Chapter Text
Al pobre ángel le estaban temblando las manos. Tenía el termo escondido abajo de la mesa, como ocultando las pruebas del delito, mientras el demonio lo miraba acusadoramente, analizando sus expresiones faciales y movimientos.
—Azirafel. Dame. Ese. Mate.
—No, Crowley. Es mí mate. No podes forzarme a que lo comparta con vos.
—No tengo ganas de ir a hacerme otro, además vos tenes la pava, boludo. Si siempre compartimos el mate ¿Qué tanto problema?
Azirafel no sabía cómo explicárselo.
Esa mañana, Crowley se había ido a hacer un par de tentaciones por Nordelta. Eligió ese lugar porque era fácil, los chetos porteños eran corruptos de por sí, y no iba a ser difícil que se manden alguna.
De hecho, Nordelta fue tan buena elección que para las tres de la tarde ya había terminado con todas las tentaciones que había planeado ese día (en realidad, el nomás salió a caminar y miró todo desenvolverse con una sonrisa.Cada año que pasaba su trabajo se volvía más fácil).
Y a las cuatro ya estaba de vuelta en la librería de Azirafel, entrando por la puerta, haciendo sonar la campanita.
El verdadero problema era que Azirafel no estaba esperando a Crowley. Él pensó que tenía la librería para él solo por, al menos, dos horas más, hasta que el sol bajase un poco y a Crowley le diese frío como para seguir merodeando por ahí.
Pero no. Después de terminar con sus deberes del día, el ángel pudo disfrutar de su soledad unos quince minutos antes de que el demonio volviese, a pesar de que había preparado todo, TODO, teniendo en cuenta su tiempo a solas.
Incluso el mate.
Y ahora Crowley quería tomar de ese mate, muy insistentemente.
En realidad, al demonio medio que le chupaba un huevo prepararse otro mate, o podía comer la torta de ricota que había comprado a secas. Es más, hasta podía bajarla con un vino, pero Azirafel estaba tan encascado con no compartir el mate, que Crowley tenía que descubrir POR QUÉ.
Era un mate, por el amor a Charly García. ¿Qué corno le había puesto a ese mate que no quería que el colorado tomase de este?
Era su misión descubrirlo.
—No quiero compartir la bombilla con vos, estoy enfermo.— Se excusó Azirafel, antes de fingir muy mal un ataque de tos.
—Hace cinco horas te estaba metiendo la lengua hasta la garganta, Ángel. Boludeces no.
—Es tereré.
—¿Vos? ¿Tomando tereré? ¿EN JULIO?— Silencio. —Además, a mi me gusta el tereré, y tenes la pava caliente ahí al lado.
Azirafel se estaba quedando sin excusas, pero tenía que pensar en algo, cualquier cosa antes que decirle la verdad a Crowley.
Él no podía saberlo, era demasiado humillante.
Antonio se iba a reír de él por otro milenio mínimo. No iba a dejar que se olvide tan fácil de un incidente como este.
—Ángel, no quiero hacer esto, pero no me dejas opción...— El demonio movió la cabeza en un gesto negativo y se sacó los lentes de sol que le cubrían los amarillos ojos de serpiente.
Caminó con paso lento hacía uno de los millones de estantes llenos de libros y agarró una vieja copia de Rayuela .
—No te atreverías...
—Sabés que detesto este libro de mierda, yo lo hago encantado.
—Pero esa versión me la anotó la mismísima Pizarnik, Antonio. No seas malo, dale. No sos gracioso.
No importa con qué amenazas saliera el colorado, no podía enterarse de lo que tenía ese mate.
—A la una...— Amenazó el demonio, dividiendo el libro a la mitad, una parte en cada mano.
—Amor...
—A las dos...
—Antonio...
—Y a las...
—¡BUENO, ESTÁ BIEN!
En un rápido intercambio, el ángel corrió a acurrucar a su bebé y el demonio por fin tomó del mate de la discordia.
—Azirafel, ¿vos le pusiste edulcorante a esto?— Preguntó el demonio con cara de asco.
—Sí, y no me avergüenza. Yo tomo orgullo en mis elecciones porque vivimos en democracia, y eso significa que puedo tomar mate con Edulcorante si quiero.— Soltó rápidamente Azirafel, enrojecido como un tomate.
—Eso no es lo que significa la democracia, amor. Pero qué vas a saber vos si le pones chucker al mate.
—Te odio, ¿sabés?
Crowley se rió estruendosamente. Dejó el mate sobre la mesa y se acercó a darle un beso al otro ente celestial en el cuarto. —Tirá esa yerba asquerosa y prepará otro así comemos lo que traje, dale.
