Work Text:
«¿Qué es lo que quieres de mí?
Sólo déjame respirar un poco.
¿Qué es lo que quieres ver?
¿Es algo que puedes ver?
¿Qué es lo que quieres creer?
Todavía no se puede arreglar nada.
Soporta tus palabras.
Has dicho que no es bueno. »
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“¿Cómo está?” Chopper miró a Robin fijamente. El pequeño doctor estaba sumamente exhausto después de las largas horas de trabajo que había empeñado para detener la hemorragia y a su vez estabilizar a Zoro.
Lo había supuesto cuando se enteró de la situación, de hecho no le sorprendería que cualquiera de ellos haya rezado una vez que los sacó de la sala médica, Zoro estuvo demasiado delicado en todo momento, había tan poca esperanza dentro de él que incluso él mismo temió perderlo en la cirugía. Sus ojos se cerraron un momento y pasó sus cascos por su cabeza adolorida, finalmente la parte más complicada de la noche había quedado atrás, Zoro estaba lo más estable que se podía, una bolsa de sangre colgaba de un porta sueros y una bolsa de suero fisiológico estaba al otro lado del gancho, ambos conectados a un catéter dual para asegurar la vida del espadachín de la tripulación.
Nuevamente miró a la mujer y suspiró.
“Está… Estable, pero es todo lo que puedo asegurar por ahora.” Robin hizo un pequeño “Uhm” en comprensión y tomó asiento junto al pequeño reno, haciéndole un poco de compañía después de toda la terrible y traumática situación.
Una mano gentil acarició el pelaje de la cabeza del pequeño doctor y Chopper miró a Robin de nuevo antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas. Robin le abrazó. A veces era muy fácil olvidar que Chopper sólo tenía 17 años y que las cosas que sucedían en la Grand Line no era fáciles de digerir para cualquiera, ellos simplemente se habían hecho insensibles con la cantidad de problemas en los que se metían, y aun así no era lo mismo comparar enfrentarse a tripulaciones crueles o salvar islas de villanos a lo que había sucedido en ese tiempo.
Zoro era el miembro más fuerte de su tripulación después de Luffy y emocionalmente hablando, era el pilar más duro de quebrar… Y sin embargo se había roto enfrente de todos de la peor manera. Incluso ella se sentía culpable y demasiado adolorida por la situación, había sabido lo que sucedía y no había intervenido antes, honestamente no había creído que llegara tan lejos de como acabó.
Seguía pareciendo un mal sueño, una pesadilla onírica en un mundo escabroso e irreal, algo que crearían los villanos de la Grand Line… Pero que finalmente había sido causado por Sanji.
Sus labios se apretaron y mantuvo entre su pecho al pequeño niño que sollozaba entre sus brazos, sus propios ojos miraron al cuerpo sumamente delgado e inerte en la camilla y las lágrimas finalmente cayeron.
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Luffy miró a Sanji con el asesinato escrito en sus ojos. Él había sabido por mucho tiempo que era culpa de Sanji, Zoro le había dicho qué era lo que andaba mal, era el mejor amigo de Zoro después de todo, pero por mucho que hubiese querido interferir, como amigo y como capitán, Zoro no lo dejó, entonces no lo hizo, respetaba la fuerza de Zoro, respetaba sus decisiones, por lo mismo la culpa estaba corroyéndolo desde dentro, culpándolo al recordarle que él debió hacer algo, que él era el que debía proteger a sus nakamas, incluso de ellos mismos.
Su mano gomosa tomó a Sanji por el cuello de la ensangrentada camisa y el vapor surgió de inmediato, su piel tornándose disparejamente de un rosa brillante.
No dijo nada, Sanji sólo lo miró, pero ya no había un brillo en sus ojos. Luffy lo golpeó, el Gear 2 haciendo uso de toda la fuerza de su usuario. El suelo de madera del barco se quebró, las astillas salieron dispersas por todos lados y el grito de Nami se escuchó acompañado de los jadeos de sorpresa de los demás.
Luffy estaba simplemente encabronado con la situación. Había confiado en Sanji demasiado, había puesto en peligro su vida por salvarlo de las garras de su familia y de Big Mom, todo lo que pedía era que respetara a su nueva familia, que amara a su familia… Pero destruyó a Zoro, al hombre más sincero y leal de su barco.
Una lágrima resbaló de sus ojos cubiertos por la sombra de su sombrero de paja y sus labios se apretaron, curvándose mientras trataba de tragarse la ira.
“¡Luffy!” Nami exclamó, sus manos delgadas tomaron con fuerza la mano con la que Luffy había golpeado a Sanji, tratando de detenerlo de hacer algo más. “Sé lo que sientes, Luffy, pero no podemos hacer esto… Él no está mejor que nosotros y en esta ocasión… ¡En esta ocasión nuestra prioridad es Zoro!” La voz de Nami se quebró, sus ojos llenos de lágrimas captaron la atención de Luffy.
El corazón del capitán latió con fuerza y un tirón le hizo recordar que él era el capitán de la tripulación y no podía caerse mientras todos necesitaran de él. Miró una vez más a Sanji, incluso si la ira estaba quemándolo por dentro, simplemente negó y desvió la mirada para mirar a Nami de nuevo, sonriéndole suavemente y colocándole su sombrero como una manera de darle apoyo.
“No te preocupes, Nami, tienes razón, cuidaremos a Zoro, él estará bien. ¿De acuerdo? Iré a ver a Chopper para ver cómo está.” Nami miró a Luffy por un momento, ella sabía cuánto Luffy cargaba con eso, finalmente todos sabían que Zoro era casi un hermano más para Luffy como lo eran el mismísimo Sabo y el difunto Ace, no quería esa clase de dolor para Luffy, así que asintió con fuerza y acarició su mano una última vez.
Luffy asintió entonces y se giró para ver al resto de su tripulación.
“Franky, Jinbei.” Luffy llamó a su timonel y su carpintero, la seriedad en su mirada desesperada hizo que ambos se cuadraran, para Jinbei era como mirar de nuevo al Mugiwara no Luffy de Marineford, desesperado por lograr proteger a quien amaba. “Mantengan a Sanji encerrado… Nunca lo hemos ocupado realmente pero, usen el calabozo.”
Sanji miró desde el suelo a ambos hombres. Su cuerpo ensangrentado y adolorido, moviéndose a la inconsciencia, capturando apenas la esencia y la seriedad de las palabras de su capitán. No tenía sentido mantenerse más en pie y luchar, todo lo que quería era ver a Zoro, lo único que anhelaba su corazón era ver a Zoro, estar a su lado y poder tomar su mano una vez más, poder pedirle perdón.
¿Era siquiera suficiente? No estaba seguro de si algo de lo que pudiera decir serviría, había hecho demasiado daño al hombre, la sonrisa que Zoro le había dado mientras intentaba mutilarse aún recorría su mente, su pecho dolía simplemente recordando las lágrimas que Zoro había derramado por su culpa.
Pero incluso con todo eso, no había sido suficiente. No podía acarrear todo lo que había sucedido por su propia cuenta, él sólo necesitaba tiempo para aclarar su mente, todo lo que le había pedido a Zoro era tiempo para aclarar sus más profundos sentimientos por ambos mundos, sintiendo la necesidad de ocultar sus necesidades para la única persona con la que sentía que compartía el mundo entero sin siquiera haberse preocupado por los sentimientos que pisoteaba en su egoísmo.
Incluso reflexionar se sentía egoísta desde su lugar. Mientras Jinbei lo cargaba, mientras Franky lo esposaba, mientras ambos lo miraban con odio, él simplemente estaba tratando de justificar su carga de dolor, aun cuando no se lo merecía, no cuando sabía que Zoro estaba al borde de la muerte por su culpa, no cuando lo había destrozado.
Pero estaba seguro de que lo amaba. Lo amaba tanto, tan incapaz como era de decirlo, guardando sus palabras en lo profundo del corazón, de su negro, negro corazón. ¿Qué más daba? Era más fácil seguir a las damas porque su mente era fácil de activar, su corazón latiendo por la fácil y dulce atención, débil ante la morbosidad y estúpido para la emocionalidad, le era más sencillo actuar como un pervertido caballeroso que enfrentar a alguien que lo amaba de verdad, porque aun con todo lo que Zoro había ofrecido no había sido suficientemente bueno, no había sido suficiente, un bastardo egoísta anhelando más de lo que puede cargar, más de lo que puede soportar.
Una lágrima se formó en su ojo visible y sus dientes se apretaron tratando de no llorar. No lo merecía, era egoísta, era un maldito egoísta.
Pero de cualquier forma cayó.
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«¿Qué deseas?
¿Y qué aceptas?
¡Es uno o el otro!
Todavía no entiendo.
¿Qué es todo esto? No lo sé.
A mi lado, riéndote, tú eres… »
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Su ojo se abrió. El movimiento era lento y ligeramente irregular, su cuerpo trataba de estabilizarse para regresar, la consciencia entraba y salía, un borrón a la vista nada más. Gimió, su cuerpo adolorido y tieso, había un gran punzón en su entrepierna y su piel parecía traslucida a simple vista. Trató de enfocar, su alrededor se veía oscuro y vacío, de cualquier manera no podía reconocer dónde estaba o qué era lo último que estaba haciendo.
¿Quién lo había golpeado esta vez?
“¡Zoro!” Unos cascos pequeños tomaron su mano y lo ayudaron a sentarse mientras el respaldo de la camilla se levantaba con él. Su respiración se atascó un momento, su cuerpo descompensado intentando reunirse a la par de sus demás sentidos. “¿Cuántos cuernos ves?” Chopper preguntó, moviendo su cabeza de un lado al otro para asegurarse que la mirada de Zoro lo siguiera.
Zoro tosió un poco antes de intentar hablar. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente?
“D-Dos.” Zoro contestó, ronco y bajo, la sequedad de su garganta lo estaba matando, se sentía como después de Thriller Bark. ¿Contra quién habían peleado?
“Toma.” Zoro miró hacia su lado ciego. Robin estaba parada junto a él, extendiendo un vaso de agua para que pudiera beberlo.
Sus manos se movieron lentas, ella tuvo que tomar el vaso junto con él para evitar que lo tirara. Lo refrescante del agua se sintió como un alivio inmediato, el dolor desapareciendo poco a poco.
Carraspeó un poco su garganta y su único ojo se posó nuevamente en ambos miembros en la enfermería.
“Cuánto… ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?” Preguntó.
“Han pasado tres semanas.” Robin respondió.
Tres semanas… Había sido mucho tiempo. ¿Qué había sucedido?
“¿Qué es lo último que recuerdas?” Robin preguntó. Chopper miró entre ambos con una expresión preocupada, Zoro no debería presentar falta de memoria, pero el trauma pudo haber sido demasiado grande.
“Discutimos… Luego todo es borroso.” Zoro admitió. Desvió su mirada hacia el otro lado, avergonzado por lo que había hecho a las chicas.
Robin se acercó a él y se sentó a su lado, su mano derecha acarició la mejilla huesuda de Zoro y negó.
“No te sientas mal por eso… Has sido demasiado fuerte, ¿sabes?” Robin sonrió para él, pero seguía habiendo lástima en sus ojos.
“¿Qué sucedió?”
“Hum…” Robin tarareó, pensando la mejor manera de explicar la cruel situación. “Llegaste a tu limite, Espadachín-san.”
Zoro suspiró, no estaba totalmente seguro de lo que ella estaba hablando, pero lo intuía por su expresión turbulenta, algo malo había pasado, había pequeños fragmentos de sucesos poco estables que aparecían de repente en su mente, nada concreto, situaciones muy borrosas para conjeturar. De todas maneras Robin se tomó el tiempo de contarle todo lo que había pasado, desde lo más traumático hasta lo que sucedió después de que él casi moría. Su pupila miótica no se apartó de la expresión triste de Robin, él mismo no podía entender cómo llegó a esa situación.
Su cabeza latió con fuerza al recordar la expresión aterrada de Sanji, al recordarse a él mismo sosteniendo a Wadō Ichimonji contra su miembro.
“¡Ah!” Gritó. El dolor retornó con fuerza, su cabeza se sentía a estallar, un pitido sonó en sus oídos mientras su único ojo miraba a todos lados intentando estabilizarse, su entrepierna dolió de la misma manera mientras él mismo revivía los sucesos de ese día.
Se desmayó. Robin lo sostuvo entra su cuerpo, su mirada preocupada se enfocó en el pequeño doctor que estaba atendiendo con prisa a Zoro haciendo uso de su Human Point, recostándolo y palpando su cabeza con cuidado.
Lo siguiente que supo Zoro es que despertó con Luffy apretando su mano. Su ojo miró a su capitán, con un poco de culpa, Luffy se veía desgastado, había bolsas negras bajo sus ojos y un poco de vello facial no uniforme se veía en su descuidado rostro.
“Oi, Luffy.” Zoro llamó, su voz era un susurró aún más bajo que la última vez.
El joven capitán miró a su primer oficial con cansancio y con culpa. Zoro tragó saliva mientras tomaba asiento en la camilla y extendió sus brazos hacia Luffy. Ambos se abrazaron, ambos tenían tanto qué decir y no había palabras para explicar lo que había sucedido, no había forma de reparar lo que se había roto. Era doloroso para él, era egoísta también, su tripulación sufría por sus decisiones, no debía darle tantos problemas a Luffy y sin embargo aquí lo tenía, llorando la culpa amontonada que ni siquiera debía cargar.
¿No era eso incorrecto? Su ceño se frunció. Su mano se movió hacia su cabeza y sintió las vendas que Chopper había puesto ahí evitar que su cabello cayera sobre su cara. Maldijo dentro de su mente, maldijo a su corazón y a su debilidad. Lo maldijo a él, la cabellera rubia que rondaba su mente, la que hacía que sus emociones se descontrolaran, a ese idiota que lo había llevado hasta el límite porque él se lo había permitido.
Su corazón lloraba, herido y secuestrado, pero aun así incapaz de gritar todo lo que realmente quería.
Sólo podía consolar a Luffy mientras él mismo estaba castigándose por lo que había hecho. No valía la pena mirar al pasado, no cuando claramente habían sido muchos de sus errores los que habían llevado al límite a su tripulación igual. ¿Merecía permanecer ahí?
Dioses, él no lo sabía, no estaba en su mejor juicio para decidir, ni siquiera podía moverse bien por su propia cuenta. ¿No era egoísta pedir que sus palabras internas fuesen escuchadas? Mínimo una disculpa, mínimo una explicación. Por muy idiota que fuese, incluso con todo lo incorrecto que era, con todo lo que había pasado, algo en el fondo de su mente seguía clamando por Sanji, tal vez porque lo amaba, tal vez porque lo odiaba y probablemente porque necesitaba darle una resolución a todo lo que había pasado.
¿Quién sabía realmente? Él no. Él sólo negó con la cabeza y palmeó el hombro de Luffy para que se calmara. Quería salir de esa prisión de blanco y café y ver de nuevo el mar, aun si era de noche y sólo podía admirar el reflejo de las olas con la luz de la luna.
Quería ver a su familia y pedir perdón en el silencio de la oscuridad.
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«¡Hey mentiroso, Hey mentiroso!
¿Qué piensas sobre vivir sin mí?
¡Hey mentiroso, Hey mentiroso!
¿Qué es mentira y qué es verdad?
Debe ser un sueño que veo.
Es como vivir un Deja Vú de nuevo.
Tratando mucho de saber dentro de ti.
Tus ojos diciendo que sienten ese pensamiento.
El deseo de romperte.
Pero es un sueño imposible, (tan frío, tan frío).
Estás a mi lado sonriendo. »
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“¿Un favor?” Luffy miró a Zoro sin poder comprender.
“Necesito irme por un tiempo.” Los labios de Luffy temblaron y sus ojos se cristalizaron por las lágrimas.
¿No había sido suficiente con los dos años que se habían separado antes? Había sufrido tanto antes de verlos de nuevo en Sabaody.
“No será por siempre, regresaré.” La mano delgada de Zoro se posó en la cabeza de Luffy y acarició sus negros cabellos, había una sonrisa sincera en su rostro esta vez.
A Luffy no le gustaban las despedidas, no había sido nada feliz desde que las cosas se habían quebrado y aunque Zoro había salido de la enfermería después de dos semanas más de tratamiento y cuidados, las cosas no habían mejorado mucho. Cierto, sus nakamas estaban felices de ver a Zoro con ellos de nuevo, pero ese Zoro seguía sin ser el hombre vigoroso y serio con quien habían viajado antes. Y Sanji… Sanji ya no hablaba, era el cocinero aún y continuaba siendo un Mugiwara, él podía ver lo mucho que Sanji se estaba castigando, pero no lo perdonaba, no mientras la vida de Zoro siguiera siendo inestable, siguiera siendo dolorosa.
“¿A dónde irás?” Luffy cuestionó.
“Me he contactado con un viejo maestro… Volveré a la isla de Mihawk por un tiempo, es lo mejor para todos, al menos por ahora. Volveré siendo mejor, Luffy… Después de todo, te mereces al mejor espadachín, ¿no es así, Rey pirata?” Luffy le sonrió.
Eran las mismas palabras que había dicho cuando Mihawk lo había cortado en el pecho en su primer enfrentamiento. Confiaba en esas palabras, confiaba en Zoro.
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Las despedidas no se hacían mucho más fáciles entonces. Para ninguno. Nami lo abrazó fuerte, amenazando entre lágrimas con aumentar aún más su deuda si no volvía. Chopper se aferró a su pierna llorando y pidiendo que volviera sano y salvo. Usopp lo abrazó y no duró mucho antes de alejarse e ir a llorar con Chopper y Nami.
Robin igual lo abrazó, pero no lloró, había cariño y esperanza en su mirada mientras asentía y le deseaba un buen viaje y una pronta recuperación. Franky, Brook y Jinbei le desearon lo mejor, asegurándose de acariciar su cabello o palmear su espalda como una manera de apoyo.
Luffy fue con quien la despedida fue más complicada. Tan sentimental como lo era Luffy, reacio a aceptar que se vaya pero confiado de que le iría bien de cualquier forma y volvería. Él sacó una vibre card de su haramaki y lo mostró a sus nakamas con una sonrisa. Decidió ignorar las preguntas de cuándo había tenido tiempo de hacerla y prefirió romperla en varios pedazos para darle un trozo a cada uno de sus nakamas.
Todos lo aceptaron con cariño. Pero seguía habiendo un espacio vacío.
La larga cabellera rubia se movió con el viento del atardecer, mirando al resto de la tripulación desde el mástil del barco, fumando su cigarro sin atreverse a acercarse ni decir nada.
Observó sus interacciones, sus sonrisas, sus lágrimas. Sus labios se curvaron hacia arriba con tristeza, su corazón dolió, oprimido por su propia culpa irresuelta. Miró hacia el pequeño barco al lado del Thousand Sunny, a la mujer fantasma de cabello rosado que miraba a Zoro con tristeza en espera de que subiera junto con ella.
Finalmente miró a Zoro despedirse. El tiempo pareció detenerse mientras él caminaba, ambos sintiendo el tirón de la culpa y el rechazo ante la tristeza de la tripulación que anhelaba los buenos tiempos.
El trozo restante de la Vibre Card entonces voló, arrastrada por el viento hasta caer misteriosamente en las manos de Sanji y sus miradas se conectaron por un breve segundo.
Había tanto qué decir, tanto qué aclarar y aun así el tiempo seguía alejando sus posibilidades, dejándolo justificarse en su propio espiral de dolor. Mintiéndose tan cruelmente como había mentido antes.
Tomó el trozo de papel con fuerza y cerró sus ojos esperando que las lágrimas no lo traicionaran al caer.
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«¡Hey mentiroso, hey mentiroso!
Esto y todo es una mentira, ya basta.
Estoy cansado, tan cansado.
¿Qué piensas de vivir sin mí?
Mi corazón no puede soportar más esto.
(No queda nada por sangrar).
¡Hey mentiroso, hey mentiroso!
¿Qué piensas sobre vivir sin mí?
¡Hey mentiroso, oh hey mentiroso!
¿Hay alguna razón para permanecer aquí?»
