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Amy notaba algo inusual en su esposo, más de lo habitual y. aunque él fingía que no pasaba nada (y fallaba estrepitosamente), ella no intentaba presionarlo a que le dijera qué era. Los años juntos le habían dado la experiencia suficiente para tratarlo y comprender cómo era su forma de ser, dejaría que él mismo le contaría cuando estuviese listo.
Ese día llegó durante la cena de esa noche.
—Amy, tengo que decirte algo. Es algo que hice en mi pasado y está acorralando nuestra relación.
—Sheldon, estoy segura que sea lo que sea lo podremos superar o yo lo podré entender.
La científica había aprendido a entender que las cosas triviales para otros podían ser valiosas para su pareja, por lo que siempre le prestaba toda la atención del mundo en situaciones como aquella.
—Es que me temo que nuestra relación se ha basado en una mentira hasta ahora —explicó con extrema seriedad el docto, Amy no sabía si comenzar a reír o darle una cachetada—. Hace unas semanas me encontré con una antigua conocida de la infancia que me hizo recordar algo.
Por un momento la mujer pensó lo peor, que él se había enamorado cuando era adolescente y ahora dicho cariño resurgió mágicamente y volvería con aquella amiga de la infancia a ser feliz de verdad, por fuera mantuvo su rostro inexpresivo esperando a que su esposo termine su explicación.
—Hace muchos años atrás, para ser exactos, el 02 de octubre de 1993, hicimos una apuesta.
—¿Y de qué trataba? —expresó un poco temerosa y curiosa.
—Apostamos que cuando fuéramos adultos, tendríamos que ser felices sin importar cómo. Y la verdad es que estoy seguro que yo ya he ganado esa apuesta, pero no quiero que pienses que esa solo es la razón por la que decidí estar contigo. La verdad es que en ningún momento la he tenido presente desde que estamos juntos, pero tenías que saber que sí, nuestra relación se ha basado en una mentira todo este tiempo.
Amy esbozó una ligera sonrisa y se acercó a abrazar a Sheldon, sus triviales preocupaciones a veces le causaban ternura.
—Pues, si te soy sincera, me alegra vivir contigo esa mentira.
—Ahora estoy confundido, aunque más tranquilo. Solo quiero pedirte un pequeño favor —ella asintió con la cabeza— no vuelva jamás a abrazarme así por sorpresa, por favor.
—Está bien. Lo prometo.
