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Día 1: Autocontrol

Summary:

Beelzebub está acostumbrado a controlar a Satanás por el bien de los demás, es su mayor preocupación ¿El problema? Con la presencia de Nikola Tesla controlarse a sí mismo es más complicado.

Notes:

Día 1 del Omegacember de Es de Fanfics en Facebook.

¿Algo que advertir antes de comenzar? Solo Nikola siendo endemoniadamente tonto para las relaciones afectivas y Beelzebub sin saber cómo actuar frente a eso.

Se supone que esto debía ser porno, pero me niego a escribir porno en el primer día. Aún así ¡Disfruten!

Work Text:

Beelzebub frunció el ceño una vez más ante el dolor de cabeza que estaba soportando.

Se encontraba en los pasillos del Valhalla, mirando con toda la paciencia del mundo al otro individuo en la escena. Nikola Tesla parecía demasiado absorto en sus propios pensamientos, imaginando escenarios incomprensibles para cualquier mente común, había estado hablando durante tanto tiempo sobre lo increíble que era la transformación de la materia en energía pura que el propio Beelzebub ya no se veía con muchas ganas de continuar escuchándole.

Pero, incluso si su paciencia estaba yéndose por la borda, el dios no podía verse a sí mismo reprochándole al humano por su habladuría sin sentido.

Todo esto debido a que instinto de Beelzebub tendía a ser demasiado tolerante con el olor a omega contento. Nikola se notaba entusiasmado, tanto como un niño genio ganando la feria de ciencias en su primer año de colegio, con una mirada brillante y encantadora a la que nadie podría resistirse por más que pusieran el intento en ello, la voz alegre del inventor resonaba por todo el pasillo, lo que, a su vez, le causaba un sentimiento de incomodidad por lo que eso significaba.

Beelzebub era un alfa que podía considerarse débil ante el llamado de los que él consideraba similares a su persona, una prueba de ello era que Lucifer, en su momento, había calado tan hondo en su corazón hasta el punto de volverse una parte fundamental de su vida, con Lilith había sido el mismo caso, siendo que la beta había trastocado grandes partes de su corazón en pos de alejarlo de la soledad en la que irremediablemente terminaba sucumbiendo. Y Nikola pues… Él había llevado la palabra “similar” demasiado lejos.

Por supuesto que no era porque Tesla era un omega, ni siquiera porque encontraba entretenida su presencia en su laboratorio mientras hacía sus experimentos, tampoco se debía a que las feromonas incontrolables del humano eran demasiado notorias como para ignorarlas. Ese era otro asunto, Nikola no se controlaba en lo absoluto.

Lo peor es que ni siquiera sabía si es que Tesla era un desvergonzado total o simplemente no tenía idea de que esparcir sus feromonas por la habitación era considerado una invitación a algo más. Aunque, considerando que era más bien un humano extravagante, pero un poco tonto en las relaciones sociales, veía más factible la segunda opción.

Lo que, de manera irremediable, nos llevaba a este momento en dónde un muy emocionado Nikola hablaba sin parar sobre un reciente descubrimiento sobre las propiedades de la materia.

El tema sobre el que Tesla hablaba ya ni siquiera tenía sentido para Beelzebub, no cuándo las ganas de arrancarse la nariz por lo intenso del aroma feliz estaban controlando sus extremidades, Beelzebub no estaba acostumbrado a percibir felicidad a su alrededor, la sensación de estar siendo contagiado por el buen ánimo de sus compañeros le dejaba un mal pensamiento sobre su poco control sobre Satanás. Estar feliz nunca era bueno para alguien como él, y el jodido aroma a confort lo estaba descolocando de maneras inimaginables.

El alfa se mordió la lengua en un intento de apaciguar el dolor de cabeza, oír hablar a Nikola no era nada en extremo doloroso, pero sus nudillos habían comenzado a doler en el momento en que se propuso controlarse antes de caer en una risa involuntaria. Lo último que quería era permitirle a Satanás salir para hacer sus maldades a diestra y siniestra así que, si debía maltratar sus propias manos para no acabar masacrando a todos, lo haría.

La cuestión era que Satanás nunca había sido sencillo de controlar, mucho menos cuando Beelzebub se relajaba hasta el punto de respirar calmado como en ese momento de vacilación latente.

«Satanás no debía salir por nada del mundo.» Eso era lo que se repetía en su cabeza como un mantra al que debía apegarse al pie de la letra si no quería arrepentirse luego.

Y entonces, cuando pensó que sus divagaciones habían tenido suficiente para hacerle chasquear la lengua por la frustración, escuchó la voz de Nikola preguntándole algo que no logró escuchar.

El dios se sintió como un tonto al no entenderle por culpa de sus pensamientos, pero, al parecer, el humano podía ver la preocupación en su rostro e intuir qué es lo que le sucedía.

—Estaba diciendo que tu olor está más intenso de lo normal—su voz sonaba decidida, casi como si estuviera ignorándose a sí mismo en sus alegaciones anteriores sobre la importancia de la materia, era extraño ver a Nikola de esa manera, él, con mucha más frecuencia de la que podía admitir, se encontraba metido en sus propios asuntos sin importarles los de los demás. ¿Entonces por qué estaba tan preocupado por Beelzebub?

Ah, cierto, su olor estaba delatando su estado emocional.

Su autocontrol estaba fallando otra vez.

—Solo estoy un poco preocupado—le sorprendió que su voz sonara de esa manera, un poco ronca asimilándose a la de alguien que llevaba mucho tiempo sin probar bebida, por supuesto que no le diría sobre sus dudas ante la presencia inminente de su otro yo, él no tenía porque enterarse de ese minúsculo detalle.

Tesla no se mostró complacido con la respuesta, abrió la boca un par de veces como si buscara las palabras correctas para sacarle la verdad de la boca, pero terminó callándose sin decir una sola oración.

—Perdona que lo diga, pero tu olor se volvió amargo ahora—para Beelzebub era obvio que sus tontas feromonas le harían tales jugadas en ese instante, no por algo podía sentir a sus dedos hormigueando por la expectativa de hundir sus garras en piel fresca. ¿Por qué de repente la imagen de arañar la piel de Nikola sonaba tan tentadora? —¿Estás seguro de que está todo bien? No tengo muchos conocimientos sobre el comportamiento alfa, pero supongo que no hay nada que un buen libro no pueda solucionar.

Beelzebub tragó en seco sintiendo cómo su garganta picaba por los pensamientos que estaban surcando por su mente.

—De verdad, estoy bien—el dios volteó la cabeza en una muestra de que el tema ya no era importante, en realidad, no quería pensar en eso, no cuando las feromonas llenas de curiosidad de Nikola estaban picándole la nariz, ¿Sería mala idea acercarse para comprobar si su subconsciente le estaba engañando?

Nikola, por su parte, entrecerró los ojos asimilando que el alfa, al cual había nombrado su “camarada científico”, le estaba ocultando cosas, su naturaleza curiosa mandaba mensajes irracionales a la punta de su lengua, quería decir tantas cosas, pero sabía de primera mano que inmiscuirse en los asuntos de un alfa molesto no era lo correcto en ese caso.

El Omega susurró lo más cercano a un “Si tú lo dices” y ladeó la cabeza en una seña expectante. De más estaba decir que los ojos de Beelzebub no perdieron ni un segundo del movimiento.

A veces todo era tan difícil que era imposible prevenir lo que estaba por suceder.

Quizás fue el olor a decepción que el cuerpo de Tesla emanó o que simplemente Beelzebub estaba harto de mantenerse a raya en sus bajos instintos. Sea lo que fuera, el dios llevó una de sus manos a los hombros de Nikola y le apretó como si quisiera decirle cosas en un idioma que nadie entendería.

Nikola entornó los ojos sobre la mano pálida en su hombro, el color verde mostraba un brillo tan inusual que le hizo a Beelzebub preguntarse si era posible ver una gema tan brillante en lo profundo del inframundo. El dolor de cabeza había desaparecido para darle paso a una sensación más extravagante que, sin dudas, no podía describir con palabras mortales.

Beelzebub suspiró como si su vida dependiera de ello.

Controlar a Satanás era difícil, pero controlarse a sí mismo lo era más.

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