Chapter Text
Su sensei los había enviado una vez más a investigar un extraño fenómeno que sólo considerarían posible en los libros de terror o fantasía. Bueno, al menos Itadori y Kugisaki lo harían, ya que a Fushiguro no le gustaban ese tipo de historias. Aún así, no ignoraba las leyendas que se contaban sobre los seres que se decía que literalmente infestaban Tokio en ese momento. Sin embargo, aunque de hecho había oído hablar de criaturas 'chupasangre', Megumi probablemente asumiría que, fuera lo que fuera ese fenómeno, había sido causado por un hechicero con algún tipo de técnica maldita. Y en ese momento recordó uno en particular, al que Itadori se había enfrentado hace bastante tiempo. Y cuya técnica le permitia literalmente manipular la sangre. Ya sea la suya o la de su oponente. Sin embargo, cuanto más se adentraba en su misión, más se abstenía de su pensamiento inicial.
— ¿Un centavo por tus pensamientos, Megumi?
La mujer que los acompañaba en esa ocasión, también por pedido de Satoru, preguntó al notar al joven de cabello negro un poco perdido en sus pensamientos. Incluso había dejado de caminar. Fushiguro negó con la cabeza, se disculpó apenas en un susurro y luego respondió:
—No es nada, Maki-san. Supongo... Por cierto, ¿dónde está Itadori?
—Yo tampoco lo sé... —respondió la mujer de cabello verde y gafas, sacudiendo la cabeza con una expresión levemente preocupada en su rostro —Pero debemos continuar ahora. Probablemente se una a nosotros más tarde...
Continuaron su camino hacia el interior de un enorme almacén abandonado, desde donde no sólo pudieron sentir una fuerte presencia de energía maldita, sino que incluso percibieron un olor nauseabundo el cual no estaban seguros si provenía de sangre o carne cruda quemada. Se dieron cuenta de que eran ambas cosas cuando Maki accidentalmente pisó lo que parecía ser un brazo humano y la sangre brotó de una herida abierta, aunque golpeó el propio brazo de Fushiguro mientras intentaba empujar a Zenin hacia atrás. Para sorpresa de ambos, la sangre comenzó literalmente a hervir -o disolverse- hasta prácticamente carcomer la manga de la chaqueta del joven de ojos azules, provocando que soltara un grito de dolor casi desgarrador al sentir la piel debajo arder como si le hubieran vertido ácido. Aún así, el dolor -pero no la quemadura bastante grande resultante del golpe- desapareció poco después.
—Esa pudiste haber sido tú, Maki, ¿qué diablos pretendes hacer? ¿Suicidarte? Aunque me pregunto... ¿Qué es esto? No puedo explicarlo claramente todavía, pero lo que sea que tuviera esa sangre, entró directamente en mi torrente sanguíneo y se está fusionando con mi energía maldita... Demonios, no, dime que esto no es de lo que hablaba Gojou-sensei...
—Lo es, pero no tendrá el mismo efecto en ti que en ella...
Fushiguro había esperado esa clase de respuesta, por demás coherente y a conciencia, de cualquier persona, excepto de Yuji Itadori. Y eso sólo le aterrorizó el doble de lo que ya estaba. ¿Qué quiso decir con que no tendría el mismo efecto en Maki que en él? Como si hubiera leído los pensamientos de su amigo, Nobara explicó que estaba casi cien por ciento segura de que se habían topado con el principal responsable de aquel fenómeno. ¿Cómo lo supo? Porque ese ser antropomorfo, andrógino, o no estaba segura de cómo describirlo, había mencionado algo acerca de que su técnica maldita era letal para cualquiera, pero que asimismo tardaba más en surtir efecto en aquellos con energía maldita como ellos.
—Y hay algo más que creo que debes saber, Fushiguro... —dijo la hechicera de cabello avellana —Esa 'cosa' también mencionó que se extiende como una especie de virus. Por lo tanto, cualquier persona a tu alrededor podría contraerlo simplemente rozando cualquier herida que puedas tener. Sin embargo, debe ser una herida abierta, sangrante o en proceso de curación... En otras palabras, aunque ya te haya golpeado, por ahora estás a salvo...
— ¡Me importa un bledo mi propia seguridad, Kugisaki! ¿Estás diciendo que podría matar intencionalmente o no a cualquiera de ustedes sólo porque me tocaron?
Sus tres amigos lo miraron con los ojos muy abiertos. A continuación, y para sorpresa de Yuji y Nobara, Maki le dio un golpe rápido y fuerte en la nuca con el borde de su mano izquierda, sujetándolo con su brazo derecho mientras Fushiguro caía inconsciente. Luego, a pesar de saber que su amigo ya no la escucharía, se disculpó, apretando con fuerza su mano libre en un puño a un lado de su cuerpo. Luego, se volvió hacia los otros dos miembros de la misión y anuncio:
—Debemos abortar la misión. Al menos de momento. No sabemos qué pueda suceder con él, o si alguno de ustedes también fue afectado de alguna manera. Mencionaron que se encontraron con el enemigo, ¿no es así? Entonces lo mejor será reunirnos con los demás y analizar la situación...
(PDV Megumi)
Una pesadilla era un término demasiado pequeño, demasiado leve para describir los días que siguieron a ese fatídico encuentro que tuvieron los muchachos. Pero puedo decir sin lugar a dudas que alguien más se llevó la peor parte además de mí: Itadori. ¿Por qué, se preguntaría uno? Porque, exactamente a la mañana siguiente del suceso en cuestión, y cuando nos disponíamos a retomar nuestra misión, descubrimos que él también había sido afectado por la técnica de aquel ser. Excepto que, aparentemente, después de enterarse de que albergaba a Sukuna dentro de su cuerpo, el bastardo había apuntado de manera deliberada y directamente a Itadori quien, fiel a su costumbre, eligió llevar la peor parte del ataque solo para mantener a Kugisaki fuera de peligro. Quizás su habilidad innata para sanar más rápido a través de la técnica maldita inversa había sido el único factor que había impedido que Itadori terminara como yo. Aunque sabíamos que la técnica lo había afectado de una manera u otra. Sin embargo, definitiva e indudablemente no estábamos preparados para descubrir el alcance real de sus consecuencias.
Esa noche, me encontré con Shoko-san mientras caminaba de regreso a mi habitación y, para mi sorpresa, ella me informó que Itadori quería verme. Sin embargo, me sorprendí parcialmente cuando ella me advirtió que probablemente no me agradaría la vista con la que me encontraría. De hecho, me advirtió que no me acercara demasiado a él. En ese momento, y por primera vez en mucho tiempo, entré en pánico al pensar en lo que le había pasado para que Shoko-san hablara de esa manera.
—Te veré luego, Shoko-san... —dije finalmente, asintiendo en agradecimiento —Sólo... no les digas nada a los muchachos. Especialmente a Kugisaki...
Caminé unos pasos más hasta que me detuve frente a una puerta que estaba cubierta de energía maldita -la de Shoko-, como si tuviera la intención de curar a Itadori y al mismo tiempo mantenerlo aislado del resto de nosotros. Me tomó un momento bajar la barrera, principalmente debido a mi propia debilidad persistente, pero, cuando finalmente pude lograrlo, simplemente abrí la puerta y entré, encontrando a mi amigo acostado de espaldas a mí. Desde mi posición podía escuchar su respiración entrecortada, además de escucharlo hablar en sueños. Más bien, gimiendo en voz baja como si sintiera un gran dolor. Instintivamente di dos pasos hacia adelante, aunque poco después retrocedí un tercero, considerando brevemente la advertencia de Shoko-san. Me tomó un par de segundos reunir el coraje para finalmente acercarme a él. Yo mismo ya había sido infectado en cierto modo, aunque sólo fuera accidentalmente, por esa técnica; dudaba que la situación empeorara aún más si intentaba acercarme a Itadori. Sin embargo, nada me hubiera preparado para lo que sucedió en el momento en que me detuve junto a la cama y extendí mi mano derecha para tocar su hombro, impregnando cautelosamente mi mano con mi energía maldita, aunque no tanto como para lastimarlo. Yuji literalmente se sacudió en la cama y empujó mi mano a un lado, girándose para mirarme con ojos que ya no eran los de mi amigo.
—Vete... Sal ahora, Fushiguro... —pidió con voz como si estuviera luchando internamente contra alguien que intentaba controlarlo —No puedo... ya no puedo controlarlo... Podría... él podría matarte... otra vez...
Puse ambas manos sobre sus hombros e incrementé la energía maldita que corría por mi cuerpo, hasta que sentí una fuerza extraña que no podía ser la de Itadori empujándome fuera de la habitación. Mi espalda golpeó la pared detrás de mí con bastante fuerza, aun así ignoré el dolor y traté de entrar a la habitación nuevamente. Hasta que una mano masculina y ligeramente curtida sobre mi hombro me detuvo, provocando que permaneciera de pie, inmóvil, hasta que finalmente pude girarme para mirar, al menos de reojo, en dirección a la persona que estaba detrás de mí.
—Escuché que Shoko te lo advirtió, ¿no? Además, no deberías estar levantado todavía, Fushiguro. ¿Cómo está tu brazo?
Inconscientemente froté la herida antes de girarme para mirar de frente a mi sensei y responder que no sentía ningún dolor en ese momento pero que, por una razón que aún no podía precisar, cada vez que intentaba usar energía maldita, la propia herida parecía absorberla de alguna manera. Como si ese fuera realmente el propósito de esa marca parecida a una quemadura.
—Por eso no afectaría a Maki como sí lo haría con cualquiera de ustedes. Además de que la sangre de esa criatura es venenosa, las marcas que deja al golpear a alguien se alimentan de la propia sangre y energía maldita del objetivo. Es una especie de... ¿cómo lo llamarían ustedes, los jóvenes?
— ¿Vampirismo? ¿Quieres decir que Itadori podría...?
—Él no exactamente... —intervino el sensei —Más bien sería Sukuna. Por otro lado, si hubiera atacado a Maki, ella habría muerto instantáneamente...
Arqueé una ceja ante el pensamiento. Sin embargo, lo sacudí poco después, chasqueé la lengua y traté de entrar nuevamente a la habitación de Itadori, para encontrarlo todavía de espaldas a mí, aunque sentado en la cama. Eso fue suficiente para darme cuenta de que ese no era él. Gojou-sensei insistió en que nos fuéramos cuando él también se dio cuenta de eso, comentando en un tono que sonó como una excusa para mí que Shoko-san necesitaba revisarme nuevamente. Sacudí ligeramente la cabeza, confundido por lo que debía hacer y al mismo tiempo temeroso de lo que podría pasar si dejaba solo a ese bastardo. Por eso, y a pesar de saber que eso me costaría después, dejé a uno de mis shikigami para vigilarlo. Literalmente, deambulaba por la ventana, desde su habitación a la mía, a dos puertas de distancia.
—Vamos... —insistió Gojou —Tal vez solo intenté alejarte de él, Fushiguro; sin embargo, Shoko-san también necesita verte...
—Yo esperaría lo mismo, de todos modos... —concedí finalmente —Tal vez esto esté teniendo un efecto más notorio en Itadori, pero también es cierto que mi energía maldita está regresando a un ritmo demasiado lento como para ser considerado normal. ¿Kugisaki está bien, al menos?
—Puede que Maki no posea energía maldita, pero puede ser tres veces más sobreprotectora que tú si así lo desea. En otras palabras, sí; ambas están perfectamente bien ahora...
Suspiré pesadamente, como si me hubiera quitado una carga enorme e insoportable de mis hombros. Un momento después, me llevé una mano al brazo, que había empezado a picarme, más bien a escocer por alguna razón que no entendía. Al darse cuenta de eso, Gojou-sensei una vez más me instó a acompañarlo a la sala de Shoko-san y, esta vez, no pude negarme. Sin embargo, antes de irme, me volví hacia la ventana y susurré, como si mi shikigami realmente pudiera escucharme, que dejaría a Itadori -porque confiaba con mi corazón en que todavía estaba allí, en algún lugar- en sus manos. Una mano en mi espalda me hizo volver rápidamente la mirada a Gojou-sensei, quien simplemente sacudió la cabeza, como pidiéndome tan solo con ese gesto que no me preocupara. Sin embargo, confiaba, más bien temía que él mismo estaba convencido de que Yuji no regresaría. Y eso me aterraba. Lo único que me tranquilizaba en ese instante era saber que al menos Maki-san y Kugisaki se encontraban bien.
(Fin PDV Megumi)
El grupo, menos Itadori, por razones obvias, reanudó su misión. Esta vez, con la incorporación de Inumaki y otro hombre que no hubieran esperado que se uniera a ellos. El hechicero en cuestión también se sorprendió de que Gojo Satoru lo hubiera llamado, pero, en el momento en que fue convocado, y sabiendo quién más había sido designado para la misma, no pudo negarse. El joven casi ridículamente similar en apariencia a Megumi excepto por su peinado simplemente levantó una mano a modo de saludo, aunque la respuesta que recibió, especialmente de una de las dos mujeres del grupo, fue completamente diferente. De hecho, tanto Satoru como el propio Fushiguro se sorprendieron cuando Maki se acercó a él y lo abrazó como si fueran amigos desde hacía mucho tiempo, pero que asimismo llevaban un largo tiempo sin verse. Sacudiéndose de su estupor y antes de que Nobara preguntara al respecto, Megumi suspiró y dijo:
—Así es, efectivamente. Digamos que fue uno de los primeros estudiantes de Gojou-sensei junto con Maki-san... Te recomiendo encarecidamente que no menciones esto, pero... él estaba en la misma situación de Itadori antes de que lo aceptaran. Si entiendes lo que quiero decir...
—No debería ser ningún secreto, Fushiguro... —dijo Yuta Okkotsu, acercándose al grupo y tendiéndole la mano a Megumi —Yo también iba a ser ejecutado, aunque mi caso era el opuesto al de Yuji. Él fue poseído por una maldición; yo convertí a alguien en una maldición después de su muerte. Y ella ha estado conmigo desde entonces...
Los ojos almendrados de Nobara se abrieron de par en par ante la confesión. Ella nunca había oído hablar de algo así. El hombre que tenía delante tenía que ser alguien probablemente tan poderoso como su sensei como para haber podido hacer tal cosa.
— ¿Como ese hombre? No; confía en mí. Ningún hombre en la tierra podría enorgullecerse de siquiera rivalizar con su habilidad como hechicero...
Su postura luego se volvió un poco más severa y, mirando de Fushiguro a Kugisaki y luego de nuevo al primero, preguntó dónde y cómo estaba Itadori. Megumi palideció. Ni siquiera le había dicho a Nobara una palabra sobre la situación de su amigo. En ese momento, sin embargo, se dio cuenta de que tendría que hablar, le gustara o no. Así, respiró dolorosamente y, después de un breve silencio, finalmente le contó a Okkotsu los últimos acontecimientos relacionados con su misión fallida. Más bien, con la misión que tuvieron que abortar.
—Como mencioné antes, y esto también se aplica a ti, te recomiendo encarecidamente que ni siquiera pienses en ir a verlo. Ni siquiera estoy seguro de si este será el único efecto secundario que me quedará. Aunque, a decir verdad, algo me dice que esto es sólo el comienzo... Y me aterra siquiera imaginar lo que podría pasar si ese es el caso...
Gojou interrumpió la conversación y, en un tono inusualmente serio en él, anunció que habían rastreado al enemigo gracias al shikigami que Megumi había dejado antes para vigilar a Itadori. Y que se dirigía a la escuela, probablemente, buscando a Sukuna. Maki, Nobara y Fushiguro entraron en pánico, a pesar de que los dos últimos hicieron todo lo posible por ocultarlo por el bien de su amiga. Un momento después, Megumi se giró en dirección a las habitaciones, con la intención de ir a ver a Itadori, pero Yuta lo detuvo poniendo una mano en su hombro y sacudiendo la cabeza:
—Admito que ignoro muchos detalles sobre este ser, hechicero, maldición o lo que sea, pero si su intención es ir tras Sukuna en lugar de Itadori, dudo que sea seguro para ti ir solo. Por el momento, convoca a tu shikigami antes de que te agote por completo. A continuación, sígueme...
Luego se volvió hacia Maki y le advirtió que no los siguiera y que se quedara con Gojou e Inumaki. Y que, si existiera la posibilidad de contactar a Nanami o algún otro hechicero de primer grado, sería mucho mejor. Satoru respondió que ya había enviado a Inumaki con ese propósito, aunque esperaba que el enemigo no lo hubiera visto, y mucho menos lo hubiera atrapado en su camino. Casi al mismo tiempo, Fushiguro y Okkotsu arquearon las cejas, como preguntándose en silencio si el hombre de cabello blanco azulado pensaba que el hechicero albino era lo suficientemente estúpido como para no poder pedir ayuda si eso sucediera. Sin embargo, se abstuvieron de expresar ese pensamiento en voz alta y, en cambio, y una vez que Megumi llamó a su shikigami, corrieron a la habitación de Itadori.
—Ese bastardo... —dijo Fushiguro, con los dientes apretados, en el momento en que llegaron a la habitación y se dieron cuenta de que estaba vacía —Hazme un favor y ve a decirle a Gojou-sensei que Sukuna escapó...
—Me gustaría pensar que, herido como estás, no pretenderas ir tras él por tu cuenta, ¿verdad, Fushiguro?
—Fuimos heridos por la misma criatura y, ahora que lo pienso, fíjate en tu mano izquierda...
Okkotsu sacudió la cabeza, explicándole que Satoru le había mencionado cuál era la única manera de que la técnica maldita se transfiriera de una persona a otra. Y no le había tocado el brazo herido; además de que tampoco sangraba. De hecho, Shoko había mencionado que, en primer lugar, nunca sangró. Por lo tanto, ni siquiera él estaba en peligro todavía.
—No me hagas repetirlo porque aborrezco hacerlo... Y ni tú ni Kugisaki son tan testarudos como Itadori como para no entender...
Okkotsu no respondió. A decir verdad, no conocía a Fushiguro lo suficiente como para saber hasta dónde podría llegar siempre que garantizara la seguridad de sus amigos. Incluso si tuviera que trabajar solo; algo que no le molestaba en lo más mínimo. Al contrario, había ocasiones en las que prefería hacer eso y arriesgarse, precisamente, para mantener a sus amigos fuera de peligro.
—Solo... Ten cuidado, Fushiguro, ¿quieres?
Sin embargo, antes de que Megumi se fuera, Inumaki regresó, acompañado por Nanami, quien anunció que habían visto a Sukuna desde la distancia y que parecía estar a punto de encontrarse con alguien que no podía reconocer. Sin embargo, por lo poco que pudo ver de ese ser, porque no lo consideraría una persona, no parecía precisamente humano. Y también parecía demasiado decidido a conocer a Sukuna, Dios sabía por qué.
—Nanami-san... —Dijo Fushiguro, girando con los ojos muy abiertos para mirar al hombre rubio con gafas —Dime que esa criatura no te tocó a ti ni a Inumaki-sempai...
—Estábamos a bastante distancia, Fushiguro; ¿fue con esa criatura con la que se toparon Itadori y Kugisaki días atrás?
—S-si... —dijo Nobara, su voz temblaba ligeramente —Y debemos evitar que ese encuentro ocurra a toda costa. Itadori y Sukuna, ambos, son el objetivo principal de esa criatura...
—Creo haberte pedido que te quedaras aquí con Gojou-sensei e Inumaki-sempai... —declaró Fushiguro, sin voltear a mirar a su amiga —Debes entender que ese no es el Itadori que conocemos, y que nuestro amigo no soportaría que te pase nada, incluso si decides no creerlo. Yo creo que no lo haría; puedo estar seguro de que no lo haría...
Sin decir una palabra más, se fue, junto con Okkotsu y Nanami siguiéndolos desde la distancia. Hacía tiempo que se había dado cuenta de la intención de Megumi de ni siquiera recurrir a la ayuda de Yuta a menos que fuera primordial. Por lo tanto, había optado por permanecer "en las sombras", en caso de que él también fuera necesario.
Los dos hechiceros de ojos azules quedaron estupefactos en el momento en que llegaron al lugar de encuentro de Sukuna y esa criatura aún misteriosa. Estaban peleando a puñetazos, o eso parecía a primera vista. Sin embargo, un momento después, notaron que el enemigo activaba su energía maldita y colocaba una mano en el brazo de Sukuna mientras miraba sospechosamente, y por encima del hombro del demonio, en dirección a Fushiguro. Se desató el infierno en ese mismo instante. Megumi dejó escapar un grito desgarrador de dolor mientras caía de rodillas agarrándose su brazo 'marcado'. Y sólo entonces se dio cuenta de que esa había sido la intención de la criatura todo el tiempo. En ese momento, se preguntó si su perro demonio también se habría visto afectado de alguna manera después de que lo dejó para cuidar a Itadori/Sukuna. Por eso, intentó invocarlo. Como de alguna manera lo había esperado, y para total sorpresa de su compañero (y de Nanami desde su escondite), el perro demonio gigante apareció junto a su invocador, pero desapareció poco después, como si le hubieran drenado su energía maldita.
—Aún hay una cosa que puedo hacer, pero necesitaré tu ayuda...
—Entiendes que hacer eso agotará la poca energía maldita que te queda, ¿verdad, Fushiguro?
Megumi se preguntaba si el hombre a su lado le estaba tomando el pelo en ese momento, como su sensei solía hacer a menudo. ¿No entendía acaso la gravedad de su situación actual? Sacudiendo ese pensamiento de su cabeza, dirigió su atención a la pelea que tenía delante y, concentrando su energía maldita, finalmente convocó la Expansión del Dominio, importándole poco o nada que había otros dos hechiceros en el área circundante.
En otra parte, Sukuna se dio cuenta del cambio de energía a su alrededor, y también notó que Megumi había activado su técnica máxima. O una de ellas, al menos. Una sonrisa torcida apareció en su rostro y, luego, desapareció del campo de visión de la criatura y rápidamente reapareció ante el par de hechiceros de cabello negro, empujando a Okkotsu hacia atrás en el momento en que este intentó pararse como escudo humano frente a Fushiguro.
—Idiotas... deben ser idiotas todos... Podrían morir si continúan con esto, ¿lo saben, verdad?
Esas palabras, o mejor dicho el tono burlón y desafiante que les dio el demonio que ahora controlaba el cuerpo de Itadori, solo hicieron que la determinación de recuperar a su amigo aumente en ambos hechiceros. Consciente de que su fuerza estaba casi al límite en ese momento, Megumi deshizo su Expansión de Dominio; sin embargo, decidió recurrir a su técnica definitiva, a pesar de que sabía que sería incluso arriesgado para Okkotsu debido a que no podría dominarla por completo. Pero tenía que intentarlo; su amigo merecía que hiciera todo lo posible para salvarlo y así lo haría.
—Yuta-senpai, necesito... necesito pedirte que te vayas ahora... Nanami-san está aquí cerca, por favor, ve con él y regresen a la escuela...
Okkotsu estaba a punto de protestar cuando notó la expresión en los ojos de Fushiguro. No era sólo determinación lo que vio en ellos; en primer lugar, vio terror, cuya causa conocía perfectamente. Así, finalmente asintió en respuesta y, tras identificar la presencia de su compañero, corrió hacia él, aprovechando que la atención tanto de Sukuna como del enemigo estaba completamente centrada en lo que haría Megumi. Sin embargo, antes de irse, Yuta le advirtió una vez más que tuviera cuidado.
Cuando se unió a Nanami, el hombre rubio le informó que Maki se había puesto en contacto con él para hacerles saber a los tres que Satoru se uniría a ellos pronto. Sorprendido, Yuta sólo pudo asentir, aunque internamente y sin duda estaba agradecido por la noticia que acababa de recibir. Esperaba que Gojou pudiera razonar con su alumno. Aunque, para ser sincero, en ese momento creía que sería casi imposible.
Usar su Expansión de Dominio primero y luego su técnica (o su shikigami) más poderoso de hecho había drenado a Fushiguro de la poca energía maldita que le quedaba. Sin embargo, eso no significaba que sus esfuerzos fueran en vano. De hecho, pudo obligar a la criatura contra la que Sukuna luchaba a retirarse, frustrando así su objetivo de exterminar al demonio maldito. Por otro lado, y para su sorpresa, el joven de cabello negro se dio cuenta de que, tal como había ocurrido cuando se enfrentaron por primera vez, Itadori pareció recuperar lenta pero seguramente el control de su cuerpo nuevamente. Él también estaba agotado, pero no era nada en comparación con Megumi. Así, cuando el joven de cabello rosado vio a su amigo caer de rodillas, sosteniéndose apenas con la palma abierta en el suelo y escupiendo sangre, entró en pánico y rápidamente corrió en su ayuda.
— ¡Oye, resiste, Fushiguro! Dime que hay alguien más aquí, al menos...
El hechicero de ojos azules apenas pudo levantar su tembloroso pulgar izquierdo hacia el lugar donde sabía que estaban Okkotsu y Nanami, aunque ignoraba el hecho de que tanto Maki como Gojou se habían unido a ellos para entonces. Curiosamente, Itadori se dio cuenta y exclamó sin poder ocultar su alivio:
— ¡Gojou-sensei también está allí! Sostente fuerte; ¡debemos unirnos a ellos inmediatamente!
—I-Itadori, espera... —suplicó prácticamente Fushiguro, dejando escapar un siseo bajo —Yo... no estoy seguro de que sea prudente que nos apresuremos... Tal vez sea mi propia debilidad, pero... No puedo percibir energía maldita en tu cuerpo... ¿En verdad te encuentras bien?
Yuji temía admitir eso, pero sabía que, por un lado, Fushiguro tenía razón pero, por el otro, debía el hecho de estar todavía en pie a los restos de la propia energía maldita de Sukuna que continuaba fluyendo a través de él, incluso después de recuperar el control sobre su cuerpo. Sacudiendo ese pensamiento en su cabeza, sostuvo a Megumi con algo más de fuerza, prácticamente cargándolo recargado en su hombro. Ya sea que estuviera bajo el control de Sukuna o no, de todos modos era físicamente más fuerte que su amigo.
—A partir de aquí estaré bien, Itadori... —declaró Fushiguro mientras levantaba sus ojos azules ligeramente vidriosos hacia el frente y divisaba a sus amigos —Me temo que... ambos necesitaremos un tiempo fuera bastante largo ahora, ¿no crees?
Yuji le ofreció una sonrisa, especialmente ante la aleatoriedad y extrañeza del comentario. Megumi ni siquiera era alguien que dijera chistes ligeros. De hecho, eso era lo que más odiaba de su sensei. Su despreocupación, hasta el punto de que en ocasiones subestimaba demasiado las situaciones y, sobre todo, a ciertos enemigos. Aunque, en el fondo, Fushiguro era consciente de que Satoru lo hacía para aliviarlos de cargas que consideraba que los hechiceros más fuertes (él mismo y Nanami, por ejemplo) debían asumir.
— ¡Muchachos! —Exclamó Maki, en parte aliviada, aunque asimismo preocupada, en el momento en que los dos jóvenes hechiceros se unieron a ellos y notó el estado en el que se encontraban —Tenemos que llevarlos a ambos con Shoko-san ahora. Kugisaki ha estado aterrorizada, no te imaginas cuánto...
— ¿Conociéndola? Ciertamente puedo imaginarlo... Y me aseguraré de disculparme con ella adecuadamente cuando me despierte...
Maki y Yuji parpadearon sorprendidos, sin embargo, antes de que alguien pudiera preguntar algo, Megumi se llevó una mano a la boca, tosiendo sangre y un momento después colapsó en los brazos de Gojo, quien rápidamente había tomado el lugar de Itadori. Luego, Nanami se acercó al hechicero de cabello rosado y, colocando una mano en su hombro, le dijo, en un tono de advertencia bastante severo:
—Puedo decir que el daño no es ni la mitad de severo en ti que en Fushiguro-kun, Itadori. Y también sabemos muy bien por qué es así. Aún así, hazte un favor y no te involucres en otra pelea hasta que alguno de nosotros, incluso Maki-san, diga lo contrario, ¿puedes? Si no es por ti, hazlo por él y por Kugisaki-san...
Yuji sabía perfectamente que el hechicero de gafas tenía razón. Si había sobrevivido a esa batalla, había sido gracias a la criatura en su interior.
No sabría por qué, pero por alguna razón, Maki no pudo alejarse de Megumi durante al menos la mitad del tiempo que estuvo postrado en cama. Porque esa era la verdad. Esta vez había agotado su energía maldita a tal punto que su cuerpo no respondería al más mínimo estímulo que Shoko intentaba aplicar mientras lo sanaba. Y no fue hasta el cuarto día de convalecencia que abrió los ojos. Lenta, dolorosamente y hasta llegar a una conclusión impactante. No podía ver nada. Presa del pánico, comenzó a temblar, hasta que Zenin puso ambas manos sobre sus hombros, suplicándole desesperadamente que se calmara, al tiempo que llamaba a Shoko.
—M-Maki-san... Qué... ¿Qué está pasando? Mis ojos... no puedo ver nada y... me duele la cabeza... demasiado...
—Volverás a ver en unas horas, Fushiguro. Una vez que tu energía se haya recuperado en aproximadamente un setenta por ciento. Mientras tanto, te aconsejo que duermas. ¿Debería ayudarte de alguna manera?
Megumi entendió que Shoko en realidad estaba preguntando si necesitaría su ayuda nuevamente. Y sabía que definitivamente lo haría, sin embargo, estaba demasiado débil para siquiera asentir. En cambio, respondió verbalmente. La mujer de cabello castaño oscuro se acercó a él, volviéndose brevemente hacia Maki y explicándole que no necesitaba salir de la habitación.
—Lo haré de todos modos. La concentración es esencial para ustedes, hechiceros, Shoko. Cualquier cosa que necesites, estaré afuera...
—No te preocupes, Maki-san. Prometo que haré todo lo que esté en mi poder para ayudarlo...
Se acercó a Maki y, bajando un poco la voz, Ieri añadió:
—Sé que él significa más para ti y para Nobara de lo que cualquiera de ustedes dejaría entrever. ¿Crees que nunca me he enamorado de alguien cercano? De hecho, todavía está con nosotros, pero no se lo digas, por favor...
Esa fue quizás la primera vez ese día que una sonrisa apareció en el rostro de Zenin. Especialmente, al darse cuenta de a quién se refería probablemente el médico. Así, asintiendo, se despidió de sus amigas y salió de la habitación. Un momento después, y mientras estaba apoyada con la espalda contra la pared, Maki finalmente se permitió desahogar su frustración, dejando escapar un grito desesperado que fue amortiguado por dos brazos fuertes, masculinos pero jóvenes, que la sostenían, mientras su dueño la acercaba a su pecho y susurraba que probablemente debería ser él quién se culpe a sí mismo si algo le sucediera a Megumi. O, mejor dicho, por su estado actual. E incluso por el suyo.
— ¡No! ¡Quita esas estúpidas ideas de tu mente, Itadori! ¡Si alguien tiene la culpa de esto, ese es ese bastardo de Sukuna! Y, antes de que digas una palabra, sé que eres él, pero no elegiste eso en primer lugar. Y sé que Megumi, Nobara y los demás piensan exactamente como yo...
Un puño aterrizó con fuerza en el pecho de Itadori una vez que Maki terminó de hablar y, después de un momento, finalmente se permitió llorar. Yuuji tuvo que admitir que era demasiado ingenuo sobre ciertas cosas; al menos, la mayoría de las veces. Y eso lo había metido en problemas con Nobara en más de una ocasión. Sin embargo, en ese momento pareció darse cuenta de que había algo más que los -distantes- lazos de sangre entre Maki y Megumi. Sólo se preguntaba si ambos serían conscientes de ello. O, mejor dicho, si Fushiguro lo sería.
—No creo que tenga tiempo para pensar en sus sentimientos ahora. De hecho, dudo que le importe eso, considerando el tipo de vida que ha tenido... ¿Gojo alguna vez te mencionó lo que le pasó cuando era niño?
Itadori nunca había pensado en cuestionar a Fushiguro respecto de su infancia cuando nunca le había hablado de la suya propia. Todavía recordaba cómo había sido su primer encuentro; en la escuela a la que había asistido y mientras Megumi había sido enviado en busca del primero de los dedos de Sukuna que él se había comido. Que en realidad había estado escondido en su escuela. Pero eso era todo lo que sabía de su amigo en aquel entonces. O, más tarde, cuando visitaron la antigua escuela de Megumi en busca de un espíritu maldito y él les comentó que tenía una hermana mayor.
—En realidad eran medio hermanos... —dijo Maki cuando el hechicero de cabello rosado le explicó lo que había estado reflexionando —En cuanto a su infancia, Megumi fue llevado a mi clan después de que su único familiar sobreviviente muriera. Gojo nos lo llevó; de ahí que Naoya tuviera la intención de matarlo. Había sido designado como el nuevo líder del Clan Zenin desde la muerte de su padre...
Yuji asintió, admitiendo que probablemente debería hablar con su amigo sobre su abuelo. El único familiar que tenía en el momento en que se conocieron. En ese momento, el silencio se apoderó de ellos cuando la puerta de la habitación de Megumi se abrió lentamente. Ambos hechiceros instantáneamente se volvieron hacia la puerta mientras Shoko caminaba hacia ellos, dándose cuenta rápidamente de que la expresión de su rostro parecía claramente más tranquila que un momento antes. Y no pudieron evitar suspirar de alivio.
—Debo advertirles... —comenzó la mujer de cabello castaño —No podemos cantar victoria todavía. Aunque tengo que admitir que me sorprende que Megumi haya durado tanto en esas condiciones... De todos modos, ahora se encuentra bien, aunque necesitará al menos otros dos días de descanso completo hasta que su energía maldita haya sido completamente restaurada...
—No hubiera esperado menos, Shoko-san... —admitió Itadori, mirando a la médica con una expresión grave no demasiado propia de él —Recibió un golpe muy duro en ese enfrentamiento. Más bien yo...
Sintió un codazo no demasiado suave y aún menos discreto en medio de la espalda por parte de Maki en el momento en que estaba a punto de culparse una vez más por la desgracia de su amigo, por así decirlo. Más tarde, la mujer de cabello verdoso y gafas le recordó que, si había alguien a quien culpar por lastimar a Megumi, ese era Sukuna, no él. Además, por supuesto, del espíritu maldito que había causado todo ese desastre en primer lugar. De quien, ahora que lo pensaba, no había oído ni una palabra desde que regresaron allí.
—Eso es porque Okkotsu-san y Gojou se encargaron de que nunca volviera a aparecer...
Incluso Ieri se sorprendió ante la aparición absolutamente inesperada de Nanami. Pero los tres se recuperaron rápidamente y, volviéndose hacia el hechicero rubio de gafas, Maki le preguntó si él también los había acompañado o si se había enterado por alguno de ellos.
—Yo estaba allí, aunque Gojo me pidió que permaneciera como respaldo en caso de que las cosas empeoraran. Algo que cualquiera en su sano juicio sabría que nunca sucedería, teniendo a esos dos luchando contra una sola criatura maldita...
Maki hubiera deseado recordarle que ellos, junto con el miembro mayor del Clan Zenin, habían sido prácticamente derrotados sin ayuda de nadie por una sola criatura maldita. Sin embargo, se abstuvo de hacerlo después de darse cuenta de que Nanami simplemente había comparado esa situación con las que Gojo solía asignar a sus alumnos. Suspirando, sacudió la cabeza y respondió que realmente se alegraba de oír eso.
—Sin embargo, ahora nos queda descubrir si esto no ha dejado consecuencias a largo plazo tanto en Itadori como en Megumi...
Kento sacudió la cabeza, recordándole que cualquier posible efecto secundario desaparecería una vez que el invocador de la técnica fuera asesinado.
—Ahora, si me permites una advertencia más que un consejo, Maki-san, creo que deberías descansar un poco. Gojou mencionó que no te alejaste de Fushiguro-kun desde que lo trajeron aquí...
Zenin sabía que Nanami tenía razón. Además, su cuerpo había comenzado a protestarle por no darse unas horas de merecido descanso. Ofreciendo una sonrisa a la mujer y a Nanami, Itadori se inclinó y anunció que se aseguraría de que ella durmiera. Incluso permanecería en guardia fuera de su habitación si fuera necesario. Maki no protestaría; al contrario, agradeció a su amigo, advirtiéndole que de todos modos no descuidara su propio descanso. Un bostezo del hechicero de cabello rosado confirmó la verdad en la advertencia de la mujer de gafas, aunque Yuji de todos modos dijo que no se iría a dormir hasta asegurarse de que ella estuviera dormida.
No tenía idea de cuánto tiempo había estado dormida, pero de lo único que estaba segura era que, efectivamente, había necesitado muchísimo ese descanso. Por otro lado, Maki no se despertó precisamente por su cuenta sino al sentir una mano ligeramente fría y húmeda en su rostro. Una mano masculina. Abriendo los ojos lentamente antes de que la persona a su lado hablara, le preguntó cuánto tiempo había estado dormida. Y si era prudente por su parte estar despierto todavía. Megumi suspiró, aunque no respondió hasta que ella abrió los ojos por completo y se giró para mirarlo.
—Primero, y antes de que preguntes, no tengo fiebre ni nada por el estilo. Simplemente sentí la necesidad de tomar un baño tibio. En segundo lugar, y respondiendo a tu pregunta, Itadori consideró que lo mejor sería que descansaras hasta que te recuperaras por completo. Y ya han pasado dos días desde entonces...
— ¿Yuji? ¿Cómo está?
Fushiguro tuvo que sonreír anticipando lo que estaba a punto de decir. Especialmente, cuando la imagen de Itadori literalmente devorando comida de una gran mesa cruzó por su mente. Así, después de un momento, soltó una ligera risita y le explicó que su amigo se estaba 'recargando'.
—Y, por cierto, Kugisaki te trajo un poco de guiso. Shoko-san dijo que aún podías quedarte aquí el resto del día, pero que necesitabas comer algo...
Maki notó que era una porción demasiado grande para una sola persona y, mirando a Megumi, se dio cuenta de la respuesta a pesar de que nada en la expresión del hechicero de cabello negro lo delataba. Por lo tanto, le preguntó si ya había comido, a lo que él simplemente respondió sacudiendo la cabeza, admitiendo que de todos modos no tenía demasiado apetito. Más bien tenía sed, por eso había traído un termo con té para ambos.
—La verdad es que no es algo a lo que esté acostumbrado, pero puedes beber de él...
Fushiguro acercó una mesa de desayuno, colocándola entre los dos y luego puso encima una especie de caja bento con el guiso y algunos platos desechables. Finalmente, sirvió té para ambos, decidiendo que sería más cómodo beberlo de esa manera.
—Gracias, Megumi.... —dijo Zenin cuando el de ojos azules cuando le entregó una porción de guiso —Por cierto, ¿cómo te sientes?
—Aún me duele la cabeza, no te mentiré. Creo que me llevará algo de tiempo adaptarme... Mi energía maldita ha regresado casi por completo, pero necesito un poco más de descanso. Sin embargo, tendré que retomar el entrenamiento o mis músculos se oxidarán...
Maki no pudo evitar reírse y Fushiguro la imitó poco después. Ninguno recordaba haber visto al otro reír de esa manera. Sin embargo, la ocasión exigía tal reacción. Especialmente del lado de Maki, porque Megumi no estaba acostumbrada a hacer bromas. Y mucho menos sobre sí mismo. Pero, más allá de esa broma, era cierto que Fushiguro necesitaría retomar su rutina habitual para poder terminar su recuperación. Luego de una breve pausa mientras terminaban su comida, Fushiguro alzó la vista hacia la mujer frente a él y dijo, en un tono que inevitablemente atrajo la atención de Maki.
—Maki-san, hay... hay algo que he querido decirte desde hace bastante tiempo, pero... las circunstancias se interpusieron en el medio y yo... ¿Maki-san?
No pudo decir una palabra más. Más bien, ella no le dejaría decir nada más. En cuestión de segundos, sus labios quedaron sellados. ¡Al diablo con los lazos de sangre! Después de todo, ni siquiera eran reales en primer lugar. Cuando se separaron, la mujer de ojos verdes sonrió apenas sutilmente y dijo:
—También esperaba decírtelo... ¿Es esto respuesta suficiente?
Esta vez, y para sorpresa de Zenin, fue Megumi quien, tomando sutilmente su rostro, respondió:
—Más que suficiente...
Luego, un nuevo beso selló esa declaración.
