Work Text:
« Por amar al amor, me entrego sin dudas y sin medir.
Por amar al amor, me quemo, perdiendo parte de mí.
Una noche más así y creo que perdí la cuenta.
Tengo que volver a mí , es hora de decirte la verdad.»
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El pequeño barco navega. El viento golpea, las olas alborotadas del mar rompen su flujo mientras el barco sigue su curso. Trata de mantener su mente en lo que vendrá a continuación, no está exactamente seguro de qué hará cuando vea de nuevo a Mihawk y no está preparado para ver la reacción que él tendrá, la vergüenza en sus ojos.
Su mente es un espiral en ese momento, por eso no nota la mirada preocupada que su acompañante de viaje le da. Perona sigue angustiada, sus ojos grandes y negros no han abandonado la figura de Zoro desde que este subió al barco, para ella, él es una simple sombra del hermoso hombre de voluntad de hierro que alguna vez conoció, ni siquiera es una mentira.
No sabe lo que le ha pasado, Zoro no dio detalles cuando habló con Mihawk así que Mihawk no le dio detalles al contactarla para ir a recogerlo. Pero incluso si ignora los verdaderos motivos ocultos tras esa pupila muerta de color acero, sabe que ha sufrido mucho y necesita reivindicar su camino, ella no va a dejarlo solo. Se acerca con sigilo y pone su mano delgada y fría sobre la mano delgada de Zoro. Hace mucho ella recuerda que su mano era grande, áspera y caliente, ha cambiado tanto como todo lo demás en él. Evidentemente ella se preocupa mucho, no se han visto, pero ahora no es como su reencuentro esperado, él no es quien ella conoce, él devuelve el apretón con desesperación.
Ambos miran el horizonte, la isla del terror se ve a lo lejos, la silueta de la enorme mansión del poderoso espadachín está a sólo unos metros de ellos. Son como dos niños perdidos volviendo a casa a ver a papá después de haber encontrado malos caminos, pero ella ha vuelto sólo por proteger a Zoro tal vez de sí mismo, como una hermana mayor angustiada por la mente rota de su hermanito, porque él nunca ha pedido ayuda y ella nunca ha negado querer ayudarlo a pesar de que Zoro no es muy comunicativo, tal vez es por eso que su corazón late desesperado viendo lo frágil que se ve él ahora. Oh, ella sabe lo que el amor cruel puede hacerle a una persona, no es ignorante, su fruta le ha permitido conocer lo rotos que están algunas personas en su corazón, como Mihawk, como ella misma, pero el de Zoro… A ella le duele, él ni siquiera va a mirarla o a Mihawk a los ojos, no lo ha hecho desde que su viaje de regreso inició, no lo hará ahora. Suspira pesado, sus ojos no abandonan el mirarlo de reojo, sólo espera que él recupere su confianza y su amor propio.
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Zoro está sentado frente a él en la enorme mesa del comedor oscuro y aplastante, sumido en un sórdido silencio. Perona los mira en silencio igual, acorde a la situación, sigue parada detrás de Zoro como un fantasma, un suave y disimulado apoyo. Él no está hablando, de nuevo, es como si no tuviera una voz que prestar, pero ambos saben que quiere hacerlo, hay mucho qué decir al respecto. Los ojos críticos de Mihawk observan de arriba hacia abajo el cuerpo delgado y frágil de su discípulo más fuerte, hay preocupación brillando en ellos, un sentimiento familiar está retozando en sus lingotes de oro que miran al mundo.
“Lo siento.” Zoro susurra, aunque ambos lo escuchan.
“¿Qué?” Mihawk pregunta, no sabe qué sucede (no exactamente, pero no es idiota, intuye, sólo quiere más respuestas), pero no le gusta cómo Zoro está hablando, lo destrozado que está.
“Lo siento.” Zoro repite. “Por hacer lo que me dijiste que no hiciera.” Explica, su voz es inestable y su garganta se escucha apretada, un nudo atascado ahí, disociando la llegada de aire.
Los ojos de Mihawk se abren en comprensión, no necesita que se diga nada más para entender a lo que se refiere, de nueva cuenta, lo ha intuido antes, y no puede evitar levantarse de su silla de golpe y avanzar veloz hacia donde Zoro está sentado, cabizbajo, con una vergüenza que lo consume. Lo abraza con fuerza, Zoro se rompe entonces porque sabe lo que ha hecho. Mihawk le advirtió de los amoríos en el mar, lo mal que pueden acabar.
“No te enamores de un pirata.” Él había dicho. Sabe la historia de Mihawk, eventualmente hay mucho qué decir al respecto, pero no ahora, no hay nada en su corazón para decir que no lo arrastre de nuevo al oscuro espiral que lo ha envuelto por meses hasta ahogarlo. Pero se permite hundirse en los brazos de su mentor, casi alguien que podría llamar un padre.
Dracule no lo suelta hasta que Zoro cae rendido. Podrán hablar de todo después, hay mucho trabajo por hacer y aunque él mismo quisiera simplemente dejarlo por su cuenta, ese niño le ha hecho algo, se ha encariñado, finalmente es como ver un reflejo de sí mismo en su juventud, casi cada paso a la vez, tan similar que duele.
Respira hondo al levantar a Zoro en sus brazos para llevarlo a su antigua habitación, pero ya no pesa, el peso de sus músculos ha desaparecido, un palillo entre sus brazos fuertes, casi seguro de que Perona puede pesar más que él.
No va a preguntar quién lo lastimó, cree que sabe la respuesta, su ojo de acero siempre tan fácil de leer. No evita apretar los labios mientras admira la frágil figura dormida. Duele.
Entonces mejor sale sin decir nada más. Perona lo espera en la puerta, también mira al hombre destruido en la cama.
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«
Por amarte, me perdí.Y me he convertido en tu sirviente.
Por amarte, descubrí.
Que mi corazón también me miente.
(Uah uah uah) actuando en contra de mi voluntad.
(Uah uah uah) haciendo todo para no pelearnos.
(Uah uah uah) es mi total responsabilidad.
Escapar de ser la víctima fatal.
»
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Seis meses. 3 días. 45 minutos.
Ha contado cada miserable segundo desde que se fue. Sus labios tiemblan con desespero mientras mira hacia el nido del cuervo donde se había acostumbrado a verlo, una figura grande, poderosa, majestuosa, alzándose entre los rayos del sol en el atardecer. Vacío. No hay más ruido de metal moviéndose por las pesas oscilando hacia arriba y hacia abajo. Nadie roba el sake de los gabinetes tampoco. Nadie come los onigiris especiales que hace. Sólo para él. Maldita sea, lo extraña. Su corazón duele y su alma llora tratando de recordar cada cosa que habían hecho en la soledad. Su mano entra en el bolsillo de su traje, ahí está su siempre fiel trozo de papel, el pedazo de vivre card de Zoro, su Zoro.
Maldice, ya casi es un ritual para él. No es la primera vez que bebe tanto en medio de la noche, en la soledad de su cocina mientras llora la ausencia de su preciado espadachín. Ha tenido tiempo para pensar, ha sido duro consigo mismo, aunque no es suficientemente duro para vengar el dolor de Zoro. Lo ama, lo ama tanto que ahora sí dejaría su vergüenza y sus complejos.
Nami le gritó que se ha tardado mucho en hacerlo. Ahora que está dispuesto, de hecho, no hay nadie ahí, casi lo pierde permanentemente, espera que vuelva para hacer las cosas bien, incluso si Robin se ha empeñado en recordarle que debe dejarlo en paz.
Pero lo ama. No quiere dejarlo, es egoísta y no teme admitirlo, no esta vez. Mira de nuevo el trozo de papel y lo arruga, sus lágrimas mojándolo. Su copa de vino cae al suelo en su arrebato de enojo por su propia estupidez. Su cabeza golpea la madera de la mesa en donde ha estado sentado, perdiéndose en la oscuridad de su propia mente.
Un espiral que lo ha ido consumiendo en los últimos meses desde que se fue. La culpa lo carcome, devorando cada parte de sí con violencia. Sabe que sus nakamas lo desprecian, lo ha hechado a perder todo. Luffy no podrá perdonarlo por lo que le hizo a Zoro, ha acarreado mucho dolor a sus nakamas después de que Zoro se ha ido, sumando Whole cake así que… ¿Así qué?
Su mente no es capaz de avanzar mucho más en sus propios pecados. Su cabeza se aporrea una y otra vez con frustración hasta que la piel se rompe y la sangre brota. No le importa. Quiere verlo. Quiere tenerlo de vuelta.
Una mano incorpórea de Robin detiene sus movimientos. Él puede ver un par de ojos en la pared y frunce el ceño, los ojos de ella tienen preocupación, pero él no se preocupa por ellas ahora, a él ya no le importan.
Quiere a Zoro. Necesita a Zoro y más importante necesita su perdón para reivindicarse.
La mano desaparece cuando él comienza a llorar. ¿Por qué llora? De nuevo, sabe que no merece tener la libertad de sentirse mal después de lo que hizo, pero no puede evitar perderse mentalmente en la culpa de cada momento en el que lo echó a perder con Zoro.
Llega a su límite en ese momento. Imagina nada más que Zoro entra en su cocina y lo mira preocupado. Está ebrio y con el corazón roto de culpas. Todo se pone negro después para él.
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«
Por amar al amor, confundo, me hundo y dejo de ser.
Me despisto, me voy de rumbo y ya no puedo volver.Es mi decisión cambiar, aunque me muera en el intento.
Es mi condición hablar, aunque no lo podamos arreglar
.»
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Se mira al espejo. No se reconoce, pero sabe que es probable que se haya visto así cuando conoció a Luffy o tal vez cuando estuvieron en Dressrosa. El tiempo se ha movido rápido y en su mente atrofiada todo parece sólo un borrón extraño lleno de colores que no puede enfocar, nada parece tener una lógica por ahora.
Ya casi hace un año con Mihawk y Perona. Sabe que pronto tiene que volver a Luffy, a donde pertenece. Ha hablado con él, los extraña mucho a todos, especialmente a él, le prometió verlos de nuevo en un año, en Wano, su siguiente destino. Ya casi es tiempo de salir en esa dirección. Su mano se mueve en dirección a su trozo de vivre card de Luffy. Lo ha visto quemarse antes, temió por él y se culpó por no estar ahí, ahora está intacto y a salvo, eso le da alivio. No parará de entrenar de nuevo hasta que recupere su forma antigua, todo su poder.
El proceso ha sido lento. No puede mentirse a sí mismo diciendo que está totalmente bien ahora porque no es cierto. Durante el casi año completo en la mansión de Mihawk ha pensado mucho en Sanji y en lo que vivió a su lado. Ha peleado contra su corazón y sus sentimientos y contra las secuelas que eso causó en su cuerpo. Comer aún es complicado, Mihawk sí que le ha tenido paciencia para hacer que coma cada vez más para la cantidad de ejercicio que realiza. También ha tenido que regresar al ejercicio pesado y ha sido complicado luchar contra la sensación de sentirse demasiado grande y ancho.
Perona no lo ha dejado solo, como prometió en silencio aquella vez en el barco, ella ha estado en cada paso, evitando que recurra a los malos viejos hábitos como vomitar la comida y llenarse con el agua. Le ha prohibido reducir el haramaki y tiene prohibido estar solo mucho tiempo.
Honestamente lo agradece. Han cambiado muchas cosas. Sus pláticas con Mihawk de hecho han sido muy útiles para que pueda comprender todo lo que sufrió, algo con lo cual comparar y sobrellevar el trauma que es capaz de matarlo si lo lleva nuevamente a girar en ese oscuro espiral sin salida. Ya no quiere estar con Sanji. Esa es su conclusión.
Lo ama, pero no lo suficiente ahora para seguir sufriendo, no mientras tenga la elección de ser feliz. A diferencia, Luffy ha estado apoyándolo mucho (no es algo nuevo), incluso a la distancia, eso es algo que atesora y considera su mayor anhelo para seguir. Cada noche espera la llamada de Luffy antes de que ambos duerman, cada tarde antes de almorzar llama y pregunta si está comiendo bien. Llega al punto de preguntar directamente a Mihawk o Perona para ver que sea cierto porque le preocupa que Zoro pueda recaer.
Para Zoro, lo preocupado que su capitán ha estado por él le parece lindo. Internamente esa es la actitud que quiere que una pareja tenga para él, algo que deseó siempre que Sanji hiciera sin estar en las sombras. A veces se siente egoísta por esa clase de pensamientos, pero Mihawk aseguró una y mil veces que eso, de hecho, es lo normal, es lo mínimo que te pueden dar en una relación. Lo ha platicado con Perona igual, a ella le agrada mucho Luffy, está orgullosa de que esté tan preocupado por Zoro, así que Zoro está de acuerdo en que Luffy es su ancla para seguir, siempre. Se lo debe, hay una promesa que no puede romper.
También ha hablado con Luffy más íntimamente. No está seguro de hacia dónde han avanzado ahora porque no pueden verse, pero siempre ha pensado que no necesita estar junto a Luffy para entenderlo y amarlo por lo que es. Luffy lo entiende y comparte eso. Con Sanji la historia, de hecho, es demasiado distinta y cada que lo piensa es como regresar atrás, sentir que podrá morir en todo ese espiral de dolor.
No es lo que quiere. No esta vez. Ya nunca más.
Él repite mucho eso mientras su ojo mira el collar que le regaló Sanji y que en secreto ha conservado, aunque aún no puede descifrar si lo ha hecho como un castigo a sí mismo o como una esperanza como mínimo. Lo aprieta con fuerza, parpadea rápido tratando de alejar las lágrimas. Se levanta de su asiento en la cama de su habitación y sale. Su entrenamiento ha sido postergado suficiente, no es sano volver a girar sin sentido en su dolor.
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«
Por amarte, me perdí.Y me he convertido en tu sirviente.
Por amarte, descubrí.
Que mi corazón también me miente.
(Uah uah uah) actuando en contra de mi voluntad.
(Uah uah uah) haciendo todo para no pelearnos.
(Uah uah uah) es mi total responsabilidad.
Escapar de ser la víctima fatal.
»
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El momento de reencontrarse llegó muy rápido para Zoro. Despedirse de Mihawk y Perona fue duro, mucho más que antes, más que nunca a decir verdad, a pesar de que no es un adiós sino un hasta pronto. Su pecho se siente pesado y sus piernas nuevamente musculosas tiemblan ligeramente mientras ve la entrada de la Isla de Wano adelante, inseguro aunque no está precisamente seguro sobre lo que lo hace sentir así. ¿Ver a Sanji de nuevo? ¿Ver a Luffy? ¿Despedirse de Perona? ¿O es acaso que duda de su fuerza ahora a pesar de los nuevos trucos que ha aprendido con su nueva fuerza motivada por su capitán?
Perona no puede llegar mucho más lejos de la entrada así que él tendrá que esforzarse en hacer todo lo que resta del trabajo para pasar desapercibido y sobrevivir, sin importar que la presión y el miedo estén cayendo con fuerza sobre él.
Ella se despide con cariño, suave, sus manos se tocan mientras ella acaricia sus nudillos y flota para juntar sus frentes tiernamente.
“Cuídate, Zoro.” Ella pide, pero Zoro sabe que es más una súplica desesperada, al final de cuentas ella estuvo con él cada noche que lloraba agitado porque su mente no dejaba de trabajar, cada día que su cuerpo sufría. Se lo debe.
No responde, no verbalmente al menos, pero le devuelve el apretón de manos y asiente antes de bajar sigilosamente en el puerto de la sombría isla. Todo se siente como un nuevo comienzo, una nueva aventura aterradora en soledad, al menos hasta que sus nakamas estén con él, hasta que pueda enfrentar todo y seguir adelante.
A pesar de lo acelerado que está su corazón y lo mucho que sudan sus manos nuevamente gruesas y callosas, se despide de Perona con una mirada y se adentra en silencio en la isla, finalmente todo lo que debe hacer es sobrevivir hasta ver a Luffy.
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Hay cosas que tal vez debió pensar mejor, aunque sabe bien que no podría haberlo hecho aunque quisiera, su pobre cordura no resistirá esa cantidad de presión sin recaer, tiene suficiente con los medicamentos que el médico de Mihawk le recetó, no va a sobrecargar su mente con temas tan densos.
Claro, eso no significa en lo absoluto que no tendría que enfrentar la situación que vive ahora.
Su reencuentro fue bueno, al menos al principio, finalmente fue Luffy quien lo encontró tal y como siempre lo hacía, acelerando su corazón y generando una alegría automática en él desde que sus miradas se cruzaron. Ambos se sincronizaron, como un fenómeno meteorológico; natural, destructivo y hermoso por sí solo. Como si sus almas a la mitad se unieran nuevamente desapareciendo la ansiedad y la sensación de vacío.
Luffy estaba tan orgulloso, fue todo lo que le importó a Zoro. Su capitán que confiaba tanto en él no había perdido el tiempo en decirle lo bien que se veía, lo hermoso que era y Dios sabe que él era una masa caliente, endeble por los comentarios tan puros y sinceros de Luffy, su querido Luffy.
Lo pasaron juntos. No han avanzado en nada, Zoro piensa que Luffy le ha estado dando tiempo de sanar, y joder, lo agradece tanto y tan desesperadamente como quiere estar con él, pero no puede, es consciente de que no podrá avanzar hasta que el ciclo termine.
Es lo que lo ha llevado a estar encerrado donde está ahora. El reencuentro con los demás fue igual de bueno, especialmente con Nami y Robin que no dudaron en abrazarlo extasiadas.
Pero él estaba ahí. Hizo todo lo que pudo para poder ignorarlo, sin embargo, sabía que sólo era cuestión de tiempo hasta que sus pecados por fin pudieran acorralarlo.
No se equivocó.
Lo estaba reflexionando mientras Sanji lo tenía arrinconado en la habitación que Hiyori le había dado a él y en la cual el cocinero se coló. Lo había escuchado balbucear estupideces incoherentes que aceleraban su corazón y causaban que su ojo se llenara de lágrimas. Sanji le dijo una y mil veces en una hora de encierro lo mucho que lo amaba, lo mucho que estaba arrepentido y le demostró lo urgido que estaba por recuperarlo, haciendo planes con él para una vida de la que él ya no deseaba ser participe, por mucho que le doliera repetirse a sí mismo eso.
Sus manos se tocaron por un momento antes que una de las manos de Sanji recorriera su rostro, tan suave y tan íntimo como en sus noches a solas en el gimnasio o en el nido de cuervos, cuando lo ocultaba de todos como si no valiera nada.
¿Qué más tenía qué decir? No era el mismo hombre antes y después de Sanji, eso era seguro. Su único ojo miraba fijamente a los de Sanji con una inseguridad abrasadora y un terror fragante. Ya no quería esa clase de mentiras, no podría hacerle eso a Mihawk, a Perona o Luffy y sobre todo, no podría hacerse eso a sí mismo, no otra vez.
Rompió con fuerza el agarre que Sanji tenía sobre él y lo empujo con fuerza. Sanji lo miró, herido y desconcertado y por un momento la voluntad de Zoro flaqueó. Sus manos temblaron y las lágrimas amenazaron de nuevo con regresar para caer.
“¿Por qué me haces esto?” Pregunta en un susurro herido. Zoro mira fijamente a Sanji, tiene dolor emocional y quema demasiado para soportarlo, pero no va a darse la vuelta, ya no desea seguir con esto entonces debe enfrentarlo.
“¿A qué te refieres?” Sanji pregunta desconcertado. “Fuiste tú el que me ha empujado, Marimo.”
Zoro suelta una risa sarcástica y herida mientras aprieta sus puños, las comisuras de sus labios se van hacia abajo mientras trata de estabilizar su voz.
“¿Por qué ahora dices que me amas?” Sanji lo mira incrédulo, Zoro no se la regresa, no piensa creerle, ya no hay ninguna manera en la que pueda tomarle la palabra y caer con fuerza, no con él.
“Porque lo hago. Sé que me equivoqué pero quiero remediarlo, sólo tienes que darme una oportunidad más para demostrarte que he cambiado, puedo hacer las cosas bien por ti, prometo decirle a todos, haré cualquier cosa por ti, sólo acéptame.” Sanji suplica, acercándose de nuevo cada vez más a Zoro quien retrocede por instinto.
“¿Por qué hasta ahora?”
“Porque sé que me equivoqué.” Zoro no se convence con eso.
“¿Y tuve que pasar a morir porque no podía más con mi propia culpa para que te dieras cuenta?” Zoro cuestiona, su voz es áspera, está enojado y desesperado por la situación, la impotencia lo recorre.
“Escucha, Marimo, no tenía idea antes de lo que sucedía, no dijiste nada y si Nami y Robin no me hubiesen dicho las cosas no lo hubiese sabido, pero lo sé ahora y quiero arreglarlo.”
Zoro regresa su mirada a Sanji. Está llorando ahora, pero la furia lo consume mientras un arrebato lucha por salir de él; lo consigue.
“¡¿Ni siquiera pudiste darte cuenta por ti mismo?!” Zoro exclama. Su voz se corta y es difícil comprender sus gritos mientras llora su frustración, pero Sanji lo admira atónito sin saber cómo seguir. “¡Maldita sea!” Zoro jura, golpeando la pared a su lado porque honestamente es todo lo que puede hacer. “¿Qué no dije nada?” Susurra un cuestionamiento directo. Está acorralando a Sanji sin quererlo, enjuiciándolo con todas sus propias palabras. “Te mencioné muchas veces cuánto me dolía lo que hacías… ¡Te pedí muchas veces que fueses honesto conmigo y con los demás sobre nosotros dos y todo lo que hacías era voltearme la situación, hacerme ver como un desesperado exagerado y me gritabas que necesitabas más tiempo porque no querías sentirte juzgado por las mujeres!” Sus manos temblaron mientras se movían frenéticas hacia su cabeza, tirando de sus cabellos ahora tan cortos como antes de que todo sucediera. “No me vengas con excusas de mierda, Vinsmoke Sanji.” Zoro sentenció fríamente, apretando con fuerza la garganta y tensionando la mandíbula al mencionar el nombre del cocinero.
Sanji enmudece entonces. Su ojo azul mira a Zoro, pero no se atreve a decir nada, se ve apaleado de repente, pero Zoro no se tienta ante la vista, ya no, nunca más. Está harto y muy cansado de todo eso, sólo quiere seguir con su vida y poder ponerle final a toda la mala experiencia, su primera experiencia romántica.
“Zoro…” Sanji recupera su voz, pero no sabe qué decir ahora, su lengua se la ha comido el ratón al parecer, porque sólo se dedica a mirar a Zoro con dolor en su expresión.
“Hazte un favor, Vinsmoke… Córtalo.” Zoro pide, su tono es denso nuevamente y su expresión denota agotamiento, uno muy pesado. “No tiene sentido seguir con esto, no para mí, al menos ya no. No tiene caso fingir que nada ha pasado y pretender ser amigos de nuevo, no para mí, olvida que sucederá algo más porque yo ya no puedo, no puedo con repetir todo eso, duele demasiado, así que por favor… Por favor olvida lo que sucedió, no vale la pena... No somos nakamas, no más... Colegas, solamente colegas.”
Zoro mira a Sanji. Esa vez ya no hay emociones extra, está gélido. Los ojos de Sanji se llenan de lágrimas mientras balbucea algo nuevamente. Quiere acercarse a él, suplicar de nuevo, pero Zoro ya no puede más con ese tipo de carga emocional. Decide ignorarlo por su propio bien. Sale de la habitación y camina sin un rumbo en particular, sin darse cuenta que ha terminado en la cabaña de Robin donde ella lo recibe con los brazos abiertos.
Llora. Está tan cansado a pesar de que lo hizo bien para sí mismo y para sus nakamas, para Luffy, pero se sigue sintiendo mal en su corazón porque sí, le ama, de una forma que no puede exactamente clasificar, y estuvo tentado a darle otra oportunidad, su mente estúpida jugando con él, pero no podría hacerse eso de nuevo, no era correcto, no para él ni para Luffy que lo ama y apoya tanto.
Duele y se siente mal, pero ha tenido que cortar el hilo de su propia prisión. Tal vez en un futuro cercano pueda dejar todo ese peso, no está seguro pero la sonrisa de Robin le dice mucho, por lo que espera que sea verdad.
Le da el collar a ella, el que Sanji le ha regalado. No puede conservarlo, no es correcto, menos cuando quiere con toda su alma rota sanar y ser capaz de amar de nuevo.
Por una vez en su vida, desde que todo comenzó, el espiral de color negro ha detenido su fuerza y unos rayos de sol se dejan ver. Al menos sabe ahora que el dolor disminuye gradualmente.
Estará bien. Tiene fe en sus nakamas que lo aman mucho y no lo dejarán caer de nuevo.
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Por amarte, me perdí.Y me he convertido en tu sirviente.
Por amarte, descubrí.
Que mi corazón también me miente.
(Uah uah uah) actuando en contra de mi voluntad.
(Uah uah uah) haciendo todo para no pelearnos.
(Uah uah uah) es mi total responsabilidad.Escapar de ser la víctima fatal.
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