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Tengo el Alma en la Boca

Summary:

Cuando Azirafel va a buscar un pedido que le hizo a Magui, se encuentra con un acertijo que le arruinará el día.

Vertical. Cuatro letras. La parte del cuerpo más pecaminosa.

Notes:

Como siempre, para mi novia: Salmo 71:8
Y para Gomens Argentina también

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La pequeña campana sonó cuando el ángel pasó por la puerta.

 

—¡Buen día, Magui!— Azirafel anunció su presencia.

 

—Buen día, Don Fell, ¿cómo está?— Magui le devolvió el saludo, siempre contenta de que su amigo entrara a su local.

 

—Muy bien, gracias. Nena, te dije que no me trates de usted. — Azirafel le pidió una vez más. —¿Me conseguiste lo que te pedí?— Le preguntó, sonaba como si estuviesen hablando de algo ilegal.

 

Magui se rió tiernamente. —Claro, dejáme buscarlo en el despacho.

 

Apenas chica desapareció por la puertita de atrás de su escritorio, el ángel aprovechó la oportunidad para chusmear el local, a ver si había algo que le gustase.

 

Entonces, al lado del mate verde agua de la rubia, lo vió.

 

Un libro de hojas porosas y opacas con anotaciones en lapicera por todos lados. Era una edición de 140 Crucigramas . Típico de Magui.

 

—Acá está, Azirafel. "Dopelganga"— Ella salió por la puerta, agitando suavemente un vinilo. —Ni te preocupes, va por mi cuenta.

 

—Bueno, sí vos insistís... Que Dios te lo pague.

 

—La verdad que me sorprendiste pidiéndome esto, siempre te vi más un tipo de música clásica. Esto debe ser un soplo de aire fresco.

 

—Tengo que admitir que Antonio me tentó con esto.— Confesó, mirando el vinilo con ojos brillantes.

 

Ya podía verse sentado en su sillón tomando unos buenos mates y disfrutando la calidad de sonido que solo el vinilo podía brindarle. Todavía mejor, cuando Crowley volviese de San Telmo, tenían planeado escucharlo juntos.

 

Pero Azirafel estaba demasiado emocionado como para esperar a Crowley, y Luisina había invitado al demonio a la presentación del disco. (Había pasado mucho tiempo desde que Crowley formó amistad con un músico, fue durante los 70's, y la vez pasada a Azirafel le habían dado tantos celos que casi se metía en el medio, pero Luisina no era competencia, esta vez estaba más tranquilo) así que no iba a haber problema en que él le diera una escuchadita temprana.

 

El ángel se había girado hacia la puerta otra vez cuando Maggie le llamó la atención.

 

—Señor Fell, necesito su ayuda con algo...— Ella le comentó, dando vuelta la revista que tenía sobre su escritorio para que Azirafel pudiese verla al derecho.

 

—Lo que necesites, hija.– Él respondió, dando los pasos que lo separaban del escritorio.

 

—Estoy haciendo este crucigrama, y la verdad es que me recontra estanqué en esta palabra...— Con su uña roja perfectamente pintada señaló una fila de cuadritos del librito. —Vertical. Cuatro letras. La parte del cuerpo más pecaminosa. Supuse que si alguien lo sabía ibas a ser vos.

 

—Obviamente, es...— Azirafel pensó por un segundo. —No... No tengo idea.

 

¿Cómo no lo sabía? Él tenía un cuerpo Y ADEMÁS era un Ángel, este tipo de conocimiento debería brotar de él como si nada, sin esfuerzo.

 

Pero ahí estaba, mirando con resentimiento esa revista llena de garabatos en lapicera negra.

 

—Magui, ni bien sepa te digo…— Sentenció antes de darse media vuelta y salir del local de vinilos.

 

Vertical. Cuatro letras. La parte del cuerpo más pecaminosa.

 

Por favor, Azirafel no iba a dejar que una palabra de un crucigrama de morondanga le arruinara el día...

 

O quizás sí.

 

Obvio que lo iba a hacer.

 

Cuando entró a su librería empezó a dar vueltas, mirando por encima todos sus libros, buscando alguno que pudiera ayudarlo a resolver semejante enigma.

 

También se puso a pensar.

 

Vertical. Cuatro letras. La parte del cuerpo más pecaminosa.

 

Las manos, bueno, mano. 

 

Tenía sentido, las manos agarran la carne, tocan, golpean, firman declaraciones de guerra, manejan armas. Las manos destruyen vidas en menos de lo que canta un gallo...

 

Pero no podía ser. Dios había hecho las manos para abrazar, acariciar, sostener sus mismas creaciones, nutrir, sostener vidas indefensas bajo su protección, las manos fueron hechas para ponerse juntas y rezar. Después de todo, en las manos de Dios es donde los humanos deben encomendar sus espíritus.

 

Azirafel recordó un par de manos en particular, de largos dedos y prolija manicura negra. Un par de manos que lo agarraban, tocaban, pero que también lo acariciaban, lo sostenían como si fuese completamente puro, un par de manos que se extendían hacia él y que él necesitaba como al agua la tierra seca.

 

Después de perder un rato largo viendo índices de libros (y consultando sus infinitas Biblias) Azirafel decidió hacerse algo para tomar. 

 

Calentó el agua en la pava, siempre estuvo en contra de las pavas eléctricas. Decía que el agua tomaba gusto a metal, y que siempre se pasaban de temperatura y quemaban la yerba. Crowley, por supuesto, tenía una pava eléctrica, porque ese era el tipo de cosa que el tipo de persona que Crowley ponía tanto trabajo en ser tendría.

 

Preparó el mate, haciendo la montañita y sacando la mayor cantidad de polvillo posible. Agarró la pava y se la llevó a su escritorio junto con unas pepas caseras que Crowley le había preparado ayer.

 

Otra cosa buena que hacen las manos, cocinar, alimentar... 

 

Azirafel se puso sus lentes y se sentó en su escritorio. Tomó un papel y escribió "Vertical. Cuatro letras. La parte del cuerpo más pecaminosa", dibujando los cuatro cuadraditos que representaban las celdas del crucigrama.

 

— Ojos. — Se susurró a sí mismo mientras mordía una de las pepas.

 

Los ojos son los encargados de la lujuria. Los ojos hacen que el humano tenga pensamientos impuros, miran donde no tienen que mirar, en la Biblia dice que a los ojos viene la codicia... Después de todo, ¿cuál era la principal excusa de un humano para no creer en Dios? "No sé, yo nunca la ví". Cuando Adán y Eva abrieron sus ojos y se dieron cuenta de su desnudez, también fue culpa de sus miradas.

 

Pero Azirafel rápidamente se sacó esa idea de la cabeza. Los humanos tenían ojos para contemplar las creaciones de Dios, para disfrutar de su cielo azul, de sus amplios mares, de su frondosa naturaleza, su flora y fauna.

 

Al girarse a ver la estatuilla en la que Crowley posaba sus anteojos de sol, ese par de ojos amarillos como girasoles invadió su mente. 

 

¿Cómo podían ser pecaminosos los ojos que lo miraban con tanto amor? 

 

—Ridículo también.— Azirafel negó con su cabeza.

 

La pava ya estaba vacía y en el plato donde se posaban las pepas ahora solo quedaban unas migajas.

 

Iba repasando parte por parte del cuerpo.

 

Recordó todos los problemas que las polleras cortas causaron en los 60', pero eso no era culpa de Dios, eso era culpa del hombre. También recordó cómo un par de piernas lo distrajeron de sus deberes angelicales en 1745. Pero la palabra pierna tiene 6 letras, 7 en plural, así que no podía ser.

 

Aún así, el recuerdo de esas piernas, incluso 300 años después, todavía lo hacían sonrojar.

 

Pensó en los genitales, alguno de los diferentes nombres que tenían. Pero otra vez, Dios había creado los genitales con el propósito de que los humanos se reprodujeran. Aunque Azirafel estaba seguro que ella estaría encantada con todos los nuevos usos que los humanos les dieron, bah, por lo menos él lo estaba (su uso favorito era cuando no los usan en absoluto).

 

Azirafel se estaba volviendo completamente loco. Su cabeza daba giros y giros sobre la mismísima nada. Estuvo tanto tiempo metido en su mundo que, cuando se quiso dar cuenta, ya estaba anocheciendo, y la mayor parte de los locales en su calle iban a cerrar.

 

Era ahora o nunca.

 

Tenía que preguntarle a Margarita cuál era la palabra, no iba a poder aguantar hasta mañana.

 

El ángel se puso su saco y salió de su librería. Unos pasos después, cuando sus zapatos salieron a la calle y se subieron a la vereda, vió como Magui estaba con Nina, dándose un beso que claramente significaba "Estuve trabajando todo el día, estoy cansada y te extrañé mucho." Azirafel sonrió con ternura.

 

—¡Ey, Ángel!— Una voz muy familiar lo llamó desde un hermoso bentley negro. 

 

Al darse vuelta y verlo ahí, con sus manos, sus ojos, su pelo, sus piernas... 

 

Pero, claro. 

 

¡Era obvio!

 

¡Estuvo todo este tiempo tan cerca de él y no se dió cuenta! ¡Era imposible que hubiera estado tan ciego!

 

Lo que lo probaba, lo que él probaba. Lo que miraba incesantemente, lo que rebosa de alabanzas, de dónde salió su bendición y su maldición.

 

—¡La boca, Magui!— Azirafel le gritó a la rubia, consiguiendo solo una mirada de confusión. 

 

Clamaba con su boca, alababa con su lengua. 

 

La causa de su infinita e incesante contienda.

 

—Perdón, Don Fell, no te ví... ¿Qué estabas diciendo?— Preguntó ella mientras se tocaba los labios con la yema de los dedos.

 

Lo que con un soplo podía crear estrellas.

 

La boca. Vertical. Cuatro letras. La parte del cuerpo más pecaminosa. ¡Es la boca!— Le gritó, con una sonrisa enorme.

 

—¡Pero claro! ¡Muchas gracias!— Magui le respondió, a la vez que ella y Nina se despedían con la mano de Azirafel y Crowley.

 

—Ángel...— Crowley llamó su atención, logrando que Azirafel se diera vuelta y admirase su caminar con una mirada obsesiva. —San Telmo está re lindo... Estaba pensando que podíamos ir a cenar ahí.— Le ofreció, bajándose los lentes solo lo suficiente para que su ángel pudiese ver sus ojos.

 

—En realidad, amor...— Azirafel comenzó, a la vez que un tono rosado se esparcía por sus mejillas. —¿Te parece si nos quedamos a cenar en casa? Hay algo que no me pude sacar de la cabeza en todo el día.

Notes:

Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca.
Salmo 143:6

Entonces Jesús exclamó con fuerza: —¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, expiró.
Lucas 23:46

En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera.
Génesis 3:7

Clamé a él con mi boca; lo alabé con mi lengua.
Salmo 66:17

Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza.
Salmo 71:8

Los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña.
Proverbios 18:6

De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
Santiago 3:10

Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
Proverbios 10:32

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