desaparecido.
—No es de extrañar que últimamente no escupiera pelos, ¡se pegan por todo el uniforme! Si me limpio la cara con la manga, los pelos se pagarán a la piel con el sudor... —Jo Geol levantó el brazo, mostrando la tela de su informe libre de pelos de animal.
—Eso es asqueroso —comentó Baek Cheon, juzgando abiertamente a su sajil—. Limpia tu uniforme.
—No, ¡Sasuk no puede juzgarnos! —reclamó Jo Geol.
Tang Soso asintió a su lado, secundada por Yoon Jong e incluso Yu Iseol.
—Por alguna razón Sasuk tiene esa habilidad, ¿no lo ha notado Sasuk?
Baek Cheon miró su ropa, pasando las manos por la tela como si suavizara las arrugas inexistentes antes de volver a mirar hacia sus hermanos marciales.
—No es nada especial, simplemente me gusta estar limpio...
Tang Soso replicó—: ¡Te he visto rodar por el lodo con nosotros pero salir con la ropa blanca reluciente!
Baek Cheon se rió, rascando la parte posterior de su cabeza con exasperación.
—Ese no es el tema en el que deberíamos de centrarnos, ¿no desapareció Baek Jeon?
Cheong Myeong, que estaba observando la discusión con diversión, le restó importancia al tema. —No sé a dónde fue, pero es una bestia divina. Si no puede cuidarse por su cuenta, entonces es una estafa.
Yoon Jong estuvo de acuerdo con ese razonamiento, incluso si algo no sonaba del todo bien. —Tal vez salió a explorar el bosque, sin embargo, incluso las bestias divinas deben de comer algo. Volverá cuando tenga hambre.
Jo Geol asintió satisfecho. —Eso sucedió con un gato al que alimentaba con mi hermano cuando éramos niños. Realmente volvió después de unos días.
Los discípulos se quedaron en silencio, girando sus cabezas para mirar a Jo Geol con sorpresa. A veces, todavía era difícil recordar que algunos de ellos tenían una familia además del Monte Hua.
Baek Cheon tosió, desviando la atención. —Si no vuelve para la cena, deberíamos de buscar a Baek-ah en los alrededores.
Los discípulos finalmente estuvieron de acuerdo, por lo que el tema de conversación cambió rápidamente a otros relacionados con las artes marciales, y finalmente fueron obligados a continuar con su entrenamiento.
Pero Baek-ah no se presentó a la cena.
Fue difícil buscar a través de los bosques, sin embargo resultó ser una tarea mucho más sencilla alertar a todos los discípulos para estar atentos a la presencia de la marta, ya que todos ellos se esparcieron por las montañas a la hora de realizar su entrenamiento matutino.
Por la tarde, Jo Geol buscó en las cocinas, estando atento a la presencia de los rastros de mordida de la pequeña boca de Baek-ah. Los cocineros tampoco parecían haberse encontrado con la mascota de la secta.
Baek Cheon fue escéptico, revisando el almacén de alcohol. No es como si el animal fuera igual al dueño, pero la cantidad de similitudes era casi aterradora. Entonces, por si acaso, contó las botellas dos veces.
Baek Sang incluso echó un vistazo a la tesorería, temeroso de encontrar una buena porción de monedas faltantes. Afortunadamente, sus miedos fueron infundados, aunque ahora el mayor Hyeon Yeong también estaba paranoico al robo de oro por parte de algún mustélido salvaje.
Y Cheong Myeong simplemente llamó a Yoon Jong al finalizar el entrenamiento, cruzando los brazos con el ceño fruncido. Esta fue una pose habitual en el discípulo más jóven, pero también una que no dejaba de infundir miedo en sus corazones.
—Yoon Jong sahyeong, tengo una misión muy importante para ti.
—Haaah...
—¿Eso fue un suspiro irritado? Sahyeong, estoy pidiendo las cosas amablemente, no me hagas cambiar mi actitud.
—No, claro que no, Cheong Myeong-ah —Yoon Jong negó con la cabeza desesperadamente—. ¿Necesitabas algo?
—Bien... —Cheong Myeong no parecía muy convencido—. Me encargaré de ti más tarde. Por ahora, trae un cerdo entero.
—¿Un cerdo entero ...?
Yoon Jong quería cuestionar las órdenes ridículas, pero tampoco creyó que quisiera saber el motivo. Atrapado en una encrucijada, Yoon Jong se resignó.
—¿Vivo?
Cheong Myeong alzó una ceja. —¿Para qué quiero un cerdo vivo? ¡Trae carne! ¡Carne!
'¿¡Y para qué quieres un cerdo muerto completo!?'
Yoon Jong se desesperó.
Esa misma noche, Yoon Jong se enteró de la razón.
Cuando llegó a los campos de entrenamiento, cargando el cuerpo del cerdo con la mirada sombría después de tener que presenciar su ejecución, una enorme hoguera había sido construida por los discípulos que se habían quedado atrás.
Baek Cheon se sacudió las manos, quitando el acerrín que se le había pegado con facilidad. Tang Soso se secó el sudor de la frente, agitando el abanico con gracia para alimentar el fuego.
—¿Estamos haciendo carne asada? —Yoon Jong concluyó con cierto grado de sorpresa—. ¿Qué estamos celebrando?
—¿Necesitamos una ocasión especial para celebrar? —Cheong Myeong resopló, disfrutando ya del alcohol que había sido dispuesto por Hyeon Yeong.
—No, sin embargo...
'Estoy cargando un maldito cerdo muerto, bastardo. Entero.'
Todo el asunto era sospechoso, pero tampoco había un motivo especial para pensar que un festín podría ser parte de algún tipo de estratagema.
Incluso si vocalizara sus verdaderos sentimientos, sería juzgado sin piedad por el propio Cheong Myeong, diciendo algo como: '¿has vivido toda tu vida siendo estafado? Sólo es un festín, sahyeong'. Pero Yoon Jong sabía con certeza que todos aquí debían compartir sus sospechas.
Entonces decidió quedarse en silencio, tomando asiento junto a Baek Cheon, dejando que Jo Geol girara el cerdo sobre el fuego.
Pronto, el tentador aroma a la carne asada flotó en el aire, llegando a sus agudas narices que olfatearon en dirección al cerdo. Las bocas se les hicieron agua, tragando saliva con pesar mientras esperaban con impaciencia a que la comida estuviera lista.
Tang Soso sacó un par de hierbas de su mochila, entregándoselas a Jo Geol para que las esparciera sobre la carne.
El tiempo pareció correr con mayor lentitud cuanto más cerca de estar lista se encontraba la comida.
Una pequeña sombra pasó desapercibida para los discípulos del Monte Hua, quienes estaban inmersos en satisfacer sus instintos más básicos. O al menos así fue para todos menos una sola persona, quien miró de reojo la figura de una marta blanca que intentaba escabullirse subrepticiamente con una sonrisa presumida.
Antes de que las garras pudieran encajarse sobre la carne tierna, los discípulos del Monte Hua se abalanzaron sobre la carne, logrando que el cerdo surcara los cielos. Las espadas fueron desenvainadas con prontitud, girando a su alrededor para intentar apartar a otros y luego dándose la vuelta para cortar una generosa porción de carne.
Una feroz pelea entre bestias salvajes...
No, espera. Una feroz pelea entre los discípulos del Monte Hua se desarrolló frente a los ojos incrédulos de Cheong Myeong y una marta.
—Sahyeong, ¿acaso he estado descuidando la nutrición de estos pollitos...? —Cheong Myeong se preguntó en voz alta, completamente sincero—. ¿Por qué parece que no han comido carne en años?
Los huesos vacíos cayeron al suelo con un golpe hueco, rompiéndose en el impacto. El fuego crepitó, arrojando chispas y cenizas como para burlarse de la situación de una marta hambrienta. Y en medio de su sufrimiento, los discípulos del Monte Hua dejaron escapar suspiros satisfechos.
Jo Geol sonrió. —Fue tan bueno...
—Deberíamos de hacer esto con más frecuencia —concordó Yoon Jong con una sonrisa indulgente.
Pero Baek-ah no estaba de humor para escuchar sobre la felicidad ajena, por lo que se dió la media vuelta y corrió lo más rápido que pudo, lágrimas desapareciendo en el viento.
La puerta se deslizó silenciosamente, cerrándose con la misma suavidad. El dueño de la habitación se adentró, buscando con los ojos hasta encontrar un bulto acurrucado bajo las mantas.
—Así que finalmente vuelves —anunció Cheong Myeong, con las manos en las caderas—. ¿No sé dice que incluso las bestias conocen la gracia? Pero aquí tengo una marta desagradecida que se toma unas vacaciones para descuidar sus responsabilidades...
El bulto bajo las mantas se estremeció, como si las palabras se encajaran en su cuerpo cual lanzas.
—Kiiik...
Cheong Myeong se acercó, tomando asiendo en la cama y arrastrando las cobijas para dejar al descubierto el pelaje blanco. Baek-ah se acurrucó con más fuerza, enterrando su cabeza para evitar ver a esta persona. Entonces todo se quedó en silencio, excepto por el crujido de la tela.
El vago olor a pan y azúcar inundó los agudos sentidos de Baek-ah. La ráfaga de viento más gentil rozó sus bigotes, haciendo temblar su nariz rosada.
Cheong Myeong se rió en voz alta.
—Tendré que comerme esto yo sólo, entonces.
Baek-ah abrió los ojos de inmediato, parpadeando hacia el pastel de luna que se balanceaba tentadoramente frente a su nariz.
—¡Kiii!
Alegría.
Baek-ah sintió alegría infinita indundándolo.
Quizás, no es que a Cheong Myeong no le importase su presencia en lo absoluto, si incluso buscó activamente su presencia e incluso le trajo dulces personalmente...
Tan pronto como ese razonamiento cruzó su cabeza, el pastel de luna desapareció de una mordida en la boca de Cheong Myeong. La mirada maliciosa en esos ojos rosados mientras masticaba de manera innecesariamente ruidosa fue todo lo que necesitó para saber que este fue su plan desde el principio.
—Mmmh, delicioso, un absoluto manjar —Cheong Myeong elogió en voz alta—. Ah, tan bueno, es una lástima que no quede más...
Baek-ah se puso de pie, con lágrimas en sus ojos de frijol.
—¿Todavía tienes el descaro de mirarme así? —Cheong Myeong chasqueó la lengüa—. No tendrías hambre si comieras junto a todos.
Baek-ah se negó a mirar a Cheong Myeong por el resto de la noche, pese a las diversas amenazas de convertirlo en diferentes tipos de accesorios.
A la hora del desayuno, sin embargo, nuevamente tomó su lugar para comer al lado de Cheong Myeong.
Juntos.
