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#BajiFuyuWeek2023, 5 – Holiday / Match Outfit / Disney AU / “I'm the one who should be saying 'thank you” (Vacaciones / Compartiendo Outfit / Disney AU / “Soy yo quién debería decir “gracias””)
Baji sintió un tic atacar su párpado derecho como sinónimo de la caída de sus niveles de paciencia, aun así, pretendía mantener aquella sonrisa forzada que se mostraba en su rostro lo mejor disimulada posible. Afortunadamente Chifuyu, a quien tenía un lado, no parecía haberse dado cuenta de sus increíbles, parecía completamente convencido de la veracidad de aquella mueca.
Keisuke no podía evitar preguntarse repetidamente las razones que lo habían llevado hasta ahí, y lo peor de todo, es que no tardaba demasiado en recordar las respuestas a cada una de sus preguntas.
Y es que aquel día era 19 de diciembre, el cumpleaños de Chifuyu.
De su pequeño, tierno y siempre leal novio. Del chico que le protegió la espalda múltiples veces, de quien estuvo ahí cuando despertó en el hospital, luego de estar al borde de la muerte. De quien se había esforzado durante años para construirle un lugar seguro donde poder trabajar. Del chico que se quedaba haciéndole compañía durante las noches en vela debido a las extensas tareas y reportes universitarios, a pesar de tener a la mañana siguiente responsabilidades laborales.
Del chico con quien contadas veces había logrado tener una cita aceptable y a quien le prometió cumplir cualquier deseo que él tuviera para aquel día.
Su hermoso Matsuno Chifuyu estaba cumpliendo 27 años de edad.
- ¡Baji-san, Baji-san! - gritaba eufórico, como si en realidad se tratase de un niño pequeño en una tienda, tomando de los pequeños estantes artículos al azar mientras de sus ojos salían resplandecientes brillos que denotaban su emoción. El más pequeño, dio grandes pasos (más parecido a saltos) para mostrarle lo que llevaba en sus manos- Se parece a Peke J, ¿no crees?
Baji sonrió enternecido antes de asentir con la cabeza.
Esa expresión en la cara de Chifuyu es lo que hacía que todo valiera la pena. Ya que con ella podía olvidar fácilmente las orejas que traía puestas sobre su cabeza (negras, prácticamente redondas, simulando al personaje ratón más famoso del mundo) y al patético y embarazoso outfit que llevaba puesto.
Pasaron 10 minutos completos antes de que ambos salieran de la tienda de souvenirs de aquel glorioso parque de diversiones, Chifuyu viendo aun emocionado el llavero que gustosamente Baji le había comprado momentos antes. Al igual que el mayor, la cabeza de Chifuyu mantenía también una diadema similar, con la única diferencia de tener un moño rojo con puntos blancos al centro.
“No me importa llevar yo la de Minnie”, fue el argumento que utilizó Matsuno para convencerlo de comprarlas para llevar a cabo esa vergüenza pública.
O en realidad no era para tanto, después de todo, en aquel parque de atracciones todos se veían contagiados de realizar acciones similares. Si la gente que pasaba a sus lados los veía poco antes de soltar risas mal disimuladas definitivamente no era debido a las adorables orejas sobre sus cabezas.
Porque llevar puestas playeras de color azul celeste a juego podría estar bien hasta que la gente leyera las palabras impresas sobre ellas. La de Chifuyu, con la frase más larga, recitaba un penoso “Si me pierdo, regrésenme con el otro papá de mi gato”, mientras que en la propia se leía un sencillo “Yo soy el otro papá del gato”.
¿Le gustaba que Chifuyu lo considerara como el otro padre de Peke J? ¡Por supuesto que sí! Ese gatito había estado al cuidado de ambos desde antes de siquiera conocerse, además de traer consigo un mensaje entre líneas de ser un maravilloso matrimonio cuidando de un hijo en común. El problema no era llevar puesta una playera a juego, el problema era querer estampar su puño en la cara de cada idiota que se atrevía a burlarse de manera mal disimulada luego de verlos.
No fue hasta ese día en que Baji descubrió que realmente la madurez le había otorgado un poco de autocontrol con el pasar de los años, de otra manera, el personal del parque ya se hubiese encargado de sacarlos luego de que Baji pudiese golpear a al menos diez personas antes de verse detenido.
Suspirando, tratando de no pensar en la cara del grupo de estúpidos que se reían a algunos metros, lo tomó por sorpresa la forma en que Chifuyu le sujetó de la mano, justo antes de comenzar a correr.
- ¡Baji-san! ¡Vayamos a ese juego! - sus ojos azules resplandecían con emoción mientras tiraba de él, enterneciendo por centésima ocasión en el día al de cabello largo.
Keisuke no estaba seguro si era gracias a ese lado juguetón e infantil de Chifuyu, a la adrenalina causada por los juegos mecánicos, a la sumersión en el entretenimiento y diversión de las diferentes atracciones, o si era sencillamente por estar al lado de un sonriente chico que no dejaba de sorprenderle… pero, sencillamente, todo resultó perfecto en una cita que creyó podría ser mucho más bochornosa y embarazosa en un principio.
El tema de las gorras o las vestimentas quedó apartado de su mente antes de siquiera darse cuenta, y para sorpresa de ambos, la luna remplazó al sol como el astro dominante y el cielo se convirtió en un manto mucho más oscuro cubierto de pequeñas estrellas.
Con ambos encerrados en una pequeña y lenta cabina de una enorme rueda de la fortuna, era imposible no soltar algún otro suspiro de alivio combinado con una pizca de cansancio.
-Me pregunto si Kazutora-kun no habrá tenido problemas…- dejó salir su comentario con cierto timbre de preocupación mientras revisaba fugazmente la pantalla de su celular, sonriendo al notar que no tenía ninguna notificación pendiente.
-Puede parecer poco confiable, pero a veces sabe lo que hace- se hundió de hombros, tratando de apaciguar las inseguridades de su pareja- Le dijimos que bastaría con abrir medio día. De todas maneras, hoy solo es el primer día de nuestras vacaciones, si surge algo urgente seguro nos terminará contactando.
El silencio pacífico se formó después del corto tema, donde ambos miraban tranquilos por la ventana, disfrutando la iluminación nocturna no solo del parque de diversiones, sino también de la zona urbana que se podía ver a lo lejos mientras más subían en el enorme juego.
No era incómodo, sin embargo, Chifuyu decidió romperlo con una extraña línea.
-Lo siento, Baji-san- a pesar de estar sonriendo, Keisuke notó cierta inseguridad reflejada en aquellos ojos azules- El día de hoy me dejé llevar en más de una ocasión, ¿no es así? Tal vez haya sido demasiado ruidoso o precipitado en más de una ocasión…
-Desde que tengo memoria, siempre has sido ruidoso- sonriendo de medio lado, dejando ver su travieso colmillo entre las comisuras de sus labios, Keisuke posó su mano sobre la cabeza de Matsuno, alborotando su esponjoso cabello y él solamente recibiendo el mimo mientras cerraba ambos ojos- Todo el tiempo detrás de mí, “Baji-san, Baji-san”.
-No te molesta, ¿entonces? - entreabrió solamente uno de sus ojos, agachándose aún más por el peso de aquella mano que era más grande y rasposa que la suya- Noté que a veces hacías tronar tus nudillos o soltabas pequeños gruñidos…
-El simple hecho de no haber terminado este día conmigo siendo arrestado me parece increíble- contestó burlón, utilizando ahora su mano para alzar levemente la cabeza de Chifuyu y que lo viera directamente al rostro- ¿Disfrutaste tu cumpleaños?
Chifuyu tomó la mano de Baji entre las suyas. Con lentitud y cuidado hizo que resbalara, y finalmente, la sostuvo para que se mantuviera justo al lado de su mejilla, recargándose aún más como si se tratase de algún pequeño minino en busca de caricias.
-Si, ha sido el mejor- sonrió, nuevamente cerrando sus ojos, queriendo percibir con todos sus sentidos la calidez de esa palma sobre su piel- Muchas gracias, Baji-san.
“Soy yo el que debería darte las gracias, pequeño tonto.” Pensó con ternura, no queriendo apartar y romper aquel contacto.
Por convicción propia, Baji posó su mano libre en la mejilla contraria de Chifuyu, haciendo que éste diera un pequeño saltito, pero, claramente, no la apartó. Sintiendo la cabina balancearse ante los movimientos, el menor aguantó la respiración, paciente pero ansioso, hasta el momento en que Keisuke al fin depositó un suave beso en su boca.
Un roce pequeño, sincero, podría decirse que hasta bañado de inocencia por la falta de movimiento.
Con el calor brotando de aquella pequeña conexión entre sus cuerpos, es que al fin lograron llegar al punto más alto del lugar.
“Feliz cumpleaños, Chifuyu”.
