Work Text:
—Azalea... —llamó Shoko Ieiri a su discípula y actual asistente —No ha vuelto, ¿verdad?
La joven de cabellos rojos y gafas giró hacia su maestra con sus ojos verdes ligeramente vidriosos. Megumi Fushiguro había partido la tarde anterior junto a Gojo Satoru a una misión que, para el criterio de Shoko, e incluso el del propio Satoru, no era apta aun para el joven de 18 años, a pesar de haber alcanzado ya un rango más alto. en la escuela de hechicería. Shoko le dirigió una pequeña sonrisa a Azalea, intentando calmarla, pero ella misma tenía la extraña impresión de que había algo en la tardanza de Satoru y Fushiguro que no cuadraba. Definitivamente, algo debió haber salido mal en su misión. Sus sospechas finalmente fueron confirmadas cuando vieron a Nanami Kento de pie en la puerta de la oficina. En silencio, sin pronunciar palabra, este simplemente le hizo una seña a Ieiri para que saliera, a la que esta obedeció con cierta vacilación, viendo de soslayo a Azalea. Finalmente, sin embargo, salió de la habitación. Una vez fuera, Kento le dirigió una mirada aún más seria que de costumbre antes de hablar:
—Satoru y Fushiguro están en camino; sin embargo, debo pedirte que ni Miyagi ni Itadori sean informados… No aún, al menos…
Nanami dio media vuelta y se marchó sin dar tiempo a Shoko a responder, a saciar sus dudas respecto de por qué debería dejar fuera de ello precisamente a los dos mejores amigos de Megumi. Ieiri sacudió la cabeza intentando ignorar aquello y volvió en dirección de su oficina. Sin embargo, una extraña sensación, algo así como un mal presentimiento, le hizo volver la mirada hacia atrás, al sitio por el que Kento se marchara momentos antes. Inmediatamente, sus ojos cafés se abrieron enormemente al dividir las dos figuras acercándose lentamente, casi a duras penas, hacia ella. Eran Gojo Satoru y Megumi Fushiguro; el primero lucia visiblemente mas entero que su estudiante y, de hecho, lo cargaba en brazos, aunque el joven de cabello negro desaliñado estaba aun plenamente consciente. Satoru alzo sus ojos siempre ocultos tras su vendaje negro al percatarse de la presencia de su pareja y simplemente le indica que llevará a Fushiguro a la enfermería.
—Tu también estás herido, idiota, ¿crees que no me doy cuenta? Fuimos compañeros, eres mi prometido, ¿se te olvida?
A regañadientes, sin embargo, Shoko camino los escasos pasos que la separaban de los dos hechiceros y, colocando una mano en el rostro algo húmedo de Megumi, alzó una mirada acusatoria al hechicero de los Seis Ojos e inquirió, con una ceja arqueada:
—Dime que no ha vuelto a hacer lo que imagino…
Ieiri no necesitaba ver la mirada de Satoru para conocer la respuesta. La cual, de todos modos, no era la que esperaba, aunque, a pesar de ello, no era menos preocupante.
—Esta vez no; sin embargo… la misión no era lo que imaginábamos en un principio…
Shoko estaba a punto de responder, más bien de continuar cuestionando al albino. Sin embargo, decidió en cambio pedirle a Gojo que la acompañara a su oficina, puesto que, aunque él no lo admitiera, era evidente que también estaba malherido. Gojo llegó finalmente. Después de todo, en ese momento su mayor preocupación era Fushiguro.
—Debo ir a hablar con los 'peces gordos' ahora, Shoko. Prometo que regresaré para que me examine. Y… —removió apenas y de manera significativa la venda en sus ojos y le devolvió una sonrisa aún más significativa antes de hablar —Y luego pudimos… tu sabes…
La mirada que le devolvió Shoko le bastó para dejar de hablar y luego ofrecerle una sonrisa de fingida inocencia mientras volvía a cubrirse los ojos. Luego se retiró, alzando una mano a modo de despedida. Ieiri, por su parte, volvió su atención a su 'paciente', observándolo con una expresión triste en su rostro.
Megumi se removió con algo de incomodidad en la cama hasta que, pasados unos minutos, abrió ligeramente sus ojos azules. Debió cerrarlos nuevamente ante la intensa luz del sol ingresando por la ventana de la habitación y apuntando directo a su rostro. En ese instante, escuche unos pasos para acercarse a la cama y luego un ruido como si algo hubiera sido puesto sobre una superficie metálica. Momentos después, una mano femenina se posó sobre su frente e instantáneamente escucho lo que sólo pudo describir como un suspiro de alivio.
—Gracias a Dios. No tienes fiebre...
Apenas reconoció la voz de su mejor amiga, Fushiguro tomó asiento, lentamente y llevándose una mano al hombro, percatándose en ese instante que estaba desnudo y vendado. Siseo nuevamente, volvió la mirada a su izquierda y, finalmente, habló:
—Azalea… ¿Qué haces aquí? A propósito… Gojo-sensei… ¿Dónde está?
La hechicera de cabello rojizo le pidió que intentara tranquilizarse, para luego colocar la bandeja que antes dejara sobre su mesa de noche sobre el regazo de Megumi. El aroma a té y pan tostado llegó rápidamente a las fosas nasales de Fushiguro, quien escuchó apenas sutilmente antes de preguntarle a su amiga, o más bien de afirmar, que imaginaba que ella lo acompañaría a desayunar. La sonrisa de Azalea le bastó como respuesta. Levantándose luego de su sitio en la cama, Miyagi se acerca a su mejor amigo e, inclinándose ligeramente sobre el mientras apoyaba sus manos en los hombros de Megumi, lo ayuda a incorporarse más cómodamente, colocando otra almohada bajo su cabeza. Le guiño un ojo con una sonrisa de lado antes de hablar nuevamente:
—No me ire de aquí, pero avísame si necesitas ayuda...
Fushiguro no respondería. No estaba seguro por que, pero de pronto se sintió incomodo ante la actitud de Azalea. No es que no le fuera habitual intentar comportarse de manera, por así decirlo, provocativa, ante sus amigos. De hecho, en ocasiones Megumi tenia serias dudas de si prefería a los hombres sobre las mujeres o viceversa, puesto que la había visto ‘coquetear’ incluso con Maki. Aunque, pensándolo bien, Nobara Kugisaki también acostumbraba tener esa actitud hacia la menor de las gemelas Zenin. Y podía asegurar sin temor a equivocarse que no intentaba coquetear, puesto que, como se diría habitualmente, su corazón ya tenia dueño.
—Megumi... Oye, Megumi, ¿me estas escuchando?
Fushiguro jadeo al punto de ahogarse en su propia saliva ante la sorpresa por el llamado insistente, y en cierto punto desesperado, de Azalea cuando esta intento justamente llamar su atención, en tres ocasiones, sin éxito. Retiro la bandeja de su regazo cuando se percato de que tampoco había tocado su desayuno y, colocándola nuevamente a un costado, se inclino hasta que su rostro rozo apenas el de Fushiguro. En ese momento, sucedió algo extraño y por demás inesperado para ambos. Megumi entreabrió apenas sus labios, mientras sus parpados ya pesados comenzaban a cerrarse, y dejo un beso sutil, húmedo, pero prácticamente imperceptible en la mejilla de su mejor amiga. El toque la sobresalto aunque, extrañamente, no reacciono como hubiera imaginado que lo haría ante tal situación. Por otro lado, comprendió que probablemente se había tratado de un acto completamente involuntario por parte de Megumi, quien, en efecto, se quedo nuevamente dormido apenas segundos después del mismo. Una nueva mueca de tristeza adorno las níveas facciones de Azalea mientras se alejaba, llevando consigo la bandeja del desayuno. Apenas abandono la habitación, sin embargo, y mientras sostenía con suma precisión la bandeja en su mano izquierda, se llevo la yema de los dedos de la mano derecha a la mejilla, donde la besara su mejor amigo. Ninguno de los dos esperaba que ese simple contacto fuera tan solo el inicio de algo no solo mas grande, sino que ademas, ambos habían anhelado probablemente desde su primera misión juntos, a los 11 años.
—Gojo... ¿estas despierto?
Jamas se quitaba la venda, o las gafas oscuras ocultando sus ojos celestes. Sin embargo, Gojo Satoru podía decir tan solo por el tono en la voz de Shoko Ieiri que estaba preocupada. Como también podía afirmar con toda seguridad que el no era su única preocupación; o tal vez no lo era en absoluto. En cuyo caso podía comprenderla perfectamente. El mismo intentaba aun lidiar con la ira contenida tras lo ocurrido con Megumi, particularmente porque, si bien era ya capaz de dominar su energía maldita y, por ende, sus sombras, prácticamente a la perfección, Satoru estaba convencido de que Fushiguro temía por la reacción de sus amigos si llegaran a verle en la situación en que se encontraba en ese momento. En lo que a el respectaba, estaba acostumbrado a que Shoko, Nanami, o incluso Yuji lo vieran malherido. Después de todo, los dos primeros habían sido sus compañeros, mientras que el ultimo era uno de sus estudiantes. En ese momento, un pensamiento por demás desagradable, mas bien aterrador se cruzo por su mente e, incorporándose con cierta violencia, lo que provoco que se llevara una mano a su costado recientemente vendado, alzo la mirada a Shoko y dijo:
— ¿Como se encuentra Megumi? Y tu sabes exactamente a que me refiero...
— ¿Crees que hubiera regresado contigo si aun estuviera bajo el dominio de ese sujeto? No se que sucedió, ni mucho menos como, pero... No hay nada fuera de lo normal, mas allá de sus heridas. Ahora, tu necesitas reposo. Aunque, pensándolo bien, creo que será mejor que al menos comas algo ligero. Y no aceptaré un no por respuesta esta vez...
Gojo no se negaría. Aunque herido y cansado, debía admitir que tenia algo de apetito también. Al cabo de unos segundos, una leve sonrisa escapo de sus labios. No recordaba la ultima ocasión en que había compartido un desayuno con su novia. Aunque, en esa ocasión, las circunstancias no eran las mejores para tener lo que se dijera un encuentro romántico.
—Recuéstate... —ordeno Ieiri —Veré si los muchachos necesitan algo aunque, conociendo a Megumi, es probable que este descansando, a diferencia de ti. Caso contrario, no solo Azalea, sino incluso Maki y Nobara estarían encima de el en este momento. Y el solo imaginar esa escena me aterra; especialmente, viniendo de Nobara...
Satoru se permitió reír a carcajadas. Si; su estudiante podía ser insoportablemente insistente si así lo quería. Y Yuji podía dar fe de ello. Una vez que consiguió calmarse, accedió al pedido de su novia, no sin antes pedirle que le informara de cualquier cosa que hubiera sucedido con Fushiguro. Incluso si, tal y como ella suponía, estaba haciendo reposo. Shoko asintió antes de marcharse.
Dos días después, tanto Megumi como Gojo estaban nuevamente de pie aunque, por orden expresa de Satoru, Fushiguro no regresó ni a sus entrenamientos ni a tomar ni siquiera misiones sencillas. Esa mañana algo frío de domingo, Azalea golpeo a la puerta de la habitación de Megumi cuando este apenas y acababa de salir de tomar una ducha. Fushiguro sin embargo no se sorprendió siquiera por la visita. Al contrario, simplemente le hizo una señal para que tomara asiento en el único sillón de la habitación mientras el terminaba de preparar. Minutos después, Fushiguro regresa junto a Miyagi y dijo:
—Se que esto te sonará extraño viniendo de mí, pero... ¿Quieres desayunar fuera hoy?
—Si debo serte honesta, Fushiguro... —comenzó Azalea mientras se ponía de pie y tomaba el pequeño bolso que llevaba consigo —Estaba pensando en lo mismo, pero... No quiero que esto parezca una cita, ¿entiendes?
—En primer lugar, no te llevaría a un local de comidas rápidas si así fuera. En segundo lugar, eso no esta en mis aviones... No aun al menos...
Miyagi solo lo miro con sus ojos verdes abiertos de par en par, sin embargo no dijo nada y simplemente siguió a Megumi fuera de la escuela, informándole únicamente a Maki e Inumaki, las únicas dos personas que encontraron en su camino, que pasarían la mañana. fuera. El joven albino obviamente no los cuestionaría; Zenin, por su parte, solo les devolvió una sonrisa por demás significativa a modo de respuesta. A la que ni Azalea ni Fushiguro respondieron.
