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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-09-18
Completed:
2023-09-20
Words:
4,134
Chapters:
2/2
Comments:
3
Kudos:
44
Bookmarks:
3
Hits:
612

Piensen en mí

Summary:

Alejo había llevado mostacillas desde Argentina para hacer pulseras y regalarlas a sus nuevos compañeros de equipo en Inglaterra ¿Cómo habían terminado así?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Día lunes, temática: Pulseritas de central

Alejo, como todo adulto joven casi adolescente, estaba al tanto de lo que ocurría en las redes sociales, por lo tanto conocía a la cantante rubia que pronto pisaría su país para dar unos conciertos, tenía primas que irían allí.

Las mismas que antes de que él se fuera a Inglaterra le habían dado una caja con mostacillas de colores relacionados a Rosario Central. "¡cuando hagas amigos dales pulseras!" fue la frase que le dijeron un día antes de subir al avión para emprender viaje.

¿iba a hacerlo? En un principio se había dicho así mismo que no porque era vago para ese tipo de cosas pero al pasar de los días se encontraba sólo y con mucho tiempo libre, entrenaba y trataba de hacer todo lo necesario para adaptarse a su nuevo club pero el tiempo que le sobraba era demasiado igualmente.

Esa tarde decidió sentarse en la sala de su departamento y sacó la caja. Las primeras pulseras las había hecho demasiado ajustadas así que tuvo que empezar de nuevo, esta vez midiendo mejor su muñeca.

Antes de empezar nuevamente pensó en quiénes deberían recibirlas, Gio era claramente el primero, Cuti el segundo, Bentancur también ¿Quién más? quizá deba hacer para darlas en un futuro. Mientras las iba haciendo tarareaba bajito las canciones que escuchaba de fondo, estaba feliz por la nueva etapa que estaba viviendo, compartir equipo con gente de Argentina era también un golazo.

Al terminar las pulseras se las probó todas juntas, había hecho cinco solamente porque descubrió que esa actividad era más entretenida de lo que pensaba y no quería gastar todas las pelotitas que tenía ya que no sabía bien en dónde conseguir nuevas. Todavía tenía pendiente ir a pasear por el lugar, esperaba poder hacerlo con alguno de sus compañeros que ya conocían la zona y lugares emblemáticos.


Alejo estaba nervioso, confiaba en sus compañeros y los quería por diferentes motivos pero darles una pulserita hecha por él lo avergonzaba un poco ¿y si se reían de él? con las manos un poco sudorosas fue hacia donde se encontraban los sudamericanos hablando, el primero en alzar la vista hacía él fue el vice capitán, Cristian.

—vení Alejo, estábamos hablando de qué música es mejor —comentó, separando una de las sillas para que el más joven tomara asiento.

—¿entre cuales? —preguntó, sin sacar las manos de sus bolsillos.

—la de Argentina o Uruguay —explicó Lolo, cebando un mate para luego pasarlo.

—la de Argentina —contestó con rapidez mientras agarraba el mate para tomarlo.

—no vale, ustedes tres son argentinos —protestó el uruguayo mientras se apoyaba bien en el respaldo de la silla.

Lo Celso lo escaneó con la mirada y sonrió —¿Qué tenés en el bolsillo que no querés sacar la mano? —preguntó, haciendo que los otros dos de la mesa dirijan la vista hacia el mismo lugar.

Cristian se acomodó para mirarlo con curiosidad —que chusma que sos Giovani —comentó tratando de fingir desinterés.

—dale —habló Lolo, aguantando la risa.

—son... —comenzó Alejo, los tres adultos se habían quedado en silencio para prestarle total atención —pulseritas —dijo finalmente, sacándolas para separar tres, buscando las que había hecho específicamente para cada uno.

Cristian aguantó lo más que pudo una risita y Alejo al darse cuenta cambió levemente la expresión —perdón, me da ternura —aclaró el cordobés, inclinando su cuerpo hacia el más joven —¿las hiciste vos?

—sí, para ustedes —habló, tratando de calmar sus nervios y cuando estuvo por repartirlas Bentancur extendió su brazo, arremangando su prenda, ese simple gesto lo hizo sonreír y se la colocó con un leve sonrojo en las mejillas.

La acción del uruguayo fue rápidamente imitada por los otros dos, Veliz, entre risas le puso una pulsera a cada uno.

—¿boca? —preguntó Cristian, olvidando que Alejo y Gio habían estado en Rosario Central, instantáneamente sintió un leve golpe por parte de ambos.

El cordobés los miró con desconcierto.

—Rosario Central, mono —contestó Giovani.

ahhhhhhhh —sonrió Romero, viendo su pulsera con detalle —está linda la mía, es la más linda de todas —agregó luego de mirar las ajenas.

—gracias, Ale —Bentancur se acercó para abrazarlo, Veliz sonrió ampliamente.

Estaba preparado para recibir risas pero no ocurrió así que se sentía realizado. Lolo recibió una llamada que lo hizo salir del lugar y quedó solo con sus dos compatriotas que luego de mirarse con complicidad se levantaron para abrazarlo en conjunto, con fuerza.

Mucha fuerza, en especial el Cuti.

—gracias pichón, la voy a usar siempre que no esté en la cancha —habló el cordobés, agarrándolo del rostro.

Alejo sintió como sus mejillas se calentaban y soltó una risita involuntaria, sentía vergüenza pero le gustaba que lo trataran así. Cuando sus miradas se conectaron se sintió un poco intimidado por la profundidad de los ojos ajenos —siempre que las usen piensen en mí —pidió sin pensarlo bien, su idea era que suene amigable pero terminó usando un tono ¿coqueto? Su corazón comenzó a golpear con fuerza al sentir el agarre de Giovani en su cintura con más presión, con un poco de esfuerzo -ya que Cristian seguía sosteniéndolo del rostro- se giró para mirar al rubio con curiosidad.

—¿en todo momento? —preguntó suave, entrecerrando sus ojos, acercándose más. Los tres cuerpos estaban bastante cerca, no había casi nada de espacio entre ellos.

—sí —contestó luego de tragar saliva, se sentía un conejo siendo acorralado por dos zorros, agradecía que el uruguayo todavía no regresaba porque sentía que estaba en medio de una situación muy comprometedora.

Cristian bajó una de las manos para dirigirla hacia su cintura también, con la lentitud que lo caracterizaba le sopló suave en la oreja, haciendo que su cuerpo se estremeciera, solo quería molestarlo un poco.

No pudo evitar cerrar los ojos cuando sintió como el cordobés le dejaba besitos en el cuello.

—lo voy a hacer, pero nosotros también vamos a tener que darte algo a cambio para que pienses siempre en nosotros —murmuró sobre la piel ajena.

—¿Qué va a ser? —preguntó con un poco de ansiedad, le gustaba las caricias que le estaba repartiendo Giovani y ni hablar de los besos del cordobés.

—quizá... —comentó Gio y rápidamente se separó, separando también al defensor cordobés.

Alejo los miró confundido pero todo tuvo sentido cuando apareció Bentancur.

—¿Qué hacen los tres parados? —preguntó haciendo una mueca y volvió a sentarse, obligando a Gio -que era el más cercano- a hacerlo también —bueno entonces ¿marama? ¿no les gusta?

Los tres soltaron una risa divertida, Alejo seguía sintiendo su rostro caliente así que bajó la vista, repitiendo en su cabeza una y otra vez la escena anterior, nunca había imaginado recibir ese tipo de atención de los mayores, se sentía sofocado. Quería más.

"vení al vestidor antes de irte"

Fue el mensaje que recibió cuando terminaron las revisiones médicas que día a día le hacían ya que tenía una leve molestia muscular y por eso no podía entrenar con los demás. Sus manos volvieron a sudar, a paso lento fue hacía donde recordaba que era el vestidor, el lugar era muy grande así que los primeros días se perdía, por suerte ya había aprendido donde quedaban los lugares más importantes.

—viniste —habló Giovani, acercándose para cerrar la puerta con traba, Cristian lo miraba de lejos, sentado en una de las bancas con la espalda apoyada en la pared.

—¿Cómo no iba a venir? no puedo decirles que no —habló, caminando hacia el cordobés, sintiendo como a sus espaldas se acercaba el mayor de los tres —a nada —aclaró, tragando saliva. Cuando Lo Celso lo abrazó por la espalda algo en su interior se movió.

—Si te incomoda algo decinos, el que manda acá sos vos —comentó Cristian al pararse, extendiendo su brazo para agarrarle la mano, entrelazando los dedos —¿confías en nosotros?

—sí, plenamente —contestó sintiéndose perdido en la mirada pesada de Cristian, las caricias en su mano le hacían cosquillas. El cordobés se levantó y lo agarró del rostro de nuevo, acariciando su mejilla con la mano libre, Giovani se apoyó por completo en su espalda, dejando pasear las manos por su estómago.

Tenía calor.

Cristian iba a pedirle permiso pero no pudo aguantar y terminó acercando su rostro al del más joven, juntando sus narices primero para luego inclinar la cabeza y poder unir sus labios con los del menor, en un beso superficial y tímido porque no sabía qué tanto podía hacer con Alejo.

El menor correspondió luego de un segundo, no quería que el mayor pensara que él no quería ese tipo de contacto así que se dejó llevar, había una muy leve diferencia de altura entre ellos, él era más alto pero lo dominante que era el cordobés lo estaba derritiendo. Las manos de Giovani se colaron debajo de su remera y no pudo evitar soltar un suspiro sobre la boca del morocho, sintiendo todo su cuerpo aún más caliente, ambos sabían lo que estaban haciendo con él.

—tranquilo —pidió el rubio, acariciando con gusto el cuerpo del más joven, cuando Cristian se separó un poco del nuevo compañero que tenían, aprovecho para interponerse sin esfuerzo entre ambos, él también quería atención.

Alejo lo miró desde arriba, los ojos claros de Lo Celso eran hermosos, tenía las pupilas levemente dilatadas y ese detalle le encantó, rápidamente y empujando toda la confianza que tenía hacía el exterior, agarró el rostro del mayor y se inclinó para besarlo con necesidad.

Cristian los miraba con una sonrisa, el beso era desprolijo de ambas partes, sin esperar estiró sus manos para tocar a ambos en donde tuviera ganas, paseándolas sin pudor por la espalda y torso de los contrarios.

—beso de tres —comentó con diversión el defensor, acercando su rostro para intentar unirse.

Ambos terminaron turnándose para besar al más joven, que luego de unos segundos terminó sentado en la banca largando suspiros en medio de los besos. En un momento apoyó su cabeza en la pared, Giovani y Cristian le estaban besando el cuello uno de cada lado, cuando su mente dejó de estar tan nublada, los separó para agarrarlos del brazo, quería comprobar que los mayores tuvieran las pulseras que él les había regalado.

Allí estaban.

—¿pensaste que no las íbamos a tener? no pienso sacármela —habló Cristian, apoyando su mano en el muslo interior de Alejo, presionándolo.

—yo tampoco, pichón —agregó Gio, arrodillándose.

Alejo se alertó ante la acción ajena y trató de alejarlo —esperá —pidió con voz temblorosa.

—¿no querés? —preguntó Cristian, subiendo y bajando su mano, rozando apenas la entrepierna ajena de vez en cuando.

—no... sí —contestó, tragando saliva, giró su rostro para enfrentar al defensor, los labios del mismo se veían lindos.

—sí o no —preguntó con seriedad, arrugando el entrecejo.

Su cuerpo se estremeció —sí, sí quiero Cristian —repitió, cerrando los ojos cuando sintió a Giovani presionar su entrepierna.

—buen chico —felicitó Romero, acercándose de nuevo con una sonrisa para besarlo, mordiendo con fuerza los labios del más joven.

Iba a quejarse por el dolor pero cuando estaba por hacerlo, el más grande comenzó a mover su mano, dispersando la molestia que sentía en sus labios, soltó un jadeo, apoyando su frente en el hombro del defensor.

—Ale —llamó Cristian, tratando de buscar que lo mirase.

¿q-qué? —preguntó, bajando su vista, chocando miradas con el de ojos claros que lo miraba con ojos entrecerrados mientras lo complacía.

—mirame —pidió el cordobés, agarrándolo del mentón para que suba la cabeza, Alejo lo miró —sos muy bonito —habló, logrando que el más joven lo mire con notoria sorpresa.

Cristian... —gimió, arrugando el entrecejo y cerró los ojos, lamiendo sus labios, sintiendo un leve sabor a sangre, el cordobés lo había mordido sin cuidado.

Escuchó una risa baja del morocho antes de volver a sentir como sus labios eran besados con brusquedad, sabía desde ya que más tarde tendría marcas notorias por las lastimaduras que estaba creando el defensor.

No le importaba, estaba enfocado en disfrutar plenamente las sensaciones que le estaban regalando, tocando, besando y chupando su cuerpo a un ritmo coordinado.

Nunca hubiera pensado que iban a llegar a esas instancias solamente por unas pulseras, podría acostumbrarse a recibir ese trato de sus compatriotas...

Quizá la espera de volver a pisar la cancha no iba a ser tan abrumadora.

No si los tenía a ellos.