Work Text:
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Reina de belleza de solo 18 años
Tuvo algunos problemas consigo misma
Él siempre estuvo ahí para ayudarla
Ella siempre perteneció a otra persona
Conduje por millas y millas
y terminé en tu puerta.
Te he tenido tantas veces,
pero de alguna manera, quiero más
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Luffy no era tonto, a pesar de la creencia popular de que tiene una gran incapacidad para comprender las cosas obvias— y que él mismo no se consideraba alguien muy inteligente—, no era tonto. Ver mucho más allá de lo que los demás ven había sido su bendición más importante y su habilidad más grande en toda su vida, así que, incluso si no siempre se involucraba en lo que pasaba en la vida de los demás no quería decir que no estaba pendiente y comprendiendo lo que sucedía.
Exactamente por eso, por saber lo que ocurría incluso si era a silencio absoluto, Luffy sabía lo que estaba mal con Zoro desde el principio y sabía de quién era la culpa. Había visto cada una de las señales, días terribles y oscuros que como una tormenta arrastraban a Zoro, ocasiones en las que casualmente Zoro había pasado sus noches con Sanji.
Como capitán por lo general sabía qué hacía cada uno de sus miembros en el barco, en cada momento del día, no por nada se movía como un torbellino, aunque pareciese que fuese sólo por su ansiedad y su hiperactividad, pero no era así.
Durante los momentos trágicos de Zoro, Luffy había estado ahí para verle sufrir y por consiguiente tratar de arreglarlo, apareciendo en, curiosamente, el momento preciso antes de que el espadachín sobre pensara y se deprimiera como si el mero hecho de pasar una noche con Sanji tuviera que equivaler a, al menos, tres días de sufrimiento constante, por lo que Luffy generalmente suponía que tenía que ver más con la incapacidad de Sanji de admitir lo que quería para dejarse llevar por cosas tan vagas como el cuerpo bien definido de las únicas dos nakamas del grupo.
Por lo general le llevaba una botella y se sentaba con él a admirar la brisa del mar corriendo sobre ellos, refrescándolos en sus momentos más calurosos y dándoles un agradable aroma del mar para que pudieran relajarse.
Nunca instigaba a Zoro a contarle sus problemas, sabía de antemano que eso haría que el espadachín se cerrara ante la idea de hablar, sólo podía asumir que lo haría cuando estuviera listo, por eso sólo se limitaba, verdaderamente, a estar ahí para él, una sombra a su costado, listo para cualquier momento en el que Zoro quisiera hablar con su corazón, le tomara el tiempo que le tomara, porque lo quería.
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No me importa pasar todos los días
en tu esquina bajo la lluvia torrencial.
Busca a la chica de la sonrisa rota.
Pregúntale si quiere quedarse un rato.
Y ella será amada
Y ella será amada
.»
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No estaba seguro de si inicialmente ya sentía algo por Zoro, es decir, tenía una historia propia sobre sus encuentros con Law, pero del mismo modo que Zoro, había cosas que le desanimaban para continuar ahí y por lo cual creía que todo terminaría pronto, pero estaba bien, porque había algo que le decía que Zoro debía ser lo primero, no sólo por ser su nakama, había mucha más historia con él de lo que pudiera tener con Trafalgar o cualquier otro.
Así que simplemente esperó, observó lo que pasaba a su alrededor en silencio y esperó a que sucediera lo que estaba destinado a pasar tarde o temprano, incluso si tenía la insufrible necesidad de intervenir y ayudar a Zoro a salir de un agujero que claramente le estaba consumiendo.
Sin embargo, el día que todo sucedió realmente lo tomó por sorpresa.
Fue una noche en la que él mismo no había podido dormir, honestamente tenía cosas que hablar con Torao, como capitán y de manera personal, así que estuvo pegado al Den Den Mushi un buen rato. Hablaron sobre la alianza y sus siguientes movimientos, porque era el capitán y al menos debía captar lo principal antes de que oficialmente le diga a Zoro qué está pasando y qué van a hacer y de ahí deliberar qué información es útil para la tripulación, pero, así como hablaron de eso, también hablaron de lo que se supone que tenían y de cómo ya no los estaba llevando a ningún lado. No fue sorpresa para Luffy que a Trafalgar no le hubiese dolido precisamente dejarlo, finalmente tenían actitudes muy diferentes e ideales que no precisamente se contradecían, pero que no compartían, así que, aunque fuesen compañeros de alianza, no habría manera de que pudieran ser algo de nuevo.
Cuando la llamada finalmente terminó, Luffy se desplomó en la silla en la que estaba sentado y recargó su cabeza entre sus manos tratando de pensar, tratando de sentirse bien y olvidar el mal sabor de boca que tenía en esos momentos, fingir que eso no había sucedido y simplemente poner la misma buena cara que siempre, porque a él tampoco le había dolido tanto como pensó que lo haría; realmente ya no había nada ahí al parecer.
Entonces escuchó que golpeaban la puerta y abrió, sin saber quién podría ser. Sus ojos se abrieron grande tras la sorpresa de ver a Zoro ahí parado, con su ojo rojo, probablemente había llorado un largo tiempo. Le permitió la entrada y se sentó junto con él, tratando de pensar en cómo sería bueno iniciar la conversación, más cuando un carraspeo de parte de Zoro se escuchó, entendió que esta vez no sería necesario ser una sombra sentada a su lado.
“Luffy…” Zoro susurró, armándose de valor para explicar lo que estaba pasando, con un miedo que por primera vez en su vida lo estaba consumiendo porque sabía cómo podía reaccionar su capitán. “Antes de que te diga todo… Prométeme que no vas a intervenir hasta que te lo pida.” Zoro pidió.
Luffy lo miró con escrutinio, sin saber si era bueno o malo aceptar la condición, incluso si lo meditaba sabía que sólo había una respuesta correcta a todo eso; Prometer cumplir para que Zoro pueda liberar su dolorosa carga con él.
Y escuchó atento cada cosa, cada detalle, desde lo mejor hasta lo peor, con los dientes apretándose en su boca cerrada, tomándole la mano a Zoro como un apoyo mientras le escuchaba llorar.
Sabía que las cosas habían estado mal, había visto a su hermoso espadachín nakama cambiar drásticamente su actitud con los demás, lo había visto mucho más retraído y reacio a convivir, había notado como se miraba mucho más al espejo, observando su reflejo cada vez que tenía la oportunidad, pero había desprecio en esa mirada propia, algo que no había estado ahí, estaba en una línea peligrosa que no deseaba que cruzara, pero no podía impedirle seguir su vida, porque Zoro estaba en negación sobre lo mal que estaba su relación, estar con alguien que te tiene oculto no era favorable, podía saberlo por sí mismo, se sentía como un vacío y un peso que te mantiene atado constantemente al dolor.
No quería que Zoro siguiera lastimándose, pero tendría que estar con la guardia en alto hasta que fuese momento de intervenir, si llegaba, esperaba que Zoro pudiera salir por su cuenta.
A pesar de que eventualmente estaría ahí para escucharle cada que necesitara de su apoyo.
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Toca mi ventana, toca mi puerta, quiero
hacerte sentir hermosa.
Sé que tiendo a volverme muy inseguro.
Ya no importa.
No siempre son arcoíris y mariposas.
Es el compromiso lo que nos mueve, sí.
Mi corazón está lleno y mi puerta siempre está abierta.
Vienes cuando quieras, sí
.»
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Las cosas escalaron drásticamente, tal vez, desde la última vez que realmente hablaron de todo lo que Sanji hacía — o más bien, las que no hacía, pero debía hacer—, y a Luffy le quedaba claro que no habría nunca un momento normal en el que Sanji se diera cuenta y reflexionara sus malos actuares incluso teniendo la mayor prueba de sus errores frente a sus ojos, porque sólo con ver a Zoro en los últimos días era obvio que algo había estado sucediendo ahí, en su linda y atormentada cabecita.
Robin incluso se había acercado a él para hablar al respecto, tal vez a modo de encontrar una resolución al problema y quedarse más tranquila, pero dada su promesa anterior con Zoro no pudo ser de mucha ayuda para nada, ni siquiera para Zoro pues a pesar de que hablaban constantemente, no era sobre el problema en sí y tampoco sobre cómo debía dejar todo eso para solucionarlo, sólo podía servir como un medio de distracción para alejar sus pensamientos más fuertes, aunque fuese por un rato.
Aunque era claro que no era muy útil, es decir, se notaba que Zoro estaba mucho más delgado que antes, la masa muscular había bajado, no se había cortado el cabello en un buen tiempo así que estaba comenzando a ser lo suficientemente largo como para caer un poco más ordenado que cuando estaba corto, pareciendo cortinas verdes antes que una bolita de musgo. Su ropa había tenido modificaciones igual, pero Sanji prefería no hablar de eso por sus propios motivos egoístas y los demás callaban por su preocupación a empeorar un estado mental de Zoro que para todos era claro que era frágil.
Luffy no estaba seguro de si estaba siendo sólo su forma de ver las cosas, su preocupación por Zoro o lo mucho que se estaba involucrando con su nakama ahora más que nunca, pero le quedaba claro que había algo poderoso que lo impulsaba a estar para el espadachín y detestar cada acción de Sanji, aunque no lo odiara particularmente a él, sabía que Sanji no era malo, sólo era idiota. Zoro se estaba volviendo en los motivos para enfrentar un nuevo día, idear nuevas formas de impedir que Zoro se desmoronara por completo y escucharlo en sus peores momentos, incluso en los que terminaba a punto de llorar frente a él.
Hubo una ocasión en particular en la que Zoro simplemente se quebró, no hubo necesidad de palabras ni nada por el estilo, simplemente estaba cargando demasiado en su plato y todo lo que había ahí se desbordó con la única persona que sería capaz de no juzgarlo y comprender que era el momento en el que tenía mayor seguridad, de todo el barco, el único lugar donde podía ser él era con su capitán, y Luffy jamás se sentiría mucho más honrado que sabiendo eso y estando ahí con Zoro, abrazándolo y dándole todo el amor que había dentro de él para hacerle entender que jamás iba a estar solo si estaba a su lado.
¿Y si Zoro no lo comprendía? Bueno, Luffy ahora no podía juzgarlo, él sabía lo que era estar enamorado antes, una relación que no vale la pena pero que promete tanto que se siente como estar en casa a pesar de que se sufre más de lo que te hace feliz, así que estaba bien con eso, eventualmente Zoro lo comprendería algún día, de eso estaba seguro, incluso si no sentía lo mismo que Luffy, él seguiría ahí, después de todo, correspondido o no sabe que Zoro merece ser amado realmente, alguien que le dé todo el amor que tiene por dentro y presentarlo de manera orgullosa sobre cualquier otra persona incluso si nunca le preguntan lo que siente por Zoro, porque eso es lo que merece, Luffy cree en eso ciegamente y no va a renunciar a ello, porque ahora sabe que ama a Zoro y haría cualquier cosa por saber que está bien.
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No me importa pasar todos los días
en tu esquina bajo la lluvia torrencial.
Busca a la chica de la sonrisa rota.
Pregúntale si quiere quedarse un rato.
Y ella será amada
Y ella será amada
Y ella será amada
Y ella será amada
.»
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Como siempre, es inevitable que las cosas se rompan cuando están mal y ejercen demasiada presión, sólo que, inocentemente, deseó que ese día no llegara.
Había sido muy rápido, cuando salió de la habitación de hombres junto a los demás para mirar hacia la cesta de mira donde sus nakamas; Nami y Robin, enfrentaban a un Zoro quebrado y desquiciado, ambos exclamando cosas que claramente habían sido una conversación detonante para el estado tan deplorable en el que Zoro se encontraba en ese momento.
Honestamente fue el momento en el que el corazón de Luffy se partió de nuevo, ver la expresión destruía de su querido espadachín mientras intentaba llegar a él, viéndolo caer cuando se tiró de espaldas de la cesta y cayó a la cubierta para ir y refugiarse del mundo. Quiso ir tras él, pero no era su lugar, no precisamente, igual quería saber los motivos, el qué había sucedido antes de tomar una decisión.
Escuchó a Nami furiosa, arremetiendo contra Sanji.
"¡Eres el maldito idiota más grande del mundo!" Nami le gritó al cocinero, había tanta rabia que estaba dispuesta a tirarse encima de él y pegarla una y mil veces hasta que reaccionara, Luffy estaría de acuerdo entonces, él también creía que Sanji era un imbécil.
"¿Nami-Swan?" Luffy observó la confusión de Sanji, ni siquiera podía creer cómo alguien podía querer ser tan ciego. Era evidente lo molesta que estaba Nami por lo que Sanji le había hecho a Zoro, así que Sanji no tenía derecho a sonar tan sorprendido como lo hizo.
"¿Por qué no nos dijiste que tú y espadachín-san tenían una relación?" La intervención de Robin sorprendió a Luffy tanto como a todos los demás que escuchaban atentos lo que se había dicho, hablar de una relación era algo serio, pero eso era algo que tenía sin cuidado a Luffy, después de todo él ya lo sabía, lo que le sorprendía era lo mucho que habían descubierto ellas dos sobre el asunto.
"¿El marimo y yo? U-Uh bueno… Es complicado… No quería, es decir… Dos hombres no es…"
Luffy frunció el ceño, de nuevo, ¿qué importaba si eran dos hombres los que se amaban? ¿No valía sólo el amor al final de cuentas? ¿Por qué esa necesidad de impedirse ser feliz y lastimar a tu pareja de paso?
"No me salgas con complejos de mierda, Sanji." Nami bramó, Luffy no pudo hacer más que elogiar su destreza en su cabeza, porque él no quería intervenir en eso, sólo confiaba en que ellas dirían lo que él pensaba. "¿Sabes lo que le has hecho a Zoro?" Ella cuestionó honestamente preocupada.
Sanji miró sin comprender, eso cabreaba cada vez más a Luffy, sentía unas enormes ganas de tomarlo por el cuello y pegarle las veces que fuesen necesarias para que se deshiciera de la estúpida venda en sus ojos y se diera cuenta de todo el maldito daño que le había hecho a Zoro.
"Sanji." Robin intervino llamándole directamente por su nombre, ella quería decir algo diferente, pero por la posición de sus manos era obvio que ella estaba dividiendo su mente para hacer dos cosas a la vez, regañar a Sanji y comprobar cómo estaba Zoro, y a juzgar por su expresión, lo que vio la aterró. "Ve por Zoro… ¡VE POR ZORO, AHORA!"
El tono de alarma fue un detonante inmediato para que Sanji usara su súper velocidad para correr por los pasillos del Sunny en busca del espadachín, del mismo modo fue una orden silenciosa para todos los demás de ir y comprobar que Zoro estaría bien, que llegarían a tiempo.
Pero no fue así. Cuando llegaron a Zoro había un charco de sangre entre sus piernas, su espada había acabado en el suelo, ensangrentada, y el mismo Zoro estaba tirado en el suelo, desmayado con Sanji intentando frenar la hemorragia de lo que casi había sido una auto mutilación por parte de Zoro para intentar que Sanji vuelva a “amarlo” a pesar de que era obvio, no que Sanji no lo amara, sino que nunca tendría el valor de deshacerse de sus propios prejuicios para poder estar con él de la manera correcta.
Chopper terminó interviniendo, no era útil que Sanji sólo presionara la herida con su camisa, la piel y los músculos del pene prácticamente estaban colgando, sólo siendo impedidos de caer por la conexión uretral y el resto de los músculos de la base y los testículos, el doctor necesitaba urgentemente llegar a su sala médica y esterilizar a Zoro lo antes posible para poder trabajar y salvar su vida, estaban a contrarreloj, sin tiempo a cavilaciones en lo absoluto.
Luffy perdió el rastro después de eso, viendo con pánico cómo se llevaban con prisa a su mejor amigo —tal vez más que eso, en su corazón—, mirando la sangre en el piso, formando un camino, con el mismo dolor y terror que cuando sus manos habían estado manchadas de la sangre de Ace, porque aunque las circunstancias habían sido no menos que diferentes, el destino probable se balanceaba para el mismo lado; la vida y la muerte, y ya no estaba dispuesto a perder a nadie más, no a nadie que quisiera tanto como lo era Zoro.
“Capitán.” Robin le había llamado, tal vez preocupada de su expresión traumática, tal vez con una necesidad de calma, Luffy ni siquiera podía pretender saberlo, estaba tan perdido en su propio camino porque él pudo haber evitado que todo escalara a ese nivel, sin importar si Zoro se hubiese enojado con él. ¿No era mejor sentir su ira que sentir que lo perdía? Ahora, con sus manos temblorosas, sólo podía estar ahí, de pie sin firmeza, sintiendo los sonidos tamborileantes de su corazón aumentar su ritmo como si fuese una sinfonía de guerra —una guerra interna contra su propia culpa y su propio autocompadecimiento—, finalmente sólo podía intentar recuperar la calma.
“¿Hum?” Luffy permitió que Robin dijera lo que necesitaba decir, aunque no podía asegurar ser útil esta vez para calmar a nadie.
“No es tu culpa, todos sabíamos, aun así, nadie hizo nada para evitarlo.” Ella intentó sonar reconfortante, bueno, ella siempre había sido excelente para leer a las personas, era como un don propio, pero esta vez no funcionada para apaciguar los demonios internos de Luffy, porque eran motivos diferentes por los que no interfirieron, incluso si Nami estaba siendo igual de firme que Robin, asintiendo tras ella para hacer ver que ella igual sabía lo que sucedía antes con Zoro y nunca hizo nada para ayudar.
“Todos lo escuchamos vomitar en alguna ocasión.” Franky igual comentó.
“Y todos escuchamos alguna vez sus conversaciones con Sanji, aunque fuese por accidente.” Usopp declaró en una especie de murmullo apesadumbrado, también sintiendo culpa por la situación crítica en la que ahora estaba el más fuerte de la tripulación.
Zoro era, en una escala de habilidad emocional, el más duro, era desalentador para cualquiera ver lo muy fragmentado que había terminado por algo que debería ser tan hermoso, como lo debía ser el amor.
“Sabíamos que Zoro-san iba a ser un hueso duro de roer si intentábamos confrontar la situación con él, al final de cuentas, no nos tiene ese nivel de confianza para abrirse emocionalmente, ni siquiera con las cosas que le hacían tan feliz.” Brook mencionó apesadumbrado.
Luffy los escuchó en un pesado silencio. Ellos no tenían idea, aunque eran buenos argumentos para ellos mismos, cierto, ninguno tenía el mismo nivel de confianza con Zoro como el que él tenía, eran mejores amigos —incluso si su corazón latía por ser más, por favor sé más—, Zoro lo hizo prometer, lo hizo jurar que pasara lo que pasara no iba a intervenir, porque era su vida y eran sus decisiones, y era un juramento que no podría romper fácilmente, por mucho que lo hubiese querido hacer —y que debió hacer para evitar que las cosas terminaran de la manera en la que lo habían hecho—, ahora las cosas eventualmente terminaron mal, porque era obvio que sucedería, así funcionaban las relaciones que no eran funcionales, desearía haber sabido expresar ese apoyo hacia Zoro.
“No es lo mismo.” Finalmente dijo hacia sus nakamas, sin verles, no tenía ninguna gana de hacerlo porque su vista estaba dirigida únicamente hacia la sangre en el piso y la espada que estaba abandonada ahí. “Yo sabía todo, todo lo que Zoro tuviera para decir, por eso me hizo prometer que no haría nada por intervenir… Y debí hacerlo, romper esa promesa y ayudarlo antes de que las cosas acabaran tan mal como lo hicieron.” Luffy gruñó ante la última parte de su explicación, enojado consigo mismo y su forma estúpida de respetar las palabras que su espadachín quería a pesar de que obviamente debió haberlo ignorado porque no estaba bien mentalmente como para haber pedido un juramento como el que había solicitado a su capitán. «¡Jodido idiota!»
“No capitán, yo… Igual vi situaciones en particular de Zoro gracias a mi fruta del diablo y… Aunque no me hace feliz admitirlo, muchas veces vi a Sanji jugando con los sentimientos de Zoro para poder librarse de los pleitos que tenían, le dejaba la culpa a Zoro, pero nunca hablé con él a pesar de que hubiera sido mejor si lo hubiese hecho”.
Luffy frunció el ceño. ¿Sanji había sido tan capaz de voltear la situación para hacer que Zoro se estrellara en su propia confusión sólo por no confesar que estaba avergonzado de que le gustara un hombre? Estaba furioso, las ganas que antes había tenido sobre golpear a Sanji ahora nublaban el buen juicio de capitán que tenía.
Tantas veces que hizo algo por Sanji, todo lo que dio en sus peleas por ayudarlo, por protegerlo, permitiendo incluso que lo golpeara de forma despiadada durante su batalla en Whole Cake, enfrentando a Bege, a Big Mom y siendo suficientemente hábil como para vencer a Katakuri, por protegerle, por regresarlo a la tripulación. ¿Era eso lo correcto? ¿Permitir que simplemente pisoteara todo su sacrificio al herir de muerte a su nakama, a su querido Zoro?
Zoro, quien siempre estaba para sacrificarse por los demás. Zoro, quien jamás dudaba de cumplir su función como primer oficial, tomando el mando en las ocasiones en las que claramente el capitán no podía hacerlo. Zoro, quien siempre terminaba enfrentándose al segundo más fuerte para hacerle segunda al capitán. Zoro, el hombre que siempre estaba para apoyar a todos y cada uno de sus nakamas sin importar cuán apaleado, cansado y herido estuviera.
Ese mismo Zoro que ahora estaba siendo intervenido porque gracias a Sanji casi se mataba.
Luffy no iba, no podía permitir que ese acto quedara impune.
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«
Sé dónde te escondes
Solo en tu auto
Sé todas las cosas que te hacen quien eres
Sé que adiós no significa nada en absoluto
Vuelve y me hace atraparla
Cada vez que ella cae, sí
Toca mi ventana, toca mi puerta, quiero
hacerte sentir hermosa.»
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No sabe precisamente cómo lo encontró, tal vez fue sólo su propia ira la que lo condujo instintivamente hacia donde él podría estar. Su mano gomosa tomó a Sanji por el cuello de la ensangrentada camisa que había vuelto a ponerse, el vapor surgió de inmediato, su piel tornándose disparejamente de un rosa brillante mientras se concentraba en no permitir que su ira se desbordara tanto como para matar a su nakama.
El Gear 2 estaba en su punto máximo, Luffy requería una buena cantidad de concentración mental para no brincar del 2 al 4 y simplemente ocupar a Snake Man para destruir toda la integridad física de Sanji, por mucho que muy en el fondo de su ser, sí lo quisiera.
Sanji no le dijo nada, ni siquiera reaccionó a lo que estaba pasando a su alrededor, Luffy podía notar que la culpa de lo sucedido con Zoro por fin le había alcanzado, desgraciadamente ya era demasiado tarde para sentir lástima por él, él lo causó, él llevó a Zoro a lesionarse y no merecía la compasión, sin importar cuán muertos se veían sus ojos, sin importar cuánto doliera en su propio corazón de capitán herir a uno de sus nakamas, ningún dolor se iba a comparar a todo el dolor que Zoro había sufrido a manos de Sanji.
Así que simplemente lo golpeó. El suelo de madera del barco se quebró impresionantemente de forma precisa a la forma de Sanji clavada en el suelo, las astillas habían salido disparadas por todos lados y el grito de Nami se escuchó acompañado de los jadeos de sorpresa de los demás quienes probablemente lo siguieron en cuanto lo vieron salir hecho una bola de goma furiosa.
La situación lo estaba superando. Era como estar una vez más pisando los recuerdos de Water 7, peleando con Usopp, como estar de nuevo siendo apaleado por Sanji cuando fue a buscarlo incluso con su familia presente, sentirse traicionado, dividido entre el amor y el dolor de enfrentar a su nueva familia. Una lágrima resbaló de sus ojos cubiertos por la sombra de su sombrero de paja y sus labios se apretaron, curvándose mientras trataba de tragarse la ira, el dolor y la ansiedad que toda la situación estaba colocando sobre su cuerpo, el mismo maldito sentimiento del Archipiélago Sabaody, viendo cómo todo lo que amaba se desaparecía ante sus ojos.
“¡Luffy!” Escuchó a Nami exclamar de nuevo, sus manos delgadas y suaves, pero temblorosas tomaron con fuerza la mano con la que había golpeado a Sanji, no le importó el calor enorme que estaba irradiando con el Gear 2 activo, sólo trataba de detenerlo de seguir. “Sé lo que sientes, Luffy, pero no podemos hacer esto… Él no está mejor que nosotros y en esta ocasión… ¡En esta ocasión nuestra prioridad es Zoro!” La voz de Nami se quebró, sus ojos llenos de lágrimas fueron el golpe de realidad que Luffy necesitaba.
Odiaba ver llorar a Nami, ella no lo merecía, honestamente ninguno de sus otros nakamas necesitaba sentir su dolor, su desesperación, tenía que ser un capitán ejemplar y no decir lo que siente, él debe ser fuerte y firme por ellos. Miró una vez más a Sanji, incluso si la ira estaba quemándolo por dentro, simplemente negó y desvió la mirada para mirar a Nami de nuevo, sonriéndole suavemente y colocándole su sombrero como una manera de darle apoyo, sabía, finalmente, que era la mejor manera de que ella entendiera, que sin importar qué tan negro se viera todo ahora, él estaría ahí para protegerles a todos, como esa vez en la Villa Kokoyashi, porque así era él.
“No te preocupes, Nami, tienes razón, cuidaremos a Zoro, él estará bien. ¿De acuerdo? Iré a ver a Chopper para ver cómo está, Zoro es fuerte, seguramente salió sin ningún problema.” Nami miró a Luffy fijamente, con preocupación. Ella sabía cuánto Luffy cargaba con eso, sabía cuánto le dolía, mucho más de lo que dejaba ver, lo decía todo esa voz apretada y baja, su tono serio y lleno de dificultad para salir porque se estaba tragando las ganas de llorar, por el bien de los demás, a ella igual le dolía.
Ella asintió dándole la razón y Luffy lo agradeció tanto, sin preguntas, sólo confianza en él, en que esta vez hará las cosas bien para Zoro porque eso es lo que merece. Él asintió entonces y se giró para ver al resto de su tripulación, pensando en qué decir para no alterarlos más, pero también para tomar acción de sus próximos movimientos.
“Franky, Jinbei.” Luffy llamó a ambos, probablemente la seriedad con la que les hablaba no hacía nada en lo más mínimo para calmar su ansiedad por la situación, era comprensible, él mismo no encontraba la manera correcta de atar sus propios nervios y simplemente seguir adelante, volver a Zoro su única prioridad por el momento, pero así eran las cosas. “Mantengan a Sanji encerrado, sé que nunca lo hemos ocupado realmente, pero, usen el calabozo.”
Después de eso, después de ordenar algo que se sentía como una daga hacia su propio corazón, se fue. No fue directamente a ver a Zoro, sabía que Chopper necesitaba más tiempo para ver que todo estuviese bien, que no hubiera ningún otro riesgo para Zoro. Y honestamente, estaba rezando. Nunca se consideró un creyente de algo supremo, no veía el por qué, lo hizo menos cuando Ace murió frente a sus ojos y nadie lo salvó, nadie impidió que lo perdiera. Ahora, en la situación en la que estaba, se lo pedía a su hermano. Rezó, de rodillas en su soledad, mientras las lágrimas silenciosas caían por su rostro, pidiendo a su hermano mayor que por favor permitiera que Zoro siguiera a su lado, porque no quería perderlo a él también, no podría sobrellevarlo, porque amaba a Zoro, ahora lo sabía, lo amaba tanto o más que su propia vida y no quería ni podría permitir que algo malo le sucediese, porque nunca iba a perdonárselo, no podría, porque pudo haber hecho algo para evitarlo y no lo hizo.
Después de entregarle su corazón a su hermano, confiándole que Zoro sobreviviría, cumplió su palabra, fue a ver a Chopper para saber de la situación. Sonrió cuando supo que estaba bien, las lágrimas casi se desbordaban de sus ojos cuando su doctor aseguró que Zoro estaba fuera de peligro y que sólo quedaba en él que su cuerpo se recuperara, no había más daño, no había más peligro físico, pero necesitaba estar ahí para Zoro.
Y lo visitó, día y noche durante las últimas dos semanas y media que estuvo inconsciente, asegurándose de hablarle de cualquier cosa para supiera que estaba ahí para él para cualquier momento en el que quisiera despertar. Le aseguró con todo su corazón que no estaba molesto ni decepcionado por lo que Zoro había hecho, porque aun recordaba la manera en que Zoro lo miró por última vez antes de huir al nido de cuervos, antes de casi matarse, el miedo a decepcionar a su capitán.
Pero nunca habría nada que Zoro pudiese hacer para decepcionarlo, porque, sin importar qué sucediera, estaría para él, como siempre había sido, como siempre debía ser.
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« No me importa pasar todos los días
en tu esquina bajo la lluvia torrencial, oh.
Busca a la chica con la sonrisa rota.
Pregúntale si quiere quedarse un rato.
Y ella será amada
Y ella será amada
Y ella será amada
Y ella será amada, sí.»
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Había situaciones decepcionantes en la vida. Luffy podía entenderlas bien, tantas cosas pasaban en un momento, se sentían como peso muerto sobre sus hombros.
Zoro había despertado una primera vez, pero su cuerpo no resistió, su mente seguía luchando contra sus recuerdos, contra sí mismo con todo lo que había sucedido, era una lucha interna difícil de explicar, difícil de descifrar, así que era comprensible para Luffy que Zoro se desmayara de nuevo, sólo le dolía no haber estado ahí para él. Claro que corrigió ese error la segunda vez.
No importa el tiempo que pasó esperando a que Zoro regresara en sí, estuvo ahí a su lado día y noche, no importándole la comida, no importándole nada más que ver que despertara, que regresara bien y pudiera verlo de nuevo, sonreírle y abrazarle y ser correspondido, porque odiaba verlo tirado en esa camilla, mucho más delgado de lo que lo recordaba alguna vez, incluso durante su anorexia y su disforia.
Cuando Zoro volvió a despertar, Luffy lo recuerda como el sentimiento de alegría más grande que alguna vez vivió. Recuerda que se quedó dormido, había resistido noches sin dormir, esperando el momento en el que Zoro despertara para estar ahí para él, pero no pudo aguantar mucho más, simplemente se durmió. Aun así, recuerda unas manos frías y delgadas acariciar con cariño su cabello y mover su hombro.
“Oi, Luffy.” La voz de Zoro había parecido seda, era ronca, cansina y en un tono muy bajo, pero estaba despierto de nuevo, sentado en la camilla mientras observaba con preocupación lo cansado que debía verse él mismo ahora, pero a Luffy no le importaba verse como una mierda siempre y cuando pudiera estar ahí para ver a Zoro despertar una vez más.
Mirándolo con una cantidad de amor impresionante, mayor de la que nunca podría desbordarle a nadie más. Abrazó a Zoro ese día como si pudiera desvanecerse con el aire, pero no con tanta fuerza, temía romperlo si apretaba demasiado. Zoro era todo lo que lo mantenía en tierra y juró que le agradecería a Ace por permitirle a Zoro volver con bien a su vida.
No podía evitar mirar a Zoro, incluso mientras lo veía hacer lo más mundano como comer, con adoración, mientras en su cabeza se repetía una y otra vez que Zoro sólo necesitaba amor, debía ser amado, se merecía ser amado, y él iba a hacer todo lo que se le permitiera para demostrárselo.
Incluso si eso significaba dejarlo ir.
Cuando Zoro le dijo que se iría, fue como sentir que lo tiraban al mar sin esperanzas, a la deriva de la muerte, haciéndolo sentir un frío abrasador. A pesar de todo, comprendía que era necesario para Zoro poder sanar todo lo que había estado sucediendo en los últimos meses.
“Luffy, necesito que me hagas un favor.” Zoro mencionó de repente un día. Su rostro era cansado, se veía reflexivo, Luffy intuía que había estado pensando mucho en algo en particular.
“¿Un favor?” Luffy miró a Zoro sin poder comprender.
“Necesito irme por un tiempo.”
¿Irse? Luffy lo sintió como un verdadero golpe. Sus labios temblaron y sus ojos se cristalizaron por las lágrimas. Irse no era algo que Luffy quisiera aceptar de alguien como Zoro, no hacía mucho que había superado que Sanji había desaparecido después de los acontecimientos en Zou, a pesar de cómo sucedieron las cosas, el hecho de perder a Zoro de cualquier manera sólo hacía que la ansiedad en su cuerpo se disparara.
¿No había sido suficiente con los dos años que se habían separado antes? Había sufrido tanto antes de verlos de nuevo en Sabaody, la única vez que aceptó que Zoro estuviera lejos de él, quería que fuese la última.
“No será por siempre, regresaré.” La mano delgada de Zoro se posó en su cabeza, no había estado usando su sombrero, la mayor parte del tiempo lo dejaba en la habitación donde Zoro descansaba, una forma cariñosa de explicarle que volvería pronto a verlo, él acarició sus negros cabellos con una sonrisa sincera en su rostro.
Odiaba las despedidas. Pese a que no había sido verdaderamente feliz desde que las cosas habían comenzado a desmoronarse entre ellos como tripulación, Zoro seguía siendo su motivo por el cual continuaba, ser su pilar había hecho que muchas de sus actitudes fuesen pensadas y reguladas sólo para ser útil para Zoro, para hacerlo feliz. Lo había visto mejorar en las semanas siguientes a su último despertar, dos semanas en las que lo había visto aventurarse a salir por fin de la enfermería y volver a tratar con sus demás nakamas quienes estaban igual de felices de verlo, pero era consciente que seguía sin ser el mismo Zoro que conoció antes de involucrarse con Sanji. Así que, si esto era algo a lo que tenía que ceder para hacer feliz a Zoro, lo haría sin dudar.
“¿A dónde irás?” Luffy cuestionó, si iba a dejarlo ir, quería asegurarse de que fuese un lugar bueno para él.
“Me he contactado con un viejo maestro, yo… Volveré a la isla de Mihawk por un tiempo, es lo mejor para todos, al menos por ahora. Volveré siendo mejor, Luffy, después de todo, te mereces al mejor espadachín, ¿no es así, rey pirata?” Su corazón latió con fuerza, tamborileando nuevamente, esta vez en un ritmo más agradable, y no pudo evitar sonreír con todo el cariño que poseía al escuchar la última frase.
Eran las mismas palabras que había dicho cuando Mihawk lo había cortado en el pecho en su primer enfrentamiento. Confiaba en esas palabras, confiaba en Zoro.
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«
No me importa pasar todos los días
en tu esquina bajo la lluvia torrencial.
Por favor, no te esfuerces tanto en decir adiós.»
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Despedirse de Zoro no había sido fácil, pero estaba bien, porque él lo necesitaba, había una promesa tacita de que volvería siendo al menos lo más parecido al hombre que fue antes de tomar las decisiones más feas de su vida, y Luffy, como siempre, le creía ciegamente.
Miraba a diario el Vibre Card que Zoro les había dejado a todos y cada uno de ellos, a pesar de vivir en el mismo barco, no había nada mejor que saber que todos podían estar pendientes de lo que podría sucederle a Zoro. Y cada uno, de hecho, siguió el ejemplo de Zoro de mejorar, incluso él mismo. Había prometido ser incluso un mejor capitán y lo había estado cumpliendo mientras viajaban hacia la isla de Wano para establecerse en espera de Zoro para poder efectuar su plan de alianza con Law y los samuráis. Quería que Zoro estuviera orgulloso de él, del mismo modo que él estaba orgulloso de Zoro.
A pesar de la distancia tenían comunicación diaria, Luffy quería asegurarse de que Zoro se encontrara bien y que comiera adecuadamente, sin mentiras, incluso si tenía que confirmar las palabras de Zoro con Perona —Luffy recordaba a la niña fantasma— o con Mihawk, porque en el fondo temía que Zoro pudiera recaer en los malos hábitos. También se encargó de hablar sobre sus emociones, no quería que Zoro volviese a encerrarse con sus problemas, eso fue uno de los principales detonantes que lo llevaron a la situación en la que estaba, lejos de sus nakamas porque se había autodestruido.
Y, de hecho, Luffy era consciente de que las cosas habían cambiado, no sólo en la forma en la que Zoro contestaba ahora mientras hablaban por las noches, momentos en los que de hecho Zoro secuestraba el Den Den Mushi de Mihawk a expensas de escuchar al amanecer una diatriba de por qué era importante de que no lo usara para coquetear —Sí, Zoro y Luffy sabían que el gobierno podía llamar a Mihawk, sólo no les importaba—, Luffy sólo quería asegurarse de que Zoro estuviera bien, incluso si tenía que esperar un buen tramo de noche para escuchar sus ronquidos y estar completamente seguro de que Zoro por fin descansaba.
Una rutina de seis meses y medio en los que él mismo se esforzó por seguir adelante.
Su llegada a Wano, de hecho, lo hizo anticipar ciertas cosas que podían ser tomadas como plausibles desde ciertos puntos de vista; Zoro había cambiado, viéndose tan bien como antes de que todo sucediera, viéndose tan hermoso y sano que no pudo evitar saltar a su alrededor y decírselo, y lo segundo, ¿Sanji buscando a un recién llegado Zoro para hablar del pasado? Era obvio que pasaría, tal vez por eso había estado preocupado hasta sus entrañas, no era su deseo que Zoro pasara por el mismo infierno una y otra vez cada que Sanji se presentaba en su vida, pero entendía, desde el objetivismo de un capitán, que era un asunto que sus nakamas necesitaban resolver, porque a pesar de su miedo, era menester que demostrara su confianza en Zoro, y lo hacía, por lo mismo tomó su propio rumbo hacia la ciudad para dejar tiempo a que Zoro cortara sus cadenas al pasado y pudiera seguir sanando para que ambos pudieran darse la oportunidad de la que tanto hablaron.
Aunque el tiempo fuese lento en ese aspecto.
Al menos Luffy pudo estar seguro de algo siempre, Zoro era el motivo por el cual llegaba tan lejos, la razón por la que siempre estaba esmerándose, y no era ningún secreto para nadie que siempre le estaba buscando más que a los demás, por eso mismo, verlo despertar a su lado tan sano y salvo como siempre debió ser, después de enfrentarse a seres tan poderosos como Kaido y King, tras salvar a Onigashima, se sentía como la mejor cita de su vida.
La primera de muchas más.
