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Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of 2p!argchiweek 2023
Stats:
Published:
2023-09-26
Words:
1,333
Chapters:
1/1
Comments:
4
Kudos:
17
Hits:
214

Descansando con tu sombra

Summary:

¿Qué puede ser más triste que la inflación actual del país? Que el chileno al que amas venga a verte porque gracias a eso todo está más barato que nunca.

Notes:

Un anon pedía contenido de los 2p para la week en el CC, así que reviví de mis cenizas.

Work Text:

Todos los días de Federico comenzaban apagando la alarma de su celular.

Se tomaba su tiempo para despertar, estirando lentamente cada extremidad hasta acabar sentado sobre la cama. Tras eso, se peinaba su cabello castaño lejos del rostro y se levantaba para ir a prepararse un café a la cocina.

Era una rutina familiar, cómoda de seguir.

Esperando a que el agua hirviera, tomaba su celular para revisar sus notificaciones. Rara vez tenía mensajes de Martín, su alterno siempre había preferido ignorar lo más posible su existencia, pero en ocasiones le escribía si necesitaba su ayuda para algo importante. Por más que el rubio fuera el representante oficial del país, no había nada que Federico no pudiese hacer también, aunque por lo general sus únicas tareas eran trabajo de escritorio demasiado aburrido para Martín.

Ese día, se encontró con 58 mensajes de su querido vecino.

Claro, esa cantidad era normal considerando la tendencia de Benjamín de no escribir más de tres palabras en cada mensaje. El chat comenzaba con “oe”, pasando a una larga sección de “wn pescame”, “yapo fede”, “estai durmiendo?”, y terminaba con un preocupante “me abris la puerta cuando llegue”.

No, lo preocupante no era que Benjamín hubiese escrito seis palabras seguidas, por más que fuera el doble de lo usual; lo que hizo que el café en la taza de Federico tuviera sabor más amargo de lo normal fueron las implicaciones del mensaje.

¿Benjamín iba a venir a verlo?

Los platos estaban limpios, por suerte los había lavado ayer antes de dormir, pero tenía una pila de ropa sucia en el piso del baño, los controles de la televisión en quién sabe dónde, y ni siquiera había hecho la cama.

¿Lo peor de todo? El mensaje había sido enviado hace más de más de cuatro horas. En el peor de los casos el avión ya había llegado a Argentina y Benjamín aparecería en cualquier momento; en el mejor el tonto habría terminado perdido por la ciudad y tendría que ir a buscarlo.

Sin embargo, dejarle las cosas a la suerte nunca era una buena decisión.

Tras un par de toques a la pantalla y unos segundos de espera, su llamada fue contestada.

— ¿Dónde estás? —

“¿Fede?”

— Benjamín. ¿Dónde estás? —

Intentando que su voz permaneciera inexpresiva como siempre, Federico intentó prestarle atención a los sonidos que acompañaban a la voz del chileno.

“Voy llegando a tu casa po. ¿No leíste mis mensajes?”

— Si los leí. — Precisamente por eso lo preguntaba. — ¿Vienes en auto? —

“Sipo, el Manu lo pagó.”

— … ¿Vienes con Manuel? —

Por la hora en que los mensajes llegaron imaginó que el viaje había sido Benjamín actuando sin pensar, pero pensándolo mejor había sido estúpido creer que no vendrían juntos. En los últimos años la relación de los dos chilenos no había hecho más que mejorar incluso si cada vez que los veía juntos parecían estar discutiendo por algo. El nombre de Manuel llegaba a quedarse como un parasito en su nombre de lo mucho que escuchaba a Benjamín hablar de él.

Que si Manuel se había caído de las escaleras del metro, que si Manuel seguía llorando por la muerte de un personaje de una serie japonesa…

“¿Fede?”

— Llámame cuando estés afuera, no te pongas a gritar. —

El argentino no esperó una respuesta del otro, sino que cortó la llamada tras terminar de hablar. Si Benjamín iba a llegar pronto entonces tenía que aprovechar el tiempo para ordenar la casa y ponerse algo decente.

La ropa sucia fue a la lavadora, las cosas de la sala a su sitio y la cama estuvo hecha en menos de cinco minutos. Acto seguido Federico se vistió con una camisa de color oscuro, esa que Benjamín había halagado una vez, y un pantalón cómodo a la cadera.

Y luego… solo era cuestión de esperar.

Mirar la pantalla apagada de la televisión no era lo más interesante del mundo, pero aunque la encendiera Federico estaba seguro de que no podría concentrarse en verla.

Su cuerpo no quería más que moverse, dar vueltas y vueltas caminando en la sala hasta que su celular sonara. Tal vez era por ansiedad, tal vez tenía que comenzar a disminuir la cantidad de café que tomaba para sobrevivir cada día.

Al final la razón no importaba, porque Federico permaneció quieto hasta que el timbre comenzó a sonar una y otra vez en un compás sin ritmo alguno que solo podía ser él.

— Te dije que me llamaras. —

— No me quedaba saldo en el celu. —

Como siempre, Benjamín no traía más que lo puesto: una camiseta un par de tallas más grande de lo necesario, los mismos pantalones desgastados con los que había venido la última vez y… unas zapatillas nuevas.

Estaba absolutamente seguro de que eran nuevas, recordaba a la perfección todas las prendas del armario ajeno, incluso las que no eran de él sino de su alterno.

Sabía que no había sido Benjamín el que las compró: casi nunca traía efectivo encima, mucho menos tarjetas, y odiaba todo lo que implicara ir de compras. ¿Entonces de dónde las había sacado? Parecían demasiado nuevas como para que Manuel se las prestara, demasiado nuevas como para que Benjamín quisiera robárselas a Manuel…

En completo silencio, con la intriga perforando su cerebro, Federico observó en silencio como el otro iba al sillón de su sala a estirarse como un gato que acababa de despertar.

— Los aviones son cuáticos. Le dije al Manu que en auto nos demorábamos lo mismo en llegar, pero al weón le dio con que… —

— ¿Y esas zapatillas? — Esa pregunta salió más tosca de lo esperado. — ¿Son nuevas? —

— Ah, me las compró el Manu. —

¿Dejaría algún día de escuchar al otro hablar de Manuel?

—El weón quería que lo acompañara a comprar weás, no sé qué chucha vio en la tele pero… —

¿Saldría algún día el sol por su lado de la cordillera?

— Me daba paja quedarme con él, así que le dije que me venía pa’ tu casa mejor. —

… ¿Huh?

— ¿Huh? —

Acostumbrado a ver a Federico con su rostro inexpresivo, verlo sorprendido hizo que toda la atención de Benjamín pasara de forma instantánea a él.

— ¿Qué pasó? —

— … No, es que… —

Era curioso como siempre bastaba tan poco para que su mente se quedara totalmente en blanco. Un gesto, un toque, una frase que de seguro el otro había dicho sin pensar…

— Pensé que siempre preferías estar con Manuel. —

— Nah, se pone super weón a veces. Si se hubiese pegado el pique a otra parte nica lo acompaño. —

Entonces, en resumen…

¿Benjamín sí había venido a verlo?

— ¿Fede? —

— Voy a hacerme un café. ¿Querés algo? —

— ¿Tenís papitas o algo así? —

— Solo maní sin sal. —

— La wea malaaa… Ya, dale. —

Beber café no haría que la sensación de su rostro ardiendo desapareciera, pero era parte de una rutina familiar, cómoda de seguir.

Federico regresó de la cocina con una taza de café caliente y un envase abierto de maní sin sal. Tomó asiento junto al otro, dejando ambas cosas en la mesa de centro frente a ellos. Benjamín había encendido la televisión y ahora estaba viendo la repetición de un partido de tenis, pero volteó hacia él cuando tuvo sus manos libres.

— Gracias. —

Tras ver esa sonrisa alegre que tanto amaba, Federico cerró los ojos y se dejó caer contra el hombro ajeno como si estuviera cansado.

En el fondo lo estaba, sus mañanas jamás eran así de estresantes.

Martín había dicho una vez que era una persona aburrida, y a Federico no le molestaba reconocer que tenía razón. Siempre iba a preferir quedarse de esta forma, sintiendo las caricias de una de las manos de Benjamín en su cabello y el calor de su cuerpo junto al suyo.

La taza de café terminó enfriándose en un silencio en el que sobraran las palabras.

Y mientras tanto, en otro rincón de la capital argentina, Martín pasó horas discutiendo con Manuel, porque Buenos Aires podía estar más barato que nunca pero venir a comprar cosas con cinco maletas era excesivo.

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