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Cuando esa tarde volvió a casa, apenas abrió la puerta, sintió una sensación rara en el lugar al que llamaba “hogar”, aunque hace un tiempo había dejado de parecer eso precisamente. Su pareja el último tiempo estaba extraña, pero no podía descubrir el porqué.
Una vez que dejó las llaves en el porta llaves que tenían colgado, vio sobre la mesita una foto de él y su pareja en la navidad del año pasado. Ambos sonreían inmensamente, ¿qué había cambiado?, ¿sería culpa de su trabajo?
Esa noche había tenido una larga guardia en el hospital donde trabajaba como residente en el área de pediatría, un sector que amaba, pero le demandaba mucho tiempo lejos de casa. Había tenido tanto trabajo que ni había podido revisar su celular, así que cuando entró al inicio de su Instagram, se encontró con la sorpresa de que su pareja había subido una foto. No recordaba que el otro le haya contado que iba a salir, ya que por otro motivo no solía subir fotos.
Cuando la abrió para verla, quedó shockeado, conocía ese lugar, esas paredes de madera y esa luces tenues eran del bar donde ellos mismos habían estado hace 7 días, festejando su aniversario mientras bailaban al ritmo de un cuarteto. Se acordaba de lo borrachos que estaban y como se decían “te amo” a los gritos mientras reían, había su momento más feliz en meses, donde luego, cuando volvieron a casa, se habían entregado el uno al otro, rodeados por una nube de amor.
Ahora se preguntaba quién era esa mujer, quién era esa morocha de ojos verdes, de donde su pareja la conocía. Por qué la agarraba por la cintura y ella apoyaba sus pechos sobre el pecho de él con tanta libertad, ¿qué había pasado? ¿Por qué todo había cambiado en menos de un compás?
Agustín se puso de pie, miró a su alrededor como buscando algo anormal, algo que rompiera con la atmósfera de su departamento, y noto algo que le había escapado de su visión al entrar. ¿Por qué había dos vasos sobre la mesa? Si él ni siquiera hubiera dormido en la casa anoche.
De repente en su cabeza se formularon mil preguntas, y tenía el presentimiento que no iba a recibir ninguna disculpa.
¿Con quién Valentin había compartido la noche anterior?
Así que cuando el colorado entró por la puerta, y notó la presencia del mayor mirando fijamente los vasos, sabía que lo había arruinado todo. Había pensado que iba a poder llegar antes del castaño y esconder debajo de la alfombra su gran error. Pero era demasiado tarde.
Cuando el ojiverde finalmente se dio cuenta de su presencia en la sala, lo miró directamente y presenció cómo Valentin bajaba la mirada, era obvio que no podía verlo sin que la culpa se observará en sus ojos.
Con el pelirrojo en frente, todo era más obvio, podía ver los rastros de ayer en su piel, las marcas en su cuello estaban demasiado rojas para ser viejas, pero de igual manera le costaba creer, así que lo único que se preguntaba era el porqué.
En automático fue hacia la habitación, donde podía ver como el colorado había decidido hacer su cama la de esa mujer, las sábanas desordenadas dejaban a la luz como había traicionado su confianza en ese lugar donde tantas veces lo había amado.
Cayó de rodillas contra el piso, quiso llorar, pero no tenía ganas de perder su tiempo en eso, de repente la habitación se sentía fría, como si un viento invernal hubiera encontrado una entrada. Ahora entendía por qué la casa se había sentido sin pena y llena oscuridad cuando entro, sí Valentin había llenado con alguien más el corazón de la misma.
— Tengo muchas preguntas — habló el ojiverde, con la voz rota, al sentir la presencia del otro en el umbral de la puerta. — Y espero que al menos una puedas contestarme mirándome de frente.
Valentin levantó la mirada y enfrentó al mayor, que con decepción, pudo notar la culpa en los ojos marrones del otro. Y pasar de saber la respuestas, formuló la pregunta:
— ¿por qué hay dos vasos sobre la mesa?
— Agus-
— Es una pregunta fácil, maldita sea, ¿por qué hay dos vasos sobre la mesa? — gritó explotando totalmente mientras lágrimas caían por sus mejillas, no había forma de contenerlas más.
— Fue un desliz, fue algo así nomas, Agustín, por favor. No va a volver a pasar — el pelirrojo amagó a estirar su mano y tocar al mayor, pero apenas este lo noto dio dos pasos hacia como si el menor fuera radiactivo.
¿Existirá algo peor que la decepción? Se preguntaba el castaño. Todo había pasado por una ilusión, al menos dolería menos si lo hubiera engañado por amor, podría comprenderlo más, dolería pero lo entendería.
— Dejame solo.
— Amor-
— Te dije que me dejes solo, Valentin.
El pelirrojo salió de la habitación cerrando la puerta, pero dejó su cabeza apoyada en ella, y así fue como escuchó los sollozos del mayor, quien sentía como los últimos años de vida estaban siendo tirados a la basura. Todos los sacrificios que había hecho por pelirrojo de repente sonaban como la peor decisión que había tomado en su vida.
En su mente aparecían las memorias de todos los momentos compartidos con Valentin, desde la primera vez que lo había visto, cuando se besaron durante ese paseo en el rosedal, cuando torpemente se habían pedido el uno al otro ser pajera, su fallida primera vez, todo se transmitía en su cabeza como una gran película de amor, donde nunca te vendrías venir este final.
El final donde ambos terminaban con el corazón roto, donde esos sueños que habían propuesto juntos se rompían y quedaban hechos pedazos imposibles de juntar.
Agustín se puso de pie, mandó un mensaje a su amigo Tomás para ver si podía pasar la noche en su casa y apenas recibió la confirmación, armó una pequeña mochila con algunas pertenencias.
— ¿A dónde vas? — le preguntó Valentín al verlo con la mochila en la puerta.
— A la casa de Tomás.
— Agus-
— No tengo cabeza para esto. Necesito tiempo lejos de vos.
Valentin no dijo nada más, solo observó la espalda del mayor mientras se iba de ese lugar al que habían llamado hogar y él había destruido.
