Actions

Work Header

Bodas de papel

Summary:

Kagami está prometida con Adrien y parecen una pareja feliz, pero no todo es lo que parece. Marinette tiene el corazón hecho pedazos y Félix no está mucho mejor y ambos por la misma razón. Y durante una gala, el exceso de alcohol los hace tomar extrañas decisiones.

 

Publicado originalmente el 5 de julio de 2021

Notes:

Cuando escribí este fic, todo era diferente. Ahora, con todo lo que ha pasado en la serie, esto cuenta más como un Universo Alterno bastante bizarro… Y me agrada bastante. Espero en serio que a ustedes les gusta. A ver si esta vez me animo a escribir su secuela…

DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Apertura: Ideas Borrachas

Chapter Text

BODAS DE PAPEL
(Un fic de Miraculous Ladybug)

APERTURA: Ideas borrachas

Hotel Le Grand París

Martes 20 de mayo de 2025. 21:54

¡QUÉ DESASTRE! Marinette salió a tomar aire, llevándose un estrés que por poco la volvía loca. Se sujetó del barandal y apretó las puños, tratando de controlar su respiración tal como el terapista le había enseñado. Las manos le temblaban, al igual que las rodillas, ¡Y la garganta! La sentía como si se hubiera bebido una botella de ron al seco, con todo lo que eso implicaba, las náuseas, el ardor, pero… ni siquiera había bebido nada un vaso de agua. ¡Iba a tener una migraña de proporciones por culpa del estrés! Se llevó una mano al pecho y cerró los ojos con fuerza, tratando de contener los mareos…

Lo único que quería era echarse a llorar ahí mismo, como niña pequeña, ¡necesitaba un apapacho con urgencia!… pero no iba a ser posible. Se abrazó a sí misma tratando de recordar los ejercicios de respiración que le habían enseñado para recuperar la cordura y los puso en práctica. No le fue fácil, pero finalmente… logró recuperar algo de entereza.

—¡Qué ridícula debo verme! Se supone que esto ya no me afectaba… —pensó para sí.

Se suponía. Obvio. ¡Son cosas que nunca se pueden controlar! Siempre hay imprevistos, la vida está llena de ellos. El corazón muchas veces no escucha razones, pero lo tenía tan asumido y controlado (según ella), que lo que acababa de pasarle la tomó por sorpresa. A estas alturas Marinette ya debería haberlo superado, pero bueno.

—¿Todavía llorando por Adrien, Marinette? Por Dios. ¿Qué tienes, 14 años?

—¿Qué quieres, Lila?

Marinette gruñó entre dientes y miró hacia su costado. Lila Rossi estaba ahí, con las manos en las caderas y evidentemente disfrutando su malestar. La italiana simplemente sofocó unas risitas e hizo un gesto despectivo con la mano.

—¿Qué otra cosa podría querer? Ver cómo te derrumbas.

—¡Ya me viste! Ahora sigue caminando.

—¿Y perderme la oportunidad de echarle limón a la herida? —Lila negó con la cabeza— ¡Tut, tut! Que poco me conoces.

Marinette rodó los ojos, al tiempo que respiraba profundo. Se giró sobre sus talones y se sacudió el vestido, arreglando un detallito aquí y por allá. Supuso que ya le había dado suficiente combustible a Lila como para que esta la molestase un par de horas. ¡Había sido así desde el colegio! La muy suripanta no iba a cambiar nunca. Ella tampoco por lo visto, pero no le iba a seguir dando más cuerda. Iba a pararse derecha, con la cabeza en alto y erguida y así haría abandono de la terraza, con la poca dignidad que le quedaba.

Miró hacia el ascensor que llevaba al hotel. Había sido invitada por Audrey Bourgeois a una de las tantas galas que organizaba para jóvenes diseñadores que se hubieran destacado el último año y como siempre, Marinette había sido invitada personalmente por la ácida mujer. ¡Obviamente había asistido! No se iba a perder una ocasión así por todas las oportunidades que eso significaba. Apenas estaba comenzando su carrera y si bien tenía talento de sobra, también tenía que hacerlo despegar. ¡Venir a la gala no había sido el problema! Otro fue el imponderable.

—¿No te parece que Adrien se ve muy lindo y guapo esta noche? —continuó Lila con un sonsonete maquiavélico— Lástima que haya venido con su prometida. ¡Kagami le arruinó todo el look!

—Kagami se veía muy bien. También Adrien.

—Que se habría visto mejor conmigo del brazo. No con una japonesa desabrida… o francesa histérica que no acepta que ya se le pasó el cuarto de hora.

—Lila, no necesito…

—¿No te hace sentir mal, Marinette? Y pensar que lo tenías todo para quedarte con él. ¡Y por tonta te vas a quedar sola.

—¡Oye! Eso no lo sabes, ¡apenas tengo…!

—¿24 años? Cierto, bien joven, pero… ni siquiera te buscas novio. ¿Acaso esperas que Adrien deje a Kagami y corra a tus brazos? —Lila revoleó las pestañas con picardía— Podrías intentar bajárselo a Kagami. Por las malas.

—Eres una…

—¡Como ella lo hizo contigo! Se aprovechó de tu amistad y te quitó al solecito de París. —Lila la miró con disgusto— Aunque no digamos que te prestaba atención. Siempre fuiste su amiga.

—Consíguete una vida, Lila.

—¡Tenía una vida! La arruinaste, santurrona insufrible. ¿O no te acuerdas?

Marinette arrugó la nariz. No tenía tiempo ni ganas de escuchar eso. Lila la miró con furia: nunca le iba a perdonar a la diseñadora haberla expuesto como mentirosa y arruinado su vida social en el colegio. Por su culpa no había tenido la atención que se merecía ni se había podido salir con la suya. Marinette era la causa de todos sus fracasos y nunca perdería la ocasión para hacerla sufrir por todo eso. No… no quería arruinar su carrera de diseñadora… quería destrozar y hacer cachitos su autoestima y solita arruinaría su carrera. Ella estaría justo ahí viendo cómo se incendiaba el sueño de su vida.

La diseñadora, por cierto, giró sobre sus talones y comenzó a alejarse. Lo que Lila le decía le afectaba más de lo que quería admitir. En ese sentido, tenía toda la razón del mundo. Ella ya era una mujer grande, con una incipiente carrera en sus manos, pero era incapaz de superar un enamoramiento que rayaba en lo obsesivo. Los últimos diez años de su vida había dedicado los latidos de su corazón a Adrien Agreste, quien se había convertido en un hombre guapo, gentil, inteligente y sobre todo seguía siendo el mismo tontorrón buena persona de siempre… y nunca le daría su oportunidad.

Solo era su amiga.

Diez años a la basura, dedicándole su energía para tratar de llamar su atención. Hubo un momento en que pudo tener una oportunidad con el muchacho, pero Kagami, efectivamente aprovechándose de la amistad que mantenía con ella, se había colado entre ambos y quedado con el corazón de Adrien. ¡Cómo había dolido cuando se convirtieron en pareja! A lo largo de los años habían ido y venido, pero cada vez temporadas más largas hasta que por fin la pareja había anunciado su compromiso unas semanas antes.

Hoy era la primera vez que los veía juntos en un evento público. ¡Y se les veía tan felices! Adrien sonreía como nunca y Kagami estaba radiante y ganadora. No podía estar enojada con ellos, estaba molesta con ella misma. ¡Hacía años que debía haber superado eso! Pero no. ¡No! ¿Y lo peor? Que casi logra sobrellevar con dignidad el encuentro de esa noche, ¡hasta había logrado camuflar su dolor con alegría! Pero entonces Kagami la había apartado a un sector más privado y enrostrado con sorprendente malicia que le había ganado y quitado a Adrien solo porque podía, y que ella era una tonta que no tomó nunca su oportunidad. ¡Así, se lo dijo de frente! ¡A lo maldito! Hasta burlándose de la cara de horror que puso, mostrándole el anillo y hablando de su Adrien como su premio, ¡como si este fuera un muñeco!

¿Qué era esto? ¿Una broma? ¿Kagami solo se había encaprichado con Adrien solo por un afán de ganar? ¡Y con lo bueno que era el rubio seguro que ni cuenta se había dado! Si llegaba a enterarse se le iba a romper el corazón, ¿y ella? ¿Cómo quedaba? Con el corazón hecho pedazos y la angustia en las manos. ¡¿Y Kagami se decía su amiga?! ¡¿Qué m**rda?!

Tuvo que salir a tomar aire, dejando a Kagami sola sin decirle nada. Casi tuvo un ataque de pánico. ¡Kagami lo había hecho a propósito! ¿Cómo osaba jugar así con las personas, solo para probar que ella era ganadora? ¡NUNCA más volvería a hablarle a la muy…!

—¡Tú no me das la espalda! —Lila la intentó sujetar del cabello— ¡Te vas cuando yo digo…!

BASTA.

—Aaaargh.

—¡Kyaaaaa!

Lila dio un saltito atrás justo a tiempo. Una pequeña llamarada se había interpuesto entre ella y Marinette y por instinto se detuvo. La diseñadora había alcanzado a darse la vuelta, y también vio el fogonazo, pero además a quien lo había provocado. Lord Félix Blackeney, primo materno de Adrien, estaba ahí entre ambas con cara de pocos amigos. No digamos que tenía otra expresión, pero bueno. El hombre chasqueó los dedos para mejor efecto, encendiendo una breve llamita que se deshizo en el aire: uno de los tantos trucos de magia que el inglés disfrutaba y usaba para mejor efecto.

—Señoritas, creo que no es el momento de que discutan, mucho menos el lugar. ¡Tengan decoro! —Félix se veía de muy malhumor, sobre todo con el lado italiano de la discusión.

—¿De qué estás hablando, Blackeney? —protestó Marinette indignada, pero Félix no la miraba a ella. Sus gélidos ojos verdes estaban fijos en Lila.

—Mira, si es el plan B… —dijo Lila con disgusto— ¿También te dieron calabazas, Félix?

—Be gone, witch!

Félix le mantuvo la mirada largos minutos a Lila, quien sin siquiera pestañar, decidió irse en silencio, antes de seguir provocando al tipo. El hombre no la perdió de vista sino hasta que la mujer hubo desaparecido y solo entonces relajó los hombros.

—¿Estás bien, Marinette?

—Sí. Lo estoy.

Marinette ladeó la cabeza curiosa. No sabía bien qué pensar del primo de Adrien, excepto que se parecían mucho. Vale, como Ladybug le había dado un buen golpe de gancho en alguna ocasión, pero más allá de eso nunca había interactuado tanto con él, y aún así el sujeto siempre parecía reconocerla.

A todo esto parecía afectado por algo.

—No te ves bien.

—Gracias por señalar lo obvio.

—Pfff. Agradece que te pregunto.

—Hmpf.

Félix se apoyó en el barandal, fijando su mirada en París. No estaba teniendo un buen día, en lo más mínimo. El corazón también le dolía y tenía tantos motivos como Marinette para querer pasar sus penas de amor en soledad. De hecho llevaba un buen rato en la terraza cuando apareció Marinette y ciertamente no había sido su plan intervenir, pero… Rencor obliga: odiaba a Lila con ganas y ambos ya se traían un historial de encontrones. Desde que se habían conocido que se daban puñaladas por la espalda, y aunque la gran mayoría de veces había sido él el ganador, Lila había logrado anotarse un par de dolorosos puntos.

Podrán suponer que Félix no perdía oportunidad para incordiarla, por mínima que fuera. Además Marinette le caía bien. Creía que era una mujer muy dulce y la humanidad no se la merecía, sin duda. Claro… ni bajo tortura admitiría eso en voz alta, pero de que lo pensaba, lo pensaba.

Hablando de la diseñadora, esta no se alejó. Por alguna razón se apoyó en el barandal junto a Félix y ambos se concentraron en la ciudad. Estuvieron en silencio quizás unos cinco minutos cuando el sujeto volteó la mirada hacia ella, notando que estaba tan desolada como él. Marinette también tenía un dolor en el corazón y podía intuir cuál. Después de todo, él había escuchado hacía muchísimos años una tierna confesión de amor y si lo que acababa de escuchar era algún indicio, entonces la chica no había olvidado sus sentimientos. Esa expresión triste no le iba.

—Tienes algo en el peinado… ¡Deja, te ayudo!

—¿Huh? ¿Algo en el peinado…?

Félix hizo como que le quitaba algo del pelo. Marinette abrió los ojos como platos al ver una lucecita roja en la mano del chico. Por un momento pensó que se trataba de Tikki, pero no. Félix sonrió de oreja a oreja al verle la expresión y comenzó a jugar con la lucecita, haciéndola ir de una mano a otra hasta que desapareció.

—¿Cómo hiciste eso?

—¿Hacer qué?

—¡Eso!

—¿Esto? —Félix volvió a sacar la lucecita, esta vez de la oreja de Marinette— Ahora la ves, ¡ahora no!

—¡Jijijijijijiji!

—Mucho mejor. Te queda mejor la sonrisa.

—Ouh. Gracias. Supongo. —Marinette bajó los hombros, pero sonriendo con delicadeza. Era evidente que Félix no intentaba pasarse de listo, solo aligerarle un poco el ánimo— También te queda mucho mejor a ti. La sonrisa, digo.

—Gracias. Al menos me diste la oportunidad de sonreír.

—¿Mal día?

—Pésimo.

—¿Quieres hablar de ello?

—Oye, el que está consolando soy yo.

—Me hiciste sonreír, con eso me basta. —Marinette se llevó una mano al corazón— ¿Qué te pasó que estás así?

—Pasa que soy un idiota y dejé que jugaran conmigo.

Félix suspiró. Comprendía a Marinette mucho más de lo que la chica creía. Esa noche también estaba siendo un desastre para él y por exactamente la misma razón. No sabía si era prudente decirle tal cosa. ¿Cómo lo planteaba? El compromiso de Adrien con Kagami lo tenía mal desde hacía semanas, hasta había bajado de peso. Llevaba buena parte de los últimos dos años enamorado de Kagami, había rondado a la japonesa como un perrito faldero, llamando su atención e incluso obteniendo algunas migajas de afecto. Kagami lo mantuvo lejos y cerca, atrapó su interés y antes que se diera cuenta se había enamorado de la mujer y su magnética personalidad. ¡Debió darse cuenta de que estaba jugando con él! Que le dio cariño y atención en la medida justo para mantener su interés el tiempo suficiente, pero no demasiado, de tenerlo esperando y ansioso por si rompía con Adrien para poder consolarla y ¡Claro que lo había hecho un par de veces!...

… y ahora Kagami iba y le decía con voz seductora y en secreto que no se alejara mucho, que era su plan B en caso de que Adrien no quisiera seguir con el compromiso, que lo pasaba bien con él, pero que nunca sería más que eso… el repuesto. El plan B.

¡Qué perra!

—Oh.

—Y Adrien es un imbécil. Por dejarte de lado y perseverar con esa mujer.

—¿Qué está pasando, Félix?

—Nada y mucho al mismo tiempo.

Félix bajó la cabeza y los hombros, Marinette se sujetó las manos. Una vez más se centraron en la ciudad de París, con sus luces y vistas, sin encontrar sosiego alguno. Volvieron a mirarse de reojo.

—¿Te interesa un trago? No quiero beber solo y necesito algo fuerte.

—¿Por qué no? —dijo Marinette al cabo de un rato, encogiéndose de hombros— A la miseria le gusta la compañía después de todo.

Y así en silencio ambos volvieron a la gala. No era tan tarde y por las pintas estaba muy animada. Daba la impresión de que esa noche nadie sería akumatizado, aunque si ellos seguían cayendo por el espiral de miseria, seguro que Papillón los detectaría. ¡Ni modo! Pronto llegaron a la barra.

—Un whiskey doble, por favor. ¿Y la mademoiselle…?

—Un Kirk Royale.

—En seguida señores. —les dijo el barman con elegancia.

Antes que pasara mucho rato ambos tenían sus bebidas y comenzaron una tímida charla, pero pronto comenzaron a relajarse más gracias al efecto del alcohol. En verdad pasaron un buen rato juntos. Prácticamente tenían la barra para ellos solos y se divirtieron señalando los mejores conjuntos y otras curiosidades de aquella gala. Eso sí, se notaba que ambos estaban muy dolidos y que tan solo mirar en dirección de Adrien y Kagami los hacía beber un sorbo extra o pedir una copa más. Ninguno tenía ganas de confesar al otro el verdadero motivo de su dolor, pero bueno… dicen que el exceso de alcohol no solo ayuda a aprender nuevos idiomas, sino que también desinhibe. Antes que pasara mucho rato ya habían expuesto sus corazones.

Tanto Marinette como Félix estaban enamorados de un imposible y sentían que habían jugado con ellos. Y que Kagami se había pavoneado de su victoria sobre el güero ante ellos.

—No puedo creerlo… ¡no puedo creerlo! Diez años de mi vida por el caño.

—¡Tampoco puedo creerlo! ¡Podríamos haber tenido al que hubiéramos querido!

—¡Corté con Luka porque no pude olvidarlo! Y míralo… —Marinette señaló a Adrien a la distancia— ¡Jamás tuve una oportunidad! Solo fui su amiga.

—¡Al menos tú lo intentaste! Yo me estaba conformando con ser el plan B…

—¿Plan B? ¡¿Estás enamorado de tu primo?!

—¡AGH, NO! Asco mayúsculo. ¡Es solo mi hermano el muy IMBÉCIL! —Félix señaló hacia Kagami con evidente dolor en la mirada— ¡Kagami! ¿no la ves? Fría, inteligente, perfecta…

—¿Te gusta Kagami? —Marinette arrugó la nariz— ¿Qué onda esa japonesa que todo el mundo la mira? Hasta Luka la galanteó alguna vez…

—¡Solo vela!

—¡Claro que la veo! Es una desabrida y tiene menos gusto que un palo de escoba… ¡Sin mencionar que no podría combinar colores ni para salvar su vida!

—Aaaaaah, tiene su gracia y arte… sobre todo a puerta cerrada.

Marinette pestañeó perpleja, pero en seguida puso cara de asco, aprovechando para lanzarle algunos maníes y servilletas a Félix encima, quien solo hizo pucheros.

—¡Ascazo! ¡¿Cómo pudiste acostarte con la novia de tu primo?! ¡No! ¡Con la prometida de tu primo!

—EPA. ¡Yo no soy de esos! —el hombre suspiró derrotado— Solo pasó unas tres o cuatro veces… cuando ellos no estaban juntos. ¡También tengo autorespeto! Algo al menos.

—¿Cuándo dejaron de ser novios?

—Sí…

—¡Pffft! ¿Cuál de todas las veces? ¿La segunda o la tercera?

—Hmpf. No me molestes, Dupain–Cheng. —rezongó Félix bien berrinchudo.

Marinette infló las mejillas, pero le hizo sentido. Adrien y Kagami habían ido y venido a lo largo de los años y tenía lógica que hubieran buscado cariño en otras partes. Ella misma había intentado un par de veces quedarse con Adrien en alguna de esas pausas, pero el muy tontorrón solo había sido amable con ella… y hablado mucho de Ladybug, con quien tenía una ligera obsesión. La chica estalló en llanto: al menos Félix sí había podido estar de esa manera con Kagami y ella ni siquiera se lo había permitido con Luka el año que salieron, todo porque se quería reservar y Miren nada más… Adrien y Kagami se iban a casar, ella se iba a quedar sola, decrépita, vistiendo santos y lo más probable es que muriera virgen. ¡Nadie iba a querer estar con ella nunca!

No que fuera tan malo, pero en serio le hubiera gustado al menos…

—Adrien es un imbécil. ¡Seguro no tiene ni idea! Lo quiero, de verdad… pero es un imbécil. Tú eres mejor partido para él que Kagami. —Félix volvió a hacer pucheros y se tragó otro sorbo de su whiskey— Kagami no lo quiere, solo es una competencia… ¡fijo que lo hizo por ganar algo!

—Ella sabía que yo amaba a Adrien…

—Ella sabía que yo la amaba…

Ambos se bebieron de un largo sorbo sus bebidas, pidiendo otras al mismo tiempo.

—A mí ya nadie me va a amar nunca… —dijeron al unísono, con suspiro incluido, y mucho dolor en la voz.

Ambos se miraron a la cara y trataron de componerse. Sí, tenían copas de más en la sangre, pero todavía no perdían el sentido, aún se daban cuenta de sus acciones y se sentían bien ridículos, pero no podían evitarlo. Intentaron componerse y en silencio se consolaron. Pasaron unos minutos callados y volvieron a tomar un sorbo de sus respectivas copas recién servidas

—Tú tienes más esperanzas que yo, Marinette. Podrías volver con Luka y…

—Se casó con Fey.

Bloody Dammit! —Félix empuñó las manos— ¡Hasta ya había planeado qué regalarte para la boda! Pero… en serio: eres joven y cualquiera estaría honrado de tenerte a su lado… yo… soy antipático. Horriblemente antipático. Caigo mal.

—Excepto con un par de copas. Eres divertido.

Volvieron a suspirar y se miraron de reojo, quizás sonrojándose, aunque bien podían ser los efectos del alcohol. Pronto se pusieron muy serios y arrugaron la nariz al mismo tiempo, como si se estuvieran armando de valor para algo.

—¡Cásate conmigo! —se dijeron al mismo tiempo.

El impacto fue instantáneo y de la sorpresa dieron un brinco al costado, fijando las vistas en la fiesta y totalmente perplejos el uno con el otro. No estaban tan borrachos como para haber quedado sin criterio alguno y evidentemente aquello había sido producto del exceso de copas, pero… ¿cómo retomas una conversación después de eso?

—Mejor… esperamos a estar más sobrios.

—Tienes razón. 

Continuará.

Por

MisaoCG

Publicado el lunes 5 de julio de 2021


Próximo capítulo: Plan descabellado

Los kwamis rodearon a la guardiana expectantes, como si Marinette estuviera a punto de darles una mala noticia, pero más se picó la curiosidad general cuando la chica levantó la cejas curiosa.

—¿Marinette? —la llamó Tikki— ¿Sucede algo?

La chica la ignoró y se centró en los mensajes que estaba leyendo, e incluso se dio el tiempo de responder el breve saludo.