Chapter Text
—Bienvenidos a Fazbear Hills. —Eso era lo único que Freddy podía percibir en el viejo y desgastado letrero que reposaba al lado de la carretera.
Una antigua señal que daba un cálido saludo a los constantes viajeros que transitaban aquella vía, ahora se encontraba al borde del desgaste, y cuyo único observador era un chico peli marrón en un hatchback color blanco que avanzaba por el desolado pasaje.
—Mamá, ¿por qué nos tenemos que mudar? —Pregunto Freddy con un leve tono de tristeza y aburrimiento.
Abandonar su hogar en Colorado para dirigirse a un pequeño pueblo en Utah ha sido un golpe muy fuerte para él. Simplemente, consideraba que el cambiar de estado era una completa exageración.
—Ya es la tercera vez que te expulsan de una preparatoria— Respondió su madre, Martha, mientras mantenía sus ojos fijos en la ruta—. Entiendo que no sea sencillo para ti el adaptarte a los entornos luego de...
—Mi padre. —Contesto Freddy apartando la vista de la ventana, fijándola nuevamente en un peluche de un oso amarillo con un sombrero y moño morados.
No podía creer que han pasado dos años desde que su padre desapareció sin dejar rastro. Sin importar los esfuerzos inhumanos que ambos hicieron para hallarlo, todo fue en vano. Era como si solo se hubiese desvanecido sin dejar rastro. Un fantasma que ha día de hoy sigue atormentándolos.
—Pero debes comprenderme, no puedo seguir justificando tus acciones y pasarlas por alto. —Martha alzo levemente su voz—. Necesito que alguien te supervise mientras estoy trabajando. Tengo un amigo que trabaja en la preparatoria de la ciudad. Fue el quien consiguió que te aceptaran a medio año escolar.
Razones no le faltaban para eso. Por más desagradable que le parezca la idea de mudarse; entendía que el ser echado de tres instituciones distintas era motivo de preocupación.
—¿Puedes prometerme que te comportaras y no causarás problemas?
—Lo prometo—Afirmo Freddy. Sabía perfectamente que no podía cumplir esa promesa. Pero debía intentarlo. Si podía evitar que "El" volviese a tener control de su cuerpo, usará cualquier medio necesario para evitarlo. No permitirá que vuelva a herir a alguien.
—Puedes dormir un rato si quieres, todavía faltan unas dos horas antes de llegar.
Sin dar una respuesta, Freddy se recostó en la silla. Ya no sentía deseos de seguir la conversación. Lentamente cerro sus ojos, pensando en el lugar al que iban a vivir, era su primera vez en aquella ubicación. Sin embargo, algo dentro de si resonaba, como si conociese de algún modo adonde se dirigían. Como si perteneciera a ese lugar. Sus pensamientos se fueron desvaneciendo conforme el sueño se apoderaba de su adormilada mente.
∆∆∆
Estaba enfrente de las maquinitas, totalmente impresionado por las brillantes luces que emitían. Nunca había visto lo hipnotizantes que eran esas pantallas. De un momento a otro caí en cuenta de algo, estaba perdido. <<Donde están mis papás>> me preguntaba mientras mis ojos se llenaban de lágrimas. Entonces lo vi. Me miraba fijamente, un conejo amarillo mucho más grande que yo. No era la primera vez que lo veía, había varios niños que siempre jugaban alegres junto a él.
—¿***** *******?
No entendía nada de lo que decía, sus palabras parecían ser ahogadas por todo el ruido alrededor. El conejo miro para ambos lados, posteriormente hizo señales para que lo siguiera.
Jamás me había gustado ese conejo, había algo que me incomodaba respecto a su mera presencia. Tal vez era su comportamiento extraño, sus exagerados movimientos, o sus penetrantes ojos que miraban de forma certera y hacían que no pudieras moverte. Pero si el podía ayudarme, debía seguirlo.
Empecé a seguirlo por un pasillo que parecía eterno, llego un punto donde ya no veía puertas o ventanas, las luces también parecían perder su brillo entre más avanzaba. Finalmente, encontramos el límite, una puerta se encontraba al final del recorrido. El conejo entro rápidamente, cerrando y dejándome nuevamente en soledad. Segundos después, la abrió y me volvió a dar señales para que siguiera adelante.
Antes de dar un paso al frente, me petrifique, no sabía la razón, pero sentía que algo estaba mal. Un extraño sentimiento me estaba indicando una cosa: Por nada del mundo debía cruzar esa puerta.
—*** ******* *** ****** *** ******* ******** **** **** **. —Nada, no comprendía absolutamente nada de lo que salía de su boca.
De repente, el conejo se quedó quieto. Su mirada seguía fijada completamente en mí. ¿tal vez se dio cuenta de que no iba a entrar? Fuera cual fuese la razón, empecé a sentir otra cosa, algo que había estado sintiendo desde el comienzo. Pero que en ese instante era más fuerte que nunca, debía escapar de allí inmediatamente. Di la vuelta. Y salí disparado por todo el pasillo.
No quería voltear, tampoco lo necesitaba, escuchaba las fuertes pisadas detrás de mí, me estaba persiguiendo.
—¡******* ******, ******!
Frases incoherentes e incomprensibles salían de su boca, en ese momento era lo que menos me importaba. Escapar era mi prioridad, no podía dejar que me atrapara.
El pasillo era cada vez más oscuro, y conforme mis piernas estaban cansándose, mi visión era cegada por la oscuridad que se apoderaba de mi alrededor. Hasta que no pude más. Caí al suelo, incapaz de ponerme de pie nuevamente. Levante la vista rápidamente, solo para ver unas pupilas blancas y brillantes mirándome fijamente. No necesitaba iluminación para identificarlo, sabía perfectamente quien era. Empecé a perder la consciencia mientras escuchaba las palabras de la figura que tenía al frente.
—No puedes escapar de mí, Freddy.
∆∆∆
La casa vista desde fuera era bastante regular. Tenía un color grisáceo, combinado con un café oscuro en el tejado. En el frente de la puerta se hallaba un sujeto algo desarreglado que hace unos segundos se encontraba mirando a los alrededores.
—¡Martha, cuanto tiempo sin vernos! —Dijo con un tono algo bajo de voz, pero sin ocultar un solo gramo de alegría.
—Town, no sabes que felicidad me da volver a verte, espero que no te hayas metido en problemas desde que nos fuimos.
—Ya me conoces, lo que menos me gusta son los problemas—Contesto mientras soltaba una ligera risa.—. ¿Oh? ¡Pero mirad nada mas quien es! Madre mía, ¡pero cuanto has crecido!
—Hola. Soy Freddy—Freddy había quedado paralizado ante la actitud espontanea del amigo de su madre, incapacitándolo de ofrecer un saludo más completo. O tan siquiera darle un apretón de manos.
—Pero donde están mis modales, es normal que no me recuerdes. Dejad que me presente apropiadamente. Mi nombre es Towntrap.
A primera vista, la apariencia de Towntrap es bastante curiosa cuando menos. Su pelo anaranjado se encontraba totalmente desarreglado, al punto de poder visualizar varios pelos desalineados. Se podría incluso considerar que era similar a la melena de un león; de no ser por un gorro de cabeza gris que impedía una visión completa.
Su vestimenta consistía de un suéter azul oscuro, el cual, al estar abierto. Dejaba ver una camisa negra con la figura de un león hecho de flores y el mensaje "¡Se fuerte y ten coraje!" ubicado en la parte inferior.
—Un gusto—Logro decir Freddy, mientras su rostro levantaba una sonrisa.
—Ja, el placer es todo mío.
Una vez terminada la presentación, Towntrap se dio la vuelta y abrió la puerta.
—¡Pasad! Quiero que le den un vistazo a su nuevo hogar. —Dijo en un tono animado mientras daba un paso dentro de la morada.
El interior era bastante cómodo, el primer piso consistía de una cocina ubicada al lado de un comedor y una sala de estar donde se encuentra una pequeña escalera al segundo piso, donde se hallan las habitaciones. Por supuesto, todo en su mayoría se encuentra vacío. El camión de mudanza se tardaría por lo menos una semana más en llegar.
—¿Y cómo los trato el viaje desde Colorado? —Pregunto Towntrap mientras revisaban las habitaciones—. Estoy seguro que haber estado cerca de 7 horas en un auto debe ser cansado.
—Vaya que lo fue—Afirmo Martha rápidamente—. Pero considero que esta es la mejor decisión que pude tomar. No sabes lo terrible que ha sido para nosotros desde que Henry desapareció...
La mirada de Martha bajo al suelo mientras emanaba una sensación de melancolía. Cosa que no pasó desapercibida por ninguno de los presentes.
—Henry fue una gran persona—Decía mientras consolaba a Martha con un abrazo—. Me atrevo a decir que jamás he conocido a alguien tan agradable y único como él. Incluso sin su presencia, puedo sentir que los sigue cuidando. Ustedes eran lo más importante en su vida.
—¿Por qué, Town? —Martha se aferró al abrazo—. ¿Por qué desapareció sin dejar rastro? ¿Qué le hicieron a mi esposo?
—No lo sé Martha. No lo se.
Freddy miraba la situación con incomodidad, nunca le ha gustado que traten a la desaparición de su padre como si fuese un asesinato. En su corazón, todavía guarda la esperanza de volverlo a ver. A su vez, le disgustaba ver a su madre sufrir, ella no se merecía eso. Deseaba encontrar las palabras para consolarla, pero no podía. Sin importar lo mucho que quisiera, nada salía de su boca.
Tras unos minutos, Martha había recuperado su postura y el abrazo se dio por finalizado. Un momento después, Towntrap recupero su actitud enérgica y no tardo en intentar elevar los ánimos.
—Se me ocurrió una idea—Dijo Town con su ahora característica alegría.—. Que les parece si damos un paseo por el vecindario, así pueden tener una idea de los alrededores y pueden conocer a los vecinos.
—Suena excelente, pero creo que prefiero quedarme descansando. El viaje me dejo bastante agotada.
—Oh, no hay problema. Si se encuentran cansados, podemos hacer el recorrido otro dia.
—Por qué no vas con Freddy? —Sugirió Martha—. Estoy segura de que le caería bien explorar los alrededores.
—¿Tú qué opinas Freddy?
—Claro, suena divertido.
No lo podía negar, encontraba la idea bastante emocionante. Tal vez su madre tenía razón, si él se daba la oportunidad, podría empezar a gustarle vivir aquí. Y que mejor oportunidad que esta.
—Pues no se diga más, salgamos de inmediato.
—¿Segura que no quieres venir con nosotros?
—Si, no me encuentro de humor para salir hoy. —Afirmo con un tono suave—. Pero no se preocupen, voy a estar acomodando las cosas que tenemos en el auto. Y si cambio de opinión, siempre puedo seguir el olor a tierra mojada.
—Oye, yo no huelo a tierra. —Protesto Towntrap a la vez que empezaba revisar su ropa, buscando algún rastro de suciedad que pudiese haber.—. En la mayoría de ocasiones…
Era curioso para Freddy ver como su madre había pasado de estar al borde de las lágrimas a sonreír de oreja a oreja mientras se burlaba de Towntrap. Era algo satisfactorio verla recuperar esa felicidad que tanto la caracterizaba.
Ya sin más, ambos salieron de la vivienda y empezaron su marcha. <<Esta vez, voy a hacer las cosas bien. Si conozco a alguien que me caiga bien, voy a asegurarme de que seamos amigos.>> Se decía a si mismo en su mente, si quería comenzar de forma correcta, debía tener la mejor actitud.
—Se que hoy será un buen día.
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Poco después de que ambos se retiraran, Martha comenzó a revisar las cosas que tenían en el auto. Quería acomodar las pocas pertenencias que traían consigo. En su mayoría solo eran artículos para poder pasar la noche en espera de todas sus cosas. Pero había algo que le llamo la atención en el asiento trasero. El peluche del oso amarillo que llevaba su hijo.
—Pero a quien tenemos aquí. —Dijo en un tono algo infantil—. Pero si es el elegante Fredbear.
Era bastante peculiar la ubicación del muñeco. Freddy estaba al lado suyo en la parte delantera y recordaba perfectamente que, de igual forma, el pequeño Fredbear también se encontraba ahí.
—¿Por qué Freddy te dejo en la parte de atrás? ¿Acaso quería que tuvieras espacio para ti solo?
Agarro al pequeño oso y lo vio fijamente. Había algo que le fascinaba del mismo, eran lo que quedaba de una época feliz. Un momento donde estaban los tres juntos. A día de hoy seguía preguntándose que fue lo que salió mal. ¿Cuál fue el momento donde todo su mundo cambió?
—Cuando fue que todos los sueños que tenía Henry de hacer a la gente feliz fueron destruidos.
Por un momento, su mente estaba volviendo a sumirse en tristeza. Pero aquellos trágicos recuerdos se desvanecieron de su mente cuando volvió a conectarse con el presente. Sabía que Henry no le hubiese gustado verla de esa forma. Por más que le doliese, era consciente que debía seguir adelante, tanto por el bien de su hijo como el suyo.
—¿Creo que me deje llevar un poco, no lo crees? —Decía mientras mantenía una conversación unilateral con el peluche— ¿Qué te parece si te llevo conmigo a la habitación de Freddy? Estoy segura de que ansias conocer tu nuevo hogar.
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