Work Text:
❝Margaritas❞
Título Alternativo: “Esperanza”
El asiento se sentía frío.
Mirada cabizbaja, un teléfono celular entre sus manos y los airpods puestos en sus oídos reproduciendo alguna canción aleatoria de la cual no tenía ni idea qué era lo que le susurraba.
El clima se sentía frío.
La gente iba y venía, su presencia pasando desapercibida ante el resto a pesar del aura oscura que le rodeaba y una quietud que parecía burlarse de él.
Pero su cabeza no estaba fría en ese momento.
Sus pensamientos burbujeaban encandecidos, hirviendo cual olla de presión. Miles de cosas pasaban al mismo tiempo, chocando entre sí queriendo provocar un gran estallido en la psique del rubio de ojos azules.
Azules como hielo, desprovistos de calidez.
Su primer Gran Premio en Japón fue una entera pesadilla reproduciéndose en cámara lenta para su tortura total. Cuando más tenía que demostrar su valía fue que todo salió tan mal para él. Parecía que mientras más se esforzaba por seguir avanzando, la corriente lo arrastraba de regreso para ahogarlo otra vez en las aguas del autodesprecio, la inutilidad y la fatalidad. Un mar que amenazaba con tragarlo entero.
“Qué desperdicio”, susurraba su inconsciente. “Total y absoluto desperdicio…”
Encerrado entre sus pensamientos, desconectado de su alrededor, siendo vasallo de su propia cabeza fue que casi pasa desapercibido el fino movimiento de una mano frente a él.
Una flor apareció ante su vista, danzando grácilmente, saludándolo.
Una margarita amarilla.
Levantó con dilación la mirada, quizás en el fondo temiendo enfrentar a la persona que estuviese frente a él, o que tal vez esto podría ser una cruel broma por parte de alguien. Se quitó uno de los audífonos para escuchar mejor.
—Oh, estás de regreso compañero.— y si las sonrisas fueran capaces de iluminar una habitación está seguro de que Alex encendería un sol con la suya.
Sin embargo, esta sonrisa no era de esas grandes y completas a las que Alex está acostumbrado a mostrar. Era pequeña, no escandalosa, pero la intención… La intención seguía ahí. No era de las sonrisas juguetonas que daba frente a sus amigos o una sonrisa entrenada para ser enseñada ante las cámaras con toda la marca de “relaciones públicas”. Era suave, solo queriendo brindar apoyo.
¿Por qué?
La flor seguía extendida para él, como si quisiera que la tomara. Como si quisiera que la aceptara.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
—Vamos, agárrala. No la dejes desamparada. Además, huele rico.
Las cosas se ralentizaron en la habitación, incapaz de procesar por completo el suceso que se estaba llevando a cabo. Miles de preguntas salían a borbotones de su cerebro cual pastilla efervescente puesta en un vaso de agua. Quería expresarlas, quería gritarlas, pero en ese momento su lengua se quedó dormida en su boca, como si temiera que al abrir los labios diría algo equivocado.
Aun así, había una que resurgía con más ruido haciendo que las otras palidecieran ante su presencia.
“¿Por qué Alexander Albon me está regalando una margarita?”
Tan desconcertado como se hallaba fue incapaz de estirar la mano y agarrarla. Pesaba en su regazo.
—… ¿No te gustó?— preguntó con cierto pesar el tailandés. Su sonrisa se desvaneció.
No la borres, por favor no la borres. No la borres, no la borres.
Finalmente tuvo el valor de aceptarla. Y de todas las cosas que pudo decir para agradecer el gesto, sea cual fuera la razón para tenerlo, solo pudo decir un: —¿Por qué?
—Por qué, ¿qué?
—¿Por qué me das esto?
Alex suspiró. Tomó asiento a la par suyo. Jugueteaba con sus manos, concentrándose en ellas antes que en devolverle la mirada.
—Me pareció bonita y pensé que podría gustarte. Te vi bastante decaído, así que supuse que tal vez te animaría.
Logan solo lo observó fijamente, estudiándolo, buscando cualquier signo de que quisiera meterse con él, mas no halló nada. Le parecía tan trivial la razón que simplemente no podía creerlo. No quería.
De cualquier manera y en contra de cualquier cosa que quisiera maquinar su cruel mente en este instante para convencerle de lo contrario, sabía que Alex no es de esos compañeros viles que buscan momentos de bajeza para burlarse del resto. Él es… Alex. Y agradece que sea Alex.
Sin embargo, lo que no puede terminar de agradecer porque no puede terminar de comprender su naturaleza es esto. Esta margarita.
—Probablemente me saquen como un perro a la calle y me desaparezcan la próxima carrera porque lo de esta semana es indefendible… ¿Pero tú viste esta flor y me la diste porque creíste que me animaría?— soltó con una pizca de ironía bajo toda esa pesadumbre que cubrían sus palabras.
No es que quisiera hablarle a Alex de ese modo. Al chico que le había mostrado su apoyo detrás de las cámaras y el acoso que recibía diario por parte de aquellos que esperaban con desespero un tropiezo suyo para hacerlo pasar como la ineficacia del año. Pero en este momento sus emociones están tan descontroladas que no puede aplacarlas fácilmente y teme despotricar en contra de la persona incorrecta.
No quería alejar a Alexander de su lado…
En vez de encogerse por el pequeño arrebato de Logan, Alex se mantuvo sereno a su lado. Lo único que hizo fue acercarse más al chico de Florida y encontró su mirada. Muslos topándose con muslos, hombros contra hombros. Una calidez inexplicable con la que siempre había fantaseado…
—El jueves me encontré con una fan y me regaló un crisantemo amarillo. Me contó que tiene un amigo del otro lado del mundo que le comentó acerca de una nueva “tradición” en su región y las flores amarillas juegan un rol importante en todo esto. Sé que es domingo, lo ideal era regalarlas el jueves, pero pensé que podría agradarte... También sé que ésta es una situación complicada por la que pasas y no pretendo solucionar todo con una margarita, menos aún burlarme de lo que sientes en este momento. Solo quiero que sepas que cuentas conmigo y que creo en ti.— la firmeza con la que cada palabra había sido pronunciada fue como un golpe de realidad para Sargeant. No obstante, se negaba. Se negaba a creer.
¿Cuántas veces creyó y terminó siendo una farsa? No quería volver a caer, no ahora, no nunca.
A pesar de ello, los ojos como turmalinas marrones que brillaban con sinceridad en el fino rostro del tailandés…
—… ¿Puedes repetir eso último?— murmuró, tratando de recomponerse por el desencaje que le produjo la declaración de Albon.
—Creo en ti. Tengo mi confianza puesta en ti. No lo veas como una carga o como que he puesto más expectativas en ti, sino como un respaldo para tus peores momentos. Te lo dije en un principio, que esperaba que lográramos cosas asombrosas juntos y lo sigo sosteniendo hasta el día de hoy.
La flor se deslizaba con delicadeza entre sus dedos, incapaz de hacer presión para no destruirla. Alex solo lo miraba fijamente.
—Pero tú eres muchísimo mejor que yo y lo demuestras con cada día que pasa. Todos, absolutamente todos te prefieren sobre mí.— objetó.
—Bueno, llevo en el negocio más tiempo que tú y no sería justo compararte conmigo por la diferencia de experiencia. Sin embargo, tampoco la tuve fácil al inicio. Fue muy difícil. Así que por eso te extiendo mi mano ahora, para que sepas que no estás solo ni lo estarás. Me tienes contigo te guste o no.— agregó la última frase tratando de aligerar el ambiente apesarado que les rodeaba, mas no logró ningún efecto.
De manera lenta y suave desenredó sus manos y dirigió una de ellas a la rodilla del menor, apretando con su toque para enfatizar su punto. Logan solo le devolvió la mirada.
—Pero todos dicen que soy un inútil, que soy un desperdicio de piloto... Que deberían de darle mi asiento a alguien que sí lo aproveche…— el quiebre se escurrió a través de su lamento.
Apartó sus ojos del mayor y miró al suelo sin tener el valor de volverlo a enfrentar de nueva cuenta.
Ahora la mano de Alex se afianzó de la mano libre de Logan, de la que no sostenía la margarita. Entrelazó sus dedos con los del americano y otra vez le regaló una sonrisa igual a la que le brindó cuando le extendió la flor tiempo atrás.
—Es fácil hablar fuera del paddock, del monoplaza, de los límites de un circuito... Aunque, ¿saben ellos el esfuerzo físico y mental que haces día con día al subirte al carro y completar una vuelta? No lo saben porque no están ahí. No lo saben porque no son tú. No eres inútil Logan. Has tenido tus desaciertos, es cierto, mas tengo esperanza de que puedas callarle la boca a todos.
Un temblor recorrió entera su anatomía. Sintió cómo su garganta se cerraba de un solo y las lágrimas se acumulaban en las esquinas de sus ojos, torpe para retenerlas un segundo más por más que así lo quisiera.
Esperanza.
“Él tiene esperanza en mí.”
—Tengo esperanza de que ese número dos pueda convertirse en algún momento en un número uno, compañero.— Oh, ¿cuántas veces no quiso escuchar eso?...
Así como la cuerda se rompe luego de tensarla por tanto tiempo, su ser llegó a su punto de quiebre y derramó cada una de sus frustraciones, enojos, lamentos y decepciones en forma de gotas saladas que resbalaban sin apuro alguno por sus mejillas.
Normalmente hubiera hecho esto en completa soledad como un escarmiento por ser insuficiente, sin darle chance a alguien para que le consolara. Sin embargo, cuando sintió cómo los brazos de Alexander le retuvieron y lo escondieron del mundo y su ignominia en un abrazo se permitió por fin desahogarse entre el tacto y ternura que le brindaba el mayor.
—Shh, está bien, está bien. Todo estará bien.— susurraba cual arrullo el tailandés a su compañero.
No le importaba estarse sacudiendo mientras lloraba. No le importaba llenar de lágrimas su hombro. No le importaba nada en este instante. Porque sabía que Alex lo sostendría sin rechazo alguno.
—Y yo estaré ahí para ti cuando me necesites.
En medio de su aturdimiento recordó que la carrera fue desastrosa para Alex. Que se le pidió que se retirara también por desperfectos en el auto. Y, aun así, con todo el temple y compresión que pudo reunir fue en busca de Logan para animarlo y mostrarle todo su apoyo. Para ser su soporte frente a este desdén de la vida.
Lloró con más fuerza al saberlo. No se merecía a Alex, no se lo merecía.
—En las buenas y en las malas, Logs...
De todas formas, no elegiría a otra persona para quebrarse ante ella. Porque sabe que el chico que no solo lo tiene entre sus brazos, sino también posee su corazón podría reunir y pegar cada una de sus piezas sin temor a ello.
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Su vuelo no saldría hasta el día siguiente, así que luego de finalizar esa charla emotiva donde también quedaron remanentes de sentimientos que deberían ser explicados y expresados en un futuro donde el estado de ánimo fuese el correcto, Alex lo acompañó a su habitación, se cercioró de que estuviera bien y le dio un último abrazo antes de dirigirse a su propio cuarto para terminar sus pendientes. Entonces él de igual manera decidió ordenar de forma apropiada su equipaje y meter en un vaso con agua su pequeña flor. Acordó utilizar los últimos minutos antes de irse a la cama en su celular. Específicamente en el buscador de internet para resolver unas pequeñas dudas.
“¿Por qué se regalan flores amarillas en septiembre?”, fue una de ellas.
La borró de inmediato. Quería esclarecer la pregunta principal antes que cualquier otra. Entonces tecleó.
“¿Cuál es el significado de la margarita amarilla?”
Leyó y leyó hasta que absorbió toda la información posible.
Y, oh Dios…
En ese instante, en el rincón de su habitación siendo acompañado únicamente de la pequeña margarita que le fue regalada, se permitió enamorarse un poco más de Alexander Albon.
Fin.
