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Reencuentros destinados

Summary:

A veces, no importa el rumbo que tenga nuestra vida, cuando el destino decide que debemos conocer a una persona, hará lo necesario para que ocurra, o al menos ese es el caso de Baji y Chifuyu; y aunque hubo ocasiones en que sus lazos no fueron mas allá que un sencillo encuentro sin repetición, en otras la relación parece que pudiese ser eterna. “Estás aquí… realmente pudiste volver a encontrarme…”

Notes:

Contenido: Yaoi, drama. Mención de muchas líneas cannonicas del manga: Baji con el cabello teñido, la del incidente del Halloween sangriento, y la última del Happy Ending con mención sobre que Chifuyu recuerda todo. Este fanfic pertenece a la mini serie dedicada al BajiFuyu Week 2023.

Pareja: BajiFuyu (Baji Keisuke x Matsuno Chifuyu)

Disclaimer:
Hikari: Las fechas me están comiendo pero necesitamos seguir en esto. Les dejo otro fic no sin mencionar que ni Tokyo Revengers ni sus personajes me pertenecen, todo es auditoría de Ken Wakui, por lo que este fanfic fue escrito únicamente por ocio y no tiene fines lucrativos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

#BajiFuyuWeek2023, 4 – Original Timeline AU / "We’ll see each other again, won’t we?" (Línea de tiempo original AU / "Nos volveremos a ver, ¿no?")

Después del impacto de aquel puñetazo en su estómago, Chifuyu se vio obligado a doblar su cuerpo en busca de una bocanada de aire. Sus rodillas temblorosas lo llevaron hasta el suelo mientras jadeaba con gran dificultad. Tratando de alzar su vista hacia su oponente, intentó volver a ponerse de pie, pero era como si sus extremidades hubiesen perdido todo tipo de fuerza.

Enfocando su vista borrosa, ni siquiera notó un rastro de satisfacción en su contrincante, que lo miraba indiferente desde arriba mientras pretendía dar media vuelta para largarse del lugar.

- ¡No… huyas…! - trató de gritar, pero ni siquiera la manera en que retorcía su cuerpo era capaz de hacerlo levantar.

Con ojos fríos, el chico de pie, aquel de cabello negro, pero con puntas teñidas de rubio, de piel morena y ojos castaños que con la luz del ocaso parecían tornarse rojizos, de colmillos prominentes que se asomaban por las comisuras de sus labios, vistiendo ropa informal a pesar de encontrarse dentro de territorio escolar… Baji Keisuke de segundo año lo vio como si fuese el más simple de los insectos que ni siquiera valía la pena pisotear.

-Mierda… realmente es demasiado aburrida la escuela- murmuró más para sí mismo mientras pasaba su mano por su melena alborotada. Ya ni siquiera le dio una última oportunidad a Chifuyu antes de darse la vuelta y comenzar a marcharse a paso lento.

- ¡La siguiente vez que te vea…! - gritó, a pesar de que ni así fue capaz de detener al mayor- ¡Me voy a encargar de ti!

Chifuyu no pudo hacer otra cosa más que perderlo a la lejanía. Cuando al fin estuvo fuera de su vista, el grupo de chicos que siempre estaba detrás de él (y del que, por cierto, ni siquiera sus nombres recordaba) lo rodearon para tratar de auxiliarlo, aun cuando el rubio parecía no poder desviar su atención del camino por el que se había retirado el otro joven.

Él era el más fuerte… o al menos eso había estado pensando hasta que los rumores de un chico de segundo año, de gran fuerza y que fue capaz de librarse él solo de una pandilla conocida como los Black Dragons, llegó hasta sus oídos. Al parecer, era inusual que dicho adolescente se presentara a la escuela y, cuando lo hacía, ni siquiera vestía el uniforme escolar.

Creyendo que se trataba de una obra del destino, Chifuyu logró encontrar al chico poco después de enterarse de su existencia, y sin perder más el tiempo, decidió enfrentarlo cara a cara, creyendo que al fin había encontrado un orgulloso oponente con el cual poner a prueba su propia fuerza… pero jamás creyó que el tal Baji fuese realmente tan violento.

No duró ni siquiera cinco minutos antes de caer al suelo. No tuvo ni siquiera la oportunidad de atestarle el primer golpe. Y sin siquiera lograr hacerle cambiar aquel aburrido gesto que tenía tatuado en su rostro, es que Baji se largó luego de vencerlo de la manera más patética posible.

Al fin logró erguirse levemente, sintiendo aun sangre dentro de su boca, se limpió la tierra que quedó en su cara al caer, prometiéndose internamente que buscaría seriamente su revancha.

La próxima vez que lo viera, Baji Keisuke caería ante él.

“Apenas vuelva a verte, me las pagarás”, pensó enfadado más consigo mismo que con el otro joven, comenzando a planear las maneras en que podría volverse más fuerte.

Sin embargo, lo que Matsuno Chifuyu aun no sabía a estas alturas es que aquel día sería el último en que Baji Keisuke asistiría a la escuela secundaria.

No se le volvió a ver nunca más en la escuela ni en los alrededores. Y como si se tratara de una simple leyenda urbana, el joven se desvaneció entre los rumores.

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Utilizando sus propios pies, Chifuyu se encargaba de balancearse a sí mismo en aquel pequeño columpio. Su cuerpo adolescente apenas si cabía en el reducido espacio, sin embargo, el chirrido del metal cuando se hacía de atrás para adelante tenía cierto toque que le resultaba tremendamente melancólico.

Miró hacia el cielo, descubriendo las nubes grisáceas que se encargaban de ocultar cualquier tipo de rayo solar que se atreviera a interferir. Y a pesar de sentirse como solo una escena cliché de cualquier best seller adolescente, no pudo negar que aquel clima solo adornaba más su bajo estado de ánimo.

Por lo general, él no era un chico que le gustara mostrar su lado sentimental, pocas eran las personas que podían llamarse testigos de haberlo visto destrozarse verdaderamente. Su amplia sonrisa, su temperamento optimista y su invaluable valor eran características de aquel chico risueño que leía mangas shoujos y creía poder comunicarse con los animales.

Aún así, sabiéndose completamente solo, se dio el permiso de tal vez dejar a flote un poco de sus emociones, recordando ávidamente la plática que logró tener hace tan solo un par de días con su compañero, Hanagaki Takemicchi.

-Con que viene del futuro, ¿eh? - dejó salir cuando la primera gota de lluvia se estampó en su rostro, simulando una falsa lagrima recorriendo sus mejillas hasta caer por su barbilla- Vino específicamente para salvar a Hina-chan… para remediar su vida y ser un poco más feliz. Dios, ese chico es realmente sorprendente.

A pesar de mantener su fina sonrisa, sus labios comenzaron a temblar y no tardó mucho antes de que aquel gesto cambiara, teniendo que apretar duramente su quijada para no soltar un lamentable sollozo.

Admiraba demasiado a aquel chico, el pequeño llorón que estaba destinado a ser el héroe de todos. Y, al mismo tiempo que lo respetaba, odiaba que la envidia brotara en paralelo… esa clase de envidia que parece consumir su corazón y desear, por unos breves momentos, la suerte que tenía él de poder regresar a su pasado.

Porque de haber tenido aquel poder él, tal vez podría regresar a aquel catastrófico 31 de octubre, evitaría que Baji Keisuke fuese apuñalado por la espalda, le quitaría la navaja de sus manos para así no dejar que la herida de su vientre permitiera que falleciera de manera tan abrupta esa tarde.

Se empujaría a si mismo a tener que golpearlo, si es que fuese necesario, haría cualquier cosa con tal de no perderlo y lograr salvarlo. Disculparse, llorar con él, escuchar sus estúpidas excusas, ayudarlo para convencer a Mikey que lo dejara regresar a la ToMan…

Haría todo lo posible para no perderlo otra vez.

Pero él no era Takemicchi.

Se golpeó fuertemente los ojos con ambas palmas, tratando de detener lo que ahora verdaderamente era llanto, el cual se camuflaba perfectamente con la lluvia que comenzó a caer a su alrededor.

Su cuerpo temblaba involuntariamente, debido a la humedad de su ropa y al frío que comenzaba a calar hasta sus huesos, pero ni siquiera esas terribles sensaciones eran suficientes para que se moviera de su lugar, en cambio, la frustración y la agonía que crecían de su pecho lo empujaban a caer cada vez más en desesperación.

Se permitió soltar un grito cuando el ruido del agua cayendo era lo suficientemente alto para no atraer la atención de cualquiera que pudiese estar cerca. Su cuerpo resbaló desde el pequeño asiento y sus rodillas se estamparon contra el barro de la tierra enlodada.

Nada de eso le importó.

“Quiero verlo. Quiero volver a encontrarme con él” pensaba, dejando caer fuertemente sus puños mientras encogía su pequeño cuerpo, como si con ello pudiese también desaparecer todo su dolor.

“Se supone que solo sería una pelea más. Que luego de aquel día volveríamos a comer yakisoba peyoung juntos. Que volvería a estudiar contigo…”.

“Se supone que no sería la última vez que nos veríamos”.

“¿Por qué no puedo ser yo el que viaje en el tiempo?”.

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“¿Qué esta… pasando?”.

Tal vez era debido a la conmoción provocada por aquel golpe en su cabeza. Sin poder encontrar las fuerzas necesarias para levantarse, el mundo enmudeció por completo a su alrededor al mismo tiempo que su cabeza era inundada por imágenes que pasaban por sus ojos a la velocidad de la luz.

Su mente, aturdida y confundida, no era capaz de seguirle el paso a todos aquellos recuerdos… memorias que por lo poco que podía entender, se supone que serían suyas, a pesar de no tener conocimiento de haberlas vivido.

¿Él? ¿Unirse a una pandilla? ¿Admirar a una persona completamente nueva? ¿Guardarle respeto y lealtad a un joven tan poco racional?

Convertirse en su mano derecha. Pelear juntos, espalda a espalda. Recibir una paliza de su parte. Conocer a un joven llorón. La pérdida más desgarradora y difícil de su vida. La enorme espalda de aquel héroe que a pesar de ser el más débil, juraba poder proteger a todos.

Verlo caer una, y otra y otra vez. Cometer errores y, a pesar de todo, seguirse levantando.

Alguna vez sus emociones lo empujaron al punto de lastimarlo, al punto de recriminarle y culparlo de cosas que ni siquiera él podía cargar por su propia cuenta.

Disculparse y pelear con él nuevamente… no obstante, otra vez fue testigo de una muerte frente a sus ojos, de la sangre que se acumulaba en charcos enormes debajo de un cuerpo mientras alguien más le tomaba con desesperación de la mano mientras gritaba su dolor.

Todo pasó en un solo instante. Su vida dio un giro de 180° sin poder regresar a la realidad.

Un extraño levantaba un arma de madera para atestarle el siguiente golpe. Ni siquiera tenía la oportunidad de defenderse. Creyó que todo estaba perdido, que todo solo se trataba de una ilusión de su mente para mantenerlo despierto mientras esperaba el golpe final.

Golpe que jamás llegó, ya que la silueta de una persona se interpuso, golpeando en el momento preciso a su contrincante y provocando que éste se estrellara en la pared más cercana.

El grupo de jóvenes que le rodearon parecieron impresionados ante tal hazaña, mientras el chico se encargaba de desatar su cabello mientras sonreía con burla.

-Soy el capitán de la 1ª división de la Tokyo Manji: ¡Baji Keisuke! - se presentó y, a pesar de la impresión y la sorpresa, los oponentes, como simples presas del pánico y el miedo, trataron de hacerle frente.

Chifuyu solo veía desde abajo como caían uno a uno, quedando completamente inconscientes sobre el frio pavimento. Y de repente, todo cobro sentido para él.

-Baji… san…- murmuró justo cuando el último delincuente caía con los ojos en blanco a su lado.

Los pocos que aún se mantenían despiertos, trataban de levantarse, arrastrándose como medida de precaución para escapar del fuerte adolescente.

- ¡Escúchenme, malditos imbéciles! -Comenzó a gritar, viéndolos desde arriba- Si golpean a uno de mis amigos, mi pandilla completa vendrá por ustedes. Mas les vale recordarlo- apuntó con su dedo pulgar a Chifuyu, quien aún permanecía a sus espaldas- él es mi amigo. La próxima vez que lo toquen, ¡haré desaparecer a su pandilla completa!

Tras la directa amenaza, los jóvenes salieron despavoridos, cargándose los unos a los otros mientras huían entre patéticos tropezones.

Cuando al fin se quedaron solos, la mirada curiosa de Baji inspeccionó desde aquel ángulo al rubio, quien no parecía capaz de gesticular cualquier sonido, manteniendo su boca entre abierta y sus ojos fijos en el mayor. Finalmente, el pelinegro sonrió con algo parecido a ingenuidad, contrastando a las gotas de sangre ajenas que habían manchado levemente su rostro- ¿Te gusta…?

-Baji… san…- sin poder controlarse, las lágrimas se desbordaron con intensidad de sus ojos. Trató de detenerlas, soltó una risita nerviosa, pero, aunque pasara sus muñecas sobre sus mejillas, los ríos de agua salada no paraban de fluir. Por fin, entre oculto con sus propias manos, soltó un lastimero sollozo.

- ¿P-Porque estás llorando? - sonaba preocupada la voz de Baji, acuclillándose a su lado, tratando de calmarlo- ¿En verdad te pegaron tan fuerte? Eres bastante débil si lloras por estas cosas- tratando de parecer amable, la grande mano de Baji alborotó torpemente las hebras teñidas del chico, que solo reacciono agravando su llanto.

-Estás aquí… realmente pudiste volver a encontrarme…- Keisuke ladeó confundido su cabeza, tratando de comprender las extrañas líneas del chico, a quien, por cierto, desde su punto de vista solo había visto una vez esa misma tarde mientras le ayudaba con algunos ejercicios de ortografía.

Por otro lado, como si se tratara de un valde de agua fría, extrañas imágenes seguían brotando del cerebro de Matsuno. A pesar de estar asustado y confundido, sin saber las razones por las cuales él estaba viendo todos aquellos recuerdos… de inmediato lo supo.

Takemicchi al fin había logrado encaminarse hacia el final correcto.

¿Como lo había echo? ¿Como es que logró hacer tal hazaña? Ahora mismo ni siquiera lo conocía, pero sentía tantas ganas de agradecérselo. De llorar junto con él y agradecerle por regresarle a la persona más preciada de su vida.

“Lograste traerlo de vuelta”.

-Oye, oye, deja de llorar- utilizando su mano, levantó el flequillo alborotado del chico, Chifuyu a pesar de tratar de seguir llorando, pudo esbozar una tierna sonrisa- Con esa patética cara me recuerdas a un amigo, él también es un llorón de primera categoría- sonrió de medio lado, tal vez tratando de utilizar las malas bromas para calmar a su recién conocido.

-Yo no suelo llorar frente a los demás tan fácil- haciendo un puchero, el rubio recargó aún más su rostro para sentir con mayor claridad el contacto de su mano.

Era grande, rasposa y también cálida.

-Nos volvimos a encontrar, Baji-san- Baji volvió a parecer confundido ante la misma afirmación, sin embargo, no tuvo tiempo de hacer cualquier tipo de cuestionamiento antes de que el rubio volviese a hablar- ¿Te gusta la yakisoba peyoung?

-Me encanta- “lo sé”- Tengo unos paquetes en casa. Vayamos a comer.

-Mitad y mitad entonces- al fin ambos lograron levantarse. La mano de Baji dejó de tocar el rostro de Chifuyu y aunque pretendía ocultarse en el bolsillo de su pantalón cuando comenzó a andar, el rubio fue más rápido, tomándola con la propia mientras daba un suave apretón.

Keisuke parecía dispuesto a quejarse, pero al notar aun el deprimente estado del otro, sencillamente se hundió de hombros mientras regresaba el apretón.

“Vaya chico más raro que he conocido el día de hoy” pensó, subiendo las escaleras que los llevarían hasta el quinto piso de aquel complejo de departamentos. “Pero bueno, ToMan está repleto de chicos igual de raros que él, así que está bien”

Notes:

Hikari: Al principio creí que era fácil escribir esto, pero al final hice mil correcciones para que fuese un escrito entendible y ni así estoy segura de haberlo logrado. En fin, solo espero que no les haya parecido demasiado confuso y me despido para regresar hasta el día de mañana. ¡Bye bye-perowna!

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