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Shura reniega de su propio destino. Desde una edad muy temprana fue reclutado por el santuario para convertirse en un caballero dorado al servicio de la diosa Athena, teniendo que pasar por un duro entrenamiento hasta obtener la sagrada armadura de oro de su constelación guardiana, Capricornio, pero ese entrenamiento jamás lo preparó para este momento.
El gran dios Zeus en la era del mito había creado a los primeros seres humanos con cuatro brazos, cuatro piernas y una cabeza con dos caras, pero al temer de su poder, el mismo dios terminó por separarlos, obteniendo dos personas diferentes a las que condenó a pasar el resto de sus vidas tratando de encontrar a su otra mitad.
La primera clasificación de esta magnífica creación del dios supremo del Olimpo se dividía en dos, hombres y mujeres de acuerdo a la forma de sus genitales al nacer. Al principio, toda la humanidad creía que solo las mujeres podían traer más descendencia humana, pero años más tarde se desechó esa teoría al darse cuenta de que existía una clasificación más en un subgénero que lo cambiaba todo. Entre hombres y mujeres existían los Alfas, los Betas y los Omegas, siendo estos últimos los ideales para continuar la cadena de reproducción.
En el Santuario, ninguno de estos subgéneros eran un obstáculo para formar parte de su ejército debido a que no importaba con que subgénero se presentará una persona.
Al Santuario solo le importaba si un individuo nacía bajo una determinada constelación y si dentro de su cuerpo habitaba el poder del cosmos.
Después de todo, las vidas de los caballeros no eran extensas y su adoctrinamiento se dividía en extensos entrenamientos y en profesar su fe a una sola deidad que es Athena.
Por ello cada caballero al presentarse con un subgénero debía descubrir por sí mismo la manera de controlar sus instintos a diferencia de los betas, los cuales eran considerados los más aptos para convertirse en guerreros de Athena.
Shura siempre creyó ser un beta, a sus dieciocho años era imposible que se presentará como un Omega, sin embargo aquí estaba teniendo que contener una presentación tardía debido a desórdenes físicos y mentales a los que se enfrentó.
A la edad de 10 años, el ilustre papa y la máxima autoridad en el Santuario le ordenó matar a su amigo quien fue acusado de traición por haber querido intercambiar a una recién nacida con la bebé que en aquel entonces era la verdadera reencarnación de la diosa Athena.
Por momentos quiso creer que Aioros, el Alfa respetable no era un traidor, pero todo estaba en su contra y no podía dejarse llevar solo porque en los ojos de Sagitario no veía maldad alguna. Una misión era una misión.
Tomar la vida de su mejor amigo en sus manos aquella noche estrellada generó el hecho traumático que de alguna manera le impidió seguir creciendo con normalidad y presentarse a sus 15 años como un Omega como naturalmente lo hacen los pertenecientes a esta casta.
Y ahora el templo de Capricornio estaba infestado de un olor a lilas que desprendía su glándula de aroma sobre su cuello del lado derecho, misma glándula que ahora cubría con ambas manos para impedir de manera inútil que el olor se siguiera expandiendo.
Su cuerpo tiembla y hasta el simple roce de su ropa de entrenamiento le causa escalofríos. Tiene mucho calor y de no poder lograr obtener un propio control de su cuerpo su olor seguiría saliendo, invitando a cualquier Alfa a poseerlo.
Con terror cierra sus ojos y las lágrimas fluyen por sus mejillas. No tiene ni siquiera una pareja que lo ayude a controlarse, todo es espontáneo y de último momento.
El caballero más fiel a Athena no sabe qué hacer exactamente.
Gotas de sudor empapan el flequillo de su cabello negro pegándolo a su frente. Su boca se entreabre dejando salir sonidos vergonzosos. Sus pantalones de entrenamiento están mojados al igual que sus calzoncillos. Es un desastre total y como si se tratará de una maldición, Aioros viene a rematar este momento con su recuerdo.
Es normal que su recuerdo venga ahora, Shura se enamoró de ese Alfa a su corta edad de 9 años y es por eso que aquella misión le había costado tanto ejecutarla que después de cometer el acto más atroz en toda su vida sufrió tanto que todo ese dolor desencadenó un descontrol hormonal y psicológico en su cuerpo y ahora, aquí se presentan las consecuencias.
Si Aioros estuviera vivo, clamaría por su ayuda, pero como lo está, Shura tiene que hacerle frente a esta situación por si solo.
Con la vista nublada y a punto de que su razón se vea opacada por su Omega interior, llega al cuarto de baño para abrir la llave de agua fría de la regadera para después adentrarse en la lluvia artificial y apaciguar de esta manera un poco el fuego que quema su cuerpo.
Termina sentado en el suelo y con el agua cayendo sobre su cuerpo, llora amargamente. A los seres supremos llamados dioses no les bastaba con que sintiera el horrible dolor de matar a su amigo y amor secreto, que ahora ellos le hacían esto.
¿Qué pecado de su otra vida está pagando en esta?
—Athena, ayúdame. Dame la sabiduría para saber lo que debo hacer en este momento.
Su fe ciega hacia la diosa lo hace creer que ella puede ayudarle, pero Athena ahora mismo es solo una niña humana de tan solo 8 años que vive bajo las órdenes del patriarca o eso es lo que cree.
Shura se pone de pie y se deshace de todas sus prendas para bañarse debidamente y quitar la sustancia que ha salido desde sus genitales manchando el interior de sus piernas.
Esta actividad la realiza en poco tiempo, así que finaliza vistiendo prendas limpias y llamando a su fiel armadura para tomar sus precauciones elevando su cosmos como método de autodefensa.
Poner toda su atención en la elevación de su cosmos afilado haría que de alguna manera sus instintos primitivos estuvieran bajo un autocontrol asegurado y que ningún Alfa se acercara a su persona al sentirlo vulnerable en su primera época de apareamiento.
Después de lo sucedido con Aioros 8 años atrás, no se dio la oportunidad de conocer a sus demás compañeros de oro por lo cual no puede pedirle ayuda a nadie dentro de los templos zodiacales.
