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A una semana de que diera comienzo una nueva edición de Gran hermano, el estudio se volvió a llenar de luces, cámaras y gente corriendo de un lado para el otro. ¿El motivo? La producción pensó que sería una buena idea reunir a los participantes de la temporada pasada en la nueva casa y mostrar al público las partes buenas que dejó el reality en una gala especial.
Hacer dos ediciones seguidas era arriesgado, pero la mala imagen del canal, requería medidas urgentes para poner el foco en cosas nuevas. El problema estaba en que los espectadores no confiaban al cien por ciento en el programa ni como se manejaban, y es que pasaron más de un año viendo lo afectados que quedaron algunos de los ex participantes. Por eso, la idea era reunirlos una noche y que cada uno se enfoque en las partes positivas, además de apelar a la nostalgia de sus antiguos espectadores y generar expectativas con la nueva edición.
Conseguir que todos acepten la invitación fue bastante complicado, pero después de amenazas y acuerdos, estaba todo listo para que los veinte ex hermanitos hagan su ingreso a la nueva casa.
Luces y cámaras enfocaron a Santiago Del Moro, que después del éxito rotundo con la edición pasada, renovaba contrato para la siguiente.
Hizo su estrada especial, como acostumbraba en las galas importantes y saludó uno por uno a los panelistas que se encontraban sentados a ambos lados del escenario principal. Después de un ida y vuelta de preguntas rápidas a cada uno, Santiago se enfocó en el motivo por el que todos estaban ahí. Ver a los ex participantes.
Dieron un pantallazo de la nueva casa, la producción le comunicó que estaba todo listo para que los chicos entren.
Volvieron al estudio y Santiago puso su mejor cara de misterio.
Bueno, supongo que todos estamos esperando ver a los ex hermanitos hacer su entrada por segunda vez a la casa más famosa del país.
–Pero ya –Asintió Gastón, entusiasmando.
–Con el permiso de Gran hermano, ¡Que entren todos! ¡Dale! –exclamó Santiago, señalando la gran pantalla de fondo.
La escena cambió, y pusieron la entrada de la casa como imagen principal. Uno a uno fueron entrando en el orden en el que habían ingresado hacía ya un año.
Agustín entró prácticamente pegado a Coty y no se separaron hasta que todos estuvieron instalados en el living. Algunos inspeccionaron la nueva casa y nombraban las diferencias con la anterior. Camila recorría cada espacio y arrastraba a Agustín para todos lados señalando cosas entusiasmada. Lo cierto era que a Agustín no le entusiasmaba para nada volver. Fue uno de los que ingresó a base de amenazas, igual que la correntina, que miraba todo con indiferencia y aburrimiento.
Romina, Julieta, Daniela y Thiago, revisaban la cocina y conversaban animados.
Nacho y Marcos se unieron al resto para conocer los nuevos cuartos. El salteño no aportaba mucho, simplemente sonreía y asentía a casa cosa que comentaba el rubio.
Lucila se unió a Coty, Camila, Juliana y Agustín en el patio.
–¿Qué raro todo no? –habló la rubia, mirando alrededor.
–No cambió mucho la verdad –Coty se encogió de hombros.
–Parece como más grande todo –aportó Camila, moviendo exageradamente los brazos dándole de lleno con su mano en la cara a Agustín, que emitió un quejido.
–Fijate Cami –la reprendió Juliana. La rubia hizo una mueca y se disculpó con Agustín que se refregaba los ojos, asegurándole que no era nada. Lucila y Coty se reían genuinamente por primera vez desde que ingresaron a la casa.
Santiago los dejó deambular unos minutos más y pidió permiso a Gran hermano para ingresar a la casa a través de la pantalla. Al escuchar su voz, todos se reunieron en los nuevos sillones.
El conductor pidió que los tres finalistas se sentaran en el medio y varios se tuvieron que mover de lugar, entre ellos Agustín y Coty que fueron a ubicarse en el brazo derecho del sillón entre Camila y Ariel. Ariel pasó un brazo por sobre los hombros de Agustín y escucharon atentamente a Santiago, que preguntaba cosas a cada uno.
Alfa y Romina tuvieron su momento, hablaron de la situación de Maxi, de Holder, la separación de Nacho y Lucila, el embarazo de Daniela e intentaron que Coty y Alexis se amigaran, logrando que la correntina recuperara su antiguo mal humor. Agustín puso una mano en su rodilla y le dio un suave apretón para tranquilizarla. El gesto no pasó desapercibido por nadie y Santiago atacó por ese lado.
–¿Agus?
–Si –contestó Agustín, retirando su mano de su amiga, pero ella al notarlo tenso, le devolvió el favor imitando su gesto, pero con él. Marcos miró la interacción y sintió un dolor en el estómago bastante familiar.
–¿Hay algo que nos quieras contar?
–No, la verdad.
–Bueno, ustedes no sabían nada, pero aquí las primeras semanas todos creían que Agustín y Coty iban a terminar juntos. Sus jugadas, cada interacción era espectacular, Pero bueno, Coty eligió al Conejo ¿No?
–Lo mal que hice –negó la correntina.
–¿Te arrepientes?
–Bastante.
–¿Eso quiere decir que ahora elegirías a Agus?
–Eso quiere decir que no estaría de nuevo con el Conejo –se adelantó Agustín, notando las intenciones de Santiago, que sonrió tenso.
–Si ustedes dicen… Pero Agus, contame, ¿qué te dejó de bueno haber entrado a Gran hermano?
Agustín ya tenía la respuesta bien preparada. Sus amigas y su comunidad. La respuesta pareció no convencer al conductor y fiel a su estilo buscó seguir incomodarlo.
–¿Ese no era tu lugar no?
–No.
–Se sentaba al lado del primo –aportó Thiago, sonriendo.
Ante la mención del salteño, Santiago vio la oportunidad perfecta para atacar.
–¿Marquitos? ¿Todo Bien?
Marcos se enderezó y trató de sonreí lo mejor que pudo antes de contestar: –Si, si Santi.
–Me alegro, pero no te preguntaba eso. ¿Todo bien con Agus?
Agustín frunció el ceño, pero no miró en su dirección.
–Todo bien con el primo –respondió Marcos.
–¿Agustín? ¿Qué pasó ahí? –Santiago señaló entre los dos. –Porque me acuerdo que siempre lo defendía a capa y espada. Eras su sombra. –lo pinchó Santiago, con una sonrisa inocente. Pero Agustín no le permitió incomodarlo y sin mirar al otro implicado, contestó: –Está todo perfecto.
El ambiente volvió a ponerse tenso y Alfa soltó una risita.
–Te están mintiendo Santi.
Milagrosamente, Santiago dejó pasar el comentario y se enfocó en otros participantes.
Marcos volvió a ser foco cuando lo involucraron con Julieta. Intentó ser tajante y negar todo, pero la chica sonreía y daba respuestas ambiguas que contradecían lo que decía el salteño. Miró de reojo a Agustín, que observaba la pantalla indiferente, casi parecía aburrido. Y él la estaba pasando tan mal, que casi deseó que su antiguo amigo saltara a defenderlo y negara todo por él como antes lo hubiera hecho.
Pero Agustín estaba tan lejos de tener cualquier atención con él… Ni siquiera lo miraba.
Marcos pensó que estaría bien con eso. Afuera no tenían ningún tipo de contacto y él se había convencido de que así estaban bien. Tenía tantas cosas que hacer y gente que quería su atención que Agustín parecía cosa del pasado. Pero ahí estaban otra vez, en el mismo lugar donde se conocieron y las emociones asaltaron a Marcos. Todo le llegó tan de golpe que se estaba empezando a asfixiar.
Ver que Agustín parecía tan tranquilo e indiferente a lo que él podría decir, le generó un malestar general.
Marcos sabía y entendía todo lo que había cambiado en un año. Agustín ya no formaba parte de su vida. Lo que no entendía era por qué le molestaba tanto que Agustín lo ignore de esa forma.
Santiago siguió la ronda de preguntas y los invitó a hacer un brindis. Después abandonó la casa prometiendo que unos minutos regresaba para despedirlos.
Todos se sentaron alrededor de la gran mesa a comer de la gran picada que les había mandado la producción. Hablaban a los gritos y reían. Agustín terminó sentado en la punta de la mesa, desparramado en la silla mientras se reía a carcajadas de algo que le había dicho Nacho. El rubio seguía hablando mientras gesticulaba con las manos y Agustín no paraba de reír.
A Marcos se le quitó el hambre. Tanto era su malestar, que Lucila al notarlo, dejó de sonreír y abrazó a Agustín desde atrás usando su pelo para tapar su cara y murmurar: –Andá a hablarle. No seas malo.
Agustín se incorporó, pero no la alejó.
–¿Eh?
–No te hagas el tonto conmigo. ¿Qué van a decir afuera?
Lucila volvió a su lugar y negó ante la expresión de interrogación de Nacho. Agustín se puso serio de golpe.
–Dicen tantas cosas que me da igual.
Dicho esto, se levantó y se encaminó al patio, dejando perplejo a Nacho y Camila, que no entendían el cambio de humor.
–¡Agus! Vení negri. –lo llamó Lucila, compungida. Agustín hizo un gesto restándole importancia y abrió la puerta para salir.
Marcos no dejó de verlo en ningún momento y se sonrojó al ser pillado por Lucila, que levantó ambas cejas y le hizo una pequeña seña con la cabeza, para que lo siga. Sin perder el tiempo, el salteño se levantó y lentamente fue hacia afuera.
La rubia juntó sus labios intentado ocultar la sonrisa que amenazaba con escapar.
Esos dos no daban más de boludos.
Agustín era bastante bueno ignorando las miradas tristes que le hacía Marcos. Le había tomado mucho tiempo y un poquito de resentimiento, lograr que todo lo que haga o diga Marcos le diera igual. Aunque eso no quitaba que se sintiera un poco inquieto ante la actitud del salteño. Y es que lo miraba de una forma bastante particular, muy conocida para Agustín. Por poco y se olvida de las frías respuestas que le dio por mensaje antes de que se dejaran de hablar definitivamente.
Casi lo convence.
Soltó un suspiro y miró hacia las cámaras recordando cuando le hablaba a su público para hacerlos parte de sus jugadas. La mayoría de ellos se mostró disconforme cuando les avisó de la gala especial. Lo querían bien lejos de ahí y ciertamente él también prefería estar en cualquier lugar, antes que en esa casa.
Estaba tan perdido en sus pensamientos, con la vista fija en una de las cámaras, que no escuchó llegar a Marcos.
–Ya no estamos jugando. –habló el salteño. Agustín pegó un saltito en su lugar y lo miró. –No tenés que hablarles a las cámaras.
Marcos le sonrió, metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón.
–Estas no están grabando. –señaló Agustín por instinto.
El otro chico las observó detenidamente, recordando a detalle cuando Agustín pasó toda una tarde explicándole cuando una cámara los grababa y cuando no.
–Es verdad –asintió, volviendo la vista a él. Pero Agustín miraba a cualquier parte menos a Marcos.
¿Qué hacés acá? Quería preguntarle, pero en su lugar, se aclaró la garganta y prefirió escapar.
–¿Nos llamaron?
Agustín dio un paso al costado, dispuesto a irse, pero Marcos lo frenó.
–¿Podemos hablar? –Agustín soltó el aire y se masajeó la frente, frustrado. –¿Por qué me esquivas?
–No te esquivo.
–Sí, me estás ignorando. Ni siquiera me mirás.
Esta vez, Agustín si levantó sus ojos hacia él y su mirada era tan fría que Marcos casi baja la cabeza. No podía creer el nivel de caradura del salteño.
–A ver Marcos, vos y yo hace rato que no tenemos nada que me haga pensar que te puedo hablar, mirarte o lo que sea. Además, nos estoy haciendo un favor ahorrándonos hate.
–¿Es por eso? ¿Me estás ignorando por lo que pueda decir la gente?
Ah, bueno. ¡Cartón lleno!
Agustín soltó una risita irónica y lo miró levantando las cejas como diciendo ¿En serio vos me estás haciendo esa pregunta?
Tenía varias respuestas a eso. Una más hiriente que la otra, pero prefirió ahorrarse el disgusto.
–No quiero problemas. –dijo simplemente.
Marcos abrió la boca para contestar, pero la puerta se abrió de golpe y el torbellino de Camila llegó hasta Agustín y lo abrazó. Marcos la odió otro poco.
–Agus, estamos por ir al confesionario –habló la chica emocionada. Agustín le sonrió cálido y en parte agradecido por darle una excusa para irse.
–¿En serio? Yo también quiero.
La rubia lo arrastró hacia dentro y Marcos los vio irse con ojos anhelantes. Un año atrás, hubiera dicho cualquier cosa con tal de alejar a Agustín de cualquiera que quiera acaparar su atención y el chico lo habría seguido porque él era así. Daba cualquier cosa por verlo bien y lo ponía por sobre cualquiera. Ahora Marcos creía que Agustín podía elegir a Holder antes que a él.
Parpadeó para ahuyentar las lágrimas y suspiró mirado al cielo estrellado.
Faltaba poco para salir y podría volver a su vida de siempre, donde él y Agustín volvían a ser dos extraños.
Lo que ninguno de los dos sabía, era lo que les esperaba al salir. Esas cámaras que los acompañaron tanto tiempo y que tan bien creían conocer, habían grabado cada palabra, cada gesto de los dos en su pequeña discusión.
Las redes estaban en llamas.
Los portales hambrientos de una buena primicia.
Y la producción no cabía de la dicha ante tremendo material. Nada como un buen enfrentamiento para promocionar la nueva edición y revivir el show.
