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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-10-31
Words:
1,576
Chapters:
1/1
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4
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81
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573

Erling no quiere escuchar a su padre

Summary:

Erling tiene problemas con su padre que nadie sabe y lo superan pero por suerte esta Julian para apoyarlo.

o

¿Erling tiene daddy issues?

Notes:

Vi en vivo este partido de champion y en un momento muentran al padre de Haaland, de verdad parecia que se le fue el alma del cuerpo. En teoria, si jugo mal el noruego, pero no festejo ni el segundo gol.

En base a eso, surgio esta historia. Que no creo que haga falta decir que es solo ficcion, estoy segura que Haaland y su papi tienen una linda relacion.

Disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Erling no quería escuchar a su padre, porque sabía exactamente las palabras que saldrían de su boca.

 

Otra vez solo vine a verte fallar.

No estás concentrando.

Gastas energía en tonterías.

Eres patético. 

Tienes que esforzarte más, dar más, practicar más, más, más.

 

Este era su discurso hace ya varios partidos y Erling poco escuchaba a su padre que gritaba rojo de furia, solo lo observaba silencioso, queriendo que la tierra lo tragara.

Él no estaba en buena racha, ni en el City ni en la Selección, incluso había quedado fuera de la Eurocopa. 

Su padre era consciente de la situación de su hijo y a cada minuto le repetía lo malo de todo esto, cómo afectará sus estadísticas, como daña a su equipo y en especial a su país. Lo inútil que es por perder oportunidades tan claras bajo el arco. 

 

Erling estaba cansado. Lo había dicho ya frente a las cámaras, enojado por perder la oportunidad de la Eurocopa, a veces estaba cansado de su propio nombre, pero más que nada de esta parte de ser hijo de Alf‑Inge Haaland.

 

El rubio a veces deseaba ser otra persona, ser cualquier persona, poder vivir una vida tranquila o al menos poder jugar sin tanta presión. Tiene 23 años y aunque esté en su prime, como muchos dicen, le gusta más jugar fútbol que romper récords y ganar. No lo mal entiendan, ganar es importante, pero no cuando es lo único que te define como jugador. Porque ser 9 es difícil, más uno de su categoría, que se destaca solo por sus goles. Porque cuando no aparecen, automáticamente eres un fracaso. Odia eso.

 

En este punto, viendo las venas marcadas en la frente de su padre por la furia, después de hacer dos goles en la Champions League contra Young Boys, se dio cuenta de cómo sería el resto de su vida futbolística y también lo odia.

 


 

Durante la cena en el hotel, después del partido contra Young Boys, Erling se dispuso a escuchar a sus amigos reír para poder distraerse. La voz de su padre resonó en su mente, evitar tus problemas no harán que desaparezcan, los empeoraran y tu también en el camino, pero quiere olvidarse de él y de sus palabras.

En cambio, se concentra en su alrededor, en como Jack y Phil reían de tonterías, como Rodri y Bernardo discutían con mucha seriedad lo sucedido durante el partido, aunque poco duro antes de él el español suelte una tontería que terminó en risas. El ambiente era tranquilo y se respiraba victoria, aunque el rubio no sentía eso. 

 

De pronto escuchó a lo lejos una risa y enseguida supo que Julián estaba cerca.

Era una nueva habilidad adquirida el encontrar y saber dónde estaba el argentino siempre. Le gustaba Julián y quería ser un buen amigo para él. Verlo todos los días lo confortaba, porque siempre era amable, positivo, le trasmitía paz así que disfrutaba mucho cuando tenían la oportunidad intercambiar algunas palabras por más simples que sean.

Cuando Julián entro al comedor camino directo a sentarse al lado de Erling, todavía con el teléfono en la mano, hablando por videollamada. Julián sonreía radiante mientras se despedía y cortaba la llamada.

 

—The family? —indago, ansioso de saber que tenia para contarle Julián.

—Eh, sí.

—They are happy?

—No, eh, my dad was angry —respondió entre risas el argentino. 

—Oh, my dad is also angry, he really hates me today —respondió sin pensar el rubio, pero al ver el rostro desconcertado de Julián se dio cuenta que hablo de más.

—Eh…No, eh, he didn't like the referee. Erling, you dad…

 

Erling se sintió idiota en ese momento, pero por sobre todo sintió mucha vergüenza, que invadió su rostro con un color rojo fuerte y un temblor intenso en sus manos. Vergüenza por contar su vida privada con tanta facilidad, ni los periodistas mal intencionados lo habían logrados, pero Julián sí. La necesidad de querer ser cercano a él, querer ser más su amigo lo hacía vulnerable, se sentía un idiota.

 

Sin disculparse, ni dar explicaciones, Erling se levantó con brusquedad, haciendo que algunos platos y vasos chocaran y alertando a todos de la situación. La mirada de todos a su alrededor le cayó como un rayo. El agobio y las náuseas, de repente volvió a ser el niño al que su padre siempre le gritaba en los entrenamientos mientras los demás sentían pena por él. La vergüenza y el miedo lo comían de manera profunda y solo le quedo huir.

 


 

Julián se dio cuenta que aquella no fue su mejor reacción, tuvo que actuar más natural porque fue obvio que hizo sentir incómodo al noruego. Se sintió aún peor cuando entendió todo aquello, luego de que Sergi le mostró un video de lo exigente que era el padre de Erling. 

 

¿Qué le pasaba a ese hombre? Su hijo hizo dos goles, porque estaba tan lúgubre en la tribuna. Le dio ganas de echarle más de una puteada a ese tipo. 

No era tonto, sabía que Erling no estaba en su mejor momento, eso era por la falta de varios de sus compañeros y las pocas oportunidades que el equipo le creaba, cosa que ahora Julián intentaba compensar. Pero de todas formas el padre de Erling era un pelotudo, pensó el cordobés.

 

—Hombre, ese tipo me asusta—afirmó el español pausando el video en el rostro de Alf‑Inge Haaland—. Parece que se le ha ido el alma del cuerpo.

—Si no me mostrabas no te creía.

—Te dije tío, el padre de Erling en cualquier momento bajaba al césped a abofetear a cualquiera.

—Ahora entiendo —Julián se levantó decidido de su cama.

—¿Qué cosa?

—Voy a ver como esta.

—¿Tú irás a qué?

 

Julián entendía la sorpresa de Sergi, él no es de los que hablan mucho y menos en inglés, pero se sentía obligado a ver cómo estaba el noruego. Y no negaría que se sentía culpable por hacerlo pasar vergüenza por una situación familiar que él desconocía. 

Su familia siempre fue muy unida, pero no era boludo, entendía que no todas las familias eran como la suya. Solo no entendía como podía Erling estar siempre feliz y animado viviendo una situación así. No podía imaginar que alguien pudiera hacerlo sentir mal o siquiera hacerlo pensar que no era de los mejores.

 

Julián tocó la puerta sin pensarlo mucho, pero cuando Erling la abrió, con solo verlo supo que tenía que haber ensayado un discurso. El noruego salió con el pelo mojado, olía a jabón y perfume, lo que distrajo un poco al argentino. Noto los ojos apenados del más alto, su rostro cansado y su semblante triste. Necesitaba hacerlo sentir mejor, devolverle su sonrisa.

 

—Er, eh… eh —Julián se estiró el borde de la camiseta, estaba nervioso y no encontraba las palabras correctas.

 

Sin muchas ideas, sacó su teléfono en busca de apoyo para poder saber que decir, en su mente, Julián podía escuchar a su profesora de inglés decirle que se vuelve más vago de esa forma.

 

El noruego lo observaba ansioso, no sabía que sucedía. Se sentía fatal por el espantoso día que había tenido, por los gritos de su padre, por pasar vergüenza frente a sus compañeros y en especial frente a Julián. Y luego, de pensar lo peor mientras se duchaba, se aparece Julián enfrente, todo sonrisa queriendo hablar con él.

 

No sabía si quería desaparecer o seguir mirando a Julián para distraerse un rato más. Se sintió patético por pensar eso.

 

—Er, you are not a failure —susurro el cordobés inseguro de su pronunciación.

—What…?

—You-are-not-a-failure Erling —dijo lentamente esta vez, para asegurarse que entienda.

 

Y el rubio realmente entendió sus palabras, pero no entendía el por qué. 

Julián intentó leer la expresión de Erling, para saber si hacía lo correcto. Los ojos celestes, siempre alegres e inquebrantables, eran ahora los de un niño asustado al que le habían robado un secreto. Uno que creyó que ocultaba bien.

 

—Erling, good job —continuó Julián, con una sonrisa sincera porque así lo pensaba realmente.

—Stop.

—You are amazing Er.

—Please Julian, stop —agobiado, Erling le tapó la boca al argentino con una mano, podía sentir la sonrisa de Julián entre sus dedos. Trato de no soltar lágrimas en el pasillo como un niño tonto.

 

Julián quería hacer sentir bien al noruego, la razón principal por la que decidió tocar la puerta fue para subirle el ánimo y hacerle saber lo valioso que es para el equipo. Le gustaría también decirle lo buena persona que es, que solo tiene una mala racha, que se iba a esforzar más por él y que no creyera todo lo que dicen. A no ser que sea a él, porque es increíble. Pero tendría que seguir practicando inglés para hacerle llegar sus sentimientos.

 

Ahora solo quito la mano de Erling y limpio un poco sus lágrimas. Buscaría formas de hacerle saber al noruego lo que pensaba.

 

A pesar de su altura el rubio se sentía pequeño y solo, pero en cuanto sintió los reconfortantes brazos del argentino alrededor de su cintura, la calma y el alivio llegaron.

La voz de su padre, que estuvo todo este tiempo resonando en su mente, lentamente se fue apagando y era reemplazada por las dulces frases de Julián, por su amabilidad y por sus brazos alrededor de su cintura estrechándose en un abrazo cálido.

 

Podía sacrificar sus buenas rachas si eso significaba escuchar más a Julián.

Notes:

Espero les haya gustado, siganme que cada tanto hay mas de estos dos o de otros (se vienen cosas de Argentina).
Comenten y dejen su corazoncito.
Muchas gracias.