Actions

Work Header

Universo Alterno

Summary:

Se sentía extraño estar en ese lugar. Aunque, ciertamente, su última vez allí había sido digna de recordar. Por otro lado, ya no estaba solo allí, sino en compañía de quienes los alguna vez llamados 'La Generación de los Milagros'. Ahora, sus compañeros de selección y amigos inseparables. ¿Para qué había vuelto? Había oído del 'sexto hombre' de Teiko High que no uno, sino tres jóvenes prodigios, como ellos lo habían sido, habían sido inscritos al equipo de baloncesto de Seirin.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

—Recibí tu mensaje...

Dijo un hombre de poco más de treinta años mientras le tendía el puño cerrado a otro hombre de su edad. Desde que se convirtieron en compañeros de equipo tanto en Los Angeles Lakers como en la selección japonesa, Shintaro Midorima y Kuroko Tetsuya se habían acostumbrado a saludarse chocando las manos. El base mucho más pequeño con ojos cian sonrió mientras miraba al hombre que tenía delante. El escolta posiblemente había crecido un par de centímetros en comparación con lo alto que recordaba que era, considerando que el crecimiento de los hombres se detuvo por completo alrededor de los 21 años. Y tenía una altura bastante extraña de 6,5 pies a los diecisiete años.

—Tengo 6,7; No fue tanto, Tetsuya. Sin embargo, debo admitir que eso no ocurrió sin un par de contratiempos. Pero dime, ¿hay algún problema?

Kuroko sacudió la cabeza, demasiado vehementemente para el gusto de Shintaro y para los estándares de Tetsuya, considerando su comportamiento mayoritariamente tranquilo. El médico de cabello verde y anteojos además de escolta profesional decidió ignorar eso por el momento y, en cambio, permaneció en silencio, esperando que su amigo se explicara. Fue sólo en ese momento cuando Midorima se dio cuenta de dónde les había pedido Kuroko que se encontraran. Era el gimnasio y la cancha de baloncesto recientemente remodelados de Seirin, su antigua escuela secundaria.

—Sé que este lugar tal vez no te traiga recuerdos muy felices, y te pido disculpas por eso. Pero hay algo, más bien, un par de personas, que consideré que deberías conocer. Se inscribieron este año y, como nosotros entonces, son jóvenes prodigios. Además, lo más probable es que te sorprenda saber que Akashi se los recomendó a Riko...

Eso ciertamente despertó la curiosidad de Midorima. Y nunca se había considerado una persona curiosa, excepto cuando se trataba de temas relacionados con el baloncesto. Y saber que había nuevos prodigios en el deporte que él y su amigo tanto amaban fue sin duda algo a lo que valía la pena prestar atención.

—Echemos un vistazo entonces... —dijo Shintaro con una pequeña sonrisa, mientras seguía a Kuroko dentro de la escuela —No negaré que estoy un poco ansioso. Y eso, ya debes saberlo muy bien, no es muy habitual en mí...

—Aun así, si estuvieras la mitad de ansioso que Kagami-kun, al menos me habrías preguntado sobre sus posiciones. Y no lo hiciste; Eso es muy propio de ti, Midorima-kun...

Ingresaron al lugar, encontrándose con el pequeño grupo de futuros aspirantes realizando sus ejercicios antes de lo que, al parecer, sería una especie de mini-partido para probar sus habilidades. A un costado del campo, Riko Aida estaba de pie, con su silbato en su mano derecha y en la izquierda, ligeramente presionado contra su pecho, un cuaderno de notas. Shintaro recordaba claramente que, mientras que la 'particularidad' de su amiga Momoi Satuski -de pie a la derecha de la ex-entrenadora de Seirin- era el análisis de juego, tanto de su equipo como de sus rivales, la de Riko Aida era estudiar a detalle las facultades físicas de los jugadores para formar sus estrategias de juego. Junpei Hyuuga, el hombre que ocupaba la posición de escolta en Seirin, era significativamente más bajo en estatura en comparación con él, pero mucho más ágil en cuanto a sus movimientos. Además de que solía asistir a su entrenadora en el planteo del encuentro. Era, finalmente, el capitán del equipo. Kiyoshi Teppei, alero en Seirin, era también más alto que el joven en ese momento, incorporándose en esa posición en el campo. El tercero, finalmente, debía ser ciertamente un base, puesto que lucía de la misma estatura que su ex-compañero en Shutoku, Takao Kazunari; un hombre apenas un par de centímetros más alto que sus ex-compañeros, Kuroko (de pie a su lado) y Akashi Seijuro, ex-capitán de Teiko y Rakuzan.

—Es bueno verte, Midorima... —dijo un hombre de la edad del de ojos verdes y gafas, con el cabello negro y sus ojos igualmente oscuros, también con gafas —Debería felicitarte, aunque tendremos tiempo para hablar de eso. Por supuesto, si no debes regresar de inmediato a Estados Unidos...

—No; me quedaré aquí un par de semanas...

El otro escolta asintió, invitándolo luego a tomar asiento en la banca cuando el grupo de jóvenes ingresó en la cancha.

Mientras observaban el encuentro, tanto Hyuga como Tetsuya se sorprendieron cuando Shintaro se acercó a la línea lateral, tomó un balón que había caído a sus pies y exclamó, en dirección de un joven que se encontraba directamente frente a él, aunque de espaldas:

— ¡Atrapala y lanza! Deberías poder hacerlo desde esa posición, creeme...

El joven en cuestión tomó el balón en el aire, solo con su mano derecha y lanzó a la canasta como se le había indicado, sorprendiendose a sí mismo de que este ingresara sin siquiera rozar el aro o la pintura. Volteo en dirección de quien le hablara, abriendo enormemente sus ojos castaños claros al reparar en la peculiar estatura del hombre en cuestión. Luego volteo brevemente a sus dos amigos y, finalmente, se acercó a la línea cuando Aida indicó que podían tomar un descanso.

—Supongo que no debo preguntar si usted, e incluso su compañero, juegan baloncesto, ¿verdad? Sin embargo, ¿es necesario que pregunte cual es su posición? A propósito... —extendió su mano ofreciéndosela a Shintaro, sorprendiéndose nuevamente cuando le fue devuelta una cubierta de vendajes, y continuo —Itadori Yuji; naturalmente soy alero, pero...

—Puedo entender que no hayas podido resistir la curiosidad... —fue la respuesta inmediata del de cabello verde, quien luego agregó —Shintaro Midorima; y, antes que lo preguntes, soy escolta. Solo por eso creí prudente 'ponerte a prueba'. Aunque tengo la leve impresión de que el joven a tus espaldas está más habituado a tiros de tres, ¿me equivoco?

—Su nombre es Megumi Fushiguro; y tiene razón. De hecho, solía ser escolta en la escuela de la que fuimos transferidos... 

Riko estaba a punto de llamar a los chicos para la segunda parte del partido de entrenamiento, cuando notó que sus dos viejos amigos en la línea de la cancha hablaban con uno de los jóvenes recién llegados. Incapaz de contener su emoción en el momento en que los vio también, Momoi Satsuki levantó un brazo, agitó una mano efusivamente a modo de saludo y luego preguntó si les gustaría unirse al grupo para la segunda mitad. Kuroko no le recordaría que el baloncesto se dividía en cuatro periodos porque él también había estado en el lugar de esos chicos en algún momento de su vida. Y de hecho, solían dedicar la mitad de ese tiempo a la práctica informal. Sólo practicaban partidos de cuarenta minutos de duración antes de los encuentros oficiales. Sacudiendo ese pensamiento de su cabeza, miró al hombre más alto con una ceja ligeramente arqueada que Midorima no tardaría en darse cuenta de su significado. Aun así, asintió y dijo:

—Ya superé el desfase horario, si eso es lo que te preocupa, Tetsuya. Desafortunadamente, no puedo decir lo mismo de Kagami. Pero hablemos de eso más tarde, ¿vale?

—Seguro. De todos modos, sé que Kagami-kun odia los aviones. Y ha vivido en Estados Unidos más tiempo que tú...

Shintaro solo dijo que probablemente estaban a la par en cuanto a millas recorridas, considerando que, mientras jugaba baloncesto en Los Ángeles, su casa y su lugar de trabajo estaban en Florida. ¿Por qué fue así? Eso era algo que ni siquiera él entendería. Simplemente había sido la sugerencia de cierto amigo en común de ambos a la que había decidido darle una oportunidad.

—Y, sinceramente, no puedo decir que me arrepienta de haber aceptado esa sugerencia. Solo trabajo tres veces por semana y, mientras estoy en Florida, me entreno por mi cuenta...

Kuroko había oído de Momoi que Shintaro sólo atendía pacientes ambulatorios; sin embargo, pensó que lo hacía allí en Los Ángeles. Sacudiéndose de sus pensamientos una vez más, el base de cabello cian suspiró y siguió a su amigo más alto a la cancha.

El joven de cabello rosado estaba observando atentamente a su mejor amigo literalmente defenderse de un hombre que posiblemente lo doblaba en estatura mientras intentaba pasarlo y disparar a la canasta

El joven de cabello rosado estaba observando atentamente a su mejor amigo literalmente defenderse de un hombre que posiblemente lo doblaba en estatura mientras intentaba pasarlo y disparar a la canasta. Hasta que sintió una mano que, aunque delgada, ocupaba su hombro por completo, haciendo que su rostro girara un poco hacia la izquierda demasiado rápido, aunque la misma mano en su hombro lo estabilizó antes de que su dueño hablara:

— ¿Normalmente estás así de ansioso? Me recuerdas a un amigo mío; el chico de rojo de allí...

Yuji dirigió la mirada hacia donde le indicaba Midorima y sonrió apenas sutilmente al percatarse de la verdad en las palabras del hombre de ojos verdes y gafas. El de cabello rojo, probablemente de su misma edad, estaba trotando en su sitio, casi como si ansiara ingresar al campo. Sonrió más ampliamente, sacudió la cabeza y luego volvió su atención a su compañero, quien agregó:

—Ven conmigo; ¿No lo intentarás?

Itadori temía tener que enfrentarse al gigante de cabello morado que Fushiguro apenas había logrado pasar. Como si hubiera adivinado sus pensamientos, lo que incluso lo sorprendió, Shintaro le preguntó dónde, o mejor dicho, en qué posición solía jugar. A lo que Yuji respondió que, normalmente, jugaba como alero.

—Los pívots como Atsushi ni siquiera suelen enfrentarse a los escoltas. Lo sabría; yo mismo soy escolta, aunque parece que tu amigo está acostumbrado a correr...

— ¿Correr? Deberías verlo; Fushiguro es un maldito velocista, lo cual dudo que sea necesario para el baloncesto. Aunque, a diferencia de ustedes, en realidad no somos profesionales. De hecho, también nos apuntamos al equipo de fútbol del colegio...

—Debo admitir que al menos la estatura de tu amigo es más precisa para un central de fútbol que para un escolta. Soy demasiado alto para los estándares normales, eso también lo debo admitir. Pero ese tipo... ¿Fushiguro, dijiste?

Dejaron de charlar cuando uno de los nuevos aprendices, a quien Riko había puesto en el equipo de sus amigos porque estaba más avanzado en su entrenamiento, literalmente se lanzó hacia Megumi, tacleándolo cuando el joven de ojos azules estaba a punto de saltar para disparar.

—No te muevas... —advirtió Midorima al darse cuenta de que Yuji estaba a punto de entrar a la cancha —Cualesquiera que hayan sido tus intenciones, te advierto que tengas cuidado con ese tipo. Esta es su segunda prueba y la vez anterior fue rechazado. ¿Quieres saber por qué?

Yuji sólo preguntó sobre su posición, a pesar de que ese estilo de juego era inusual en el baloncesto. El escolta respondió entonces que era un ala-pívot. Itadori solo asintió al principio, aunque luego insistió en ir a ayudar a Megumi, hasta que la mano que aún estaba en su hombro presionó demasiado fuerte incluso para sorpresa de su dueño. Y el joven de ojos castaños claros escuchó a su compañero jadear.

—Lo siento... —Dijo Shintaro mientras intentaba recuperar la compostura —Honestamente, no tengo idea de qué fue eso...

— ¿Es tan extraño encontrar a un hombre de unos dos metros de estatura con esa fuerza?

—No lo es, excepto por el hecho de que no soy el tipo que se enfrentó a tu amigo antes. Si entiendes mi punto. Algo extraño está pasando aquí...

Por supuesto, Shintaro, así como todos sus amigos, sabían muy bien lo que realmente estaba pasando. Sin embargo, ¿cómo podrían decirle a un grupo de jóvenes que a primera vista parecían muy comunes y corrientes que ellos, en cambio, no lo eran? Él y Murasakibara, por ejemplo, tenían una extraña habilidad que resultaba muy útil para el baloncesto, aunque eso era una coincidencia. Midorima era capaz de prever los movimientos de cualquiera, ya fueran compañeros de equipo o rivales, mucho antes de que pensaran qué harían a continuación, además de que podía incluso adivinar sus pensamientos. Debía agradecer que algunas personas eran demasiado obvias en ese sentido; por ejemplo, las únicas tres mujeres que los acompañaban. Atsushi era un hombre naturalmente torpe debido a que era extremadamente alto; eso lo compensaba con fuerza -por supuesto, sobrehumana y, además, común a todos los miembros más altos del equipo- y astucia. Los dos bases, Kuroko y Akashi, sin embargo, tenían otra habilidad más que poco tenía que ver con el baloncesto. Es decir, la fuerza -la fuerza física- no era un requisito primordial para ese deporte. Sin mencionar cuando esta venía acompañada de la habilidad aún más extraña de -literalmente- desaparecer en el aire para reaparecer donde y cuando así lo desearan. Finalmente, Aomine y Kagami también compartían una habilidad inusual. Y eso era, aunque útil especialmente en su posición, también muy extraño. Podían literalmente levitar y hacer que parezca que están saltando.

— ¿Qué debemos hacer? —inquirió entonces Yuji aunque, antes de que el de cabello verde pudiera decir nada, el de ojos claros exclamó — ¡Fushiguro!

En efecto, Megumi se acercaba a ellos en ese instante, prácticamente cojeando, por lo que el hombre más alto se apresuró a sostenerlo antes de que cayera de rodillas. El de cabello negro alzo la mirada a su acompañante, con sus propios orbes azules abiertos en estado de shock. A lo que Midorima simplemente respondió sacudiendo la cabeza para luego hablar:

—Dudo que sea momento para esto ahora. Necesitas atención y no puedo dartela aquí...

— ¿De...? ¿De qué habla?

El mayor volvió a repetirle que no creía prudente explicarse en ese momento. En cambio, lo tomó cuidadosamente en brazos y, alzando la vista al costado del campo, donde Momoi y Riko observaban la escena con miradas horrorizadas, suspiro profundamente y con un dejo de pena. Volvió su atencion a Yuji y pidió, casi en un susurro como para que solo él lo escuchara:

—Se que tus amigos deben haber visto esto ya, pero quédate aquí por favor. Llevaré a Fushiguro-san a casa; si así lo prefieres, dejame tu numero y te daré mi dirección cuando puedas verlo...

Yuji entendía que Midorima vivía, e incluso jugaba al baloncesto y trabajaba en los Estados Unidos. Se preguntaba por que aun conservaría un apartamento en Tokio. El hombre de cabello verde y gafas debió contenerse de responder, puesto que estaría exponiendo una vez más que, de hecho, había adivinado sus pensamientos. En cambio, reiteró su anterior advertencia, agregando que le pediría lo mismo a las dos mujeres de pie en la línea del campo. Sus propias amigas. Asintiendo, Itadori le dio la dirección y el teléfono del apartamento que ahora compartía con su novia, Nobara Kugisaki.

—Suelo regresar con frecuencia... —respondió Shintaro, ignorando que, una vez más, había hecho uso de su habilidad en el joven a su lado —Debo irme de inmediato. Y, a propósito, gracias; te informaré en cuanto llegue... Y dile que no se preocupe por él, ni por ti... Puedo asegurarte que Aomine no lo dejará pasar esta vez...

Nuevamente, Itadori parpadeo, aunque también el decidió ignorar aquello y, en cambio, volvió la mirada al campo donde, para su sorpresa, el sujeto que antes golpeara a Megumi yacía en el suelo, mientras que un segundo sujeto, aproximadamente de la misma estatura que Midorima, de cabello y ojos color índigo y piel morena, mantenía su pie izquierdo justo sobre sus costillas. El de cabello rosado temió que fuera a lastimarlo por lo que, esta vez, y sin poder contenerse, decidió ir a detenerlo.

— ¡Espera! ¿Qué demonios haces?

— ¿Qué carajos eres? —fue la respuesta, fiel a su estilo, sumamente arrogante del moreno —Este idiota acaba de romperle una pierna a ese sujeto, ¿no es tu amigo, acaso?

Aomine le hubiera propinado un puñetazo en medio de la cara si una mano tan grande como la suya no hubiera detenido su puño, para luego apresar su brazo contra su espalda, provocando que el de ojos índigos dejara escapar un quejido de dolor.

— ¡Con un demonio, Kagami, ¿puedes soltarme, maldición?!

El hombre de su misma edad y estatura, cabello y ojos rojizos y tez blanca accedió, solo bajo la condición de que no intentara agredir nuevamente al sujeto aun en el piso. Ni a Yuji, admitiendo que dudaba que quisiera vérselas con Shintaro o Akashi más tarde. Aomine le dio un codazo no muy disimulado en un costado al escuchar aquello, señalando que dudaba que Yuji (cuyo nombre en realidad desconocía aún) y su amigo supieran acerca de su 'oscuro secreto'. A lo que Kagami respondio que, si el escolta había decidido llevar al joven de cabello negro a su propia casa, dudaba que fuera solo para atender sus heridas. Lo cual, de hecho, no podría hacer de no ser lo que era; o de no tener 'esa habilidad en particular' y que le era única, así como todos ellos poseían una que nadie más tenía.

—A propósito, ven conmigo; hay algo que Satsuki necesita preguntarte. Y, aunque no estoy seguro por que lo dijo de ese modo, mencionó que, en cierta manera, tiene que ver precisamente con Midorima y Kuroko. ¿Imaginas de que pueda tratarse?

Daiki solo se encogió de hombros. Si bien era cierto que, si alguien conocía de pies a cabeza su secreto, era Momoi Satsuki, dudaba que hubiera algo más al respecto de lo que solo ella supiera. Volvieron su atención a Yuji e, inclinándose a modo de disculpa y despedida, Taiga dijo:

—Itadori es tu nombre, ¿verdad? Lamentamos lo sucedido. Veras... Solíamos, o más bien yo solía jugar aquí; mi nombre es Kagami Taiga. Él es mi mejor amigo, Aomine Daiki. En cuanto a tu amigo, no debes preocuparte por él... Si Midorima dijo que llamaría en cuanto pueda hacerlo, créeme que lo hará...

Yuji solo asintió, confundido aun respecto de toda esa situación. Echó un último vistazo al joven apenas incorporándose antes de unirse a sus otros tres amigos. Toge, Nobara y Maki; estas últimas eran, de hecho, su pareja y la de Megumi.

En el momento en que abrió sus ojos azules, Megumi se preguntó si en realidad se había quedado dormido debido al dolor en su pierna y brazo izquierdos

En el momento en que abrió sus ojos azules, Megumi se preguntó si en realidad se había quedado dormido debido al dolor en su pierna y brazo izquierdos. Sin embargo, no recordaba que eso hubiera sucedido alguna vez. No obstante, su respuesta no fue la que esperaba. Escuchó a una persona jadeando a su derecha y luego tosiendo con fuerza. Antes de que pudiera decir una palabra, el hombre sentado a su lado le explicó que esa era la primera vez que usaba "esa habilidad" en personas que no eran como ellos. Es decir, civiles comunes y corrientes. Esas últimas palabras hicieron que Fushiguro se sentara lentamente y arqueara una ceja hacia su compañero, a quien instantáneamente reconoció como uno de los hombres en la cancha de baloncesto. Sin embargo, tenía problemas para recordar su nombre en ese momento.

—Sabes, he tenido la impresión de que ese pequeño que nos recibió a Yuji y a mí no era normal. ¿Quién o qué eres entonces?

—Antes que nada; el nombre del 'pequeño' del que hablas es Tetsuya Kuroko. Y segundo; ¿qué esperarías de un base? Ni siquiera yo encajo con la posición que tengo en la cancha... Pero esa no era tu pregunta, aunque la respuesta tal vez tenga que esperar hasta que duermas bien... Mientras tanto, hay alguien a quién debería llamar o tengo la impresión de que vendrá hasta aquí... Sus pensamientos... me están dando un terrible dolor de cabeza...

Shintaro suspiró profundamente de nuevo y se masajeó las sienes como para dejarle claro su punto a Megumi. Por supuesto, el joven de cabello negro no sólo lo entendió, sino que también se dio cuenta de quién era más probable que estuviera hablando el hombre más alto. Y, finalmente, también encontró la respuesta a su pregunta. El hombre a su lado definitivamente tenía algún tipo de habilidad relacionada con la telepatía o algo por el estilo; de lo contrario, no podría saber lo que estaba pensando una persona que estaba en otro lugar. Fushiguro aún tenía que descubrir si lo que había hecho con sus heridas también tenía que ver con alguna habilidad especial suya. Y, lo más importante, necesitaba procesar tan impactante descubrimiento.

—Me daría miedo contarte cómo nos enteramos la mayoría de nosotros... Fushiguro, ¿verdad?

El de ojos azules asintió en silencio, aunque luego, colocando una mano en su barbilla en un gesto pensativo, señaló:

—Entonces ustedes, digamos, no nacieron con esas extrañas habilidades...

—Efectivamente. Y la verdad es que debemos encontrar la razón por la que los tenemos antes de que nos agoten a todos. Especialmente Kuroko y Aomine. Tienen las habilidades más agotadoras. En lo que respecta a la mía, puedo 'recargarme' tan rápido como uso mi habilidad para curar a alguien. Siempre que ese alguien sea como nosotros. Por eso te mencioné que esta era la primera vez que la usaba con alguien más que nosotras... Ese es mi límite...

Al darse cuenta de que probablemente había dicho demasiado, Midorima se levantó y le pidió a Megumi que durmiera un poco más. Una vez que se aseguró de que el de ojos azules se hubiera dormido, se dirigió a la cocina para llamar a alguien más antes de contarle a Yuji sobre la situación de su amigo. Esa otra persona era de hecho "ordinaria" y, sin que Fushiguro, Itadori y sus amigos lo supieran, era alguien a quien conocía muy bien.

—Apuesto a que esperabas que esos chicos se volvieran locos en el momento en que se enteraran, ¿no?

El hombre al otro lado de la línea se rió casi maniaticamente ante la pregunta del escolta de ojos verdes, para luego preguntarle precisamente por qué lo estaba interrogando 'como solía hacerlo un viejo amigo suyo'. Shintaro estuvo a un paso de tirar el teléfono a un lado cuando escuchó aquellas palabras llenas de sarcasmo. Pero más aún cuando el hombre al otro lado de la línea mencionó que necesitaría un último favor específicamente de él y de Aomine antes de decirle cómo deshacerse de esas habilidades que, ciertamente, no habían buscado.

—Creo que, con un arma en la mano, ese tipo no necesita habilidades especiales para hacer esto. ¿Tú tampoco o me equivoco?

Al darse cuenta de lo que le pediría el hombre, de quien sólo sabía que su apellido era Geto, Midorima se negó. Un par de segundos después, sin embargo, tuvo que quitarse el teléfono de la oreja cuando una descarga eléctrica recorrió su frente, lo que le hizo cerrar los ojos para luego continuar hacia su hombro y brazo. El izquierdo, en ambos casos. Ahogando un grito de dolor, volvió a colocar su celular, esta vez, en su oreja derecha y exclamó que no pensaba cumplir con lo que le pedía aunque perdiera su brazo izquierdo y ya no pudiera jugar baloncesto.

A veces maldecía ser zurdo nato, ya que su habilidad no funcionaba igual cuando se usaba con su mano derecha prácticamente inútil. Le tomó largos y agónicos minutos hasta que el dolor en su brazo izquierdo disminuyó lo suficiente como para que la sensación de parálisis fuera reemplazada por un entumecimiento no mucho más cómodo que probablemente no desaparecería durante el resto del día. Pero cumpliría su promesa a Yuji; tenía que hacerlo, principalmente, como médico. En ese momento, y cuando estaba a punto de levantarse, sin embargo, Shintaro sintió una mano masculina tan pequeña y delgada como la de Kuroko colocando lo que parecía una compresa tibia en su brazo y, levantando la mirada hacia su compañero, jadeó al darse cuenta de que era en efecto Tetsuya.

—Creo que... no estoy en condiciones de cuestionar de dónde sacaste una llave... Ayúdame a levantarme, por favor. Creo... creo que no he tenido uno de estos en muchos años...

— ¿Estás intentando inventar una excusa para que tu huésped no se entere? ¿Crees que no sé que casi nunca te enfermas y mucho menos te lesionas? ¿Quién fue esta vez? ¿El albino o el otro idiota?

El escolta de cabello verde miró a su amigo de forma bastante extraña ante ese comentario. Siempre había conocido a Kuroko por ser casi tan introvertido como él; casi, porque a menudo tenía sus "arrebatos". Aunque muy pocas personas habían visto ese 'lado' de él. Puntualmente, solo sus dos mejores amigos, Kagami y Aomine, lo habían hecho. Y en muy contadas ocasiones. Suspirando, le preguntó al hombre de ojos cian si en realidad alguien lo había enviado a ver cómo estaba. O, mejor dicho, si Satsuki le había pedido que lo hiciera.

—De hecho, otro buen amigo tuyo me prestó sus llaves. Aunque me pregunto cómo supo que estarías aquí...

—Digamos que la misma habilidad que tiene como armador, la tiene en cualquier otro lugar, excepto que diez veces más aguda, si me entiendes. Y, con respecto a tu pregunta anterior, el 'chico albino' tiene un nombre y no le pediría nada a nadie. Al menos no de un modo tan oscuro y amenazante... El otro idiota también tiene un nombre, pero eso lo sabes, lamentablemente. Ahora debería preguntarte, ¿por qué no mencionaste que te llamó a ti y a Aomine antes de llamarme?

Kuroko estaba perdido después de escuchar esa pregunta. El moreno no le había mencionado acerca de ninguna llamada de ningún tipo. ¿Qué quiso decir exactamente Shintaro con eso? Sin embargo, antes de que pudiera interrogar a su amigo, escucharon un auto muy familiar detenerse afuera, pero no entrar al estacionamiento, por lo que se dieron cuenta de que no podía pertenecer a ninguno de sus amigos, quienes estaban acostumbrados a usar el estacionamiento del complejo de apartamentos para dejar sus vehículos personales. Especialmente Daiki, que también lo utilizaba para su trabajo.

— ¿Te importaría hacerme un favor, Kuroko? Ve a mi habitación y quédate allí con Fushiguro. Dudo que sea quien creo que es, pero, por si acaso, no me arriesgaré a que hagan nada si puedo evitarlo...

—No es alguien de quien debas tener cuidado, créeme... —dijo el propio Megumi, de pie, recargado en el marco de la puerta —Probablemente por eso ella no usaría el estacionamiento también. Por un lado, Maki detesta que cualquiera la lleve; por otro, tengo la impresión de que tu amigo no la dejaría decir que no...

Tanto Shintaro como Kuroko tuvieron que sonreír al darse cuenta a cuál de sus amigos se refería el de ojos azules. Sólo esperaban que la joven en cuestión fuera soltera. Cubriendo con una mano la carcajada que amenazaba con escaparse de su boca, y que le era inusual, por cierto, el escolta dijo:

—Cómo se llaman... Oh, si; coqueto como siempre... El idiota no se rendirá por mucho que lo rechacen... Por cierto, Fushiguro, ¿deberías levantarte?

—Nunca entenderé cómo diablos lo hiciste, pero mi pierna al menos dejó de dolerme lo suficiente como para permitirme ponerme de pie...

—Creo que te debo eso, al menos. Pero espera aquí un segundo y luego te lo explicaré. Mientras tanto, siéntete como en casa...

Megumi no insistió en el asunto. En cambio, asintió, mientras interiormente se preguntaba quién era el tipo con el que Maki estaba tratando esta vez. Por supuesto, hacía tiempo que se había dado cuenta de que, si así lo deseaba, Shintaro podría responder fácilmente sin que él expresara su pregunta. Sin embargo, también se había dado cuenta, en tan poco tiempo de conocerlo, que quizás era demasiado reservado para sus estándares. E incluso para su propio bien.

—Tú eres Tetsuya, ¿verdad? —le preguntó al de cabello cian luego de un momento de silencio —No recuerdo haberme presentado cuando nos conocimos. Soy Megumi Fushiguro, aunque también podrías llamarme Megumi. ¿Debería preguntar cuál es tu habilidad?

—Primero, puedes simplemente llamarme Kuroko, Fushiguro-kun... —dijo el base devolviéndole la mano que le ofrecían —Segundo, no sirve ni la mitad de lo que serviría la de Midorima-kun a cualquiera de nosotros. Es velocidad. Puedo, literal y prácticamente desaparecer de la vista y aparecer de nuevo en otro lugar que desee. Como armador, esa también es mi mejor habilidad... Finalmente, no podría explicarte cómo obtuvimos estas habilidades porque no estaba allí cuando nos las dieron. Solo estaban Aomine-kun y Midorima-kun cuando eso sucedió...

Megumi no dijo nada en respuesta. Minutos después, escuchó la puerta del apartamento abrirse y una voz femenina exclamó, sin demasiada exageración, sino más bien en un tono aliviado, su nombre. Kuroko no pudo evitar observar atentamente a aquella joven. De pie junto al escolta, era curiosamente similar en apariencia excepto porque su cabello y ojos eran ligeramente más oscuros. Tras ellos se encontraba Kise y, finalmente, una segunda joven, probablemente de la misma edad que la primera, de cabello castaño y ojos avellanos. Esta vestía un curioso uniforme azul oscuro.

—Creo que ya has hecho tu parte, Kise... —indicó Midorima sin voltear a ver al hombre rubio cuyos ojos dorados estaban fijos en la espalda (o tal vez un poco más abajo) de la mujer castaña —No te preocupes por ellas; puedo llevarlas de regreso al campo. Estaban allí con Satsuki hace un momento...

—Wow... —dijo Nobara, luego de un momento y una vez que el rubio se fue, a pie, puesto que el auto que conducía era el de Maki — ¿ese sujeto es así normalmente? Lo siento; creo que hay algo que debemos hacer antes de las preguntas, ¿verdad?

—Tetsuya Kuroko y Midorima Shintaro... —intervino Megumi, para sorpresa de su amiga —Creo, sin temor a equivocarme, que son el base y el escolta de la selección nacional de baloncesto, ¿verdad?

—Solo he de hacer una corrección a eso; el resto es exactamente como lo has dicho. Kuroko es, en efecto, el base del equipo nacional; en lo que a mi respecta, deje el equipo hace un año. Creo que debes haber visto a un hombre de cabello negro en el campo, junto a Kagami. Su nombre es Himuro Tatsuya y es el actual escolta. Y, antes que lo preguntes; nadie entre nosotros es 'ordinario', y él no es la excepción...

Megumi solo asintió. No era su intención 'escarbar' más de lo estrictamente necesario. En otras palabras, más de lo que su anfitrión y su amigo estuvieran dispuestos a revelar. En cambio, simplemente agradeció que hubieran sido honestos respecto de quienes, o de lo que realmente eran.

 En cambio, simplemente agradeció que hubieran sido honestos respecto de quienes, o de lo que realmente eran

Pasó una semana desde su encuentro. Fue una semana completamente tranquila. Lo cual, a decir verdad, casi instintivamente encendió las alarmas en las dos únicas personas conscientes de lo sucedido hacía una semana. O, mejor dicho, las dos únicas personas directamente implicadas en el suceso. Como si fuera poco, un visitante muy extraño apareció ese día en la casa familiar de Kuroko. Alguien que el armador no reconocería por el simple hecho de mantener su rostro oculto.

— ¿Aomine Daiki está aquí, por casualidad?

Preguntó el hombre misterioso, cuyo largo y brillante cabello ébano Tetsuya no podía ver en el momento en que el hombre de ojos cian abrió la puerta. Kuroko no tuvo tiempo de responder antes de que le pusieran un paño húmedo en la boca, ante la expresión aterrorizada de Riko, y cayera inconsciente en los brazos del hombre. Este luego reveló unos ojos negro azabache igualmente brillantes y, ofreciéndole una sonrisa a la mujer de cabello castaño, dijo que no le haría nada ni a ella ni a su hijo por nacer, pero que sería mejor que llamara a Aomine si deseaba ver a su marido otra vez. Antes de irse, miró por última vez a Aida por encima del hombro y le dijo, en un tono claramente amenazante:

—Ah, y dile a ese doctor amigo tuyo que mi amigo pronto podría necesitar su ayuda. Y que será mejor que no se niegue o la otra mujer también desaparecerá... Considerando que no hay motivo para que le perdone la vida como lo hice con la tuya...

Riko obviamente sabía de quién estaba hablando ese hombre. Momoi. Ella y Aomine no habían tenido ni tendrían hijos por voluntad propia. La mujer de cabello rosado simplemente temía que el trabajo de su esposo pudiera dejar a su hijo huérfano de padre. Las palabras del hombre la paralizaron, pero cuando pudo recuperarse, corrió de regreso a la cocina y, tomando su teléfono, marcó el número de una persona muy familiar -y muy querida-. Obviamente no eran Momoi o Aomine; eran los mejores amigos de su marido, más bien, sus mejores amigos además de Kagami.

El hombre en cuestión, por su parte, tenía otros asuntos de qué preocuparse. Aunque estos concernían directamente a Riko y su marido y eran nada menos que su extraña demora. Habían acordado que la práctica comenzaría a las 10 de la mañana. Eran alrededor de las 11 y ninguno de ellos había llamado siquiera. Megumi estaba parado junto a Shintaro, mirándolo con una mezcla de curiosidad y también de preocupación. Hasta que finalmente fue Yuuji quien hizo la pregunta que estaba convencido que estaba en la mente de su amigo.

—Lo siento, Midorima-kun, pero… ¿Es habitual que Tetsuya-san y su esposa tarden tanto en llegar? Soy consciente de que no los conozco lo suficiente ni a ellos ni a ninguno de ustedes aún, pero...

—Tienes razón en estar preocupado, Itadori-san. No; no es común en ninguno de ellos. De hecho, si es posible, Aida-san estaría aquí una hora y media antes de que comience el entrenamiento. Si no me crees, deberías preguntarle a Hyuga…

Antes de que pudiera decir una palabra más, se quedó repentinamente helado, luego de un momento, se llevó ambas manos a las sienes, inclinando ligeramente la cabeza, como si hubiera notado algo extraño. Cerró los ojos y tomó un hondo respiro antes de que Fushiguro preguntara si había ocurrido algo serio. Nuevamente, Shintaro no respondió aunque, esta vez, fue porque oyó su celular, lo que no hizo más que alterarlo aún más de lo que estaba. Pero debía responder. Por lo tanto, tomando el móvil de su bolso, reviso rápidamente la identificación de quien lo llamaba. Y entonces palideció al ver que se trataba justamente de la persona en quien estaba pensando momentos antes. Suspiro profundamente, para luego excusarse con sus dos acompañantes, explicándoles simplemente que regresaría en un momento. Aunque ambos, o al menos Itadori, tenía una ligera sospecha de quien estaba llamándole, prefirió dejarlo ir sin siquiera cuestionarlo. Lo cual el escolta agradeció sinceramente, aunque no lo diría en voz alta.

Una vez que se aseguró de que estaba solo, llevó finalmente el móvil a su oído izquierdo, disculpándose con Riko antes de preguntar si todo estaba bien, admitiendo que le sorprendía que no hubiera llegado aún.

—Lo sé… —respondió la mujer de ojos avellanos —y lamento sinceramente haberte preocupado, Midorima. Sin embargo, temo que no pueda asistir hoy. Es más… necesito pedirte que suspendan la práctica de hoy…

— ¿Qué ha sucedido? Me asustas, Aida-san. Dime… Al menos dime que Tetsuya está allí contigo. ¿Puedes ponerlo al teléfono?

Supo apenas la mujer respondió que algo serio definitivamente había ocurrido con su amigo. No esperaba sin embargo que lo fuera tanto.

—Alguien… alguien vino aquí hace un momento buscando a Aomine… De hecho, mencionó que necesitaba de tu ayuda para ‘un amigo’. Luego de eso… —su voz se quebró antes de terminar —se llevó a Kuroko. No se donde; ni siquiera se quien era ese sujeto. Solo… solo hazme un favor…

—Sé que vas a pedirme y, por desgracia, no puedo negarme; no esta vez… No puedo explicarte por qué debió de haberse llevado a Tetsuya con él, pero si por qué preguntaría por Aomine. Hazme un favor; quédate allí e iré a buscarte en media hora…

La mujer solo asintió verbalmente como respuesta. Una vez que acabó la llamada, el escolta regresó junto a Megumi y Yuji. Para su sorpresa, Momoi, Kagami, e incluso Akashi y Murasakibara estaban con ellos allí para entonces. Solo faltaba, precisamente, Aomine. El hombre de ojos verdes y gafas entonces preguntó a Satsuki donde estaba su esposo, explicándole que Riko lo había llamado momentos antes para informarle que alguien había ido a su casa buscando a Daiki pero que, al no dar con él, se habían llevado a Kuroko.

—Y temo saber quien y a donde. Fushiguro; creo haberte mencionado alguna vez que debíamos encontrar a quienes nos otorgaron esas habilidades. De hecho, se quien es, aunque hay algo que debo hacer a cambio para deshacernos de esto… Y tiene que ver con ustedes dos. Necesito que seas honesto. ¿Tu o Yuji conocen a un sujeto llamado Geto?

Itadori palideció. Ese era el nombre, más bien el apellido del ex-compañero de quien lo entrenara antes de ser transferido a Tokio. Obviamente, no en baloncesto, sino en artes marciales. Algo para lo que era sumamente hábil, al igual que Megumi; de hecho, lo había conocido en el dojo en el que solían entrenar y más tarde convivir. Se preguntaba sin embargo que necesitaría ese sujeto de Shintaro y sus amigos. A menos que fuera…

—No exactamente… —respondió el de cabello verde —Por alguna razón que honestamente no comprendo, busca deshacerse de ti y de tu amigo…

—No… —tartamudeó Megumi, con el rostro casi mortalmente pálido —No puedes estar hablando en serio… ¿Por qué lo haría? Y, lo que es peor, ¿para qué te necesitaría a ti, un médico?

—Me temo que no son las únicas personas de las que pretende deshacerse. Y, como recuerdo haberte mencionado claramente, mi habilidad no funciona en los seres humanos, en los seres humanos comunes y corrientes, quiero decir, de la misma manera que lo hace en nosotros. Itadori-kun, recuérdame, ¿cómo se llama este hombre, el albino?

—Satoru. ¿Tú también lo conoces?

—Apenas. Sólo sé de él hasta donde me dijo el tipo que nos otorgó estas habilidades, pero que ahora quiere recuperarlas Dios sabe por qué razón, la única vez que nos vimos...

Respiró hondo, como si esa charla de alguna manera lo hubiera agotado. Aunque Fushiguro se dio cuenta de que esa no era la razón real. O no toda, al menos. Parecía demasiado tenso, posiblemente, a causa de lo que podría pasarles a sus dos amigos si no cumplía con la petición de ese hombre, Geto. No se trataba de matarlos sino de reunirse con él para salvar a Kuroko. En otras palabras, Fushiguro no estaba seguro de si Shintaro realmente deseaba que le quitaran esa habilidad, aunque, al mismo tiempo, podía decir sin lugar a dudas que quería recuperar a su amigo.

—No sé si puedo serte de alguna utilidad con solo mi entrenamiento en combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, accediste a ayudarme incluso sin saber quién diablos era. Por eso, lo mínimo que puedo hacer es dar lo mejor de mí. Y no aceptaré un no por respuesta...

—No planeaba negarme... —respondió el escolta—Solo ten en cuenta una cosa, Fushiguro; no permitiré que intervengas hasta que lo diga. Serás mi responsabilidad en ese momento y, algo más...

Miró por encima del hombro del hombre de cabello negro hacia Yuji y señaló mientras sacudía la cabeza:

Ven solo. Alguien... Necesito que alguien vaya a la casa de Tetsuya ahora, ¿podrías hacerme ese favor, Itadori-san?

El joven de ojos castaños claros asintió, sugiriendo que probablemente sería mejor para ellos llevar a todos los demás a casa de Tetsuya. O al menos los que corren mayor peligro. Esos eran Aomine y su esposa. Midorima sacudió la cabeza, señalando que sabía que Daiki lo seguiría, aunque sólo fuera a distancia. Después de todo, atrapar criminales o personas sospechosas era su trabajo. Si arriesgaba su vida o no, al final era su decisión. Y no había manera de que nadie pudiera detenerlo. Considerando que era su mejor amigo el que ahora estaba en peligro. Eso les dio a Megumi y Yuji la pista de que les esperaban no una, sino muchas noches largas, agotadoras y llenas de tensión. Y no tenían idea de cuán acertadas estarían.

Mientras tanto, en un sitio algo alejado de allí, un par de orbes cian se abrieron lentamente, encontrándose su dueño recostado en lo que parecía una camilla, aunque de metal, y atado de pies y manos. Giro apenas el rostro al escuchar a su izquierda un quejido de dolor, percatandose de que junto a él había un hombre al que conocía perfectamente. De hecho, solo él, Aomine y Midorima le conocían. Y comprendió al verlo el motivo por el que precisamente necesitaría Geto del moreno y del hombre de ojos verdes y gafas. El sujeto de cabello albino a su lado había sido alguna vez el ‘dueño’ por así decirlo, de las habilidades que poseían sus amigos, más la de Takao Kazunari. Aunque esta última ya no le serviría, puesto que había sido privado definitivamente de la visión. Tetsuya se preguntaba sin embargo con qué fin Suguru Geto pretendía devolver al albino sus habilidades. Suguru Geto; ahora podía recordar su nombre, como si sus recuerdos estuvieran regresando lentamente debido a sus circunstancias actuales. Volvió a la realidad prácticamente de un salto al escuchar fuera de aquella habitación tres disparos. A falta de habilidades especiales, el hombre de ojos azabaches obviamente recurría a las armas como método de defensa. No obstante, él reconocía perfectamente ese sonido. Y ese descubrimiento provocó que palidezca. Aomine, y quien sabe quien mas, estaba en el lugar.

—Dios… no… No vengan…

—Él les pidió que lo hicieran… —respondió casi en un susurró el albino —Es un maldito sádico, Tetsuya-kun; ¿crees que no aprovecharía la oportunidad de verte sufrir acabando con tus amigos ante tus ojos? ¿Para qué más crees que fue por ti directamente y no por Daiki? Sabía que el imbécil lo seguiría…

—Es curioso… —dijo el de ojos cian, esbozando una sonrisa —Creí que no le conocía. Al menos en lo que a mi respecta, no tengo idea de quién es… ¿Eso también era parte del plan de Geto? ¿Que solo un par de nosotros supiéramos sobre usted?

Dejó escapar un quejido de dolor cuando algo parecido a una corriente eléctrica le atravesó la espalda. Incapaz de soportar los espasmos que le sacudieron a continuación, perdió la consciencia. En ese momento, un sujeto que no era Aomine ingreso al lugar y, alzando sus ojos verdes ligeramente vidriosos -y carentes de gafas- al base de cabello cian, se disculpó en silencio antes de liberar al albino de orbes azules y ordenarle que se marchase antes de que lo que fuera que había hecho Fushiguro desapareciera.

—Tu sabes que hizo y como, Midorima-san, ¿nunca le mencionaste a Tetsuya cuál fue tu precio a pagar por esa habilidad, verdad?

—Mi vida no se apagará una vez que haya tomado los poderes de alguien más. Y esto te pertenece… Mi deber es salvar vidas; no necesito de una habilidad que me permita hacerlo mientras que al mismo tiempo consume la mía…

Removió el vendaje negro sobre los orbes azulados de Satoru y coloco sus propias gafas en su lugar. En efecto, él no necesitaba de ellas más que para utilizar su habilidad. En su lugar, colocó un segundo par que llevaba consigo sobre su rostro y suspiró.

— ¿Puedo encargarte a Tetsuya? Aomine y yo debemos ir tras tu ‘amigo’. Aunque, al parecer, me temo que tus alumnos, o lo que sean esos dos, tienen mucho más que decir de lo que se ve a simple vista…

Shintaro jamás oyó al hombre de cabello albino murmurar que, de hecho, aquello era un eufemismo. Pero que, desafortunadamente, tomaría tiempo hasta que se dieran cuenta de ello. Hasta entonces, sólo podía rogar para que sobrevivieran.

Notes:

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah, nuevo trabajo, para nuevo reto fijo y, por si eso no bastara, HE CONCLUIDO EL NANOWRIMO JUSTO A TIEMPO!

Tuve mis días de flojera, no lo negare, pero pasito a pasito, aqui esta!

DustySunflower44, GONSY23, Rahzelev, DarkLoveEmpress, Alei_sama89 y mi hermosa, bella Nessa, aquí acaba este extensísimo proyecto, en el cual me he sumergido de lleno por primera vez.

Este fic tendrá segunda parte, donde tal vez combine algún otro prompt al que tome como referencia aquí, en el que nuestros amigos basquetbolistas, con ayuda de los hechiceros sin poderes vayan a rescatar a Kuroko.

Series this work belongs to: