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El dolor de haber conocido el amor

Summary:

Para Geto y Gojo salvar a Amanai era más importante que sus propias vidas. Incluso si sabían que tras lograrlo tendrían que sufrir al tener que enfrentar los sentimientos que ambos tenían hacia ella.

Work Text:

Aquel año conocimos el amor y el sufrimiento.

El invierno ha llegado a su fin otra vez. Y siempre será un constante recordatorio de que solo en los recuerdos estaré contigo.

***

Gojo cargaba a Amanai, entre tanta nieve que caía y el agotamiento de los últimos días tenía que esforzarse para percibir la presencia de Geto y Kuroi quienes los protegían de cualquier mercenario o villano que quisiera cobrar la recompensa sobre la cabeza de Amanai.

—A este paso quedaremos enterrados bajo la nieve. Por lo menos compartiremos calor —dijo Gojo aunque le tomó mucho esfuerzo. No se rendiría, no lo hizo cuando Geto le pidió apoyo para realizar una misión imposible, menos lo haría cuando de salvar a Amanai se trataba—. Deberías dejar de comer tanta chatarra y empezar a ejercitarte, has engordado. Cuando terminemos con esto ni siquiera cabrás en la armadura celestial.

—Satoru... Tal vez te estás volviendo débil —Riko se rio y Gojo se hizo el ofendido.

—¿En serio? Lo dice la que con un pequeño esfuerzo no puede ni moverse. Si eres tan debilucha como Utahime. 

Gojo recibió una leve bofetada, en vez de doler, fue placentero. Era un gesto único entre ambos. Solo ella podía hacerle algo así. Ella era la única que podía lastimarlo, por eso no se protegía, Gojo la quería cerca de él. Cuando llegaran al espejo de Amaterasu y ella estuviera a salvo haría lo que fuese necesario para verla feliz, incluso si era a su lado o al lado de Geto. Satoru nunca imaginó que se enamoraría de una mujer destinada a morir con la que se suponía que solo debía acostarse una vez y luego la olvidaría.

¿Qué pensaría su mejor amigo si lo supiera? Prometió a Amanai que no diría nada a Geto de lo ocurrido. Podría soportar la culpa, pero con cada día que pasaba protegiendo a Amanai y cuanto más la conocía ocurrió algo que nunca consideró: Los momentos en que se quedaba a solas con ella mientras Geto iba de compras o a patrullar; los momentos en que veían películas juntos y hablaban sobre ellas, las bromas en la playa y las pláticas a altas horas de la noche hicieron que Satoru Gojo la amara y ella a él. Solo debió ser una mujer más que se llevaría a la cama, no alguien que hiciera su vida más complicada.

Gojo notó que apenas podía mantener activo su campo defensivo, aunado a ello con cada metro que avanzaba le tomaba más esfuerzo continuar, Amanai se volvía más pesada. No importaba cuanto se concentrara o cuanta esfuerzo hacía Gojo, lo que sea con lo que estuviera imbuida la armadura hacía el trabajo de cargar a Amanai más difícil. Pero él no desistiría, por ella. No la dejaría morir, mientras ella viviera, así no lo eligiera él sería feliz. 

Amanai sonrió y tocó la mejilla de Satoru. Al igual que la bofetada ese pequeño gesto lo hizo recobrar fuerzas y apresuró el paso. 

—Te salvarás, solo falta encontrar ese feo espejo y después me pagarás todos los gastos que hice para que llegáramos hasta acá. —Satoru trató de bromear, nada podía salir mal. Lo peor había pasado horas antes, ese enfrentamiento fue difícil y ella hizo un gran esfuerzo para rescatarlos. Ella se rio, incluso exhausta y herida se veía como una diosa.

—Satoru... —dijo Amanai y luego gesticuló un par de palabras más. 

—No me sorprende, Amanai. 

Entonces ambos notaron que Geto estaba cerca, entre tanta nieve no se dieron cuenta de su presencia. Gojo se recriminó por ello. No debía fallar de esa manera. 

***

Habían pasado meses desde que los asignaron para protegerla, fue después del incendio en el apartamento de Amanai. Cuando Geto supo que debía proteger a una usuaria capaz de soportar el poder de Tengen y que esa persona era Amanai fue uno de los peores descubrimientos hasta ese momento de su vida. Negándose a la posibilidad de que ella muriera, Geto la convenció de buscar las piezas de la armadura sagrada y las reliquias. Viajaron por el país, con cada enemigo vencido Amanai cambió la opinión que tenía de Geto, dejó de verlo como un joven con el que se divertiría a algo más, con cada palabra de consuelo la reconfortó y la hizo entender que no estaba sola, los tenía a ellos y a Kuroi; con cada pieza encontrada fue recuperando la esperanza. Para Geto era irracional que hiciera tanto por alguien a quien no había conocido ni un año, hasta que lo definió como amor, solo ese sentimiento le pudo dar esa determinación.

Estaban a solo una reliquia de terminar el gran viaje, solo tenían que conseguir el espejo de Amaterasu y Amanai viviría. Estaban tan cerca de lograr su objetivo antes de que el poder de ella la matara o la obligara a convertirse en el recipiente de Tengen. Trataban de llegar lo antes posible hacia el templo, ella apenas podía moverse tras la batalla con un grupo de villanos afiliados a Q y a una panda de mercenarios que buscaban cobrar la millonaria recompensa sobre la cabeza de Amanai.

Geto alcanzó a ver que Amanai dijo algo a Satoru, acción que provocó un poco de disgusto. Las interacciones entre Gojo y Amanai causaban cierto sentimiento de incomodidad y molestia a Geto. Era algo mezquino y patético siendo que lo que de verdad importaba era salvarla. Estaban tan cerca, solo unas decenas de metros más. Después de tanto y a pesar de la poca visión logró ver el santuario derruido, debajo de este se encontraría el espejo de Amaterasu. Por lo que no era momento para tonterías. 

Kuroi se adelantaba para asegurarse de que no hubiera enemigos y al estar a diez metros de la entrada esperaron a que ella entrara y revisara el lugar. Tenían que ser cuidadosos por si hubiera trampas, por suerte y a diferencia de los otros lugares en donde encontraron las piezas de la armadura y los objetos sagrados el santuario estaba libre. Geto dio una última inspección en los alrededores y al no ver que nadie fuese a emboscarlos le dijo a Gojo que podía descansar.

—Yo la llevaré a partir de aquí.

—No...

—Gojo, no es momento para que tu orgullo se interponga. Necesitas descansar, recupera un poco de tus energías.

—Estoy bien, puedo aguantar el resto del camino.

Geto no ocultó el enojo, había soportado a ordinarios y supervillanos desde hacía meses, estaba irritable y a pesar de que sabía que era irracional, el comportamiento de su mejor amigo lo enfurecía. 

—Está bien, Satoru —dijo ella, sonaba agotada—. Geto tiene razón, descansa. 

Gojo la apretó con fuerza, no quería soltarla, estaría más segura con él. Geto seguro lo entendía "Son sus celos. Ni siquiera ahora puede dejarlos de lado". Por otro lado, el que Satoru no quisiera entregar a Amanai enfureció a Geto, si no fuera porque había asuntos más importantes lo habría golpeado.

—¡Okay! —exclamó y trató de hacer un tono como si estuviera feliz por ello—. De cualquier forma, estás muy gorda, Amanai.

Ella le sacó la lengua y le dijo que se arrepentiría cuando ella se recuperara. Gojo entregó a Amanai a Geto. Ella era tan feliz de verlos comportarse de forma infantil por ella, habían pasado por tantas cosas juntos. ¿Cómo no amarlos? ¿Cómo no ser feliz al imaginar la sonrisa de Geto cuando ella se recuperase y no tuviera que morir por el don con el que Amanai nació? ¿Era egoísta por desearlos a ambos? Sabía que la decisión que había tomado los lastimaría a los tres, pero en aquel instante era muy feliz. Geto la tomó en brazos y ella imaginó que era una princesa siendo llevada al lecho nupcial. 

La distancia restante fue acortada rápidamente. Amanai miró a su cuidadora, Kuroi, y le dedicó una sonrisa. Ella había hecho tantos sacrificios desde que Amanai tenía cinco años. Creyó que nunca conocería el amor de madre, pero siempre lo tuvo junto a ella.

—Tus nietos te amarán, Kuroi. 

Debido a las palabras de Amanai, Geto se alegró y siguió avanzando hasta entrar al santuario en ruinas. Y el sonido de una explosión interrumpió a los presentes...


Gojo apenas había conseguido reforzar su campo defensivo para evitar que la metralla provocara daños a Amanai o al santuario en ruinas, aunque no fue suficiente para que pudiera esquivar el ataque de un desconocido. Tenía una espada insertada a través de su vientre. Se regeneraba lentamente debido al estado en que Satoru se encontraba, pero no era momento de lamentarse. Activó un efecto repelente para empujar al atacante lo más lejos de Amanai. 

—¡Geto! ¡Kuroi! ¡Apúrense, yo me encargo de este idiota! —ordenó y se preparó para la batalla. ¿Cómo fue posible que se apareciera tan cerca? ¿Cómo es que no logró detectarlo? No importaba, habían llegado tan lejos como para arruinarlo. Acabaría con ese mercenario como hizo con muchos otros. 


Geto y Amanai llegaron a la cámara bajo tierra donde se encontraba el espejo. Dejaron de sentir frío y cualquier sonido proveniente del exterior no era oído. Tan solo al entrar Geto notó que las sensaciones eran abrumadoras para sus agudizados sentidos: el eco de los pasos, el roce con la ropa que llevaba, el tacto con Amanai, el latir de su corazón y su respiración. Tuvo que modular sus poderes para no caer. 

Fue entonces que notó que Amanai se veía menos cansada y que pesaba menos. Dejó que ella caminara sola el resto del camino.

—Por fin... Lo logramos, Suguru. —La sonrisa que tenía fue un alivio para el corazón de Geto.

Continuaron caminando hacia el espejo, el cual emanaba poder. Estaba ante la prueba de que dioses y semidioses fueron reales. Serían ellos quienes salvarían a Riko.

—Cuando esto termine haremos una gran fiesta. Invitaremos a Kuroi, a mis compañeros y a Satoru.

—Geto... —El tono de Amanai cambió—. Te amo.

—Yo tamb-.

—Pero también amo a Satoru. —A pesar de que debía estar feliz por conseguir salvarla, Geto sintió un terrible dolor en su alma.

—Podremos hablar después de que terminemos. —Geto no quería hablar de ello, no había querido reconocerlo, se convenció de que si lo mantenían guardado podrían superarlo.

—No, ahora es un buen momento. —Solo faltaban treinta metros, iban lento porque el campo alrededor del espejo ejercía peso sobre las extremidades de ambos—. Ambos me hicieron ver que había innumerables razones para vivir, me hicieron saber que no estaba sola. No me arrepiento de conocerlos, solo de lastimarlos...

—Amanai, por favor no. —Estaba tan feliz de haber conseguido lo que se creía imposible, pero escucharla e imaginar la decisión que ella había tomado lo dañaban más de lo que quería admitir.

—Quiero conocer muchos lugares más, vivir muchas aventuras juntos... Pero sé que si sigo así los lastimaré más. No lo merecen después de todo lo que han hecho por mí. Pero esto tiene que acabar, seguir así solo empeorará las cosas entre nosotros. 

Geto nunca había sentido tanto terror hacia las palabras, hasta ese momento.

***

Estaban a solo 4 metros. Con cada centímetro que se acercaban el tiempo parecía durar mucho más. Para Geto habían sido horas, no había considerado rendirse en ningún momento y ahora tenía una mayor razón para no hacerlo. Mientras más cerca estaban Amanai se veía mejor, emanaba un resplandor azulado y se veía hermosa. Ella extendió su mano, solo les faltaban tres metros y medio.

Los dos estaban llenos de júbilo. A pesar de todo lo que sucedería, Geto estaba seguro de que al final Gojo también lo estaría. Solo importaba Amanai y su bienestar.

Restaban dos metros y medio. Amanai volteó a verlo, sonreía de manera que el corazón de Geto se aceleró. El aura a su alrededor era la más bella que había visto, estaba llena de vida. Solo un poco más y para el resto de su vida sería así. 

Nunca había sido tan feliz como en ese instante, fue una eternidad para Geto. Un segundo que atesoraría el resto de su vida. 

Sin embargo, lo que siguió fue el peor momento de su vida, una pesadilla que nunca dejaría de atormentarlo. Amanai cayó al suelo, un estruendo resonó en la cueva. Jamás olvidaría el eco que hubo, el golpe contra el suelo y la imagen de la mano de Amanai a tan solo unos centímetros del espejo.

Cualquier efecto que el espejo provocaba había terminado. Fue entonces que Geto conoció uno de los peores sufrimientos que un humano podía sentir, el de que le arrebataran al amor de su vida y sus sueños.

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