Work Text:
Aquel grito despertó a Ichiro de su inmersión en ese manga tan interesante que había estado leyendo. Cerró el manga de golpe y salió corriendo escaleras abajo hacia la dirección del grito. No le preocupaba realmente el grito, su hogar eran constantemente gritos ya sean de peleas o de celebración —Los Yamadas solían ser conocidos por ser ruidosos—, sino de quién había venido, de la última persona que habría escuchado gritar de terror sino fuera de guerra.
—¡Kuko! ¿Qué pasó?¿Estás bien? —Ichiro preguntó mientras se acercaba lentamente al mencionado.
—¡Ichiro Yamada ¿Me puedes explicar qué es todo esto?! —Kuko volvía a tomar aire después de ese grito mientras le dirigía una mirada reprochable al más grande señalando todo el cuarto.
—Uhh… ¿Telarañas? —Respondió confundido, pero aliviado de que al pelirrojo no le haya pasado nada malo.
—Exacto, telarañas ¿Pues cuánto tiempo llevas sin limpiar este lugar?
—Es un sótano, Kuko, ni siquiera lo usamos y si lo hacemos es como una vez al mes.
—Eso no importa,mira lo sucio que está, si vas a mandarme a buscar decoraciones es mejor que sea en un lugar limpio ¿Quieres?
Ichiro suspiró y se rascó la nuca derrotado. Había olvidado por un momento que su novio era alguien que se tomaba la limpieza muy en serio y claramente olvidó que el sótano no estaba en las mejores condiciones posibles, de hecho parecía un escenario perfecto para una película de terror con todas esas telarañas y cosas polvorientas regadas por el piso sin ningun uso, incluso la tenue luz del lugar no ayudaba en apaciguar la atmósfera tenebrosa del lugar.
El pelinegro se disculpó y prendió la linterna de su celular para ayudar a Kuko a buscar las decoraciones de Halloween ya que estaba ahí. Pensó por un momento en tomarle la mano y tener un tonto momento romántico, aunque ese lugar no daba la atmósfera que quería y Kuko tampoco era de asustarse como para ir colgado del brazo de Ichiro como hacen las parejas en las casas embrujadas, de hecho Ichiro sería quién iría colgado del brazo de Kuko sin importar la diferencia de altura.
—Por Buda, Ichi —Se quejó Kuko de nuevo al casi tropezar con un peluche descosido— C uando terminemos de decorar la sala te haré limpiar este lugar como se debe.
—Como tu digas —Respondió Ichiro agachando la cabeza como previendo la tortura que le seguiría.
Pasaron hora y media buscando decoraciones y entre tanto se divertían examinando algunos objetos que habrían usado en sus aventuras anteriores, incluso encontraron retazos de las antiguas y coloridas bandas que solían llevar hace años, eso los puso nostálgicos, recordando sus días de jóvenes rebeldes —aunque aún se sentían así— y sus escapadas para ir a tontear y explorar por la vasta división de Ikebukuro.
—Ahh… Por fin terminamos —Celebró Kuko mientras se recargaba un momento en una de las paredes.
—Estoy exhausto, no creí que nos demoraría tanto buscar estas simples decoraciones, pero al menos daremos una buena fiesta creo yo.
—Bueno habría sido más rápido encontrarlos si el lugar hubiera estado ordenado.
—Ya, Kuko, ya entendí.
Kuko soltó una risita.
—Ay Ichi, no pongas esa cara de perro triste, te ayudaré a limpiarlo después y de ahí seguiremos viendo el anime de ayer
El rostro de Ichiro se iluminó al escuchar tal proposición que su cansancio se esfumó y abrazó Kuko alegremente, luego volvió a cargar la bolsa con las decoraciones sobre su hombro y volvió a apuntar con la linterna de su celular a la salida.
De pronto se tensionó al volverse hacia su novio.
—Como que me ha empezado a picar la cabeza —dijo Kuko despreocupado
—No te muevas. —Ichiro se movió lentamente hacia atrás tanteando con su mano en búsqueda de algo.
—¿Eh? ¿Pues qué pasa? Estás actuando muy raro.
—Kuko, escúchame, quédate completamente quieto y no mires a arriba —Contuvo la respiración
—No seas tonto Ichi, si le dices a alguien que no mire a algún lado, lo va a hacer.
Entonces Kuko miró hacia arriba y se encontró que encima de su cabeza no era la picazón lo que lo acechaba sino una enorme tarántula. En ese momento Kuko palideció hasta parecer casi muerto y se quedó tan quieto que parecía que su alma había escapado de su cuerpo a toda velocidad. Quiso decir algo pero solo salían balbuceos.
Ichiro había encontrado una revista vieja y la enrrolló para apartar a la tarántula con cuidado para que no saltara repentinamente y atacara a alguien. Cuando la colocó en el piso, esta se fue corriendo hacia alguna dirección para no volver. Eso resolvía la duda de por qué habían tantas telarañas. Por otro lado Kuko seguía paralizado, Ichiro trató de sacarlo del trance sin éxito. Soltó una risita, Kuko Harai quién se jactaba de no temerle a nada había resultado ser un aracnofóbico, aunque cómo culparlo, con una araña de ese tamaño cualquiera se habría asustado. Ichiro no tuvo otra opción y pasando sus bolsas hacia un hombro, levantó a Kuko con el brazo libre y se encaminó a la salida.
—E- e- ¡Era una tarántula enorme! ¡El diablo! —Exclamó Kuko al salir del trance a medio camino.
—Lo sé
—Sabes que no volveré a bajar aquí jamás
—Lo sé
—Y también sabes que no dejaré que me bajes hasta que estemos afuera de este lugar
—Lo sé
—… No le digas a nadie que le temo a las arañas, tengo una reputación
—Tranquilo, Kuko, tu secreto está a salvo conmigo
